viernes, 22 de noviembre de 2013

CAPÍTULO 45

Esto es lo que quiero.

***

Capítulo beteado por Jo Beta FFAD
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***

Conceder el perdón es el más alto grado de vanidad o de miedo.
José Luis Coll.

***

 BELLA's POV

Tenía frío. Mucho frío. Y dolor, también mucho dolor. ¿En dónde? En todas partes. Todo mi cuerpo dolía. Moverme dolía, incluso respirar dolía.

¿Dónde estaba? ¿Por qué olía así?

Abrí los ojos —o al menos lo intenté— y un resplandor muy blanco y estridente me cegó, obligándome a cerrarlos otra vez. ¿Dónde estaba?

Quise moverme. No pude. Mi cuerpo estaba firmemente restringido sobre una camilla dura, incómoda y muy fría. Gemí. Me asustó tanto, que apenas pude oír el sonido de mi voz. Sonó más bien como un quejido lastimero y muy débil. Gemí de nuevo y abrí los ojos al escuchar pasos acercándose a mí.

—No se mueva, por favor —me pidió la voz de una mujer.  

La miré por el rabillo del ojo porque tampoco pude mover mi cabeza; también estaba sujeta a la dura camilla fría. Era una mujer vestida de blanco. Una enfermera tal vez… ¿Un hospital?, ¿estaba en un hospital?

Mi respiración se agitó. Me dolía el cuerpo pero me moví como pude y lo que pude. ¡No quería estar atada! ¿Por qué estaba atada?

—¡Ah!

—Cálmese, señorita Swan —dijo la mujer—. No se mueva, por favor.

—¿Qué hago aquí? —pregunté con voz rasposa.

—Tuvo usted un accidente y…

—¡Suélteme!

—Solo será un momento, señorita.

—¡No! Déjeme ir…. Déjeme ir… Déjeme ir… —y me sentí flotar. Liviana como una pluma, sin peso. En paz.

—Mmm… mmm…

—Bella, hija, no te muevas, cariño —me susurró al oído una voz conocida y gemí de nuevo.

—¿Dónde estoy? –pregunté y, antes de escuchar la respuesta, la paz que traía consigo aquella negrura me absorbió de nuevo.

***

Abrí los ojos y no, no era un sueño, una pesadilla. Era verdad y yo me encontraba realmente en un hospital. ¿Pero qué diablos había pasado?

Me sentía tan cansada y adolorida que ni siquiera intenté moverme. Lo que sí traté fue recordar porqué diantres estaba ahí pero la cabeza estaba a punto de estallarme. No me importó e hice un esfuerzo, tenía que hacerlo pero estaba muy débil. Quería cerrar los ojos y dejarme llevar pero poco a poco, muy lentamente, pequeños recuerdos de lo ocurrido fueron llegando a mi memoria. De pronto la angustia se instaló en mi pecho, ahogándome, neutralizándome.

Edward. Él… él…

Un sollozo brotó lastimero de mi garganta. Los recuerdos llegaron agolpándose con furia en mi cabeza. Haciéndome recordar el motivo por el cual me encontraba ahí. Herida, adolorida e incapaz de salir corriendo a donde fuera pero lejos de él. Poniendo distancia entre sus palabras y acciones que tanto me lastimaban y mi ingenuidad. Mi ilusa ingenuidad.

Lloré. Lloré porque lo amaba y porque el dolor de su indiferencia hacia algo tan importante, era demasiado para mí. Edward me había roto por dentro. Había cauterizado mi corazón, me había decepcionado y no sabía si podría salir con la frente en alto después de esto. Me sentía burlada, humillada y sin fuerzas, sin ganas de siquiera intentar luchar por mí.

Entre mis sueños intermitentes, noté que él estaba ahí, a mi lado. Pocas veces se iba y por irónicas que parecieran las cosas, se notaba muy preocupado por mí. ¿De qué iba todo eso? Francamente yo no entendía nada, porque las señales que me daba eran totalmente opuestas.

¿Por qué me sentía como un juguete entre sus manos?

¿Quería volverme loca?

Papá llegó con Carmen y lloraron al verme. Estaban tan angustiados que me dio miedo. ¿En qué estado me encontraba para que hubieran venido desde San Francisco y tener esa expresión en sus rostros? ¿Me había sucedido algo grave? No quería saberlo; no en ese momento en el que solo quería tranquilizarlos aunque no supiera en realidad lo que tenía.

El sueño y los medicamentos me tenían en un estado de somnolencia que no podía resistir. Dormitaba por ratos y cuando abrí los ojos una de esas tantas veces vi que ya había amanecido. El día nublado y húmedo se dejaba ver por la ventana. Pese a estar en pleno abril hacía frío y mi cuerpo adolorido lo resentía más. Me cubrí como pude con una mano y vi a Edward acurrucado en el sillón junto a mi cama.

Quería hablar pero yo no me encontraba en condiciones de nada. Aún no asimilaba por completo todo lo que había ocurrido y fingí que todo estaba bien. Fingí de nuevo para ganar tiempo y poder tener un argumento válido para cuando no me quedara más remedio y tuviera que enfrentarme a él pero eso no sabía cuándo sucedería.

Vislumbré el eterno día que tenía por delante. Aunque papá y Carmen junto con Esme y Carlisle estaban haciéndome compañía y se los agradecía, yo solo quería estar sola pero cuando vi a Jane entrar por la puerta de mi cuarto, quise gritar de alivio.

—¡Por Dios, Bella! ¿En dónde carajos te metiste? —Me abrazaba con mucho cuidado pero con mucho cariño.

—¡Jane! —me tragué un sollozo—. Gracias por venir.

—No me lo agradezcas a mí —dijo sentándose a mi lado—. Fue Edward quién me avisó y de inmediato me vine directo para acá, sabes que no te dejaría amiga.

—Lo sé, Jane —le sonreí y mi pómulo dolió.

—Ahora sí, Isabella Marie, empieza a hablar y escúpelo todo porque no me voy a ir de aquí hasta que te hayas desahogado. —Su ceño fruncido me hizo ver que no estaba bromeando. Sabía que tenía que hacerlo y quién mejor que Jane para escucharme.

—Edward creyó que yo lo engañaba —solté sin más—. Recibió una foto donde aparezco supuestamente con Jake en un café.

—¿Jake? —me miró intrigada—. ¿Y quién demonios es ese tal Jake?

—Es alguien de quién te contaré otro día, por ahora solo basta con que sepas que es alguien de mi pasado que me hizo mucho daño. —Ella asintió esperando que continuara—. Esa foto fue la razón por la que Edward que estuvo tan frío y esquivo conmigo durante varios días. Traté por todos los medios posibles de hablar con él para saber qué pasaba, para que me dijera porqué me trataba así pero Edward simplemente no me quería cerca.

–Sufrí mucho, Jane, pensando que lo nuestro había acabado y que en cualquier momento me diría que ya no me quería junto a él. Una noche volví a casa resignada, aceptando que mis temores eran ciertos y entré al cuarto de juegos para mirar por última vez el lugar donde dejé a un lado a la niñita curiosa y me convertí en una mujer llena de deseos. Me quedé dormida ahí y Edward me despertó regalándome, según yo, mi última noche. Fue tan… especial, que ya no tuve duda de que era el final pero al día siguiente, me sorprendió llevándome al cottage de su familia, en la campiña.

–Edward se sinceró conmigo durante esos días. Me confesó tantas cosas, Jane, que por momentos lo odié y lo único que quería era que acabara de una buena vez con todos esos secretos pero sabía que, para él, no estaba siendo nada fácil revelarme tantas cosas y tan delicadas —suspiré—. Hace unos días me desperté y me informaron que Edward tuvo que venir a la ciudad. Cuando llegó, me dio una noticia que jamás creí que iba a escuchar. Jake fue aprehendido y con demasiados cargos como para jamás volver a ver la luz del día.


–Me acurruqué en su pecho llorando de tranquilidad porque ese mal nacido no podría volver a lastimarme. Estaba contenta porque Edward había hecho eso por mí, para protegerme. Estaba feliz porque sobre todo, Edward no quería terminar conmigo. Seguiríamos juntos, ¿por cuánto tiempo?, no lo sabía pero en ese preciso instante, Edward me quería con él. Todo iba bien, perfecto, hasta que dijo lo que para cualquier mujer es un insulto, un golpe del que es muy duro reponerse, superarlo…

Jane apretó mi mano brindándome su apoyo. Yo suspiré recordando de nuevo sus hirientes palabras.

—Me dijo que ya no dudaba de mí porque ya estaba seguro de mi amor. Que en efecto, sí lo había hecho porque los malditos celos lo cegaban al pensarme entregándome a otro pero que gracias a una amiga, pudo abrir los ojos y ver las cosas como en realidad eran. Y para colmo de todo, esa amiga tan buena y tan noble —ironicé—, es la estúpida de Vera.

Jane abrió los ojos y la boca tan grandes como pudo. Su sorpresa fue quizás tan grande como la que yo me había llevado.

—¿Te refieres a Vera, la mujer esa… del club? —asentí sintiendo como la bilis subía por mi garganta.

—La misma —le reafirmé—. ¿Te imaginas como me sentí?, estaba tan enfadada, tan… yo… no quería que Edward se acercara a mí, no quería que me tocara, tenerlo cerca. Él se fue enojado por mi reacción y me quedé sola en la terraza dándole vueltas a lo irónico de la situación. ¿Se suponía que le debía mi felicidad a esa mujer?, ¿qué tanto me conoce como para cambiar la opinión que Edward tiene de mí?, ¿tanta influencia tiene en él?, ¿por qué?   



–No supe cuánto tiempo permanecí ahí pero de pronto me encontré caminando hacia el muelle al que Edward me había llevado unos días atrás. Mis pies caminaban veloces, ansiosos por llevarme lo más lejos posible del cottage. Empecé a correr y bajo el torrencial aguacero que estaba cayendo, llegué al pequeño muelle. Estaba de pie en el borde de este. Miré el agua negra por el reflejo de las nubes de tormenta. Sería tan fácil dar un paso más…

—¡Bella! —gritó Jane llevándose la mano a la boca y yo negué con la cabeza.

—Iba a darme la vuelta para volver. Es verdad que estaba… estoy demasiado herida pero, muy dentro de mí, sabía que esa salida fácil no era la solución. Fue entonces cuando un rayo seguido por un trueno me asustó, haciéndome perder el equilibrio. Caí en el borde del muelle quedando con los pies remojados en el agua. No supe como me arrastré lejos de la orilla de madera. Tal vez el miedo me hizo reaccionar y fui consciente que debía volver al cotagge pero la lluvia caía tan fuerte sobre mí, que me era imposible ver el camino. Pensé que no importaba, que lo único que tenía que hacer para estar a salvo era alejarme del lago. Caminé como pude, descalza y con dificultad porque mis pies se hundían en el lodo. No sabía si estaba en el camino correcto, yo solo caminaba como podía. 





–Para mi mala suerte, la lluvia hacía más espeso el lodo. El esfuerzo por seguir me tenía agotada y temblaba de frío. Mis pies ya no los sentía, me movía por inercia, rezando por llegar a algún lugar donde pudieran ayudarme. De pronto me sentí arrastrada, revolcándome entre el lodo, sin poder hacer nada más que aferrarme a lo que fuera para no ser tragada por esa ola de tierra y agua que estaba barriendo con  todo.

—Oh, por Dios, Bella —murmuró Jane con las lágrimas escurriendo de sus ojos.

—Entonces algo detuvo mi cuerpo. Creo que fueron las raíces de un árbol caído; me aferré a ellas como pude y no me moví. Sabía que no podía hacerlo si quería salir viva de ahí. Tampoco supe cuánto tiempo pasó pero se me hizo una eternidad —sonreí débilmente—. Dicen que cuando estás a punto de morir ves toda tu vida pasar como una película ante tus ojos… ¡Yo vi a mi madre, Jane!, y me decía que no me soltara, que aguantara un poco más, solo un poco más… —dije entre sollozos y traté de reponerme para continuar.



–Fue cuando escuché su voz… era Edward que había llegado en el momento justo porque mis brazos no resistieron más y me solté. No recuerdo lo que ocurrió después. Solo sé que cuando pude tener conciencia noté que estaba en este hospital y las palabras de Edward volvieron a mi mente trayendo de vuelta todo ese dolor que me golpeó mucho más que la fuerza del deslave que me arrolló.

—¿Y ya han hablado? —negué con la cabeza, sollozando sin parar.

—Lo he evitado porque no sé que hacer. ¿Te das cuenta del punto en el que me encuentro? No es nada fácil tomar una decisión en estas circunstancias, es demasiado dura esta realidad y yo no sé si podré vivir con esto. Me ahoga, Jane, me duele.

—Bella —Jane me abrazó y con cuidado acariciaba mi espalda mientras yo me desahogaba—, es hora de madurar…

—¿De qué hablas? —me separé de ella para mirarla.

—Exactamente de eso, de crecer, de saber quién eres como mujer y darte cuenta de lo mucho que vales, de ser conciente de tus decisiones, de tus deseos, de tus afectos, de tu presente, tu pasado y tu futuro. De saber que hay que ser fuerte para poder vivir con el pasado, haciendo que el presente valga la pena y que te ayude a formar un futuro digno, pero digno de ti, de la hermosa persona que eres, valiente y fuerte, sin dejarte influenciar por nada ni nadie, solo por lo que tú quieres ser y de cómo quieres vivir.

—Es muy fácil decirlo, Jane, y la verdad, es que yo no sé como hacerlo.

—¿Recuerdas cuando hablabas de tus prioridades? —asentí—. Bueno, pues ahora medita bien si han cambiado, si son en verdad las que deseas en tu vida, si son las que te permitirán vivir feliz.

La miré como si no la reconociera.

—¿Por qué estás aquí, Bella? —medité un poco su pregunta pero respondí con firmeza.

—Porque me dolió que Edward creyera más en las palabras de otra mujer y cometí una insensatez —dije enfadada.

—¿Lo amas?

—Sí, pero…

—¿Pero?

—Creo que necesito alejarme de él por un tiempo. —Mi voz se escuchó débil.

—¿En realidad es eso lo que quieres, Bella?

Después de irse, Jane me dejó mucho en qué pensar. Tenía ante mí una gran disyuntiva que necesitaba resolver de la mejor manera y no encontraba hasta ese momento, una solución que me brindara un alivio permanente. No sin exponerme.

Por la noche antes de acomodarme para dormir, le di las gracias a Edward. Unas gracias que implicaban varias cosas para mí. El haber traído a mi padre y a Carmen, el estar pendiente de mí, el haberme salvado y él, intentó de nuevo hacerme hablar pero estaba tan cansada tanto física como mentalmente que solo le dije —No—.

No hubo ningún reclamo de su parte y respiré tranquila. A pesar de eso, de no tener que hacerle frente a la plática a la que tanto le temía, me costó mucho trabajo conciliar el sueño.

***

A la mañana siguiente, muy temprano, Edward se fue a casa a dar un baño después de asegurarse que yo estuviera bien y de que llegaran mi padre y Carmen para hacerme compañía. Yo estaba impaciente de que eso sucediera porque necesitaba el apoyo de la mujer que había cambiado la monótona, triste y solitaria vida de mi padre.

Carmen se había ganado no solo mi absoluta confianza sino también todo mi cariño. Estuvo ahí apoyándome cuando tomé la decisión de irme y dejar a mi padre con Alice y Rosalie, cuando sentí que él me hacía a un lado y prefería estar con ellas. Carmen no cejó en mostrar su desacuerdo aún con el riesgo de tener un problema con mi padre. Ella también fue quién le hizo abrir los ojos y ver que tenía que dejar a un lado su tonto orgullo y hablar pero, no solo logró eso sino que también lo trajo hasta Londres para verme y reconciliarnos.

Después de todo eso, yo ya estaba convencida de que mi madre había enviado a Carmen a nuestras vidas. Para hacer feliz a mi padre y a mí, para hacerme sentir que no estaba sola. Para él ella era su compañera de vida y para mí, la madre que en todo momento me hacía saber que contaba con ella para lo que yo necesitara y yo la necesitaba ahora.

Tal y como pensé, Carmen no dudó ni por un segundo en ayudarme. No tenía el tiempo suficiente para explicarle nada y ella no me cuestionó, solo me preguntó lo que yo quería que hiciera. Al volver, casi media hora después, me sonrió y supe que todo había salido bien, al menos hasta ese momento.

Ya era casi medio día y yo esperaba impaciente. Esa tarde me daban el alta y Edward ya estaba ansioso por dejar el hospital. Salió un momento y mi padre fue tras él; estaba segura que ya había notado nuestro distanciamiento y no se quedaría tranquilo hasta saber qué diablos sucedía entre nosotros pero yo conocía muy bien a Edward y sabía que no ventilaría nuestros problemas íntimos con nadie, y menos si eso significa preocupar a alguno de nuestros padres.

De pronto, la puerta del cuarto se abrió y entró Edward hecho una furia.

—Carmen, ¿podrías dejarnos solos? —le pidió conteniendo su enojo. Ella me miró esperando mi respuesta y asentí nerviosa. Cerró la puerta al salir y Edward fue acercándose lentamente a mí.

—¿Me quieres explicar qué coño significa todo esto?

Preguntó aventando unas carpetas sobre la cama y me helé al distinguir en ellas varios de los análisis que Carmen había solicitado le enviaran a la doctora Conrad para que los revisara.

¿Por qué diablos los tenía Edward?

¿Me había puesto en evidencia a pesar que le pedí la más absoluta discreción?

¿No se había podido quedar callada y simplemente pensaba que le debía fidelidad a Edward?

—No me mires así y habla de una puta vez, Isabella —me ordenó a gritos.

Yo lo miraba con el miedo subiéndome por la garganta. Tragué en seco y sabía que, aunque quisiera, no iba a poder emitir ni siquiera un lastimero sonido.

—¿Qué es lo que estás haciendo? —gruñó—. ¿Por qué a escondidas mías? ¿Cómo crees que me siento al descubrir que mi mujer me oculta cosas tan importantes como estas?

Se acercó a la cama e intenté hacerme hacia atrás pero el cabecero me detuvo.

—Margot dice que tengo que respetar el derecho a tu privacidad —dijo sarcástico.

Apoyó sus manos en la cama, casi encerrándome en sus brazos y podía notar el esfuerzo que hacía para contenerse. Su pecho subía y bajaba al igual que el mío, solo que el de él lo hacía por furia y el mío por temor. Un temor que ahora comprobaba que de infundado no tenía nada.

—Créeme que lo hubiera hecho si me lo hubieras pedido pero en vez de eso preferiste ir en contra mía, de lo que sabes que no tolero, sin importarte nada, sin ningún maldito gramo de consideración hacia mí… —Edward dijo con voz grave, sonando mucho más amenazador.

—¿En dónde quedó la confianza, Bella?, esa que supuestamente deberías tenerme por lo mucho que me amas, ¿no es cierto? Eso fue lo que siempre te pedí, lo que te recalcaba a cada puto y miserable minuto. Te pedía franqueza, que te abrieras a mí y hasta te conseguí la ayuda de Bower para que lo hicieras. Ahora dime, Isabella, dime en dónde quedó esa confianza…

—¡Esa maldita confianza está guardada en el mismo cajón en donde tú guardaste la tuya!

Estallé ante su ataque, gritándole lo que tenía atorado en el alma desde la noche del accidente. Mi cuerpo temblaba y ya no de miedo sino de enojo, uno que sentía que iba bullendo en mi interior ante su vano reclamo. Edward abrió los ojos desmesuradamente, taladrándome con el verde salvaje de su atónita mirada.

—Esa estúpida confianza es la que tú debiste tenerme también pero no, en vez de eso elegiste creer primero en las palabras de Vera que en las mías y me hiciste sufrir mientras creías que era la peor de las mujeres por haberte engañado.

—¿Pero es que no entiendes? En esos momentos yo no podía pensar en nada, no podía razonar, estaba loco de celos, envenenado, y aunque sabía que no podía ser posible, no lo aceptaba. No podía dormir, no podía trabajar, no podía comer porque de solo imaginar que tú… no podía soportarlo. —Las últimas palabras las dijo casi en un susurro.

–La única que era capaz de enfrentarse a mí y hacerme ver la realidad era Vera. Por varios días estuvo llamándome, me dejaba mensajes de voz y de texto en el móvil y como las ignoraba, se presentó en la oficina amenazándome con hacer un escándalo si no la escuchaba y lo hice, con tal de que se largara lo más pronto de ahí. Ella comenzó a gritarme que era un estúpido que no podía ver más allá de mis narices, que era un imbécil que no sabía distinguir entre un diamante y un pedazo de mierda —hablaba esforzándose para no alterarse.


–Vera me contó que una noche, te apareciste en el club. Ibas con Jane y además Paul y Jason te esperaban afuera. Te vio desde que llegaste; te paseaste por el lugar mirando hacia todos lados y luego subieron a presenciar una escena. Al finalizar, dos de sus hombres les detuvieron y las llevaron a su oficina. No podía dejarte ir sin saber exactamente qué hacías ahí.

Contuve el aliento. Vera no le había dicho a Edward del escándalo que protagonizamos Alice y yo y que ese era el pretexto que tomó para interrogarme. Al menos tenía bien claro el concepto de la amistad y no delató a Jasper.

—Me dijo cómo te plantaste frente a ella, con carácter y sin amedrentarte, al menos no hasta que te amenazó con llamarme para avisarme que estabas ahí para que fuera por ti. Fue cuando le dijiste la verdadera razón por la cual estabas ahí. Habías ido a buscar a Olga para que te orientara. Querías decorar un cuarto para darme una sorpresa.

–En ese momento Vera pensó que tal vez había estado equivocada. No le dabas buena espina, ¿sabes? Creía que eras una niñita mimada acostumbrada a tener todo lo que se le antojara y ella juraba que yo era tu último caprichito por tener. Tu actitud esa noche le hizo darte el beneficio de la duda y decidió ser ella quien te orientara con esa sorpresa para mí. Fue a casa a buscarte para empezar con ello pero no la recibiste muy educadamente.

–La corriste creyendo que te había echado de cabeza conmigo y la culpaste de la actitud fría y déspota que estaba teniendo contigo. Estabas hecha una furia defendiendo nuestra relación, sacando las garras como lo hace una mujer cuando está completamente entregada a su hombre. Ahí ya no tuvo dudas y supo que tú eras la mujer indicada para mí. La sumisa que estaba dispuesta a todo por su Señor.


–Ella me contaba todo esto absolutamente convencida de que había hecho lo correcto, sus ojos brillaban, estaba feliz por mí. Vera me hizo ver que estaba siendo obstinado al querer mantener la duda entre nosotros. Me hizo darme cuenta y aceptar que una mujer que me amara tanto no podía engañarme.


—Es verdad —musité—. Lo único lamentable es que tuvo que ser otra persona la que viniera a confirmártelo.

—Bella, yo…

—¡Tú! —le apunté con un dedo—. Tú eres un miserable y cabrón egoísta, alguien que piensa que el mundo debe girar en torno a él para cumplir hasta sus más insignificantes deseos. ¿No sabes todo el daño que puedes causarle a esa persona que te ama con tanta devoción, a esa que está dispuesta a todo por ti? Estás acabando conmigo, Edward, con este amor…

—Por favor, Bella, no digas eso…

—¿Te has puesto a pensar en el dolor que me causas con tu desconfianza? ¿Sabes lo mucho que me lastima el darme cuenta que después de todo lo que hecho y de todo a lo que he renunciado por amor a ti, no te es suficiente? ¿Que no valores a lo que estoy dispuesta por ti?

Mis palabras debieron haberle llegado muy dentro porque por varios minutos permaneció callado mirando por la ventana mientras yo me limpiaba las lágrimas con la sábana, deseando con todo mi ser saber qué era lo que le pasaba por la mente. Finalmente se dio la vuelta y se acercó a mí de nuevo. Su semblante había cambiado notoriamente y de aquel Edward que había entrado a mi cuarto hecho una furia no quedaba ni la sombra.

—Tienes razón, Bella —dijo tomando mi mano y apretándola—. Soy el cabrón más egoísta de la tierra y quiero que sepas que he escuchado cada palabra que ha salido de tu boca. No tenía ni la más mínima idea de que te sintieras así. Isabella, en mi naturaleza está el desear y obtener y ahora solo puedo pedirte que… que no te alejes.

—¿Es que no has entendido nada, Edward? Estoy tan humillada, decepcionada y herida… que me estoy quedando sin ganas de luchar más por ti, por tu amor.

—No hables así, Bella —me pidió revelando cierta angustia en su voz—. Esto es algo que podremos superar si no volvemos a callarnos nada, a ocultarnos cosas; debemos ser honestos, sinceros. Solo te pido que no vuelvas jamás a encerrarte en ti misma guardándote todos tus miedos, no calles más, Bella, y comprende que si antes yo tuve que hacerlo, fue por tu bien.

—Tú te callaste por poder, Edward, yo lo hice por miedo…

—Te amo.

—Es no me basta. Tu amor no me basta —Edward palideció.

—Entonces, ¿qué más quieres?

—Tu confianza. Quiero tu confianza porque… nunca la he tenido.

—Aún tengo muchas cosas que confesarte.

—Lo sé. Solo que en este momento ya no sé si quiero escucharlas…

***

La discusión con Edward me dejó agotada y sin fuerzas. Él no se movió de mi lado ni por un segundo. Quería dormir pero esperaba hablar con Margot para saber si había encontrado algo en los análisis que me hicieron al llegar. Necesitaba saber si podría ser madre, si mi cuerpo no estaba tan dañado como para albergar una vida. Lo mejor era acabar con esa duda para que cualquiera que fuera la respuesta, me permitiera vivir con pleno conocimiento de ella.

Cuando tocaron la puerta y ella entró a mi cuarto, Edward salió, respetando la privacidad que había pedido a la doctora Conrad.

Desafortunadamente, tendría que quedarme uno o dos días más en el hospital porque iban a ser necesarios muchos exámenes más y me advirtió que algunos serían algo incómodos. No me importaba, lo único que quería era darle fin a esa incertidumbre.

Le comuniqué a Edward que no podría ir a casa esa noche y él ya no me cuestionó nada, solo asintió y me dijo que estaría a mi lado en todos los procedimientos que debieran hacerme, si yo lo aceptaba.

Muy temprano a la mañana siguiente, comenzaron a realizarme delicados y minuciosos estudios. Edward no podía acompañarme y se quedó en el cuarto justificando ante mis padres y los suyos el porqué de tantos análisis extras.

El día fue agotador. El estar ante tantos aparatos extraños imponía. Yo me moría de miedo porque nunca fui de las que soportaran el dolor fácilmente y estar en constante tensión durante todo el día me extenuó. Me llevaron de vuelta a mi cuarto cuando por fin se acabaron todas las pruebas y me esforcé para sonreír al verlos a todos tan preocupados. Edward era el que más lo estaba.

—Ya acabó todo, pequeña —me susurró al oído cuando estuvimos solos—. Te portaste tan bien y fuiste tan valiente que Margot tiene todo lo que necesita para dar un diagnóstico.

—¿Seguro? —balbuceé algo mareada.

—Sí. Mañana volvemos a casa pero por ahora descansa.

Esas palabras fueron lo último que escuché antes de sentir sus cálidos labios en mi frente y quedar dormida.

***

Cuando desperté al día siguiente, Edward estaba mirándome desde el sillón. Se puso de pie inmediatamente y se acercó, inclinándose para depositar otro beso en mi frente.

—¿Cómo te sientes? —preguntó mientras acariciaba mi pelo.

—Mejor de lo que pensé.

—Margot me avisó que pasaría al medio día.

Asentí y respiré tan hondo como pude.

—Edward… necesito hablar contigo —su rostro se puso serio.

—Dime, Bella.

—He estado pensando las cosas y he tomado una decisión —Edward perdió el color y yo tragué en seco antes de continuar—. Voy a hacer un esfuerzo y a poner todo de mi parte para salvar esta relación.

—Oh, por Dios, Bella…. —Edward se lanzó hacia mí, aprisionándome entre sus brazos, hundiendo su rostro en mi cuello, respirándome.

—Voy a hacerlo porque te amo, Edward, lo sabes así como también estás muy conciente del daño que me causó tu desconfianza. El dolor sigue latente, lacerándome desde muy dentro y si tú de verdad quieres tanto como yo que lo nuestro funcione, tendrás que luchar día a día para borrarlo de mi corazón y de mi mente.

—Claro que voy a hacerlo, Isabella. Voy a hacerlo porque también te amo.

—No quiero que me lo digas, Edward, quiero que me lo demuestres.

Edward se pasó una buena parte de la mañana mimándome y llenándome de besos. Estábamos tan contentos por la nueva oportunidad que se nos presentaba, una sincera, sin mentiras ni secretos, una oportunidad libre para ser felices.

Me ayudó a darme un baño aunque no lo necesitaba. El dolor en mi pie había disminuido considerablemente gracias a los analgésicos pero a Edward no le importaba. Él lo único que quería era cuidarme y yo estaba encantada por eso pero conforme pasaban los minutos mi ansiedad crecía. Esa ansiedad se disparó cuando Margot llegó. Edward se sentó junto a mí en la cama y tomó mi mano.

—¿Y bien? —pregunté y ella respiró profundamente.

—Bella, he estado analizando tu caso junto con otros colegas. Los exámenes fueron extensos y los hemos estudiado minuciosamente tratando de encontrar alguna posibilidad para que tu matriz pueda concebir. Lamentablemente, el no haber recibido a tiempo las dosis de antibióticos que requerías causó un severo daño tanto a tus trompas como al propio útero.

—¿Eso quiere decir que…

—Lo siento mucho, Isabella, pero no será posible que seas madre.

Mi corazón latió más fuerte. Me zumbaba en los oídos y una sensación extraña me llenó. La noticia no me impactó tanto como había pensado que lo haría. Quizás desde que Edward lo había mencionado me preparé mentalmente para la verdad, fuera cual fuere. Margot salió dejándonos solos y sentí que Edward me abrazaba con fuerza. Acariciaba mi espalda y me mecía despacio. Permanecí un buen rato entre sus brazos; no lloré, no emití ningún sonido. Solo quería seguir sintiéndome confortada por él.

—Tranquila, cariño —me dijo suavemente—. Consultaremos otros especialistas, haremos todo lo necesario hasta estar seguros del diagnóstico. Haremos lo que tú quieras, lo que tú desees y yo estaré contigo.

—Edward, no quiero pasar mi vida en una búsqueda perpetua que a la larga me va a traumar y a afectar psicológicamente. Yo confío en Margot y estoy segura que su diagnóstico es certero. Quiero dejar todo así y seguir mi vida como antes, cuando ni siquiera me pasaba por la mente el ser madre.

—¿Estás segura, Bella? —su mirada era rara, me traspasaba, como queriendo encontrar algo en mis ojos.

—Muy segura —respondí—. A menos que para ti sea muy importante tener hijos.

Edward no se esperaba esa pregunta, podía sentirlo. Pasaron algunos agonizantes minutos, me escudriñaba con su intensa mirada y empezaba a ponerme más nerviosa de lo que ya me encontraba. ¿Por qué no me respondía?

—Edward, sinceridad, ¿recuerdas? —él suspiró y finalmente habló.

—No, Isabella. Yo no deseo tener hijos.

¿Había escuchado bien?

—¿Qué?, pero… ¿por qué?... ¿por qué no?

—Porque no quiero que exista siquiera la más mínima posibilidad de sufrir todo lo que mis padres sufren cada maldito día llorando a su hija, sabiendo que nunca volverán a verla, a escuchar su risa, a abrazarla… y la única forma que me garantice el no tener que pasar por eso es… no tenerlos.

***

Dejamos el hospital esa tarde y nos fuimos a casa. Una cálida sensación de pertenencia me invadió al cruzar el umbral y supe que había tomado la decisión correcta respecto a Edward y a nuestra relación. Esa casa ya formaba parte de mí, el abrigo que me brindaba y la tranquilidad que me provocaba estar entre sus paredes era algo que no podía explicar. Simplemente sentía que ese era mi lugar.

Esme se nos había adelantado junto con Carmen y nos esperaban con la cena lista. La habían encargado a un restaurante porque tenían la leve sospecha de que nuestro refrigerador estaba vacío o lleno de comida en no muy buenas condiciones.

Fue un rato que disfruté mucho, pese a que aún me sentía algo estresada por todo lo pasado el día anterior y adolorida por los golpes del accidente. La cena en familia, la charla amena y el cariño que recibía, era invaluable. Después del postre y el café, de las copas de brandy y de que Esme y Carmen dejaran la cocina como un espejo, se fueron deseándonos buenas noches. Edward subió las escaleras conmigo en brazos y me ayudó a cambiarme de ropa cuando terminé de lavarme la cara y cepillarme los dientes.

—Bella —dijo suavemente mi nombre cuando ya estábamos acostados en la cama y acariciaba mi pelo—. Duerme tranquila, pequeña, ya estás en casa. 


Y me dejé envolver por sus brazos, enredando los míos en su pecho y en su costado, descansando mi mejilla todavía hinchada en uno de sus duros pectorales, oliendo su esencia, sintiendo su calor, la seguridad que me brindaba su presencia, su cuerpo, entregándome una vez más a él convencida que era mi mejor decisión y lo era porque… mi corazón me lo decía.*




*




*




*


Como siempre nenas, quiero agradecer a Lethy y a Jo su ayuda para pulir el capítulo y el blog. A ustedes por aún leerme y darme esos mensajitos que tanto me levantan el ánimo.

Nos vemos tan pronto como pueda.
Besitoo


34 comentarios:

  1. Que dios te bendiga mucho!!!!!! gracias por el capitulo!!!!!

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  2. Hello mi queridisima Li!!!
    La verdad ame el capitulo aunq por un momento me enoje jaja Te voy a explicar.
    La verdad yo soy de esa minoría del fandom twilight que no es machista y le perdona todo a Edward, he dejado de leer muchísimas historias por lo inverosímiles q son al hacer a sus protagonistas masculinos unos cabrones y a su femeninas unas pendejas. Al principio yo dije siiiiiii que se vaya y que Edward sufra un rato y cuando llego Jane y le dio toda la platica, q solo una excelente amiga como lo es ella le podía dar dije: ahora si esta mujer manda a mi Señor por un tubo. Pero resulta q no lo hace y decide quedarse a su lado, en el momento pensé: Noooooooooo Bella no seas tonta, ya iba a empezar a despotricar en contra de todos jaja Pero después vi como Bella manejo la situación, y lo ame. Me encanto q al final decidió quedarse pero poniéndole las cartas sobre la mesa y le dijo sus verdades, q aunq lo amo, ya se las merecía. Ame que ante todo empezaran a usar esa honestidad q toda pareja necesita y q ellos nunca tuvieron, Me encanto ver como a Edward se le cayo el alma a lo pies cuando vio como lo de Vera no había sido "una pequeña cosa" como él lo quiso minimizar, q sepa cuanto duelo q sea A TI al q ya no le tienen confianza. No quiero aunar mucho en el tema de la esterilidad porq honestamente no se q decir, me pareció muy honesta la respuesta de Edward sobre la paternidad y me gusto q Bella no se tiro a la lloradera por esto. El tiempo dirá como se resuelve este bache en sus caminos.
    Ya veremos como avanza todo desde aquí, a+un queda por ver q pasa cn Jacob y con los demás cabos sueltos.
    Queridisma Li, espero q ya estés mejor, he visto por los mensajitos q dejas por allá, que así es y eso me alegra mucho. Como siempre sabes q se te quiere y continuamente estas en nuestras oraciones y aquí estamos mandando las mejores vibras y deseos. También gracias a la querida Jo por betear el capi y a Lethy por mantener así de bello el blog.
    A las 3 les mando un beso y nos seguimos leyendo!!!!!

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  3. Que pena el diagnostico! Ojalá exista un milagro y Bella quede embarazada. Un poco corto el capi pero emotivo, amo a este Edward !!! Besos y hasta pronto.

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  4. noooooooooooo yo quiero un bebe propio de ambos en la historia!!! que haya un milagro porfavor!!!!!!

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  5. EXCELENTE CAPITULO!! MUY BUENO, ME ALEGRA QUE LAS COSAS SE HAYAN RESUELTO, SE AMAN TANTO KE NO LUCHAR POR LO QUE TIENEN SERIA UNA TONTERIA. CON RESPECTO A LOS BEBES SI NO PUEDEN TENERLOS , QUE ADOPTEN!!

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  6. super bien q estas d regreso!!! excelente capi... lo amé. cuídate mucho, mejorate y no nos abandones xfa!!!
    besos...

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  7. y otra cosa.... los milagros existen jejeje... en lo personal yo no podía y cuando me di por vencida y me resigne a no tener...... ANDALE Q LLEGA MI ANGELOTE!!!!!!

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  8. Ooooooooohhhhhhh bello capitulo Amelie!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
    en serio mi corazon dolio con la confirmacion de la noticia de que Bella no pode ser madre.....
    pero la felicidad no depende de ser o no madre!!!!!!!!!!!!

    te queiro amiga!!!!!!!!!!!!!!!

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  9. Ya sabes que después de leer el capitulo en ff, me encanta pasar por tu blog, siempre le da un toque especial al capitulo.
    Solo decir, que me alegra que vayas mejor con tu recuperación, ya sabes que con los huesos se tardaaaaaaaa, pero todo llega al final.

    Muchos Besotes, para ti y tus ayudantes, un gran trabajo.

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  10. Bello capitulo, me ha gustado mucho, espero con ansias mas. Pero solo cuando puedas, vale?

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  11. Qué alegría leer el capi nuevo!!! Es una penita que Bella finalmente no pueda tener hijos, una consecuencia más de todo el dolor y trauma que pasó. Me alegra que haya decidido darle una nueva oportunidad a Edward porque nadie la va a amar y cuidar más y mejor que él

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  12. Espero que tus huesitos vayan mejor linda... Muchas gracias por el cap... que penita que bella no pueda ser mama... pero podrian encontrar a una pequeñita a la cual adoptar y mimar no?

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  13. Simplemente perfecto ojala nos puedas subir pronto otro capitulo

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  14. hola nena como siempre..... perfecto, es un placer leerte, muy contenta x el capitulo y muy alegre x saber de ti, un poco desconsertada por la situacion de bella pero se que mas adelante muchas cosas pueden ocurrir la tecnologia avanza a pasos agitandados...
    saludos nybeltran25

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  15. OH por dios gracias por el cap y por hacer un super esfuerzo por nosotras, encantador el capitulo pero triste a la vez, solo espero que obre un milagro y pueda haber bebe.
    Cuidate mucho y otra vez Gracias.
    Pilar

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  16. Mi querida LI.
    Es un gusto ver que no nos olvidas, que escribes cuando puedes, y que sigues ahí,,, Precioso cap, de ensoñaciones, y puestas al dia, me encanto, y espero que el próximo, ya sea mas alegre y nos sorprendas, con cosas inesperadas, (aunque las pensemos) jeje,
    Tambien espero y deseo, que tu salud, cada dia este mejor, cuidate, deseamos que escribas mucho.
    Saludos, F. P.

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  17. Me encanto el capitulo y toda la historia es genial. Lo de los hijos es muy importante y mas para una mujer, es cierto no es obligatorio tenerlos, pero una cosa es que lo elijas tu y la otra muy distinta es cuando no puedes y no te dan la oportunidad, eso duele y mucho...y aunque una en un momento no pensaba en ser madre, cuando pasa el tiempo y amas al otro, parece que el cuerpo te lo pida. Delante de una situación así la pareja tiene que ser muy fuerte, porque como muchas veces dicen; el amor no siempre es suficiente...

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  18. Buenos Dias, esta historia es una de las mas hermosas que he leído, me encanta el enfoque que le das, espero que puedas seguir deleitándonos con mas capítulos y mas historias como esta tienes un gran talento, mis deseos de una Feliz navidad ,con mucha felicidad y amor rodeada de las personas que te aman un abrazo y una feliz navidad para todas las chicas que leen esta historia patricia1204

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  19. Hola, que este nuevo año te traiga paz, amor prosperidad, salud y mucho amor y gracias por tus historias, por compartir un poco de ti con nosotras un abrazo patricia1204

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  20. Habra mas de esta historia???

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  21. Hola esperando un nuevo capitulo de está excelente historia.
    Saludos con cariño,

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  22. HOLA NENA ESPERO QUE TE ENCUENTRES BIEN.... Y ESPERANDO UN NUEVO CAPITULO... NO NOS OLVIDES
    SALUDOS LINDA....

    nybeltran25@gmail.com

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  23. Mucho ya sin saber nada de ti, sobre todo espero que no sea por tu salud, te deseo que estés bien por encima de todo, y.... que te acuerdes de nosotras, seguimos esperándote, ¿ Por mucho tiempo mas? Aqui estamos.
    Un Abrazo. F.P.

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  24. No nos cansamos de mirar, pero tu sigues sin aparecer, ¿Donde estas? estas Bien,??
    F.P.

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  25. Como veo que ha pasado bastante tiempo,me pregunto si no estas mejor , lo siento, espero de todo corazón que vayas bien.
    ya sabes que seguimos esperandote.
    Saludos

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  26. HOLA , ya sabes que te seguimos esperando de todo corazón ojala estés mejorando si es que ya no estas totalmente bien.
    BENDICIONES Pilar

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  27. hola mujer.. espero que todo esta bien contigo... te siguimos esperando por favor no abandones la historia... saludos y muy buenos deseos desde venezuela..

    nybeltran25@hotmail.com

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  28. TE DESEO POR ENCIMA DE TODO, QUE ESTES BIEN DE SALUD,
    TE DIGO QUE A QUI ESTAMOS ESPERANDOTE..

    MI SALUDO CARIÑOSO. F.P.

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  29. Hola! Alguna señal x favor, x lo menos dinos como te sientes. Besos

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  30. Hola hermosa escritora , queremos saber de ti , saber como estás , dinos al menos tu estado actual. Sabemos por lo que estas atravesando y todas tus seguidoras estoy segura que pedimos por ti. Ojala nuestros pensamientos positivos sirvan de algo, una fuerza , un aliciente y así podamos tenerte de vuelta. A veces no sabemos por qué suceden las cosas pero en verdad es una gran lástima el no poder tenerte y se que somos egoístas , pero por favor entiéndenos en el mundo de los FANFIC tu historia nena se estaba convirtiendo en uno de los clásicos obligados!!! Tu forma de relatar el sado creeme que por mucho supera a E.L. James y GUILTY PLEASURE después de EL LIMITE DE CAOS es uno de los fic´s más completos.
    Bueno nena te deseo en verdad que puedas aliviarte por completo y podamos tenerte aquí y leerte en brevedad... fuerza tú puedes Dios está contigo.

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  31. Hola amiga! Ya estamos en abril de 2014...si tu no puedes seguir la historia pidele a alguien que lo haga x ti. Es una sugerencia, mejorate

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  32. Hola!!! como hace bastante tiempo que no sabemos nada de ti , me pregunto si habras recaido, espero que no!!.
    yo como el resto de lectoras """""un pelin desesperada """", por continuar la historia.

    Saludos.

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  33. alguien sabe algo de la autora?está bien?

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