martes, 26 de julio de 2016

CAPÍTULO 49

Conclusiones equivocadas.

Disclaimer:

Capítulo beteado y editado por Jo Ulloa. Betas FFAD

Antes de empezar un viaje de venganza cava dos tumbas.
Confucio.



CAPITULO 49

BELLA’S POV


—Bella.

Me había desplomado al escuchar su voz diciendo mi nombre con apenas un hilo de voz. Si para ella había sido una sorpresa verme ahí de pie llamándola, el que ella se hubiera acercado a mí, también lo había sido; era como si nunca hubiéramos estado distanciadas y lo que fue mejor, Rosalie salía de la oficina de Alice y sin pensárselo dos veces, corrió y me abrazó en respuesta a mi angustiada y muda búsqueda de ayuda.

No me sentí aliviada pero sí más calmada al recorrer por todo mi cuerpo una extraña sensación de paz. Era como si tuviera la certeza de que estaba en el lugar correcto para sentirme cobijada y protegida. Donde encontraría ese cariño que tanto extrañaba.

—Bella —murmuró Rosalie.     

Mis piernas flaquearon y de inmediato me rodearon con sus brazos llevándome al interior de la oficina de Alice. Sin preguntas y sin condiciones, me ayudaron a recostar en el diván que ahí había y fue cuando me derrumbé. Mis lágrimas salieron a borbotones junto a mis profundos sollozos acompañados de un dolor que sabía bien, solo era el principio de lo que me esperaba. Tristemente conocía mi futuro, el final de mi historia y, para mi desgracia, este fin estaba cada vez más cerca.

Las escuchaba murmurar. Alice y Rose hacían preguntas y Jane las respondía tratando de explicarles la situación lo mejor que podía. Sumida en mis pensamientos, oí a Alice maldecir un sinfín de veces, estaban tanto ella como Rose verdaderamente mortificadas por todo lo que Jane les contaba. Después de un rato, se sentaron junto a mí; Alice me abrazó y Rosalie tomó mi mano.

—No te preocupes por nada, Bella —susurró Alice a mi oído.

—Todo va a estar bien, ya lo verás —dijo Rose acariciando mi mano—. Yo sé que no es el momento pero… gracias por haber venido, Bella.

Yo solo asentí, no sabía qué podía decirles; yo solo había ido en búsqueda de un poco de ese sentimiento de familiaridad y compañía que siempre había tenido con ellas, y no es que con Jane no lo tuviera pero las necesitaba a todas, a las tres conmigo para sacar de ellas un poco de la seguridad y fortaleza que tanto iba necesitar a partir de ese instante.

—Vamos, Bella, levántate. Hay que ir a tu casa, tenemos que revisar cada una de esas cajas para ver qué podemos averiguar.

—No, Alice, a casa no. Edward se enteraría y no…

—Entonces vamos a la mía, ahí estarás segura y tu séquito no se va a dar ni cuenta— dijo Jane.

—Sí, pero ¿y las cajas? —inquirió Rosalie—. Ahí es donde debemos buscar.

Suspiré profundamente y consciente de la realidad que tenía frente a mí, tomé una decisión. —No. Tienen razón, debemos ir a mi casa, total, el que Edward se entere solo es cuestión de tiempo.

Nos movimos con bastante rapidez. Debíamos darnos prisa porque no sabía con cuanto tiempo contaría antes de que Edward volviera y…  la verdad, no tenía ni la menor idea de cómo reaccionaría cuando descubriera todo, pero la seguridad de que no sería nada favorable para mí, esa sí la tenía. Volvimos al apartamento de Jane e hicimos todo el teatro para que el séquito siguiera creyendo que ahí había pasado todo el día, necesitábamos contar con tiempo y eso era justamente lo que estábamos tratando de hacer. Alice y Rose no nos acompañarían a mi casa obviamente pero mientras, Jane y yo sellaríamos las cajas para que no vieran su contenido y con la excusa de que seguía redecorando la casa, le pedí a todo el séquito que las llevaran todas al apartamento de mi amiga. Que pensaran que eran cosas que le había regalado.

—Bella, es obvio que aquí no encontraremos nada —dijo Alice después de varias horas de estar tiradas en el suelo leyendo a la velocidad del rayo el contenido de apenas algunas cajas.

—Algo tiene que haber, algún detalle que se les hubiera pasado por alto, aunque esto ha sido revisado minuciosamente cientos de veces por Edward —dije algo alterada.

—Necesitamos encontrar cualquier cosa, cualquier dato que nos dé una pista, alguna idea.

—¿Alguna idea como esto, Rose? —Jane agitaba sonriente una hoja de papel.

—¿Qué es eso? —Alice la miró por encima de sus lentes.

—La copia de la factura del auto.

Las tres abrimos desmesuradamente los ojos y la rodeamos tratando de leer la hoja en sus manos.

—El auto está a nombre de Iván Petrov y como dato rescatable está su identificación con su dirección. Indica también que era un auto usado en buenas condiciones y que el pago se hizo con una tarjeta de crédito Visa en Zurich, Suiza  y…nada más.

—¿Qué? ¿Solo eso? —gruñó Alice.

—Bueno, también está la ficha técnica del auto pero no creo que ahí hallemos algo importante.

—Sí, yo también creo que de ahí no sacaremos nada, lo que me intriga es el dueño. ¿Ruso? —Negué dudosa con la cabeza.

—Tú no te preocupes que de investigar eso me encargo yo —aseguró Rosalie—. Si de algo quiero enterarme es de quién es ese tal Iván Petrov.

Al cabo de un buen rato, se acercó a mí.

—Bella, yo… te he extrañado.

Dijo entre sollozos tirándose sobre mí, al igual que lo hizo Alice. Me abrazaron tan fuerte que sentí que mis huesos se rompían pero muy a pesar de eso, sabía y quería que esta vez fuera un abrazo de verdad.

—Tengo tantas cosas por las cuales pedirte perdón, Bella, que no sé por cual empezar —decía Alice entre lágrimas de llanto—. Primero que nada, siento mucho no haber sabido ser una buena amiga, porque en realidad nunca supe el verdadero significado de la amistad. Creí que queriéndolas mucho, defendiéndolas, cuidándolas y siendo la líder de las tres sería más que suficiente pero estuve siempre muy equivocada.

>>Amistad no es querer acaparar a quienes amas, a quienes son realmente tu familia, a esas personas que están dispuestas a lo que sea por ti así como tú estás dispuesta a todo por ellas. Eso es egoísmo. Y yo desde un principio fui muy egoísta. No quería que se alejaran de mí y no quería porque tenía miedo. Siempre estuve sola gracias a mis adorados y queridos padres que se desentendieron de mí desde muy pequeña, pero ustedes llegaron y eran iguales a mí, sin padres presentes que las visitaran o les enviaran otra cosa que no fueran cheques y más cheques. Salvo tu padre, Bella. Charlie sí era un padre de verdad, que te quería y que desafortunadamente no tenía otra opción más que dejarte en ese internado.

>>Gracias a ti y a Charlie supe lo que era una verdadera familia. Supe cómo era esperar impaciente una llamada cada semana aunque solo fuera para saludarme y a veces hasta para regañarme por alguna travesura, o esperar con ansias las vacaciones para ir a esquiar, a la playa o a tu casa para las navidades, donde siempre había regalos para mí bajo el árbol. Regalos con cariño sincero, del que nace y no del que se debe tener por consecuencia, aunque ni ese cariño obtuve de mis padres.

>>Y no te estoy diciendo esto para que me tengas lástima y me perdones, lo hago porque necesito decirte todo lo que he aprendido de ti y de tu padre, Bella. Me han enseñado a ser la mujer que soy para bien o para mal pero que reconoce sus errores y desea enmendarlos para ser la mujer digna que ustedes siempre desearon que fuera. Y quiero que sepas que aunque no me perdones, siempre estaré ahí para ti, para apoyarte en todo lo que necesites porque eso es lo que una hermana hace, porque eso eres para mí, al igual que Rosalie. Son mis hermanas de corazón. 

Esta vez fui yo quien se lanzó sobre ella en otro abrazo fuerte. Sabía que sus palabras eran sinceras pero también sabía que eran palabras pronunciadas con la más absoluta humildad. Una humildad que nunca había visto tan a flor de piel en ella y que me llegó hasta lo más profundo de mi alma.

—¿Cómo no voy a perdonarte? A perdonarlas, porque yo también cometí errores. Yo me guardé muchas cosas que me hubiera gustado compartir con ustedes pero que por otros motivos no hice. Preferí mantener en secreto la relación en la que me estaba aventurando a pesar de mi seguridad, pero de alguna forma, confié en él e hice lo que me pidió aunque eso me costó su amistad.

—Sí, pero tú tenías todo el derecho para mantener tu intimidad, yo ahora lo entiendo.

—Actué de forma muy estúpida e irresponsable —admití—. ¿Sabes cuántas veces he pensado que pude haber caído en manos de un depredador, Alice?, ¿de un verdadero criminal? Tuve mucha suerte de que fuera Edward y no algún… —me estremecí de solo pensar en manos de quién pude haber ido a dar.

>>Lo siento. Lo siento mucho y también les pido que me perdonen porque yo las he perdonado desde el primer instante en que las extrañé. Mi orgullo dolido no me dejaba admitir mi error o el de ustedes. Y no quiero que piensen que ahora cuando tengo el mundo encima es cuando las necesito y las vengo a buscar, no. He venido con ustedes porque necesitaba sentir ese apoyo de hermanas que siempre me han dado. Ese amor incondicional. También quiero confesarles que otro motivo por el cual no intenté seguir acercándome a ustedes fue porque Edward me prohibió verlas o tener algún tipo de contacto con alguna de las dos; no le gustó la forma en la que me trataron pero…

—Pero él tiene razón —dijo Alice asintiendo suavemente—. Está en todo su derecho de proteger a la mujer que ama, porque Edward te ama, Bella. Lo supe desde que vi cómo te miraba y estaba pendiente de ti en todo momento. Un hombre que te cuida y te procura solo lo hace porque te ama.

—Sí, pero ahora eso ya no importa.

—No. Sí importa porque esto se va a aclarar y ustedes seguirán juntos para siempre. Mira que te lo digo yo que tengo un sexto sentido que nunca falla.

—Ay, tonta —la abracé de nuevo—. Nada me gustaría más.

—Bella, hay algo de lo que aún no hemos hablado y es de lo que descubriste la otra noche en…

—Shhh —puse un dedo sobre sus labios—. Eso es algo tuyo y muy íntimo; no es necesario que me digas nada. Créeme que nadie mejor que yo te entiende. Si alguna vez quieres hablar de eso soy toda oídos pero quiero que sepas que será solo si tú quieres hacerlo y no porque tengas que contármelo. ¿De acuerdo?

—¡De acuerdo!

—Bueno, ustedes ya están bien pero yo todavía no me he disculpado contigo.

—Rose, cariño no tienes que hacerlo. Ya les he dicho que las he perdonado desde hace mucho tiempo. Ven aquí —le ordené rodeándola con mis brazos.

—Pero yo también me porté muy mal contigo. Me avergüenzo de ese comportamiento tan bajo que tuve con ustedes. Saqué a la luz todo mi coraje y frustración de años y me desquité con las personas a las que más quiero, mi única familia.

—Olvida ya eso, por favor.

—No. Te hice sentir mal en tu propia casa cuando sin importarte nada de nuestros problemas anteriores me rescataste al encontrarme como una verdadera indigente en la calle. Estabas dándome todo ese cariño que inconscientemente buscaba y que me llevó hasta ahí y, ¿qué fue lo que yo hice? Portarme como una verdadera desagradecida y egoísta que no vio tus verdaderas intenciones, Bella. Solo pensaba en mis propios inconvenientes y en ese momento lo único que me interesaba era ver cómo me deshacía del gran pesar que sentía en el pecho. Tenía mucho miedo y también mucho coraje porque no encontraba una solución a mis problemas con Emmett.

>>Ahora sé muy bien en qué fallé y estoy trabajando muy duro para quitarme esa culpa que tenía por haber sido abusada. Es algo que no podía hacer yo sola, acepté la ayuda de Emmett y hoy soy otra. Al fin me siento libre y vivo sin adjudicarme culpas que no me pertenecen.

—¿De verdad? —sonreí feliz por ella—. No sabes qué alegría me da escucharte decir eso, Rose. Yo también estoy recibiendo ayuda y es verdad lo que dices. No son nuestras culpas. Debemos creer en ello y seguir viviendo en este mundo como las mujeres dignas que somos y eso, nadie nos lo puede quitar.

—Claro que no —nos limpiamos las lágrimas—. Gracias por perdonarme, Bella.

—Gracias a ti también, Rose, por lo mismo. Te quiero rubia.

—Lo sé —dijo y nos reímos las tres.

Hicimos un poco de escándalo y me giré para ver si no habíamos despertado a Jane que dormía en un sofá cercano. Lo único que vi fue a mi otra hermana por elección, dar un gran suspiro mientras se dibujaba una sonrisa en sus labios.


***

Miraba por la ventana. La lluvia caía en un torrencial aguacero que asemejaba tanto mi humor como mi energía. Aún no era muy tarde pero la impaciencia por tener noticias me aniquilaba. 

—¡Demonios!

Vociferé mientras escupía un pedazo de uña que me había arrancado de los nervios incontrolables que me dominaban en esos momentos. Me chupé el dedo tratando de mitigar la sangre que brotaba de él.

—¿Aún nada? —Jane entró cerrando la puerta tras de sí.

—Nada. Y esta espera está acabando conmigo —enterré los dedos en mi cabello desmarañado.

—Ten paciencia, Bella, no deben tardar en llamarnos.

—Es que ya debieron haberlo hecho.

—Cálmate que no ganas nada perdiendo el control.

—¿Cuál control, Jane? —La miré rendida—. Nunca lo tuve pero era feliz así.

—No hables en pasado.

—¿Por qué no quieren ver la realidad? —exclamé frustrada.

—Eres tú quien no la ve. Aún no sabes qué va a suceder y ya te cierras ante cualquier posibilidad.

—¡Es que no puedo! Ahora más que nunca me siento como si estuviera dentro de un tornado, girando sin saber qué tan lejos voy a llegar a parar, qué tan lejos quedarán las posibilidades de poder recuperar algo, lo que sea de lo que tenía.

—Todavía lo tienes y todo esto que estamos haciendo es para que no lo pierdas.

Habíamos pasado horas sin dormir. Revisábamos minuciosamente las cajas con la documentación que considerábamos más importante mientras que Rosalie indagaba sobre el comprador del auto. No habíamos encontrado nada que en realidad nos dijera algo en concreto o nos diera algunas pistas; solo nos quedaba apostar por el plan que entre las tres habíamos ideado y esperaba con todas las fuerzas de mi ser que todo estuviera saliendo tal cual lo teníamos pensado porque esa era la única esperanza real que tenía de que mi vida no se acabara, de que mi historia, esa que por un breve tiempo creí que tendría un final feliz, tuviera aunque fuera una mínima posibilidad de no morir.

Justo cuando pensaba que la espera y la incertidumbre me volverían loca, llegaron Alice y Rosalie. No se les veía buena cara y sentí como un balde de agua fría me bañaba al ver sus parcos semblantes.

—¿Qué pasó? —pregunté con la ansiedad atorada en la garganta. No respondían.

—¡Dejen de mirarse y díganme qué sucedió! —grité exaltada.

—Bella, Jacob no quería hablar con nadie que no fueras tú. Él te quería ahí.

—¿A qué te refieres con que me quería ahí?, ¿por qué hablas en pasado, Alice?

—Bueno —comenzó a decir—, al principio nos vio y se negaba a hablar con nosotras, estaba encerrado en su mundo y con la mirada perdida; solo repetía tu nombre entre murmullos y se mecía como un loco. Por más preguntas que le hacíamos él solo negaba con la cabeza y decía “solo con Bella”. Sinceramente me dio mucha pena verlo así, aunque eso no significa que crea que no se merece ni un poco de su castigo. 

—No le tengas lástima. Él solito se lo buscó —reparó Rosalie.

—No se la tengo, es solo que recuerdo como era contigo al principio, Bella, en lo adorable que se portaba y no entiendo cómo fue a convertirse en un ser tan ambicioso, porque eso es lo que lo trajo a esto, la ambición de poder y dinero. Eso minó sus sueños.

—Estoy de acuerdo pero muy al contrario de ti, yo sí creo que es todo un teatro, si no, dime entonces, ¿porqué apenas le nombramos a Iván Petrov  y lo que habíamos descubierto de él casi se volvió loco?

—¿Qué? —preguntamos Jane y yo al unísono.

—Desde que llegamos empezó a representar su papel muy bien, por más que le preguntábamos él estaba inmerso en su mundo; era como hablar con la pared. Frustrante. No pudimos sacarle ninguna otra palabra aparte de “solo Bella”, hasta que le dije que si él no nos decía nada le tendríamos que preguntar directamente a Iván Petrov.

—No tienes ni idea de cómo se puso, fue como si cambiara de switch en automático y el verdadero Jacob saliera de donde fuera que estuviera —explicaba Alice con la cara contrariada.

—De pronto empezó a gritar que “No”, que te alejaras. Lo repetía y lo repetía mientras golpeaba la mesa con los puños. Nos asustamos mucho y te juro que creí que se abalanzaría sobre nosotras cuando se puso de pie y los guardias entraron para protegernos pero antes de que se lo llevaran, muy alterado y fuera de sí mismo nos dijo muy claramente con lágrimas en los ojos que por favor, dejáramos todo como estaba, que por nuestro propio bien y por el tuyo más que nada, no se nos ocurriera acercarnos a Petrov —relataba Rosalie.

—Le pregunté quién era Petrov —la interrumpió Alice—, y solo negó con la cabeza antes de salir de la sala pero al pasar a nuestro lado custodiado por los guardias, se acercó como pudo y nos dijo “es peligroso, no remuevan las aguas, no más muertes por favor” y, Bella, yo le creo, pero si de algo estoy segura, es de que haré lo que tú quieras.

—Es que a estas alturas ya no se trata solo de apoyar a Bella por amistad, solidaridad o lo que sea, tenemos que pensar muy bien en las advertencias de Jacob y en todo lo que estas implican.

—Definitivamente, no podemos pasar por alto sus palabras, Jane. Aquí se esconde algo muy grande como para que Jacob se enredara con gente tan peligrosa.

—Lo que me extraña, Bella, es que no mencionara a James para nada. Ese tipo está más metido en esto que el propio Jacob. De solo recordar su cara y sus ojos fríos me estremezco —se sacudió Rosalie—, pero sí quiero que tengas en muy en claro algo, Isabella, y es que estoy, estamos —dijo mirando a Alice y a Jane— contigo hasta el final, siempre.

Las abracé sintiendo una calidez que envolvía mi interior tan necesitado de cariño y para no dejarme caer en la resignación, porque aún con todo lo que habíamos planeado para obtener información de todo este embrollo, no teníamos más que advertencias y amenazas de muerte si proseguíamos con nuestras indagaciones. ¿Qué me quedaba por hacer?

***

A la mañana siguiente, me di un baño para despertarme entre comillas, ya que no había podido conciliar el sueño con tantas marañas en la cabeza dándome qué pensar.

Tenía muy claro mi objetivo. Sabía qué era lo que necesitaba hacer para darles un poco de paz a los seres que tanto amaba pero, ¿a costa de qué? Con las palabras de Jacob, me preguntaba si no estaría exponiendo a más personas queridas con tal de esclarecer la muerte de Liz. Con mi decisión tomada, salí de la casa rumbo al apartamento de Jane. Al llegar entré al edificio pero no subí a su piso; salí por la puerta trasera y tomé un taxi.

—Señorita, esto es una prisión, no una institución privada en donde pueden venir a visitar a los internos cuando se les antoje —dijo el guardia que me miró con exasperación al decirle el nombre del reo a quién quería ver.

—Créame que lo entiendo pero se trata de algo de suma importancia, por favor, déjeme verlo —le pedí.

—Los internos solo tienen un día de visita a la semana. El reo Black ya ha tenido dos y usted solicita verlo de nuevo. Eso señorita, va a ser imposible me temo.

—Por favor, se lo suplico, déjeme verlo y le prometo que trataré de ser lo más breve posible.

El hombre se rascaba la nuca indeciso mientras sopesaba seriamente la idea de concederme el favor que le pedía. Lo pensó bastante pero la lastimosa imagen que mí daba la angustia ansiosa que me abrumaba, lo convenció y sin asentar mi nombre ni la visita solicitada, él mismo me guió a una oficina cerrada después de hacerme la revisión de mi bolso y mi cuerpo por la guardia mujer.

Casi veinte eternos minutos después, Jacob Black entró con la confusión impresa en el rostro pero al verme, pasó de su estado de confusión a uno aterradoramente frenético al verme ahí esperándolo.

—¡Te dije que no vinieras!

—Dime lo que necesito saber, Jacob.

—No necesitas saber nada, Isabella, entiéndelo. Esto está más allá de ti o de mí.

—Tú no entiendes, tengo que saber qué fue lo que le ocurrió a Liz y tú me lo tienes que decir.

—¿Y tú no entiendes que si sigues metiéndote en donde no te llaman corres peligro?

—¿Peligro de qué?, ¿de morir? —sonreí con triste ironía—. Yo ya estoy muerta, Jacob…

Un extraño silencio se instaló entre nosotros.

—Estás haciendo todo esto por él, ¿no es así?

No pude dejar de notar el tono de derrota en su voz. No respondí, solo meditaba en lo que había dicho. ¿Solo lo hacía por Edward y sus padres? 

No. Lo hacía por Liz. Porque solo por el hecho de haberme ayudado, se había metido en problemas y había terminado muerta. ¿Acaso no estaba en deuda con ella por el resto de mi vida?


—Conocí y tuve a muchas mujeres en mi vida pero nunca me han querido como me quisiste tú. Y si algo puedo guardar como el único recuerdo puro y limpio de mi vida aparte de mi padre, eres tú. Y sé que no fue amor, fue solo cariño y enamoramiento tonto de chicos pero aun así, Bella, gracias.

—Jacob…

—Si lo amas tanto, hazlo por él. No te arriesgues a que pueda perderte. Ella ya no está aquí y el que insistas en encontrar una verdad que debes olvidar, puede traer más desgracias que paz y calma a sus vidas.

—Si me quisiste, aunque fuera solo un poco, me vas a decir todo.

—Lo único que te voy a decir es que quiero que te vayas y que no vuelvas nunca más. Vete, Bella. Vete a hacer y a ser feliz junto al hombre que realmente te merece.

—No me hagas esto, Jacob.

—Adiós, Bella.

—¡Jacob!

—¡Guardia!

Gritó con lágrimas en los ojos sin dejar de mirarme. El guardia entró inmediatamente y salieron en pocos segundos dejándome sola y más devastada que nada.

***

El taxi me dejó a un costado de Hyde Park. Caminé por horas y horas por sus alrededores, una y otra vez. Mirando sin mirar. Como autómata, incapaz de percibir la realidad de lo que ocurría en torno a mí hasta que mis pies no dieron más y me senté en una banca alejada de una fuente. De pronto el ruido de la gente paseando y los niños jugando había cesado. Ya estaba comenzando a anochecer. Debía volver a casa.
 
Me dirigí al apartamento de Jane para terminar de representar el acto de haber pasado el día con mi amiga. En esos momentos el menor daño que pudiera causar sería bienvenido. El séquito me llevó a casa. Estaban encendidas solo las luces de la entrada. Subía las escaleras por inercia. Mi cabeza seguía dándole vueltas a las palabras de Jacob. Había decidido hacerle caso porque no tenía cómo seguir averiguando cosas si él se había negado rotundamente a ayudarme. La única opción que me quedaba era tragarme mis dudas, toda mi incertidumbre respecto al trágico final de Liz y seguir junto al hombre al que amaba con todas mis fuerzas aunque por dentro me sintiera como la más falsa e hipócrita de todas las mujeres.

Un estremecimiento me recorrió el cuerpo, desde la cabeza hasta la punta de mis pies. Me giré para encender la luz y al hacerlo casi me desmayo por la impresión al ver a Edward sentado en el sillón. Mirándome directamente a los ojos, con los codos en los descansabrazos y los dedos de su mano derecha sobre sus labios, me escudriñaba duramente. Un suspiro se ahogó en mi garganta por la sorpresa de encontrarlo ahí. Nos sostuvimos la mirada por varios segundos.

—¡Edward!, ya volviste.

 Me esforcé en actuar con naturalidad y avancé hacia él pero se puso de pie antes de que me acercara demasiado.

—¿Cómo te fue? —le pregunté con algo de cautela.

Su mirada me quemaba. Destellaba ira pero yo debía seguir como si nada si quería conseguir lo que había elegido, que era una vida con él, enterrando lo que sabía sobre la muerte de Liz. Di unos pasos acercándome un poco y cuando lo tuve a unos centímetros de mí me puse de puntillas y comencé a besarlo con dulzura. Mi alma cayó al suelo al sentir que no me devolvía el beso. Me tomó de los hombros alejándome de él. Caminó hacia la ventana y se giró para cubrirme con el frío verde de sus ojos.  

—¿Solo es eso lo que tienes que decirme?

—¿Y que te extrañé como no te imaginas? —intenté sonreír coqueta y seguir fingiendo.

—No te esfuerces, Isabella. Lo sé todo —dijo con indiferencia mientras sentía que mi vida iniciaba su caída en picada.

—Edward, yo…

—No te voy a pedir una explicación y no es porque no tenga el derecho a ella, es porque tú no te mereces el derecho a dármela.

—No es lo que tú crees, Edward.

—No, claro que no —soltó entre risas cínicas—. Me voy creyendo que todo está bien entre nosotros y apenas doy un paso fuera del país no puedes evitar salir corriendo a los brazos de Black. Una vez superado tu trauma decidiste que es con él con quien quieres estar, aunque esté encerrado y solo puedas visitarlo de vez en cuando. Bien, Isabella, bravo por ti. Me engañaste.

Sus palabras me dolieron más que puñales clavados directo al corazón. El que Edward creyera que lo había engañado me destrozaba el alma y me confirmaba una vez más que para mí la felicidad tenía fecha de caducidad. Mi destino estaba escrito y mi final firmado, ya solo me quedaba irme de ahí pero con el interior limpio y mi mente lo más en paz que pudiera. Tenía que ser honesta y decirle la verdad aunque no creyera en mí.

—No fui a buscarlo por eso.

—¿Esperas que te crea?, por Dios, ¡qué cínica eres! Hoy mismo volviste a verlo.

—Sí, lo hice porque necesitaba que me dijera…

Me detuve. ¿Cómo decirle lo que sospechaba?

—Después de hablar contigo la última vez, decidí poner en orden tu estudio. Comencé a subir las cajas y una de ellas se deshizo en mis brazos mientras la subía. Todos los papeles salieron volando por la escalera, los empecé a recoger y unas fotos llegaron a mis manos. Eran las fotografías del auto que conducía Liz.

Su frente se arrugó mientras fruncía el ceño, intrigado.

—Yo reconocí ese auto.

—¿De qué demonios estás hablando?

—Ese auto era de James.

—¿James? —Asentí.

—Él era amigo de Jacob. A veces le prestaba ese mismo auto para que fuera a verme al internado y luego en ese mismo auto íbamos al pueblo. No sabes todas las cosas que me han pasado por la mente desde que descubrí eso. Sabía que tenía que averiguar qué había sucedido en realidad y por eso fui a ver a Jacob, para que me dijera qué había ocurrido.

Edward me miraba sin parpadear. Continué.

—La primera vez no me dijo nada, solo se limitó a pedirme perdón por todo lo que me había hecho. Salí de ahí sintiéndome fracasada y perdida. Fui a buscar a Alice y a Rosalie porque necesitaba un poco de su cariño. Las extrañaba y contigo lejos y un problema del tamaño del mundo en mis manos solo me podía refugiar en ellas y en Jane.

>>Ellas también fueron a hacerle una visita. Él seguía hermético, decía que solamente quería verme a mí, pero cuando Rosalie le dijo que si no hablaba le iríamos a preguntar directamente a Iván Petrov, dicen que casi se volvió loco y solo repetía que no siguiéramos investigando nada porque nos estábamos metiendo en terrenos muy peligrosos y que hasta nuestras vidas podíamos llegar a poner en peligro.

Él me escuchaba atento. Sin relajar ni un segundo el ceño ni la tensión de todo su cuerpo.

—Al oír a las chicas decirme esto me desesperé y supe que tenía que verlo de nuevo, necesitaba que me explicara de una vez por todas a qué se refería con todas esas advertencias de peligro pero fue inútil. Él, él…

Hice una pausa tratando de respirar con calma ante el sepulcral silencio de Edward.

—Él me dijo que si te amaba dejaría todo esto por la paz y no me expondría al peligro que significaría el seguir indagando. Que siguiera mi vida junto al hombre que de verdad me amaba y eso… eso es lo que todo el  día he tratado de aceptar.

Edward entrecerró los ojos.

—Con eso último me refiero a que no puedo asimilar el hecho de no hacer nada por descubrir lo que ocurrió. No puedo simplemente darle la vuelta a página y pretender olvidar que ella no está aquí por mi culpa, porque siempre ha sido así, Edward. Es culpa el que Liz tuviera que ayudarme esa noche y sé bien que algo pasó porque no me convenzo de que todo sea solo una mera coincidencia.

>>Yo no sé si de verdad puedo vivir con esta culpa que me carcome. No puedo ni siquiera verte a la cara sabiendo que por mí, Liz no está aquí contigo, con su familia. No puedo ser tan egoísta intentando ser feliz cuando yo les he quitado a ustedes su felicidad. No puedo, Edward, no puedo…

El llanto que ahogaba en mi garganta mientras hablaba fluyó libremente al derrumbarme en la cama. Agotada de pensar, de intentar encontrar una lógica explicación a todo, de decidir mi vida. El mundo se cerraba sobre mí y esa sensación más amarga que nada, quitó los límites a mis lamentos y lloré. Lloré hasta que sentí un cálido toque en mi espalda. Luego se extendió por mis hombros en círculos pequeños. ¿Era lo que creía?, ¿eran las manos de Edward acariciándome? 

—Cálmate pequeña.

Le escuché decir mientras sentía que me subía a su regazo. Sus brazos me rodearon. Una sensación de alivio me invadió y me dejé llevar por ella. La ansiaba más que cualquier cosa.

Sus dedos secaban mis mejillas mojadas y las acariciaban. Su boca se acercó a la mía y sus labios se posaron en los míos con suavidad, con una ternura, que por increíble que pareciera en ese ser tan aparentemente duro y frío, solo él era capaz de brindarme. Me pegó a su pecho y me oprimió contra él con fuerza. Cuando pude, levanté la mirada y respiré tranquila al ver que la ira y furia que había en sus ojos al principio había desaparecido.

—Dios, Bella, todo lo que debe haber pasado por esta cabecita tuya.

—¿Me crees? —pregunté esperanzada.

—Sí te creo. Te creo porque nadie puede hablar con la sinceridad en los ojos, en las palabras y en el corazón como tú lo has hecho esta noche. Te creo porque te amo, te creo porque nadie volvería a enfrentarse con su pasado como lo hiciste tú y lo hiciste por mí, porque me amas y porque no quiero dejar de creerte jamás.

—¡Gracias, Edward! —balbuceé—. Gracias mi vida, mil gracias.

—Al contrario Isabella, Soy yo quien debe agradecerte por querer esclarecer la muerte de mi hermana. Soy yo quien te pide una disculpa, debí dejarte hablar antes de irme contra ti descargando toda mi frustración diciéndote esas cosas. Lo siento mucho, me dejé llevar por los celos y la ira. Perdóname, por favor.

—No tengo nada que perdonarte —le respondí dándole besos por toda la cara mientras la esperanza y la alegría me recorrían el cuerpo.

—Solo quiero dejar algo bien claro antes. Me vas a escuchar y vas a entenderlo, ¿de acuerdo? —asentí.

—Sí, Señor.

—Vamos a dejar todo esto atrás de una buena vez. Ya hemos sufrido bastante todos los implicados, directa o indirectamente. Sé que no va a ser fácil, Isabella, pero tenemos que intentarlo porque no podemos construir nuestras vidas sobre un pasado que nos esté atormentando constantemente.

>>Créeme cuando te digo que a mí más que a nadie le gustaría saber la verdad pero en algo tiene razón Jacob Black. Debemos estar con quien nos ama y a quien amamos. No me voy a exponer a perderte por intentar averiguar sobre algo que no me devolverá a mi hermana, prefiero honrar su memoria amando a quien un día esa chica risueña ayudó y que por alguna obra divina llegó a mi vida para darle un matiz diferente que me hace sentir tan pleno.

>>Te amo y quiero permanecer a tu lado por siempre. Solo viviendo el presente, sin pasados y anhelando un futuro juntos. Eso es lo que quiero, que te quede bien claro. ¿Entendido?

—Entendido.

Esa noche mi cuerpo olvidó todo el cansancio que por días sufrió. Hicimos el amor de todas las formas que nuestros cuerpos pedían, entregándonos sin recato alguno, dándonos por entero el uno al otro. Amándonos sin condiciones, sin preguntas ni dudas. Sin escondernos nada y con la certeza de que para un futuro juntos, solo la honestidad y la confianza entre ambos nos guiarían por el camino seguro.

***

Poco a poco los días iban transcurriendo. Tanto Edward como yo, nos esforzábamos por no traer a nuestras vidas los tristes recuerdos que teníamos, pero si dijera que era tan fácil hacerlo como decirlo, estaría diciendo una reverenda mentira. Había muchos momentos de silencios interminables en los que cada quien se sumergía en su mundo y al cabo de un buen rato nos percatábamos de ello. Sonreíamos conscientes de nuestras conductas y nos abrazábamos dándonos las fuerzas que necesitábamos para seguir.

Comenzamos a reunirnos con nuestros amigos. Edward se mostró un poco renuente al principio porque todavía guardaba un poco de resentimiento hacia Alice y Rosalie pero, afortunadamente, ese sentimiento se fue borrando al ver cómo eran mis amigas en realidad. Formábamos un buen grupo y salíamos frecuentemente a distintos lugares. Los días de chicas también habían regresado y yo los disfrutaba al máximo, así como los eternos días de compras que eran una delicia con mis tres amigas. Jane había encajado como anillo al dedo en nuestro minúsculo círculo y Alice y Rosalie estaban encantadas con ella.

Una noche, terminé de preparar la cena y fui a buscar a Edward a su estudio. Asomé la cabeza y lo vi sentado detrás de su escritorio concentrado mirando la enorme pantalla de su computadora.

—Si no levantas tu bonito trasero y vienes conmigo se enfriará la cena.

El ceño fruncido que casi juntaba sus pobladas cejas delataba su enfado. Me acerqué a él y me senté en el descansabrazos de su silla de cuero negra. 

Suspiró con fastidio mientras se ponía de pie y estiraba los brazos hacia arriba.

—Vamos a cenar. Estoy seguro que el pollo parmesano me quitará este sabor a frustración.

—Sí, cariño, en un momento estoy contigo.

Un buen rato después, mi Señor, bien cenado y ya habiendo degustado su imperdonable copa de brandy, dormitaba en mi regazo; le acariciaba el cabello mientras mi mente giraba a un millón de revoluciones. Subimos a nuestra habitación y apenas puso la cabeza sobre la almohada cayó rendido. Cuando le escuché respirar rítmicamente y soltar de vez en cuando uno que otro ronquido me levanté con mucho cuidado de no despertarlo. Fui a mi antiguo dormitorio y saqué del armarito donde guardaba mis materiales de trabajo, varias hojas de papel ingres, mi estuche de lápices de colores y bajé al estudio.   

A la mañana siguiente me desperté y Edward ya se había ido. Me bañé y me vestí para bajar a desayunar pero al pasar por el estudio me detuve al escuchar la voz de Edward. Entreabrí la puerta y miré por la rendija con miedo. En una mano sostenía el teléfono en su oreja y en la otra los borradores que no se me ocurrió guardar la pasada noche.

—¿Te vas a quedar ahí mirando?

Cortó la llamada. Su voz tenía un tono neutral incapaz de poder darme una remota idea de su estado de ánimo. Con pasos indecisos me adentré al estudio y solo rezaba porque no estuviera muy enojado conmigo.

—Isabella, ¿me puedes explicar qué es todo esto? —Demonios, sí estaba enojado.

—Edward, yo… lo siento, no quería entrometerme —dije sincera—. Por favor discúlpame.

—¿Disculparte?, ¿estás loca? —bufó exageradamente—. Esto es simplemente increíble. 

Pasaba entre sus manos los borradores que había dibujado durante toda la noche.

—Estaba frustrado por no encontrar una campaña de publicidad que cubriera todas las expectativas de Cullen Entertainment Resorts. Las sentía incompletas, vacías, no me transmitían nada más que un lujo, que al contrario de lo que queremos representar, se veía inalcanzable. No hemos trabajado tanto para ser accesibles para todo tipo de huéspedes como para que una mala campaña publicitaria arruine todos nuestros esfuerzos.  Pero esto, Bella, es exactamente lo que quiero.

—¿Dices que te gustó? —pregunté incrédula.

—¿Gustarme? ¡Es perfecta!

Me encerró entre sus brazos levantándome del piso, premiándome con un beso que me dejó descolocada por un momento.

—¿Cómo pude ser tan ciego y no ver que tengo una verdadera joya de la publicidad a mi lado? —dijo rozando mis labios con los suyos—. No. Siempre lo he sabido pero quizás mis celos y mi egoísmo no me dejaban ver que me estoy portando como un verdadero hombre de las cavernas con quien menos se lo merece. ¿Por qué siempre soy tan obtuso contigo, Isabella?

—Mmm, me gustaría pensar que es porque me quieres.

—¿Quererte? Creo que eso no resume todo lo que siento por ti, cariño. Te amo.

—Yo también te amo, y mucho —deposité un beso en sus labios.

—Bueno, dejemos estas manifestaciones de amor por un rato.

—¡Cullen! ¡Qué manera de cortar un momento tan lindo! —Hice un puchero.

—Es que quiero proponerte algo, si estás de acuerdo.

Mi corazón empezó a latir con fuerza por la emoción. Asentí ilusionada.

—Señorita Isabella Swan, ¿le gustaría ser la encargada de la campaña publicitaria de Cullen Entertainment Resorts?

Estallé de júbilo por dentro. Me lancé de nuevo a los brazos de Edward y lo besé tan intensamente como mi emoción me lo permitió.

—¡Vaya! Creo que eso es un sí.

—Definitivamente, sí. Acepto su propuesta, Señor. 

***

EDWARD’S POV

Esa jugada no pudo haber salido mejor. Con tanto qué pensar, con tantos líos en la cabeza, esa había sido una salida genial con Isabella. 

Después de recibir el reporte de Dean sobre Isabella mientras estaba en Nepal estaba decidido a volver y hacerle pagar tan caro como pudiera su mentira, su traición. Me sentí como un puberto engañado de la forma más estúpida posible por una mujer que había aparentado amarme y no sabía cuál había sido su propósito con esa farsa.

¿Dinero?  

No lo necesitaba en lo absoluto, tenía mucho más de lo que alguna vez podría imaginar, así que solo me quedaba pensar que lo había hecho por el simple hecho de que podía y tan bien le había salido, que el tonto al que eligió para jugar había caído rendido de amor ante ella.

Las horas que pasé desde que lo supe hasta que llegué a Londres para confrontarla fueron un verdadero tormento. Nunca en mi vida me había sentido tan mal. El corazón me dolía de decepción, ¿cómo era posible que Isabella fuera capaz de hacerme esto?

Con la rabia y el dolor corriendo por mis venas al mismo tiempo, pensaba en las mil formas en las que le haría pagar su osadía. Nadie se metía conmigo y salía vivo para contarlo y ella no iba a ser la primera, aunque el amor que sentía por ella no podía erradicarlo de mi alma. No entendía porqué ni el saber que para ella no significaba nada, me hacía incapaz de dejar de amarla.

Isabella se había metido entre la piel. Me había hecho sensible a ella. Me había cambiado, a mí, que desde adolescente supe que mi vena dominante y fría me desensibilizaba de cualquier manifestación de cariño hacia las mujeres, solo queriendo obtener de ellas lo único que a mí me interesaba además de su cuerpo, su sumisión.

El viaje que por tantos años me llevó a ser el dominante que era, me hizo atravesar por un sinfín de mundos tan oscuros que estaba convencido que mi alma se llevaba un poco de esa oscuridad consigo con cada día, minuto y segundo que transcurría, tornándose cada vez más negra e inmune al amor. Y viví contento por cómo era, cubierto de esa coraza inquebrantable que a la vez me brindaba el poder y la fuerza para desempeñarme también en los negocios, estudiando, calculando y midiendo las estrategias que me llevaron a darle a la empresa de mi padre ese empuje y éxito del que ahora gozaban.

Hasta que llegó ella, dándome un golpe directo a los pies. Haciendo que los cimientos de mi vida, de mi persona, se tambalearan mareando por completo mi cordura. Convenciéndome con esos ojos de dejarla permanecer a mi lado. Su fragilidad fue un cebo que seguí como el más estúpido de los incautos y sin que pudiera percatarme de nada, ese escudo de negra obsidiana que me protegía del mundo se quebró, dejando ranuras que la decepción de su traición aprovechó para colarse destruyendo mi mundo y mi alma.

Jacob Black.

¿No pudo haber elegido a otro? No. Él era precisamente la pieza clave para darme el tiro de gracia. Me había empeñado en acabar con él a como diera lugar y lo había conseguido para que al final, ella me restregara en la cara que no le importaba nada de lo que yo hubiera hecho, que estaría con él dónde y cómo fuera. Y como si eso no bastara, se había reconciliado con sus amigas, ondeando una vez más la bandera de su burla frente a mi cara.

Todavía no sabía cómo me iba a cobrar por la jugarreta que me tenía sumido en un mar de dolor. No tenía ni idea pero no iba a salir victoriosa de todo esto. Su traición le iba a salir más cara de lo que una vez pudo haber imaginado. Solo tenía que calmarme para poder pensar con claridad y ya una vez con la mente fría, llevar a cabo mi venganza.

Lo que nunca imaginé, fue que al tenerla frente a mí, mis cimientos se cimbraran con tal intensidad, que sentí que mis palabras no surtieron el efecto que deseaba al no ser lo suficientemente duras con ella. Lo que tampoco imaginé jamás, fue escuchar de su boca la explicación que me dio, dejándome nuevamente con el alma expuesta hacia ella por la magnitud de lo que había hecho por mí y por mi hermana. Sorprendido, fui escuchando sus palabras borrando con cada una de ellas la errónea percepción que tenía de todos los hechos.

Isabella, sin dudarlo siquiera, se tragó el miedo y la angustia que por años le había provocado Jacob Black y fue a buscar respuestas. Lo mismo había hecho con sus amigas al sentirse tan sola con un problema de tales dimensiones. Fue buscando solamente ese cariño que por años se habían dado y salió recompensada con la amistad y el amor que tanto había extrañado de ellas.

Profundamente conmovido por tal demostración de amor, porque era solo eso lo que la había llevado a exponerse de tal manera, me acerqué a ella y aliviado por haber estado confundido y seguir teniendo a la mujer que amaba a mi lado, le pedí lo único que podía seguir manteniéndonos unidos y fuertes, dejar a un lado el pasado y continuar con nuestras vidas como mi hermana hubiera querido.

En ese momento estaba plenamente convencido de que esa era la solución para cerrar el círculo que por años me atormentó al no saber lo que había ocurrido pero la realidad fue muy diferente. Con cada día que pasaba las palabras de Isabella iban tomando fuerza en mi cabeza. No podía dejar de pensar en cómo curiosamente todo se relacionaba y en un momento, me vi decidido a seguir intentando resolver el enigma de la muerte de mi hermana. Sabía que le estaba mintiendo, que le estaba fallando y que si no salía todo como tenía previsto que saliera, ella jamás me perdonaría haber hecho todo lo contrario a lo que yo le había pedido sabiendo que para ella era más difícil que para mí por el sentimiento de culpa que la embargaba. 

Estaba jugando con fuego y lo sabía. Me estaba exponiendo no solo yo, sino a ella también al ignorar las advertencias de Black, a quien por extraño que pareciera, le creía. En menos tiempo del que pude darme cuenta ya estaba de nuevo inmerso en investigaciones ya no a ciegas. Ya tenía una idea de por dónde buscar las respuestas que necesitaba. Reforcé secretamente la seguridad para Isabella y para Jane. También tuve que hablar con Emmett y Jasper para ponerlos al tanto de la situación ya que tanto Alice como Rosalie podrían estar en la mira de quien fuera el cerebro perpetrador de toda esta sucia, maligna y enrevesada situación.

Mis amigos no dudaron en brindarme todo su apoyo y manteniendo todo bajo el mayor de los secretos, nos dedicamos a encontrar pistas que nos acercaran a la verdad. Mientras esto ocurría, intentaba por todos los medios de parecer lo más normal que pudiera. Trataba de complacer a Isabella en todo lo que quisiera sin que llegara a sospechar de lo que hacía a sus espaldas, por lo que esta última jugada de la campaña publicitaria había sido un acierto que nos beneficiaba a ambos, ya que a ella la mantendría feliz y ocupada en lo que le gustaba hacer bajo mi estricta vigilancia todo el tiempo y a mí me daba la solución al problema de las incompetentes campañas de publicidad que me habían presentado.

—No entiendo por qué desde un principio no fuiste a la agencia de Olivia —me dijo Isabella mientras inspeccionaba las oficinas que había dispuesto para ella.

—Porque pensé que aunque se estuviera posicionando ya en un buen nivel, aún era demasiado pequeña para la magnitud de la campaña que Cullen Entertainment Resorts necesita.

—La creatividad no se mide por dimensiones.

—Ahora que me lo has demostrado me queda clarísimo —sonreí al verla tan contenta.

—Me encanta esta oficina, tiene una vista espectacular.

—Es toda tuya. Le diré a Katie que ponga personal a tu disposición, así como computadoras y todo lo que necesites para trabajar. No escatimes en gastos, lo que necesites solo pídelo. ¿Entendido?

—Sí, Señor.

—Me encantaría tomarte aquí, justo frente a este ventanal —le susurré al oído mientras mis manos se cerraban sobre sus turgentes senos.

—A mí también me gustaría pero creo que mi jefe preferiría que me pusiera a trabajar de inmediato.

—¿Te estás negando, Isabella?, ¿me estás diciendo que no? 

—Al buen entendedor, pocas palabras —respondió coqueta.

—Yo le voy a hacer entender a usted la magnitud de su osadía, señorita Swan… —dije mientras ponía el seguro en la puerta.

***

Esa noche me encontraría de nuevo con mis amigos a solicitud de Jasper. Lo que nos pareció extraño fue que nos citara en su casa. Él siempre había preferido salir a algún bar después de estar encerrado en su despacho todo el día. Habiendo cenado como trogloditas y ya relajados con un buen puro y un coñac, nos hizo una revelación que casi nos hace vomitar todo lo ingerido.  

—¿Qué tú eres qué? —preguntaba Emmett con los ojos desorbitados por la sorpresa.

—Un sumiso —respondió sonriente.

—¿Tú, Jasper?

—Sí, Edward, yo. Y no sabes qué feliz soy. Puedo olvidarme de todas mis preocupaciones, de todo el estrés de tomar decisiones importantes, dejando a un lado la responsabilidad de tener en mis manos parte importante de la vida de las personas. Es muy liberador para mí.

—¿Y lo sabe Alice?

—Emmett, Alice es mi ama —sonrió orgulloso.

—¿Qué? Bueno, pensándolo bien tiene todo lo necesario para serlo la señorita mandona —admití.

—Es fantástica. Me tiene loco y enamorado. Nos complementamos a tal nivel que… por cierto, Bella lo sabe.

—¿Isabella? —pregunté confundido.

—Ya te contará.

—Amigo —Emmett le palmeó el hombro—, no importa lo que seamos mientras uno sea feliz.

—Lo soy.

—Puedo verlo —dije dándole un necesitado trago a mi coñac.

—Deberían tratarlo alguna vez. No te rías, Edward, no tienes ni una idea de lo que te estás perdiendo.

—Yo por mi parte estoy muy contento con mi empalagosa y vainilla relación. Después de lo que le ocurrió a mi Rose no soy capaz de portarme como un dominante y tampoco creo que ella pudiera soportarlo.

—¿Se supo algo del infeliz bastardo de Royce?

—Sí —dijo poniéndose de pie y dando un resignado respiro—. El cabrón está encerrado en una cárcel de Francia. Está acusado de desfalco y si no se presentan más cargos en su contra, existe la posibilidad de que pueda salir bajo fianza.

—Emmett, tú no puedes permitir eso —bramó Jasper brincando de su silla.

—Él no puede obligar a Rosalie a poner en su contra una demanda por violación.

—¿Sabes lo que significaría para mi Rose tenerlo enfrente?, ¿cara a cara contra el tipo que la abusó?

—Es una encrucijada. Por un lado no puedes permitir que esa rata salga y cometa más delitos y por otra, quieres y tienes que proteger a la mujer que amas —lo comprendía mejor de lo que creían.

—No sé qué hacer. Al menos tengo que contárselo, ya ella decidirá que quiere hacer. Lo único que sé es que la apoyaré en lo que decida. 

—¿Y Bella?

—Ella está muy bien. La terapia la ha ayudado mucho, tanto, que no pensó dos veces el ir a encarar a Black con tal de lograr obtener respuestas. Eso creo fue el empujón que necesitaba para por fin darle la vuelta a esa trágica etapa de su vida y ahora con su nuevo empleo está radiante. Feliz.  

—Hermano, esa te la sacaste de la manga.

—Me cayó del cielo, Emmett, ni te lo imaginas.

—Ahora tienes la tranquilidad de tenerla junto a ti todo el tiempo.

—Sí, y quiero que Jane venga a trabajar con ella, así las tengo a las dos bajo mi resguardo.

—¿Y tú crees que acepte? —Emmett me miró sarcástico—. Esa chiquilla es rebelde, dulce, pero rebelde. De hecho, me recuerda mucho a Liz.

—Creo que es precisamente eso lo que me inspira a cuidarla, a protegerla. Tienen el mismo carácter fuerte pero chispeante. No se anda con rodeos cuando te tiene que decir las cosas y es fiel a los que quiere. Según me ha contado Isabella, no ha tenido una vida fácil y está sola en el mundo. ¿Saben lo difícil que ha sido para ella llegar hasta dónde está? Y de su boca jamás he escuchado ni una sola queja. Nunca.

—Eso la hace una chica muy valiosa.

—Así es, Jasper. Fuerte y valiosa —suspiré—. Ya me las ingeniaré para hacer que acceda a trabajar con Isabella.   

Ahora Jane ya no estaba sola. Ya tenía alguien quien viera por ella así como ella desinteresadamente cuidaba y quería a mi Isabella. Jane ya tenía no solo un protector sino una familia dispuesta a darle todo el cariño que necesitara.

Como supuse desde un principio, la chica no solo tenía agallas sino también orgullo. Sospechaba que solo le ofrecía el trabajo porque me sentía comprometido y se soltó diciéndome de todo menos bonito. Estaba enojada y ofendida conmigo pero gracias a mi elocuencia y poder de convencimiento, pude hacerle entender que Isabella la necesitaba para desarrollar todas las estrategias de publicidad no solo de todas las empresas Cullen sino de la constructora de Emmett y la firma de abogados de Jasper y eso era solo para empezar, ya que había decidido, hacer más feliz a mi pequeña abriendo una agencia de publicidad para ella y la única persona capaz de lograr todo esto junto a Bella, era ella. Lo que no sabía era que sería socia a partes iguales de la agencia y no pensaba decírselo hasta que no le quedara más remedio que aceptar.

La sorpresa se la daría la noche en que celebraríamos su cumpleaños. Tomando en cuenta que ya era una agencia de publicidad en toda regla, hice adecuar dos plantas de la Torre Cullen y con la ayuda de Emmett y de Alice, estuvo listo para esa fecha. Ni a Isabella ni a Jane les interesaba hacer una gran inauguración ante todos los medios; ellas lo único que querían era trabajar y como decía Jane, “desplegar su magia”.   

Rosalie organizó una cena con algunos allegados a nuestras empresas, mis padres y los de Isabella que habían decidido venir a acompañarnos y Michael Newton, el amigo de Jane. Las chicas se veían hermosas y yo estaba feliz de verlas tan contentas.   

—No puedo creer que voy a trabajar aquí —dijo Jane mirando fascinada cómo había quedado todo—. Me va a ser imposible concentrarme en un lugar tan bello como mi oficina.

—Pues más te vale hacerlo porque no creo que a las dueñas les agrade mucho que no trabajes y solo contemples la vista desde tu lugar —le di el sobre que abrió con rapidez.

—¡Feliz cumpleaños, Jane!

Sus enormes ojos se abrieron más de lo posible, llenándose de lágrimas. Levantó la vista de la hoja entre sus manos y me miró antes de lanzarse hacia mis brazos.  

—Gracias, Edward, muchas gracias —su voz era apenas un murmullo inaudible.

—De nada, pequeña, te lo mereces.

En casa esa noche, yo también recibí un regalo por haber hecho una buena obra de todo corazón.*


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 Nenas, ya de nuevo con otro capítulo. Quiero como siempre, agradecer a Jo por apoyarme siempre y jalarme las orejas cuando flojeo. A ustedes mis queridas nenas por todos sus comentarios; los adoro. También muchas gracias por unirse al grupo de Facebook. Algunas no han podido entrar pero aquí les dejo de nuevo el link. Me encantará verlas por allá. 

Un beso enorme y nos vemos muy pronto.
Amelie. 

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