martes, 27 de diciembre de 2011

CAPITULO 23

*OUTTAKE*
Amor dulce y amargo.


Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal.
Madre Teresa de Calcuta


ROSALIE'S POV.

Suspiré profundamente antes de bajarme del auto. Ni mis energías ni mi ánimo estaban para entrar con entusiasmo al establecimiento pero tenía que comprar algo para alimentarme. Hacía ya varios días que no comía casi nada; no estaba como para sentarme a darme una gran comilona pero en mi cocina tampoco había mucho de donde escoger. Estaba vacía. Ni siquiera chocolates escondidos, ni algún tubo de Pringles quedaba en algún cajón por ahí, toda dotación de golosinas me la había acabado ya desde hacía un par de semanas.

De nuevo inhalé todo el aire que pude y maldije por lo bajo; me bajé con determinación, una que no sentía que tenía pero aún así avancé hasta la entrada del supermercado y tomé un carrito.

¿De qué lo iba a llenar si no tenía ganas de comer nada?

Avancé por un pasillo y me obligué a concentrarme. Me arrepentí de no haber hecho una lista e ir directamente por lo que necesitaba sin tener que estar rondando por todo el lugar. ¿Una lista? Me reí por ese pensamiento estúpido y parpadeé confundida al notar que era la segunda vez que iba a pasar por el pasillo de los enlatados. Resoplé por la nariz y avancé para luego ir hacia la comida congelada. Y ahí estaba ella…

Caminando como ausente, pero más hermosa y sofisticada que nunca. No es que nunca lo hubiera sido al contrario, pero era muy difícil que Bella sacrificara su comodidad por la elegancia. Aunque por lo que veía eso era cosa del pasado, ella ya no era aquella chica indiferente por la gente a su alrededor y más interesada en llegar a su apartamento y encerrarse en sus libros y novelas. Aquella Bella no vivía, o lo hacía a través de todas las historias que leía.

Pero ahora, Isabella Swan era la novia del inversionista más exitoso del país. Era obvio que debía verse como lo que era y dejar de lado su imagen cómoda. Atrás quedó la chica linda despreocupada porque la persona que estaba caminando distraída hacia mi daba la impresión de ser una mujer en toda la extensión de la palabra. Bella ya estaba viviendo… Y eso se le notaba a leguas así como lo ausente que estaba en ése momento.

Se detuvo y se quedó mirando las latas; metió varias y alcancé a ver que un par de ellas eran de pimientos verdes, algo que ella jamás compraría. La observé por unos largos segundos y no pude frenar el impulso de llamarla.

–Bella…

Dije con voz algo temerosa y baja. Ella levantó lentamente la mirada y frunció el ceño como si estuviera viendo a una persona indeseable, tal vez para ella yo lo era; eso me caló hasta los huesos.

–¿Cómo has estado?

Le pregunté insegura y con un poco de miedo. Con cara seria dio media vuelta dándome la espalda y dejando el carrito detrás la seguí unos pasos.

–Por favor ¿Podríamos hablar?

Ella parecía no escucharme y continuaba caminando, queriendo alejarse de mi con justificada razón pero yo no podía dejarla ir, no ahora que la tenía ahí, casi frente a mi.

–Necesito hablar contigo, te necesito, Bella…

Le confesé y se detuvo, con una frialdad que no pensé escucharle alguna vez me respondió.

–Pues yo ya aprendí que no necesito ni de ti ni de nadie.

–Bella… – dije sorprendida aunque entendía muy bien su reacción.

–No te preocupes, Rosalie – me dijo volteando ligeramente por sobre el hombro.

–La soledad y el rechazo duelen, pero te acostumbras…

Ahogué un gemido sorprendida por sus palabras, mi amiga no podía estar diciéndome eso con tanta dureza. Pero ¿De qué me sorprendía? ¿Acaso yo no fui mucho peor con ella? ¿No me merecía ese trato?

–Bella yo… quisiera hablar contigo.

–Rosalie – se giró de nuevo hacia mi –, me estás haciendo perder mi tiempo.

–¿Podríamos vernos otro día?

–Mmm no creo, de lunes a viernes trabajo y los fines de semana me la paso revolcándome con el amigo de tu novio, pero eso tú ya lo sabes…

Con una sonrisita cínica me dijo exactamente las mismas palabras que yo le dije el día que fue a pedirme perdón y la corrí. Estaba en todo su derecho de mirarme con esa arrogancia que de seguro había aprendido de Cullen, eso y sabía Dios cuantas cosas más…

–Como puedes ver no tengo tiempo para perder en amistades estúpidas y falsas que cuando más las necesitas te dan la espalda. Que tengas una linda noche. Adiós, Rosalie.

Y tomando de nuevo su carrito me dejó parada en medio de ese pasillo viéndola marcharse.

No te vayas, Bella…

Con pasos apresurados caminé hacia la salida del lugar. Tenía que irme, no podía seguir ahí. Subí a mi auto y conduje entre el tráfico hasta mi apartamento echando maldiciones a todo aquel idiota que se cruzaba en mi camino.

Que día tan horrible. Ése y muchos días anteriores. Apestaban. Mi vida apestaba. Yo apestaba. Me sentía estúpida, sola e incomprendida, asustada, temerosa y esa ya no era yo. Yo no debía sentirme así, yo podía contra todos esos sentimientos detractores porque Rosalie Hale era más fuerte de lo que todos imaginaban. Pero entonces ¿Por qué no podía gritarlo a los cuatro vientos? ¿Por qué me sentía atada?

Bufé irónica y entré a mi apartamento. Aventé los zapatos por ahí y otra maldición escapó de mi boca al tropezarme con otros que estaban también tirados por todo el salón. Zapatos, ropa, bolsos… Mi piso estaba frío y vacío. Había vendido ya todos los muebles, solo quedaba un sofá grande en el cual dormía y una mesita que estaba junto a mi cama, que fue lo primero que saqué de ahí. Ni televisión, ni una silla, ni nada. Parecía una zona de desastre o mas bien la casa de una indigente.

¿Cómo coño llegué hasta ese estado?

Después de cambiarme me tiré al sofá y me cubrí con las mantas deseando dormirme rápido pero sabía que mi deseo casi nunca se cumplía. Mi estómago gruñó y me giré hasta quedar de cara al respaldo del sofá.

Bella ya no quería tener nada que ver conmigo, yo le había pedido que se olvidara de mi y como siempre hacia, siguió mi consejo. Y me dolía, pero ella tenía toda la razón. ¿Quién carajo le daría a alguien otra oportunidad después de que esa persona la hirió de una forma tan… arrg?

Puta madre…

¿En que pinche momento se me ocurrió vender también el calefactor portátil? Hacia tanto frío ya que no me era suficiente el del apartamento y sin muebles, era peor. En mi bolso busqué a mis nuevos y adorados amigos, saqué uno de la cajetilla y amodorrada en mi sofá-cama-mesa lo prendí dándole una buena jalada.

¿Así se habría sentido Bella? ¿Además de sola, incomprendida? – pensé mientras exhalaba el humo con el que se llenaron mis pulmones.

Esa noche la había visto distraída y eso me preocupó. Si, sabía que era una hipócrita y que la preocupación por mi amiga llegaba demasiado tarde pero si Bella tenía algo característico era que nunca, jamás, estaba distraída. Siempre estaba alerta, pendiente de su entorno, como si estuviera a la expectativa de que algo fuera a suceder, cuidándose las espaldas. Eso era algo que con el tiempo había logrado disimular bastante, por eso volver a verla así me confundió y me inquietó aún más. Algo le sucedía…

El ruido de mi teléfono me distrajo de mis pensamientos. Jalé mi bolso que estaba tirado en el suelo junto al sofá y buceé en él por mi móvil que seguía sonando con insistencia. Sabía bien quien me llamaba pero no iba a contestarle, solo quería ver su foto parpadear en la pantalla.

¿Qué significaba todo lo que me estaba ocurriendo? ¿Un amargo recordatorio de que no podía huir de mi pasado?

Apagué mi teléfono y giré mi cara de nuevo contra el respaldo de mi sofá. Con las mantas sequé mis ojos porque las putas lágrimas no querían dejar de brotar de ellos. No podía entender como no podía manejar lo que me sucedía, ya era una adulta y había dejado de ser una niña tonta desde hacía mucho tiempo, pero no, resultaba que me sentía más desprotegida, mas sola que nunca e incapaz de controlar mis emociones, solo quería llorar y llorar. ¡Que patética!

Conforme fue pasando el tiempo fui quedándome dormida. Estaba tan cansada que ni el condenado frío que sentía me mantuvo despierta titiritando.

–¡Rosalie!

Unos golpes fuertes a mi puerta seguidos de mi nombre me despertaron. Era él.

–Sé que estás ahí, Rose, abre la puerta.

Tragué en seco dolorosamente y cubrí mi boca con las mantas. Como si con eso pudiera silenciar los sollozos que el sobresalto me habían causado.

–Rosie, me estás asustando, abre por favor.

Cerré mis ojos apretándolos fuertemente y me llevé las manos a los oídos, no quería escuchar su voz.

–Vamos, cariño, déjame entrar, tenemos que hablar.

Siguió insistiendo por unos minutos, cada vez con más fuerza golpeaba mi puerta y si no supiera que era un ardid, no sabía para qué, hubiera podido asegurar que de verdad estaba preocupado por mi.

–Si no me abres soy capaz de tirar esta puerta, sabes que lo haré, Rosalie…

Pero al parecer se cansó de insistir porque los golpes se detuvieron y ya no volví a escucharlo del otro lado de la puerta, mucho menos lo oí llamarme. Me calmé tanto como pude y volví a caer desmadejada en mi sofá. Me sentía mal y me dolía todo el cuerpo, solo quería no sentir tanto frío y dormir, dormir y dormir.

No tuve idea de cuanto tiempo pasó desde que me dormí de nuevo hasta que mi puerta se abrió de un rotundo golpe, tan fuerte que me hizo brincar asustada, pero estaba tan débil que tenía que hacer un esfuerzo para mantener abiertos los ojos y ver qué era exactamente lo que estaba sucediendo.

–¡Rosalie!

Era su voz. Mi cara y todo mi cuerpo se contrajo al escucharlo, pero por más que lo intenté no tenía las fuerzas necesarias para levantarme y defenderme de él. Estaba a su merced.

–¿Qué… qué significa todo esto, Rosalie?

Respiraba agitada. Lo miré y casi hubiera podido jurar que estaba tan asustado como yo. ¡Que buen farsante era!

–¡Vete!

Grité como pude pero solo atraje más su atención hacia mi.

–No, no, mi amor, no me alejes – avanzó hacia mi.

–¡No te acerques!

–No me pidas eso porque no lo haré. Tú y yo nos debemos una plática muy larga y no pienso posponerla más – su tono cambió y un dejo de dureza apareció en su rostro.

–No quiero nada contigo, Emmett, te lo dije desde esa noche.

–No. No me dijiste nada, solo te marchaste sin darme la oportunidad de explicarme.

–Bien, no quiero que lo hagas, solo vete y déjame sola.

–Estás muy equivocada si piensas que voy a dejarte en estas condiciones ¿Qué carajo pretendías, Rosalie, abandonarme?

No podía enfocar bien su rostro, todo daba vueltas a mi alrededor y mi cuerpo no dejaba de temblar.

–¿Qué diablos sucede con tu apartamento? ¿Dónde están todos tus muebles…?

Eso fue lo último que escuché antes de despertarme en su casa, en su cama, envuelta en su pijama. Estaba adolorida, como si hubiera corrido un maratón y la garganta me ardía como si hubiera gritado durante todo el trayecto.

¿Cómo diablos había llegado ahí?

Me sentía tan mal que solo recordaba que Emmett había irrumpido en mi apartamento; había ido hasta ahí para pedirme una explicación por mi alejamiento y que yo me negaba a darle porque no quería volver a tenerlo frente a mi, no creía poder soportarlo. Su presencia imponía tanto…

Sin que yo estuviera buscándolo, Emmett había llegado a mi vida para iluminarla. Ese arquitecto supo como acercarse a mi y tenerme comiendo de su mano. Pero no era raro que eso fuera a suceder porque era un chico muy amable, tierno y dulce. Veía su trato con todos en la obra y mi corazón se inflaba de suspiros por él. Tenía un don de gente innegable. Era considerado y escuchaba sugerencias, se quedaba trabajando hasta muy tarde y si tenía que ensuciarse las manos como cualquier otro obrero para ayudar con algún trabajo no lo dudaba ni un segundo, se embarraba hasta los codos de cemento o de lo que fuera necesario y todo lo hacía con esa sonrisa en los labios que hacía aparecer esos dos hoyuelos en sus mejillas que me hacían derretir.

El día que me invitó a salir casi me caigo de un andamio. Solo a él se le pudo ocurrir preguntármelo mientras estaba verificando que unas vigas estuvieran bien colocadas. Desde esa vez ya no pudimos despegarnos uno del otro, hubiera sido muy tonto ignorar esa atracción entre nosotros, así que no lo pensé demasiado y al poco tiempo cuando me pidió ser su novia, no pude decirle que no.

Vivimos unos meses maravillosos; Emmett me consentía y me cuidaba, yo estaba feliz y encantada porque nunca antes había vivido algo tan real como eso, como esa relación que estaba convirtiéndose cada vez en algo más comprometido y formal.

De vez en cuando, él insinuaba algo sobre dar un paso más allá en nuestra relación y yo sentía que mi pecho iba a explotar de pura felicidad. Un día llegó diciéndome que era el momento justo para hacerlo, que me esperaba esa noche en su casa.

Sale sobrando el decir qué tan ilusionada estaba. Salí desesperada a comprarme algo especial para esa noche, me arreglé lo más bonita que pude y con mi vestido nuevo llegué a su casa esperando que al terminar de cenar al fin escuchara la pregunta que había soñado que me hiciera desde que lo conocí.

Pero Emmett tenía en mente hacerme otro tipo de pregunta, una que después de tenerme en su cama, en esa misma cama donde me encontraba en esos momentos, temblando y casi con un ataque de nervios prefirió inteligentemente no hacer. Muy sabia decisión, porque apenas logré controlarme un poco, me vestí y salí huyendo de ahí lo más rápido que pude.

Desde esa noche comprendí que el destino está marcado para cada uno de forma irrevocable. No se puede escapar de él, no importa lo que uno haga para evitar que sucedan las cosas. La vida es como es y uno solo tiene que aceptarlo y adaptarse a ello, aunque duela hasta el alma.

A eso tenía que agregarle todo eso del Karma, eso de que si haces algo malo en una vida en la siguiente lo pagas. Yo debía estar pagando por algo muy malo y según por como veía las cosas mi deuda sería eterna por haberme portado tan mal con Bella.

No pude entenderlo antes por ser tan obcecada y necia, pero ya que podía ponerme en sus zapatos, veía las cosas de un modo muy diferente. Tal vez ella lo estuviera pasando peor, tal vez ella no había podido huir a tiempo o decirle que no a ese tirano que la dominaba con solo una mirada. Oh Bella…

Suspiré y me quedé pensando un rato más sobre todo lo que había ocurrido en las últimas tres semanas. Miré a mi alrededor, a todo lo que había en la habitación. Maldito Emmett. Me tenía en su territorio y no me iba a ser nada fácil salir de ahí ilesa. Muy dentro de mi ya me estaba resignando a esa idea. Era una maldita perdedora. Lo había sido desde el principio, nada había cambiado, solo el hecho que me lo quise ocultar a mi misma y que lo había intentado hacer por muchos años, pero como un título de película hollywoodense, “Mi pasado me alcanzó” borrando de tajo todo hilo de esperanza por llevar una vida normal como cualquier chica.


Karma, eso era el puto Karma.

Tragué y casi grité de dolor. Sentía como si me estuviera tragando un nudo de alambre de púas. Enterré la cara en la almohada porque mis ojos empezaron a arder. No podía creer que tuviera tan mala suerte en la vida y lo peor era que no tenía a nadie con quien ir para desahogar mis penas. Esa era otra cosa que me tenía muy preocupada y que no me dejaba vivir tranquila.

Necesitaba de mis amigas pero me encontraba entre la espada y la pared, y aunque hubiera tenido a Bella y a su paciencia junto a mi y a Alice relajada dispuesta a escucharme y no lista para salir a golpear al causante de mis angustias, ni siquiera así hubiera podido decirles ni media palabra de lo que me sucedía.

La confusión que sentía por callarme o no lo que me estaba sucediendo me estaba carcomiendo porque por un lado si quería correr hacia ellas y gritarlo, sacarlo de mi pecho y por el otro sabía que eso era algo que tenía que guardarme para mi, algo que no debía compartir con nadie, algo íntimo, algo que yo necesitaba digerir sola como la mujer madura y fuerte que se suponía que era.

Despegué la cara de la almohada y me senté. Dios, cómo extrañaba esa habitación, esa en la que… sacudí mi cabeza y me mareé un poco. Necesitaba ir al baño así que iría con mareo o sin él. Fui agarrándome de la orilla de la cama, luego de algunos muebles y antes de llegar a la puerta del baño, mi cadera tropezó con una mesa de la cual me sostuve para no caer. Con movimientos torpes entré.

¿Quién coño era esa mujer?

Esa que me miraba frente al espejo era yo… no podía creer que tuviera ese estado tan deplorable. Esas ojeras, los pómulos marcados, ese tono grisáceo en la piel, el pelo tan descuidado… Saqué la lengua y casi me dan ganas de vomitar. Estaba blanca, seguro como un reflejo de mi estado de descomposición total. Parecía un cadáver.

Le puse una gran cantidad de pasta a mi cepillo y me lavé los dientes con la poca la energía que aún tenía. Cepillé mi lengua con vigor y deseé hacer lo mismo con cada órgano interno. Lavarlo y lavarlo para quitarme esa suciedad que de nuevo se había instalado en mi cuerpo. También lavé mi cara. Vi que no había movido ni una sola de mis cosas. Todas estaban ahí, como yo las tenía acomodadas a un lado de las suyas en el lavabo.

Despacio salí del baño y me detuve sorpresivamente al encontrarlo de pie cerca de la puerta; ése sentimiento de inseguridad y de miedo me volvió a correr por todo el cuerpo y el latido acelerado de mi corazón llegaba tronando hasta mis oídos.

Estábamos solos y en su casa, él tenía el poder en ese momento y yo nada podía hacer. Mi respiración se agitó y tragué en seco por la angustia que no me dejaba ni por un instante. De nuevo quise gritar por el intenso dolor pero solo gemí.

–Te traje algo de ropa.

Dijo mientras abría una maleta pequeña y sacaba la ropa extendiéndola en la cama. Un par de blusas, mis jeans favoritos, ropa interior, un par de suéteres, mi bolsa de cosméticos… Emmett había escogido muy bien qué llevar como equipaje de emergencia, yo no hubiera podido elegir mejor.

–Si quieres puedo volver por alguna otra cosa que necesites.

Me hubiera gustado decirle que no hacía falta porque apenas me vistiera me iría de vuelta a mi apartamento pero no pude hablar. No tenía voz, a duras penas salió un ruido horrible de mi garganta que me dolía como nunca.

–No intentes hablar, el Dr. dijo que sería mejor que descansaras unos días hasta que la infección de la garganta cediera. Estar bajo esas condiciones infrahumanas en tu apartamento te provocaron esto ¿Qué diablos intentabas hacer, mi amor?

Me preguntó con voz suave y acercándose a mi, extendiendo su brazo para tocarme, pero mi instinto me hizo retirarme, alejándome de él. Sus labios se tensaron en una fina línea, cerró su mano en un puño y se alejó unos pasos.

–No volveré a acercarme a ti sin haber hablado antes y aclarado algunas cosas. Tampoco saldrás de esta casa ni tendrás comunicación con nadie, Rosalie, estarás bajo mi cuidado hasta que te hayas recuperado. Espero que te haya quedado claro.

¿Cómo se suponía que debía reaccionar ante esa actitud? Sin más, salió de la habitación que compartimos muchas noches.

Momentos después Emily entró a la habitación, dejó una bandeja a un lado y se sentó junto a mi. Era una mujer que rondaba los cuarenta y tantos y era la encargada de mantener la casa de Emmett funcionando como reloj. Aunque solo iba por las mañanas realizaba su trabajo a la perfección. Ya se había acostumbrado a mi presencia y a mi me simpatizaba.

–Rosalie, ¡Qué bien que ya despertaste! El Dr. dijo que dormirías muchas horas – su mano tocó mi frente y sonrió –. Ya no tienes temperatura pero tienes que tomarte esto por unos días más.

Me dio un par de pastillas y una taza de té caliente.

–Tienes que comer algo, mira lo que te he traído – miré el tazón de sopa y el nudo en mi garganta se apretó. Nunca podría comer en esas condiciones –. Ha estado muy preocupado por ti – me miró y negué despacito con la cabeza –, pero no te voy a atormentar con eso, lo mejor es que te recuperes, además no soy nadie para venir a decirte lo que ya sabes.

Después de cerciorarse de que tomara aunque fuera solo un poco de sopa Emily me dejó sola. Fue como tragar fuego pero me obligué e hice un esfuerzo muy grande; necesitaba ponerme bien lo más rápido posible para poder salir de ahí. Emmett me tenía cautiva y no entendía cual era su intención pero seguramente no era para nada bueno, así que tenía que recobrar mis fuerzas para poder huir de él y ponerme a salvo.

¿Por qué me pasaban esas cosas?

Sin duda el que cayera algo a mi estómago ayudó para que pudiera descansar unas cuantas horas más. No tenía idea de cuanto tiempo había dormido pero cuando me desperté ya era de noche. Emmett no tenía ningún reloj en la habitación pero no debía ser muy tarde. Si no estaba equivocada ya tenía un día desde que había ido a buscarme a mi apartamento y me había llevado a su casa. Me estiré como un gatito e hice a un lado las sábanas, ya me sentía un poco mejor.

–Te tomaste las medicinas, comiste un poco y descansaste.

La voz de Emmett me hizo voltear rápidamente.

–Obedeciste y por eso te sientes mejor.

Me dijo serio y con esa mirada tan azul que me hacía estremecer.

–Ahora creo que lo que necesitas es un baño caliente.

Fruncí el ceño con miedo por lo que pretendía y conforme fue acercándose yo me fui alejando. Esa era mi reacción instintiva a todo en mi vida, alejarme y correr para ponerme a salvo. Negué con la cabeza fervientemente y Emmett se quedó de pie solo mirándome algo confundido.

–De acuerdo, te dejaré sola para que puedas tener un poco de privacidad.

Salió de la habitación y me relajé. Me ponía muy tensa estar junto a él. Me senté en la orilla de la cama y acepté que en algo Emmett tenía razón. Necesitaba un baño con urgencia y busqué en mi maleta una pijama que desde luego no encontré. De los cajones de su ordenado clóset saqué otra pijama y con ella y mis bragas entré al baño y abrí la llave del agua caliente hasta que el vapor llenó el cuarto. El baño me cayó muy bien; terminé y sequé mi cabello, no quería agravar mi estado dejándolo húmedo. Me vestí y al salir, Emmett estaba ahí terminando de arreglar la cama. Había cambiado las sábanas y también había llevado una bandeja con más sopa y un vaso de leche.

–He traído algo para que comas. Tómate dos de esas pastillas – me ordenó.

Oír su voz y en ese tono no tuvo un buen efecto en mi. Reaccioné tratando de poner el mayor espacio posible entre nosotros y me pegué a la puerta del clóset, sin poder avanzar más. Mis nervios comenzaron a traicionarme a medida que Emmett se acercaba a mi con pasos excesivamente lentos y escudriñándome con esa mirada azul que en ese momento parecía de hielo.

Estaba molesto, al menos eso me parecía porque nunca antes lo había visto así, con el rostro y las facciones tan duras que hacían mucho más que solo intimidarme. Emmett me daba miedo, mucho miedo pero también me daba mucha rabia el haber sido tan ciega y no darme cuenta que él no era el hombre que yo creía. Me engañó y no sabía qué era lo que quería ahora de mi.

Ya en mis cinco sentidos podía ser claramente consciente de la posición en la que me encontraba y no era nada favorecedora. Estaba sola con él, en su casa y nadie sabía donde me encontraba. La ansiedad y el miedo estaban surtiendo efecto en mi, agitando mi respiración y desesperándome por no saber como escapar de ahí.

Necesitaba huir, alejarme de él y del peligro que representaba porque el grado de afectación que su presencia tenía en mi era bastante considerable y me envolvía de forma irracional; estaba claro que yo no había podido superar nada. Estaba paralizada y no podía mover ni un dedo mientras lo tenía frente a mi y eso era lo que más me aterrorizaba, el que me hiciera recordar todo como si fuera ayer.

Mi mente no registraba nada y en ese momento solo asociaba el temor. Para mi esa mirada intensa y azul solo tenía un dueño y mi cuerpo reaccionaba de la manera mas obvia, temblando casi convulsivamente.

–Cálmate, Rosalie – me advirtió y negué con la cabeza.

–Necesitamos hablar pero antes quiero que estés tranquila, no voy a acercarme a ti. ¿De acuerdo?

No pude moverme, su presencia imponía y más con esa nueva cara que ahora tenía para mi. Jaló una silla y se sentó cerca de la cama pero a una distancia considerable de donde yo me encontraba mirándolo con desconfianza. Él también me observaba, sus ojos registraban cada movimiento, cada respiro y cada parpadeo que daba. Después de varios minutos en silencio, Emmett por fin habló.

–¿Qué pasa, Rosie?

Y de pronto, todo el miedo y la inseguridad, la desconfianza y el temor que sentía se esfumaron al escuchar a mi Emmett de nuevo, al que yo conocía, con el que había compartido ya muchas cosas, mis sueños, mis deseos, mi amor y él también los suyos conmigo. Esa voz tierna que me despertaba algunas mañanas y que me susurraba al oído las cosas más hermosas y dulces que nadie había podido siquiera soñar. Ese era mi Emmett, el hombre del que estaba enamorada, ese Emmett que se desvaneció una noche entre la nada, dejándome sumida en el miedo y la más triste decepción.

Sin que pudiera evitarlo las lágrimas fueron resbalando por mi mejilla al recordar esa maldita noche. Un sollozo amargo inundó la habitación y Emmett se puso de pie con rapidez llegando a mi lado y abrazándome protector. Me llevó a la cama y se sentó a mi lado sin dejar de abrazarme.

–¿Qué tienes? Háblame por favor.

Pero el sentir sus fuertes brazos rodeando mi cuerpo causó que me estremeciera y luchara por escaparme de ellos, de él.

–¡No! – grité afónica – ¡Suéltame!

–Rose, por favor, ¿qué sucede?

–¡No me toques!

–No estás bien, déjame ayudarte.

–¡No! No te acerques.

–Tengo que hacerlo.

–¡Aléjate! ¡No me lastimes!

Y entonces repentinamente me soltó. Como si hubiera escuchado las palabras claves, se alejó de mi y solo me miraba llorar histérica en la cama mientras intentaba con fuerza borrar la imagen de Royce de mi mente, esa y muchas más imágenes de esa fatídica noche.

–No me lastimes…

Susurraba entre sollozos ya muy leves pero perdida en mis recuerdos.

–Por favor, no…

Repetía sin voz una y otra vez.

–No voy a hacerte daño, Rosalie.

Escuché decir al Emmett que yo conocía.

–Sabes que no te lastimaría, ¿verdad?

–¡No! – grité –. Tú eres como él, mienten.

–¿De quien hablas, Rose? Dime quien te hizo daño.

–Él. Él fue.

–¿Él quien?

Mi llanto volvió con fuerza. Lloré hasta que creí que mis ojos se habían secado y que nunca más podría salir ni una lágrima de ellos. Pasé mucho tiempo así y Emmett solo me miraba impotente, sin poder acercarse, sin poder tocarme.

Conforme mi llanto fue disminuyendo, mi cordura fue volviendo. Estaba consciente de la escena que había protagonizado frente a Emmett y que él pese a todo, estaba asustado y confundido. Suspiré y lo miré. Por segunda vez en mi vida iba a contar lo que me había ocurrido y no porque le debiera una explicación a Emmett, me la debía a mi misma porque al hacerlo, sabría si iba a tener la fuerza para seguir adelante con mi vida.

Estaba acostada y me giré para darle la espalda. No quería verlo a la cara, no mientras recordaba una vez más mi infierno… una voz muy ronca por la enfermedad y por los gritos empezó a hablar.

–Teníamos dieciséis años y estábamos felices y emocionadas porque por primera vez iríamos al baile de fin de cursos. Esa vez le tocaba al internado Du Rosey, así que nos preparamos para vernos lo más lindas posible para nuestros chicos. Ellos estudiaban ahí y esa noche…

Hice una pausa recordando esos días.

–… esa noche ellos nos harían dejar atrás a las niñas que éramos. El entusiasmo corría a mil kilómetros por minuto en nuestras venas, estábamos ansiosas y muy nerviosas pero por lo menos a mi se me pasó un poco ese nervio al ver a…

Me costaba mucho decir su nombre, no quería ensuciarme la boca mencionándolo.

–… al verlo junto a mí al llegar a la fiesta. Aún recuerdo que fue una noche divina; bailamos y cantamos con todos los demás hasta que al sentir su mano en mi cintura supe que era hora de desaparecer de ahí. Me dejé guiar hasta su dormitorio y después de un par de besos bastante atrevidos para mi poca experiencia, su conducta cambió…

–Mi novio soñado, con toda esa ternura y caballerosidad que me tenían loca y enamorada, se esfumó. Tenía frente a mi a un desconocido que me tocaba con manoseos toscos y vulgares que solo me hacían estremecer pero no de placer, no me gustaban, no se sentía nada bien. Intenté negarme pero empezó a gritarme que hiciera lo que él quería mientras mi cuerpo temblaba de miedo al descubrir que mi noche perfecta estaba muy lejos de serlo. Él era un maldito que solo tenía como propósito desvirgar a cuanta ingenua cayera en sus garras. Era un miserable que se jactaba de ser el que más chicas había tenido en su cama y para probarlo, mis bragas y un video que constataba lo eficaz que era en su perversa labor.

–Esto es lo que querías, Rosalie, para eso estás aquí y para eso te arreglaste tan bonita, para mi…


–Royce…


–¡Cállate!


Me encogí ante el grito y de pronto sentí sus manos que me aventaban sobre la cama. Eso no se suponía que fuera así…


–Ahora, levanta los brazos sobre tu cabeza, déjame admirar tu lindo vestido.


Con mucho miedo levante mis brazos que temblaban incontrolables como el resto de mi cuerpo.


–Relájate, Rose ¿Cómo vas a disfrutar de tu primera vez si no lo haces?


–Yo no quería que fuera así, yo no quería esto.


–Si querías ternura y romanticismo te hubieras buscado a algún chiquillo como tú, yo ya soy un hombre y un hombre desea otras cosas.


–Déjame ir.


–Mmm, lo siento, Rose, no puedo permitir que se me vaya una palomita tan linda e inocente como tú.


–Juro que no diré nada pero deja que me vaya.


–¡Ya cállate!

–Él se colocó sobre mí y se inclinó para besar mi cuello, mis hombros y mi pecho. Mi garganta se cerró por el miedo y la repulsión que de repente me dio tenerlo sobre mi, aunque hubiera soñado muchas veces con esa imagen las circunstancias no eran las mismas, yo si soñaba con que mi primera vez fuera tierna…

Dije casi contra la almohada y ahogando mis sollozos.

–Forcejeé pero él gritó y me paralicé. Aunque hubiera querido mi cuerpo no se movía, el miedo me hacía reaccionar así y yo sabía que eso no era muy bueno para mi. Lo confirmé cuando él me ordenó que me quitara las braguitas que hacían juego con mi vestido y que había comprado muy ilusionada pero no me moví, no pude.

–Enojado, subió mi vestido. Sus manos toscas y rudas se sentían por toda la piel de mis piernas que por instinto mantenía apretadas. De un tirón arrancó las braguitas de mi cuerpo y el roce me lastimó, di un brinco, sobresaltada por el susto mientras él empezó a bajar la cremallera de su pantalón. Me aterré y bajé los brazos pero volvió a gritarme que los mantuviera sobre mi cabeza. Entre sollozos solamente le rogaba que no me hiciera daño pero él solo se reía de mi. Me dio un fuerte pellizco en la pierna y aprovechó ese momento para meter la suya entre las mías y poder abrirlas.

–Esto puede ser por las buenas o por las malas, Rosalie, tú decides, lo que quiero que entiendas es que yo nunca me iré sin mi premio, así que te recomiendo que cooperes.


–Royce, no quiero…


Balbuceé en un último intento.


–Pero yo sí.


–Por favor…


–Está bien – dijo y creí por un segundo estar a salvo –, encoge un poco las piernas, Rose, será mejor para ti.

–Resignada lo obedecí a lo que me pedía porque sabía que si no lo hacía me lastimaría mucho más. No supe como pude mover mis piernas, eran como una prolongación muerta de mi cuerpo, uno que ya no sentía o al menos eso creí porque toda la sensibilidad que creí perdida volvió a mi al sentir como él se clavaba en mi sin ninguna consideración. Un dolor ardiente atravesó mi cuerpo mientras era embestida una y otra vez por ese animal.

–Sin parpadear, miraba solo el techo blanco que entre la media luz de la habitación se dejaba ver y que solo él veía el ultraje que estaba sufriendo, era testigo de cómo aquel miserable me arrebataba lo que yo quería entregarle con amor un rato antes, cuando no sabía lo que esa maldita rata tenía reservado para mi.

–Sus movimientos eran acelerados y aunque no duraron mucho sabía que para mi el daño sería irreparable. Yo solo exhalaba un poco cada vez que ese asqueroso me embestía. Él empujó y empujó con fuerza hasta que salió de mi; se dejó caer a un lado mío y comenzó a reírse, satisfecho con lo que acababa de hacerme.

–¿Ya ves? Eso fue todo.


Dijo todavía jadeante.


–Si te hubieras movido un poco en lugar de haber estado tan dura y fría como una puta lápida, esto hubiera estado mejor, aunque debo reconocer que el tuyo ha sido uno de los mejores coños que he tenido el placer de estrenar


Se recargó sobre su codo, se inclinó y me dio un beso en la comisura de mis labios.


–Pero no lo arruines, Rose, sonríe a la cámara que está allá.


Señaló hacia el frente y pude ver una pequeña luz roja. Mi sollozo se hizo más evidente y frunció el ceño.


–No creo que sea momento de arrepentirse preciosa, es demasiado tarde para eso, además, si no hubieras meneado ese lindo trasero tuyo frente a mi todo este tiempo, si no me hubieras tentado…


Se levantó de la cama en la cual yo seguía petrificada y con el vestido levantado hasta la cintura. Frunció el ceño mientras se acomodaba la camisa dentro del pantalón, cambiando repentinamente de actitud.


–Todas son unas Lolitas, menean el culo en tus narices y cuando les das lo que te piden lloran. ¡Ya cállate! Eres tan puta como todas.

–Me advirtió que me calmara y que me lavara la cara, que volviera a la fiesta y que por supuesto no lo buscara de nuevo, ya que según él había cumplido con su cometido, no le interesaba pasar ni un minuto más junto a una niñata estúpida y llorona como yo. Y yo sabía muy bien que no debía callarme y no decir nada de lo ocurrido o divulgaría el video por todas partes.

–Hice lo que me dijo porque me pareció lo correcto en ese momento; en realidad no tenía otra opción. No podía permitir que alguien se enterara de lo que me había sucedido porque no tenía el valor suficiente para enfrentar esa vergüenza porque sabía que de salir a la luz, el escándalo sería de proporciones descomunales y mi apellido y yo quedaríamos en entredicho de muchas maneras. Si tan solo lo hubiera pensado un poco no me hubiera importado ensuciar mi nombre con tal de que ese desgraciado obtuviera su merecido. No tenía a mis padres conmigo y tampoco a ningún familiar al que le importara un poco mi reputación o nuestro nombre, pero sus amenazas habían logrado asustarme y me callé por miedo. Fui tan idiota…

Sorbí mi nariz y me giré un poco. Sentía que estaba sola en la habitación. Emmett no hacía ruido, parecía que ni respiraba, pero él estaba ahí, escuchándome con los ojos cerrados con fuerza y los puños apretados. Volteé de nuevo la cabeza y continué mi relato.

–Llegué al salón donde todos seguían bailando y brincando despreocupados; no había señales de Alice ni de Bella. Solo rogaba que el tiempo pasara rápido y que volviera a ver a mis amigas pronto, quería irme a casa, al único lugar que reconocía como tal, y encerrarme en el dormitorio por el resto de mi vida.

–Me senté en los peldaños de la escalera, escondida de todos pero especialmente de él que bailaba eufórico con una chica asiática muy hermosa. Se abrazaban y se besaban ante la vista de todos. Me dio asco verlo; lloré y vomité lo poco que tenía en el estómago mientras esperaba que el eterno baile terminara así como el dolor que sentía en esos momentos. Me dolía el cuerpo, me dolía el orgullo y el corazón.

–A las tres en punto de la madrugada, la música bajó de volumen y entre canciones empalagosas y muy lentas todos empezaban a despedirse dándose los últimos besos y abrazos. Sin esperar a las chicas corrí al bus que nos llevaría de regreso al internado y subí sentándome hasta el final. Me encogí en mi lugar y entre los asientos pude ver subir a mis amigas. Se veían felices. Volví a llorar pero intenté no hacerme notar. A medio camino, Bella llegó hasta donde me encontraba y de inmediato supo que algo no estaba bien. Silbó y Alice se acercó. Se quedaron junto a mi, sentadas en el piso del bus, tomándome de la mano y acariciando mis piernas hasta que llegamos.

–Me ayudaron a desvestir sin preguntarme nada, pero vi sus caras asustadas cuando vieron los dedos de ese mal nacido impresos en mi piel a la altura de mis caderas así como el pellizco que ya se había tornado morado en uno de mis muslos. Me metieron bajo la ducha y se quedaron conmigo mientras esperaba que el agua lavara la suciedad que sentía me cubría. A partir de ese momento no volví a dormir sola. Juntábamos las camas por las noches y las chicas cuidaban de mi y de mis pesadillas hasta que llegó el momento de cuidar a Bella.

Me detuve. No me correspondía hablar de Bella y mucho menos cuando el mejor amigo de su novio era quien escuchaba. Ella ya era una mujer adulta que seguramente ya había decidido como manejar ese asunto.

–Un par de meses después por fin pude contarles lo que había ocurrido, justo como lo estoy haciendo ahora. Alice quiso salir a buscarlo y golpearlo hasta matarlo pero obviamente no era una buena idea ponerse al tú por tú con alguien como él. La convencimos de dejar ese asunto de lado pero juró que algún día se vengaría de él y de... en vez de eso se hizo cargo de mi mientras mis heridas sanaban lo que pasó relativamente rápido. Desde luego no era algo que olvidaras guardándolo en lo más profundo de un cajón pero pude hacer a un lado esos recuerdos y vivir con ellos.

–Un clavo saca a otro clavo. Al menos eso escuchaba decir y me di a la tarea de verificar si era cierto; afortunadamente para mi si lo fue. Trevor fue un novio muy paciente y cariñoso que sin preguntarme porqué a veces actuaba un poco rara, permaneció a mi lado y me hizo ver que no importaba lo que hubiera ocurrido en el pasado, que él estaría conmigo cada vez que lo necesitara, hasta que tuvo que regresar a los Estados Unidos. Y después de Trevor, un par de noviecitos más reafirmaron esa teoría. No todos los hombres en el mundo son unos malditos cabrones como Royce.

Esas últimas palabras salieron de mi boca en un susurro. Suspiré y sentí como si cargara un peso menos en mi espalda. Me sentí más ligera y no entendía muy bien porqué el haber contado de nuevo mi amarga experiencia y el que Emmett me hubiera escuchado, aliviaban un poco mi dolor, ese que trataba de ahogar para poder vivir en paz pero que tarde o temprano sin importar lo que sucediera siempre salía a la superficie.

Giré un poco y Emmett estaba sentado en el suelo, recargado en la cama, muy cerca de mí. Tenía las piernas encogidas y los brazos apoyados en sus rodillas, cabizbajo. Se veía tan vulnerable…

¿Cómo podía ser eso posible?

Él, que era un hombre que irradiaba dulzura y ternura, comprensión y que me hacía sentir tan protegida, ¿Cómo de pronto podía convertirse en alguien que con solo una orden me hacía temblar hasta la propia médula de los huesos? ¿Cómo?

No quería pensar en eso porque la verdad era que yo estaba muy enamorada de Emmett pero eso, ese amor que mi corazón y todo mi ser sentía por él tendría que enterrarlo o ahogarlo también como a mis otros recuerdos porque sencillamente, ese otro yo del hombre que amaba era algo que nunca podría aceptar.

Esa personalidad tan diferente y tan intimidante… me daba miedo. Por eso aquella noche, después de haberme tomado con violencia, de haberme gritado, ordenado hacer cosas que yo no… cosas que me hacían sentir tan sucia como me había hecho sentir Royce, no pude hacer otra cosa mas que salir corriendo y alejarme lo mas que pudiera de Emmett. Mi instinto de supervivencia me hizo huir sin pensar, eso lo haría después, una vez que estuviera a salvo.

Pero no contaba con lo perturbada que me dejarían los hechos de esa noche, tanto que tardé varios días en decidir que era lo que haría. Tomar la decisión de dejarlo no fue fácil. Sabía que tenía que hacerlo pero sentía que dejaba con él más de la mitad de mi ser. Era dejar mi alma, mi corazón, mi amor, mis deseos y anhelos, al hombre que me hacía la mujer más feliz, pero ése otro hombre que habitaba en él me ahuyentaba y contra él, ni la voluntad más fuerte podía.

Emmett no me llamó por varios días; suponía que me estaba dando un poco de tiempo para pensar las cosas y dejar que se enfriara mi mente. Cuando lo hizo yo ya estaba vendiendo todas mis cosas y haciendo los arreglos necesarios para dar en alquiler mi apartamento. Creí que después de un par de días dejaría de insistir pero no fue así, todo lo contrario, sus llamadas se hicieron más insistentes y su secretaria también me llamaba porque había cambiado mi turno de trabajo. Pensé que con esas señales entendería que no lo quería cerca de mi y que a mi también me ayudarían para que cuando me fuera el golpe no me pegara de frente.

Regresaría a los Estados Unidos y pondría mucho más que solo tierra de por medio entre nosotros. Emmett tampoco tenía familia ahí y estaba tan enraizado en Londres que no podría seguirme hasta allá, además sería como buscar una aguja en un pajar porque por mi propia seguridad, no le diría ni a Alice a donde me iría y mucho menos porqué. Si quería volver a intentar ser una chica normal aunque mi destino me alcanzara de nuevo en el futuro, más me valía hacerlo de esa manera, drásticamente.

Con lo que yo no contaba era con que Emmett fuera tan necio e insistente y fuera a buscarme a mi apartamento. Ya había pensado que por fin se estaba dando por vencido cuando tiró la puerta y me encontró en mi piso vacío.

–Rosalie…

Dijo en un susurro y giró muy lentamente para mirarme.

Verlo me desarmó. Sus ojos azules tenían una sombra de tristeza y su rostro había dejado de ser duro e indiferente; me miraba con, lástima…

Me limpié las mejillas húmedas aún y me puse de pie, iba a salir de ahí en ése mismo instante porque no soportaba esa mirada pero él era muy rápido y se puso de pie tomándome del brazo.

–Rose ¿Qué haces?

–Me voy y no me toques.

Jalé mi brazo hasta que me soltó.

–No voy a dejarte marchar.

–¿Qué pretendes? ¿Tenerme secuestrada aquí?

Emmett negaba con la cabeza.

–Estás enferma todavía y muy débil. Te prometo que te irás en cuanto te mejores pero mientras, aunque creas que soy un… no me importa, tú no te vas de aquí en las condiciones en que estás.

–No puedes hacerme esto, no puedes Emmett…

Mi voz se hacía pequeña al irme resbalando por la pared, asustada por imaginar para qué me quería tener ahí. Comencé a temblar y cerré los ojos rogando por que no me lastimara.

–No llores, Rosie, por favor.

Sentí sus brazos rodearme y me paralicé. Al sentir su cercanía comencé a luchar para salir de su abrazo pero me aprisionó con más fuerza. Me puso de pie y su agarre disminuyó sin que le importaran los golpes que de pronto comencé a darle. Eran a puño cerrado y patadas, en la espinilla, las rodillas, arañazos, de todo, yo luchaba por defenderme con uñas y dientes, por librarme de que volvieran a aprovecharse de mi.

–Pégame, pégame fuerte, Rosalie, sácalo todo amor.

–¡Te odio! ¡Te odio!

Golpeé con más ganas y pateé con más fervor lastimándome por estar descalza pero no bajé la guardia.

–¡Acabaste conmigo! ¡Me mataste!

–¡Golpéame! – me gritó y por un momento al oír la orden me quedé en blanco.

–¡Hazlo! ¡No te detengas! O prefieres que te golpee yo…

Mi corazón se aceleró y sin importarme nada fui descargando golpes sobre él sin descanso; sin tregua me dejé ir con toda la rabia que me había consumido y que salió a la superficie para liberar un poco la presión que había reprimido por tantos años.

–¡Con fuerza, Rosalie!

–¡Cállate!

–¡No seas cobarde y golpéame!

Mis brazos lanzaban golpes ya sin fuerza, ya no tenía ni un gramo de energía pero yo quería seguir haciéndole daño de la forma que fuera, tenía que desquitarme de esa maldita rata que se había robado mi vida. Respiraba agitada y al tratar de dar un puñetazo más, caí desmadejada pero unos brazos me salvaron de llegar al suelo.

–Te vas a morir…

Dije sin aliento.

–Eso te lo juro, amor, ése tipo va a morir…

***

Gemí. Estaba adolorida y cansada. Me removí entre las sábanas y el pesado edredón y muy despacio me estiré. Suspiré y lentamente fui abriendo los ojos. Emmett estaba recostado a mi lado observándome. No me alteré, ni mi respiración se agitó, ni mi corazón latió más rápido asustado. Tenía una extraña paz que no sabía explicar.

Emmett tenía entre sus dedos un mechón de mi pelo y jugaba con él; estaba tan tranquilo como yo aunque parecía haber pasado la noche sin dormir. ¿Habría estado vigilándome toda la noche?

–Hola – dijo con su voz grave.

–Hola – respondí en un susurro.

Estuvimos un buen rato mirándonos, yo sin pensar en nada, no quería hacerlo porque entonces tendría que pensar en la inevitable despedida.

–Voy a abrazarte, Rosalie.

Me advirtió y cerré los ojos para disfrutar por última vez de sus brazos. De pronto estaba encerrada en ellos y mi cara contra su enorme y duro pecho. ¡Como iba a extrañarlo!

Me mantuvo así mucho tiempo y gocé cada segundo de él. Respiré su olor, acaricié mi mejilla con su pecho y no hice ningún intento por moverme, no quería, no aún pero Emmett muy despacio fue soltando su abrazo.

–Rose, yo no tenía idea de nada, yo…

–Shhh, no digas más.

–Tenemos que hablar, amor.

–No, Emmett, yo ya he dicho todo lo que tenía que decir.

–Entonces es mi turno, yo no he hablado.

–No importa, ya he tomado mis decisiones, tengo planes y tú no estás en ellos.

–No, Rosalie, no me hagas esto.

Dijo angustiado y comenzó a acariciar mi cara, me casi me quiebro en ese momento pero saqué fuerzas de algún lado y continué.

–No puedo quedarme, yo no… yo no puedo… no puedo.

Tomé su cara entre mis manos.

–Por favor, no tomes todavía ninguna decisión, dame tiempo, solo te pido eso.

–No tiene caso, no nunca voy a poder, eso… es… es demasiado para mí.

–No te vayas, yo prometo no acercarme a ti, te lo juro pero no te vayas.

–¿Y cual es la diferencia, Emmett?

–Que al menos sabría donde estás, que estás cerca y que puedo…

Se detuvo y bajó la mirada.

–¿Qué puedes qué, Emmett?

–Que puedo cuidar de ti – resoplé negando con la cabeza.

–¿Me vas a espiar?

–Te voy a cuidar.

–Y si hago algo que no te gusta ¿Me vas a golpear? ¿Vas a tener escondida detrás de ti una regla para por si acaso para dejarme el trasero al rojo vivo?

–No me has dejado explicarme – se sentó a la orilla de la cama dándome la espalda.

–Y no quiero que lo hagas porque no quiero saber nada de ése otro Emmett, no me gusta, me da miedo y nunca podría vivir con él.

Salí de la cama, corrí hasta el baño y me encerré. Escuché que salió de la habitación y aproveché para tomar mi ropa. Me di un baño. Me vestí y recogí todas mis cosas. Las guardé como pude en mi maleta y no dejé en su baño nada que dijera que alguna vez lo compartió conmigo.

Bajé las escaleras con maleta en mano y Emmett estaba abajo, saliendo de su despacho cuando me vio. Se le fue el color del rostro al verme, se acercó y tomó mi maleta.

–Un mes, Rosalie, dame solo un maldito mes y después te juro por la memoria de mis padres que no volverás a saber de mí.

–¿Y qué se supone que tengo que hacer durante ese tiempo? ¿Ser tu…?

Mi pregunta quedó en el aire pero era obvio a lo que me refería.

–No, no quiero que seas nada, ni siquiera me acercaré a ti, solo espera un mes, Rose, solo espérame un mes… *

*

*

*
Mis nenas, espero que hayan pasado una muy feliz navidad y que el año que viene esté lleno de salud y amor.  Con todo mi cariño…
Isita, Lo y Nani, gracias nenas por su ayuda incondicional, las quieroo.
Besitoo

9 comentarios:

  1. Hola Li!! creo que nunca dejé comentario que mala lectora que soy! es que ando perdida x el mundo de fanfiction últimamente y siempre a los apurones estoy, pero estoy siempre a la espera de tus caps y leo cada uno de ellos!! ufff me mata esta historia! es grandiosa! ya deseo saber como sigue!
    que comiences el año bien arriba!! mis mejores deseos para ti! Besotes enormes!!!
    Taly.

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  2. Gracias nena por este nuevo capitulo esta genial dios pobre Rosalie ,espero le de esa oportunidad a Emmentt ,espero tambien que tu nuevo año sea genial y al pases super....Besos nena....

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  3. hey este capi de rose estuvo genial, es bueno que vea lo que bell sufrio por ellas, ahora falta alice, no nos dejes esperar mucho.

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  4. jolin con el pasado!!! y ese maldito internado!!!! ahora falta que a Alice también le hubiera sucedido algo traumático, ¡espero que no!.
    Pobre Rousse espero que pueda aguantar el mes que le pide y pueda aceptar esas cosas raras de Emmet.

    gracias Li por este nuevo capítulo

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  5. OH DIOS!! POBRE ROSALIE AL IGUAL QUE BELLA ESA FIESTA COMO QUE FUE UNA PESADILLA...Y BUENO AL ENCONTRARSE ESTE NUEVO EMMETT SU PESADILLA REGRESA..POR ESO DIGO NADIE SE PONE EN LA CABEZA DE OTRO HASTA QUE TE PASA...AHORA YA ROSALIE SABE LO QUE BELLA SINTIO AL DEJARLA SOLITA...GRACIAS LI!!! FELIZ AÑO NUEVO SALUDOS!!!

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  6. Gracias cariño, tremendo capitulo, da pena ... a ver como se soluciona todo. Un besazo enormeeee

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  7. wow bastante interesante la historia de rose, aunke debo admitir ke extrañe mucho a nuestro señor y a bella, pero me encanta ke descubramos parte de la vida de rose!! espero ke tengas un buen fin de año y sobretodo, espero leerte pronto!!! saludos

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  8. ay vale no puedo creer todo lo que pasaron mis hermosos personajes ay vale pero quiero saber ahora que pasara con bella y nuestro "señor" este edward es bipolar y no lo entiendo pero me atrae

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  9. ya ns tenias abandonada desd hace muchoo!!!! esta increible el capituloo.. quisiera sabes si alice habra sufrido algo igual!??? espero pronto otro capitulo, y las chicas se reconcilen, pobre rose

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