jueves, 20 de septiembre de 2012

Haciendo valer mis derechos.


“Un poco de rebelión de vez en cuando es buena cosa”.

Thomas Jefferson

EDWARD’S POV

Una vez más fui consciente que esa mujer era única y tenía que asegurarme que fuera mía por el resto de mi vida. Sí, la quería conmigo por siempre, como mi mujer y como… mi esposa.

***

Después de meditarlo mucho, y no porque fuera una decisión tomada en medio del huracán de sentimientos al que siempre me llevaba Isabella, cada vez estaba más seguro de lo que quería.

Casarme con ella traía beneficios que aprovecharía al máximo y que eran invaluables en esos momentos. De entrada, con el sólo hecho de estar comprometidos, atraería toda la atención provocando una búsqueda insaciable por conocer todo acerca de Isabella. Lo que era un milagro, era que todavía no hubieran escudriñado todo lo que pudieran encontrar sobre ella, ya fuera bueno o malo, preferiblemente lo segundo ya que eso significaría ganancias inimaginables para las revistas amarillistas.

Por fortuna solamente encontrarían que no nada más era una chica muy hermosa, culta y educada, si no también la heredera del emporio acerero más grande de los Estados Unidos, colocándola en un estatus de intocable. Nadie por ningún motivo, causaba un daño o agredía a un personaje público tan importante e Isabella lo era, y si ser sólo una Swan no era suficiente, era la mujer que había elegido para pasar juntos el resto de nuestras vidas.

¿Quién en sus cinco sentidos se atrevería a hacer algo en contra de la futura esposa de Edward Cullen?

Desde luego nadie que se preciara de valorar en algo su vida y yo estaba dispuesto en ir contra quien fuera para mantenerla a salvo y protegida sin importarme nada.

Otro factor que no debía olvidar, era que el que nos hubieran visto en público relativamente muy poco, la había ayudado a mantener su anonimato. Eso definitivamente y sin quererlo, me había dado el tiempo necesario para poder investigar acerca del hijo de puta de Black y poder armar el plan para acabar con él, aunque esa investigación me estaba pareciendo interminable porque mientras más ahondábamos en el asunto, más mierda encontrábamos.

***

Black&Motors se constituyó en el año 1985. William Black fue su creador y presidente hasta el año 2009 cuando su hijo Jacob asumió la presidencia después de haber concluído sus estudios en Mecánica y Diseño Industrial Automotriz. Originalmente era una empresa pequeña que se dedicaba a la producción de autos económicos y de alto rendimiento, pero con la llegada de Jacob Black con sus ideas innovadoras y sus decisiones arriesgadas, se fusionaron con Spare Parts Co., la gran empresa de renombre fabricante de refacciones, convirtiéndose en poco tiempo en la productora automotriz con más futuro en América por tres años consecutivos. Apareció también en la lista de los 100 mejores empleadores y eran admirados por la magnificencia de sus instalaciones entre los ejecutivos de otras empresas.

Black&Motors creció exponencialmente en su área original permitiéndole introducirse en otros rubros como lo era la producción de neumáticos y cristales blindados, asociándose de paso con prestigiosas compañías de seguros avalando la calidad de sus productos.

–Y hasta ahí va a llegar porque a partir de hoy, no descansaré hasta ver al infeliz perro de vuelta a su país y en la bancarrota más grande o con un poco más de suerte, encerrado tras las rejas.

Me puse de pie mientras le hablaba a los hombres que hábilmente, encontraron el punto más débil en Black&Motors y sonreía malévolamente. Después de muchos días de analizar cientos de datos, de estudiar diversas estrategias y calcular daños, había tomado por fin la decisión que parecía más certera y letal para Black.

Con mi autorización, se había lanzado la bomba y la Unidad de Investigación de Fraudes Graves del Reino Unido, ya había iniciado una investigación sobre ciertos rumores por pago de sobornos y tráfico de influencias para obtener contratos en América Central, América del Sur y Europa.

Sólo me quedaba esperar a que procedieran y se ejecutaran las órdenes para sacar a Black del país con todo y sus carritos. Pero mientras eso sucedía y los resultados llegaban no me quedaría esperando sentado. Mi equipo y yo seguíamos recavando toda la información posible y construyendo teorías para que el destruir a Black no se nos fuera de las manos. Si no, daría el segundo paso al que le estábamos dando los últimos toques y dejándolo listo. Atacaría por donde fuera necesario para eliminarlo.

–¿Ya hay una fecha segura para la inauguración de su planta? –pregunté mientras miraba el día lluvioso por el gran ventanal.

–Sí –respondió enseguida Wilkinson–. Es el cuatro de abril. Es obvio que algo muy importante lo retrasó como para posponerla tantas semanas.

–Sin duda, pero eso nos dio tiempo para descubrir más cosas sobre esta sucia porquería de empresa –Ronan sonrió satisfecho. Era un hombre de mi entera confianza y trabajaba duro, sin duda era un respaldo imprescindible para mí.

–¿Te aseguraste de lo que te pedí?

–Descuida, Edward –su sonrisa se volvió perversa–. Si todo procede, harán todo cómo y cuando tú lo pediste.

Nada podía estar mejor. Los ojos de la Unidad de Fraudes ya estaban sobre Black y ya no habría nada que hiciera por el resto de su vida que lo anulara de estar bajo la mira de la justicia.

Disfrutaba al igual que ellos de lo que era una espera nerviosa y ansiosa, podría decirse que hasta resultaba placentera pero el momento se diluyó en cuanto vi el adusto rostro de Perkins que entraba a la sala de juntas. Tomé mi saco y me dirigí a mi oficina con él siguiéndome los pasos. Al llegar me acomodé en mi sillón y asentí.

–¿Qué me tienes?

–Black ha estado haciendo algunas preguntas, nada de importancia pero con mayor razón hay que mantenernos alertas –me informó–. Tengo algunos hombres más siguiéndolo a todas partes. Ya tiene una residencia fija que está vigilada las veinticuatro horas del día.

–¿Sus actividades?

–Black pasa la mayor parte del tiempo en la planta automotriz, sale algunas veces a comer o cenar a buenos restaurantes pero no concurre a bares, ni a clubes, ni mantiene una vida social activa. Está dedicado cien por ciento a su agencia.

–Con más razón hay que mantener un ojo encima de él, no es su naturaleza tanta pasividad pero estaremos preparados esperando que rompa su aburrida y monótona rutina; no creo que aguante por mucho más tiempo sin dejar salir al animal que lleva dentro. ¿Has encontrado algo más?

–Estoy en algo, señor, apenas concluya con eso le informaré inmediatamente.

–Muy bien, Perkins, si es todo puedes retirarte –lo despedí y entró Dean, mi hombre de confianza más cercano.

–¿Cómo va todo, Dean?

–Bien, señor, todo está bajo control –dijo tranquilo.

–¿La seguridad de Isabella?

–Cubierta, señor Cullen. Van tres elementos más en un auto común que la sigue además de los que ella conoce y la casa también está vigilada en todo momento así como la casa de sus padres –permanecía de pie y tan serio como siempre.

–Bien, Dean, eso es todo –dije y se retiró.

Una vez concluidos todos los informes como cada lunes, de no ser que sucediera algo extraordinario, me estiré y los músculos de todo mi cuerpo tronaron. Seguramente estaba perdiendo condición y después del extenuante fin de semana que pasamos Isabella y yo, era normal que protestaran. Tenía que solucionar eso a la mayor brevedad.

Le pedí a Katie un expresso para continuar con mi ocupado día ya que no sólo enfocaba mi atención al maldito sarnoso de Black. También tenía una empresa que dirigir y no solamente mis intereses e inversiones estaban puestos en ella sino que los de muchas personas que habían depositado su confianza en mis habilidades y que esperaban resultados por los negocios realizados, como Emmett y Jasper que no sólo habían invertido capital sino que eran mis mejores amigos y trabajábamos codo a codo en algunos proyectos. Ya era hora de ponernos al día después de tanto tiempo y habíamos quedado de vernos esa tarde.

–¿Brasil? –gritó Emmett negando enérgicamente con la cabeza.

–No puedo moverme de aquí en estos momentos –dije con firmeza.

–Yo tampoco –alegó–. Lo mío con Rose está empezando a caminar de nuevo y no quisiera irme cuando tanto trabajo me está costando hacer que confíe en mí otra vez.

–Llévala contigo.

–Si aceptara sería increíble, pero dudo que lo haga, no todavía.

–No hay de otra, Jasper y tú tienen que ir en mi lugar. Saben que iría si pudiera –me pasé la mano por el pelo por centésima vez, estaba agobiado.

–¿Qué sucede, Edward? –Jasper por fin habló.

–Tengo un asunto muy importante aquí que requiere mi presencia. Yo sé bien que soy quien se encarga de los permisos y los primeros procesos legales pero…

–Suéltalo de una vez –me insistió. Jasper y Emmett me conocían bien y supe que tenía que decirles del problema que traía encima. Solté todo el aire que guardaban mis pulmones y asentí. Mis amigos me prestaban su completa atención.

–En el internado, un tiempo después del baile de fin de cursos –miré a Emmett porque sabía bien a qué baile me estaba refiriendo–, un tipo abusó de Isabella.




Emmett se tensó y se puso lo más derecho que pudo en esa silla de bar. Me miraba con el ceño fruncido y los puños cerrados sobre la mesa. Su mandíbula apretada se soltaba por milésimas de segundo para intentar hablar, hasta que pudo con esfuerzo, articular las palabras.

–¿La… la violó?

Negué con la cabeza baja.

–Malditos hijos de puta –escupió Jasper con odio golpeando la mesa con los puños.

–No, pero lo que le hizo es igual o peor a una violación –no me estaba siendo nada fácil contarle a mis amigos la agresión de mi Bella.

–Dios… ¿Qué le hizo?

–La maltrató mientras sus estúpidos amigos sostenían a Isabella y lo alentaban –respiré para calmar una punzada en mi pecho–. Después la dejaron herida e inconsciente, tirada en un asqueroso lugar que era más bien un basurero. La abandonó a su suerte el muy…

–Estoy seguro que hay una relación entre quien le hizo eso a Bella y el que violó a mi Rosalie –exclamó alterado–. ¡Estoy seguro! ¡Seguro!

–Cálmate, Emmett –advirtió Jasper–. No puedes saber eso si no tienes ningún dato sobre ese tipo¿Tú al menos tienes algo, Edward?

–Isabella se mantenía hermética. Me frustraba, así que decidí contratar un investigador y además, fuimos juntos al internado para ver si hallábamos algo que nos diera una pista, lo que fuera para poder encontrar a ese mal nacido.

–¿Y?

–Encontramos mucho más de lo que pensamos, Jasper… el dormitorio de Liz era el que estaba justamente debajo del de las chicas. La noche que Isabella fue atacada, mi hermana, ¡mi propia hermana la ayudó a llegar a su dormitorio! –la punzada en mi pecho se hizo más fuerte.

–Por un carajo –musitó Jasper–. ¿Crees que eso también tenga relación con lo que sucedió con Liz?

–Estoy seguro que sí –insistió Emmett.

–Ahora mismo puedo creer lo que sea, y más cuando el hijo de puta de Black ha aparecido. Ha visto a Bella y la ha llamado, como si se encontrara con una vieja amiga.

–¿Black? –inquirió Emmett.

–Así se llama, Jacob Black. El mismo cerdo dueño de Black&Motors.

–Quiero el número de tu investigador –pidió Emmett y asentí–. Lo necesito porque mi Rose no quiere ni hablar del tema, mucho menos querrá confesarme el nombre de ese animal.

–Isabella lo hizo hace apenas muy pocos días pero yo ya tenía mi plan estructurado, a ese bastardo le quedan las horas contadas.

Les conté con un poco más de detalles todo lo que había urdido con mi equipo y de inmediato me dieron la razón de porqué no quería poner un pie fuera de Londres. Acordamos su próximo viaje y puse a su disposición el jet de la empresa así como todo lo que requirieran para cumplir con un deber que era sólo mío y que ellos, como los amigos que eran, responderían por mí.

Así también, Jasper dijo que se daba una idea de todo por lo que estábamos pasando y se comprometió para intentar obtener cualquier tipo de información que ayudara a encontrar una relación entre las agresiones sufridas a Isabella, a Rosalie y lo ocurrido a mi hermana Liz, porque después de discutir un buen rato, estuvimos de acuerdo en que eran demasiadas coincidencias como para ignorarlas.

Al principio no me hizo nada de gracia su ofrecimiento porque simplemente, Alice era un ser que me resultaba insoportable, pero si era para ayudar a Bella, aceptaba, aunque fuera a regañadientes.

Nos despedimos y me fui a casa. Necesitaba tener a Isabella entre mis brazos. La urgencia me consumía al dirigirme a nuestra habitación pero para mi infortunio, la encontré dormida.

La mañana siguiente, al subir del gimnasio, un olor me golpeó de frente. Café, huevos, pancakes, jugo y mucha fruta. Me asomé sudado a la cocina y la encontré preparándome todas esas delicias envuelta en un vestido que le quedaba muy bien.

–¡Oh no! Primero tienes que darte un baño, vestirte y luego puedes bajar para desayunar como la gente decente –me dio un manotazo suave por tomar un pedazo de fruta con mis dedos.

–¿Me está usted dando una orden, señorita Swan? –enarqué una ceja.

–Sí. ¿Algún problema? –preguntó pícaramente.

–¿No será que está usted equivocando sus funciones? Aquí el que ordena, soy yo –rodeé su cintura con mi brazo atrayéndola a mí.

–¿Quiere usted ordenarme algo?, ¿quizás me he ganado un par de nalgadas por insolente? –se mordió el labio, provocándome.

–Qué más quisiera que poder darle su merecido, pero tengo el tiempo justo para un baño rápido y bajar para desayunar con usted –mordí su labio superior y gimió haciendo que mi polla respondiera–, pero voy tomando nota de las nalgadas que le debo. Una noche de estas me las cobro todas juntas, señorita insolente.

–Cuando usted quiera, Señor –bajó la mirada a mi polla que brincó desesperada.

Shh, calma amigo, no hay tiempo hoy.

Y no hubo tiempo, esa noche ni las tres más que siguieron. Entre la impaciente espera por una respuesta de la Unidad de Fraudes, la cercanía al cuatro de abril y la empresa, tenía todo el día y la mente ocupada. No tenía ni un minuto libre y no podía darme el lujo de tomármelo. La construcción del resort en Bali estaba detenida por el estallido de una huelga y los contratistas estaban en espera de que se solucionara en cualquier momento. Decían que no era necesario que ningún ejecutivo de la compañía fuera ya que ese tipo de situaciones eran muy comunes. Me aseguré de que así fuera indagando por todas partes y una vez convencido, me resigné a esperar el término del paro aunque me mantuvo en la oficina todo el fin de semana.

Durante casi una semana completa no la vi despierta y sólo me abrazaba a ella por las noches; ese contacto era lo único que me recordaba que ella era real y que estaba conmigo, en mi vida. El lunes, sin embargo, comimos juntos. Se veía radiante y feliz. La besé como si no lo hubiera hecho en años y sentí que volvía a recargar mis energías. Tanto así la necesitaba.

Pedí al centro y mientras me servía la observaba embelesado. Hablaba y hablaba sin parar y sonreía.

–… y hoy acompañé a Carmen y a Esme a visitar la biblioteca que va a redecorar. Según tu madre necesita mucho trabajo pero se ve tan emocionada que te contagia –me explicaba.

–¿Saliste hoy? –fruncí el ceño–. No me avisaste que lo harías.

–Bueno, te envié dos mensajes –me aclaró–, si los hubieras leído lo sabrías, además, Dean fue conmigo, no se me despega ni a sol ni a sombra.

Levanté ambas cejas sorprendido. No quise sacar mi teléfono porque era obvio que había olvidado revisarlo y no había leído sus mensajes. Estaba agobiado.

–Sabes bien que es necesario –afirmé.

–Edward… últimamente estás muy presionado, ¿pasa algo en la empresa que te tiene así? –se inclinó hacia mí preocupada.

–Lo de siempre, Isabella –respondí serio–. Dime, ¿ya cambiaste todas tus cosas a nuestra habitación? –se acomodó en su silla.

–Sí. Desde la semana pasada –dijo y tragué en seco. Sin nada en qué ocuparse y conmigo ausente todo el tiempo no lo debía estar pasando muy bien–. ¿Cuándo volverá Harriet?

–Quiere darnos nuestro espacio y por eso se tomó vacaciones indefinidas, pero volverá cuando yo la llame –asintió.

Nuestro almuerzo no resultó ser muy agradable después de todo. Estuvimos relajados al principio y contentos de vernos pero poco a poco el ambiente se fue tensando. Era normal, yo presionado, ella sola…

Otra semana transcurrió sin novedad. Black no siguió indagando sobre Isabella pero eso en lugar de mantenerme tranquilo me ponía alerta, esperando cualquier movimiento inesperado de esa rata miserable.

Emmett se puso en contacto con Perkins. Éste, se volcó sobre la investigación que realizó en un principio y revisó foto por foto, datos, juegos, reuniones, salidas, y pudo deducir que el chico que en aquel entonces era novio de Rosalie, era Royce King II.

El tipo era un bueno para nada y como muchos aristócratas de antaño, vivían de su nombre mientras se comían su fortuna. Presumían de mucha alcurnia y sólo eran una gran pantalla. La familia de Royce tuvo demasiado pero su padre se jugó su riqueza en Montecarlo lo que llevaba a King a vivir de las amistades pudientes que aún lo recibían en sus grandes mansiones, palacios y haciendas en el campo.

Como si eso fuera poco, Perkins encontró que tenía dos cargos por asalto y violación aún pendientes y que milagrosamente esos procesos estaban congelados mientras que la sanguijuela se paseaba libre por los lugares más bellos de Europa.

Perkins no halló alguna relación directa entre Black y King pero seguía intentándolo. Lo seguro, era que hasta ese momento no había nada que indicara que mantenían algún tipo de contacto y que así fue desde que Black dejó en internado.

Cuando Perkins expuso sobre mi escritorio las fotos de King, donde habían un par de ellas con Rosalie, se necesitaron dos hombres de seguridad además de Jasper, Perkins y de mí para evitar que Emmett destrozara de la rabia mi oficina. Lo comprendía perfectamente y también debía hacerle entender que no podía simplemente pararse frente a él y molerlo a golpes o darle un tiro entre las cejas. Teníamos que ser más inteligentes, acabar con ellos y aún tener las manos limpias. Sólo así haríamos justicia para Isabella y Rosalie y nos daría paz, sólo así.

Aún así, visiblemente afectado por la información, Emmett voló a Brasil junto con Jasper. Le haría bien alejarse de Rosalie aunque fuera por unos días para aclarar su mente y entender como debía proceder.

Iba a ser muy duro para él dejarla pero estaba consciente que también ella necesitaba espacio. Según Emmett, después de navidad, Rosalie se encerró en si misma y con mucho esfuerzo y comprensión, estaba logrando que se abriera a él de nuevo. También estaba bajo terapia y eso la estaba ayudando a aceptar lo que le había ocurrido y a no negarlo.

En cuanto a su relación, no estaban como antes pero Rosalie ya no le tenía miedo. Salían como una pareja normal y Emmett la acompañaba a todas partes. La había ayudado a buscar un departamento e instalarse pero de ahí no pasaban. No importaba porque, obviando lo de King y la enorme limitante de la abstinencia, mi amigo se veía feliz.

***

Como ya era costumbre llegué a casa y la luz de la habitación estaba apagada. Hice una mueca de disgusto. Toqué el interruptor y me quedé inmóvil al ver la cama vacía. Maldije como nunca antes mientras me dirigía al cuarto de juegos. Seguro me estaba esperando en la puerta pero ella no estaba ahí. Empezaba a formarse una presión en mi pecho al ir revisando cada una de las habitaciones sin encontrarla, hasta que entré a su antigua habitación y la vi dormida sobre el tocador que había habilitado como escritorio poniendo sobre él su computadora.

Isabella estaba tan profundamente dormida que ni siquiera se dio cuenta que la llevé a la cama; la tendí sobre ella y sonreí al ver lo adorable que se veía vestida con mi ropa que le quedaba enorme. Muy despacio comencé a abrir cada botón de la camisa y sus pechos saltaron al igual que mi polla que despertaba de un largo e impuesto letargo. Extrañaba tanto su cuerpo, su piel, sus gemidos, su respuesta a mí, que rogaba no correrme rápido como un adolescente inexperto.

Isabella se removió un poco y de inmediato atrapé sus labios, succionándolos para después hacerlo con su lengua. Gimió y poco a poco fue despertando, ayudándome a despojarnos de la ropa, para poder tocarnos y saborearnos sin nada de por medio.

En esos momentos mi ansiedad por poseerla era tanta que tuve que obligarme a ir despacio, a dosificar la intensidad de mi deseo para hacerle el amor y no sólo invadir su cuerpo para liberar mi tensión sexual. Yo amaba a esa mujer y su cuerpo me llamaba, me cantaba como una sirena hipnotizante, haciéndome imposible no demostrarle el amor que sentía por ella.

Besé sus hombros y su pecho, adoré cada uno de los montes que se alzaban en él y los consentí con mi boca mientras sus gemidos de placer seguían cantándome e invitándome a más. Mis labios recorrieron la piel de su vientre, sus piernas; una de mis manos seguía masajeando uno de sus senos al mismo tiempo que la otra se abría paso entre los pliegues de la unión de sus piernas que me engullían en esa calidez que al sentirla me dejaba con muy poca voluntad.

Su centro estaba húmedo, listo para recibirme entero y no tarde en colocarme sobre ella y entre sus piernas. No podía resistir un segundo más sin hundirme en mi mujer que aún medio dormida, decía mi nombre entre jadeantes “te amos”.

Eso era lo que al final del día, hacía que todo valiera la pena.

***

–Edward, no creo que sea conveniente enviarles todos esos datos –Ronan negaba con la cabeza, algo preocupado–. Debemos ser prudentes en cómo manejamos toda esa información porque tal vez ellos quieran llevarse todo el crédito de la investigación cuando todo esto salga a la luz.

Aflojé mi corbata y me la quité, pasándola sobre mi cabeza y aventándola por ahí. Me senté en la orilla del escritorio y dije…

–Ya estamos en el barco y lo único que me importa es ver muy lejos de aquí y arruinado a ese maldito cerdo, ya lo sabes, así que facilítales a los de la Unidad de Fraudes todo lo que requieran pero recuérdales cual es la condición.

–¿Estás seguro?

–Completamente.

–Creí que querrías que el tipo supiera quien estaba detrás de todo esto.

–Black no es ningún idiota. En algún momento comenzará a atar cabos y lo sabrá –sonreí–. Esa será mi mayor recompensa, el que sepa que después de todo nadie se va de este mundo sin pagar por el mal que ha hecho y que yo me aseguraré que él empiece a pagar muy pronto.

La puerta se abrió y entró Katie con el ceño fruncido.

–Edward –empezó a señalarme con un lápiz–, luego no te preguntes porqué esa pobre chica viene y arma un lío en la oficina. Tienes más de cinco llamadas perdidas y ocho mensajes de texto de ella.

–¿Pasa algo? –me puse de pie alarmado.

–Nada grave –respondió aún algo enojada–, Isabella sólo quería recordarte que hoy por la noche es la presentación a los medios de la campaña de Newton’s. Me pidió que te dijera que… seas puntual.

–No lo he olvidado –mentí–. Por favor, escógele algo lindo, de preferencia que tenga rubíes y envíaselo junto con un arreglo de flores. El más grande que haya –agregué y Katie arrugó la cara.

–¿Alguna tarjeta? –preguntó hosca.

–Haz uso de tu lado romántico y escribe algo por mí.

Sin decir nada más, se dio media vuelta y salió azotando la puerta.

–Muchacho –Ronan sonreía y negaba despacio–, lo que aún te falta por recorrer…

¡Já! ¿me lo decía a mí?, ¿qué mi kilometraje ya iba por la segunda vuelta? Me dio una palmada en el hombro, salió detrás de Katie y una vez que estuve solo volví a sumergirme en los pendientes de la empresa. Después de casi siete días la huelga se había cancelado y los trabajos habían continuado como si nada. La construcción ya estaba tomando forma y se vería imponente en ese maravilloso pedazo de tierra que tuve la fortuna de encontrar. Nuestra cadena de hoteles y resorts se iba ampliando y con la adquisición del terreno en Brasil y la futura apertura del resort en el que muy pronto empezaríamos a trabajar, nos estábamos abriendo una muy prometedora brecha para muchas más inversiones en tierras cariocas.

Esas eran excelentes noticias y me alegraban pero aún tenía que ocuparme del resto de la empresa. De las demás cadenas de hoteles, los casinos y los problemas mayores que tenía que resolver para que todo siguiera funcionando con la exactitud y precisión de un reloj de cuerda suizo.

Estaba muy concentrado revisando la nueva propuesta para el seguro de los empleados, la que nos significaría un ahorro y a ellos un alto beneficio cuando el teléfono sonó y di un brinco sobresaltado por el repentino repique. No hubiera contestado la llamada de no haber sabido que era algo importante ya que muy pocas personas sabían ese número.

–¿Si?

–¿Todavía sigues ahí? –Katie ladró–. Mira la hora, Edward, vas a llegar tarde a la presentación de Isabella.

Demonios. Se me había pasado el tiempo entre tantos asuntos– Gracias, Katie, te debo una.

Tomé mi corbata, mi saco y salí corriendo de la oficina. Era el colmo, ni siquiera pude estar pendiente del puto reloj para estar puntual como Isabella me lo pedía. De hecho no era nada en comparación a lo que ella me entregaba y yo no pude cumplirle con algo tan sencillo como estar con ella a tiempo.

Al llegar al lugar, ya casi no había nadie en la puerta, la entrada estaba libre de reporteros y pude ingresar en minutos. La música bajaba de intensidad y las personas comenzaban a acomodarse en sus mesas ya que la cena empezaba a servirse. Obviamente la presentación ya se había efectuado y me maldije al darme cuenta que mi Bella tuvo que aceptar el reconocimiento que le dio la empresa por el gran trabajo realizado sólo acompañada por nuestros padres, quienes sí tuvieron la delicadeza de ser puntuales.

Busqué con la mirada a Isabella y no tardé mucho en encontrarla. Estaba sentada en una de las mesas principales junto a Jane y nuestra familia; se veía espléndida con ese vestido de encaje negro, aunque su mirada era triste. Me acerqué a la mesa y saludé.

–Buenas noches – me incliné tomándola por los hombros y besando su mejilla suavemente.

–¡Edward! –todos me regresaron el saludo menos Isabella, sin embargo, sonrió con timidez.

Me senté a su lado y tomé su mano entre las mías entrelazando nuestros dedos, me la llevé a los labios y besé su dorso en una pequeña disculpa silenciosa. Ella sólo me miraba con los ojos muy brillosos y supe que le había fallado. La atraje hacia mí abrazándola fuerte.

–Lo siento –le susurré al oído–. Lo siento mucho, pequeña.

La solté después de lo que sentí como una eternidad ya que ella no dijo ni media palabra y me separé para verla directamente a los ojos, que seguían brillosos pero sin amenaza de desbordarse en lágrimas.

La presentación de la campaña a los medios era mucho más que eso. Newton había echado la casa por la ventana para dar a conocer la nueva imagen de su empresa y no había escatimado ni una maldita libra en ello. Un hermoso lugar, una estupenda orquesta y la magnífica cena junto con el mejor champagne, vinos y por supuesto, coñac.

Hubiera llegado a disfrutar de todo y desde luego de la inmejorable compañía, de no haber estado sintiendo en mi pecho la enorme carga de la culpabilidad; pero muy merecido me lo tenía por no escuchar y por creer que era capaz de manejarlo todo. Gran error. Había descubierto que algo no estaba bajo mi control y que no tenía idea de cómo manejar… Isabella.

–¡Cullen! Qué gusto verte –Michael se acercó a saludarme y me puse de pie junto con ella–. Mira todo esto –dijo orgulloso mientras miraba alrededor–. Tu chica es brillante, debes estar muy orgulloso de ella.

–Lo estoy –la rodeé por la cintura y la pegué a mi cuerpo para dejar un beso en su sien.

–Me tomé la libertad de aconsejarle lo que debería hacer para sacarle mayor provecho a su creatividad y al buen ojo que tiene para esto –Bella se tensó–, y Jane, es otra joya, ambas forman un equipo formidable. Después de ver lo que han hecho con la imagen de Newton’s sé que tienen un futuro más que exitoso.

Isabella sonrió agradecida y Jane se lo llevó de la corbata a la pista de baile. Él, feliz se dejó llevar y se perdieron entre la multitud que llenaba la pista.

–¿Quieres bailar? –le pregunté al oído pero me miró sin responder. Sin soltar su cintura la guié hasta la pista.



Los acordes de "The Way You Look Tonight" sonaban mientras Isabella se acomodaba a mí. Nuestras manos unidas a la altura de nuestro pecho, su mano libre descansando cerca de mi cuello y la mía acariciando la desnudez de su espalda, mi mejilla rozando su frente y la suya sobre mi pecho. Nos movíamos en un cadencioso vaivén envueltos por el ritmo de la canción.

–Bella, yo…

–Shhh –me ordenó callar mientras se presionaba contra mí.

Obedecí su orden y olvidé todo para poder disfrutar el momento, como seguro ella también lo estaba haciendo. Cerré los ojos y aspiré ese olor tan suyo que me alteraba los sentidos; presioné muchas veces mis labios en su frente y su mejilla se frotaba contra mí, como si me agradeciera. ¿Cómo era posible que esta mujer haya llegado a mí de esa forma?, cómo un precioso regalo que yo apenas estaba alcanzando a valorar.

¿Cómo no vi antes a la verdadera mujer que estaba a mi lado? Tan fuerte, decidida y orgullosa. Y por alguna extraña razón, ella quería estar conmigo. Por alguna extraña razón, ella compartía mis gustos. Por alguna extraña razón aceptaba todas mis condiciones. Sí. Porque por alguna extraña razón, ella me amaba…

–Quisiera sacarte de aquí, llevarte a casa y perderme en ti hasta que amanezca, pero no soy tan egoísta como para privarte de disfrutar esta noche –murmuré a su oído–, de tú noche.

–Bien –dijo quedamente–, porque tu padre y el mío me han pedido bailar con ellos.

Ignorando el sentimiento posesivo que me golpeó de pronto, la llevé a la mesa y antes de que Bella pudiera sentarse un instante para descansar, su padre me la quitó de las manos para que un par de canciones después mi padre hiciera lo mismo con él. Platicaba amenamente y sonreía con ambos mientras los viejos hacían gala de sus empolvadas dotes dancísticas, haciendo giros y pasos complicados haciéndola lucir etérea en ese vestido que parecía flotar a su alrededor.

–¿Me permites bailar con Isabella, papá? –la pregunta salía sobrando y no me importaba la respuesta porque Bella se encontraba ya en mis brazos.

–Claro, hijo –aceptó jadeante–. Es toda tuya.

–Desde luego que sí –aseveré.

–¿Podemos sentarnos? –pidió Isabella a los pocos segundos de haber empezado la canción–. Estoy un poco cansada –asentí y la guié a la mesa que estaba vacía ya que todos estaban bailando.

–¿Quieres ir a casa? –Bella me miró y luego dio un vistazo a la fiesta que estaba en su apogeo y después volvió su mirada a mí.

–Sí –murmuró apenas audiblemente en mi cuello–, llévame a casa.

***

En el camino de regreso ninguno de los dos hablamos. Sólo se acurrucó a mí y yo pasé mi brazo por sus hombros, si me estaba dando la oportunidad de ignorar o dejar pasar mi gran estupidez, no iba a ser tan imbécil como para romper esa muda tregua, al contrario, la usaría a mi favor para tratar de enmendar mi error.

Pero al llegar a casa vi que no iba a ser tan fácil. En la mesa del hall de la entrada había un descomunal arreglo floral y junto a él, un estuche grande y cuadrado de terciopelo negro, aún con el moño y el listón rojo alrededor. Isabella pasó junto a la mesa camino a las escaleras, ignorando los obsequios y yo, miraba como seguía su camino a nuestra habitación.

–¿Te espero arriba? –preguntó como si nada.

–Isabella…

La llamé pero ella apuró sus pasos desapareciendo al dar vuelta la escalera. Tomé el estuche y la seguí. Entré a la habitación y escuché como cerraba la puerta del baño. Estaba dispuesto a esperarla toda la noche si ella así lo quería y mientras lo hacía empecé a desvestirme, luego fui hasta la cama y comencé a despojarla de la infinidad de cojines que estaban encima, no recordaba que fueran tantos y entonces, con las luces de la habitación totalmente encendidas di una mirada alrededor.

Las lámparas de las mesas de noche eran nuevas así como las sillas junto a la ventana, la pantalla en la pared era un poco más grande y la banca a los pies de la cama era nueva también. Eran pocos los cambios pero cumplían su cometido, darle a la habitación un nuevo ambiente, uno más suave, más acogedor y desde luego más femenino que antes. Era el toque de Isabella y la verdad, me gustaba mucho. Me hacía sentir realmente en casa.

Un rato después, Isabella salió del baño envuelta en una bata blanca de seda y no en una de mis desencantadoras pijamas como pensé que lo haría.

–¿Necesitas algo? –me sorprendió al acercarse y darme un suave beso en la frente–. Voy a bajar a la cocina por un poco de agua.

–Bella, lo que necesito… es que me digas porqué no aceptaste mi regalo –puse frente a ella el estuche de terciopelo. Ella, con mucha calma, sacó la tarjetita detenida por el listón y me la dio. No quise leer lo que estaba escrito al ver que ni siquiera era algo de puño y letra. Tiré la nota y al levantar la mirada me encontré con una decepcionada y oscura.

–Rechazas mi obsequio –afirmé más que pregunté.

–No. Tú no lo elegiste para mí, pagaste por el que es muy diferente –dio un largo suspiro–. Yo no te pido nada, hoy no te pedí nada más que estuvieras conmigo puntual, ese iba a ser mi regalo, que disfrutaras conmigo de mi último logro, pero como si supieras que no iba a ser así me envías esto… devuélvelo, Edward.

Su voz se hizo pequeña pero no perdió la determinación al pedírmelo. Se dio media vuelta y caminó hasta su lado de la cama quitándose la bata y quedando completamente desnuda. Estuve a su lado en dos zancadas y la coloqué mis manos en su cintura antes de que se acostara y cubriera su cuerpo con las sábanas.

–Perdón –comencé a llenar de pequeños besos toda su cara–. Perdóname, mi amor, no fue mi intención…

–No tengo nada que perdonarte, Edward –tomó mis manos que ya habían llegado a su rostro y las bajó–. Conozco tus prioridades y las respeto. No te voy a pedir que cambies por mí, soy yo la que quiere adaptarse a ti, sólo creo que me tomará un poco para que cosas como la de esta noche no me afecten.

–No, Bella, no –la atrapé en un abrazo fuerte–. No siempre será así, te lo prometo. Esto acabará pronto y tendré todo el tiempo para ti, cariño. Y no quiero que tú te adaptes a mí, quiero que ambos nos acostumbremos a cada uno, a nuestras manías, a nuestros tiempos, a querernos… es más, ¿qué te parece si te robo un fin de semana entero?

Su carita se iluminó y así como se encendió, se apagó.

–¿Qué pasa?

–No quiero hacerme ilusiones, Edward. No quiero que llegue el día y por alguna razón me quedé sola esperando por ti. Si me hablaras, si al menos me dijeras qué es lo que te tiene tan ocupado y estresado… tal vez no pueda ayudarte pero en ocasiones hablar las cosas quita un poco el peso de ellas, pero Edward, eres tan misterioso a veces que…

–El fin de semana, Isabella –aseveré–. Ese fin de semana te lo dedicaré entero y sabrás qué es lo que me tiene tan… desconectado de todo.

Con la promesa de que pronto me sinceraría ante ella, Isabella se deshizo en mis brazos; nos acostamos en la cama, enredándonos entre las nuevas y suaves sábanas y me dejó hacerle el amor.

***

BELLA’S POV

Un fin de semana fuera de la ciudad y completito para mí.

Esa sí sería una muy buena forma de compensar lo desganada que estaba los últimos días y lo triste que me había dejado el que Edward no llegara a tiempo para ir conmigo a la presentación de la campaña de Newton’s.

También lo que me tenía nerviosa, era que mi padre me había preguntado porqué dejaba el trabajo que tanto me costó conseguir y que me estaba dando tantas satisfacciones. Esa ocasión, Carmen también estuvo de mi lado y no como una aliada sino como un apoyo. Ella no me preguntaba nada ni me pedía explicaciones, sólo me dejaba saber que ahí estaba si la necesitaba y yo me sentía tan cobijada por eso que, ¿cómo no darle ese lugar tan especial que sin pedirlo se ganaba a cada segundo?

Me costó mucho explicarle a papá que Edward me lo había sugerido y que yo, después de mucho pensarlo, decidí complacerlo, más que nada porque lo amaba y si eso le iba a dar una satisfacción, lo hacía con gusto

–No puedo creerlo –dijo apretando mi mano entre las suyas–. Edward ha logrado en unos meses lo yo no he podido en años. No pude convencerte de volver a casa al salir del internado, no pude convencerte de estudiar algo relacionado con el manejo de la empresa y tampoco pude convencerte de trabajar en ella.

–Oh, papá, no pienses así.

–No pienso nada malo, Bella, créeme. Sólo que esto me confirma una vez más que Edward es el único hombre que ves en tu vida, y eso está bien. Ya sabes lo que quieres, lo tienes y estás haciendo lo que una mujer enamorada hace, conservarlo.

–Sí, papá, lo amo –admití orgullosa porque me sentía y sabía correspondida.

–Lo sé. Veo en tus ojos esa misma chispa que arde en los suyos cuando te ve –la comisura de su bigote se elevó en lo que parecía una sonrisa–. Confieso que cuando lo vi parado en el hall de la casa declarando ser tu novio, lo odié. Pero luego me demostró que era un hombre digno de ti al dar la cara y defenderte de todo lo que pudiera hacerte daño, hasta de mí.

–Gracias, papá –me aferré a él apretando mis brazos a su cintura.

–Nada de gracias. Yo le tengo que agradecer a Edward por cuidarte cuando yo estaba tan ciego que no lo hice, pero ahora, estoy muy tranquilo porque sé que tú estarás siempre bien.

Me despedí de Carmen y de mi padre que pese a las insistencias de Esme y Carlisle de quedarse un tiempo más en Londres, continuaron con su viaje para después volver a San Francisco para afinar los detalles de la futura boda.

Después de la amarga despedida, quedé de verme con Jane para cenar. No nos habíamos visto después de la fiesta de presentación y según ella teníamos muchas cosas de que hablar.

–Dime que esa cara es porque tus padres se van y no por otra cosa –¡Dios!, odiaba que Jane fuera tan suspicaz a veces…

–De verdad, Jane, no sabes como detesto ese puto sexto sentido que tienes –el mesero se acercó y le pedí un Tom Collins.

–¿No escarmentaste con lo de la otra vez? –sus ojos se abrieron tan grandes como pudieron.

–Edward llega cuando yo ya estoy dormida, no lo notará –encogí los hombros restándole importancia al hecho.

–Pues entonces yo te acompaño con otro, ya no tengo a quien rendirle cuentas de nada –confesó como si nada y yo la miré perpleja por lo que esa declaración significaba.

–¿Qué? –pregunté sorprendida–. ¿Cómo está eso de que ya no tienes que rendirle cuentas a nadie?

–Ethan y yo terminamos –suspiró–. La noche de la borrachera fue la gota que derramó el vaso.

–Jane… lo siento mucho –le dije honestamente. Sentía mucho que por culpa mía su relación de años hubiera terminado.

–No lo sientas, Bella. Eso estaba destinado a terminar. Ya veníamos cargando con problemas serios desde hace un rato y esa noche no hizo sino apurar el proceso –tomó su vaso y lo levantó–. Salud por los cortes sin dolor.

Dimos un buen sorbo a nuestras bebidas y la miré frunciendo el ceño.

–¿Por qué no me habías dicho nada?, te guardaste todos tus problemas y no fuiste capaz de ser una verdadera amiga compartiéndolos conmigo –le recriminé dolida porque una vez más me sentí traicionada–. Estabas sentada según tú, sobre una bomba de tiempo y escuchabas pacientemente todos mis líos existenciales, domésticos, amorosos… ¿cómo fuiste capaz de hacerme eso, Jane?

–Una verdadera amiga no le da más problemas a otra, Bella –refutó–. ¿Cómo iba a agobiarte con los míos viendo como estabas tan sólo con los tuyos?, ¿crees que no quería compartirlos contigo?, ¿qué me dijeras que todo estaría bien?

–¿Y no se supone que para eso estamos las amigas?, ¿para compartir todo?, ¿lo bueno y lo malo? –negaba despacito con mi cabeza–. Me has hecho a un lado, justo como lo hicieron Alice y Rose.

–¡No! Yo no quise hacerlo mientras que ellas sí. Entiéndeme, Bella, por favor –me pidió con tanto sentimiento que no pude rehusarme. Después de todo tenía razón en algo; ella no lo hizo por lastimarme y siempre estuvo ahí para mí, dispuesta a ayudarme y sin darme la espalda.

–Amiga, perdóname por no querer respetar tus silencios, eso también va incluido en ser una buena amiga –le sonreí y después de perdonarnos mutuamente, me contó todo.

–Ethan tiene la idea de volver a Irlanda, pero no a una ciudad avanzada y desarrollada como Dublín, no. Él quiere poner a funcionar las tierras que recibió como herencia de sus abuelos. ¿Te imaginas eso?, ¿yo, en medio de un área infinita de color verde sin saber ni siquiera como coño se agarra un artefacto para sembrar o arar o como se diga? No, Bella, yo puedo quererlo mucho pero entonces él no me quiere a mí. Ethan sabe que llevarme en medio de la nada sería como enterrarme viva. Pretender que yo deje todo por hacer algo que no me gusta, algo por lo que luché para no tener que hacer, es demasiado para mí y no lo haré.

–¿Se lo explicaste así?, ¿él sabe como te sientes al respecto?

–Él ni siquiera me dio una opción como la tuviste tú, Bella. Ethan daba por hecho que yo debía seguirlo. Yo no tenía ni qué pensarlo, ya que si él así lo había decidido no había más que decir, pero yo no soy una granjera y si me rompí el alma para no serlo y lo seguía sin parpadear, me estaría traicionando a mí misma.

–Tienes razón. Tú debías elegir qué hacer, sin que Ethan se impusiera. Edward no lo hizo y eso tengo que reconocérselo.

–¿Ves? Ahora imagínate lo que era llegar a casa después de trabajar y escuchar el disco rayado de todos los días. Yo ya había pensado en terminar, sólo estaba preparando el terreno y esa noche necesitaba tanto esos tragos que no lo pensé y tomé como loca. Cuando desperté por la mañana sola en la cama y lo vi con sus maletas listo para irse, sólo pude desearle buena suerte y pedirle que dejara sus llaves en la mesa. Fui cruel, lo sé pero, ¿no lo estaba siendo él más?

–Por supuesto. Tú sabes mejor que nadie lo que he sufrido pensando en mis elecciones de vida, pero han sido eso, mis elecciones, no las que hace alguien por mí. Ahora estoy acostumbrándome a ellas y estoy segura que veré los resultados muy pronto.

–Entonces, ¿qué coño es lo que te tiene con esa cara?

–Que casi no veo a Edward y cuando lo hago está tan presionado… su cuerpo está conmigo pero deja su mente en la oficina. Algo lo tiene mal y me preocupa porque nunca lo había visto así, tan desconectado de mí…

–Bueno, creo que debes tener calma. Él es un hombre que no por nada ha llegado donde está. Ha tenido que mantener el nivel que Carlisle le cedió desde muy temprano y no sólo eso sino superarlo.

–En eso tienes razón, pero lo que me molesta es que no me diga nada, que no me cuente sus problemas –chasqueé la lengua–, otro que piensa que me agobiará si me cuenta lo que le pasa –miré a mi amiga–. No soy tan frágil, ¿sabes?, he pasado por muchas y aquí sigo.

–Edward lo sabe y yo también, sólo es que no queremos causarte preocupaciones, eso es todo.

–Bueno, pero tú y yo ya quedamos en algo y por cierto, si crees que no me fijé que Michael estuvo contigo gran parte de la noche estás en un error. Yo capto todo y tomo nota, así que empieza a decirme en donde quedó la espiritifláutica de la novia y qué hay ahí, porque huelo algo Jane y sabes que no me equivoco.

–La espiritifláutica quedó en ex. Al parecer, el soplo de mujer que es esa Tanya, tiene más de interesada que nada. Michael se dio cuenta que un abogado estaba indagando qué tanto de su empresa podría reclamar la anoréxica esa si se casaban y después se divorciaban. La mandó a volar sin pensárselo dos veces aunque descubrir cuales eran las verdaderas intenciones de la persona a la que amaba lo dejó devastado.

–¿Y tú como te enteraste de todo esto? –parecía que estaba escuchando una historia de película.

–Nos encontramos hace unos días en un restaurante. Como íbamos solos decidimos compartir la mesa y sin darnos cuenta ya estábamos contándonos nuestras penas. Desde eso nos hemos visto casi todos los días y mira…

Jane sacó de entre su ropa un dije en forma de estrella con diamantes pequeñitos. Era precioso.

–Me lo regaló la noche de la fiesta de presentación. Me dijo que yo era como la estrella que lo guiaba, lo que le daba fortaleza porque yo era su ejemplo a seguir.

–Vaya, me has dejado muda –acepté.

–Sólo somos amigos, Bella. Nos sentimos a gusto acompañándonos y no creo que suceda nada más allá de una amistad.

–Aún es temprano para que asegures algo como eso. Creo que nadie tiene una última palabra más que el tiempo y ha pasado muy poco como para definir que tipo de relación tienen o tendrán.

–Dime, ¿cómo has pasado estos días sin trabajar? –Jane, experta en cambiar de tema.

–¡Ahh, horrible! –me lamenté–. Ya mudé todas mis cosas a nuestra habitación, tuve que hacerme mi espacio en el clóset y clasificar la ropa que no es de esta temporada y acomodarla en mi ex clóset. También cambié un par de cosillas para darle un toque menos masculino a la habitación y aprovechando un día que salí de compras con Esme y Carmen, compré una producción entera de cojines para la cama, una banca, lámparas, algunas plantas, la pantalla, las cortinas, las sillas…

–Wow, ¿no quieres ir a aburrirte a mi apartamento?, me gustaría darle un nuevo look para sacar a Ethan de mis recuerdos de una buena vez.

–Cuenta conmigo, sólo dime que estilo te gustaría y por donde quieres que empiece –dije entusiasmada por tener algo qué hacer.

–¿Porqué no lo hacemos juntas? Yo redecoro el mío y tú…

–Y yo le doy una sorpresa a Edward con el mío –la interrumpí con mi idea–, y una vez que esté terminado, lo invito a cenar y lo estrenamos, ¿qué te parece?

–Fabuloso, amiga.

Los siguientes días nos concentramos en el apartamento de Jane, hicimos unas cuantas consultas a Esme que nos recibió en su casa y juntas estudiamos las fotos que mi amiga llevó para que pudiera darse una mejor idea de cómo era. Cenábamos en su casa y nos entreteníamos por horas mientras nos explicaba los puntos importantes que tomar en cuenta para hacer un trabajo elegante, de buen gusto y de calidad.

Fuimos de compras un par de veces y luego, poco a poco fuimos viendo la transformación del apartamento de Jane al que Esme le dio el visto bueno y la felicitó.

–Te quedó hermoso, Jane.

–Nos quedó, porque de no ser por ti nunca me hubiera atrevido a preguntarle nada a una señorona como Esme, impone tanto, pero es tan linda y te adora, Bella.

–Y yo a ella –reconocí–. Pero bueno, ¿cuando lo estrenaremos?

–Michael está desesperado por venir a ver conocerlo –se miró los pies–, me gustaría que él fuera el primero que viniera, es muy buen amigo.

–Creo que es lo más indicado, si tu buen amigo está tan insistente en venir pues para qué hacerlo esperar, ¿no? –dije guiñándole un ojo.

–Ahs, Bella, contigo no se puede –se giró para ocultar una sonrisa y luego volteó de pronto–. ¿Sabes?, me parece que aquí alguien se está haciendo la tonta y esa no soy yo.

–Sí, ya sé que te refieres a mí pero lo que no sé es el motivo.

–¿Cuándo empezarás con tu apartamento? –puso sus manos en la cadera y comenzó a chocar contra el suelo la punta de su zapato repetidamente.

–Ah, es eso –dije algo angustiada pero decidida a contarle a mi amiga–. Tengo algo en mente para mi habitación pero tengo miedo de que pueda resultar atrevido y de mal gusto.

–Demonios, amiga, pues qué quieres hacer, ¿recrear un burdel? –le sonreí perversamente.

–Un burdel no, pero un cuarto de juegos, sí.

***

A Jane le dio un infarto después de oír mi idea. Sólo pudo volver a la normalidad después de un shot de tequila. Sí, estaba comenzando a sospechar que nos estábamos volviendo ligeramente alcohólicas pero mientras reaccionáramos, me haría de la vista gorda.

La dejé en su casa tranquila para que preparara la cena especial para su amigo y yo me fui a hacer lo mismo pero para mi hombre. Esa noche lo esperaría aunque llegara a media madrugada así que tenía el tiempo de sobra para ir al supermercado a comprar el pato, la mermelada de higos, la de ciruelas, papas para el puré, mucha mantequilla y el pan francés preferido de Edward.

Caminaba por los pasillos del super y de pronto no pude contener mi risa estruendosa. En el reflejo de uno de los tantos espejos me vi con Paul, ya de vuelta conmigo, que empujaba el carrito con todo lo que metía en él. Era una vista por demás chistosa aunque a Paul, no le pareció tanto después de todo.

Es muy cierto lo que dicen, uno no necesita nada hasta que lo ve en el mostrador de una tienda. Y lo decía especialmente por el carrito atiborrado de cosas que eran las preferidas tanto de Edward como mías. Desde el café, la leche y el jugo de cierta marca hasta la pasta de dientes.

Al llegar a casa, saqué el recetario que Harriet había dejado y puse manos a la obra; corté el cebollín, lo calenté en la mantequilla y lo dejé a un lado mientras machacaba las papas para el puré. Coloqué el contenido de los dos frascos de mermeladas, le agregué las especias y lo dejé calentar antes de bañar con esa misma la mezcla al pato ya horneado y bien cocido con mucha mantequilla. La cocina tenía un olor maravilloso y estaba segura que gran parte de la casa también.

Puse la mesa y me cercioré que el vino se estuviera enfriando. Subí a darme un baño y al salir miré mi reloj. Diez en punto. Si todo iba bien, Edward llegaría dentro de una hora o dos a más tardar y yo lo estaría esperando con su platillo favorito.

A las once, perfectamente bien vestida y maquillada, cabeceaba sentada en la mesa. A las doce, ya le había dado varias vueltas al pato en el refractario para que no se secara al mantenerlo caliente en el horno. Media hora después abrí una botella de vino y me serví una copa y luego otra. Ese fue el último recuerdo que tuve de esa noche.

Me puse de lado entre las sábanas que me arropaban y jalé el edredón para cubrir mi cabeza. Era una mañana fría aún y mi piel comenzaba a ponerse de gallina por todo mi cuerpo desnudo.

¿Mi cuerpo desnudo?

De un impulso quedé sentada en la cama y me refregaba los ojos con las palmas de las manos para ver bien. ¿Cómo carajos había llegado hasta ahí?, no es que hubiera tomado tanto como para no recordarlo, ¿o sí?

Con mi visión un poco más clara pude ver mi vestido en la silla así como mi ropa interior y mis zapatos en el suelo. Mi reloj indicaba que eran las ocho de la mañana sin embargo, me encontraba sola como siempre, en la habitación. Edward me la había hecho de nuevo, ¿pues a qué puta hora llegaba cada noche?

Respiré profundamente para aclarar mis ideas pero estaba tan molesta y cansada de estar sola que tenía que pensar en algo para solucionar eso. Además, el vivir apartada y sabiendo que había algo que me ocultaba, me estaba consumiendo las entrañas. La sola idea de que se negara a compartir eso conmigo me desmoronaba el alma.

Necesitaba verlo, tocarlo. Lo extrañaba y su ausencia me estaba empezando a afectar. Ya eran muchas semanas las que Edward llevaba enclaustrado en su oficina y sin un par de miserables minutos para hacerme una llamada. No tenía tiempo ni para preguntarme como estaba y eso, ya me estaba empezando a afectar.

Me di un baño y me lavé el pelo. Me lo sequé con toda la calma del mundo, elegí mi ropa y como tenía tiempo de sobra, pude hasta pintarme las uñas de un color que elegí con premeditación, alevosía y ventaja: Rojo Puta.

Se vería divino en contraste con mi blusa y falda de corte algo militar de Alexader Mcqueen en blanco y negro y mi pelo largo y suelto; dejé de contemplarme y tomé el teléfono para preparar mi jugada, la cual en complicidad la persona clave, quedó lista aunque no fue tan fácil.

Terminé de arreglarme y bajé para tener listo el complemento de mi plan. Una hora después salía del ascensor de Cullen Organization y me dirigía al escritorio de mi cómplice, Katie.

–Hola, Isabella –me saludó efusiva–. Dispones de una hora y media, siento mucho no haber podido hacerte más espacio en la agenda.

–Con eso estará perfecto, muchas gracias, Katie –dije con sinceridad.

–Lo que necesites, Isabella, para eso estoy –la puerta de la oficina de Edward se abrió y salieron dos hombres para cerrarse de nuevo–. Es todo tuyo por una hora y media linda –le sonreí para ocultar mi sonrisa detrás del enojo que traía acumulado desde hacía muchos, muchos días.

Me puse de pie y tomé lo que Paul había llevado para mí. Di un respiro profundo y entré a su despacho sin tocar. Edward ni siquiera levantó la mirada, estaba absorto leyendo unos documentos.

–Buenas tardes eh…

–Isabella, Isabella Swan, señor Cullen y tengo una cita con usted por la próxima hora y media.

Edward levantó la mirada de los papeles en una décima de segundo y se me quedó mirando atónito.

–Isabella, ¿qué, qué haces aquí?, ¿sucede algo?

–Sí. Sucede que estoy harta de no verte, de estar sola, de estar encerrada en una jaula de oro, de que sea el puto colmo que yo, la mujer que precisamente vive contigo, tenga que sacar una cita con tu asistente para poder verte la cara por tan sólo, ¡una jodida hora y media!

–Baja la voz, Isabella –me reprendió.

–Voy a gritar todo lo que yo quiera, porque vas a follarme tan duro que no me voy a reprimir y me voy a correr las veces que pueda y tú, te esforzarás en dejarme bien satisfecha, porque si no lo haces, te juro Edward que vendré todos los días para que cumplas con tu trabajo. ¿Me entendiste?

–Sí, señora.*

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Hola Nenas! Un nuevo capítulo donde vemos a una Bella más madura y a un Edward muy ansioso. Espero que les haya gustado.
Este Capítulo va dedicado especialmente a Lethy Suero y a mis chikisobris que están enfermitos. Un beso y un abrazo enorme, también a las nenas que me ayudan con cada capi y por supuesto a ustedes que pacientemente me esperan y además me comentan. Muchas gracias.

No se olviden de pasar por el blog de Nani que esta estupendo!
http://pattinsonworld.blogspot.com


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