sábado, 18 de febrero de 2012

CAPITULO 27

Hola Nenas! 
Estoy muy feliz porque ustedes han nominado mis dos historias para verlas convertidas en un libro…
No tengo cómo agradecerles el que me tomen en cuenta y más porque la lista incluye a muchas de mis autoras preferidas, es todo un honor el que me hayan llevado hasta ahí, MIL GRACIAS.
Si quieren seguir haciendo mis sueños realidad, pueden votar por ellas en el enlace a un lado... 


Ahora si, a leer!*


***


Alegrías Inesperadas.

Te amo para amarte y no para ser amado, puesto que nada me place tanto como verte a ti feliz.
George Sand


Coulplay, Can't get you out of my head (Click en el reproductor)


BELLA’S POV


Soy Edward Cullen, el novio de Isabella…

Esa noche el lujoso comedor de mi casa en San Francisco lucía espectacular, la gran mesa estaba elegantemente vestida con la mejor vajilla, cubertería y cristalería que Sue sólo colocaba en ocasiones especiales, como esa.

No solo nos acompañaban los mejores amigos de mi padre y sus esposas, también Edward estaba sentado a un lado de mi padre que por supuesto, ocupaba la cabecera de la enorme mesa y yo, su novia, junto a él.

Después de haber pasado por el shock inicial de verlo ahí, de lanzarme a sus brazos y ser recibida con un beso que iba cargado de tanta pasión como el que yo le daba, de ser envuelta por ese calor tan suyo y de poder aspirar su aroma tan característico, un carraspero nos hizo voltear y encontrarnos con la mirada de mi padre que nos observaba asombrado.

–Papá – dije con sorpresa al ser consciente de la forma en que reaccioné al ver a Edward en mi casa y porque mi padre fue testigo de mi efusivo arranque.

–Papá, te presento a Edw…

–Mucho gusto, señor Swan – él no me dejó continuar, tomó el mando, el control de la situación, como estaba acostumbrado a hacer.

–Soy Edward Cullen, el novio de Isabella.

¿El qué?

El aire entró por mi boca ahogando cualquier palabra que hubiera querido decir.

¿Su novia?

Grité para mis adentros. Su novia… Giré mi cabeza para mirarlo segura de que lo que había escuchado había sido un error pero en ese momento mi padre comenzó a toser como si se hubiera atragantado con una nuez gigante. Edward me mantuvo junto a él abrazando firmemente mi cintura, pero cuando vimos que el acceso de tos no pasaba, me moví de su lado para acercarme a ayudarlo. Carmen ya había llegado para cuando hice el intento de auxiliarlo y con una ternura que me dejó sin habla, lo acariciaba y palmeaba su espalda con mucho cuidado. Sam se acercó tan sigiloso como siempre, con un vaso de agua y eso lo ayudó para dejar de toser.

–Charlie, ¿qué pasó? – la mano de Carmen seguía subiendo y bajando por su espalda mientras nos miraba intrigada a Edward y a mi.

–¿Necesita algo, señor Swan? – Edward le preguntó educadamente y mi padre lo miró receloso.

–No – fue tajante –. Yo estoy bien.

–Papá, ¿estás seguro? – insistí y recibí su mirada que después recayó nuevamente en Edward.

–Bienvenido a esta casa, señor Cullen – su tono no fue frío, pero tampoco fue el más amistoso, exhalé lenta y discretamente. Al menos eso indicaba que por el momento no iba a interrogarme, aunque sabía que lo haría más adelante y conociéndolo como lo hacía, debía estar preparada para lo que fuera.

–Muchas gracias, señor Swan – su mano apretó casi imperceptiblemente mi cintura.

–Siento mucho que mi hija no nos haya informado con anterioridad que usted vendría esta noche y lo que es más importante – tosió de nuevo y cuando se detuvo, vi el enojo en sus ojos que me miraban fijamente -. Que ustedes tenían una relación. Confieso que me ha tomado por sorpresa – admitió decepcionado mi padre.

Iba a decir algo, no sabía qué pero debía que decir algo a mi favor para alejar la imagen que seguro ya tenía formada mi padre de mi.

–Discúlpeme usted, señor Swan, señora – asintió ligeramente hacia ellos –. Isabella – cerró los ojos y bajó un poco la cabeza.

–La culpa es toda mía – se llevó una mano al pecho –. Isabella no sabía que yo iba a llegar de improviso, quise darle una sorpresa, pero asumo que ha sido de muy mal gusto, mis disculpas de nuevo, por favor.

Carmen, aferrada al brazo de papá nos sonreía y nos miraba fascinada.

–Eso puedo entenderlo, pero que no me haya dicho que ustedes dos tienen una… relación – los ojos de mi padre se entrecerraron mientras nos miraba –. Ella no está sola en este mundo, señor Cullen, tiene todavía un padre que se preocupa y ve por ella y no me importa si es aún una niña o ya es mayor de edad, es mi hija y el hecho de que no me lo haya dicho, me tiene muy enojado, me siento engañado – cerró la mano en un puño; estaba muy molesto.

–Charles – le susurró Carmen al oído reprochándole que fuera tan duro.

–De nuevo la culpa es toda mía, señor Swan – inhaló profundamente, tomó mis manos y me miró –. Yo le pedí a Isabella que esperara y no le dijera nada porque quería que lo hiciéramos juntos; venía muy entusiasmado porque sabía la llenaría de alegría el que al fin le pudiéramos comunicar lo que tenemos en un momento más adecuado desde luego, pero al verla, todo lo que siento por su hija me hizo olvidar lo que tenía en mente y en un impulso lo dije no siendo en el mejor momento ni de la forma más sutil – miró a mi padre –. Le ruego que no se enoje con ella, por favor.

Mi padre, Carmen y yo lo mirábamos perplejos. Yo estaba más que eso, simplemente no podía creer que ese mismo hombre, el que me sostenía de las manos y que había dicho todas esas cosas tan lindas y dulces fuera el mismo Edward Cullen que yo conocía. Definitivamente no había manera de que fuera el mismo hombre dominante que me había pedido firmar un contrato para poder seguir a su lado, el hombre que me encerraba en su cuarto de juegos, que me amarraba, que me cortaba la ropa con sus filosas tijeras, que ponía dolorosas pinzas en los pezones y que azotaba mis nalgas hasta dejarlas de un color rojo brillante, el que me hacía pasar por un sinfín de sensaciones, me agotaba y luego cuidaba de mí.

Edward me dio un apretón en las manos; pude ver la cara de felicidad de Carmen después de ese momento de perplejidad, el ceño fruncido sobre los ojos café oscuro de mi padre y sus puños cerrados fueron relajándose poco a poco.

–Humm, está bien – dijo gruñendo ligeramente –, pero recuerda, Edward – recalcó su nombre –, que aún tenemos una conversación pendiente; vamos que necesito algo fuerte para tomar antes de cenar – y de la mano, se llevó a Carmen directo al salón.

Yo respiraba jadeante, como si hubiera estado en medio de una batalla entre dos colosos que acababa de finalizar.

–¿Estás bien, Bella? – me acercó a él y me rodeó con sus brazos.

–¿Qué… qué rayos fue todo eso? – pregunté entre titubeos empujando su pecho con mis manos para verlo a la cara.

–Tú y yo también nos debemos una plática, mi amor – besó la comisura de mis labios y el timbre de la puerta volvió a sonar –, pero tendrá que ser después, ahora vayamos con tu padre.

Entre todo lo confundida que me podía sentir, también estaba que brincaba de felicidad. Edward había ido a buscarme, dejó a sus padres para estar conmigo y… y entonces por un segundo me sentí un poquito más culpable con ellos, pero ya encontraría el modo de disculparme tan encantadoramente como lo había hecho Edward con papá unos minutos antes.

Le presenté a Eleazar, a María y a los recién llegados, Harry y Rachel. Nos felicitaron muy afectuosamente y me permití gozar del momento que estaba viviendo como si fuera verdad. No había forma en que no pudiera hacerlo porque Edward siempre estaba tocándome de algún modo, ya fuera que estuviéramos tomados de las manos o que me abrazara por la cintura o acariciara mi mejilla. Yo lo miraba como un ser a cual adorar y le sonreía con cada muestra de afecto, me perdía en sus verdes ojos y casi podía jurar que dejaba de respirar.

–La cena está lista – anunció Sam y todos nos pusimos de pie para ir al comedor, pero Edward me retuvo un momento.

Me besó de manera salvaje, intensa, tanto que me quitó el aliento y sentí cómo mi cara se encendía.

–Te extrañé mucho – murmuró en mis labios.

Lo miré extrañada – Hemos estado separados otras veces y por más tiempo.

–Sí, pero esas veces fueron por obligación y no porque así lo hubiéramos decidido – acariciaba mis mejillas con sus pulgares.

–Edward, yo… – me callé porque no sabía qué explicarle ni cómo.

–Shhh, no te estoy reclamando nada, Bella, es solo la verdad; es mucho más duro estar separado de ti así, que cuando sé que es por que no queda otro remedio.

–Pero…

–Basta – me miró serio –. No quiero seguir hablando de esto, vamos, que si nos tardamos un segundo más tu padre me asesinará con alguna de esas espadas orientales que colecciona – me reí.

–Son japonesas y están fabricadas con acero que exportamos a ese país – dije orgullosa.

–Ah, ¿entonces me obligará a hacerme el harakiri? – apareció su sonrisa torcida.

–Mmm no lo hará – afirmé.

–¿Y porqué lo dices tan segura? – juntó las cejas.

–Porque tengo poder sobre él.

–Por lo que vi hace un rato ya no eres la única, Bella – se burló.

–Ah, es verdad, fui vilmente destronada – admití.

–¿Es su novia?

–Van a casarse – me sentí contenta por ellos.

–No me habías dicho que tu padre tenía novia y mucho menos que iba a casarse de nuevo, bueno, en realidad no me has contado mucho sobre él.

–Hay muchas cosas que no te he dicho.

–Lo sé y eso es algo que tengo muy presente… Isabella.

***

Pasamos al comedor y para seguir con las sorpresas, papá, sentado a la cabeza de la mesa había dejado el lugar a su izquierda y el siguiente, para Edward y para mí. De inmediato bloqueé lo que me decía siempre desde pequeña…


Mantén cerca a tus amigos, pero aún más cerca a tus enemigos…

Ignoré sus palabras y tomé asiento junto a Edward para escuchar las palabras de papá como cada año.

–Esta noche es muy especial. Es una noche para estar con la familia y con los amigos más cercanos. Este año estoy feliz por ver cómo mi familia va creciendo – miró cariñosamente a Carmen y luego para mi asombro a Edward, que apretó muy fuerte mi mano –, pero estoy triste también por la ausencia de dos de mis hijas a quienes les deseo la mayor de las suertes en la vida y espero tenerlas muy pronto de vuelta en casa.

Edward me miró como preguntándome porqué no le había dicho a mi padre que Alice y Rose no vendrían porque estábamos enojadas. Yo solo bajé la mirada, reconociendo la vergüenza que tenía conmigo misma por haberme comportado de la manera en la que lo hice esa tarde en el supermercado. Me dolía la ausencia de ambas y más que en ningún otro momento, quise no haber sido tan soberbia y no haber ido a buscarlas de nueva cuenta.

–Y a ustedes amigos, gracias por acompañarnos. ¡A cenar!

Después de unos cuantos aplausos, Sam y un ayudante comenzaron a servir la cena que Sue había cocinado durante todo el día. Sirvieron la crema de nuez y una vez que terminamos todos con la crema, empezaron a colocar los diferentes platillos al centro. Ensalada de navidad, el pavo en salsa de ciruelas que estaba segura que a Edward le encantaría, dos tipos de carne, pasta con espárragos, verduras a la mantequilla y varios platos más que llenaban la mesa haciendo de la cena un verdadero festín.

–Esto está delicioso, Bella – me murmuró muy bajito al oído. Edward comía con gusto, como si no hubiera comido en días.

La plática durante la cena fue informal; Carmen sabiamente prohibió hablar de negocios mientras cenábamos y yo miraba cómo mi padre le obedecía feliz, pero lo que no pudo evitar fueron el raudal de preguntas que nos cayeron encima a Edward y a mí.

Quisieron saber donde nos habíamos conocido y respondí que en el club de polo. Les conté de los caballos de Edward y de cómo moría de miedo al principio, pero ahora adoraba ir a verlos, llevarles sus golosinas y que además, Edward me estaba enseñando a montar. Mi padre casi vuelve a atragantarse, pero Edward le aseguró que no había ningún peligro porque él siempre permanecía a mi lado y porque yo lo hacía muy bien.

También quisieron saber si le había sido muy difícil conquistarme. Mi cara se encendió como un bombillo al escuchar a Edward decir que esa pregunta tendrían que hacérmela a mí porque yo fui la que realmente lo conquistó y que me admiraba por ser una mujer decidida y valiente, que eso había sido lo que le dijo que yo era especial y desde ese momento supo que no debía dejarme ir. Se acercó a mí y besó mi sien bajo la atenta y aún seria mirada de mi padre.

Le preguntaron por su familia, lo sentí un poco tenso pero se relajó cuando comenzó a hablar de sus padres y a papá se le cayeron los cubiertos de las manos cuando se enteró que yo ya había ido a comer a su casa en un par de ocasiones y que ellos me querían tanto que me habían traído un regalo de su último viaje a España.

–Con mayor razón me enojo – gruño papá –. Me dejaron al último.

–Si viviéramos aquí tendrías todo el derecho a enojarte, como vivimos en continentes distintos no te queda otra que sonreír – alegué y todos rieron menos él, eso estaba resultando un poco difícil para papá.

–¿Quieres un poco más? – le pregunté a Edward al ver que ya casi se terminaba la carne que le había gustado. Él asintió y automáticamente enarqué una ceja.

–Sí, por favor – me respondió captando la muda indirecta.

Sonreí satisfecha sabiendo que esos pequeños triunfos solo podría disfrutarlos mientras estuviéramos en público, pero no me importaba, yo los saboreaba con gusto. Me incliné un poco y tomé el cucharón para servirle más carne en su plato.

Papá me observaba sin perder detalle de mis movimientos y Edward lo sabía. Me dio las gracias con una sonrisa que no necesitó de palabras. De igual modo, bajo la severa mirada de mi adorado progenitor, le serví el postre y Edward lo devoró en un instante.

Terminamos de cenar y papá anunció que en el saloncito azul abriría una botella de coñac Henri IV Dudognon Heritage. A Edward se le pusieron los ojos en blanco y me abrazó.

–No puedo perderme eso, cariño – me susurró al oído y mis piernas se suavizaron al escuchar como me había llamado.

–Voy contigo – lo último que quería era separarme de él para escuchar más planes de boda.

–No. Creo que tu padre está esperando este momento y me quiere solo, Bella, anda, en un rato estaré contigo.

Edward estaba tranquilo y yo no tuve más remedio que obedecer, así que me fui al saloncito rosa donde estaban Carmen, su cuñada y Rachel hablando de posibles lugares para su boda con mi padre. De vez en cuando Carmen pedía mi opinión, pero se dio cuenta perfectamente que mi mente estaba en el saloncito de junto, con Edward, así que no me insistió.

Casi media hora después, los señores se reunieron con nosotras y tanto mi padre como Edward se veían mucho más relajados. Me puse de pie y él vino directo a mí, me abrazó y besó el tope de mi cabeza.

–¿Todo bien? – pregunté con voz tímida y él me sonrió.

–Todo perfecto, Bella, ya no te preocupes y disfruta esto, por favor – me pidió y por un momento lo hice.

Me creí que todo lo que había dicho era cierto, que no soportaba estar alejado de mí y que me extrañaba, que en verdad teníamos algo y que ese era el motivo por el cual había venido hasta San Francisco, que estaba feliz por nuestra relación y que quería que las personas más importantes de nuestras vidas lo supieran.

Entonces mi cerebro dejó de funcionar… Edward no era una persona a la cual le importara el qué dirán, no era alguien que se tomara una molestia tan grande como dejar a sus padres en noche buena y navidad y abordara un jet por once horas solo para aparentar una relación feliz, entonces, ¿con qué fin lo habría hecho?

Sacudí mi cabeza y decidí hacer algo inteligente, obedecerlo de nuevo. Disfrutaría el momento cuanto durara. ¿Dos semanas?, ¿un mes, seis?, ¿un año?, no me importaba, yo estaría preparada y así no sufriría mucho cuando llegara el final pero, ¿por qué sufriría?, ¿por qué sentía algo más grande por Edward?, ¿por qué amaba Edward? Maldita fuera, sí...

¡Lo amaba!

Lo amaba y no era un sentimiento que acabara de descubrir, no. Era un sentimiento que no quería aceptar disfrazando de mil formas todas las emociones que Edward me provocaba, todas, desde la primera impresión que tuve de él cuando lo vi en el club y luego en el evento con Rose, ese magnetismo, esa mirada intrigante y amenazadora que tenía el poder de paralizarme o hacerme estremecer, su voz dura pero suave que hacía derretir hasta el acero más puro, sus mimos, su forma de cuidarme, su obsesivo y posesivo carácter, todo, todo me tenía completa y absolutamente perdida, pero sin dudarlo, estaba segura que si Edward no fuera un dominante, yo ni siquiera hubiera desperdiciado dos segundos volteándolo a ver…

Porque así como no podía negar que lo amaba, tampoco podía negar que su vena dominante y que fue lo que de entrada me atrajo de él, me tenía completamente loca. Si, me aterraba cuando me decía que tenía que castigarme pero segundos después, mi cuerpo comenzaba a temblar ante la expectativa de lo intenso de las sensaciones de las cuales iba a ser víctima. Una víctima voluntaria que disfrutaba de la experiencia entera; primero del miedo, luego de la fuerza y por último de la ternura que me prodigaba el hombre a mi lado. Sí…

¡Lo amaba!

***

Sin que me diera cuenta por estar disfrutando mi sueño al lado de Edward que no dejaba de acariciar mi mano, Eleazar y María empezaron a despedirse y luego lo hicieron Harry y Rachel. Nos deseamos entre todos una feliz navidad y papá los acompañó a la puerta con Carmen mientras nosotros nos quedábamos en el saloncito porque Edward quería despedirse más íntimamente de ambos. Ellos volvieron y Edward y yo nos pusimos de pie.

–Esta ha sido una velada sin duda inolvidable – acertó a decir Edward –. Le agradezco infinitamente que pese a mi inoportuna intromisión me haya recibido en su casa esta noche, señor Swan, ha sido un enorme placer conocer al padre de una mujer tan maravillosa y por supuesto a usted también señora – se giró hacia Carmen que sonrió complacida.

Tomó la mano de Carmen y depositó un suave beso en el dorso.

–Desde luego que ha sido una noche inolvidable, jamás la podré borrar de mi memoria – mi corazón brincó al ver un atisbo de sonrisa en sus labios –. Edward, eres bienvenido a esta casa mientras yo vea a mi hija feliz como ahora la veo, procura mantenerla así siempre.

–Haré todo lo que esté a mi alcance y más, señor – dio un ligero asentimiento –. Ahora siento mucho retirarme, pero el viaje me ha cansado un poco y aún no me he registrado en el hotel.

–¿Hotel?

Carmen inquirió mirando a mi padre quien bufó y rodó los ojos, asintiendo resignado.

–Esta casa tiene muchas habitaciones, Edward y a Charlie, a mí y por supuesto a Bella, nos encantará que acepte quedarse con nosotros – ofreció contenta y desde ese momento la quise mucho más de lo que ya lo hacía.

–Por favor, no se molesten – negaba con la cabeza –. Un auto me espera afuera para llevarme al hotel, pero les aseguro que mañana estaré aquí desde temprano, no quiero desperdiciar ni un solo instante sin mi Bella.

–Edward, por favor, quédate – le pedí. Me miró y sonrió.

–Carmen tiene razón, Edward, en esta casa lo que sobran son habitaciones, además ten en cuenta que harás muy feliz a mi hija si te quedas – no podía creer que mi padre cambiara de actitud tan rápido respecto a Edward.

Lo pensó por unos instantes y luego me sonrió – De acuerdo, acepto y desde ahora les doy las gracias por la invitación.

–¡Magnífico! – Carmen aplaudía feliz –. Bella, todas las habitaciones están listas, puede instalarse en la que desee.

–Bueno – dijo mi padre ya cansado también –, nosotros nos retiramos, no se duerman muy tarde.

–Claro que no, señor Swan – aseguró Edward.

–¿Podrías dejar de llamare, señor? Me siento un viejo cuando se refieren a mí de esa forma.

–Está bien, Charlie – mi papá sonrió satisfecho cuando escuchó su nombre.

–Y yo soy Carmen – añadió mi futura madrastra.

–Gracias Carmen, Charlie, por la confianza – se giró y me miró de forma penetrante –, les aseguro que no los defraudaré.

Dios, a veces Edward era tan obsesivo… el asunto de la confianza en verdad lo recalcaba cada vez que podía y yo no me sentía muy cómoda con eso que digamos. De alguna forma sabía que todas esas indirectas iban dirigidas a mí por lo que me guardaba y aún no podía contarle a Edward, pero yo aún no estaba preparada para hacerlo porque todavía tenía que reestructurar en mi mente lo que había ocurrido aquella noche ya que debido a mi negación, mi memoria ya no detectaba bien si algunos de mis recuerdos eran hechos reales o meras suposiciones mías.

Pero estaba decidida a hacerlo, a trabajar en ello porque yo necesitaba reponerme y poder vivir como cualquier mujer normal, necesitaba aceptar lo que me hubiera ocurrido y salir adelante siendo capaz de estar en total control de mis emociones y en eso, era en lo que me iba a concentrar apenas volviera a Londres y visitara al Dr. Bower.

–¿Qué habitación prefieres? – le señalé varias puertas desde el pasillo donde estábamos parados.

–La más cercana a la tuya – me abrazó por detrás y mordió mi oreja. Me estremecí por completo.

–Entonces esta – avancé unos pasos y abrí una puerta, invitándolo a pasar –. Mi habitación está justo en frente, no te vas a perder en el camino – Edward sonrió.

–¿Y la de tu padre?

–La puerta al final del pasillo, del otro lado de las escaleras – dije con voz muy bajita.

Entramos, Edward cerró la puerta con seguro y de pronto todos mis sentidos se avivaron. Comenzó a aflojarse el nudo de la corbata y se acercó a mí tomándome por la cintura.

–Me gusta mucho tu vestido, te ves muy hermosa, pero…

–¿Pero qué?

–¿Cómo se supone que debo tomar esto? – me alejó un poco y me miró de arriba abajo –. ¿Cómo un acto de rebeldía quizás?

–No es rojo – respondí rápidamente.

–Casi lo es – tragué en seco –, y creo que debo hacer algo al respecto.

–Es navidad, Señor – bromeé.

–No te preocupes, después me encargaré de castigar a la señora Claus, la ataré con las riendas de los renos y me la follaré contra el trineo pero mientras, alguien debe recibir su castigo.

Ahogué un suspiro y Edward colocó mis muñecas en mi espalda y las ató con su corbata.

–No tengo conmigo los implementos que quisiera para asegurarme que este castigo sea suficiente y que entenderás porqué lo estás recibiendo, pero puedo improvisar…

Oh Dios, el Señor estaba de vuelta…

Tomó el pañuelo que adornaba su saco y me amordazó. El miedo de no saber qué tenía pensado hacer aceleró mi respiración y mi adrenalina comenzó a dispararse cuando se sentó en una silla llevándome con él, acomodándome a horcajadas con mis piernas a cada lado de sus muslos. Lentamente subió mi vestido hasta que pudo ver mis bragas.

–Siempre cuidando hasta el más mínimo detalle, las bragas del mismo color que tu vestido…

Subía y bajaba sus manos por mis muslos calentándome la piel; el deseo crecía en mi interior y yo rogaba porque no se demorara y me castigara pronto para que pudiera sentirlo de una vez dentro de mí. Rozó su mano contra mi sexo y gemí aunque yo lo que quería era gritar cuando hizo a un lado la tela de mis bragas y sus dedos exploraron mis pliegues húmedos.

–Tu maldita manera de responder tan rápido a mí, Bella…

Dijo esto y hundió sus dedos en mi abertura, moviéndolos despacio pero con firmeza, excitándome más, como si eso fuera posible. Eché la cabeza hacia atrás y gemí de nuevo; comencé a mover mis caderas para obtener una mayor fricción de sus dedos en mi interior, pero Edward me rodeó la cintura con el otro brazo manteniéndome quieta.

Él inclinó la cabeza y sobre la tela buscó mi pezón con sus dientes y una vez que lo encontró, lo rodó entre ellos llevándome al límite de mis deseos. Eran tantas las sensaciones que lo único que podía hacer era negar con la cabeza y no para que se detuviera sino para que no lo hiciera porque necesitaba sentirlo de esa forma, duro, fuerte, salvaje, como era el hombre que me atrajo desde un principio, como el hombre que yo sabía que era.

Sus dedos abandonaron mi interior y me movió hacia atrás sobre sus muslos y sentí que el cielo se me venía encima, no podía dejarme así, ese no podía ser mi castigo… me lamentaba por mi cruel final cuando vi sus manos desabrochar su cinturón y el botón de su pantalón, bajó su cierre y la parte delantera de sus bóxers azul marino.

Su erecto miembro saltó libre, pulsante, fuera de su prisión. Mi respiración se agitó y traté de moverme hacia delante; Edward me ayudó y me colocó sobre su longitud, hizo a un lado la tela de mis bragas y se enterró en mí, llegando hasta lo más profundo y haciéndome gemir desesperadamente. Ya dentro de mí, con sus manos en mis caderas me movía contra él y podía sentir su urgencia casi tan desesperada como la mía, de llegar, de liberarse, como si fuera una necesidad explotar dentro del otro...

Edward empujó con fuerza, me embistió, se enterraba en mí cada vez con más rudeza, transportándome al séptimo cielo entre mis gemidos roncos y los suyos contenidos. Ya estaba muy cerca, lo sabía porque mi piel ardía así como cada órgano de mi cuerpo; mi vientre hervía y yo sabía que las oleadas de placer que se levantaban ahí eran señal de que en pocos segundos mi liberación llegaría.

Edward tocó mi clítoris para acelerar mi llegada y mi cuerpo empezó a tener espasmos de placer. Bajó el pañuelo de mi boca y atrapó mi grito con sus labios; me mordió y lamió cada centímetro de ella para luego invadirla con su lengua. Lo sentí hundirse en mí con más fuerza y de repente todo a mi alrededor se volvió un borrón. Me desmadejé en sus brazos y sosteniéndome así, siguió embistiéndome hasta que llenó mi interior con su calor.

Me recostó en su pecho y jadeantes los dos, esperamos a que nuestras respiraciones se normalizaran. Con cuidado desató mis manos, se llevó mis muñecas a sus labios besándolas con ternura y luego volvió a recostarme sobre él mientras que una de sus manos acariciaba mi espalda lentamente y la otra mi muslo. Estaba en mi lugar perfecto, con Edward, con el hombre por el que no solo tenía fuertes sentimientos, era el hombre a quién yo amaba…

–¿Cómo debo tomar lo que le dijiste a mi padre sobre nosotros?

Lancé de pronto esa pregunta, cuando ése encuentro con mi padre se me atravesó deteniendo cualquier otro pensamiento que tuviera en ese instante.

–Una vez te dije que no te ocultaría y ahora he decidido que quiero que todos sepan lo que eres para mí – respondió calmado, sin moverse siquiera.

–¿Y qué soy para ti? – le pregunté en un susurro.

–Tú eres mía, eres mi mujer, mi novia… eres mía, Bella, y si mis padres lo saben, ¿por qué el tuyo no debe enterarse de que tenemos algo?

–¿Entonces estás aquí solo por reclamar lo que te pertenece como un cavernícola? – me apoyé con las manos en su pecho separándome un poco para mirarlo.

–Bella, yo…– dio un respiro profundo –. No es solo por eso, cariño… – de nuevo me llamaba así.

–Entonces, ¿por qué más estás aquí? – insistí ansiosa.

–Porque encontré esto en nuestra cama… no estaba seguro si era para mí por eso vine hasta aquí para preguntarte…

¿Cariño?, ¿nuestra cama? Desee que Dios por favor me sostuviera porque eso estaba siendo demasiado para mi.

Edward sacó del bolsillo de su saco la cajita que le había dejado antes de partir y la puso en mi mano.

–Claro que es tuyo – le sonreí con dulzura –, pero no puedes abrirlo hasta mañana.

–Ya es mañana, Bella – dijo despacio y puso una caja más grande en su pecho –. Esto es para ti…

–Edward…

–Feliz navidad, mi amor.

***


EDWARD’S POV

Sus labios formaron una gran “O” mientras muy despacio abría la tapa de la caja y veía su contenido. Sus ojos se abrieron desmesurados y contuvo un suspiro llevándose la mano a la boca. Isabella estaba visiblemente emocionada y yo me sentía satisfecho por haberle podido dar algo que la emocionara tanto aunque ese regalo fuera el juego de pulsera y aretes de diamantes y rubíes que le había comprado en Bali y no un regalo comprado expresamente para esa ocasión.

Lo guardé porque había decidido dárselo cuando hubiera entendido que ser mi mujer era mucho más que sólo decir sí a todo y obedecer y Bella no sólo lo había entendido sino que había firmado el contrato y eso para mí, conociéndola como ya lo hacía, con su modo de ser tan independiente, con todo su terco deseo de autosuficiencia y su rebeldía, significaba más que solo querer estar junto a mí.

Era por eso, por su actitud de ciega entrega hacia mí, sin reproches, solo con aceptación devota de su parte y con un deseo de complacerme que me hinchaba el pecho, por lo que me reprochaba a cada segundo todos los violentos arranques que había tenido con ella. Debió estar muy asustada, la hice llorar y la hice temblar innumerables veces para hacerla mía con el grado de miedo justo que me gustaba que tuvieran mis sumisas, que me lograba excitar y hacerme subir a unos niveles inimaginables de placer.

Eran esos los sentimientos confusos, los que me robaban el sueño cada noche tratando de buscar una explicación a ellos aunque terminaba pensando que me estaba volviendo loco poco a poco porque, ¿cómo era posible querer encontrar una explicación a lo inexplicable?, ¿cómo podía entender mi salvaje deseo de poseer con rudeza y fuerza a esa mujer y luego arrepentirme con el alma de haberlo hecho?

Mi mente era un campo de batalla donde se libraba una contienda en donde no sabía qué deseo sería el vencedor, yo solo rogaba que el que se levantara con la espada de la victoria, no la alejara de mí porque si de algo yo tenía la certeza absoluta, era de que la amaba y no quería que se fuera de mi lado, eso era todo lo que sabía, la amaba…

Y lo sabía porque mi interior albergaba un sentimiento de posesión enfermo y que era apenas conocido por mi. Era extraño porque antes, reclamaba a mis mujeres como si se trataran de un objeto concreto, solo me pertenecían y nadie podía acercárseles pero ahora, era muy diferente. La rabia que me corría por las venas cuando veía a mi mujer con otros, era mejor conocida como celos. Me corroían y me dolía el pecho nublando mi visión y mi razón. No quería a nadie cerca de ella, la quería solo para mí, que sus pensamientos fueran míos, sus mañanas, sus alegrías, sus dudas y hasta sus miedos.

Esa fue la razón por la que decidí ir a Lausanne a buscar respuestas, para ser yo quien mitigara todos sus temores y la ayudara a sanar de ese episodio doloroso pero desgraciadamente mis instintos, por momentos me dominaban.

Los últimos días juntos habían sido toda una novedad para mí. Dejé que se acercara a mí y ella hizo lo mismo conmigo. Comencé a mirarla a través de un mundo normal, donde la intimidad tenía más significados y se encontraba más allá de un encuentro sexual. La hallé en algo tan simple como el permanecer abrazados sin decir nada, yendo a montar juntos, dejar que curara mis heridas, dejar que me regañara u ordenara, acompañarla a su apartamento a pasar la noche y ver su álbum de fotos, reconfortarla cuando llorara sin hacerle preguntas, hacerle el amor lento y suave…

Y así como inesperada llegó esa intimidad que me tenía totalmente encantado, viviendo algo de lo que jamás pensé ser parte, así se fue. Isabella una noche puso “pausa” a todos mis planes recordándome que al final, ella tenía dos poderosas prioridades y una de ellas era más fuerte que todo lo que yo pudiera ofrecerle.

Como era de esperarse, mi vena celosa bombeó tan fuerte que demandé de ella todo lo que pude hasta que algo en mí me gritó que debía parar. Necesitaba desahogarme y ya no podía seguir haciéndolo con ella, como el ser bajo que había vuelto para recobrar su terreno. Para mi suerte y como caído del cielo, Emmett me llamó para encontrarnos en un bar. Justo lo que deseaba, ahogarme en alcohol sin tener que dar ninguna explicación de nada.

Un par de horas después casi llegaba a ese punto, y hubiera seguido de no ser porque Emmett, empezó a contarme como se enteró Rosalie que él era un Dominante. ¿Qué podía decirle?, ¿te lo dije? Ya era demasiado tarde para eso y además ¡Emmett casi la tenía secuestrada en su casa!

Todo lo había hecho mal desde un principio y por mucho que Rosalie me desagradara, tenía que admitir que ella tenía razón en estar asustada y querer huir de él, y Emmett debía permitírselo si no quería meterse en un grave problema que podía llevarlo hasta la cárcel. ¡Carajo! ¿En dónde estaba Jasper cuando se le necesitaba?

Emmett entre su borrachera empezó a contarme lo que Rosalie le había confesado sobre algo que le había ocurrido en el internado. Mis ebrios sentidos se alertaron y traté de poner toda la atención posible, le hice repetir de nuevo la historia y ¡Bingo! En resumidas cuentas, a los dieciséis años esas tres chicas estaban decididas a perder la virginidad en un baile entre internados y ahí Rosalie fue violada y amenazada. Isabella y Alice la cuidaron…

Eeella dijo – hipó –, ellaa diijooo que nooo – hizo una pausa y miraba con los ojos perdidos hacia ningún lado –… la dejaban sooola y que ellass la cuidaaron haaasta – inspiró profundamente –… que fue el momeeento de cuidar a Bella…

–¿Por qué dijo eso, Emmett? dime por qué lo dijo.

Le pregunté con insistencia, pero estaba muy borracho ya. Apoyó lentamente la cabeza en la mesa y perdió el conocimiento. Era inútil querer sacarle alguna información más, así que con el coraje y la impotencia que me daba el saber que no estaba equivocado y que Isabella también había sido abusada y que yo no tenía ningún dato sólido que me llevara hasta ese bastardo, me tomé un par más de tragos mientras mis hombres sacaban a Emmett cargado de ahí y lo metían al auto.

Al llegar a casa , mi Bella se había quedado dormida esperándome. ¿Cómo era posible que se hubiera acercado a mi para ser mi sumisa después de haber pasado por algo así?, ¿de qué estaba hecha mi pequeña Isabella? Me desvestí y me acosté junto a ella y besé su hermoso rostro, sus labios, sus hombros…

–¿Qué sucedió, Bella?

–¿Qué te hizo?

–Dime quién…

Ella se abrazó a mí y todo mi instinto protector se multiplicó. Haría lo que estuviera en mis manos para lograr que borrara de su memoria ese amargo suceso, quería hacerle olvidar y cuidarla, pero ella había decidido ir a pasar las fiestas a los Estados Unidos con su padre y yo no podía prohibirle ir aunque me moría de ganas de hacerlo. Ella estaba en todo su derecho y yo lo había aceptado así aunque no por eso dejaba de ser decepcionante que mi Isabella prefiriera estar con alguien más que conmigo, aunque ese alguien fuera nada menos que su padre. Me frustraba y me enfurecía que lo pusiera antes que a mí, era algo que sabía que estaba mal y estaba comportándome de un modo por demás infantil pero no podía evitar tener esas reacciones tan estúpidas.

Así que finalmente yo también tomé una decisión cuando llegué a casa y encontré sobre nuestra cama una cajita que supe inmediatamente que era para mí de su parte y fui a encontrarme con mis padres que me miraban un poco extrañados de que hubiera concertado una cena un día antes de noche buena.

–Hijo – mi madre me tenía tomado de la mano –, te confieso que me sorprende que nos invites a cenar si mañana nos veremos en casa.

–Tu madre tiene razón, ¿pasa algo, Edward? – mi padre me miró preocupado y yo solo pude sonreír mientras pensaba por donde empezar sin que a mi mamá no le diera un ataque cardiaco.

–En realidad, si pasa algo… – mi madre se llevó las manos a la boca y yo comencé a negar con la cabeza –. Tranquila mamá que no es nada malo, al menos no lo es para mí.

–Por Dios, Edward, ¿quieres hablar de una buena vez? – pidió mi padre nervioso y yo di un profundo suspiro.

–Mamá, papá… no podré pasar estas navidades con ustedes.

Las cejas de mis dos padres se juntaron intrigadas.

–Mañana vuelo a San Francisco… Isabella se fue para estar con su padre y yo quiero estar con ella – aseguré.

–¿De verdad? – preguntó mamá mirándome tiernamente.

–Sí, mamá – sabía que esa respuesta significaba muchas cosas más para ella y no me molestaba que asumiera lo que quisiera.

–Edward – dijo mi padre solemne –, creo que ha valido la pena la espera, hijo.

No comprendí porqué decía eso y mi rostro seguro lo reflejó.

–Has esperado mucho tiempo para encontrar una chica así – sonrió –. Estoy orgulloso de que sepas reconocer cuando una mujer es tan valiosa como Isabella. Ahora depende de ti hacer que no quiera estar ni un segundo de su vida sin ti.

–Bueno, esta vez creo que no lo logré – reconocí en broma –, prefirió a su padre.

–Sí, pero vas detrás de ella, ¿no? eso la va a conquistar – Carlisle me guiñó el ojo.

–Eso espero, papá.

–Edward…

–Dime, mamá.

–¿Le has preguntado sobre… Liz?

–Estoy trabajando en eso madre, créeme que pronto te tendré noticias.

Mi madre sonrió y se acercó para besar todo mi rostro y me hizo reír su sorpresiva reacción. Cenamos y les contaba de mi trabajo y los proyectos pero ellos, sobre todo mi madre, solo querían hablar de Isabella. Terminamos y nos abrazamos despidiéndonos…

–Dale nuestros cariños a Bella, hijo – asentí y besé la mejilla de mi madre.

–Estoy muy contento, Edward, creo que esta noticia ha sido el mejor regalo que nos pudiste dar a Esme y a mi.

–Papá…

–Shh – me calló –. Una vez te dije que Bella me gustaba, ¿recuerdas? – asentí –. Bueno, ahora con mayor razón me gusta, porque desde que están juntos ya no tienes ese semblante hosco y esa actitud dura. Me parece, Edward, que Bella está haciendo que te reconcilies con la vida…

***

Al día siguiente a las dos en punto de la tarde, mi jet despegó rumbo a San Francisco. Katie, como siempre tan eficiente, hizo una reservación en el Hotel Fairmont y tendría un auto con chofer esperando por mí y con la dirección de Isabella; todo estaba perfecto pero yo solo quería llegar a tiempo para poder cenar con ella.

Por más que lo intenté, no pude descansar durante las casi once horas de vuelo porque estaba extremadamente ansioso por la reacción de Bella. ¿Se enojaría conmigo por ir hasta allá?, ¿me correría de su casa?, ¿qué diablos le contestaría cuando me preguntara que estaba haciendo ahí? No tenía ni una puta idea de nada, solo sabía que iba en busca de mi mujer porque nunca más estaría desprotegida.

Llegué a su casa, ubicada en Pacific Heights; era una zona bastante exclusiva y no me sorprendí cuando nos detuvimos frente a esa mansión. Era una típica y moderna construcción californiana, muy hermosa, iluminada elegantemente y con un largo pasillo hasta la puerta; toqué y me abrió un mayordomo, le dije que buscaba a Isabella y le di mi nombre.

Esperé en el elegante hall mirando los muchos objetos y obras de arte colgadas de las paredes y vi que el hombre se asomaba a un salón de donde provenían varias voces pero ninguna era la de ella. Giré y vi un cuadro de una mujer de unos treinta y cinco años de ojos azules muy intensos y una sonrisa idéntica a la de mi Bella.

–Reneé Swan…

Murmuré inaudiblemente cuando escuché mi nombre de los labios de mi Isabella. Me di vuelta para ver venir corriendo hacia mí a esa hermosa mujer que me sonreía y que era el único motivo por el que me encontraba ahí. Mi corazón se hinchó al ver la alegría con la que era recibido y abrí mis brazos para atraparla en ellos.

Nos abrazamos y no pude resistir no aspirar su delicioso aroma, pero no me fue suficiente, necesitaba sentir sus labios en los míos, estaba sediento de ella. Los probé y me deleité con ellos hasta que un carraspeo nos rompió el momento. Bella quiso separarse de mi pero la retuve por la cintura. Ella estaba muy nerviosa y empezó o al menos intentó presentarnos pero la interrumpí, era hora de dejar las cosas claras de una buena vez.

Su padre comenzó a toser y creí que se ahogaría; a ella la tuve que sostener porque no estaba seguro si sus piernas flaquearían con la impresión que se había llevado por mi declaración y además porque me miraba atónita sin importarle mucho que su padre estuviera con ese ataque de tos. Una mujer de unos cuarenta y tantos años, muy guapa y elegante, llegó para ayudarlo y antes de llegar hasta el Sr. Swan, se detuvo abruptamente por un segundo para mirarnos pero luego concentró su atención en el padre de Isabella que fue calmándose poco a poco.

Me disculpé por haberme presentado tan sorpresivamente una vez que la tos hubo pasado y me declaré culpable de todos los reclamos que el padre de Bella quisiera hacerle; si bien a mí me miraba con desconfianza, al menos a ella parecía haberla absuelto de cualquier culpa que cruzara por su mente.

Isabella me miraba aún sin poder creer que estaba ahí a su lado y que le había dicho a su padre que éramos novios. Me encantaba verla así, confundida en el buen sentido. Pasamos al salón y fui presentado como su novio y aunque nunca hubiera considerado estar en esa posición y mucho menos declararme felizmente como tal, la verdad era que me sentía muy bien con ello y así lo parecía Bella también.

En la mesa, el padre de Isabella me quiso cerca de él y educadamente le agradecí la distinción, pero ella no parecía muy contenta con eso. Sin embargo se sentó a mi lado lo más tranquila que pudo. La cena transcurrió sin mayores novedades, todos tenían curiosidad por saber de nosotros y parecía que estábamos satisfaciendo su curiosidad. Los platillos estuvieron exquisitos y comí como un náufrago ya que todo estaba bajo control con su padre. Bella sirvió en mi plato un poco más de una carne que en secreto le susurré que estaba deliciosa y su padre la miró extrañado pero ella terminó de servirme y me sonrió. Después de la cena, su padre anunció que abriría una botella de coñac Henri IV y no pude ser tentado de mejor forma para entregarme por mi propia voluntad a la santa inquisición.

Como el extraño ahí, las preguntas iban dirigidas a mi y a mis empresas, y mentirían si dijera que no estuvieron de acuerdo con mi forma de manejarme, el único que no cedía era el padre de Bella lo cual era comprensible. Estaba molesto porque yo había llegado para quedarme con su princesa.

–Creo que no hace falta decirte que si lastimas a mi Bella – error, ella era mi Bella ahora –, vas a tener los minutos contados, y no me importa que en tu viejo continente seas un empresario importante y el apellido Cullen pese mucho, Charles Swan también pesa por todas partes, pero creo que eso ya lo sabes…

–Lo sé, señor Swan y está usted en todo su derecho de advertirme, yo también haría lo mismo si me sintiera amenazado.

–Entonces tengo razón, quieres arrancarme a mi hija de mi lado, llevártela contigo – su cara enrojeció de pronto.

–Con todo respeto, señor, Isabella no está a su lado desde que era una niña. Los motivos que usted tuvo para dejarla en un internado los respeto mucho y no puedo ni imaginarme la pena que lo embargaba en esos momentos teniendo encima la preocupación de procurar lo mejor para su hija – una mueca imperceptible de dolor cruzó por su cara y seguí.

–Ella ahora es una mujer que lucha por mantenerse fuerte e independiente, es muy capaz y yo puedo decirle que se siente realizada con lo que hace. Me hace sentir orgulloso de haber puesto mis ojos en ella y con el tiempo me ha demostrado que se merece todo mi respeto, admiración y confianza. Créame que yo soy el primero después de usted en velar por la seguridad y el bienestar de su hija, la quiero, señor Swan, y le prometo que jamás tendrá usted de mí queja alguna.

Los ojos oscuros del hombre frente a mi me miraban centellantes y su rostro, antes duro y adusto, se suavizó y casi esbozó una sonrisa.

–¡Salud!

Gritó chocando su copa con la mía y exhalé por la nariz.

–Sólo recuerda, si la lastimas despídete de este mundo, Edward.

–Lo recordaré, señor.

Todos empezaron a despedirse y tuve que hacer lo mismo, nada me hubiera gustado más que cargar a mi mujer sobre mi hombro y llevármela a mi hotel pero hacer eso solo me pondría camino a la horca con Charles Swan y eso era lo último que necesitaba en esos momentos, hacer otra cosa más para que su padre me odiara con más razón y aunque estaba muy seguro de que si se lo pedía lo haría sin dudar por la forma en la que me miró toda la noche, no quería ocasionarle problemas y menos ponerla en un predicamento. Pero cual fue mi sorpresa cuando la señora Carmen me invitó a quedarme ahí durante todo mi tiempo en San Francisco. Bella estaba feliz, pero yo tenía que hacerme un poco el duro y después de unos minutos, acepté quedarme ante el ceño fruncido de Charlie.

Dio las buenas noches y se retiró con Carmen no sin antes pedirme que lo tuteara. Una barrera derribada. Bella me llevó a mi habitación, cerré la puerta detrás de nosotros y la castigué por la bendita osadía que tuvo de ponerse un vestido… que no era rojo pero no importaba, estaba sobre la misma gama de color.

Fue un hermoso reencuentro, ambos gozamos y después de liberar nuestras tensiones nos quedamos, Bella recostada sobre mi pecho y yo disfrutando de tenerla ahí. Me preguntó que había significado todo lo que le dije a su padre y le pregunté si recordaba cuando le dije que yo no la mantendría oculta, que estaba ahí para gritarle a todos que ella era mía en todos los aspectos en que una mujer puede pertenecerle a un hombre y su mirada fue el mejor regalo que me pudo dar, aunque yo llevé conmigo el que había dejado sobre la cama y le entregué el mío. Isabella miraba la brillante pulsera y los aretes; los tenía ya en sus manos y estas temblaban haciendo vibrar las joyas. Ella no decía nada, por lo que me permití decir…

–Puedo comprarte otra cosa, Isabella, puedes escoger lo que a ti te guste – intenté tomar las joyas de sus manos y ella cerró las suyas atrapando las mías.

–¡No! – gritó de pronto rompiendo su silencio –. ¿Cómo puedes pensar que cambiaría un regalo tuyo? Este es… perfecto – murmuró con los ojos brillosos.

–Creo que interpreté mal tu silencio – reconocí en voz alta porque así fue.

–Es hermoso… y son rubíes – sonrió –. Sabes que me gustan mucho.

–Lo sé y me alegra que te hayan gustado – puse mis manos en sus mejillas y la atraje hacia mi para besarla.

–Ahora es tu turno – colocó la cajita también sobre mi pecho – ¡Ábrelo!

Le obedecí y muy despacio para molestarla, abrí la cajita y encontré dentro un par de gemelos. Para ser sincero, nunca me tomaba la molestia de revisar lo que me regalaban, pero esa ocasión era muy diferente, era el primer regalo que recibía de la mujer que amaba. Isabella se había tomado su tiempo para elegirlo, para que me gustara… los saqué y los giré entre mis dedos para ver unos sobrios y modernos gemelos Armani de un gusto exquisito.

–Los puedo cambiar si no te gustan – dijo coqueta y muy sensual.

–De ninguna manera – afirmé –. Me gustan mucho, Isabella. Muchas gracias.

Ella se acercó a mí y rozó sus labios con los míos. Ése sensual roce duró varios segundos como preámbulo para pedirle más a la noche, pero aunque me doliera el cuerpo de deseo y mis entrañas gritaran por hacerla mía de nuevo, sabía que no era el lugar idóneo para tomarla como todo mi ser anhelaba. Dejé a un lado los regalos y nos puse de pie, se decepcionó por haber cortado el momento.

–Ve a descansar, Isabella – oprimí sus hombros despacio.

–Quiero quedarme contigo.

–Evitémonos problemas – besé su frente –. Anda, cariño, obedéceme.

Bella levantó la mirada para encontrarse con la mía.

–¿Por qué me llamas así?

Me preguntó confundida tomándome por sorpresa. ¿Qué le respondía? Yo… yo no estaba preparado para confesarle lo que sentía, no sabiendo que ella había insistido en el contrato por alguna razón. Isabella no buscaba un compromiso a largo plazo, no estaba buscando una relación común, ella quería algo que no le representara mayor problema como lo era el involucrar sentimientos y yo lo respetaría.

–Bueno, me he presentado como tu novio, le he dicho a tu padre que nos amamos y llamarte así sería lo lógico, ¿no lo crees?

Isabella bajó la mirada y se separó de mí, recogió los regalos del suelo y dejó el mío en el tocador. Con el suyo entre sus manos nerviosas se acercó y me dio un beso en la mejilla.

–Que pases buenas noches, cariño…

Salió de la habitación dejando que la ironía de su última palabra mencionada calara en mí como ardiente llamarada. Estaba agotado, extenuado, pero eso último me había acabado y aunque yo quisiera, no tenía las fuerzas suficientes en ese momento como para pasar horas descifrando la reacción de Isabella.

Tocaron a mi puerta y Sam, el mayordomo metió mi equipaje; le agradecí y de inmediato saqué el bolso con mis artículos personales. Me lavé la cara y los dientes, me puse un pantalón de pijama y una camiseta, no estaba en un hotel o en mi casa como para dormir como acostumbraba y mucho menos con quien acostumbraba.

***

–¡Feliz navidad!

–mmm.

Me removí y me quejé porque sentía que apenas había cerrado los ojos. Unos brazos conocidos me abrazaron y unos labios con sabor a pasta dental muy fresca besaron los míos. Me giré y me estiré. Esos mismos frescos labios besaban mi pecho desnudo, ya que acostumbrado a dormir sin ropa, me había quitado la camiseta en algún momento durante la noche. De pronto tomé sus muñecas y me di vuelta con ella dejándola debajo de mí.

–¿Estás buscando otro regalo? – mi voz sonó más ronca de lo que esperaba.

Empujé mis caderas contra las suyas frotando mi despierta y hambrienta polla en su sexo. Isabella jadeó y se quedó muy quieta mirándome. Aseguré sus muñecas con una mano y bajé la otra hasta su ombligo, metiéndola bajo el pantalón de su pijama, llegando hasta su desnudo y sedoso triángulo.

–¿Esto es lo que quieres?

Hundí mis dedos en sus pliegues y un poco más allá de su abertura cálida. Ella gimió retorciéndose mientras con mi pulgar masajeaba su clítoris excitándola y haciéndola lubricar al bombear con mis dedos su interior.

–Edward…

–Shhh, no quiero que hagas ruido.

Continué con mi labor y de vez en cuando bajaba mis labios mordiendo sus pezones sobre la tela, lamía su cuello y succionaba sus labios. Sentí que se tensaba sobre mis dedos, su clítoris ya estaba duro, hinchado y seguramente muy sensible…

–Eso es cariño, déjate ir, hazlo para mí…

Incrementé la velocidad del bombeo de mis dedos y Bella se contrajo con fuerza. Se mordía los labios para acallar sus gritos y cuando supe que estaba más que al borde, saqué mis dedos y pellizqué su clítoris logrando que se corriera violentamente.

–¡Edwaard!

Presioné mi cuerpo sobre el suyo hasta que se relajó y despacio me puse de pie, la moví colocándola de lado y le di una sonora nalgada que le hizo abrir los ojos desmesuradamente.

–Ahora te paras y te vas a tu habitación, te das un buen baño y te arreglas muy linda para mí sin perder el tiempo; te espero en media hora para bajar juntos, sé puntual, cariño…

Dicho esto entré al baño y cerré la puerta tras de mí. Ahora yo iba a disfrutar de un buen baño fresco para calmar mi evidente excitación y para despertar mejor y como supuse, me cayó perfecto. Enrollé la toalla a mi cintura y me afeité, me pasé el peine por el pelo aunque sabía que era inútil y salí para vestirme.

Tres minutos antes de la hora indicada me paré en el pasillo a un lado de las escaleras y escuché como se abría una puerta, me giré y la más hermosa de las mujeres, la mía, se acercaba a mi sonriente.

–Estás preciosa esta mañana – le susurré al oído.

–Estímulo mañanero – rió.

–Cómo me alegra que mis esfuerzos den resultados tan satisfactorios…

–Sí, pero habrá que esforzarse muy duro cada mañana para que sean permanentes – advirtió.

–No es a mí a quien tienes que poner a prueba, mi amor.

Bajamos las escaleras y nos dirigimos tomados de las manos hacia el comedor donde Charlie y Carmen ya desayunaban. Nos saludamos deseándonos feliz navidad y una mujer aproximadamente de la edad de Harriet, con rasgos de nativos americanos entró con las manos cargadas con comida y se detuvo sorprendida al verme.

–Edward – dijo Bella alegre –, ella es Sue – asentí hacia ella.

–Sue, él es Edward, mi…

–Es su novio, Sue – terminó Charlie por ella y aún con algo de molestia, pero lo comprendía. La morena mujer sonrió feliz y me miraba estudiándome.

–Bueno, veo que Santa ha estado espléndido con todos este año, eh – bromeó Sue guiñándole el ojo a Charlie.

Nos sentamos a desayunar y probé los mejores pancakes de mi vida y luego claro, mi imperdonable omelete con un toque, según Sue, muy californiano, sencillamente delicioso. Terminamos y Bella fue hasta el árbol para entregarles a todos los obsequios que les había comprado; Charlie estaba feliz con su colección de ópera y Carmen con su joyero, Sue con un libro de cocina asiática y Sam con un juego de pipas y algunas bolsitas de tabaco. Bella se giró para mirarme y se encogió de hombros como disculpándose por no tener un obsequio que darme en ese momento, pero yo negué despacio con la cabeza y la atraje hacia mí para abrazarla y besar el tope de su cabeza.

Charlie y Carmen se despidieron después de preguntar nuestros planes para el día ya que ellos, al no estar seguros si Bella llegaría ya habían hecho un compromiso. Ella dijo que no teníamos ningún plan definido pero que le gustaría mostrarme un poco de la ciudad, así que cuando le tomé la mano para salir e ir hacia el auto donde mi chofer ya esperaba, ella me miró traviesa y sacudió unas llaves en su mano.

–Lo siento, pero este tour excluye a terceras personas.

–¿Y estaré seguro contigo conduciendo? – pregunté besando su cuello.

–Si tomamos en cuenta que aquí todos conducimos por el lado correcto, entonces lo estarás.

–¿Qué? – fingí estar indignado por su aseveración.

–Shh, calladito, súbete al auto y abrocha tu cinturón.

–¿Te han dicho que eres pésima dando órdenes?

–Sólo tú, pero puedo entender que te sientas amenazado por la fuerza de mi poder – estallé en una estruendosa carcajada.

–Sube al auto, Edward, ¡ahora!

Levanté las manos rindiéndome e hice lo que me pidió, intentando reprimir más carcajadas. Bella condujo descendiendo las pronunciadas colinas características de la ciudad y después de un rato vi que se acercaba a un parque que daba hacia la playa. Se estacionó y emocionada bajó del auto corriendo hasta llegar a la orilla. La seguí despacio admirando su hermoso rostro que sonreía al sentirse libre, con el viento revolviendo su cabello.

El aire estaba frío pero a ella poco le importó. Se quitó el abrigo ligero que llevaba, los zapatos y comenzó a correr por toda la orilla esquivando las olas para que no mojaran sus pies. Isabella estaba feliz y su rostro de niña hacía que me pareciera increíble que fuera la misma que gozaba de placer en mi cama y que aceptaba todos mis retorcidos juegos.

Caminamos un rato por la playa y me contaba que sus papás siempre la llevaban y los tres corrían por la arena, volaban cometas, comían perros calientes, actividades de cualquier familia común y que era lo que ella más disfrutaba. Un poco después del medio día, la senté en una banca y limpié sus pies para ponerle los zapatos; adoraba cuidar a mi mujer…

Ya por la tarde, volvimos a su casa porque la invité a cenar y debíamos arreglarnos. Veníamos enfrascados en una discusión sobre Alcatraz cuando dio la vuelta para entrar a su calle, bajó la velocidad repentinamente pero después se detuvo.

–¿Qué pasa? – pregunté a ver que observaba detenidamente a una mujer en la acera de enfrente a su casa. No me respondió y miré a la mujer para ver si la reconocía, pero a pesar de que se me hacía un poco familiar, no recordaba de donde la había visto. Era una mujer muy delgada, con el pelo guardado en un gorro, lentes oscuros y jeans que eran con facilidad una o hasta dos tallas más grandes que la suya. Estaba sentada sobre una maleta y se mordía las uñas de manera insistente.



–Oh Dios, no puede ser – susurró Bella sin apartar la mirada de la mujer y yo entrecerraba los ojos tratando de enfocar mejor. Isabella dejó el auto a media calle y comenzó a bajar despacio, como si no quisiera asustar a la desconocida.

–Isabella – estiré la mano para detenerla, pero me esquivó y se dirigió hacia ella. Salí del auto y entonces miré su rostro. Bella se giró para verme y sus ojos estaban húmedos, ella también la había reconocido.

–Es ella, Edward, es ella – dijo en un susurro y yo asentí.

Ella levantó la mirada hacia nosotros y nos miró horrorizada. Se puso de pie con mucha dificultad por lo débil que estaba y empezó a alejarse conforme avanzábamos hacia ella.

–No te vayas – le pidió Bella –, quédate con nosotros.

Me miró y negó con la cabeza limpiando sus mejillas.

–Por favor… ya estás aquí.

–Bella – la detuve y me adelanté pero ella comenzó a buscar detenerse de algo antes de caer desmayada. Llegué a su lado justo a tiempo para sostener su cabeza y evitar que se golpeara con el duro suelo, pero Bella gritó asustada…

–¡Rosalie!*



*


*


*
Mi eterno agradecimiento a mi Beta Isita María, por sus ganas, y a las voces de mi conciencia, Chikis, Coco, Lo y mi divina Nani… 
Nenas, aquí les dejo el link para el grupo de FaceBook… Solo nenas grandes ¿Ok?
https://www.facebook.com/groups/314864121871962/
Besitoo.

14 comentarios:

  1. Hola, como siempre muy buen capítulo, cada vez me gusta más la historia y el rumbo que está tomando. Espero con ansias la continuación y felicitaciones, eres una gran escritora...

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  2. OMG!
    Este capitulo estuvo hermoso.
    Ame cada palabra Li, creo q es el capitulo q más me ha gustado. Los 2 se aman!!!!!!!
    Ufffff no tengo mucho q decir la verdad ya q me haz dejado sin palabras, solo me queda esperar cn ansias el proximo para ver q pasara cn Rose, Bella y Edward, ver que le tiene q decir a Bells sobre lo vivido cn Emmet y como tomara la relacion de E&B ya q me imagino q sabe q clase de compromiso llevan.
    Mujer te mando unbeso, un abrazo y nos seguimos leyendo!!! <3

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  3. LIIIIII, estuvo excelente el capitulo, Gracias por darnos esta fabulosa historia, Felicidades por tu nominación.

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  4. GRANDIOSO como todos los capitulos .

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  5. EXCELENTE CAP. cada vez la historia va tomando un excenlente rumbo.
    besitos y una vez mas gracias por compartir tus historias con nosotros.
    Pili

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  6. Me e quedado sin palabras estubo este capi super no tengo como espricarlo me encanto este Edward no lo esperaba pero me gusta este nuevo Edward espero que no cambie aunque siga con sus jueguitos le da su toque y espero que todo salga bien para Rosi ya Bella ha sufrido mucho ,espero el prosimo capi

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  7. Hermoso, precioso, exelente, divino!!!!!!!!!!!!!!!!! ame este capitulo, brinco de alegria, ya era hora de que admitieran que se aman, solo falta que se declaren pero me encanto!!!
    Te luciste como siempre Liiii. Eres la mejor!!!!!!!!!!!

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  8. excelente capituloo me encanta ke edw se haya ido en busca de bella y sobretodo ke haya dicho "mi novia" bien por el me ecantan cuando la llama "mi mujer" y ke eso signifique mucho más de esas palabras, muy buen capitulooo!! veremos ke pasa ahoa ke rosalie esta dañada, solo espero ke no lesheche a perder el tiempo ke ellos estan teniendo, xoxo

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  9. fantastico que bien que Edward acepto que ama a Bella y espero que la llegada de ROsalie no empeore las cosas ...Gracias nena....Besos....

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  10. espectacularrrr, me encanto el capitulo, esta relacion esta mejor que nunca, ya quiero que los dos se den cuenta que se aman mas alla de su relacion de dominante. Y el final Rosalie... quiero saber que pasaaaa ya jajajajaja la veo en la proxima

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  11. CAPITULO MUY REVELADOR ...LOS DOS SE AMAN PROFUNDAMENTE AAWWWWW!! SIN PALABRAS GRACIAS LI TE FELICITO!!

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  12. dios fasinante el capi.... nos dejaste con un muy buen sabor de boca.... solo espero k pronto se den cuenta del amor k se tienen uno hacia el otro... felicidades li

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  13. fabuloso como siempre!!!! este capitulo y el anterior.
    Por fin!!! han reconocido que estan enamorados, algo es algo, ahora solo queda que se lo digan el uno al otro, pero me huelo que va para largo no?, bueno mejor para nosotras, así es mas larga la histora y mas disfrutaremos con ella.

    besos

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  14. el mejor capi de todos con muchaaaaaaaaaa diferencia, ha tenido de todo como a mi me gusta jajaja, pero con lo que he muerto ha sido con la confesión de ambos de sus sentimientos, sobre todo con Ed, yo tambien lo confieso estoy enamorada perdia de Ed asi que Bella ponte las pilas jajaja, ahora solo falta que se lo confiesen el uno al otro y ahí muero seguro jajaja, espero que la aparición de Rose no perjudique su relación, es decir, que Ed permita a Bella cuidarla y ayudarla porque estoy segura que la loca de Bella va hacer de Rose otra de sus prioridades por favorrrrrrrrr no tardes en actualizar muero por saber como sigue, eres la mejor guapa besitos desde algún lugar de España lunn90

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