miércoles, 17 de julio de 2013

CAPÍTULO 43




Entre Almohadas, sueños y realidades.

***

La peor verdad sólo cuesta un gran disgusto. La mejor mentira cuesta muchos disgustos pequeños y al final, un disgusto grande. 

Jacinto Benavente.



***

Capítulo beteado por Jo Beta FFAD

www . facebook group / betasffaddiction






 
Se empujó un poco retirándose del escritorio y cruzando la pierna, colocando sobre la rodilla el tobillo contrario; se recargó en un codo y se llevó los dedos sobre los labios, acariciándoselos lentamente mientras me observaba detenidamente. Esa mirada hubiera bastado para cohibirme aunque fuera un poco pero no esa vez, sobre todo cuando mi humor, mi ánimo y mi interés no estaban para satisfacerlo a él sino a mi ansiosa y desesperada curiosidad.

Suspiré profundamente, hinchando un poco el pecho y sentándome más derecha; mi intención era la de mostrarme más fuerte elevando mi golpeada autoestima, sin embargo, dio el resultado inverso.

—Isabella, baja la guardia que no necesitas ponerte a la defensiva conmigo, si estamos aquí ahora es porque querías explicaciones y a cambio, te estoy dando mucho más que eso, te estoy dando verdades y te gusten o no esta vez no pienso callarme nada.

Su tono más que amenazante fue de advertencia, de que lo mucho o poco que faltara por confesar no iban a ser revelaciones que me dejarían satisfecha y tranquila sino todo lo contrario. Como siempre me sucedía, mi mente se llenó de suposiciones que no hicieron nada más que boicotear la poca entereza que me mantenía coherente; cerré con fuerza los ojos intentando borrar esos absurdos pensamientos y acompañada de una respiración profunda, relajé mi cuerpo, empezando por suavizar mis hombros y mi espalda tan recta que ya dolía.

Despacio fui abriendo los ojos y lo miré. Me observaba detenidamente y como era de esperarse, él también estaba tan tenso como yo hacía unos instantes. Edward no hablaba, no se movía, parecía como si estuviera esperando mi permiso para hacerlo. Fue cuando noté que, además de todo, estaba nervioso. Su rostro no podía leerlo pero sí podía sentirlo y, definitivamente, Edward no estaba solo esperando terminar con todo eso por quitarse un peso de encima de una buena vez; él parecía estar en medio de un violento tornado de sentimientos, estando a punto de entrar al punto más álgido de éste y con la angustia de ver si al final cuando todo el caos acabara, quedaba algo rescatable.

Me embargué de inmediato de ese mismo sentimiento. Uno que casi podía percibir como de pérdida pero que muy en el fondo tenía la débil esperanza de encontrar un resquicio de luz entre los escombros de la tragedia. Pasamos algunos minutos en silencio. Como meditando concienzudamente qué decir hasta que me escuché decir quedamente…

—Hablemos de Liz.

—¿De Liz? —arrugó el entrecejo al preguntar.

—Claro, ella fue…

—Ella fue solo una casualidad en todo esto, Isabella —me cortó—. Aquí el tema principal, eres tú.

Edward se inclinó y sin darme tiempo de replicarle nada, abrió un cajón, sacó una carpeta y la empujó hacia mí con lentitud. Lo miré dudosa pero el asintió mientras volvía a su misma posición recargándose en la silla.

—En esta carpeta está todo lo que investigué sobre ti y tu vida en el Sacrè-Coeur —dijo con voz grave pero calmada.

Estiré la mano y abrí la carpeta sin dudar. Lo primero que vi frente a mí me estrujó el corazón y suavizó todos mis huesos. Aquella niña pequeña, frágil y llorosa me miraba de nuevo, justo como me miraba cada mañana cuando me veía al espejo después de llorar inconsolablemente durante toda la noche. Los círculos bajo mis ojos hinchados, mi nariz roja y mis labios mordidos, todo, todo estaba de nuevo ahí. Las evidencias del dolor de haber perdido a mi madre y de tener que resignarme a vivir en un lugar extraño, lejano a mi casa y por si fuera poco, sola. 

Con detenimiento miré cada una de las fotografías cuidadosamente ordenadas cronológicamente en la carpeta. Tenían fecha, la actividad que realizaba en ese momento y los nombres de cada una de las personas que me acompañaban. Me vi crecer en esas imágenes; me vi sonreír, me vi juguetona y me vi junto a mis amigas, a mis hermanas que siempre me ayudaron a aprender a vivir en ese mundo que, en un principio, me fue extraño y frío y después fue un cálido hogar junto a ellas. Maldije ese instante por darme cuenta que las extrañaba mucho.

—Eras una pequeña muy hermosa —su voz suave me abstrajo de mis remembranzas.

—¿Cómo es que tienes todo esto? —pregunté, limpiándome las lágrimas en mis mejillas—. Tengo entendido que todo este tipo de información y documentos son confidenciales.

—Para uno de los mayores benefactores del internado y miembro del consejo académico, no hay confidencialidad que valga. Digamos que no hay mucho que me puedan negar si requiero algo.

Escucharlo hablar tan descaradamente me llenó de ira. Estaba tan molesta… me sentía como un peón en un juego de ajedrez, como un maldito objeto.

—Me siento… usada —me llevé una mano al pecho—. ¡Me usaste!

—No vuelvas a lo mismo porque ya te expliqué muy bien que no es así, Isabella.

—No importa lo que tú me digas. Yo estaba ahí y tú sabías quién era, lo supiste todo el tiempo, por eso me mantuviste a tu lado, para que en el momento que quisieras pudieras usarme para tu beneficio.

—¿Eso crees?

—Sí, eso creo.

—¿Y yo que debo pensar de ti entonces? ¿No fuiste tú quien claramente se acercó a mí para que la tomara como mi aprendiz? ¿No fue eso querer usarme con un fin?

—No es lo mismo —respondí sofocada.

—Claro que no es lo mismo… es peor.

Su tono impasible, grave y su aseveración me pararon en seco. Abrí la boca para refutarlo con un argumento a mi favor pero no pude.

—Tú tenías ese propósito desde un principio, la idea fija en tu cabeza y no cejaste en obtener lo que querías, en cambio yo sabía que había una posibilidad de saber algo más de mi hermana, no importaba lo que fuera, pero no hice nada; solo necesitaba tenerte cerca porque quería sentir esa conexión.

Estaba sumida en un mar de sentimientos encontrados. Mi creciente coraje por ver cómo él sabía todo de mí vida sin haber esperado por mí para decírselo, sin darme mi tiempo para abrirme a él y entregarme más allá del contacto físico y, por otro lado, la angustia que su rostro reflejaba. Intentaba ocultarla tras su máscara de hombre frío que todo lo tenía bajo control pero yo lo conocía muy bien, o al menos eso pensaba, porque después de descubrir todo lo que había investigado a mis espaldas, ya no estaba segura de nada.

—Estás jugando sucio —murmuré entre dientes.

—No; porque muy bien pude haberme quedado callado y fingir que no sabía nada, hacerme el desentendido hasta que tú decidieras hablar pero no pude. Aquella noche cuando te estaba haciendo el amor y gritaste su maldito nombre, horrorizada, muerta de pánico, con un miedo que sacó toda la mierda de mí, supe que tenía que hacer algo. Fue cuando decidí investigar todo lo que pudiera a partir de ese insignificante nombre.

Edward se inclinó y haciendo a un lado algunas fotografías, tomó un par de hojas que dejó con un golpe sobre el escritorio para que yo lo leyera. Era un informe de Jake. Todo lo que pudo indagar sobre él estaba ahí. Lo leí con avidez y me sorprendí al descubrir cosas que yo suponía me hubiera contado. Del abandono desnaturalizado de su madre, de su niñez en la pequeña agencia de su padre y muchas cosas de su vida que se guardó solo para él. Sin embargo, no me dolía; me sorprendía solamente.

—Y todo esto a mis espaldas —dije sin terminar de leer y sintiendo que empezaba a hervir mi sangre.

—Me parece que no estás siendo lo suficientemente justa, Isabella. ¿Te olvidas de las innumerables veces que te pedí que me dijeras qué te sucedía? ¿Las recuerdas?

—Claro que las recuerdo —admití con sorna—. Por quedarme callada y guardarme mis problemas me enviaste al psiquiatra.

—No podía permitir que siguieras ahogándote en ese pasado que no querías compartir conmigo.

—¿Y qué sentido tenía?

—Compartir, Isabella. Eso es lo que las parejas hacen, compartir sus alegrías pero también sus problemas.

—Bueno, tú ya lo sabías todo.

—No todo —admitió—. Tenía la sospecha de que habían abusado de ti pero nunca imaginé de qué forma… —exhaló bajando la mirada—. Lo supe la noche que tú misma me lo confesaste.

—Tú me orillaste.

—Nunca fue mi intención. Estabas siendo desobediente y te castigué negándote lo que deseabas en ese momento, no tenía idea de que reaccionarías así —dijo sonando sincero y le creí—. Al irme tú contando como en realidad habían sucedido las cosas, quise salir en busca de ese infeliz bastardo y matarlo con mis propias manos por todo el dolor que te había causado, que aún llevas contigo y que se interpone hasta el día de hoy entre nosotros.

—Yo te lo hubiera contado tarde o temprano —le expresé dolida.

—Pero me conoces, y sabes que no iba a soportar esa espera mientras te veía sufrir por las noches recordando esa pesadilla, medicándote para poder dormir tranquila, reviviendo esa agonía. Necesitaba hacer algo, Bella…

—¿Cómo sabes eso? —inquirí alarmada.

—Algunas noches fui a vigilarte mientras dormías; me sentía intranquilo. Varias veces vi el frasco de Nyquil en tu baño y no estabas resfriada. Noté que generalmente pasaba después de algún disgusto entre nosotros —confesó tranquilo, sin remordimientos.

Me enderecé en la silla y levanté el mentón. No podía darme el lujo de flaquear en ese momento al oír sus palabras que para ser sincera, me llegaban muy dentro. Edward queriendo protegerme, cuidarme, ideándose cómo hacerlo mientras yo, obtusa, me resguardaba tras mis muros.

Necesitaba recomponerme y calmarme porque me parecía que aún estábamos empezando con todo ese asunto. Además, yo quería saberlo todo, no huir a mitad de las revelaciones para luego quedar igual, sumergida en un mar de interrogantes, no. Cuando de ahí saliera, lo haría con toda la información que yo tenía que saber y que Edward había manejado a mis espaldas.

—Lee el informe completo, Bella, es necesario —me pidió, pero sabía que no iba a ser capaz de hacerlo.

—Prefiero que tú mismo me digas todo, quiero escucharlo de tus propios labios, Edward.

Se puso de pie lentamente y rodeó el mueble antiguo acercándose a mí. Me tomó de la mano y me guió al sillón. Me sirvió un vaso de agua después de sentarme y se acomodó en una silla frente a mí.

—Bien —inhaló—. Ya sabes por qué fue que decidí saber más y ya sabes algo de lo que hallé. Quiero que sepas que apenas me confesaste lo ocurrido, Perkins, mi investigador privado, fue más allá y se entrevistó con todas aquellas personas que estaban relacionadas de alguna forma contigo. Maestros, prefectos y hasta intendentes. Lo mismo hizo en el internado Du Rosey tratando de recabar lo más que se pudiera sobre Jacob Black y los infelices de sus amigos.

Al escuchar su nombre me estremecí, y a sus amigos, de solo recordarlos sentí que mi estómago se revolvía.

—Perkins estuvo varias veces en el hotelito a donde te llevaba y sus dueños dijeron acordarse de esa parejita. El hombre dijo que apenas eras una niña… —me cubrí la cara con las manos; sentía vergüenza por todo. Por haber sido tan tonta, tan ingenua, tan estúpida, por haber permitido que Jake me llevara tan lejos y también me sentía culpable, culpable porque en aquel momento yo… lo había disfrutado.

Edward hizo una pausa y lo observé entre los dedos de mis manos mirando las suyas en su regazo, muy quietas.

—También fue a un bar de mala muerte donde se reúnen aún los chicos que se dan sus escapadas de los internados cercanos. Ahí fue un poco difícil que te recordaran con tanto chico entrando y saliendo.

Sonaba lógico, pues a ese tugurio solo fui un par de veces a comprar cervezas con Jake y nunca nos quedamos mucho tiempo.

—Él también encontró el edificio abandonado, Bella. Si en algo te reconforta, quiero que sepas que lo hice demoler, no podía soportar que siguiera de pie —me erguí tensa con tan solo oír mencionar ese asqueroso lugar.

Él, él lo había demolido... Mis manos comenzaron a sudar y al mismo tiempo un frío muy desagradable recorría mi cuerpo. Mi mandíbula temblaba aunque tensé con fuerza mis dientes y mis ojos se cerraron presionándose. Tenía que borrar esa imagen de mi mente, superarlo, yo había sobrevivido a ese deplorable acto y estaba saliendo adelante de todo eso. El lugar ya no existía. ¡Ya no existía!

Respirar, relajarme, respirar, estaba viva, viva.

Las palabras del Dr. Bower resonaban en mi mente pero también lo hacían las voces de Jake, de James y de Laurent; esas voces eran las que nunca me dejaban en paz.

El aire comenzaba a entrar con dificultad por mi nariz, era pesado. Abrí la boca tratando de obtener más oxígeno pero empezaba a jadear. Me sentía mareada, fría y sudorosa al mismo tiempo.

—Isabella, tranquila cariño, estás aquí conmigo.

Me rodeó con los brazos y su voz en mi oído fue como un calmante natural. Sus palabras dulces, el tono… poco a poco conseguí normalizar mi respiración y pasar el momento amargo.

—Vamos —me ayudó a ponerme de pie sin dejar de abrazar mi cintura—. Necesitas recostarte.

Iba a protestar. Sabía que si nos deteníamos, fácilmente podría cambiar de idea y ya no decirme nada para no alterarme.

—Luego seguiremos, te lo prometo.

Me ayudó a subir las escaleras aunque ya me sentía un poco mejor. Me acostó en la cama y me dio un algodón con un poco de alcohol para reanimarme. Me tocaba con cuidado, como si me fuera a romper pero amaba esas caricias; como pasaba su mano por mi cabello, acomodándolo sobre la almohada, mirándome atento.

—Ya estoy bien —intenté sentarme pero no me lo permitió.

—¿Qué tal si duermes un rato?, te hará bien.

—No podría.

—Inténtalo, por favor.

Negué con la cabeza y él también hizo lo mismo, como si efectivamente, hubiera cambiado de idea y no quisiera continuar con las confesiones, pero tenía que hacerlo porque yo no me iba a quedar conforme con solo unas migajas de información.

—¿Qué más investigó ese hombre? —lo insté a seguir y volvió a negar sutilmente—. Edward, por favor…

—Tenemos mucho tiempo, Isabella.

—Edward… —insistí y él, resignado continuó.

—Perkins también se vio con el doctor que te atendió días después del ataque que sufriste.

Mis ojos se abrieron hasta lo imposible y de mi boca salió un jadeo de sorpresa.

—Le confirmó todo lo que me habías contado, pero no fue tan sutil como tú. Le explicó el estado real en el que llegaste y que también sugirió que te quedaras unos días en el hospital pero te negaste. Necesitabas cuidados, estabas muy herida, Bella.

—¿Le confirmó? ¿Acaso no creíste todo lo que te dije? —me sentí ofendida tras la duda.

—Te creí y te creo, no tergiverses mis palabras, Isabella, y dime porqué no te quedaste en el hospital para que recibieras la atención que requerías, explícame por qué te arriesgaste tanto —exigió saber.

—Si te pusieras por unos minutos en mi lugar tendrías tu maldita respuesta, pero como no eres capaz de hacerlo, dime tú, Edward. ¿Te hubieras quedado ahí para qué todos se enteraran de la vejación de la que fuiste víctima? ¿Para que llamaran a tu padre y le contaran que te habían dejado usada y tirada como una basura?

Edward me miró y en sus ojos no pude leer nada más que lástima; eso me dolía y me lastimaba mucho más que el dolor que sentí aquella horrible noche.

—Pues yo quise ahorrarle a mi padre esa vergüenza; preferí callarme y regresar al internado, dejar pasar el tiempo para que sanaran mis heridas y olvidarlo todo para seguir con mi vida. Esa fue la mejor decisión que a mis inexpertos dieciséis años pude tomar y no me arrepiento.

Mis lágrimas llegaron a mis labios salando mi boca mientras hablaba con rabia. ¿Qué quería que hiciera? ¿Acaso él hubiera tenido una mejor idea?

—Bella… —dijo mi nombre interrumpiendo mis sollozos.

—Yo… era muy niña todavía, no creo que hubiera podido pensar en otra cosa que hacer, tenía miedo, yo… —me tragué mis lágrimas recordando la angustia de aquel momento.

—El doctor tenía razón, eras muy pequeña para saber la verdad —su voz acarició mi mejilla por su cercanía.

¿La verdad?

—No te entiendo —sorbí por la nariz. Edward cerró los ojos y oprimió mi mano con fuerza. Su reacción no me gustó y me senté en la cama.

—Bella, esa noche el diagnóstico del doctor fue mucho más serio de lo que me dijiste; por eso él insistía en que te quedaras ahí un par de días.

—¿Qué tan serio? —pregunté con un hilo de voz

—¿Por qué no fuiste antes para que te revisara?

—¿Qué tan serio? —lo apuré.

Edward me abrazó y hundió su rostro en mi cuello. ¿Qué demonios sucedía? ¿Qué sabía él que yo no?

—Isabella…

Me oprimió de nuevo contra su pecho, como si no deseara soltarme jamás y me asusté.

—Habla, Edward, dilo ya.

—Al hacer los análisis de abuso sexual, el doctor encontró que no solo por fuera sufrías de heridas de importancia. Él supone que estabas desmayada cuando ese cerdo infeliz te tomó con violencia dejándote daños considerables en el útero. Tuviste hemorragias intermitentes que ya habían cesado cuando llegaste a que te revisara. No haberlas tratado en su momento representó un riesgo que no sabremos si causó un daño permanente.

Un daño permanente…

—No, Edward, estás equivocado —dije con la angustia subiendo por mi garganta como la bilis—. El doctor dijo que no había sido violada ¡Él nos lo dijo!

—Bella, él no se sintió capaz en ese momento de confesar la gravedad de la situación a una niña. Él esperaba que alguien responsable de ti llegara y entonces ponerlo al tanto pero nadie se apareció y tú no volviste.

Un daño permanente…

Me quedé inmóvil analizando sus palabras y me helé. Un daño permanente en el útero solo podía significar una cosa… Jake me había dejado estéril.

Durante un buen rato permanecí inmóvil entre los brazos de Edward, siendo confortada ante tal noticia. No podía ser cierto. Ese animal no podía haberme arruinado así, hasta las últimas consecuencias. Me había quitado la oportunidad de crear vida, la oportunidad de ser una mujer completa, de verme reflejada junto al hombre que amaba en un pequeño ser.

Jacob Black me había marcado, acabando conmigo de la forma más ruin posible.

El golpe recibido me dejó laxa. Sin fuerzas, sin energía y sin ganas de nada. Solo quería cerrar los ojos, dejarme llevar y no despertar nunca para no sentir el vacío que empezaba a absorber mis entrañas.

—Duerme, cariño —susurró en mi oído—. No te dejaré sola ni un solo segundo, descansa…

Esas fueron las últimas palabras que le escuché decir antes de perderme en la negrura de mis sueños. Apareció mi madre en ellos; con sus intensos ojos azules siguiendo cada uno de mis pasos. Mi padre con todo y su bigote y su semblante serio. Mi casa, mi habitación y la hermosa vista que tenía desde mi ventana. La comida de Sue y unos fuertes brazos que me sostenían siempre. Adonde quiera que intentara ir, me sentía segura rodeada de esos brazos. Fue un sueño muy feliz, hasta que un par de ojos negros destelló furia, exigiéndome, presionándome, lastimándome. Me moví inquieta en la cama y su suave voz me tranquilizó.

—Calma, Bella, aquí estoy contigo —aún me abrazaba y me acomodé en su pecho.

Abrí lentamente los ojos, al mismo tiempo sin querer hacerlo para no enfrentarme a esa nueva condición de mi vida.

—¿Cómo te sientes?

—No lo sé —respondí sincera—. Solo sé que no tengo ganas de nada.

—Te entiendo.

—No —dije de pronto a la defensiva—. ¿Cómo podrías? No eres tú quien no puede tener hijos… tú si podrás formar una familia, yo no, así que no puedes entender como me siento.

—¿Quieres que volvamos a la ciudad? ¿Necesitas ver a Bower?

Me hice un ovillo entre las mantas tibias y negué con la cabeza.

—Estamos aquí para aclarar muchas cosas, Edward, y no me voy a ir sin que me digas todo lo que me ocultas —lo miré advirtiéndole que hablaba muy en serio.

—Isabella, acabo de darte una noticia nada fácil de digerir, por favor, volvamos y encontrémonos con Bower. No quiero que te suceda nada…

—¿Crees que no soy capaz de manejar esto? —lo interrumpí molesta por creerme tan débil.

—Solo dije que quiero que estés bien, Isabella, solo eso.

—Estoy bien, Edward, no pasa nada —mi cara hizo una mueca simulando una sonrisa—, solo dame un momento.

—Tómate todo el tiempo que necesites.

—Me gustaría un poco de privacidad —le pedí. Necesitaba llorar a mis anchas. Intentar lidiar con este nuevo dolor que comenzaba a corroerme el interior.

—No voy a alejarme de ti, Bella, ni lo sueñes —afirmó mientras me acercaba una mesita con sopa y un vaso con limonada—. Come un poco, te sentirás mejor.

—Solo quiero estar sola —casi le rogué entre sollozos.

—Lo siento, pero hoy no podré complacerte en eso —jaló un sillón junto a la cama y se acomodó en él—. Me quedo aquí contigo.

***

Ya había oscurecido cuando desperté. Edward, como había dicho, estaba mirándome dormir desde el sillón. Se acercó y se sentó en la orilla de la cama.

—¿Estás más tranquila?

Lo vi fulminándolo con la mirada, dándole a entender lo absurdo de su pregunta.

—Lo siento —se disculpó.

—No es tu culpa —respondí indiferente mientras salía de la cama—. Además, no me debe afectar tanto; yo no había pensado antes en tener una familia.

Él entrecerró los ojos como si no lograra entender mi actitud fría y era lógico. Tal vez nunca demostré que el instinto maternal me brotara por cada poro pero tampoco había señalado lo contrario; era eso lo que en ese momento lo tenía confundido pero yo no podía dejarme ver débil. No cuando todavía quedaba mucho por delante e iba a requerir de todo lo que pudiera mantenerme fuerte por si recibía otro golpe como ese.

Honestamente no me explicaba cómo era que aparentaba tanta fortaleza cuando por dentro me resquebrajaba. Cuando una parte importante de mi se borraba de un solo tajo. Que sabio era aquel que dijo que cuando uno da las cosas por sentado no les toma la importancia merecida y cuando se sabe sin ellas, de pronto se les añora y desea como a nada en el mundo.

—Voy a darme un baño. Bajaré a cenar en media hora —le anuncié.

—Le diré a Grace que suba la cena…

—No, Edward —lo corté—. Aún tenemos mucho de qué hablar y prefiero hacerlo en otro lugar que no sea esta habitación.

—No hay prisa, Isabella.

—Pero yo quiero acabar con todo esto de una buena vez —me encerré en el baño sin darle oportunidad de rehusarse.

Me bañé con calma mientras recordaba las palabras del Dr. Bower para mantenerme tranquila cuando me sintiera a punto de colapsar. Me sirvieron tanto que me sentí culpable de hasta casi disfrutar el baño. Me sequé, me vestí y me arreglé un poco para bajar, no quería que Edward viera lo mucho que esa noticia me estaba afectando; no quería que me viera incapaz de manejar la situación. Salí de la habitación y él me esperaba ya listo en el pasillo. Él también se había dado un baño; tenía unos jeans oscuros y un suéter azul. Se veía muy guapo y muy fuerte, muy varonil.

Me tomó del brazo y bajamos al comedor. Grace preparó una cena magnífica; o al menos eso parecía ya que no pude lograr ni probar un bocado en cambio, no me quedé sin tomar un par de copas de vino. Edward se abstuvo de hacer algún comentario pero se notaba que no estaba nada contento con que solo tuviera alcohol en el estómago.

—Estoy lista para continuar —señalé al verlo terminar su cena. No de muy buena gana se puso de pie y me guió al despacho. Edward de nuevo detrás del escritorio, sacó el informe de Jake que yo no había terminado de leer.

—Aquí está detallada la vida de Black desde que su madre lo dejó con su padre hasta ahora —anunció y me incliné despacio sobre el mueble.

—Creo que no sé nada de él —admití—; no compartió sus cosas conmigo como creí que lo haría.

—No te perdiste de nada; como sabes, es un canalla que lo único bueno que tiene dentro de su podrido ser, es esa pasión por los autos que lo ha hecho llegar muy lejos aunque no de la mejor manera. Nada más.

>>En Du Rosey comenzó con las malas amistades como ya sabes —se detuvo abruptamente y me miró dudoso pero continuó—, y luego fue a estudiar a la universidad de Stuttgard. Como no le convenía llamar la atención, mantuvo un bajo perfil y se centró en los estudios. Se graduó con los más altos honores y está de más decir que era un elemento por demás prometedor con sus ideas innovadoras, lo malo es que no contaba con los recursos financieros suficientes para hacer la gran inversión que se requería para que pudiera desarrollar sus proyectos.

>>Necesitaba de un socio inversionista que creyera plenamente en su capacidad y lo encontró. A los seis meses su primera planta se inauguraba y se dedicó en cuerpo y alma a demostrar lo capaz que era. Y el imbécil lo hizo. Su primera producción se vendió no como pan caliente pero probó con creces lo bueno que era tanto él como su producto y logró colocarse entre las empresas con más futuro en la rama automotriz. Como puedes darte cuenta, sus planes son muy ambiciosos y a la primera oportunidad no dudó en arriesgarse y expandirse. Al maldito le ha ido bien… hasta ahora.

Su cínica sonrisa de lado demostraba el gusto que le daba asegurar lo que decía.

—Hoy se siente poderoso e invencible pero está a muy poco de empezar a pagar —dijo con rabia pero al mismo tiempo con satisfacción.

—¿Por qué lo dices? —me intrigaron sus palabras.

—Porque se topó conmigo y yo, no perdono a nadie quien le haya hecho daño a mi mujer —escupió conteniéndose apenas.

—¿Qué vas a hacer? —mi curiosidad era mayúscula.

—Yo nada, Isabella —sonrió—. Él solo cavó su tumba, a nosotros solo nos queda esperar y verlo enfrentar a la justicia que muy caro le cobrará cada una de sus malas acciones.

—Edward, no. No lo hagas por favor —rogué angustiada poniéndome de pie.

Él me miró confundido, asombrado por lo que le pedía.

—Te lo ruego. No me pongas en evidencia sacando a la luz lo que me hizo hace tantos años —comencé a llorar desesperada—. Piensa en mi padre, en la vergüenza y el dolor que le causarías. Piensa en mí, por favor, y en lo mucho que me lastimaría revivir todo de nuevo… por favor, Edward, no lo hagas.

Él se mantuvo como una estatua. Me miraba sorprendido pero también en sus ojos podía ver una furia creciendo. Su rostro se transformó de satisfecho y expectante a uno decepcionado y frío.

—No pensaba hacerlo, Isabella —me estremeció la profundidad de su voz—. Yo me refiero a otro asunto completamente diferente. Yo jamás te expondría de esa forma, creí que lo sabías.

—Yo… yo… —mejor me callé.

—El coraje con el que me pediste no hacer nada contra él me confunde —bajó la cabeza y la subió de nuevo, transformado en el hombre duro que yo conocía perfectamente—. Dime, ¿en realidad es por ti y por Charlie o es que todavía sientes algo por él, Isabella?

Ofendida por sus dudas, mi rostro se descompuso en una mueca y comencé a negar despacio entre lágrimas.

—¿Cómo puedes preguntarme eso cuando sabes todo lo que me hizo?, que nunca voy a poder olvidarlo porque me ha marcado para siempre. ¿Cómo puedes siquiera pensarlo, Edward, cómo?

—¿Estás segura de lo que dices?

 Me cubrí el rostro con las manos y asentí.

—Me alegro, porque así no te dolerá ver en lo que quedará resumido ese maldito infeliz.

Su voz grave y fría me estremeció y heló hasta el aire que empezaba a entrar con mucha dificultad en mis pulmones, lo sentía pesado y si no hacía algo en ese momento, me desmayaría. 

—Necesito, yo, necesito un momento, Edward. Por favor.

Él rellenó mi vaso de agua y me lo acercó; después salió de la habitación dejándome sola como le había pedido. Me recosté entonces en el cómodo sillón y eché para atrás la cabeza. Quería que esa nebulosa que se paseaba por mi mente, se fuera para que me dejara ver las cosas con claridad pero no se iba. Era mucha información la que tenía que asimilar, la que tenía que entender y por si fuera poco, aprender a vivir con ella.

Pero ¿cómo podría?

Antes tenía el cobijo de Alice, de Rose, el refugio que el internado era para mí pero ahora ¿qué diablos tenía?

No las tenía a ellas, no tenía un apartamento a donde ir a refugiarme y lo que era más que un hecho, no lo tenía a él… no tenía nada.

Lo que sí tenía eran duras verdades. Verdades que cambiarían mi vida, mi propósito y mi rumbo. Realidades más que verdades. Realidades que aún años después me quitaban de los ojos viejas y polvorientas vendas y me mostraban que había vivido envuelta en una mentira.

Pero… ¿Qué podía yo hacer ante una mentira por compasión?

Porque eso era. Porque aquel doctor que con paciencia y cuidado me había atendido, prefirió dejarme ir con una mentira piadosa que con una verdad tan dolorosa. No tuvo corazón para romperme el mío y yo, no podía culparlo.

Me limpié los ojos y las mejillas mojadas. Me senté derecha porque esa posición me inyectaba algo de confianza y me tomé el resto del agua que quedaba en el vaso. Respiré profundamente varias veces y me puse de pie para llamar a Edward. Necesitaba terminar con todo de una buena vez.

Él estaba parado frente a la puerta del despacho, como haciendo guardia, esperando…

—Estoy lista para seguir.

—¿Estás segura que estás bien? —su voz suave me pareció un murmullo.

—¿Te parece que puedo estar bien, Edward? —estaba acercándose a mí pero la ironía en la suavidad de mi voz lo detuvo en seco.

—No, pero me parece que dadas las circunstancias, lo estás haciendo demasiado bien —inhaló profundamente—. Eres una mujer muy fuerte y muy valiente, has sabido sortear muchos malos golpes del destino y aquí estás, entera.

Molesta por sus halagos fuera de lugar le di la espalda y me instalé en la silla frente al escritorio, no lista pero dispuesta a escuchar más revelaciones. Edward se acomodó también en su lugar y su mirada cambió. Se clavó en mí, como si esperara alguna reacción de mi parte.

—Volviendo a Black, cuando me refería a acabar con él, era de una forma muy distinta a la que tú has imaginado, Isabella.

Ya me lo había dicho un momento antes pero oírlo de nuevo me llenó de mucha paz y tranquilidad. El apellido Swan no estaría en boca de todos y lo más importante, era que no le causaría un disgusto a mi padre.

—Yo quiero hacerlo en mis terrenos, Isabella. De la forma en la que me sé mover; en los negocios —su rostro se transformaba cuando se sabía dueño de la situación—. Voy a sacarlo de la jugada y voy a hacer que lo refundan de por vida si se puede, en una asquerosa celda llena de ratas.

>>Sé muy bien que ese cabrón no llegó a donde está por sus propios medios; Jacob Black necesitó más que un socio inversionista que lo apoyara, un socio y muchos favores de los grandes.

Se puso de pie estampando ambas manos en el escritorio que apenas crujió a pesar de la fuerza con la que se apoyó.

—Jacob Black necesitaba influencias —dijo sonriente—, y esas, generalmente no son muy fáciles de conseguir a menos que tengas amistades muy poderosas o que se ofrezca algo de mucho valor y que le interese a la otra parte.

Edward tenía razón. Jacob no se caracterizaba por ser muy sociable; solo tenía por amigos a esos malditos y de todos ellos no se hacía ni uno solo. Todos eran unos vagos.

—¿Qué tipo de influencias? —pregunté con curiosidad.

—Él necesitaba que su producto saliera del anonimato pero más que eso, que empezara a venderse y exportarse para colocarse como una empresa con un futuro más que prometedor, seguro —Edward rodeó el mueble y comenzó a caminar por la habitación—. El maldito lo hizo. Sus exportaciones cada vez eran mayores y muy pronto la necesidad de instalar sus plantas productoras en otros continentes fue vital. El único problema, es que no es tan fácil hacerlo.

Yo lo escuchaba atenta, segura de que lo que decía era verdad porque como él mismo había dicho un momento antes, ese era su terreno, él sabía cómo se movían en ese círculo y además, porque ya, al nivel en el que nos encontrábamos, mentirme hubiera salido sobrando.

—Siempre hay intereses, Isabella; gente a la que no le convendrá que alguien nuevo llegue a estropearles algún negocio que ya tengan monopolizado y Black se enfrentaba a eso. Las agencias productoras automotrices ya estaban bien ubicadas e iban a hacer lo que fuera necesario para impedir que un jugador nuevo se expandiera por todas partes y viniera a competir con ellos, mucho menos con un buen producto bajo el brazo.

>>Así que Black&Motors, se dio a la tarea de hacer que todos los requisitos y trámites que son eternos, se les facilitaran, obteniendo no solo los mejores terrenos para sus instalaciones sino donde ellos quisieran. ¿Cómo logró esto? Sobornando a todo aquel que representara un obstáculo en su propósito que era instalarse en tantos lugares como pudiera para llenar el mercado y de esta manera posicionarse como empresa segura, productiva y confiable.

>>Pero comprenderás que para hacer esto se necesita alguien detrás de ti respaldándote y que el dinero no le represente ningún problema —asentí atenta a su explicación—. Alguien a quien no le importe apostar todo por una empresa que no le retribuirá tanto como lo que ha invertido en ella… alguien que necesite crear esta fachada segura para poder moverse a sus anchas detrás de ella. Esto, Isabella, es lo que ha hecho, Jacob Black.

>>Le vendió su alma al diablo para poder crear sus cochecitos.

***

Me removí en la cama sin abrir los ojos. Me había despertado un dolor de cabeza que más que intenso, era joditivo. De esos que no te dejan de taladrar el cráneo y que son constantes. Estiré el brazo y junto a mí la cama estaba fría. Edward no estaba a mi lado. Había dormido sola. Me estiré y me senté en la cama, miré a mi alrededor. La chimenea se apagaba y el frío comenzaba a dejarse sentir. Me paré y puse un par de leños más en la chimenea para reavivar el calor. Caminé hacia el ventanal haciendo a un lado la cortina y pude ver que el sol empezaba a salir mostrando un paisaje maravilloso de la campiña inglesa.

Había llovido toda la noche y el olor a tierra mojada llenaba deliciosamente la habitación junto con los leños de la chimenea. Volví a la cama y me acurruqué bajo las tibias sábanas, mantas y contra las mullidas y almohadas. No me quería mover ¡Me dolía la puta cabeza!

Pero, como no me iba a doler con tanta información recibida y que mi pobre cerebro aún no terminaba de procesar y no solo mi cerebro… tampoco mi corazón.

Tal vez eso era lo que me tenía tan desganada; que tanto mi cabeza como mi corazón hacían un frente común y ya no sabía si para acabar conmigo o no. En ese momento no tenía ganas de pensar en nada, ni en nadie, solo quería y necesitaba dormir, dormir mucho y despertar días después, cuando todo el caos hubiera terminado y yo solo tuviera que seguir la dirección más lógica entre todo el desorden restante.

Eso sería lo más conveniente; lo que siempre había deseado que sucediera pero nunca era así. Siempre tenía que tomar decisiones en medio de los problemas o simplemente estar ahí presente, cuando lo único que de verdad anhelaba con todas mis fuerzas era que alguien tomara las riendas por mí; que se hiciera cargo de todo para que yo estuviera cómoda, a salvo y segura porque yo solo… yo solo quería ser una adolescente normal, una más; sin responsabilidades, sin presiones, sin obligarme a ser otra cosa más que lo que era pero... tal vez eso era pedir demasiado porque yo ya no era ninguna inocente adolescente.

Decidí que era mejor salir de la cama. La pasada noche, Edward me había ordenado subir a descansar después de hablarme un poco más de Jacob y como sospeché, cada noticia que recibía era tan o más impactante que la otra.

—Se mueve en un mundo tan bajo, que nada ni nadie podrá impedir que termine sus días tras las rejas, Isabella, y eso sin sumar la agresión que cometió contigo.

—Pero ¿qué puede ser tan malo como para merecer esa sentencia? —era la curiosidad la que hablaba por mí.

Edward suspiró profundamente y se pasó las manos por el pelo y la cara un par de veces. Caminó hacia la ventana y sin mirarme respondió…

—Isabella, no creo que saberlo sea bueno para tu seguridad. Créeme que si tuviera la absoluta certeza de que estarías completamente a salvo si lo supieras, te lo diría, pero como no la tengo tendrás que disculparme.

—No puedo creer a Jake capaz de hacer algo tan…

—¿Lo estás disculpando? —se giró para mirarme con los ojos entrecerrados—. ¿De verdad, Bella? Después de todo lo que te hizo ¿te atreves a abogar por él?

—No estoy abogando por él —afirmé.

—Pues espero que no por tu propio bien, porque quiero que sepas que ese maldito está obsesionado contigo y desde que puso un pie en este continente no ha dudado en mandarte investigar y hasta te ha mandado seguir.

—Así como lo has hecho tú —le grité.

 —¡Sí! ¡Así como lo he hecho yo! —estalló furioso—, pero no con el mismo fin, porque cuando yo lo he hecho por cuidarte y protegerte, ese enfermo te ha vigilado con otros propósitos, Isabella.

—Si no te molesta, me gustaría mucho saber cuáles son —le exigí.

Edward regresó detrás del escritorio y sacó algo.

—Por hoy ha sido suficiente; sube a dormir.

Me ordenó con el tono frío e indiferente que no me era desconocido antes de dejar una fotografía frente a mí y salir del despacho… Si mi boca se hubiera podido abrir más grande estoy segura que hubiera rozado el piso. Tomé la fotografía en la cual aparecía sentada en un café sonriéndole a Jacob.

Pero eso no era verdad. Yo no había estado con Jacob desde hacía años. Eso era una mentira, un montaje. ¿De dónde habría sacado Edward esa foto?

¡Dios!

Jacob se la había enviado. El maldito enfermo de Jake. ¿Pero sería la única o habría más? Tal vez las habría estado recibiendo desde hacía un tiempo y de ahí su cambio repentino y su abandono. Quizás Edward creía que Jake y yo… y por eso él pensaba que yo lo defendía. Sí, no había otra explicación para eso. Él creía que yo lo engañaba con Jacob y me había llevado lejos para revelarme quién en realidad era y según él, hacerme sufrir pero estaba muy equivocado. Yo lo amaba a él y se lo diría en este preciso instante.

Salí del despacho a buscarlo pero no lo encontré dentro de la casa. Resignada, subí a la habitación a hacer lo que me había ordenado. Me desvestí y me metí bajo las sábanas, segura de que no podría pegar ni un ojo pero me equivoqué porque tan pronto como me acomodé caí en un profundo sueño.

Ahora empezaba un nuevo día. Un nuevo día en que tenía que ser de nuevo la chica que debía tomar decisiones y actuar.

Bajé las escaleras y fui en busca de Edward que seguro se había quedado toda la noche en el despacho, pero no estaba ahí. Fui a la cocina, y Grace me informó que había salido desde hacía un buen rato en el jeep y que le dijo que tardaría un poco.

Sin nada más qué hacer, desayuné en la cocina escuchando a Grace contarme de la gente del pueblo y de lo contentos que estaban Martin y ella de vivir en el cottage pero sobre todo de trabajar para los Cullen. Mientras hablaba sin parar, se me ocurrieron muchas preguntas que hacerle sobre Edward, sus padres, y sobre todo de Liz pero de alguna forma sentía que no me habían otorgado todavía el permiso para inmiscuirme en su vida y yo, por raro que pareciera, con toda la curiosidad que tenía sobre mí, prefería respetarla.

A media mañana ya conocía casi todos los chismes del pueblo. Edward aún no llegaba y Grace tuvo que ir con Martin al huerto así que estaba sola. Tomé una manta del salón y salí a la húmeda terraza, me envolví y me recosté en una de las tumbonas que estaba seca.

Tenía tanto que pensar, comprender y analizar que no sabía por dónde empezar. Al cabo de un par de horas, solo un sentimiento era el que corría por mis venas… el de la decepción.

¿Acaso era tan poquita cosa que a nadie le importaba mentirme?

¿Jugar conmigo?

¿Por qué nadie me tomara en serio?

Si me miraba al espejo tenía pinta de poca cosa, de ratón asustado, de alguien totalmente incrédula y vulnerable, porque de haber sido diferente, no hubieran jugado conmigo y me hubieran tomado en serio, me hubieran respetado y yo, bueno, mi vida sería otra.

***

Agotada de tratar de ordenar mis ideas, decidí solo pensar en mi futuro y no en mi pasado; en lo que yo quería. Donde quería vivir, si quería trabajar, de la actitud que debía tomar para protegerme a mí misma y no volver a pasar por tantas decepciones…

Al paso de un par de horas logré tener una idea no muy vaga de lo que deseaba hacer a partir de ese momento. Sonreí al fin y el gesto se sintió algo extraño en mi rostro. No importaba, porque ya no me sentía tan perdida.

Giré mi rostro al escuchar el sonido del motor del jeep que aún no se veía venir por el camino de árboles. Suspiré pero no me moví de mi cómoda tumbona. Cerré los ojos y escuché sus movimientos por la casa. Entró al despacho, fue a la cocina y subió a las habitaciones. Luego bajó con paso más firme pero lento y finalmente, salió a la terraza.

—¿Ya comiste? —oí su voz detrás de mí. Negué con la cabeza muy despacio.

—¿Ya viste la hora que es? —asentí lentamente sin mover más que la cabeza.

—¿Y por qué no lo has hecho? —casi gruñó y yo solo me encogí de hombros sutilmente.

—Carajo, Isabella —se plantó frente a mí—. ¿Cuándo dejarás de ser una niña?

Volví a encoger muy levemente los hombros y antes de que se sulfurara todavía más por esa tontería del almuerzo…

—Creo que es mejor que te vayas relajando, que aquí el que se ha portado mal, eres tú —le lancé con mi voz pequeña.

—¿Qué coño estás diciendo? —su rostro se transformó.

—Es simple —dije tranquila—. Tú me dijiste que estos eran unos días para nosotros, para que habláramos, para que me confesaras muchas cosas, que nada iba a distraerte y que tampoco me dejarías sola… no lo cumpliste. Así que…

—Tuve algo muy importante que hacer —relajó su tono, aunque aún era fuerte.

—Comprendo —asentí dócil.

—Le pediré a Grace que nos sirva, yo tampoco he comido.

—Como gustes —respondí levantándome de mi tumbona.

Edward me dio la mano y la acepté. Fuimos al comedor y como siempre, retiró la silla para mí y antes de sentarse, abrió una botella de vino. Sirvió las copas y tomó la suya.

—Hoy hay mucho que festejar, Isabella —la sonrisa torcida apareció en su rostro—. Hoy se empieza a hacer justicia, hoy se empiezan a materializar los esfuerzos de tantos que trabajamos para que así fuera… ¡Salud!

—De… ¿De qué estás hablando? —balbuceé nerviosa y él sonrió.

—Hoy, mi querida Isabella, han detenido a Jacob Black —me miró con sus ojos sonrientes—. Ni siquiera hizo falta ir con todo sobre él; la orden de aprehensión salió automáticamente con dos o tres acusaciones. Así que nos guardaremos el resto para el final, para asegurarnos que ese cabrón nunca salga de ahí.

—¿Lo arrestaron? —pregunté nerviosa.

Edward asintió.

—¿Estás seguro? —insistí.

—¿En dónde crees que me pasé la mañana? —acarició el dorso de mi mano—. Anda, bebe un poco.

Pero no podía. Mi cuerpo entero temblaba ante la noticia y si no brincaba de gusto era porque mis piernas no me respondían. Aunque más que de gusto, era de tranquilidad; una tranquilidad que ansiaba desde aquella noche del baile y que cambió mi vida. Ahora ya podía respirar en paz, confiada de que ese repugnante ser ya no podría acercarse a mí de ninguna manera.

Ya podría acostarme en la cama y dormir con la seguridad de que Jacob no se me aparecería ni en mis sueños. Ya no me perseguiría, ya no más. ¡Nunca! Era libre… ¡Libre de Jacob Black!

Sentí que me movían y parpadeé repetidamente para enfocar mi visión nublada de tantas lágrimas agolpadas. Edward me rodeó con sus brazos y me levantó de la silla. Se acomodó en un sillón del salón y me abrazó más fuerte.

—Llora, pequeña, llora —me susurró despacito.

Su cara se hundió como siempre lo hacía en mi cuello y respiró ahí. Lo sentí tan sincero, tan cerca de mí, que me hubiera encantado acurrucarme en su duro y amplio pecho pero el temblor de mi cuerpo no me lo permitía.

—Ya no podrá hacerte daño jamás, Bella.

Edward se mecía conmigo en su regazo y yo quería gritar de felicidad, correr y gritarle al viento que era libre pero seguía inmóvil. Al cabo de unos minutos, lo único que pude hacer fue llorar a todo pulmón. Por un buen rato lo hice casi llegando a la hiperventilación, desgarrando mis pulmones, llorando a mares por el regalo recibido.

—Ya, cariño, no quiero que te pongas mal, ¿de acuerdo? —me pidió con su voz suave.

Yo intenté obedecerlo y aunque tardé, logré hacerlo un buen rato después para acabar hipando sobre su pecho y su camisa empapada de mis lágrimas. Con una mano me acariciaba la espalda y con la otra, trataba en vano de desenredar mi pelo hecho una maraña.

—Siento mucho haber faltado a mi palabra de no separarme de ti en estos días pero creo que valía la pena hacerlo, pequeña.  ¿No crees? —asentí casi imperceptiblemente—. Y siento mucho también haberte hablado en ese tono. No debí hacerlo sabiendo que seguramente estarías enojada conmigo.

Asentí de nuevo y Edward levantó mi barbilla con los dedos. Me miró con ternura y me besó en los labios. Un beso casto, limpio.

Me abracé a él y sin quererlo, más lágrimas bañaron mis mejillas de nuevo. No podía parar. Eran automáticas, no importaba lo que yo hiciera, simplemente brotaban y no sabía si exactamente por la tranquilidad que me daba saberme libre de Jacob o por agradecimiento al hombre que me mecía entre sus brazos. No importaba, ambas cosas eran buenas y yo solo disfrutaría de la posibilidad de tener una vida sin miedos.

—¿Qué te parece si vamos a comer y nos tomamos la botella de vino? Es una buena ocasión para dejarnos llevar —propuso.

Me ayudó a ponerme de pie y me guió al comedor. Me senté con su ayuda y me sirvió una ensalada fresca la cual empecé a mirarla y no se me antojó mucho pero después de dos bocados, no pude parar de comerla hasta limpiar el plato. Edward me veía comer feliz, no dejaba que me moviera sino para masticar solamente. Después llegó el plato fuerte que también devoré, pechugas de gallina en una salsa dulce. Sin duda, estaba hambrienta y Edward no me dejó pararme de la mesa hasta que estuve satisfecha. ¿La botella de vino? Nos la tomamos sin ningún problema y al terminarla, me pidió acompañarlo a la terraza.

Nos acomodamos en una tumbona doble y nos cubrió con una manta pero antes, abrió otra botella de vino y llenó nuestras copas. Ya había anochecido y las estrellas apenas se dejaban ver en el firmamento pero no importaba. Ese era un momento perfecto. No hablábamos, solo nos abrazábamos sintiendo nuestras respiraciones, sintiendo solamente el calor de nuestros cuerpos.

—Edward…

Me atreví a interrumpir el idílico momento.

—¿Sí?

—Gracias…

Dije comprendiendo la magnitud del esfuerzo que había realizado por mí, por mi seguridad y por mi bienestar. Era una pequeña palabra que llevaba envuelta toda mi gratitud.

—De nada, pequeña —susurró a mi oído—. Lo que sea por ti.

—Esa fotografía que me mostraste anoche, Edward yo…

—Shh, Bella, olvídalo.

—No. Necesito que sepas que nunca te he engañado con nadie —lo miré suplicante—. Yo no soy la de esa foto porque yo nunca he estado a solas con Jacob ni con nadie más.

—Ya no dudo de ti, Bella, pero te confieso que cuando vi esa foto me volví loco. Loco de celos, de rabia por pensar que ese maltito te ponía las manos encima, pero ahora estoy seguro de tu amor y ya no dudaré jamás de ti.

¿Qué?

No podía creer lo que Edward me decía. Yo, esforzándome por encontrar el camino que quería tomar mientras luchaba contra mis demonios internos y él venía y me asestaba otro devastador golpe que me rompía toda.

—¿Ya no dudas? —pregunté con un hilo de voz; Edward negó sonriéndome.

—Y… ¿Ese cambio tan repentino conmigo se debió a esa foto? —mis labios comenzaron a temblar.

—En parte sí —admitió—, pero no fue la causa. Necesitaba tener toda mi atención sobre el caso de Black. Me tenía absorbido y no me daba cuenta del número de horas que pasaba en la oficina pero después, llegó un sobre dirigido a mí con esa maldita foto. Noté que era un montaje pero a mis celos no le importó. Me carcomían por dentro imaginándome un sinfín de escenas. No quería verte, ni oírte y mucho menos tenerte cerca; tampoco soportaba ir a casa y por eso me encerré en la oficina por varios días. Fue demasiado para mí, Bella, el pensarte entregándote a otro… fue demasiado.

Pero demasiado era lo que escuchaba de sus propios labios. Edward dudó de mí. De la mujer que a pesar de todo, dejó atrás la vida y todo por lo que había luchado, por él. Tragué con dificultad y me obligué a concentrarme.

—¿Y se puede saber cómo es que dejaste de dudar de mí? –sentía formarse un nudo en mi garganta.

—Fue nuestra salvación, Bella. Gracias a ella estamos aquí tú y yo, libres de dudas, de engaños, dispuestos a seguir con nuestras vidas –su abrazo se apretó a mi alrededor.
 
—¿A ella? —inquirí sorprendida—. ¿A una mujer?

—Así es, a una buena amiga.

—¿Y se puede saber a quién debo agradecer? —intenté sonar calmada—. ¿La conozco?

—Claro que la conoces, cielo —desplegó su sonrisa—. ¡Es Vera!*


*


*


*


*


 Hola, Nenas!
Como muchas de ustedes ya saben, un pequeño problemilla de salud no me permite ser tan constante con las actualizaciones pero algo si quiero asegurarles: esta historia NO quedará inconclusa.
Mil gracias por su paciencia y espera, espero poder retribuir en cada capítulo todo lo que de ustedes recibo.
También quiero agradecer a mi beta, Jo y a Lethy que en cada capítulo me regalan su esfuerzo para que esto quede muy bonito… Gracias a todas.







19 comentarios:

  1. Por Dios!!! No nos puedes tener dos meses así, con tanta angustia e incertidumbre. Que alegrón volver a leerte y genial el capitulo. Realmente amo tu imaginación! Sigue así y no nos abandones x tanto tiempo...besos

    ResponderEliminar
  2. Wow!!!!!! Woooohuuuu!!! Li!
    Li! Has vuelto, cómo estás? Espero que mucho mucho muy bien.
    Pasé por aqui como otros días y oh sorpresa!! Capi nuevo y buenisimo.
    Al parecer soy la primera en leerlo y comentar. Muchas gracias por continuar con esta historia, Li; he leído muchos fics y este es definitivamente mi favorito, el mejor. Gracias por continuar escribiendo y darle a nuestra imaginación cosas maravillosas. Me quedo satisfecha pero bien intrigadisimaaaa. Ya quiero leer el sig capi!!
    Saludos afectuosos Li!

    Vianey

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jajaja no no fui la primera jaja

      Vianey

      Eliminar
  3. Hola Li, antes q nada espero q ya estés mejor mujer, de verdad q siempre te mando mis mejores deseos y vibras para q salgas de todo este rollo medico, q yo se lo horrible q es estar enferma.
    Ahora si entrando en tema tengo q decir q estoy enojada cn mi Señor, q digo enojada estoy encabronada!!!!
    Mira, la verdad esq lo de la investigación ya lo sabíamos todas y si nos parece o no, creo q es independiente. Lo hecho esta hecho y ps q difícil para los 2 pasar por esta situación tan penosa. Ahora, lo q me enfurece es la ultima parte del capitulo porq bueno Bella cuando pensó q Edward la iba a dejar fue porq ella pensaba q él ya estaba aburrido y bla, bla, bla... No creyó q él le estuviera siendo infiel, ni nada por el estilo porq ella cree en su Señor ¿y qué hace él? ¿Cómo le paga su confianza? Dudando a la primera oportunidad!!!!!!!! y si eso no fuera poco, viene ahora muy pancho a decirle q fue Vera fue quién le abrió los ojos, bueno alabada sea Vera ¿verdad? porq confiar en su mujer, bueno eso si es para mi Señor una tarea difícil. Me alegra q haya metido a Jake a la cárcel y todo lo demás pero también creo q si ya la había regado cn Bella, ahora si la termino de cagar. Para ninguna mujer es fácil oírle decir a tu hombre q otra mujer le dio luz en lo referente a ti. Espero q ahora Bella sea la q le de unos buenos azotes q bn ganados se los tiene XD
    Ufffffff ahora si me explaye jaja sorry, pero esq cuando me enojo, me enojo ;)
    Muchas gracias por el capitulo querida Li, yo se q no es fácil para ti con todo los descompuestita q estas, escribir capítulos y andar al pendiente de nosotras tus locas fan's, te amamos por eso y también gracias a mi querida Jo por betear el capitulo!
    Li te mando un beso, un abrazo y nos seguimos leyendo.

    ResponderEliminar
  4. Me encanto, espero que ya estes bien, estuve como una loca desesperada todo este tiempo sin actualización abrir tu blog es una de las primeras cosas que hago en el día, me has dado una alegría me gusta muchísimo esta historia.
    Te mando un Besos y espero que actualices pronto que me quede con la intriga.

    ResponderEliminar
  5. HOLA ANTES Q NADA ESPERO Q ESTESMEJOR DESALUD Q NOS HACES FALTA BUENO Y PASANDO AL CAP ME ENCANTA TU HISTORIA Y MASQ NOS DICES Q NO LA VAS A DEJAR INCONCLUSA GRACIAS Y SI Q LA CAGO ESTE SEÑOR AL ULTIMO AHORA SI BELLA NECESITA DARLE BELLA LOS AZOTES ELLA AL SEÑOR COMO TIENE Q CONFIAR EN OTRA PRIMERO QEN SU MUJER NO PONTELE SERIA BELLA ELLA DÉJÀ TODO TRABAJO FAMILIA AMIGOS TODO Y EL MUY INCREDUO SOLO UN FAVOR NO LOS SEPARES Q BUSQUEEDWAR LA MANERA DE HACER Q BELLA LO PERDONE X Q SE LE TIENE Q ENCABRONAR VED Q SI PERO MEJOR UNA COSA YA PLIS NO NOS ABANDONES X MUCHO TIEMPO Q DIOS TE BENDIGA Y TE DE LA SALUD COMPLETAMENTE CUIADTE HASTA E SIG SAUDOS

    ResponderEliminar
  6. Te cuento que ayer fue mi cumple y no pude ver el blog, todos los días lo revisaba y este capitulo ES EL MEJOR REGALO RECIBIDO de a pocos la historia va tomando nuevos rumbos. Cuidate y muchas gracias por ser la autora de una de mis alegrías.
    Saluditos y gracias. Pily

    ResponderEliminar
  7. Increible, estoy sin palabras... Muchas gracias

    ResponderEliminar
  8. Sin palabras, me entristeció mucho la esterilidad de Bella, si algo le "suma" puntos a Edward, es que el ya lo sabía y aun así el la visualizaba como su esposa, pareja... Pero la verdad como buen macho, la regó muchísimo al confesarle que no confió en ella, pero si algo esta a su "favor", es que para el señor, el haber descubierto cosas de Bella por su cuenta y no por labios de ella (cabe mencionar que la paciencia no es el fuerte de nuestro señor, es decir TODO lo hizo por amor, aunque tampoco es excusa), fue un golpe a su ego y por eso primero le ganaron los celos cavernícolas!!Pero yo le aplaudo la entereza, que tuvo para el ser el portavoz de "noticias" tan desagradables, y aun así ser el hombro donde llorar...
    Ojala puedan "superar" la situación, porque a como es Bella capaz que lo deja por toda esa lista de inseguridades y defectos que ella cree tener, pero sobre toda el sentirse poca cosa y no merecedora del señor, obviamente todo esto como consecuencia de su episodio con Jacob!!, pero eso solo TU lo sabes.
    De todo corazón espero que te mejores de tu enfermedad, mis mejores deseos, y vibras.. para que puedas seguir con la historia y con muchas mas, ya que eres una chica muy capaz!!
    Un saludo, mucha energía positiva y salud..
    P.D: la vida que tenía de no dejar un review, pero siempre pendiente y presentes, aunque sea en la sombra y en el anonimato, respeto y admiro mucho tu trabajo.

    ResponderEliminar
  9. Menudo palo más grande para Bella enterarse de que todo lo que sufrió a manos de ese maldito tuvo más consecuencias de las físicas y emocionales, está demostrando una gran entereza al enterarse de la noticia pero no sé sí realmente pensará así o lo hace como medida de autodefensa.
    Edward ha hecho muchas cosas en nombre del amor y la seguridad de Bella, algunas buenas y otras no tanto, es lo que han dicho arriba, no tiene paciencia y no podía esperar hasta que ella le contara todo, pero así es y así lo queremos.
    Me alegra que por fin el maldito esté pudriéndose en la cárcel, espero que sea para muchos años

    ResponderEliminar
  10. Me encanta Esta historia me ha encantado desde el primer momento es espectacular, gracias por todo lo que te has dedicado, Y a Edward le va a costar muy caro no haber confiado o aunque sea hablado Bella.

    ResponderEliminar
  11. HOLA MUJER COMO SIEMPRE ESTE CAPITULO MEJOR QUE EL ANTERIOR.... X DIOS TODAS LAS COSAS QUE ESTABAN OCULTAS.. ME SIENTO UN POCO TRISTE X LO DE BELLA PERO SE QUE QUE ESTA PAR CREARAN UN RETOÑO HERMOSO QUE LOS VA A UNIR MAS... QUE BUENO QUE ESE PERRO VA A EMPEZAR A PAGAR X LO QUE HA HECHO.. A NUESTRO EDDY NO LE VA A QUEDAR MUY FACIL QUE BELLA LO PERDONE X SUS DUDAS ... MIL GRACIAS X EL CAPI.. X FIS NO TE DEMORES ESPERANDO CON ANSIAS EL PROXIMO.. SALUDOS

    YUC BELTRAN

    ResponderEliminar
  12. Que alegrias nos das cada vez que nos escribes cap. nuevo, Tomate el tiempo que necesites,ya sabes que te esperamos,
    Espero y te deseo una buena mejoría en tu salud.
    y como de costumbre el cap. ¡¡¡GENIAL !!! esperando el siguiente, con muchisimas ganas. Bssss. F.P.

    ResponderEliminar
  13. ¿ Qué tal estas??, espero que mejor, solo pasaba para decirte que siempre estoy o estamos por que somos muchas por aqui.
    Animo, y paso a paso.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  14. HI espero que este mejor, recuerda muchas te deseamos lo mejor asi como esperamos tus actualizaciones. Cuidate.Pilar

    ResponderEliminar
  15. Hola!! hace poco empece a leer este fic y me encanto!! cuando vas a seguirlo espero que no te demores mucho esta genial !!!

    ResponderEliminar
  16. Hola te sigo desde casi del principio, espero que estes mejor, te esperamos pronto recuperada y actualizando jajajajajaja. Besitos

    ResponderEliminar
  17. Hola!
    Hace mucho que no sabemos de ti.Espero que tus problemas de salud esten resueltos.
    Saludos

    ResponderEliminar
  18. Hola li como estas??? espero que tu ausencia de deba a que estas descansando y estes bien!!! me encanta tu historia y aqui seguire esperando lo necesario, cuidate

    ResponderEliminar

> >