martes, 7 de febrero de 2012

CAPITULO 26

Esto no es un desafío.


El amor verdadero no espera a ser invitado, antes él se invita y se ofrece primero.
Fray Luis de León

Canciones del capítulo: Falling Slowly de Glen Hansard y Marketa Irglova, y For You de The Calling. 


BELLA'S POV

Me bajaba del auto con mucho cuidado; Edward me miraba divertido con una mirada que le duraría toda la semana y yo le fruncía el ceño por estar disfrutándolo, sobre todo por lo adolorida que estaba después de la última sesión en el cuarto de juegos. Sonreí recordando lo intensa que había sido esa noche; y es que como mi Dom, Edward estaba yendo más allá de cualquier expectativa con la cual yo hubiera podido soñar.

No solamente el sexo era increíble, era todo el conjunto. Los castigos me elevaban al mismísimo nirvana, pero eso no era todo; Edward estaba siendo un hombre verdaderamente considerado conmigo en muchos aspectos. Iba a dejarme a la agencia, me llamaba para saber cómo estaba yendo mi día, iba a recogerme. Me llevaba a cenar y como último buen punto a su favor, iríamos a mi apartamento para pasar ahí la noche.

Pero lo que en verdad me tenía asombrada más que nada, era ver ése otro lado de Edward. Tenía la capacidad de dejar a un lado a ése ser posesivo y violento y acercarse a mí de la forma más inimaginable posible. Sentía que poco a poco iba derrumbando sus barreras, que lentamente iba bajando ese duro muro que lo hacía el hombre arrogante y poderoso que vivía a cientos de millas de cualquier mortal, pero sobre todo de mí.

Entramos a mi apartamento y encendí la calefacción. Después de tantos días sin ir para nada, era normal que todas mis plantas murieran congeladas. Había cometido un “planticidio indeseado” por mi falta de atención y el golpe del duro invierno que se estaba dejando sentir en Londres. Definitivamente no volvería a comprar plantas en mi vida.

–Qué bueno que no tienes una mascota, Bella – se burló y arrugué mi nariz enseñándole los dientes.

Me cambié y me puse una pijama calientita, una decente, aunque me moría de ganas de ponerme la de Hello Kitty, tan rica y suavecita… fui a buscar a Edward y me asomé a la salita de tele. También se había puesto una pijama debido al frío que hacía esa noche, parecía uno de esos modelos guapísimos de campaña de algún diseñador muy famoso. Se veía fantástico sentado cómodamente en mi sillón.

–¿Qué hace, mi Señor? – caminé hacia él lentamente, coqueta, y cuando vi lo que tenía en sus piernas y que atrapaba toda su atención, me quedé mucho más helada de lo que ya estaba.

Edward sostenía en sus piernas un álbum de fotos, estaba concentrado viéndolas, tenía el ceño fruncido y ni siquiera despegó la vista de las fotos al escucharme. Mi rostro se calentó debido al rubor que de repente cubrió mi rostro; él estaba observando imágenes mías en donde parecía un títere sin chiste, sin ninguna gracia, paliducha, pecosa y fea.

–Siéntate conmigo, quiero conocerte mejor – esa voz seductora me convenció incluso antes de poder negarme, así que resignada, me dejé caer a su lado.

Por un buen rato estuvimos viendo varios álbumes. Le mostré a mis padres, mi casa, el perro que tuve de pequeña, algunas vacaciones todavía con mi madre… se burló de mis pecas, de mis piernas flacas de aquel entonces mientras acariciaba sensualmente las actuales; me besó y cuando respiré aliviada creyendo que su curiosidad estaba satisfecha, se puso de pie y tomó el último álbum que yo hubiera no deseado que viera, el del verano del dos mil cuatro…

Me maldije internamente mil veces en esos pocos segundos. Había sido un error enorme de mi parte no haberme desecho de ése álbum en particular, pero mi lado masoquista no me dejaba hacerlo y hasta ése momento no sabía porqué demonios no podía simplemente quemarlo o tirarlo a la basura. Nunca lo abría, jamás, pero el sólo tenerlo ahí, me ataba a esa horrible noche que ahora podía admitir, había causado un gran trauma para mí.

El Dr. Bower me había dicho que una persona que sufre de un abuso, del tipo que sea y que logre tener un efecto como en mí lo hizo, pasa por varias etapas. Decía que es como cuando fallece alguien muy cercano a ti… te toma por sorpresa, te duele, no lo aceptas, después pasa el tiempo y sabes que estás vivo y que tienes que seguir con tu vida mas no por seguir adelante con ella, vas a olvidarte de esa persona sino que aprenderás a vivir con su ausencia de la mejor manera que puedas, encausando tu dolor, aceptando lo que has sufrido y sobreviviendo a ése hecho. Así era como yo lo tenía que hacer, sólo que no sabía a ciencia cierta en qué etapa de entre todas esas me encontraba y mi tarea para nuestro próximo encuentro, era ubicarme en una y explicarle porqué.

Tenía que reconocer que Bower era excelente; con apenas dos citas ya tenía muy claro porqué había regresado a verlo y pude decirle con mis propias palabras que había tenido una mala experiencia y que posiblemente podría haberse tratado de un abuso. Al final de esa cita, ya no era un “posiblemente” sino un hecho concreto.

Realmente, me había costado mucho el regresar con él, pero no me arrepentía. Él supo detectar muy rápido cual era mi problema y me guiaba para que en primera, yo pudiera admitirlo, procesarlo y hablar de él, lo que se me hacía aún muy difícil, pero el Dr. Bower me daba confianza, sobre todo porque me aseguró que nuestras pláticas eran estrictamente confidenciales.

–¿Y ése verano no hubieron vacaciones a la playa? – preguntó curioso.

–No – respondí tajante –. Vamos a la cama, Edward – me puse de pie dejando el álbum a un lado y tirando de su brazo.

–No me prives de ver esas adorables pecas, ven – me jaló del brazo y me mantuvo junto a él mientras cogía el álbum de nuevo.

–Odio ese verano – murmuré entre dientes.

–¿Por qué? – sus ojos me miraban entrecerrados.

–Porque no vi a mi padre y no salimos del internado para nada.

–¿Qué hizo mi Bella para que no la dejaran salir? – rodeó mi cintura atrayéndome más a él y besando mi cuello.

–Nada, no tuvo que ver con que nos portáramos mal.

–¿Entonces…? te ves tan… ausente en las fotos… – susurró –. ¿Qué paso?, ¿por qué estabas triste, Bella?

–¿Por favor? – le rogué y me miraba confundido –, no hay mas fotos mira – dije de mala gana mostrándole que era verdad; ese álbum solo tenía unas cuantas páginas porque decidimos que no teníamos porque guardar imágenes de nuestros rostros atormentados y de una época nada feliz para ninguna.

Se me quedó mirando como si me estuviera estudiando por unos segundos hasta que no muy convencido se puso de pie, pero me cargó en sus brazos. Me dio un beso que hizo desaparecer el incómodo momento y fuimos a mi habitación. Con suma delicadeza empezó a deshacerse de mi pijama y a besar cada parte de mi cuerpo que iba quedando al descubierto. Sus labios recorrieron la piel de mis hombros, mi pecho, se detuvo en mis senos y los amó hasta hacerme suplicarle por más; bajó lentamente hasta mi cintura y folló mi ombligo con su lengua enloqueciéndome y excitándome tanto como era posible. Sentía sus manos acariciar mis caderas, mis piernas y arqueé mi espalda demostrándole mi urgencia de él cuando sus dedos llegaron hasta el centro mismo de mi deseo.

Esa noche, Edward me hizo suya con suavidad y lentitud, fue tierno y considerado. Me hizo el amor y yo me entregué a él de la misma forma en la que lo hice las noches anteriores, por completo, y en la cúspide del clímax, lloré sacando eso que no sabía que tenía guardado en el pecho y que me ahogaba.

Me abracé a Edward con todas mis fuerzas y no me preguntó porqué lloraba. Solo me dejó sacar ese amargo sentimiento sin dejar de acariciarme. Besó todo mi rostro y recogió mis lágrimas con sus labios, me abrazó y me quedé dormida.

***

Estábamos en medio de una reunión con ejecutivos de Newton y el equipo de filmación para ultimar todos los detalles para el comercial. Ya estaba bien planeado y definido todo; el tipo de público para el que iba dirigido y la edad, ya habíamos escogido también los tonos en base a la psicología del color, las frases que iban a utilizarse cuidando que no tuvieran un doble sentido, el equipo de grabación nos había enviado ya la música, ya se había decidido la cronología de las tomas, en fin solo necesitábamos fijar una fecha…

–Lo haremos al volver de las vacaciones, ya saben que yo respeto todas las tradiciones, además en estas fechas hasta el mundo se detiene y yo no pienso luchar contra eso – dijo Olivia –, por lo tanto, ¿qué les parece si programamos todo para la segunda semana de enero, chicos?

¡Puta madre! ¡Maldita sea!

Un pesado yunque se dejó caer sobre mi espalda y mi boca de repente tuvo un sabor a angustia horrible. Las palabras de mi jefa fueron suficientes para que no pudiera procesar nada coherente a partir de ese momento. ¿Tendríamos vacaciones?

–¿Bella, estás de acuerdo? – la voz de mi jefa me sacó de trajo de nuevo a la realidad.

–Yo… si… c-claro – tartamudeé distraída.

–Muy bien, entonces ya tenemos una fecha – concluyó Olivia y el murmullo en la sala de juntas parecía dejar ver que todos estaban bastante satisfechos con esa decisión… menos yo.

El resto del día lo pasé con la mente ocupada y no precisamente en mi trabajo. Estaba preocupada, pero sobre todo, angustiada. No quería que el día se acabara y fuera hora de ir a casa. No quería que llegara el momento de explicar mi repentina decisión porque para el final de la tarde, yo ya había tomado una; pero como no hay fecha que no llegue ni plazo que no se cumpla, la hora de la salir llegó. Con mi bolso al hombro bajé hasta la puerta del edificio y subí al auto negro que me llevaría con Edward.

Al llegar fui directamente a encontrarme con él al comedor, le di un beso en los labios y me senté, lista para empezar a cenar. Saqué de los pequeños recipientes lo que había mandado comprar de su restaurante favorito y lo puse en su plato.

–¿Día pesado? – Edward me miró entrecerrando los ojos.

–Uh… si, un poco.

Puse el plato frente a él y yo apenas coloqué un poco de ensalada en el mío.

–¿Todo bien? – me miró antes de pinchar un camarón con el tenedor, yo asentí –. ¿Estás segura? – insistió de nuevo un rato después y volví a asentir.

–Isabella – dijo él severo y levanté la mirada asustada al escuchar al reaparecido Edward.

–Lo… lo siento – me disculpé –. Estoy distraída.

No noté el silencio denso en el cual estábamos cenando. Separaba con el tenedor cada vegetal de color en mi ensalada; el pimiento rojo de un lado, las hojas de lechuga finamente cortaditas del otro lado del plato, los brotes de soya a un lado… ¿le había puesto aderezo?

–Tienes tres segundos para que empieces a decirme que carajos te sucede – Edward gritó golpeando la mesa con el puño.

Yo di un salto abriendo mi mano y soltando el tenedor que chocó contra la porcelana del plato. Edward dejó la servilleta a un lado del suyo y giró ligeramente su cuerpo dirigiendo toda su atención hacia mí, molesto.

Puse mis manos debajo de la mesa y las apretujaba, estaban frías y sudorosas. ¿Qué rayos me sucedía? Yo era una mujer fuerte y valiente… tomé aire.

–El… el jueves vuelo a San Francisco. Voy a pasar las navidades a casa – dije débilmente esperando su reacción.

Edward exhaló, no quise mirarlo pero veía el puño de su mano que permanecía cerrado con fuerza sobre la mesa. Sabía que no soportaba que pudiera tomar mis decisiones respecto al único par de temas sobre los cuales él no tenía ninguna injerencia.

–¿A casa? – dejó escapar un poco de aire por la nariz –. Esta es tu casa, Isabella ¿No lo has entendido aún? – la calma en su voz me alertó, era como la calma que precedía a la tormenta.

–A mi casa, a San Francisco, con mi padre – dije con algo mas de firmeza aclarando el punto. Su actitud me daba valor.

Se puso de pie y sin mirar atrás dijo:

–Vamos a la cama.

Ahí estaba de nuevo el tono y la orden. Lo seguí sin replicar, lamentándome una vez más como no preví las fechas para poder plantearle con sutileza todo el asunto a Edward.

Con pasos temblorosos e inseguros entré a su habitación y él cerró la puerta detrás de mí. De inmediato me acercó a la cama y comenzó a desnudarme sin delicadeza alguna. Yo no pude reaccionar ante el sorpresivo y brusco arranque, me dio miedo su mirada y la ira contenida en ellos. Yo estaba ahí, de pie aceptando mi castigo incapaz de hacer otra cosa que no fuera levantar las manos instintivamente protegiendo mi cara a pesar de que sabía que nunca me pegaría de ése modo.

Caí sobre la cama cuando me empujó una vez que estuve completamente desnuda. Sin preámbulos, Edward se desabrochó el pantalón y abrió mis piernas colocándose sobre mi.

–Faltan cinco días y una noche para que te vayas y créeme cuando te digo que no pienso desaprovechar ni un solo segundo de ellos – susurraba a mi oído mientras sus dedos tocaban mi clítoris, rodeándolo y presionándolo, hundiéndolos en mi, excitándome rápidamente y una vez que mi lubricación llegó a ellos, los apartó enterrándose en mi.

Edward me tomó esa noche varias veces. Todas ellas llenas de fuerza y casi con coraje; me tenía un poco asustada al principio, pero no me quejaba porque me gustaba y me gustaba mucho. Ya era una certeza el que me estuviera adaptando excepcionalmente bien al estilo de vida de Edward, pero tampoco me engañaba. Ya podía distinguir cuando la fuerza que ejercía en mí era por la excitación del momento impulsada por el juego en el que estuviéramos inmersos o por la ira que no podía contener y la transformaba en un castigo.

Esa noche sentí la diferencia y claramente noté que la intención era distinta. No era en esa ocasión un juego rudo entre el amo y la sumisa, esa vez era un castigo, la consecuencia de un acto y sabía desgraciadamente que era el precio que tenía que pagar por ejercer mi derecho de estar con mi padre.

Pensando objetivamente, ¿era un buen momento para irme? Desde luego que no. Edward y yo estábamos encontrándonos al fin en medio de todo ese complejo mundo; nos estábamos adaptando después de un tiempo durante el cual ninguno de los dos estaba muy dispuesto a hacer un verdadero esfuerzo por la relación. Y ahora, justo cuando todo parecía ir caminando bien, las navidades llegaban golpeando directo a mi nariz.

En un principio, cuando entré a la agencia, supuse que no tendría vacaciones y me hice a la idea de no ir a casa y pasarlo sola. Las chicas se solidarizaron y dijeron que ellas me acompañarían, me reí amargamente recordando esa ocasión... pero de pronto Olivia nos comunicó que al menos en su agencia, las vacaciones de navidad se respetaban totalmente ya que habían trabajando en la agencia personas de diferentes nacionalidades.

Eso me puso en un predicamento porque antes yo estaba tranquila porque sabía que tendría que quedarme en Londres por mi trabajo, era algo que yo daba por hecho y nadie cuestionaría nada. Ni mi padre porque sabía que tenía que cumplir con mis responsabilidades, Edward mucho menos porque permanecería a su lado y así yo me libraba de tener que tomar una decisión como lo había tenido que hacer ya.

Y había elegido irme por mi prioridad número uno, mi padre. Pero, ¿habían cambiado mis prioridades?, ¿podría haber cambiado de opinión?

Si me preguntaban en ese momento hubiera dicho sin pensar que si, pero ya no podía dejarme llevar como una adolescente, era una mujer madura y como tal debía meditar bien mis decisiones y mis acciones y si le echaba un poquito de lógica y cerebro me quedaba muy claro que no podía hacer de Edward mi prioridad numero uno y dejar de lado a mi padre. Esos pocos días habían sido increíbles sí, pero no eran suficientes como para que yo pensara que pesaban más que toda una vida, así que guiándome por la razón, tomé mi decisión y compré mi ticket a casa.

Tenía todavía parte de esa noche y cinco más que faltaban antes de que viajara a San Francisco para que Edward se cobrara a su modo el que no estuviera entre mis asuntos importantes en esas fechas tan especiales.

Yo de verdad lo sentía, lo sentía mucho, porque una parte de mi deseaba quedarse, pero había tenido muy olvidado a mi padre desde que Edward se atravesó en mi vida. De alguna una forma tenía que compensar esa desatención y no había mejor manera que pasar esos días tan importantes con él; además, yo no podía volcar mi vida hacia Edward, era una tentación muy fuerte, pero si lo hacía… ¿qué sucedería conmigo cuando el contrato se venciera?

Jadeaba por aire, tenía que descansar. Mi cuerpo temblaba y sentía que mis pulmones no podrían albergar todo el oxigeno que yo desesperadamente necesitaba. Mi cuerpo estaba húmedo por la ligera capa de sudor que me cubría. Solo quería cerrar los ojos y dormir…

–En cuatro, Isabella – me ordenó.

No me moví y estrelló su mano en una fuerte nalgada contra mi pierna.

–¡Te quiero en cuatro!

Gritó y di un brinco asustada; sintiendo mi cuerpo pesado y con torpes movimientos, lo obedecí.

***

El fin de semana fue tal y como me lo había advertido. Edward no me dio un respiro; me tomaba cuando se le antojaba y aunque no experimentó cosas nuevas conmigo, casi no salimos del cuarto de juegos y de su habitación. Estaba extenuada y a decir verdad un poco triste aunque lo disimulaba lo mejor que podía, porque los cuidados post-coito de Edward habían dejado de ser mimos y se redujeron a cuidados mecánicos y repetitivos que no tenían esa suavidad y ternura a la que me había acostumbrado durantes los días anteriores al anuncio de mi partida.

Por las noches dormíamos en mi habitación y a Edward no parecía importarle el tamaño reducido de mi cama en comparación a la suya. Un hombre de uno noventa casi no tenía mucho espacio ahí. Esa era mi compensación, ya que debido al poco espacio yo dormía enredada en su cuerpo como una hiedra y eso a él, tampoco parecía causarle ninguna incomodidad.

El lunes Edward no estaba de buen humor y el martes, procuré no hacer nada que pudiera aumentar su mal temperamento, pero tuve que arriesgarme cuando fue a recogerme por la tarde a la agencia y decirle que tenía que ir a mi apartamento para preparar mi equipaje y dejar bien cerrado todo. Su frente se arrugó hasta lo imposible.

–Tu ropa esta en casa y de tu apartamento puede encargarse alguno de los chicos – su mirada estaba clavada al frente y su barbilla en alto.

–Ahí esta lo que tú me compraste y te lo agradezco, pero prefiero llevar mis propias cosas y en cuanto a lo de mi apartamento, no tienes porque hacerlo, pero gracias.

Hablé con voz baja y pausada, Edward me miró y pude ver claramente cómo sus dientes estaban apretados, tensando visiblemente su mandíbula. Esperaba que estallara en cualquier instante, pero pasaron lo que me parecieron largos minutos y él no dijo nada sólo ordenó…

–Dean, al apartamento de la señorita Swan.

¿Señorita Swan? ¿De dónde diablos salió eso? ¿Ya ni siquiera era Isabella? Esa forma de referirse a mí me dolió. No era fría, ni dura era simplemente indiferente, que era mucho peor. Giré mi cara y durante todo el camino a mi apartamento me mantuve mirando las calles sintiendo como una sensación de abandono me cubría.

Al entrar a mi apartamento me estremecí por lo helado e inhóspito que se sentía. Estaba oscuro y el silencio típico que me recibía cada tarde cuando llegaba del trabajo me ahogó. Parecía que habían pasado años de eso; era cómo si el estar con Edward hubiera desplazado sin que me diera cuenta, mi vida antes de él. Respiré profundamente y rápido corrí hacia las ventanas y las abrí sin importarme el inclemente frío, quería que saliera ese denso aire que me estaba asfixiando.

Fui directamente a mi vestidor y saqué mi ropa sin poner mucha atención a lo que metía en mi maleta, guardé también algunos zapatos, accesorios y entonces recordé que no estaba guardando ningún regalo porque sencillamente no había comprado nada para nadie. Maldije por centésima vez esa tarde y cuando terminé con mi maleta y revisé que dejaba todo bien cerrado, subí a mi auto y me dirigí al centro comercial.

Caminé entre la gente que atiborraba el lugar y seguía sin tener idea de qué comprar. Miraba los aparadores con la esperanza de que me dieran una idea hasta que me detuve frente a Foyles. Entré sin pensármelo dos veces y me acerqué a un dependiente y le pedí un libro sobre la historia de la ópera y una colección de las más importantes en CD. Al salir de ahí, solo tuve que avanzar un poco más y vi un precioso joyero en plata, era perfecto para Carmen. Hice varias compras más y cuando estuve segura de tener todo, emprendí mi camino a casa de Edward lista para enfrentarme a su hiriente indiferencia.

–Debiste llamar para que Paul fuera a recogerte – sin levantar la vista de los papeles en sus manos, su voz dura y grave sonó llenando la habitación.

–No quise molestar, además fui a hacer unas compras, no sabía cuanto iba a tardarme y no quería que estuvieran esperándome por tanto tiem…

–Es su trabajo, para eso les pago – me cortó y asentí.

–Mañana habrá una fiesta de la agencia para celebrar las navidades – me acerqué a su escritorio.

–¿Me acompañarías? – pregunté emocionada en un intento por recobrar un poco de lo que antes tuvimos y volver a nuestra antigua camaradería.

–¿Qué te hace pensar que quisiera ir contigo a una fiesta con tus compañeros de trabajo? – respondió con desdén apenas levantando la mirada de sus papeles.

Un amargo sentimiento de decepción estaba atorado en mi garganta, aquel Edward que me había cautivado en ese corto tiempo se había ido, sólo fue un cruel espejismo y eso me indicaba que yo tenía que volver a ser la sumisa abnegada y contenida de antes.

–Yo pensé… – me detuve –. Perdón, Señor, olvidé que una sumisa no piensa, sólo obedece. Si usted no lo desea, no iré a ninguna fiesta – dije rendida con palabras iban bañadas de amargura. Sus ojos entrecerrados me escudriñaron y me estremecí. Mis piernas temblaron un poco, pero pude manejarlo y permanecí ahí de pie esperando por sus órdenes.

–Sal de aquí.

Subí directamente a mi habitación obedeciendo su orden. No quise cenar nada, no tenía apetito después del rechazo que había sufrido de su parte. No lloré, pero me dolía mucho su actitud y estaba molesta, no con él sino conmigo, por idiota. Ya debería estar acostumbrada a sus volubles cambios de humor, por lo que si estaba dolida, era sólo culpa mía.

Me acosté en la cama desnuda como cada noche porque no quería provocarlo más y me cubrí muy bien con el edredón. Cuando comenzaba a quedarme dormida, Edward me quitó las mantas y se colocó sobre mí, besando mi cuello, mi pecho y mis labios desesperadamente. Esa noche como todas las anteriores, me tomó con premura varias veces sin prohibirme nada y después agotado, se quedó dormido abrazándome y yo enredándome en él, frotando mi mejilla contra su pecho, inhalando su olor para llevarlo muy presente conmigo durante el tiempo que estaría alejada de él. Subí mi mano y acaricié su rostro perfecto ya con pocas evidencias de la pelea. No me había ido y ya lo extrañaba, pero sabía muy bien que yo… no me podía permitir ese sentimiento.

El miércoles, la agencia era una locura. Ya nadie trabajaba y muchos se daban regalos, todos tenían una sonrisa en la cara y estaban felices de que fuera el último día de labores y que además, saliendo de ahí, todos se trasladarían al bar donde sería la fiesta de navidad.

Le entregué a Jane su regalo y ella tomó en sus manos la caja y la sacudió como una niña pequeña. Rompió el papel, emocionada y desesperada y empezó a dar saltos por toda nuestra oficina.

–¡Bella! ¡Por Dios! ¡Por Dios ¡Por Dios! – repetía restregándose las manos en las mejillas.

–Que bueno que te gustó – me alegraba mucho que así fuera.

–¿Cómo no iba a gustarme? ¡Es lo máximo! – me abrazó –. Gracias, Bella.

–Es un placer, Jane – sonreí satisfecha por haberle dado un gusto a una buena persona y que además era mi amiga.

–Yo no te he comprado nada aún, pensaba sonsacarte algo que quisieras, pero te vas a ir y yo sigo sin saber que darte – hizo una mueca disculpándose.

–Quiero que sigas malcriándome y consintiéndome con ese delicioso café y esa rica dona cada mañana, ése es el verdadero motivo por el cual vengo a trabajar – le guiñé un ojo.

–¡Hecho! – exclamó feliz y volvió su atención al teléfono que le acababa de regalar –. Ahora vámonos que no quiero llegar tarde a la fiesta.

–Yo no iré, Jane – me giré y empecé a guardar mis cosas. Edward no me había prohibido ir pero la verdad era que no tenía humor para estar en una fiesta.

–Pero… ¿por qué? – había un poco de decepción en su voz.

–Mi vuelo sale muy temprano y no quisiera desvelarme – me encogí de hombros a modo de disculpa.

–Tenía tanta ilusión de festejar contigo hoy…

–Lo haremos a mi regreso, te lo prometo.

–De acuerdo pero ahora ven aquí y deja que te de un abrazo como Dios manda, que tu séquito lleva horas esperándote y el grandote no deja de hablar por el móvil y de mirar hacia aquí.

–Que lo pases bien, Jane, dale un abrazo a Ethan, ¿sí?

–Claro, tú también diviértete mucho y disfruta estos días con tu padre – y dejó un beso con labial rojo muy bien plantado en mi mejilla.

Al llegar a casa todas las luces estaban encendidas, pero no había nadie ahí. Harriet ya se había marchado varios días antes y su ausencia se sentía en la casa. Fui a la cocina y me preparé un sándwich, no tenía hambre como para algo más así que me lo comí de prisa y subí a mi habitación. Me quité los zapatos y me dispuse a guardar los regalos en la maleta y a elegir la ropa con la que viajaría al día siguiente. Dejé todo listo en una silla de la salita y fui a lavarme la cara, los dientes y me puse un juego de lencería para esperar a Edward aunque sabía que no iba a tenerlo puesto por mucho tiempo. Un poco después de la media noche me venció el sueño.

Era una noche helada, pero el frío que sentía se disipó cuando el calor en el cual había dormido cobijada de un tiempo a la fecha me cubrió de nuevo. Me acomodé en mi almohada firme, en ésa en la que me sentía segura y ése lindo sueño llegó a mi otra vez… besos suaves y tiernos por todo mi rostro, caricias lentas y dulces pero en esta ocasión, escuché que murmuraban a mi oído.

–¿Qué sucedió, Bella?


–¿Qué te hizo?


–Dime quién…

***

Intenté moverme, no pude; algo pesado me cubría y abrí mis ojos despacio. La mitad del cuerpo de Edward cubría el mío y su olor característico era sustituido por un olor a bar y a tragos. Su larga pierna descansaba sobre las mías y su brazo rodeaba mi cintura, mi rostro estaba hundido en su cuello y su barbilla casi tocaba el tope de mi cabeza.

¡Diablos!

¿Cómo iba a salir de ahí?

La alarma de mi teléfono comenzó a sonar y Edward se quejó.

–mmm

El insistente aparatejo no dejaba de sonar, Edward frunció el ceño y se giró para estirar la mano y a tientas lograr alcanzar el teléfono que estaba en la mesita. Lo apagó sin abrir los ojos y al momento que intenté moverme volvió a abrazarme. Yo respiraba contra su pecho, esperé unos segundos hasta que lo escuché hablar.

–Maldita sea…

Fue lo único que dijo antes de girarse y liberarme. Se pasó las manos por la cara repetidas veces, luego las subió a su cabeza y se quejó de nuevo.

–mmm

Si no estaba equivocada la resaca lo estaba matando. Me puse de pie preguntándome en qué momento se había metido en mi cama. Así debió estar su borrachera como para no haberle importado que durmiera vestida, por decirlo de alguna manera.

Fui al baño y busqué dos analgésicos en el cajoncito que Harriet siempre tenía bien abastecido con toda clase de artículos de esa índole. Saqué un par y bajé a la cocina por un vaso grande de jugo de naranja. Al volver a la habitación, Edward estaba cubierto por las mantas hasta la cabeza y había vuelto a quedarse dormido. Suspiré y me acerqué sentándome junto a él en la orilla de la cama y lo desperté sin ningún remordimiento.

–Edward, levántate – lo moví de un hombro.

–mmm – gimió con fastidio.

–Abre la boca y tómate esto si no quieres despertarte en un rato con la cabeza a punto de estallar.

Para mi sorpresa se sentó un poco y se tomó los analgésicos, frunció el ceño sin abrir los ojos y se tomó el vaso de jugo completito. Se dejó caer de nuevo en la cama y se volvió a cubrir con las mantas. Exhalé. Edward Cullen de juerga. Negaba con la cabeza mientras iba a darme un baño. Me tomé mi tiempo y me consentí un poco. Me sequé el pelo y me vestí tranquilamente. Casi no me maquillé y salí del baño para ver que Edward ya no estaba en la habitación. Suspiré y terminé de guardar mis cosas.

Cuando estuve lista fui a despedirme a su habitación, se estaba dando un baño así que tomándome atribuciones que no me correspondían, entre a su vestidor y elegí su ropa. Esperaba que no fuera mucho mi atrevimiento y le molestara. Coloqué la ropa sobre la cama y me senté junto a ella. Cuando se abrió la puerta del baño, Edward salió de él entre el vapor del agua caliente. Parecía una ilusión. Se había afeitado y se acercó a mí sin mirarme. Tomó los bóxers de la cama y se desenrolló la toalla de las caderas para ponérselos. Tomó los jeans azul oscuro y el suéter negro, dejando de lado el traje también azul oscuro.

–No sabía si irías a trabajar – señalé la ropa sobre la cama.

–Gracias – exhaló y fue a su vestidor.

–Te esperé anoche – me puse de pie siguiéndolo.

–Fui a un bar con Emmett – me respondió –, ahora si se ven las cosas diferentes, ¿no? - masculló entre dientes y sonrió con sarcasmo. No tuve que pensar mucho para deducir que su comentario incluía a mi amiga.

–¿Rose? – pregunté de inmediato al escuchar las palabras de Edward y recordé nuestro encuentro en el supermercado. Ella no lo estaba pasando muy bien y ya que me acordaba, se veía pálida, demacrada y muy descuidada, esa no era la Rose que yo estaba acostumbrada a ver.

–¿Ella no está bien verdad? – inquirí con preocupación en mi voz.

–¿Edward? – insistí al no tener respuesta suya.

–Solo ten presente, Isabella, que ella te dio la espalda – su mirada intensa estaba clavada en la mía como una advertencia y me dio la respuesta que esperaba. No estaba equivocada y Rose no lo estaba pasando nada bien. Inhalé, reconociendo que había cometido un error muy grave al no incluirlas como mis prioridades también.

–¿Me escuchaste?

–Perfectamente – asentí.

Un rato después fui a mi habitación por mis cosas y Edward me esperaba en la puerta. A pesar de estar enojado tomó mi maleta para bajarla. Tenía que admitir que se estaba controlando y seguía esforzándose porque pudo haberlo tomado no de muy buen agrado y me hubiera tratado realmente mal. Entonces me detuve y recordé que estaba olvidando algo. Le dije que se adelantara y que estaría con él en un minuto. Sin decir nada descendió las escaleras y en unos minutos me reuní con él.

–¿No me acompañas al aeropuerto? – pregunté esperanzada y él frunció el ceño, extrañado.

–Tengo cosas importantes que hacer, Isabella – su voz no fue dura.

–Oh… – me quedé de pie, decepcionada.

Edward levantó mi barbilla y me dio un beso ligero en los labios, pero ni siquiera me miró a los ojos.

–Pásalo bien con tu padre – fueron sus únicas palabras antes de meterse a su auto, arrancar y salir de la propiedad como alma que lleva el diablo.

–¿Lista, señorita Isabella?

–Lista, Paul.

***

Me despedí de Paul y Jason. Habían sido mi sombra durante el último par de meses y aunque nuestra comunicación estaba un poco limitada y cuando obedecían ordenes ellos las cumplían a como diera lugar, era innegable que les había tomado un poco de cariño. Por eso ellos estuvieron en mi lista de regalos y cuando antes de bajar del auto les entregué sus obsequios y vi sus rostros pasar de las duras facciones a unos muy sorprendidos, me alegré. Les compré a ambos un par de guantes de piel negros, siempre los veía con abrigos grandes, pero frotándose las manos así que ése era un buen regalo. Les deseé felices fiestas y caminé hacia mi sala de abordaje.

Dormí durante casi todo el vuelo ya que se retrasó y en lugar de salir a las 12 del medio día salió hasta las cinco de la tarde. Por el altavoz anunciaron el próximo aterrizaje; me emocioné pero aún me faltaba un largo trecho para llegar a casa ya que no avisé de mi regreso, quería sorprender a mi padre, que por cierto, no me había llamado en la última semana y tampoco mencionó nada sobre venir para las navidades tal vez asumiendo lo mismo que yo, pero ya no importaba porque estaba a punto de llegar a casa y se llevaría una enorme sorpresa al verme ahí.

Conseguí un taxi y le di mi dirección, en menos de una hora estuve ahí y respiré profundamente al ver la fachada y el enorme pasillo de la casa donde pasé mi niñez. Sonreí. Por fin ya estaba ahí… Con mis propias llaves abrí la puerta y jalando mi pesada maleta entré tratando de no hacer mucho ruido. Avanzaba sigilosamente y al mirar hacia el salón, vi el enorme árbol que cada año se ponía en el mismo lugar; me acerqué y vi los regalos que también como cada año, estaban apilados al pie de este. Un nudo se formó en mi garganta porque sabía para quienes eran muchos de ellos y que no estarían para recibirlos. Me giré con rapidez y vi a mi padre de pie mirándome feliz.

–¡Papá!

Corrí hasta él y me recibió con los brazos abiertos. Nos abrazamos con fuerza y cuando pude controlar mis lágrimas, me separé de él, secándomelas con las manos.

–Bella – me atrajo de nuevo a él –, creí que este año no vendrías, hija – besaba mi frente –. No te llamaba porque no quería oírte decir que no podrías estar aquí.

–Yo también lo creí, papá – sonreí –, pero siempre si pude y aquí estoy.

–Hola, Bella – una tímida voz me saludó y miré detrás de mi padre.

–¡Carmen! – la mujer me miraba un poco insegura, estaba envuelta en un hermoso juego de lencería muy sobrio y hermoso. Me acerqué a ella y la abracé –. ¡Esta sí que es una sorpresa! – encogí los hombros contenta.

Carmen me ayudó a instalarme en mi habitación de siempre. Platicamos un poco y me dijo que papá estaba un poco triste, que no decía por qué pero ella intuía que era porque yo no daba señales de venir. Ella varias veces le sugirió que me preguntara pero él le dijo que ya tenía un trabajo y una responsabilidad y estaba muy orgulloso de ver que su hija sabía cumplir y que no sería él quien me presionara e hiciera sentir incómoda y culpable por no poder venir a casa. Le conté que el trabajo en la agencia era absorbente y que yo creí que no tendría suficientes días como para que pudiera hacer un viaje tan largo, pero que al final, mi jefa nos comunicó que estas fiestas eran respetadas por ella y que sin pensarlo mucho, compré un ticket para volar a casa.

Se despidió y me dejó para que descansara. De pie en medio de mi habitación, giraba lentamente viendo mi cama, mis cosas… estaba en casa… me repetí de nuevo. Tomé mi bolso y saqué mi móvil.

Ya estoy en casa.
Bella

No esperé respuesta porque con las 6 horas de diferencia, en Londres serían casi las 6 de la mañana y Edward tal vez… un tono de mensaje sonó y con las manos temblorosas oprimí el botoncito para leerlo.

De acuerdo, cuídate.
E. Cullen

Lo leí triste. ¿Y que tipo de contestación esperaba? Debería darme por bien servida que me respondió. ¿Una respuesta seca? Sí. Estoy enterado y cuida lo que me pertenece, tu cuerpo es mío. Esa era la puta traducción del puto mensaje.

Acostada ya en mi cama y aún con el cansancio de las once horas de vuelo encima, no podía dormir. El nudo en mi garganta se hizo presente de nuevo y un sentimiento inquietante que no sabía reconocer no me dejaba dormir en paz. No podía definir que era exactamente pero tenía mucho que ver con el dueño de cierto inglés de ojos verdes.

Ya muy de madrugada, el jet lag dejó que por fin pudiera cerrar los ojos y descansar. Cuando desperté ya era casi medio día y deprisa me di un baño, me vestí y bajé para encontrarme con papá y Carmen que me esperaban en el saloncito. Los saludé y los noté algo serios, incómodos.

–¿Pasa algo? – pregunté con cautela. Carmen bajó la mirada y papá se aclaró la garganta.

–Bella … – comenzó mi padre, pero Carmen lo interrumpió abruptamente.

–Bella, yo quiero pedirte una disculpa – hizo una pausa y yo no comprendía de qué rayos hablaba –. El que llegaras anoche y me encontraras aquí no debió ser muy agradable para ti, comprendo que estoy invadiendo un terreno que no es mío y te pido una disculpa por eso, hoy mismo vuelvo a casa y te prometo que sólo vend….

–Carmen – la detuve y me senté a su lado tomando su mano.

–¿Tú recuerdas cómo era papá cuando lo conociste hace algunos meses? – ella me miró con confusión pero asintió.

–¿Recuerdas lo delgado que estaba y lo indiferente que parecía a todo lo que no fuera su trabajo? – asintió de nuevo.

–Sus ojos oscuros… ¿no te parecía que estaban algo hundidos y sin vida? – esta vez una sonrisa acompañó el movimiento afirmativo de su cabeza.

–Si tú pudieras ver como lo he hecho yo ahora, la enorme diferencia que hay entre ése Charlie Swan y el que tengo aquí frente a mí, si fueras su hija y vieras que tu padre, ése señor triste y de mirada melancólica que solo vivía para su empresa y para ti, ahora tiene una sonrisa que creíste no volverías a verle en los labios junto con esa mirada alegre y brillante… ¿no le estarías agradecida a la persona que logró devolverle esa alegría por vivir? – oprimí su mano con fuerza mientras veía sus ojos rebozando lágrimas.

–Yo si – le sonreí –. Le estaría eternamente agradecida y le diría que estoy feliz de que ocupe el lugar en esta casa que estoy segura que mi madre querría que tuviera – la abracé, sintiendo como temblaba entre mis brazos, sollozando feliz.

–Gracias, hija – papá nos abrazó a ambas.

Después de ese momento tan sincero, de mostrarle a Carmen mi gratitud…

–Bueno, ¿Y para cuando es la boda? – pregunté ansiosa.

–Para cuando puedas volver, no creerás que lo haremos sin ti – Carmen no soltaba mi mano.

–Y sin las chicas – agregó mi padre y me paralicé.

–Sí, claro – me puse de pie.

–¿A qué hora llegan, Bella? – la pregunta fue tan casual que me confundió.

–¡Hay que preparar todas las habitaciones! – Carmen dio un brinco.

–No, no – negué nerviosa –. Ellas no podrán venir este año, sus trabajos… ellas… están ocupadas – finalicé.

–Oh, es una lástima, creí que como tú si habías venido ellas también lo harían, pero bueno, podrás llevarles sus regalos.

-Claro, papá, claro…

***

Dejé a papá y a Carmen y corrí a la cocina en busca de Sue, la mujer que cuidó de mí durante toda mi niñez hasta que me fui al internado. Ella me consoló después que murió mi madre y no se despegó ni un segundo de mi lado. La abracé con fuerza y se alejó un poco de mí, mirándome de arriba abajo, estudiándome y alegando que estaba muy flaca pero que de ella dependía que los días que estuviera ahí, comiera como se debía.

Entre todo el alboroto por la preparación de la cena de Noche Buena, Sue me hizo unos pancakes y un vaso enorme de leche con canela. Los devoré entre los recuerdos que me traían los sabores y la preocupación de Sue por mi delgadez. Por la tarde acompañé a Carmen por algunas cosas de última hora y el recorrer esas empinadas calles me hizo sonreír. Ya de vuelta en casa, subí a recostarme un rato y una pregunta de mi padre volvió a mi mente… ¿Y las chicas?

No me había olvidado de la plática con Edward, si es que eso había sido una plática. Pero si entendí claramente que Rosalie no lo estaba pasando bien y además estaba sola. Sí, sola como yo lo estuve. Pero Edward estuvo conmigo y ella según entendí, no estaba ya con Emmett. Bueno, pero además no estaba sola, sola, tenía a Alice, ¿no?

Qué idiota, me sentía como en una caricatura con la voz de mi conciencia buena en un hombro y la voz mala en el otro. Sacudí mi cabeza tratando de no imaginarme escenarios dramáticos, Rosalie y Alice no estaban peleadas, así que lo más probable era que hubieran cenado juntas.

¿Y Edward?

Edward obviamente con sus padres…

Me respondí e inmediatamente la vergüenza me subió al rostro en un rubor quemante. Me sentí una desconsiderada y poco educada. Ellos se habían acordado de mí en su viaje y me trajeron un hermoso regalo, ¿y yo?, ¿qué pensarían de mi?, que ni siquiera tuve la amabilidad de llamarles para desearles una feliz navidad. ¿Así o más tonta, Bella?

Me sentía tan mal por mi falta de tacto, por mi falta de atención, que lo único que se me ocurría además de llamarles y disculparme, era comprarles un obsequio y como no tenía ni la menor idea de qué pudiera darles, le pediría a Carmen que me asesorara en el tema ya que tenía muy buen gusto, claro, solo esperaba que no hiciera muchas preguntas porque no era muy buena mintiendo y yo no quería dar muchas explicaciones sobre quienes eran y porqué eran muy importantes para mí, Esme y Carlisle.

Lamentaba mi estupidez al olvidarme por completo de los padres de Edward mientras me vestía para cenar. Había elegido un vestido muy lindo porque a diferencia de muchos años, esta vez tendríamos invitados para la cena de Noche Buena, el hermano de Carmen, Eleazar y su esposa María y Harry y su esposa Rachel, así que me apuré y me arreglé para compartir esa noche la felicidad de mi padre y de su futura esposa.

A las ocho en punto bajé por las escaleras y escuché un murmullo de voces que provenía del salón principal y antes de entrar en él, me encontré con mi reflejo en el enorme espejo del hall. ¿Porqué no me veía todo lo contenta que debería de estar? Estaba en casa, con mi padre que por fin había encontrado el amor en una buena mujer… Dejé escapar el aire de mis pulmones en una exhalación y avancé al interior del salón, dando las buenas noches a todos con una sonrisa.

Mi padre se puso de pie y extendió su mano para que me acercara a él; después de los saludos, mi padre y Eleazar estaban entretenidos en una conversación y María ya hacía planes para la boda, aún sin fecha de papá y Carmen. Era igual a Alice, no importaba nada, ella empezaba a organizar las fiestas aún faltaran meses para ello. El timbre de la puerta sonó y Sam fue a abrir la puerta a Harry y a Rachel, los saludaría y luego iría a ver que todo estuviera listo para la cena. Sam se asomó con toda su propiedad, en la entrada al salón.

–¿Sam? – preguntó papá al verlo asomarse al salón.

–Señor, buscan a la señorita Bella – respondió él –. La esperan en el hall de la entrada – asintió retirándose.

–¿Bella? – papá me miró intrigado y lo miré de igual forma encogiendo los hombros casi imperceptiblemente.

Me puse de pie de inmediato y me dirigí a la entrada. Estaba de espaldas a mí, esas anchas espaldas que yo conocía muy bien.

–Edward…

Se giró muy lentamente y me sonrió, mi corazón se hinchó y creí que me explotaría de alegría. Corrí hasta él y me lancé a sus brazos, al lugar donde me sentía segura y feliz. Hundí mi cara en su pecho, él lo hizo en mi pelo y sentí como aspiró intensamente. Se separó un poco de mí y levantó mi barbilla para besarme de una forma desesperada. Sus labios se movieron desesperados sobre los míos y yo los abrí para sentir su lengua invadiendo mi boca.

Un carraspeo me hizo dar un brinco sorprendida; quise separarme de él, pero Edward tomó mi mano evitando que me alejara.

–Papá – mi voz temblaba mientras Edward pasaba su brazo por mi cintura.

–Papá te presento a Edw…

–Mucho gusto, señor Swan – me interrumpió –. Soy Edward Cullen, el novio de Isabella. *


*


*


*
Nenas! Esta vez no esperaron tanto ¿no? Y eso es por el trabajo y esfuerzo de mis queridísimas Isita María que betea contra corriente, Lethy, Coco, Lo, Nani y a ustedes por leerme y comentarme… mil gracias y un besitoo.

17 comentarios:

  1. contenta
    feliz
    emociionada}

    llego xd que emocion la quiere como no

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  2. HOLA ESPERO QUE AHORA SI PUEDA DEJAR MI COMENTARIO, CMO SIEMPRE ME ENCANTA LA HISTORIA QUE BUENO QUE EDWRADS FUE COMO TE DIJE EN FANFICTION NO PUEDO REPONERME DEL INFARTO

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  3. ohhhh dios mio tan posesivo, tan caprichoso y tan divino!!! como me gustaria ver la cara de Bella cuando se presenta como "su novio" no debe tener precio jaja
    Gracias Li, me encantaaaa y quiero más, ya sabes que soy muy ansiosa con segun que cosas ;))
    Un besazo enormeeee

    por cierto ... esas imagenes me hacen ardes, son polvora!

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  4. arder...queria decir arder, ya no atinooo jaja

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  5. o mi dios..... k siento k algo me da, por dios es fantastico, tenias k cerrar con broche de oro, edward llega de sorpresa a casa de isabella y de pilon para matar a mi corazon, se presenta como el grande k es y sobre todo como novio de isabella...... joder me muero, fantastico y ferlicidades, keremos proximo capi..

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  6. ahhhhhhhhhhhhhh super capitulo, muy intenso en la contradiccion de sentimientos que genera y efectivamente no tuvimos que esperar tanto.
    GRACIAS
    Saluditos

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  7. LI!!! AWWWWWWWWWWWWWWWWW! que final tan genial, Estoy emocionadiiiiisiiiiima porque se presento alla sin esperarselo Bella, que espectáculo de capitulo.

    Gracias por el capitulo y Gracias por relagarnos esta historia.

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  8. BUEN CAPITULO!! HAY PERO A VECES EDWARD ME DESESPERA DE COMO TRATA A BELLA!! ESPERO QUE PRONTO SE DE CUENTA DE SU AMOR ASIA ELLA ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE!!! :]

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  9. WAaaaaaaaaaaaaa OMFG No lo puedo creer hahahaha me da me da juro q me da jajaja.
    Li ti si q sabes como crear expectación entre tus seguidoras.
    Uffff me haz dejado sin palabras nuestro Señor a llegado a pasar navidad cn ella morire.
    Mujer esperare al borde de la histeria el nuevo capitulo, mientras te mando un beso, un abrazo y nos seguimos leyendo.

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  10. Pero que mala eressssssssssssssssssss!!
    Casi mando a darle una paliza a edward por insensible.
    Aawwwwwwwww me encanto, y ese "soy el novio de isabella" me mato y revivio!! jajaja
    Eres la mejor niña, ojala y puedas subir el siguiente capitulo prontooooooooooooooooooo
    saluditos y abrazos

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  11. mierda que buen cap ..!! solo q meda ganas de darle una buena paliza a edward fuck .... bueniosimo pero no aguanto me dejas en la incógnita no podre aguantar tanto tiempo espero subas cap prontoooo..OOOOoooo

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  12. AWWWW LI DIOS COMO LLEGO APARECERSE ESE HOMBRE ALLAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA ..... ESTAA ENAMOARADOOOOOO HASTA LA MEDULAAAAAAAAAAAAAAAA!!! AWWW QUE BELLOOOO, SU ACTITUD FRIA ERA PORQ NO PUEDE ESTAR SIN SU ISABELLA!!! ME MATO EL CAPITULO!!! GRACIAS AMIGA!!

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  13. Ufff que capitulo amo este Edward bipolar tan rudo y tierno a la vez y ese final OMG ya quiero que llegue el proximo capitulo...

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  14. OMG adoramos a este bipolar,posesivo ,tierno y rudo a la vez ,me encantaaaaaa....Gracias nena,sigue asi....

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  15. omg!! ke kede fria!!! soy el novio de isabellaaaa!!! grax por el capitulo está genial me encantó la sorpresa de ed, ahhh pero bien ke la hizo sufirr!!! espero leerte pronto , saludos

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  16. hola guapa gracias por no tardar en actualizar de verdad se agradece porque sinceramente se sigue mejor la historia, el capítulo maravilloso, los tres últimos capis no tengo palabras, este último me dejó muerta te lo juro, no me imaginaba la aparición estelar de Ed y la reacción de Bella ainssssssss. Estoy como loca por leer lo que sigue por favorrrrrrrr no tardes en actualizar y por último gracias otra vez por ser tan maravillosa, ya lo sabes para mi eres la mejor besitos desde algún lugar de España, lunn90

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  17. wow me encanta tu forma de escribir.. espero k yo pueda llegar a escribir así *-*.. espero el prox pliss no tardes en actualizar *-*

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