martes, 22 de enero de 2013

CAPÍTULO 41


Tomando conciencia.

La conciencia hace que nos descubramos, que nos denunciemos o nos acusemos a nosotros mismos, y a falta de testigos declara contra nosotros.
Michel Eyquem de Montaigne. 


Capítulo beteado por Jocelynne Ulloa, Beta FFAD
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BELLA’S POV

Dando un último empellón se dejó caer sobre mí jadeando rápidamente, extenuado como yo que estaba agotada tanto física como mentalmente. No quería pensar, solo sentirlo aún dentro de mí para llevarme conmigo ese recuerdo. Permaneció así por varios segundos en los que con todas mis fuerzas deseé no encontrarme en esa situación y luego abandonó mi cuerpo, dejándome vacía, más vacía de lo que jamás me había sentido en la vida.

—Me has desobedecido, Isabella —dijo con esa voz amenazadora mientras bajaba de la mesa—, por lo tanto…

…tu castigo no ha terminado.

Un sollozo escapó de mi garganta, no sabía si de alivio por saber que aún no me despediría de él o de angustia, por no saber si podría soportar lo que aún tenía pensado para mí. Escuché de pronto como jalaba una silla acercándola a la mesa donde todavía estaba recostada temblando de frío.

Siéntate aquí, muy derechita y sin moverte.

Dijo con firmeza y, muy despacio, comencé a moverme sobre la superficie de la mesa para obedecer su orden. Me sentía pesada, sin fuerzas, con todo el cuerpo adolorido pero tenía que llegar a la bendita silla. Al ponerme de pie, casi pierdo el equilibrio pero pude lograr sentarme a tiempo, antes de que mis piernas me fallaran y terminara en el piso. Edward no se dio cuenta, su atención estaba centrada en uno de los tantos cajones y del que de reojo vi que sacaba una cuerda roja…

Jadeé lastimosamente, porque sabía muy bien que no tenía la energía para seguir adelante con ese castigo por mucho que quisiera. Se necesitaba mucho más que solo estar muy quieta y tanto mi concentración como mis reservas de energía se habían agotado desde hacía un buen rato. Lloriqueé mientras mis músculos se quejaban al intentar acomodarme en la silla según me ordenó.

Si no guardas silencio tu castigo puede ser más fuerte, Isabella.

Cállate, no es para tanto, Bella, no es para tanto… tal vez sea lo último que puedas llevarte contigo de él… ¡sostente!… ¡sostente!

Me repetía al mismo tiempo en el que mis uñas y dedos se aferraban al asiento. Lo escuché aproximarse y pararse detrás de mí; acarició mi pelo y con destreza lo elevó en mi cabeza sosteniéndolo con un par de palitos. Mi pecho subía y bajaba agitado, mi piel erizada, mi cuerpo temblaba incontenible de angustia y estaba luchando con todas mis fuerzas por mantenerme muy quietecita para él; sentí sus manos acariciar mis hombros, con esa lentitud, con esa suavidad y con ese algo que de haber sido más ingenua hubiera creído que era devoción pero no, solo era parte de la escena.

Se inclinó sobre un hombro; su respiración y su tibio aliento dieron de lleno contra mi cuello y oído, un estremecimiento corrió por todo mi cuerpo desde los fríos dedos de mis pies hasta mi cabeza, endureciendo de paso mi vientre, mis senos y mis pezones casi hasta lo imposible.

Estaba tan concentrada en mi reacción a su cercanía, que no noté cuando la cuerda roja comenzó a enredarse por mi cuerpo. Sujetó mis brazos a mis costados y rodeó mis muslos, mi vientre y mi torso. Él, hábilmente tejió rombos por todo mi cuerpo, encerrando cada uno de mis senos, mi ombligo y mi pubis, dejando entre mis labios vaginales una línea de la cuerda. Si me movía, si respiraba, mi ya hinchado y excitado botón receptor de todas mis terminales nerviosas se frotaba contra la cuerda elevándome a un grado de placer indescriptible.

Luchaba por permanecer inmóvil pero era algo imposible; mi torturado clítoris y yo no teníamos salvación; porque él me ordenaría no correrme para poder ejecutar su castigo y disciplinarme. Eso lo haría feliz y a mí también, por una última vez.

Terminó de atar la cuerda y sin aviso me tomó en sus brazos y me colocó sobre la mesa aún mojada y muy fría. Me estremecí, jadeé y gemí sin poder evitarlo y casi me retuerzo por el choque helado en mi piel y fue un grave error. La cuerda que no estaba muy tensa, se rozó contra mi inflamado clítoris y jadeé.

Esta es una gran prueba, Isabella. Ser capaz de resistirse a una doble estimulación es casi imposible dijo ya sobre mí. Hazme sentir orgulloso y no te corras…

¡Ah!

Grité cuando sin más, abrió mis piernas y se hundió en mí, frotando la cuerda en mi sensible y delicada área. Él se perdía en mis adentros invadiéndome por completo y mi cuerpo lo aceptaba en toda su longitud y yo, no podía moverme. Eran demasiadas las sensaciones, demasiado el placer de tenerlo dentro de mí, del calor de su cuerpo sobre el mío, de la cuerda excitándome más, de sus lentas acometidas marcando un suave ritmo que estaba grabando en mi mente para llevarlo en mis recuerdos, absorbiéndolo…

Por más que traté de resistir, con cada empuje que él daba en mi interior era un paso que yo cedía. Sabía que él tenía razón. Edward se impulsaba y la cuerda se frotaba contra mí debilitando mi resistencia. Mi cuerpo temblaba; mi piel estaba fría. Los dedos de mis pies y también los de mis manos apretados y retorcidos en un débil esfuerzo por mantenerme atenta a sus órdenes. Estaba muy tensa, aguantando hasta donde mis fuerzas me lo permitían y él seguía embistiendo, acercándome cada vez más al filo del abismo, al punto de no retorno. Con sus jadeos, su olor, su respiración, el modo de unir su pelvis con la mía…

El huracán en mi vientre se levantó sin que yo pudiera hacer algo por evitarlo. Ese calor que solo recorría mi interior incrementaba su potencia disminuyendo la mía y me entregué a él. Sentí que explotaron millones de luces por todo mi cuerpo, haciendo burbujear mi sangre mientras una tormenta de éxtasis reventaba dentro de mí. Por un segundo o dos, los dedos de mis manos y mis pies se apretaron con más fuerza y tronaron. Mis dientes apretados y mi mandíbula comenzaron a relajarse cuando el golpe de placer fue disminuyendo y todo mi cuerpo se destensó también.

Mi cuerpo seguía siendo embestido por él pero yo casi ya no podía sentir. Me relajé mucho al entregarme a ese orgasmo, tanto, que mi ser entero estaba extenuado. Mi pecho subía y bajaba ligeramente pero no gemía ni jadeaba. Mis fuerzas me habían abandonado permitiéndome apenas respirar y manteniendo mis párpados semiabiertos con mucha dificultad mientras mis lágrimas se derramaban mojando mis sienes y de pronto, todo se oscureció…

EDWARD’S POV

Isabella… Isabella…

No podía resistirlo, su piel, su aroma, su rostro, su sumisión…

Al llegar a casa con una pesadez en mis espaldas, con tanto a qué enfrentarme, con tanto qué aceptar y controlar, con tanto por lo qué disculparme reconociendo mis errores, mis arranques déspotas y mi actitud soberbia y arrogante, dispuesto a bajar la cabeza ante ella y… al encontrármela sobre la mesa del cuarto de juegos durmiendo completamente desnuda, supe de inmediato lo que ella quería.

No era la primera vez que me sorprendía esperándome dispuesta a rendirse ante mí, deseando sentir mi dominación, la fuerza que necesitaba y esta vez no la iba a ignorar porque yo lo quería tanto o más que ella. Mi cuerpo gritaba por el suyo, por fundirse en ella, por tocarla, hacerla retorcerse de placer después del dolor en un castigo que ella sabía se había ganado a pulso y que fue el detonante de los insufribles días que ambos pasamos envueltos en el caos de una infame confusión.

Hice a un lado esos detractores pensamientos, no quería que me distrajeran de mi objetivo principal y que desviaran mi concentración. Necesitaba de todos mis sentidos tan alertas como pudieran estar mientras Isabella recibía el castigo que estaba pidiendo al esperarme ahí, así…

Mi cuerpo respondía a su desnudez, a su sumisión; estaba ansioso, excitado, deseoso por dejarle sentir mi poder. No pude quitarme toda la ropa, mi impaciencia no me lo permitió, solo me arranqué la camisa, los zapatos los aventé en algún lado junto con los calcetines.

La restringí en la mesa donde dormía, esa mesa por la que tenía una extraña preferencia. Inmovilicé sus manos, sus tobillos y le ordené que no hablara. Me apoderé de cada unos de sus pezones haciéndola gemir de placer para luego, adornarlos con una pinza en cada uno. Ese era el primer premio por la falta cometida. Isabella no resistió y gritó, haciendo que mi polla se hinchara dentro de mi ropa y yo me excitara más al ver cómo se mordía el labio. Por su insolencia, coloqué otra pinza en el carnoso labio que tantas veces había besado. Sabía que le dolía y eso, me encendía todavía más.

Isabella se removía sobre la mesa y para detenerla, abrí la botella de agua helada que había sacado del minibar y la vertí sobre su pecho. Por un momento luchó contra el abrupto choque pero luego, la frialdad la dejó inmóvil, justo como yo quería.

¿Era un maldito cabrón?

Sí, lo era.

Porque dejé que un estúpido pensamiento se colara en mi mente haciéndome hundir mis dedos entre sus desnudos pliegues jugando con esa sensible área, incitándola a sabiendas que con ese golpe de agua fría sería casi imposible.

—¿Por qué no estás húmeda aún, Bella? —inquirí cínicamente.

—Dime si te mojas pensando en alguien que no sea yo, dímelo…

¿Cómo era capaz de preguntarle eso cuando yo sabía perfectamente la respuesta?

Era un cínico, cabrón hipócrita que no pudo controlar sus celos y dejó caer entre los muslos de su mujer otro baño de agua fría, paralizándola por completo al enterrar además, dos dedos en su interior. Quité la pinza de sus labios y la besé con fiereza, hice lo mismo con cada una de las pinzas en sus pezones y los succioné y chupé; eran deliciosos, exquisitos y eran míos para hacer con ellos lo que yo quisiera. Su cuerpo dejó de oponer resistencia y solté sus manos y tobillos de sus agarres. Estaba débil, cansada, pero aún no habíamos terminado, su falta era grave y no podía pasarla por alto.

—¡Isabella! ¿Dónde crees que vas?

Le grité al verla intentar bajar de la mesa y sin dejarla decir nada, le ordené que se inclinara en el banco de azotes. Recibiría unos muy bien merecidos.

Y mi hermosa Isabella contó fuerte y claro cada uno de los azotes que enrojecieron sus delicadas nalgas haciendo que necesitara más de ella, más de mí. Acaricié su ano con mis dedos lubricados, presionando muy despacio, suavemente e introduje mis dedos en ella que reaccionó de inmediato levantando su bello culo. Pero por mucho que quisiera dominarla, antes tenía que hacerlo conmigo mismo porque todo mi cuerpo, todo mi ser, estaba rindiéndose ante ella.

Encendí el vibrador y la toqué con él. Alrededor de su clítoris, de su entrada, burlándome, jugando, ganando tiempo para retomar el control que sentía estaba perdiendo; mi desesperación y ansiedad hacían crecer mi deseo y enterré en ella el juguete para distraerla un poco mientras la poseía por detrás.

Isabella reaccionó con sorpresa, pero no había nada que pudiera hacer. Yo la embestía con fuerza, deteniéndola de las caderas con una mano y con la otra en una de sus nalgas. Salía y entraba de ella con ímpetu, con deseo, con amor pero también con rabia por el tiempo que pasamos separados debido a ese estúpido infeliz, al silencio de Isabella y a mi estúpida necedad.

Un latigazo en la ingle fue el indicio de que el orgasmo se acercaba y no solo el mío. Isabella ya conocía muy bien cada una de las reacciones de mi cuerpo y la sentí dejarse ir con ellas. Bella quería un orgasmo que no merecía y sin vergüenza se atrevía a ir por él.

Salí de ella, saqué el vibrador de su canal y me deshice de él; la tomé en mis brazos dejándola de nuevo en la superficie dura y fría de la mesa. Abrí sus piernas sin miramientos y me empujé dentro de ella queriendo dejarle en claro quien era yo, a quien le pertenecía, que solo yo era su dueño y que ella era mía.

Me escuché rugir mientras la embestía. Los incoherentes sonidos que salían de mi pecho y de mi garganta la asustaban y lo sabía, pero ese era yo reclamando lo suyo, a su mujer. Quería tenerla toda, completa. Me incliné y sus dulces senos se erigían esperando por mi boca, entregándose justo como la mujer que estaba dando todo de ella en ese momento. Los saboreé durante los espasmos de mi cuerpo al acercarse al clímax mordiendo uno como lo hice tiempo atrás. Isabella reaccionó tensando su cuerpo, preparándose para disfrutar su propio orgasmo.

Fue inútil advertirle que no lo hiciera, ella estalló liberando toda la tensión acumulada durante esos días y yo me dejé llevar por el calor con el que su cuerpo me recibía, llenándola de mí, marcándola como mía, sellando una vez más todo el sentimiento que nos unía. Me deje caer sobre su agitado cuerpo y segundos después me moví, alejándome y lanzando una amenaza a la cual intentó ser inmune.

Ahora la tenía en mis brazos después de haber cortado con desesperación los nudos de la cuerda que adornaban su hermoso cuerpo. La había poseído una vez más mientras estaba exquisitamente restringida y estimulada a la misma vez por la cuerda de seda que además de embellecerla, pasaba entre sus delicados pliegues rozando su inflamado clítoris.

Era un sueño tenerla así. Dócil, sumisa, entregada, rindiendo su voluntad a su Señor. Mi miembro hambriento se perdía en su ardiente cavidad y pude sentir como se esforzaba por contener el orgasmo. Yo la hice mía sin reparos, sabiendo que en cualquier momento el placer se apoderaría de ella llevándola a un clímax que parecería infinito y al principio así fue. Isabella estalló en un orgasmo arrebatador, tensando por un instante su cuerpo pero después de unos minutos de entrar y salir de ella suavemente, sin querer lastimarla, solo deseando prolongar su placer, que gozara después de una penitencia más que bien cumplida, su cuerpo laxo era lo único que yo estaba poseyendo. Levanté la mirada y encontré la suya perdida en el techo con lágrimas silenciosas corriendo hacia sus sienes.

No, no, no, algo no estaba bien.

Me detuve y salí de ella para sostenerla en mi regazo mientras besaba cada parte cercana a mis labios; sus ojos, sus mejillas, su frente. Mis manos también recorrían su cuerpo intentando calentarlo de alguna forma y al mismo tiempo vigilaba su respiración corta. Sus labios muy blancos y fríos así como los dedos de sus manos.

¡Isabella!, ¡Isabella!

La llamé pero no parecía escucharme. Con las manos nerviosas terminé por quitar los últimos trozos de cuerda de su cuerpo, la sacudí suavemente y parecía que respiraba más profundamente. Eso era una buena señal. La apreté contra mi cuerpo y de sus ojos seguían escurriendo las lágrimas que sentía me recriminaban. 

Besé cada uno de sus párpados ya cerrados, la dejé un momento en la mesa y corrí al baño para llenar la bañera con agua caliente. Tenía que hacerla volver en sí de ese shock, el que yo le había ocasionado. Encendí el calefactor y puse cerca de él varias toallas a calentarse. Volví a su lado y la llevé en mis brazos a la bañera, metiéndome junto con ella, sentándola en mi regazo, mojando su cuerpo inerte con el agua, frotando sus brazos, sus piernas, su cara…

Bella, mi amor, reacciona le murmuraba al oído.

La mecía en mis brazos mientras mi tarea continuaba sin cejar. Lavé su cuerpo con adoración, sin dejarle de susurrar palabras en su cuello, en su boca, de besar sus labios aún fríos, de oprimir sus manos entre las mías.

No me asustes, cariño, por favor…

Le rogaba casi ya dándome por vencido.

Bella, no me hagas esto. Perdóname…

Y entonces parpadeó. Un alivio indescriptible cayó sobre mí, exhalando con él todos mis temores. Isabella salía de ese estado que la mantenía alejada de mí, de nosotros, de nuestro mundo y se esforzaba por recobrar la consciencia, por volver a mí.

Ah, gracias a Dios murmuré entre dientes.

Entre débiles parpadeos me miró sin expresar ningún tipo de sentimiento pero no iba a preocuparme por eso. En ese instante, mi único interés era que el cuerpo de Isabella recuperara su temperatura y mantenerla caliente y abrigada para evitar que pescara una pulmonía. Si eso sucedía, sería otra cosa más que no me perdonaría.

Porque era un hecho que en esos días habíamos vivido una situación que se me había salido de las manos. Algo que no pude manejar volcándome en un loco enfermo que se consumía en sus celos irracionales. Incapaz de pensar con lógica, incapaz de otorgarle el beneficio de la duda hasta que tuve en mis manos todas las pruebas que demostraban su inocencia y aún así, no me fue nada fácil ceder.

Me resultaba vergonzoso admitirlo pero era la única verdad. Alguien tuvo que restregarme la verdad en las narices, enumerando todo lo que estaba a punto de perder por mi actitud necia y enferma. Al comprender que era la razón de mi vida la que estaba en juego, fue cuando por fin entendí que era yo mismo quien la estaba echando de mi lado. Sin pensarlo volví a casa para hablar de lo sucedido, para que entendiera su error y para que yo aceptara el mío pero lo que hallé al llegar, fue solamente a una mujer  suplicante esperando sumisamente por mí.

Nos puse de pie y tomé una toalla caliente para envolver a Bella. La sequé con cuidado, sosteniéndola de la cintura. Aún se sentía débil y cuando estuvo bien seca, la llevé a nuestra habitación colocándole una de mis pijamas y recostándola entre las sábanas y el edredón. Me estremecí y me di cuenta que aún estaba desnudo y un poco mojado. Me puse un pantalón de pijama y me acosté abrazando a Bella contra mi pecho. Ella no oponía resistencia debido a la falta de energía.

Lo siento, Bella, lo siento mucho…

Dije suavemente besando el tope de su cabeza sin obtener otra respuesta que no fuera su respiración profunda, sus ojos bien cerrados y uno de sus brazos rodeando mi cintura, en la posición de siempre. Suspiré lo más tranquilo que pude porque sabía que aún faltaba lo peor, hablar, exponernos y perdonarnos.

Al poco tiempo, la respiración de mi Bella tomó un ritmo normal y se relajó en mi pecho. Se había quedado dormida. Estaba exhausta y no era para menos conmigo, llevándola como siempre a los límites. Hice a un lado las sábanas, el edredón y toqué su cuerpo. Sus manos ya estaban tibias así como sus piernas y sus pies, pero no conforme con ello, me levanté a buscar esos calcetines gordos y feos que siempre usaba y se los puse. Solo cuando estuve seguro que ella estaba cómoda y caliente me permití dormir un poco, no me lo merecía pero también esos desgraciados días que vivimos me tenían agotado.

Aunque lo deseé, no pude tener un sueño tranquilo. Me despertaba constantemente para asegurarme que Bella estuviera bien y, pese a que aún no tenía color en sus mejillas, sus labios estaban recobrando su tono rosado que los hacía tan irresistibles. Eso hizo que mi consciencia respirara con alivio pero no pudo quitarme el enorme peso que la culpabilidad me hacía sentir.

Mi soberbia y arrogancia me dieron una lección de nuevo, haciéndome pensar que mi poder era tan grande que podría manejar cualquier situación para mi entero beneficio y satisfacción pero desde luego, no fue así. Solo un ser que reconoce tanto sus fuerzas y debilidades pero que ante todo se sabe humilde, es capaz de lidiar contra cualquier inconveniente que se le presente. Yo tenía mucha soberbia y mucha arrogancia pero la humildad era algo que ya había perdido en el impersonal, profano y banal mundo en el que me movía y, como consecuencia, me estaba llevando a perder lo que yo más quería.

Ya tenía un rato que el sol había salido pero yo seguía concentrado en mis deducciones cuando Isabella dio un fuerte y profundo suspiro captando completamente mi atención. Seguía dormida, solo se había movido un poco y aproveché ese momento para salir de la cama; me di un baño para despejarme, me vestí y bajé a buscarle algo para desayunar. Me enfurecí al encontrar el refrigerador casi lleno; Isabella no había comido nada durante los días que estuvimos sin vernos pero me tragué el enojo porque entendía perfectamente como se sentía además, yo tampoco había ingerido alimentos después de todo. No podía reprocharle que el alimentarse fuera lo último en su lista de prioridades esos días.

Hice café; puse cereal en un tazón, llené y entibié un vaso de leche y corté una manzana y un plátano. Coloqué todo en una mesita y lo subí. Entré a la habitación e Isabella ya estaba despierta; se sentó de golpe y cerró los ojos llevándose una mano a la sien. Me apresuré a dejar la mesa, me acerqué a ella sentándome a su lado y pasando un brazo sobre sus hombros.

¿Estás bien?

Le pregunté preocupado acariciándole una mejilla.

Isabella me miró como si de repente me hubiera salido otra cabeza. Tragó en seco y no me respondió. Solo me miraba extrañada.

¿Te duele algo?, ¿te hice… daño?

La interrogué con miedo porque sabía que era muy probable que lo hubiera hecho; la noche anterior no estaba muy en mis cabales y pude haberla lastimado seriamente. Ella siguió callada pero ya no me miraba a mí, sino a cualquier cosa que estuviera en el trayecto de su mirada.

Por favor, Isabella… ¡habla!

Dije en una súplica y me miró levemente negando sutilmente con la cabeza. Casi suspiré tranquilo pero también podía estar mintiendo. Ella estaba nerviosa y tenía miedo, podía verlo y yo no quería hacer o decir nada más que empeorara mi postura frente a ella.

Te he subido algo para que desayunes dije tragándome mis propios temores mientras le acomodaba la mesita sobre sus piernas bajo su atenta mirada. Necesitas comer algo, Bella.

Estudió lo que le puse en la mesa y titubeante, tomó el vaso de jugo con la mano temblorosa. Le dio varios traguitos y dejó a un lado el vaso para probar la manzana. Sonreí al ver que me hacía caso, masticaba muy despacito pero al menos estaba comiendo. Sin pensarlo, acaricié su pelo castaño y me incliné para besar su coronilla. Se quedó muy quieta.

Come tranquila, cariño, ahora vuelvo.

Salí de nuestra habitación para dejarla desayunar sin estresarla con mi presencia y bajé al estudio para hacer un par de llamadas. Todo quedó listo, solo faltaba que mi Bella accediera a acompañarme. Suspiré aceptando qué tan importante para nuestro futuro era que aceptara venir conmigo aunque, si lo pensaba mejor, cualquier cosa que dijéramos o hiciéramos ese día sería decisivo para nosotros, lo que fuera.

Sabía que estaba caminando sobre un campo minado y que al menor movimiento equivocado todo me explotaría en la cara, dejándome herido y más solo que nunca y  yo, no quería eso. Yo no quería mi vida sin Isabella en ella, no podía siquiera concebir la sola idea de no tenerla y sabía muy bien que para lograr que permaneciera a mi lado, tenía que empezar por ser honesto con ella y lo más importante… cambiar.

Regresé a la habitación y vi que Bella no había comido todo lo que le llevé. No iba a insistir, al menos tenía en el estómago el jugo y las frutas; conociéndola era todo un logro. Le sonreí y quité de sus piernas la mesita.

Ven la tomé de la mano, te sentirás mejor después de darte un baño.

Cuánto me hubiera gustado bañarla yo mismo, pero no quería abrumarla así que solo le preparé la regadera y dejé toallas a un lado. Isabella, muy obediente, comenzó a quitarse el pijama y tuve que salir del baño para no lanzarme sobre ella al ver su espalda desnuda. Maldije la reacción que en otro momento hubiera celebrado pero no podía evitarlo. Mi ser entero respondía ante ella y dolía no poder tenerla.

¿Cómo pude ignorar ese hecho cuando mi cuerpo y mi alma escupían fuego envenenados por lo que pensé que era una traición?

¿Por qué no pensé durante ese tiempo en como sería seguir adelante sin ella?

Escuché como cerraba el agua de la ducha y me apresuré a ir a verla. Necesitaba tener pensamientos claros y positivos si quería actuar adecuadamente así que con una sonrisa salí a su encuentro. Casi chocamos al salir yo de su clóset y ella al querer entrar; se tambaleó un poco y la sostuve de los brazos. No pude resistir su cercanía y la abracé. Isabella se tensó al principio pero se relajó a los pocos segundos. Me incliné un poco y pude oler su pelo recién lavado que desprendía ese inconfundible aroma floral y su piel… ¡Dios! Invitaba a morderla.

Me obligué a soltarla y tomé sus mejillas entre mis manos, levantando su rostro hacia mí.

Te he elegido algo de ropa mientras te bañabas; es algo cómodo le dije señalando las prendas colgadas en mi hombro. No podía decir más de un par de jeans, una blusa, un suéter y, por supuesto, la ropa íntima.

Gracias.

Dijo casi en un susurro que apenas escuché pero me sonó maravilloso; un gracias que para mí significaba mucho más, era una luz, una oportunidad, una esperanza de que todo se iba a solucionar y eso me dio más ánimos.

Déjame que te ayude.

Las palabras salieron de mi boca sin que me diera cuenta y, de la mano, la guié hasta la cama; sentándome en la orilla y ella quedando entre mis piernas. Isabella no protestó, solo se dejó hacer y yo no desperdicié ni un solo segundo en realizar mi tarea para tocarla, para conectarnos. Con determinación pero lentamente, le quité la toalla y tuve que hacer uso de toda mi fuerza de voluntad para no tirarla a la cama y hacerla mía en ese momento. Tomé un profundo respiro y me concentré en ponerle las bragas, las cuales subí con la mayor naturalidad que pude por sus piernas.

Isabella meció sus caderas de lado para acomodarlas y quise gritar. Mi polla también quería hacerlo, quería salir, hundirse en su cálido centro y tener un festín ahí. El brassiere era otra cosa. Intenté no mirar ese par de hermosos y turgentes senos pero me fue imposible, los tenía justo frente a mi cara, ¿cómo podría no hacerlo?, así que como si fuera algo que hiciera todos los días, sostuve los tirantes y ella metió los brazos. Me puse de pie y ya detrás de ella abroché la prenda que se acomodó un poco por delante. Con lo demás no tuve tanto problema así que Isabella ya estaba vestida y se veía hermosa.

De pronto, me quedé sin nada que decir. Ella miraba algo nerviosa por toda la habitación y yo tenía que empezar a hablar antes de que todo se dirigiera por otros caminos. Me senté de nuevo en la cama y sintiéndome osado la llevé conmigo, sentándola en mi regazo, acariciando sutilmente su espalda.

Bella, necesitamos hablar murmuré contra la piel de su cuello. Hay tantas cosas que tengo que…

Apenas dije esas pocas palabras cuando Isabella se cubrió el rostro con las manos y comenzó a llorar profusamente.

No, no, Bella, ¿qué pasa? intenté quitar las manos de su rostro pero se cubría con fuerza y no quise forzarla. ¿Qué sucede, cariño?, dime…

La abracé y su llanto aumentó. Sabía que no iba a decirme nada, conocía su hermetismo y no pensaba llevarla a los límites para que me dijera qué le ocurría.

Isabella, mírame le ordené con un tono más fuerte. ¡Mírame!

Finalmente, después de unos segundos me miró, sorbió un poco por la nariz e hipó un par de veces. Con mis dedos en su barbilla le hablé de nuevo más suave.

Creo que ambos necesitamos alejarnos un rato de aquí, ¿qué tal te sientes como para salir un par de días de la ciudad?, ¿te gustaría? Ella me miraba y me dio la impresión de que estudiaba mi rostro como si buscara el truco detrás de mi proposición, la doble intención, y en realidad sí que la había…

¿Recuerdas que no hace mucho te prometí un fin de semana solos? Alejados de todo y de todos, totalmente concentrado en ti, sin teléfonos celulares, ni nada de esta caótica ciudad que me distraiga de estar contigo… eso es lo que te estoy ofreciendo ahora, Isabella, ¿aceptas? 

Sus ojos derramaron más lágrimas que limpié con mis pulgares y algunas con mis labios. Odiaba verla sufrir y eso que la estaba consumiendo, me consumía a mí también al verme impotente para ponerle fin de una vez por todas pero tenía que ser realista y pensar que quizás, después de los próximos días, de mis confesiones, ya no me dejaría acercarme a ella porque tal vez, ya no querría saber nada de mí.

Una punzada atravesó mi pecho haciéndome casi jadear de dolor. Acaricié sus mejillas y pegué mi frente a la suya deseando con todas mis fuerzas que aceptara porque era mi última oportunidad de redimirme ante ella. Tenía que hacerlo, ella necesitaba saber que hice cosas y tomé decisiones a sus espaldas, que hurgué en su vida sin que ella supiera, porque de ninguna manera iba a seguir con ella ocultándole las acciones que hacían que me avergonzara de mí mismo.

Bella… nos debemos este tiempo.

Ella cerró los ojos fuertemente y asintió. Suspiré con alivio al saber que estaba dispuesta a escuchar todo lo que le había prometido decir pero así también, un sentimiento de angustia se alzaba detractor en mi ánimo. 

Entonces, ¿qué te parece si preparamos nuestras cosas? ella asintió de nuevo. Iremos al campo; no te preocupes por llevar nada formal, solo trae ropa con la que te sientas cómoda, ¿de acuerdo?

Isabella abandonó mi regazo y fue directo a su clóset. Yo hice lo mismo metiendo en una bolsa de viaje suficiente ropa para varios días ya que no sabía exactamente cuanto tiempo permaneceríamos ahí; por mí, nos quedábamos ahí todo el tiempo que se pudiera, solos. En media hora ya ambos estábamos listos y en la puerta de la casa. Paul y Jason subieron nuestras bolsas al Volvo mientras yo le daba algunas instrucciones a Dean pero de reojo vi que Isabella se acercó a preguntarles algo pero ninguno le respondió.

Abrí la puerta del pasajero instándola a subir. Lo hizo y cuando subí a mi lado, la confusión estaba pintada en su rostro. Agarré su mano y la acerqué a mis labios para besarla.

Bella, te prometo que todo va a estar bien, créeme.

Era muy difícil y hasta cínico de mi parte pedirle que creyera en mí, estaba muy consciente de eso, pero haría lo que fuera necesario para que estuviera tranquila y relajada. Ella asintió levemente pero no soltó mi mano. La mantuvo en la mía hasta que tuve que hacer los cambios en las velocidades para salir de casa. Rápidamente tomé la autopista M3 hacia Winchester y de ahí, un camino aledaño nos llevaría directamente a nuestro destino.


Puse algo de música para que el silencio no nos engullera y el camino se nos hiciera menos tenso. Parecía estar funcionando porque Isabella recostó su cabeza en la cabecera del asiento y su cuerpo estaba orientado hacia mí cuando cerró sus ojos. Me sentí tan bien por esa respuesta instintiva que casi mantuve durante todo el trayecto una sonrisa en mi rostro.

Al llegar a Winchester, nos desviaron hacia un camino en bastante mal estado debido a que estaban reparando la carretera principal y tuve que reducir la velocidad al mínimo para esquivar los enormes baches. Isabella se sobresaltó por el brinco del auto y sin pensarlo, puse mi mano en su muslo.

Edward, ¿qué pasa? se despertó alarmada.

Nada, cariño, es solo el camino que está lleno de baches, eso es todo mi mano palmeó su muslo un par de veces y luego lo acaricié de arriba hacia abajo, reconfortándola. No te preocupes, ya falta poco para llegar.

¿A dónde vamos?

Isabella no había hablado casi nada desde la noche anterior, así que escucharla de nuevo sostener conmigo aunque fueran dos preguntas me llenó de alegría.

A un lugar cercano a Salisbury, alejado de todo, como te prometí.

¿Cuántos días estaremos ahí? mi curiosa Bella entraba en acción.

Todos los que tú quieras le sonreí y asintió.

Volvió a acomodarse en el asiento y los cuarenta minutos que generalmente me tomaba llegar a la casa, se transformaron en casi una hora y cuarto por el deplorable estado del camino. Conduje los últimos metros por el sendero de sauces, tan antiguos que habían visto pasar algunas generaciones de la familia y ellos seguían firmes como fieles testigos de sus historias.

Hemos llegado, Bella murmuré suavemente a su oído, dejándole un pequeño beso detrás de la oreja. Isabella se sentó mejor y cuando vio la antigua construcción, su boca se abrió y levantó las cejas asombrada.

Esto…esto es hermoso exclamó llevándose las manos al pecho.

Me alegra que te guste. Ojalá que lo que vas a descubrir adentro no haga que odies este lugar solté sin pensar y desde luego, me arrepentí al ver que trataba de comprender lo que le dije.

¿Por qué lo dices?

Vamos ignoré su pregunta. Nos esperan para el almuerzo, ya estamos retrasados.

Bajé nuestras bolsas de viaje y me acerqué con ella a la puerta que estaba abierta en señal de que nos esperaban. Enseguida, Grace, la mujer que junto con su esposo Martin cuidaban de la propiedad desde que yo era un adolescente, salió a nuestro encuentro.

¡Joven Edward! saludó efusiva.

Que gusto verlo por aquí, joven expresó Martin.

Vaya, ustedes seguirán diciéndome joven aunque esté lleno de canas bromeé.

¿Cómo no hacerlo si lo conocemos desde… oh, disculpe. Buenas tardes, señorita dijo un poco tímida.

Grace, Martin, ella es Isabella clavé mi mirada en la suya, mi Isabella…

Su ceño se frunció levemente y la voz entusiasmada de Grace rompió la extraña conexión entre nosotros.

Es un placer conocerla y tenerla aquí, señorita.

Es Bella o Isabella agregó sin dejar de observar mi reacción.

Deje sus bolsas aquí, joven, yo las subiré a su habitación mientras Grace les sirve una limonada para que se refresquen antes del almuerzo.

Gracias, Martin dije y guié a Isabella al salón adelantándome unos pasos.

Este, es el cottage de la familia Cullen; es tan viejo que no podemos deducir exactamente desde cuándo nos ha pertenecido.

Isabella avanzó muy lentamente, casi con miedo de acercarse por completo. Todo ahí llamaba su atención, sus ojos recorrían cada centímetro del lugar, estudiaba todo con cuidado, como tratando de captar todo lo que ahí veía, la decoración ecléctica con los mullidos y acogedores muebles, las pinturas en las paredes, la chimenea, pero lo que atrajo mucho más su interés fueron la multitud de fotografías que estaban colocadas por doquier. En las propias paredes, en las muchas mesas, sobre la chimenea.

Se inclinó un poco sobre la primer mesita que se cruzó en su camino. Más de una docena de imágenes de un par de niños jugaba en los jardines del cottage, festejaban cumpleaños, fiestas de disfraces, fin de cursos, días de la madre, del padre, nadaban en un pequeño lago, celebraban navidades, estrenaban sus juguetes, presumían sus dentaduras incompletas…

Eres… ¿eres tú? me miraba realmente asombrada.

Sí, Bella, soy yo.





Pero… esa niña… ¿quién es? preguntó tomando una foto para estudiarla mejor y de inmediato se la quité de las manos.

Primero comeremos, ya tendremos todo el tiempo para que pueda explicarte quien es esa niña.

Pero, es que… Edward, el rostro de esa niña se me hace muy familiar insistió.

Lo sé, Isabella, lo sé.*





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Nenas, un capítulo más que espero les guste. Muchas gracias por todos los comentarios en el capítulo pasado, espero que en este también me dejen saber que es lo que piensan. 
Nos vemos pronto.

21 comentarios:

  1. OMG!!! Mira que nos hiciste esperar mucho tiempo por este capitulo!!! Como se entero que realmente Bella no se habia visto con Jacob? Quien le aclaro sus dudas?
    No tardes tanto tiempo en actualizar, estoy fascinada con la historia y me paso pegada leyendo una y otra vez los capitulos anteriores, me encanta, te felicito!!!

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  2. me encanto el capi Li, pero como nos dejas asi, no es posible, sera que bella lo perdone o no, oh dios ya quiero saber, otro capi pronto pronto

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  3. Todavia estoy un poco xoqeada por este jacob pero la historia esta muy buena... Solo una consulta es d cuabtos caps sera poeq ebo d prepararme mentalment para eso... Uy si cuidate muxo peqeña

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  4. Hola li, lo que edward necesita es enterarse de que jacob tambien los anda vigilando y ponerle un hasta aqui; lo bueno es que se viene algo de tranquilidad para que hablen y edward pida perdon de rodillas, ademas ya sabremos mas de elizabeth, gracias li, me encanta tu historia

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  5. Oh x DIOS li tu quieres matarme de un infarto cierto? Q es ese final x todo lo sagrado !!!
    Muero por leer el próximo
    Hasta entonces maddy

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  6. Por Dios, que suspenso!!! Profundo el capi de hoy, muy intenso, pero creo yo,que x mas amor que sienta las actitudes de Edward me parecen violaciones y por parte de Bella una desequilibrada, porque esa clase de violencia, no te puede exitar. Sin ofender y hasta la próxima.

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  7. ME HA ENCANTADO EL CAPITULO SOLO QUE NO SE COMO SE ENTERO EDWARD DE TODA LA VERDAD Y NO TARDES TANTO PORFA A Y EL CAP SE ME HIZO SUPER CORTO PERDON ES QUE ME GUSTA TANTO QUE QUISIERA QUE TODOS LOS DIAS ACTUALIZARAS JIJI

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  8. HOLA GRACIAS POR ACTUALIZAR TU HISTORIA QUE ME ENCANTA Y QUE BIEN QUE SE DIERON UNOS DIAS MAS EDWARD Y HABLN DE TODO LO QUE NO HAN DICHO QUE SEA LO MAS FUERTE O DIFICIL PERO QUE EMPIEZEN A TENER CONFIANZA EN CADA UNO DE ELLOS TMB BELLA TIENE QUE HABLAR LO QUE SIENTE LO QUE HA PASADO PARA QUE MAS ADELANTE NO TENGAN MAS PROBLEMAS PERO POR FAVOR QUE NO SSEPAREN NO ME GUSTA VER SEPARACIONES EN UN MATRIMONIO O PAREJA POR FAVOR (E TENIDO 3 EXPERIENCIAS DE DIVORCIOS Y NO SON AGRADABLES NO EN MI PERO EN MI FAMILIA SI PAPAS Y HERMANOS ASI QUE POR FAVOR TE PIDO QUE NO HAYA SEPARACION) QUE ESTEN SOLOS UNA TARDE O UN DIA PARA REFLEXIONAR PERO QUE SE PUEDAN PERDONAR LOS DOS Y YA NO VUELVAN A COMETER EL MISMO ERROR DE NO TENER CONFIANZA ENTRE ELLOS ASI QUISERA QUE FUERA PERO COMO TU LA HAS HECHO ME ENCANTA ES SOLO UN COMENTARIO Y BASTANTE LARGO VERDAD SUBE PRONTO POR FAVOR HASTA LLA PROXIMA Y AHORA LO HICISTE MAS CORTO O ES LO EMOCIONATE AJAJAJA martha

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  9. Muchas gracias Liii, me encanta este capítulo, creo que es hora de que el confiese muchas cosas. Un besazo enormeeeeeeee

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  10. Me encanta leer tu historia en el blog,( no lo puedo evitar)mejor que en ff. Egoistamente me importa un bledo que Edward se sienta fatal, merece un castigo por actuar como un cabron y dudar de la pobre Bella. Ella no se merece para nada el castigo y el sufrimiento de pensar que ya no la queria , espero que no meta la pata de nuevo y sea sincero hasta el final.
    Como siempre me quedo con más ganas de capitulos, e imaginando posibles respuestas a todas las dudas, soy muy pero que muy egoista por pedir esto, pero no tardes en actualizar.
    Muchos saludos. Carlota.

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  11. AAHHHHHHHHHHHH que tal cap, me encanto ahora la situacion se vuelve mas dificil de maneja
    Me muero por leer el siguiente
    Gracias.Saluditos.
    PILI

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  12. hola Querida Li, que te puedo decir de esta historia que ya no te hayan dicho, creo que en resumen es genial, y la violencia y extremos de esta relación solo lo entendemos quienes estamos acostumbradas a este tipo de fic, lei un comentario mas arriba que no me gusto, porque nadie te obliga a leer y se supone que en el juego del amor todo es valido, y lo que ocurre con consentimiento no esta mal....pero en fin, pasando al asunto verdaderamente importante es que la historia fluye y cada dia me sorprende el vuelco que han dado las cosas y nada se da por sentado. Me gustaría saber si Ed le va a confesar todo, ya que en capítulos anteriores el ha decidido que no le dirá toda la verdad al menos la parte en donde el fue al instituto a investigar por su cuenta.
    solo quiero, como todas las chicas que comentaron que se enfrente a jacob y sepa que el perro tambien esta investigando, el tipo esta verdaderamente enfermo de la cabeza, solo el podia creer que bella lo deseaba....por favor no nos abandones tanto tiempo, y no te olvides de nosotras tus lectoras fieles.
    y gracias por compartir!

    Karo29

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  13. Madre mia !!!!! que capitulo, y todabia nos preguntas si nos gusta? impresionante, no hay palabras, espero y deseo que nos deleites con muchos capitulos mas, creo que no me cansaria nunca de leerte continuamente,Gracias por esos momentos.Fina Madrid.

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  14. Por favor!!! Nuevo capitulo, me tienes en agonia esperando por el siguiente, quiero la confesion de Edward y la reaccion de Bella y quiero saber como fue que el se entero que todo era una trampa de Jacob.
    Me encantan tus fics, me fascino Eres todo lo que tengo y ahora me tienes enganchada semana a semana esperando por los capitulos de este.
    Te felicito esta buenisimo!!!!!

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  15. Hola me encanto el capitulo super interesante pirfi actualisa pronto .. Saludos para ti y todas las anciosas lectoras como yo ;-) jajaja

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  16. Los dos ultimos capitulos..... impresionantes, no sabria que calificativos ponerle, porque me quedaria corta, siempre corta, pero mañana ya hace un MESSSSSS que pusisteis el ultimo !!!nos habeis olvidadoooo!!! por favor reponer ya, yo desde hace ya dos semanas miro todos los dias pero nada, que desilusion,

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  17. Dios!!!!!! Acosadora es llamarme poco, me paso todos los dias para ver si hay capitulo nuevo.

    Porfa, porfa..............pronto.

    Saludos. carlota

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  18. Hola me encanta esta historia pero me he dado cuenta que no has actualizado y ya llevo varias semanas esperando a ver que sucede escribes genial, por fis no demores mucho en actualizar me tienes con los pelos de punta por saber que pasara te sigo en FF un abrazo patricia1204

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  19. Hola solo espero que no te este pasando nada malo nunca demoras tanto para actualizar pero ya va d un mes porfa no nos olvides SII
    saluditos Pilar

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  20. Todo bien... ya ha pasado mar de un mes y no hay actualización ya no nos castigues pliss.
    saludos

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  21. hola porfa ya actualiza espero y estes bien pero soy una acosadora todos los dias checo si ya hay cap. nuevo y nada porfa no nos abandones creeme he leido infinidada de fic y muchos libros eroticos que han salido y la historia que mas me atrapo es la tuya me encanta ese edward es perfecto amo como escribes de verdad tienes mucho talento

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