jueves, 28 de junio de 2012

CAPITULO 34



Un diferente tipo de dolor.


El dolor que no se desahoga con lágrimas puede hacer que sean otros órganos los que lloren.

Francis J. Braceland

iPod: Rascal Flatts, I won't let go.
Maroon 5, She will be loved.





EDWARD’S POV

Edward Cullen. Un inglés de treinta y un años con unos padres ejemplares y una hermana fallecida. Me había educado en los mejores colegios de Inglaterra y era exitoso en los múltiples negocios que emprendía. Me jactaba de ser un hombre parco y duro. Exigente e intolerante a las fallas y errores. Me gustaba la perfección y me rodeaba de ella. ¿Por qué tener menos si podía tenerlo todo? Vivía un estilo de vida algo particular que disfrutaba y creía que a lo largo de los años de practicarlo ya lo había visto todo. Estaba seguro que ya nada podría impresionarme. Qué equivocado estaba…

–No, Bella, no tendrás lo que no estás dispuesta a recibir a cambio.

Mi voz declaró pesada y roncamente producto de la enorme excitación que me estaba consumiendo. Sus labios y sus dientes en mis tetillas imitaban a los míos cuando yo le daba las mismas caricias. La temperatura de mi cuerpo subía y creí que explotaría cuando bajó por mi cuerpo y con su lengua delineaba cada músculo de mi abdomen llegando hasta mi hambrienta polla, que lloraba por enterrarse en ella, con gotas que brillan en la punta y que su lengua recogió impaciente, sólo que no estaba dispuesto a seguir con ése juego de seducción.

Respiraba entre jadeos mientras la rechazaba diciéndole que no iba a tener lo que a mi me negaba; mi cuerpo estaba encendido, caliente, y tanto mis bolas como mi polla pulsaban urgentes por su liberación. El aire pesaba y sentía que su paso por mis pulmones se dificultaba haciendo más duro cumplir con mi resolución.

No.

Repetía en mi cabeza una y otra vez tratando de encontrar la fuerza necesaria para detenerme y mis alarmas se encendieron cuando la vi reaccionar al negarme a recibir algo que disfrutaba tanto como el sexo oral. No lo había planeado. El momento surgió y la oportunidad estaba frente a mí. No iba a perderla porque no sabía si la tendría de nuevo. Debía aprovechar el que Isabella al parecer sólo respondiera bajo presión y yo necesitaba saber lo que en realidad había ocurrido e impedir de una vez por todas que mi mente se siguiera llenando con suposiciones que sólo me atormentaban y me estaban llevando al borde de la locura, sólo que nunca me esperé que la presión que ejercí sobre ella la hiciera reaccionar de la forma en que lo hizo.

Isabella se alejó de mí; me miraba con una expresión de incomprensión y miedo en el rostro que casi rayaba en el terror. Se puso de pie y se encerró en el baño. Levantó un alto muro infranqueable entre nosotros y yo no veía la forma de derribarlo para poder acercarme a ella para hacerle saber y sentir que podía confiar en mí, que yo estaba ahí para ella no importara de lo que se tratara, pero, ¿cómo podía hacerlo después de mi cruel rechazo?

La escuché llorar y patear todo lo que estaba a su alcance. Podía oír su llanto de frustración, de impotencia, como la que yo sentía al no poderla consolar porque me había dejado del otro lado de esa puta y maldita puerta.

Su llanto angustioso fluctuó entre los desgarradores gritos y los casi inaudibles sollozos, y yo, del otro lado de su inaccesible muro volviéndome loco al escucharla. Era demasiado su dolor y también el mío al no saber qué era exactamente qué era lo que le estaba ocurriendo. Mis entrañas se retorcían al estarme obligando a no echar abajo esa puerta y correr a abrazarla pero sabía que debía darle espacio para que pudiera desahogarse si es que acaso era eso lo que estaba intentando hacer.

Dejé de escucharla; estaba desesperado, al punto de levantarme y tirar la puerta de una vez por todas cuando ésta se abrió. Isabella salió y pasó a mi lado para sentarse en la cama. No tuve mucho tiempo para verla bien pero no fue necesario. Mi Bella estaba rota…

Me acomodé detrás de ella pero se removió dejándome saber que no quería que la tocara. Respeté su deseo aunque su rechazo me dolió y me odié por causarle ése mismo dolor un rato antes. La llamé pero con un movimiento de su mano me calló. Entonces se acostó lo más alejada de mí posible y me quedé perplejo cuando empezó a hablar…

Nunca imaginé que mi pecho se contraería y se paralizaría al escuchar sus primeras palabras. Ella, mi Bella, iba a revelarme por fin lo que realmente le había ocurrido, sólo esperaba que todos mis miedos y suposiciones no se acercaran ni una milésima a la verdad.

Isabella empezó contándome lo ilusionada que estaba por el dichoso baile y por el perfecto chico que le haría dejar atrás a esa niña y la convertiría en toda una mujer. No pude evitar que el egoísmo me inundara al escucharla hablar con tanta emoción de los preparativos para esa gran noche en la que no sólo recibiría su primer beso sino también perdería la virginidad.

Por Dios, apenas era una niña…

No tardó mucho en alejarla de ahí, besarla por primera vez y pedirle que fuera su novia. Tampoco esperó mucho en pedirle que fuera suya y ella se rindió encantada, inocente como lo que era, sólo una niña de aún dieciséis años.

Isabella estaba de alguna manera agradecida de que el maldito bastardo la tratara bien esa noche mientras que yo, al escucharla, sentía que mi interior hervía porque él tuvo de mi Bella eso por lo que yo hubiera estado dispuesto hasta regalar mi alma al ser más bajo de los infiernos en todas mis sucesivas vidas… su pureza.

Era inútil. Mi sangre estaba envenenada de envidia que incrementó su letalidad transformándose en odio puro al ir escuchando como ése asqueroso perro llevaba a mi Bella a un hotel cada vez que se encontraban. La trató como si fuera una putilla cualquiera y lo que más me enfermaba era que ella creía que estaba viviendo un noviazgo maravilloso, que era malditamente afortunada de estar viviendo eso con ése infeliz. Y de alguna manera, eso era en efecto maravilloso a lo que en comparación, vivió después.

Como el ser vil y repugnante que era, así también lo eran sus amistades. Isabella les tenía miedo antes que cualquier otra cosa, lo percibía fácilmente al oírla hablar de lo buenos para nada, borrachos y libidinosos que eran. Para colmo, el flamante novio, le exigió comportarse mejor y soportarlos ya que ellos eran sus amigos y ella por no causarle un disgusto, aunque no le gustó la sugerencia, acató sus deseos obedientemente.

Una noche él, con unas cervezas encima, le pidió intentar cosas nuevas. Era lógico que ella aún siendo la niña que era, tuviera vergüenza de muchas cosas. En especial, Isabella no toleraba recibir sexo oral. Era mucho todavía su pudor y era entendible pero al parecer el que no podía comprenderlo era él, que enojado, la sacó del hotel y a empujones la metió al auto, pero estaba dispuesto a olvidarlo todo y le daría una oportunidad. Solamente que esa oportunidad no fue en el hotel de mala muerte sino frente a todos los bastardos de mierda de sus amigos.

Una sensación de impotencia se apoderó de mi e intenté acercarme a Isabella pero me detuve a unos centímetros de ella. Sabía que para Bella, el narrar lo que sucedió en ése lugar abandonado sería tan doloroso como para mí escucharla pero no podía detenerla. Yo mismo la había orillado a que lo hiciera y quería creer que de algún modo iba a ser como una especie de catarsis el que se soltara, que hablara como lo estaba haciendo y que quizás fuera el primer paso para ambos poder caminar hacia un mañana sin pesares detrás.

Quería creer y tener fe en que eso era lo que iba a suceder, pero al oír lo que esos infelices perros hicieron después, ya no estuve seguro de nada. Entre varios de ellos agarraron a mi Bella y la sostuvieron mientras él la despojaba de su ropa. Discutían entre ellos e Isabella aprovechó el momento para patearlo. Furioso por haberlo tomado por sorpresa le arrancó las bragas aunque ella le rogó como pudo ante su creciente miedo de que entre todos la violaran, pero fue inútil. El la forzó y tuvo sexo oral con ella ayudado por los otros hijos de puta que se reían y disfrutaban viendo como Isabella era abusada.

Mi cuerpo temblaba sin control y súbitamente sentí las arcadas subir por mi garganta. Mi mandíbula protestó al tensar mis dientes; mis manos me dolieron de repente y me fijé que era por tenerlas cerradas en puños. Mis nudillos estaban blancos y pude sentir como tronaban mis articulaciones. Estaba lleno de rabia e impotencia que aumentaba al oír a Bella revivir ése amargo momento y entre su llanto desesperado y sus sollozos inaudibles la escuché decir que logró patearlo de nuevo, provocando que incrementara su ira y atacándola como un animal, mordiendo sus muslos, dentro, fuera de ellos, sus labios, su, Dios, la había mordido ahí…

¡Iba a matarlo!

¡Iba a matarlo!

En medio de ése abominable ataque, Bella se desmayó. Cuando despertó estaba tirada sobre ése fétido colchón, desnuda y había vomitado. Comprendió que aunque tuviera un dolor insoportable lo más inteligente era salir de ahí y ponerse a salvo. Se me partió el alma cuando dijo lo que le había costado vestirse de nuevo gracias a las heridas que le había dejado ése animal. Unas horas después logró llegar al internado y mis ojos volvieron a aguarse cuando me dijo que su compañera del piso de abajo la había ayudado. No había hecho falta que dijera su nombre… era mi Liz.

Cubrí mi rostro con las manos y tragué el nudo que se estaba formando en mi garganta. Mi tiempo se estaba agotando y sabía que la hora para sincerarme con Bella también se estaba acercando. Respiré profundamente y continué escuchando por todo lo que ella pasó después. Esa noche, entre Alice, Rosalie y mi Liz, bañaron y cuidaron a Bella. Estaba tan herida que le costó varios días poder salir del dormitorio y sus amigas la llevaron apenas pudieron dejar el internado, a un ginecólogo. Por fortuna dictaminó que no había sido violada, pero si atacada despiadadamente pero esto no fue suficiente para tranquilizar a Bella ya que aún tenía una gran preocupación… no sabía si estaba embarazada.

Golpeé la pared. El sólo hecho de pensar que ése perro pudo haber dejado a Bella esperando un hijo fue lo último que necesitaba oír. Que su vientre pudiera haber albergado a su hijo me enfermó. Ése vientre que no debía guardar nada que no fuera mío, que tenía que permanecer intacto para mí…

Era… era demasiado. Todo era demasiado. Yo no estaba preparado para tanto pero había abierto la caja y tenía que hacer frente a todo lo que saliera de ella y mi deber era procurar que nunca, jamás, tuviera que vivir algo que le significara angustia o sufrimiento. Hice un esfuerzo por contenerme y entonces me di cuenta que comencé a ver todo borroso. Limpié mis ojos de las lágrimas que súbitamente aparecieron en ellos y deseé con todas mis fuerzas, más que nunca, poder controlar mi furia para poder abrazar y consolar a Isabella. Ayudarla a olvidar y olvidar yo también.

Isabella demostró ser una chica fuerte y ante todos siguió siendo aquella adolescente, sólo que más reservada. Era por las noches cuando todos los recuerdos volvían a perseguirla. Eran noches que para ella parecían no tener fin. Fue durante ése verano que no regresó a su casa por miedo a que Charlie notara algo. Ella se sentía culpable de todo lo ocurrido y fue por eso que permaneció en el internado sólo hasta que estuvieron seguras que ése hombre se iría de ahí y ella estaría a salvo de él. Alice y Rosalie no se despegaron de ella, acompañándola en todo momento y cuidándola. Tal vez ya no las odiaba tanto.

Por un buen rato, Bella lloró permitiendo que saliera todo lo que venía escondiendo desde años atrás. Dejó correr las lágrimas y aferrada a la almohada los minutos trascurrieron mientras yo trataba de contenerme para no lanzarme sobre ella. Me sentía culpable por haber traído de vuelta todos esos sentimientos dañinos para ella y en ése momento, no sabía como hacer para acercarme y ayudarla a superar lo ocurrido. No pasó mucho tiempo hasta que sus sollozos callaron; ya no hipaba y su respiración se había vuelto regular y tranquila. Se había quedado dormida ya, agotada de recordar y de llorar. Esperé un poco antes de cubrirla ya que hacía frío pero prefería que durmiera y no importunarla.

Isabella no tuvo un sueño tranquilo. Se movió mucho durante horas y sollozaba, lo más probable era que ni cuenta se hubiera dado. Empezaba a amanecer cuando la escuché gemir y suspirar. Había permanecido todo ése tiempo cuidándola, viendo como su silueta bajo el edredón subía y bajaba conforme a su respiración. De inmediato me acerqué a ella. Sabía que necesitaba tanto como yo el tocarnos, el sentirnos uno contra el otro, tener la seguridad de saber que nunca la abandonaría, que siempre estaríamos juntos. Siempre.

Volvió a cerrar los ojos y una vez que se sintió segura, se durmió de nuevo. Un par de horas después, salí con cuidado de la cama para darme un baño. Me vestí con unos jeans y una camiseta oscura y bajé al estudio para hacer un par de llamadas y cancelar todas mis juntas del día porque no pensaba moverme de su lado. Ella me necesitaba ahí y ahí estaría.

Al volver a la habitación, Isabella estaba sentada a la orilla de la cama mirándose las piernas y entre ellas también. Tenía una expresión de horror en el rostro que me alarmó. Me acerqué y me arrodillé frente a ella. Lo que me dijo me dejó sin habla… Isabella veía su piel con los efectos del ataque del miserable hijo de puta de Black. También podía sentir el dolor que las huellas del asalto le provocaron. Mi pequeña sufría y yo… no podía hacer nada más que estar a su lado repitiéndole una y otra vez que todo estaba bien y que eso ya había pasado. Que estaba sana y a salvo a mi lado.

Después del medio día, la animé para que saliera de la cama y se diera un baño. Fui a prepararlo todo y cuando volví, me quedé mirándola. Se veía tan vulnerable que fue un suplicio reprimir mi deseo de besarla; en su lugar sólo tomé su rostro entre mis manos y rocé mi nariz con la suya y toqué su frente con mis labios. Me detuve aunque no quería porque no estaba seguro de poder ser capaz de detenerme después. La llevé al baño y la desvestí despacio, abrí la puerta para que entrara a la ducha. Vi rostro relajarse al sentir el agua caliente correr por su cuerpo y me hubiera encantado entrar con ella para lavar su pelo, su cuerpo, pero ella necesitaba privacidad y ése no era el momento.

En su lugar, fui a su vestidor a buscar algo para que se pusiera con lo que se sintiera cómoda porque pensaba pasar el día con ella, acurrucados en la cama, alimentándola, consintiéndola, acariciándola, haciéndole saber que estaba ahí para lo que ella necesitara de mí. Al llevar la ropa al baño, la encontré frotándose con fuerza la piel de sus muslos. En su rostro se veía miedo, ira, impotencia, desesperación… entré rápido y le quité la esponja de las manos. Isabella peleó un poco conmigo, decía que estaba sucia y si no hubiera llegado a tiempo, se hubiera arrancado la piel. Había sido tan fuerte el shock de verse de frente con los recuerdos que tanto la hicieron sufrir, que entraba por ratos en un trance en el cual seguía viviendo los momentos posteriores al ataque.

Era un hecho.

Jacob Black era hombre muerto.

Isabella seguía sufriendo como si el ataque hubiera sido ayer y yo me iba a encargar que él sufriera de mi venganza por el resto de la suya, y por Dios que iba a hacer uso de todo el poder en mis manos para destruirlo y eso, era decir poco…

Envuelta en una toalla la cargué y la acosté en la cama. Me quedé a su lado, mojado e incómodo pero no iba a arriesgarme a dejarla sola y que volviera a tener otra crisis logrando esta vez arrancarse la piel. Me levanté después de un considerable rato en el que sentí que estaba menos tensa y fui por un calmante para darle. Me cambié y la píldora hizo su efecto en poco tiempo, el que aproveché para cambiarme y llamar al Dr. Bower.

Estaba claro que yo no iba a poder aliviar el sufrimiento de Isabella. No sabía como y esas crisis en las que aún se veía herida y lastimada me asustaban como el carajo. Él era quien sabía como ayudarla, el experto, así que no dudé en llamarlo. Cuando llegó un rato después, subí a despertar a Isabella y a ayudarla a vestir. Aún estaba un poco desconcertada, suponía que era por la píldora pero el Dr. Bower dijo que había hecho bien en dársela.

Bajamos las escaleras tomados de la mano y entramos al estudio. Al descubrir que se trataba de su doctor su cara reflejó un notorio alivio. En otras circunstancias, seguro me hubiera sentido algo celoso pero no del hombre sino del doctor que le brindaría la ayuda que yo no podía, pero no en esa ocasión. Realmente yo también me sentí aliviado de saber que de alguna manera él si podía darle un poco de paz.

Quise quedarme a su sesión, lo pedí, pero el doctor creyó más conveniente continuar con el tratamiento como lo habían estado llevando. Apreté los dientes, molesto por sentirme excluido y aunque lo entendía, no podía evitar sentirme así. No iba a quedarme todo el tiempo que estuvieran ahí dentro, sentado esperando saber qué pasaba. En vez de eso, subí a arreglar la habitación que estaba algo tirada. Me tomé mi tiempo y cuando había transcurrido una hora aproximadamente, bajé a esperar que saliera el doctor.

Cuando se fue, Isabella estaba visiblemente más tranquila. Cenamos y sonreí al verla comer con hambre. Limpiamos y subimos a cambiarnos. Le puse una pijama mía porque sabía que le gustaban y quería que estuviera lo más cómoda posible. Mientras la desvestía admiré su cuerpo y su piel… impecable. Respiré y me controlé porque la ira fue más fuerte que mi deseo esa noche.

Esa noche, pese a haberse quedado tranquilamente dormida, a las pocas horas empezó a gritar por una pesadilla. Estaba angustiada y lloraba. La desperté y al verme se abrazó con más fuerza a mí, sorprendida de que no me hubiera ido. ¿Cómo iba a hacerlo? ¡Jamás me separaría de ella!

Ya no pude dormir esa noche. Mi cabeza estaba llena de miles de cosas en qué pensar y mi atención no podía centrarse en una sola por más de un minuto. Tomé mi reloj y vi que aún era muy temprano. Isabella dormía tranquila y decidí bajar a quemar un poco de mala energía al gimnasio. Tras un rato de estar corriendo en la cinta pude ir ordenando mis ideas por orden de importancia al menos para ése día.

Primero que nada, tenía que llamar a Carmen y a mi madre para que acompañaran a Isabella. No quería que estuviera sola durante el día y ellas eran perfectas para distraerla porque yo, aunque deseaba con todas mis fuerzas quedarme a su lado, tenía que ir a la oficina. Era hora de empezar a hacerme cargo de la situación que había mantenido en espera pero con lo que ya sabía, era sencillamente imposible que permaneciera sin mover un solo dedo.

Consideré que ya había quemado bastantes energías y subí. Un delicioso aroma a café llegó hasta mi nariz y apuré mi paso, quería estar listo lo más rápido posible para desayunar con mi Bella ya que había salido de la cama y seguramente estaba preparando algo que me gustaba. Esa era una excelente señal. Estuve listo y al entrar a la cocina no pude ocultar mi admiración al verla. Estaba impecablemente vestida y se veía hermosa sólo que mi alegría se esfumó cuando me dijo que si estaba vestida y arreglada así, era porque iría a trabajar a la puta agencia.

Estaba encabronado. Ella me había dicho que ya no trabajaría, que lo hacía por mí. Estaba feliz, confiado en que se quedaría en casa, primero que nada cumpliendo con un deseo mío y segundo… permaneciendo lejos de los ojos del puto de mierda de Black. Pero no, nunca era tanta mi suerte y esa era otra prueba más.

Me mantuve lo más calmado que pude aunque se me retorcían las entrañas mientras escuchaba sus razones para no dejar de una vez por todas su trabajo pero algo debía reconocerle y eso era su sentido de responsabilidad y lo profesional que era. Otra, hubiera estado tan feliz de ya no tener que trabajar y de tener todo lo que deseara que no le hubiera importado avisar y mucho menos se hubiera preocupado por dejar una buena impresión a sus jefes, ¿para qué hacerlo si ya lo tendría todo?

Pero no mi Isabella. Ella era todo menos una irresponsable y tomando en cuenta que no le hacía falta trabajar, el que no quisiera irse como una desagradecida hablaba excelente de ella. Si. Mi mujer era todo menos lo que yo hubiera dado por sentado y eso, me fascinaba con locura aunque tal vez no en ése preciso momento.

Para mí, que creía que era un hombre que ya había perdido la capacidad de asombro, el que Isabella llegara a mi vida era como una bocanada de aire fresco, oxigeno en su más puro estado. Con ella estaba viviendo cosas que nunca antes había experimentado pero no porque me rehusara. Era tan sólo que ella no había aparecido en mi vida. Ahora lo tenía todo, ¡todo! y no iba a permitir que nada ni nadie amenazara con despojarme de nada, mucho menos de Isabella y de su felicidad, que era la mía.

Renuente, accedí a que cumpliera con lo que quería. Por fortuna mis hombres ya estaban informados sobre Black y estarían pendientes de cualquier movimiento extraño a su alrededor. Tenía que prevenir cualquier situación que pudiera darse con ése perro y para eso debía estar siempre un paso más adelante que él. Lo que si era un hecho, era que a Isabella no iba a gustarle nada el tener más seguridad pero tendría que ceder, justo como yo lo estaba haciendo con lo de su trabajo.

Por más que fingiera no estar molesto no podía. Aunque deseé más que nada poner una mejor cara para que se fuera feliz y tranquila a la agencia, fingir no era lo mío. Me sentía mal después de todo lo ocurrido en las últimas horas, no quería que se fuera con un amargo sabor de boca por mi culpa pero no podía evitarlo. Me quise golpear por estúpido pero para cuando estaba reflexionando en eso, ya me encontraba bastante alejado de mi propiedad rumbo a la oficina.

***

Sentí claramente como se expandía una sonrisa en mis labios. Ése sentimiento de satisfacción que conocía muy bien y que se apoderaba de mí cada vez que obtenía algo que quería, empezaba a efervescer en mi interior. Había llegado a la oficina presionando a mis hombres. Necesitaba tener en mis manos todas las pruebas para acabar con Black de inmediato y ellos me habían recibido con nueva información que iba a ser el fin del tal Jake Black.

–¿Qué tan seguros estamos de esto?

–Absolutamente seguros, Edward – Wilkinson no ocultaba su alegría –. Ya sabes que al principio sólo teníamos los datos para una denuncia laboral pero ahora, tienes en tus manos todo para hacer con él lo que quieras.

–Han hecho un buen trabajo – reconocí.

–Todo está perfectamente planeado, a nosotros nos fue muy difícil dar con esto. El tipo no es ningún tonto y estamos seguros que no está solo en esto; se necesita de mucho más que sólo un tipo inteligente para llevar a cabo algo de tal magnitud – Ronan se detuvo, pensativo.

–Y eso, mi apreciado Ronan, es increíblemente bueno para mí – una sonrisa de perversa satisfacción se instaló en mis labios.

–Entonces creo que cuando leas lo nuevo que los abogados han encontrado, estallarás de júbilo.

–Oh, ¿hay más? – la ironía inundó mis palabras y al ir leyendo los reportes, mi pecho iba inflamándose con una rabia que muy pronto iba a extinguirse cuando viera al infeliz de Black, revolverse en su propia mierda porque eso, iba a ser su puto fin –. Hay que empezar a estructurar las denuncias, no quiero perder ni un segundo más. Quiero enterrar a Jacob Black hoy mismo.

***

Jacob Black estaba perdido.

Ése era un hecho que me tenía excesivamente feliz. Con lo que mis hombres habían encontrado hacía unos días tenía y me sobraba para mandarlo de vuelta a su casa con menos de tres euros en la bolsa, pero después de enterarme de lo que realmente ése hijo de puta le hizo a Isabella, yo quería acabar con él, borrarlo de la faz de la tierra y con esta nueva información en mis manos estaba muy cerca de poder hacerlo.

Pero… ¿sería suficiente?

Isabella siempre viviría con ése maldito recuerdo, aunque superara el hecho, siempre estaría ahí presente. Tal vez haciéndole menos daño pero nunca podría borrarlo de su memoria. Podría revivir esa amarga experiencia con tan sólo cerrar los ojos y traerla de vuelta en cualquier instante. Era una penitencia infinita que pagaría por el resto de su vida y sin tener culpa de nada.

No.

Nada sería suficiente nunca.

Y si mi mujer tenía que vivir con eso, él también lo haría.

–Señor Cullen – la voz en modo de asistente de Katie me volvió a la realidad.

–Dime.

–El señor Swan está aquí.

–Hazlo pasar.

Me puse de pie y me acerqué a la puerta para recibirlo. Me extrañó su visita y estaba seguro que era algo de índole más personal porque de otra forma, hubiera bastado con una simple llamada telefónica.

–Charlie – lo saludé con un apretón de manos. No estaba equivocado. Algo pasaba con él ya que su semblante de hombre fuerte y duro se había ido dando paso a uno deprimido y apesadumbrado.

–Hola, Edward, siento molestarte aquí pero…

–Por favor, siéntete en confianza de venir cuando quieras – lo invité a sentar en la sala de mi oficina mientras yo hacía lo mismo –. Sólo espero que no hayas venido hasta aquí para quejarte de algún mal servicio del hotel – bromeé para aligerar su humor y lo logré, medianamente.

–No, todo está perfecto y creo que me estoy acostumbrando a no trabajar – esbozó una ligera sonrisa –. Lo que me trae aquí, Edward, es… la enemistad que hay entre mis chicas. Yo… no entiendo como es que de la noche a la mañana ya ni siquiera pueden sentarse en una mesa, no se miran, no se hablan y…

Se detuvo. Se llevó una mano a los ojos en una auténtica señal de frustración. El hombre verdaderamente sufría por las chicas; se veía que significaban mucho para él y el que no se llevaran le causaba una gran pena.

–Yo lo siento mucho por Isabella – dije bastante serio –. Sé que sufre por no tenerlas a su lado como antes pero debes saber Charlie, que las que provocaron todo este problema fueron ellas. Tú sabes que tu hija no es rencorosa pero tampoco es ninguna tonta y si ahora ha tomado esa postura ha sido obligada por ellas.

–Alice y Rose me han contado lo que pasó y creo que mi hija ha exagerado un poco – fruncí el ceño, enojado por la omisión de culpa que convenientemente habían hecho ése par.

–¿Un poco? – bufé – ¿Te contaron como la trataron cuando se enteraron que ella tenía una relación conmigo?, ¿qué aún así les pidió perdón por no haberles contado nada desde un principio? – me incliné un poco hacia él –. Eso es algo personal, Charlie, y me parece muy egoísta de su parte el rechazarla de esa forma por guardarse cosas que son íntimas para ella.

–Ellas están arrepentidas y se sienten muy mal… han llorado pidiéndole que las perdone.

–¿Se sienten mal por haber corrido a Isabella cuando ella fue a pedirles perdón?, ¿están arrepentidas por haberla humillado cuándo fue a rogarles?, ¿lloraron desconsoladas como lo hizo Isabella por varias noches? – hablaba iracundo sin creer que sobre todo él fuera a pedirme ayuda, porque quedaba claro que para eso estaba él ahí. Levantó la mirada y sus ojos parecían brillar.

–¿La humillaron? – preguntó con un hilo de voz y yo asentí.

–No me parece, Charlie, que después de todo lo que Isabella sufrió ellas crean que sólo por unas lágrimas y un perdón avalado por ti todo quedará olvidado.

–Yo no puedo permitir que mi familia se diluya de esta forma, yo tengo que hacer lo que sea necesario para mantenerla unida. Habla con Bella, ella te escucha y si tú se lo pides…

–No – casi gruñí –. No puedo hacer eso. Sería como hacer lo que tú en esa comida tramposa que le tendiste. No fue honesto de tu parte.

–Sé que no estuvo bien – admitió.

–Pues no le has llamado para disculparte, ¿o si?

–Me da… vergüenza.

–Ella no va a rechazarte.

–Ya lo hizo una vez, ¿recuerdas?

–Obligada por las circunstancias – enarqué una ceja –, tampoco lo olvides.

El hombre se cubrió la cara con las manos y casi pude oírlo sollozar. Sentí pena por él y baje la guardia. Era el padre de la mujer que amaba y al menos, si no lo apoyaba, en su contra no iba a estar. Suspiré pesadamente.

–No voy a hablar a favor de ellas, ni tuyo, lo único que haré será mantenerme a su lado y tratar de ser lo más objetivo posible. No puedo prometerte más, Charlie. Para mí, primero está Isabella y si ella no quiere un acercamiento, no lo habrá, yo no la obligaré a nada.

–Entiendo – dijo tratando de calmarse –. Quiero, quiero reunirme de nuevo con ellas, ¿tú crees que será posible hoy mismo?

–No esta noche. Ella ha estado un poco… indispuesta… – no estaba seguro de haber usado la palabra correcta para definir exactamente por lo que Isabella estaba pasando.

–¿Indispuesta?, ¿mi hija se encuentra bien?, ¿está enferma? – me miraba preocupado.

–No, Charlie, ella está bien – mentí –. Le diré lo que quieres y en base a lo que ella decida, tendrás tu reunión.

Charles Swan salió un poco más animado de mi oficina. El hombre se había ido con una esperanza y se aferraba a ella como si fuera su última oportunidad, y tal vez lo era.

***

Por la noche volví a casa deseando ver a Isabella y abrazarla fuerte. Pese a tener el poder para vengarme de Black y hundirlo en la más infame de las miserias, mi reacción esa mañana con Isabella al decirme que terminaría su compromiso en la agencia, no me dejaba disfrutar de mi victoria con anticipación.

Ella había dado un paso más hacia mí, presionada o no, pero había puesto mucho más que sólo su confianza al hablarme de lo que le había ocurrido. Y ciertamente yo tampoco no lo estaba pasando muy bien con toda su confesión porque no era ningún tonto y sabía que se había abstenido de decirme ciertas cosas que a esas alturas, ya no estaba seguro si me beneficiaban o todo lo contrario.

Ansioso, entré a la casa y un delicioso aroma flotaba en el ambiente. Mi estómago respondió al olor y gruñó hambriento. El incómodo sentimiento de arrepentimiento que me había acompañado durante todo el día me había impedido comer bien.

Isabella era increíble. Cada día que pasaba me demostraba la gran mujer que era y la fuerza que a impulsaba a no dejarse vencer por nada. Aunque no tenía ninguna culpa por mi exabrupto de esa mañana, había llegado después de trabajar todo el día, a cocinarme la cena. Estaba dispuesta a complacerme y a tenerme satisfecho de cualquier manera, ¿cómo no amarla cada día más?

Sonreía y negaba con la cabeza mientras me lavaba las manos bajo el grifo de la cocina. Ella no estaba por ahí pero la mesa estaba impecablemente puesta con dos copas y una botella de vino que me apresuré a abrir, empecé a servirlo cuando ella apareció mirándome algo tímida desde el umbral de la puerta.

–Huele muy bien – recuerdo decir antes de que pasara a mi lado y la abrazara fuertemente como había deseado hacerlo durante todo el día. Me perdí en su olor, en su calidez y en la suavidad de su piel. No me percaté del tiempo que la sostuve entre mis brazos, sólo supe que no podía resistirme a probar sus labios de nuevo. Tan dulces, carnosos, húmedos… un gemido escapó de sus labios y tuve que detenerme. Ella no estaba lista para seguir adelante, no todavía y yo debía mantener a raya mis pensamientos y mi deseo.

Cenamos tranquilos. Platicando o mejor dicho, preguntándole todo acerca de su trabajo para saber cuando la tendría en casa para mí solo. Al terminar recogimos juntos todo y fuimos al estudio donde Isabella se apresuró para servirme mi copa de brandy.

Acostada en mi regazo, acariciaba su suave cabello. Se deslizaba entre mis dedos, sedoso, brillante y oscuro. Era tan hermoso como la línea de su mandíbula y sus rosadas mejillas, pasaba mis dedos también por sus labios cuando la escuché darme las gracias. Intrigado, le pregunté porqué me agradecía…

–Por… sólo sostener mi mano sin hacer preguntas.

Dijo conmovida y me maldije porque no tenía idea de lo remotamente lejos que se encontraba de tener razón. Yo no tenía la menor intención de quedarme de brazos cruzados dejando a esa escoria salir impune de sus actos. No iba a hacerlo aunque bajara el mismo Dios y me lo pidiera. Eso nunca pasaría y así yo me fuera directo al infierno, haría pagar en este mundo a Jacob Black por haberse atrevido a poner los ojos sobre mi mujer.

–Isabella, yo sólo te estoy dando el tiempo que necesitas – traté de decir lo más calmado posible aunque mentía –, porque yo tengo que saber todo acerca de ése infeliz bastardo. Tú sabes que no me voy a quedar tranquilo después de todo lo que te ha hecho ése maldito enfermo. Yo necesito más, tengo muchas preguntas, Isabella.

–No, Edward, olvídalo por favor…

–No puedo, Bella.

–Te lo suplico – me pidió angustiada.

–No me pidas eso.

–Si. Lo hago porque no quiero que luches mis batallas. Esta es mía y sólo yo voy a lidiar con ella, entiéndeme… – su rostro comenzó a enrojecerse.

–¿Y cuando vas a entender tú que no estás sola? – grité asustándola –. Ya no eres aquella Isabella Swan que no tenía a nadie que viera por ella, ahora eres mía, me perteneces… Yo soy quien debe dar la cara por ti, quien debe enfrentar todo por ti.

Empecé a dar vueltas por el estudio que de pronto sentí que se cerraba sobre mí. Me ahogaba, me desesperaba y no sabía si era por lo que Bella insistentemente me pedía o por el lugar que se hacía cada vez más pequeño a mi alrededor.

–Me dijiste que querías que estuviera tranquila, que me querías fuerte, pero no podré estarlo sabiendo que sólo lo tienes a… él… en la mente cuando yo lo único que quiero es borrarlo de la mía. Que el acabar con él ocupará todos tus pensamientos y a mí me dejarás a un lado porque ése será el objetivo en el que centres toda tu atención y yo… yo no podré soportar que de nuevo él borre de tajo toda la felicidad en mi vida.

Dios… la miré fijamente a los ojos, que bien me conocía. Y entre mi asombro, no sabía si estar feliz por eso o lamentar que pudiera leerme tan claramente. Exhalé. Tampoco sabía como hacerle entender que lo que me pedía era imposible, que no habría poder alguno que me hiciera abandonar mi más que justificada causa, simplemente porque no era justo y además porque ya era un hecho.

–Yo… sólo sé que no podré vivir tranquilo sabiendo que ése bastardo está ahí afuera viviendo una vida feliz, esa vida feliz que te robó y que deberías estar viviendo plenamente conmigo. Sin recuerdos tormentosos, sin angustias, sin nada que nos quite ni un poco de la felicidad que nos merecemos, Bella.

–Edward… yo…

–Dime su nombre, Isabella, dímelo…

Isabella se tensó, congelándose en el acto. Su rostro expresaba dolor y miedo. Sus manos comenzaron a temblar y me arrodillé frente a ella para tomarlas entre las mías pero ahí estaba yo, inconforme como era, me encontraba exigiéndole a Isabella que me dijera el nombre del infame hijo de puta que le había destruido la vida. Quería escucharlo de sus labios así como había escuchado los te amos que dieron un vuelco a mi corazón, quería que me lo dijera de frente aunque yo ya lo sabía muy bien y no era por un mero formalismo. Yo de alguna manera necesitaba la aprobación tácita para destruir a ése perro y el oír su maldito nombre salir de su boca, para mí lo iba a ser. Era todo lo que requería para de una buena vez borrarlo de nuestras vidas y dejarlo incapacitado para que siquiera volviera a levantar la cara hacia el mundo, hacia nadie.

–Él… él no es nadie…

–Pues entonces un don nadie nos vino a joder la vida – el tono amargo en mi voz era evidente.

–¿Nos? – preguntó con fingida ironía.

–Si crees que no me duele lo que te hizo, que no me duele ver como aún te afecta y que ése maldito hecho aún rige tu vida, entonces no estás convencida de lo que siento por ti porque yo, me vuelvo loco cada vez que me acerco a ti de esa forma en la que te estremeces y no precisamente de placer sino de miedo…

Dejó escapar un penoso sollozo y me acerqué a ella antes de que se lanzara sobre mí.

–Yo… lo siento, Edward – las palabras chocaron contra la piel de mi cuello –, lo siento pero prefiero olvidar su nombre y olvidarlo a él.

–Sabes que tarde o temprano lo averiguaré, ¿verdad? – pasaba mi manos por su espalda, tranquilizándola –. Es sólo cuestión de tiempo, Bella…

–Me voy a la cama – dijo separándose y haciendo caso omiso de mis palabras –. Estoy cansada.

–Vamos – dije resignado. Al menos por esa noche iba a ser imposible sacarle ése asqueroso nombre pero y si nunca lo hacía, tampoco me iba a quedar cruzado de brazos esperando porque ella se decidiera a dar el último paso para acabar con él. Yo no era tan paciente.

La ayudé a levantarse y sosteniéndola por la cintura, subimos a nuestra habitación. Al llegar se dejó caer sobre la cama y mi corazón se oprimió. La vi triste, deprimida, sin fuerzas y sin ganas de nada. Yo era el responsable de derribar la fortaleza que estaba intentando tener y lo sabía porque la Isabella animada que estaba tratando de seguir adelante con su vida, con nuestras vidas, no era la misma que veía en la cama con la mirada perdida.

Fui a buscar otra de mis pijamas para Isabella y al volver la llevé al baño y le di el tiempo suficiente para cepillarse los dientes y lavarse la cara. Volteó hacia mí cuando terminó y muy despacio comencé a quitarle la ropa. Bella era una muñeca en mis manos que se dejaba hacer sin protestar. En menos de dos minutos la tuve desnuda entre mis brazos y aunque mi cuerpo era plenamente consciente de su desnudez, el ver sus senos firmes y turgentes, su piel hermosamente pálida, el vientre plano que adoraba acariciar y besar y esas piernas que guardaban celosas el perfecto lugar en el que me dejaba ir, no reaccionó como el desesperado y salvaje animal siempre sediento de ella.

Parecía y sentía que por primera vez, había una conexión entre mis deseos y mi razón, y mi cuerpo la comprendía, la aceptaba y la obedecía.

Terminé de ponerle mi pijama y la llevé de vuelta a la habitación; quité las almohadas y cojines extras y sostuve las sábanas y el pesado edredón mientras ella se acomodaba para que la arropara. Me desvestí y tiré mi ropa en una silla, al mirarla de nuevo, estaba con la cara hundida en mi almohada. Me llenó el instinto de protección y quise abrazarla y besar su pelo hasta que se quedara dormida en mis brazos y velar su sueño. Rápido me coloqué junto a ella y la abracé. Bella instintivamente se acomodó en mi pecho y maldije dentro de mí.

No.

No era posible siquiera que existiera la más mínima posibilidad de que no acabara con esa inmunda rata. Había lastimado a mi mujer, le había, ¡nos había jodido la vida! Porque no había ni una jodida manera en la que yo fuera feliz si ella no podía serlo.

Pronto sentí su cuerpo yacer inerte entre mis brazos, mientras mis pensamientos me golpeaban sin piedad haciéndome pasar por un sinfín de sensaciones. Ya fue muy entrada la madrugada cuando logré conciliar el sueño y cuando eso sucedió, ya había tomado algunas decisiones importantes.

Abrí con un poco de pereza mis ojos y el primer sentimiento que me embargó esa fría mañana fue el de culpa. El día anterior no había estado exento de emociones de todo tipo y con lo saturada que estaba mi cabeza tanto de recuerdos de lo ocurrido en el transcurso de los días pasados y la discusión que habíamos tenido Isabella y yo por la identidad de esa basura, que preferí no comentarle nada acerca de la visita de su padre en mi oficina. Estaba cansado y no tenía ánimos de discutir sobre eso.

Isabella se removió y enterró el rostro en mi pecho, pero se retiró de inmediato frunciendo la nariz por las cosquillas que le habían causado los vellos en mi piel. Su nariz paradita se arrugaba y sonreí al ver un poco de inocencia aún en su cara. Una inocencia que ése maldito había empezado a borrar de su rostro y que yo estaba terminando con su trabajo cada día que ella pasaba conmigo. Sacudí mi cabeza para apartar esos remordimientos y seguí admirando lo hermosa que era. Despertó y al verme sonrió. Elevó su rostro y me besó en los labios.

–Buenos días – la apreté y la mecí entre mis brazos. No quería soltarla.

–¿Dormiste bien? – ella asintió.

–Bella, anoche no te dije pero – dije suavemente besándola en el tope de su cabeza –, tu padre estuvo ayer por la mañana en mi oficina.

Ella levantó el rostro y me miró bajo la luz que apenas alumbraba la habitación.

–Él… ¿está bien? – tragó en seco algo angustiada –. Me he olvidado de papá, yo…

–Hey, shh – coloqué mis manos a ambos lados de su cara –, mírame, él está bien, tranquila.

–Pero, entonces, ¿porqué fue a verte a ti y no a mí?

–Está apenado contigo. Tiene miedo que lo rechaces y además porque… – inhalé –… fue a pedirme que interceda por él.

–No entiendo – se sentó y giró un poco su cuerpo para mirarme.

–Charlie quiere terminar con las diferencias entre las chicas y tú. Quiere que yo hable contigo para convencerte de aceptar otro encuentro con ellas y que de una vez por todas se arreglen y olviden todo, pero le dije que esa era tu decisión y que yo no trataría de convencerte de nada – se quedó pensativa por un momento.

–¿Tú que harías? – preguntó de pronto con seriedad en su semblante.

–Aquí no se trata de lo que yo haría sino de lo que tú desees, amor. Ya sabes lo que yo opino de ellas, creo que contigo se portaron como las más egoístas… – me ahorré la grosería –, pero también tomo en cuenta lo que han vivido juntas y como se han apoyado y… y creo que si no te sientes capaz de olvidarlo todo como quiere Charlie, estás en todo tu derecho, Bella.

–Jane dice que lo hicieron por miedo al ver que ya no las necesitaba y que podía decidir por mí misma mi vida.

–Y creo que tiene mucha razón, prefirieron alejarte de sus vidas antes de que tú las alejaras a ellas.

Volvió a recostarse en mi pecho y durante un rato permaneció muy callada. Trazaba dibujos sobre mi pecho y yo hacía esfuerzos sobrehumanos por no reaccionar a sus inocentes caricias hasta que por fortuna apoyó las manos en mi tórax y me miró con un brillo en los ojos.

–Voy a hablar con papá.

***

Estaba retrasado gracias a Isabella y al buen humor que repentinamente se apoderó de ella después de enterarse que su padre quería verla. No me dejaba salir de la cama y yo no me opuse. Permanecimos solamente acostados hablando de tonterías y de algunas cosas importantes, como su nuevo apartamento, el cual le sugerí empezara a pensar en decorarlo. También jugueteamos un poco sin que las cosas llegaran a un punto sexual. Era demasiado pronto para pensar en eso después de todo lo que se había removido en su interior. Sin embargo, para mi sorpresa, disfruté mucho de esos arrumacos matutinos que eran nuevos para mí.

Caminaba por el pasillo y borré automáticamente esa sonrisa de mi rostro. Entré deprisa a la sala de juntas donde ya me esperaban todos mis hombres de confianza. Varios de ellos tenían cara de satisfacción, otros de preocupación y unos sólo fruncían el ceño. Saludé sin ceremonias y me senté en mi silla de cuero negro a la cabeza de la mesa.

Por espacio de una hora escuché los reportes que arrojaban las investigaciones hechas por ellos y que discutíamos en conjunto cada día para tener listo el plan de ataque en contra Black y su gente. Perkins hizo su aparición antes del medio día con nueva información. Dicha información me había tomado desprevenido ya que honestamente, había subestimado al hijo de puta de Black pero a la vez, dando gracias a Dios por haber alejado a Isabella de él a tiempo aunque hubiera dado lo que fuera para que ella no hubiera sido la única en tener esa oportunidad.

El reciente descubrimiento nos obligaba a replantear el avance contra Black&Motors pero aunque valía la pena, estaba desesperado y muy ansioso por caer de una buena vez sobre Black. Sólo tenía que practicar una virtud que no estaba en absoluto arraigada en mí… la paciencia.

Por la tarde, Isabella me llamó para decirme que iba a cenar con su padre. Tenían muchas cosas de qué hablar antes de reunirse con Alice y Rosalie. Bella estaba siendo más precavida y menos ingenua, estaba abriendo los ojos y si ése despertar hubiera estado acompañado de un poco de malicia hubiera estado mucho mejor.

Revisaba los últimos puntos del contrato de los terrenos que Emmett me había enviado para nuestro próximo proyecto. Los miraba sin ver. No estaba concentrado porque mi cabeza estaba a kilómetros de ahí pensando como siempre, en mil cosas a la vez. Mi teléfono volvió a sonar y era mi madre. Quería vernos, invitarnos de nuevo a su casa pero no quería forzar a Isabella a seguir con su vida como si nada hubiera pasado. Recordar todo seguramente le había tocado fibras que solamente el tiempo y la tranquilidad le ayudarían a sanar y aunque ella estaba poniendo mucho de su parte, lo último que haría sería presionarla de más. Iría al ritmo que ella me marcara.

Terminé la llamada con mi madre y me quedé mirando el teléfono.

¿Estaría haciendo lo correcto para ella?

Enseguida lo tomé y marqué. Miré mi reloj. Me puse de pie, tomé mi saco y salí de la oficina. Mi auto ya me esperaba abajo; subí a él y conduje hasta donde tenía mi cita…

–Soy Edward Cullen.

La mujer me miró y una sonrisa llena de intención que conocía muy bien se dibujó en su cara. Se puso de pie enderezando su espalda, lo que hizo que sus pechos se levantaran.

–Pase por aquí, señor Cullen, sígame – dijo mientras sus caderas se movían insinuantes delante de mí tratando de verse elegante. Falló.

–Señor Cullen – el hombre saludó al verme y me acerqué para darle la mano. Señaló un sillón que se veía muy cómodo pero opté por la silla frente a su escritorio.

–Dígame – se acomodó en la suya –. ¿Qué puedo hacer por usted?

–Quiero que me ponga al tanto de la situación de Isabella.

El Dr. Bower frunció el ceño mientras se acomodaba en su silla – Usted sabe bien que no puedo discutir sobre su caso, Edward.

–Usted no entiende, tengo que saber qué tan bien o mal se encuentra – dije con firmeza.

–Ella estará bien – me aseguró.

–No es suficiente – enarqué una ceja –. Necesito que me diga si…

–Isabella es quien toma las decisiones aquí – me interrumpió calmadamente –. Ni usted, ni yo, ni nadie más. Ella es la única que conoce sus tiempos, sus deseos y sus capacidades. Crea en ella, Edward, confíe en ella.

–Lo hago – el hombre enarcó una ceja.

–Sin embargo hay algo que lo tiene intranquilo – me removí incómodo en la silla bajo su escrutinio –. La respuesta que busca no la encontrará en los demás. Nadie puede realizar su propio trabajo, Edward, eso sólo le corresponde hacerlo a usted.

Me puse de pie como impulsado por un resorte. Bower podía ser el mejor psiquiatra de todo Londres pero conmigo se equivocaba. ¿Hacer mi trabajo?, ¿de qué rayos hablaba?

Salí del impoluto consultorio deprisa y molesto. No me gustaba que la gente me analizara y mucho menos que pensaran que podían leerme, como lo había hecho Bower unos instantes atrás. Me obligó a salir de ahí sin la respuesta que había ido a buscar sobre Isabella.

Aún era temprano para ir a casa. Isabella estaría todavía cenando con Charlie y yo necesitaba un trago, o tal vez dos… llamé a Emmett pero su teléfono me respondió que estaba fuera de área y Jasper, ése se había vuelto tan ilocalizable que ni siquiera intenté dejarle un mensaje de voz. Me dirigí solo al bar de siempre y después de varios tragos, aburrido de beber sin compañía, me fui a casa.

Ella ya estaba ahí. Debía haber llegado desde al menos una hora antes aproximadamente y con seguridad, ya estaría dormida con el día tan ajetreado que suponía había tenido. Entré a mi estudio y me serví otra copa; me dejé caer sobre el sillón y con el control remoto encendí el sistema de sonido. Necesitaba oír algo, lo que fuera, para evitar sentirme tan solo.

¿Solo?

Bufé. Si, me sentía solo y me sentía así porque sabía que el estarle ocultando algo tan importante a Isabella, abría una brecha entre nosotros que se hacía más ancha con cada instante que pasaba y yo no le confesaba nada, dejándome del lado más desolado de ésta.

El lado más desolado y el que me hacía sentir el más culpable también porque ella había tenido las agallas de abrirse a mí, de desnudar su alma y sus miedos mientras que yo, por miedo me callaba.

Si. Era miedo. Miedo de que no comprendiera mi silencio, mi proceder… eran tantas cosas que me habían obligado a permanecer callado que ya no recordaba muchas de ellas.

Si, Edward Cullen, ella es más valiente que tú y te ama… ¿la mereces?

De un trago me tomé lo que quedaba en mi vaso y con pesadez me levanté del sillón. Subí las escaleras y al entrar a la habitación ella no estaba ahí, la cama seguía intacta y no había ropa suya por ningún lado. Casi corriendo fui a su antigua recámara y todo el alcohol que había ingerido se evaporó de mi organismo al ver que tampoco se encontraba ahí aunque sí su bolso y la ropa que esa mañana vestía. Respiré de nuevo y salí buscándola por cada habitación hasta que llegué al cuarto lila. Isabella dormida junto a la puerta del cuarto de juegos, estaba hecha un ovillo en el suelo frío y sólo una bata de seda negra cubría su cuerpo.

¡Maldita sea!

¿Necesitaba acaso encontrármela así para sentirme más culpable?

Como siempre, sólo mis problemas me parecieron más apremiantes y olvidé que ella llevaba una carga más pesada que la mía. Que mi culpa se podía diluir fácilmente con un perdón pero la suya la llevaría grabada en la piel y en el alma por siempre y aún así, dejaba sus miedos de lado y luchaba. Esa era Isabella Swan… mi Isabella.

Me arrodillé y con mucho cuidado para no despertarla la levanté pero al sentir mis brazos bajo su cuerpo, rodeó mi cuello y me susurró muy suavemente…

–Por favor, Señor, lo necesito…*


*


*


*


Gracias a Isita María. También a Lethy, Coudy, Loys y Nani (gracias por dejarme robar algunas de tus fotitos), las quiero. A las nenas del Facebook y por supuesto a ustedes que siempre me dejan su comentario Kinky… Gracias.


Besitoo





15 comentarios:

  1. Santo Cristo!!! Quiere al SEñor!!!!!!!

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  2. Aww x dios q ser tan putamente perfecto!!!! Con cada capitulo lo quiero mas !!! Dios y q final x dios pero es obvio ya tanto bella como nosotras ocupamos q el gran señor llegue!!! Q tan divino ....
    Como siempre te luciste li

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  3. QUE CAPITULO!!!!!
    Li me esta dando miedo el rumbo q de repente estan tomando los pensamientos de Nuestro Señor!!
    Que te puedo decir aun estoy en shock creo q a veces es más complicado él q Bella, me encanta q quiera destruir a Jacob hahhahaha es lo q mas deseo, pero por otro lado me deja fria cuando empieza cn eso de q no se la merece, claro q se la merece solo tienen q hablar y aclararse las cosas para q todo empiece a tomar el rumbo correcto, por cierto tengo ganas de cachetearme a bella hasta q entre en razon y comprenda q tiene q decirle el nombre a Edward para q asi ella misma se libere.
    Cardiaco, triste y hermoso, asi me parecio el capitulo mujer, muchas gracias x darnos tan interesante historia Li enserio gracias.
    Esperaremos de rodillas y en posición de respeto la proxima actualización de Nuestro Señor y mientras el llega te mando un abrazo y nos seguimos leyendo!!

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  4. muy bueno...me dejaste como siempre sedienta de mas informacion, quiero que bella supere sus traumas y le al Señor lo que quiere....esta parejita es explosiva.
    me gustaria tener un Señor como Edward para mi solita...jajaj..

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  5. oh Li, este capi estuvo genial, edward se sentia tan impotente de no poder hacer nada para ayudar a su isabella, fue tan, intenso, tierno y agresivo a la vez k me dejo sin aliento en ciertos momentos.... y por dios no kiero k nos salgas con sorpresitas raras d k edd no se siente seguro del amor de bella, porfis, solo tienen k tener mas comu8nicacion y sincerarse de una vez.... y kien me apoya k debo golpear a bella, y decirle el nombre de ese maldito perro sarnoso de jacob.

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  6. rayos LI eres fantastica me tienes amando esta historia cada vez mas,me encanta.....Sigue asi nena...

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  7. Diablos Li que capitulo mucho de las cosas que esperábamos de nuestro señor , oh si y ella quiere que el señor regrese...

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  8. Genial nena, pedazo de capitulo y por lo que veo empieza la acción!!
    Te mando un besazo enormeeee desde el otro lado del "charco", sabes que te quiero.

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  9. sin palabras...admiro tu manera de narrar...espero ansiosa cada capitulo...gracias por compartirlo..felicitaciones..un beso desde argentina.Karim moon

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  10. Me encantan los POV edward, siento al señor un poco inseguro porque le da pavor y miedo perder a bella, ojala ella confie en él y le diga el nombre del perro asqueroso para que edward acabe definitivamente con ese chucho! Por otro lado no me urge que bella perdone a las dos brujas jejejeje, gracias por el capitulo Lii

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  11. wow, no se ké decirteeee, o mejor dicho por donde empezar!!! como siempre el capitulo excelente, me encanta ke ed la mime, y sobretodo la entienda y es obvio ke edward teniendo la personalidad ke tiene kiera hacerce cargo de black, y ke hombre no lo haria por su mujer?? me encanta por otro lado estoy intrigada, ke esconde edward?? cual es la parte sucia o no tan sucia de nuestro nuesñor?? hasta ahora no hemos conocido mucho de su vida, digo me refiero a ke todavia nos falta saber ke paso en realidad con liz,en fin grax x el capitulo y saludos!! :D

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  12. HOLA ME HAS DEJADO SIN PALABRAS ME ENCANTO EL CAP Y VIENDO UN POCO A EDWARD NERVIOSO POR PODER PERDER A BELLA O QUE LE PUEDA PASAR ALGO ESPERO QUE BELLA LE PUEDA DECIR EL NOMBRE DEL CHUCHO Y VEO QUE SIGUE LA ACCION SABES ME ENCANTA ESTE PAPEL DE EDWARD NADA QUE SE DEJA POR QUE AME A BELLA EL ES EL QUE MANDA ASI TERMINA BELLA CEDIENDO ME GUSTA PERO TMB LE FALTA A EDWARD SINCERARSE CON BELLA SOBRE SU HERMANA BUENO TE DEJO POR QUE SI POR MI FUERA LE SIGO ME ENCATA TU HISTORIA HABRA EN VERDAD DOMINANTES Y SUMISAS?

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  13. Hola no había leído tu historia antes pero me gusta mucho, las otras historias de Dom siempre el las elige pero es un poco extraño que ella sea quien quiera esa vida y someterse a él... Isabella ha sufrido mucho desde la muerte de su madre, luego el abandono de su padre pensando que era lo mejor para ella, el maltrato de jacob y su humillación y luego cuando empieza hacer feliz sus amigas la abandonan... Me gusta que este Edward a pesar de ser un dominante tenga su lado romántico y dulce, realmente es un amor preocupando por ella al cuidarla y mimarla...

    Había leído historian antes de BDSM pero esta es la que mas pone mas cosas sobre eso, y esa visita a uno de sus lugares... Aww quiero saber quien es Vera y porque beso a Edward delante de Bella y el le correspondió... siento que Edward esta cometiendo muchos errores al irle ocultando cosas cuando ella se sincero con algo realmente que le afectaba...

    Me gusta esta Historia!!! Gracias por regalarnos un pedasito de tu imaginación y conocimientos de esta clase de juegos xD

    Muero por leer el próximo capitulo... Y disculpa mi curiosidad pero cuantos capitulos le falta para terminar o aun nos espera mucho de esta pareja??

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  14. extraño al señor ...ya no nos hagas esperar...!!!

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  15. lo ocurrido en la vida real de kristen y robert va a afectar la historia ??? :/ ojala nos dejes saber pronto tu q piensas y si vas a continuar

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