lunes, 5 de diciembre de 2011

CAPITULO 22

Nenas… estoy profundamente conmovida y agradecida; por esperar y comprender que aunque tengo un compromiso con ustedes así también los tengo en mi vida diaria. Familia, trabajo y responsabilidades. Sus correos y mensajes me hicieron más feliz de lo que creen. Gracias de verdad por ser tan fieles lectoras y preocuparse por mi. Las quiero y sólo sé una manera de retribuirles tanto cariño. A leer!!!


CAPÍTULO 22


Ya no puedo negar mi realidad.

"Todos los problemas tienen la misma raíz: el miedo, que desaparece gracias al amor; pero el amor nos da miedo"
Anónimo.



De la mano caminamos a las escaleras; al llegar abajo, esa mujer morena que me observaba un rato antes se acercó caminando de una de las formas más sensuales que yo haya visto en mi vida.

Llegó junto a nosotros y tomó el rostro de Edward entre sus manos, plantándole un beso en los labios.

–Edward, cuanto tiempo…

Creí que Edward se alejaría o la rechazaría pero me equivoqué. La abrazó fuertemente y rozó con los suyos los labios de esa mujer.

–Vera, te he extrañado…

Mi estómago se contrajo haciéndome expulsar el aire contenido al ver a Edward abrazar a esa mujer y no solo eso sino ¡besarla!

Estaba tan impactada con lo que sucedía en mi propia cara que en un momento quise cerrar mis ojos y voltearme pero simplemente no pude hacerlo. Mi cuerpo y todos mis sistemas estaban en shock al igual que yo y no me respondían; yo no quería seguir mirando a Edward besar a otra mujer en mis propias narices. Además él mismo me había dicho que yo no tendría que compartirlo con nadie ¿Entonces?¿Se estaba burlando de mi?

El beso se me estaba haciendo eterno y yo luchaba tanto por contener las lágrimas que hacían arder mis ojos; necesitaba moverme y alejarme de ahí. En ese momento a pesar del coraje de verlos, estaba siendo consciente de la intensidad del sentimiento que tenía por él y me dio además de miedo, dolor, tanto por reconocer que había caído en mi propio juego como por el saber de ante mano que dependía más de mi que de él no salir lastimada y eso, como veía yo las cosas, iba a ser una batalla muy difícil de vencer.

Con una aspiración desesperada logré ingresar el aire a mis pulmones y hacer funcionar mis momentáneamente atrofiados sistemas y huir de ahí.

Dando media vuelta me alejé de ellos que no notaron mi huida gracias al alto volumen de la música y a los gritos, risas y lamentos de la multitud que llenaba el club. Corrí abriéndome camino entre cuerpos envueltos en trajes de piel, látex, encajes y seda. Olor a cuero, sudor, sexo y velas se mezclaban mientras inhalaba tratando de alejarme sin saber hacia donde ir con exactitud, yo solo necesitaba avanzar. Algunas cadenas de algunos sumisos que descansaban sentados a los pies de sus Dommies se interpusieron en mi camino y milagrosamente las libré avanzando hacia un grupo que estaba apostado en medio de un amplio pasillo.

Las lágrimas que desobedientes escurrían de mis ojos de pronto nublaron mi campo de visión pero no cambié mi rumbo. Mis pies siguieron dando pasos hacia el frente hasta que choqué con unos cuerpos enormes, casi desnudos y aceitados. Gemí al sentir que me levantaban del suelo con facilidad y reían mientras pateaba con fuerza para intentar que me pusieran de nuevo sobre mis dos pies, al mismo tiempo que sentía mi cintura era apretada por unas manos muy grandes que la tenían rodeada para mantenerme elevada del suelo.

–¿Desde cuando las subs corren libres por aquí? – una voz rasposa preguntó.

–¿De quién huyes, pequeña sub? – inquirió el otro hombre.

–¡Bájenme! – demandé y unas fuertes carcajadas me hicieron estremecer.

–¿Me estás ordenando, muñeca? – la primera voz sonó enojada.

–Por favor, Señor, bájeme – pedí en un tono diferente pero lleno de miedo porque no tenía idea de si estos tipos me podían lastimar.

–Tu comportamiento no me gusta – rió el otro – tal vez debamos disciplinarte.

El pánico me invadió con rapidez –¡No! ¡Por favor, no! – grité suplicando y rogando que me soltaran.

–Tranquila, solo vamos a jugar un rato…

–¡Por favor! – lloré en una angustiada súplica.

–¡Bájala, Roy!

Una voz de mujer le ordenó al hombre que me tenía levantada y lentamente fui depositada en el suelo pero aún estaba cautiva entre sus manos.

–Solo queríamos jugar un poco – dijo risueño el otro hombre – ella no dijo la palabra…

–Esta sub tiene dueño – la mujer con voz de mando habló de nuevo, estaba segura de que era una Dommie y quise girarme para ver el rostro de quien me había rescatado pero no pude hacerlo hasta que esas manos gigantescas me soltaron.

–Y no juega con nadie más que él. ¿Quedó claro? – era ella…

–Muy claro, pero sugiérele entonces a su amo que la encadene para que no ande corriendo por aquí, Vera.

–No volverá a hacerlo ¿Verdad? – me preguntó acercándose a mi y tomando mi brazo con familiaridad – ¿Verdad, Isabella?

Me repitió un poco más fuerte y respondí con voz temblorosa y mirando al suelo – No, no volveré a hacerlo.

Ella sonrió. No sabía si tenía que responderle a ella de esa forma pero no me iba a arriesgar a hacer nada indebido o que no le agradara a alguien en ese lugar. Me sentía sola, perdida, y mi Señor no estaba por ningún lado. ¿Mi Señor?

En mi interior las carcajadas resonaban tan fuerte que hubiera jurado que cualquiera ahí podía escucharlas. Bonito Señor. Mentiroso.

Mi corazón volvió a estrujarse al recordar que él había besado sin importarle que yo los mirara, a la misma mujer que me tenía tomada del brazo y que me llevaba a algún lugar menos concurrido. Se detuvo junto a la barra que tenía mucha más luz. Con la mano y un movimiento muy elegante me indicó que me sentara en uno de los bancos altos y ella hizo lo mismo sentándose a mi lado sin quitar los ojos de mi.

Sin preguntar nada, el hombre detrás de la barra colocó frente a nosotras dos vasos de agua fría y lo tomé sin esperar que me dijera si podía hacerlo o no. Estaba nerviosa y sedienta y ella no iba a venir a ordenarme nada a mi.

Me sentía muy incómoda al estar siendo analizada por esa mujer y me gire un poco, enfrentándome a ella. Levanté mi barbilla y entonces ella puso sus dedos debajo, elevándola aún más.

–Isabella… eres muy hermosa – dijo suavemente pero su voz encerraba ese toque dominante que yo conocía muy bien. Ella no era una sumisa como yo.

Entrecerré mis ojos, estudiándola también.

–Nunca imaginé ver a Edward con una mujer como tú – fruncí el ceño.

–¿Una mujer como yo? ¿Cómo debo tomarme eso? – pregunté a la defensiva sin dejar de sonar algo sarcástica

–Siempre digo lo que pienso, siento ser tan sincera contigo pero es la verdad, Edward con una mujer con tu apariencia…

–Ése será problema de Edward ¿No crees? – respondí ofendida.

–Y tuyo también, Isabella, créeme – añadió muy segura e hizo que mi miedo y nerviosismo se transformaran en un profundo enojo – pero bueno, él es tan imprevisible, quién sabe lo que tenga entre manos ahora. Edward y sus extremos…

Susurró esto último esperando realmente que yo escuchara y obviamente lo hice.

–Edward no es un pervertido – le aseguré negando con la cabeza; era obvio que él era diferente pero si tenía la mente y el alma más jodida que cualquiera en ese lugar, no quería que ella fuera precisamente quien me lo dijera.

–Lo es y lo sabes, Isabella – odiaba ese tono de suficiencia con el que hablaba –, fue eso lo que te atrajo de él ¿No?

–No – respondí en el acto.

–Entonces ¿Qué haces aquí?

La mujer sonrió y quise golpearla porque tenía razón. Desde que lo vi por primera vez en el otro club, su mirada me sedujo sembrando en mí un destello intrigante que si por un momento pensé que sólo había sido mera curiosidad, en la cena de arquitectos de Rosalie su actitud dura y sombría terminó por cubrirme con un manto ansioso y necesitado por su atención. A partir de ese momento, Edward Cullen fue el blanco de mis sueños y fantasías; nadie encajaba en ellas mejor que él y con ese porte engreído y arrogante me tenía ciegamente convencida de que él y solo él, era a quien yo podía y debía rendirme.

–Veo que ya rompieron el hielo.

Edward me abstrajo de mis reflexiones llegando por detrás y rodeando mi cintura. Me tensé y él me apretó más hasta hacer su agarre doloroso.

–Tal vez deberías ponerle a tu sub una cadena, así no acabaría corriendo entre Doms con poca paciencia, la próxima vez quizá no haya alguien cerca para ayudarla.

–No habrá una próxima vez, Vera. Gracias.

¿Gracias? ¿Gracias?

¿Cuántas putas veces me había agradecido a mi por algo y a esta tan fácil le daba las gracias tan amablemente?

Vera sonreía mientras se divertía mirándonos, su mano con un manicure perfecto y un gran anillo de diamantes acarició mi mejilla y rápidamente la alejé; su sonrisa se amplio.

–Edward, Edward, creo que esta noche te vas a divertir mucho – fingió un puchero –. No seas muy duro con ella, me agrada – terminó poniendo su mano en mi hombro y dándome una palmadita. Moví mi hombro alejándolo de su mano, como si su contacto me quemara.

Él bufó y rodó los ojos. Ella contoneándose como una gata se acercó a él y le dio un beso ahora en la mejilla.

–Disfruten su noche en mi club – y se alejó con ese andar gatuno y sensual. Los ojos de Edward la siguieron hasta que se perdió entre la multitud pero su agarre en mi cintura nunca aflojó.

Nos movimos; yo era empujada por su mano hacia las escaleras, específicamente detrás de ellas, donde una luz azul se perdía entre unas cortinas de rojo terciopelo que guiaban a un pasillo largo de ladrillos rojos. ¿Por ahí era la salida?

Un grito desgarrador contestó mi pregunta y la escena frente a mi me la confirmó. Un pequeño grupo como de unas ocho personas miraban a una mujer esposada a una cruz en medio de esa habitación abierta. Ahí no había cristales que delimitaran hasta donde podían acercarse los espectadores. Era más íntimo ya que era obvio que no cualquiera tenía acceso a esa parte del club. El sonido de un látigo reventar en el aire hizo que ahogara un suspiro y miré al hombre vestido solo con un pantalón de látex, botas negras y un antifaz. Con un dominio perfecto del accesorio tocó la piel de la mujer desnuda y la marcó dejando solamente una rayita roja muy superficial debajo de un seno, apenas y se podía considerar un rasguño.

Llevé mi mano a mi boca para acallar un grito. Estaba aterrorizada. Otro movimiento y el hombre emparejó el otro lado con una rayita roja a la misma altura que la del otro seno. La mujer reía feliz y parecía disfrutarlo. ¿Estaba loca? ¿O la loca era yo?

Seguimos mirando un rato más y el hombre decoró la piel de la mujer con muchas más rayitas colocadas estratégicamente. En los costados, los muslos, el interior de éstos, mas nunca tocó sus brazos ni sus senos. Cada vez que reventaba el látigo sobre la piel tan pálida de la mujer mi corazón daba un brinco angustiado. Estaba sin poder emitir ni un solo pensamiento coherente debido a lo impactante que estaba siendo para mi ser testigo de ese acto. No había terminado el hombre su demostración pero Edward me guió de nuevo al pasillo y suspiré aliviada porque por fin ya nos iríamos a casa. Que equivocada estaba…

Nos detuvimos mas adelante frente a otra escena que hizo que expulsara todo el aire de mis pulmones. Me paralicé y no pude dar un paso más. Una mujer recostada de lado sobre una especie de diván era penetrada por ambas entradas. Un hombre ocupaba el orificio de su vagina y una mujer con un dildo lo hacía por su orificio anal y para mi mayor sorpresa, otro hombre se acercó y comenzó a follar su boca. La mujer tenía cara de éxtasis. Me parecía increíble que estuviera disfrutando eso, para mi era mas bien una tortura. ¿Cómo ella…..?

Los espectadores miraban como si estuvieran atendiendo a una conferencia sobre algún importante tema. Observaban concentrados y algunos hombres tocaban a sus sumisas sin hacer ruidos que distrajeran la atención de la escena. Dommies acariciaban a sus sumisos y otro tocaba a su ama entre sus piernas haciéndole rodar los ojos de puro goce. Me giré y quise esconder mi rostro en el pecho de Edward pero me mantuvo mirando la escena con su mano bien afianzada en mi barbilla.

–Quiero irme – le pedí con la voz distorsionada por la fuerza que aplicaba en mi mandíbula.

Giró mi cara, me miraba muy serio y el brillo que destellaba de sus ojos no presagiaba nada bueno para mi.

–Hoy no te portaste bien y éste es tú castigo – tronó un beso con furia en mi oído, desequilibrándome un poco.

–Y abre bien los ojos Isabella, quiero que aprendas muy bien todo lo que ves aquí – puntualizó con otro beso salvaje mordiendo mis labios y apoderándose de mi boca.

La fuerza con la que me besaba era avasallante, ruda, fría y aunque esperé sentir algo de rechazo o tan siquiera un poco de repulsión hacia él por la situación, no pude. Me soltó y me pegó a una pared algo alejada de la escena y me aprisionó con su cuerpo. Estaba realmente nerviosa, afectada por todo lo que había sucedido esa noche y no podía mantener mi mente clara. El calor del lugar me ahogaba y el sudor empezaba a mojar mi ropa. Me estaba asfixiando, jadeaba por aire y Edward no hacía mas que bloquearme haciéndome difícil el poder respirar.

–Por favor… – jadeé – aire…

–¿Qué pasa, Isabella?

–Necesito… respirar…

Su boca volvió a atrapar la mía y el jadeo que brotó no fue solo mío. Él también jadeó, frotándose a mi, tocándome, estrujándome.

–Sientes que te ahogas… – mordió mi labio con fuerza, estirándolo. Me quejé.

–Tienes calor… – su boca descendió a mi cuello y lo mordisqueó. Gemí.

–Sudas… – puso mi mano sobre su impresionantemente dura erección.

–Pero no te engañes, mi querida, que no es por este lugar – su mano se colocó sobre mi sexo y la apretó. Lloriqueé y apretó con más fuerza.

–Es tu propio deseo el que te hace sentir todo esto, tu necesidad de sexo vivo, carnal, primitivo, entregado… eso es, Bella, siéntete…

Gemí ante esas palabras y traté de encontrarme en cada una de las sensaciones que me decía.

–Toma consciencia de ti, de tus deseos, de tu cuerpo, de cada reacción que tienes – tocó mis senos amasándolos lentamente pero haciéndome vibrar por lo sensibles que estaban.

–Yo no…

–Tú si, Bella, mírate…

Abrió mi chaqueta y mi blusa con facilidad, con una rapidez increíble y tomó mis duros pezones entre sus dedos, rodándolos y arrancándome más de un gemido y jadeo vergonzoso. Bajó su boca hasta allí y mordisqueó uno y luego otro sobre la tela, humedeciéndola con su saliva. Y todo estaba sucediendo ahí, detrás de unos extraños que observaban una escena de triple penetración...

Con su otra mano, bajó hábilmente la cremallera de mi pantalón y la metió entre mis bragas, llegando atinadamente a mi empapado centro que vibraba con cada latido de mi corazón. Separó mis pliegues y frotó mi clítoris, lo rodeó, lo acarició, lo oprimió y mi mente se iba poniendo en blanco con mayor rapidez. Yo sentía como se hinchaba, solo era consciente de eso, de las sensaciones que me causaba su toque; sabía que debía dejarme ir, debía liberarme, librarme de ese peso que tenía a cuestas, un poco más, solo un poco…

Y su mano abandonó la acción divina que me estaba conduciendo a la locura…

–¡No!

Sin separarse mucho de mi, subió mi cremallera y con una exasperante lentitud abotonó mi blusa mientras yo intentaba descifrar que coño era lo que estaba haciendo conmigo.

–Tus orgasmos son míos, si yo digo ‘no’, no tendrás nada. ¿Entendido?

Mi respiración agitada me hacía imposible responder y me pellizco un pezón con fuerza.

–¡Ahh! – jadeé adolorida.

–¿Entendido?

Lo giró haciéndome retorcer ya no sabía si de dolor o placer; recibí otro salvaje beso suyo, de esos que drenaban mi mente mientras su mano descendió hasta una de mis nalgas oprimiéndola con fuerza y me mordí los labios pero su lengua penetró mi boca en un acto posesivo me estaba conduciendo hacia un estado de notoria excitación. Se separó de mi boca y pegó su frente a la mía.

–Bienvenida a mi mundo, Isabella…

***

Cuando llegamos a casa después de un trayecto a toda velocidad y en un completo silencio, Dean me abrió la puerta del auto y me ayudó a descender de él; entré a la casa seguida de Edward y en el vestíbulo me giré hacia él esperando por alguna indicación. Ni siquiera pensé en hacerlo, lo hice por instinto.

–Sube y date un baño, no te quiero impregnada del olor de ese lugar.

–Si, Señor.

Subí con prisa las escaleras y me dirigí a mi habitación. Estaba nerviosa, ansiosa, y todo porque sabía que Edward me haría suya esa noche. Mi cuerpo tenía un temblor ridículo pero no negaba que era del tipo de temblor que alguien sentía cuando estaba a la expectativa de algo excitante y yo lo estaba. Quería que Edward me tomara y me liberara de esa extraña presión que tenía en todo el cuerpo en especial en el vientre bajo. Quería sentir sus manos tocando mi cuerpo, torturándome con ese delirante calor que emanaba de su cuerpo.

Me desnudé mientras el agua se templaba. Usé los shampos y gels que Edward me había traído de Bali y mi piel quedó tersa, lista para él. Sonreí al verme al espejo ya con el juego de lencería que había elegido y al recordar lo que había presenciado un rato antes en el club esa sonrisa desapareció.

Bondage, látigos, dildos, azotes, dominio…

De todo lo que había visto esa noche, ¿Qué era lo que yo quería? ¿Qué era lo que yo esperaba tener con Edward?

Ciertamente mi percepción de todo este mundo al decidir poner en marcha mi plan y acercarme a Edward, era totalmente diferente a la que tenía ahora que ya tenía información de primera mano. Me asusté al ver lo infantil e inmadura que había sido al no tener idea de la magnitud del paso que estaba dando y así como al principio fue más mi orgullo lo que me hizo querer permanecer a su lado, en ese momento admitía y reconocía que Edward tenía razón y que todos los secretos de esa vida oscura que se revelaban ante mi cada día, me atraían mucho más de lo que yo imaginaba.

Salí del baño al escuchar un ruido en mi habitación. Edward estaba de pie junto a la cama. Tenía el cabello húmedo y su cuerpo solo estaba cubierto con un pantalón de pijama negro que colgaba muy tentador de sus angostas y fuertes caderas. Me acerqué despacio y él movió el edredón y las sábanas. Un estremecimiento corrió por mi cuerpo y di un paso más hacia él.

–Acuéstate – me ordenó y lo obedecí.

Me cubrió con las sábanas y lo miré confundida pero reprimí el impulso de preguntarle porqué lo hacía y si no me iba a tomar esa noche. Sonrió como si supiera que era lo que estaba pensando mientras me arropaba y enredaba sus dedos en mi cabello aún húmedo mirándome fijamente con el color verde de sus ojos flameando vivo.

Se sentó en el sillón cercano a la cama y después de un rato de observarme en silencio, por fin habló…

–Ahora que has visto algo de lo que realmente es todo esto, ¿Qué piensas?

Me preguntó con esa voz ronca e hipnótica que me hacía incapaz de responder con lógica.

–Yo… – suspiré – creo que estoy un poco impresionada.

–¿Con qué?

–Todo es real, ¿verdad? – un esbozo de sonrisa apareció en su boca y asintió.

–Cada una de las cosas que viste esta noche es real, los azotes, los látigos, el bondage, los tríos… todo aquí es permitido, todo lo que tu mente imagine, cada fantasía que ansíes, todo lo que tú desees puede ser tan real como tú lo quieras.

–¿Cómo alguien puede querer recibir latigazos o ser colgada de ganchos mientras está atado como un conejo indefenso?

Me di cuenta de la amargura en mi voz al formular las preguntas; Edward se puso de pie y se levantó las sábanas acostándose junto a mi. Me abrazó colocándome sobre su pecho, su mano acariciaba mi espalda; me sentí vulnerable pero protegida.

–La regla más importante para que todo esto suceda es que debe ser sensato, seguro y concensuado, Isabella. Nadie puede ir en contra de la voluntad de nadie, si alguien dice ‘no’ no se hace nada y mucho menos se le obliga. Aquí por irónico que pueda parecer, el respeto y la confianza es lo primero ante todo. Yo debo respetarte por la persona que eres y por confiar en mi para practicar lo que quiera hacer contigo. Yo debo darte la seguridad de que tienes el absoluto control de la situación al de decir ‘no’ y detener todo.

Asentí pensativa. Había leído eso muchas veces pero nunca me había quedado tan claro hasta ese momento porque yo confiaba en él. Me abrazó más fuerte contra su pecho y suspiró.

–Isabella, ¿sabes porqué me buscaste? – me preguntó de repente y levanté la cabeza hacia él, asentí de nuevo pero él negaba despacio.

–Lo hiciste porque me necesitas, necesitas una imagen de disciplina y control, por eso estás aquí ahora, porque sabes que conmigo la tendrás. Tú nunca has sabido lo que es tener eso, has crecido sola y crees que eres fuerte porque has llegado hasta aquí y eres independiente pero mírate, estás sola, llena de miedos y temores, en busca de alguien a quien entregarte, quien cuide de ti…

Levantó suavemente mi barbilla con sus dedos y besó mi frente.

–A partir de hoy seré yo quien tome todas las decisiones, quien se ocupe de ti, Bella, yo te cuidaré y veré por ti en todos los sentidos, ya no tendrás nada por qué preocuparte, eres mía ahora.

Sonreí y asentí, él sonrió también y descansé mi mejilla en su pecho mientras jugaba con algunos mechones de mi pelo.

–Quiero que permanezcas aquí todo el tiempo posible, Isabella.

–¿Pero y mi trabajo? ¿Y mi apartamento? – pregunté alarmada – yo no pue..

–Dije que todo el tiempo posible, Isabella. Sé que tienes tus obligaciones y que necesitas tu espacio, tendrás todo lo que quieras si haces las cosas correctamente. ¿Recuerdas que te dije que puedo ser flexible? Lo seré en medida de tu buen comportamiento.

–Lo esencial ya lo sabes, mantente dentro de mis reglas y todo marchará bien. ¿Entendido?

Moví mi cabeza afirmativamente y me quedé pensando en si el haberme llevado al club tenía otro propósito más que el de haber querido que viera con mis propios ojos el mundo en el que estaba inmerso desde hacía tiempo.

–Señor…

–Dime.

–Esos castigos, eso… ¿usted es… así?

Dejó de acariciarme y creí haberlo sentido dudar en mantenerme abrazada. La idea de que Edward fuera un sádico cruel que disfrutara de los castigos más que de otra cosa, que fuera solo eso lo que lo excitara y lo satisficiera, me hizo sentir un temor angustiante que aumentó al no obtener respuesta suya.

–Alguna vez tendremos sexo… ¿frente a toda esa gente?

–No.

–¿Hace tríos como el que vi? – se tensó.

–Isabella… veo que tienes muchas preguntas, será mejor que Vera te responda eso.

–¿Por qué tendría que ir y preguntarle algo a esa mujer? Ustedes fueron algo, ¿Verdad?

–¿Me estás haciendo una escena de celos, Isabella?

–Yo solo quiero saber… ¿Quién es ella?

Repentinamente se puso de pie y me miró.

–Eso no debe importarte.

Dijo antes de irse y dejarme sola en la cama, llena de preguntas sobre él y esa mujer a quien ni en mil años iría a buscar para obtener las respuestas que yo necesitaba pero ¿Por cuánto tiempo iba a soportar el aparentar que eso no me importaba?

***

El domingo empezó como era ya casi habitual. Me desperté sin haber dormido mucho, me arreglé muy propia para bajar a preparar el desayuno, poner la mesa y esperé a Edward con toda esa hermosa producción de la cual tanto disfrutaba.

Cuando bajó me saludó con un beso en los labios y se sentó a desayunar. Estaba un poco distraído por lo que al terminar no me sorprendió que me dijera que estaría en su estudio atendiendo un asunto importante y que no quería interrupciones. Me pasé la mañana maldiciendo estar perdiendo mi tiempo si podía estar en mi apartamento adelantando algo de mi trabajo o simplemente afuera con… ¡Demonios! Las extrañaba.

Edward ladró ordenes a diestra y siniestra durante toda la mañana, sus gritos podían escucharse hasta el salón donde me encontraba. Llegó la hora del almuerzo y yo no sabía si debía atreverme a interrumpirlo pero un rato después decidí hacerlo. Me paré frente a la puerta del estudio y con suavidad di unos golpes en ella hasta que escuché un…

–Adelante.

Se rehusó a comer algo cuando me ofrecí a prepararle algo, solo me pidió más café. Se lo llevé y parecía que estaría ocupado por mucho tiempo más.

Señor, creo que debería marcharme.

Levantó la mirada hacia mi – Tú te irás cuando yo lo decida, Isabella, no cuando tú lo creas, ya lo sabes.

Humor de perros. Y si no quería ser mordida lo mejor era salir de ahí y dejarlo solo con su mal rato, así que después de comer un sándwich, subí a mi habitación. El desvelo de la noche anterior y el aburrimiento me vencieron y me dormí. Sentí unos suaves y ligeros besos en mis labios me despertaron deliciosamente mientras sentía que me cubrían con unas mantas.

–Shhh, tranquila.

Abrí los ojos de inmediato y me encontré con mis ojos verdes preferidos.

–¿Qué hora es? – pregunté todavía medio dormida.

–No te preocupes por eso, sigue durmiendo – susurró despacio.

–Tengo que irme, debo ir a trabajar mañana y…

–Quédate, ya es un poco tarde para que te vayas a tu apartamento.

–No creo que… preferiría irme.

La idea de quedarme era muy atractiva pero tenerlo tan cerca solo me haría desear que me tocara, que me hiciera suya del modo en que yo quería y él no parecía tener intención alguna de hacerlo.

–Prepárate entonces, Dean te llevará a casa – dijo serio y salió de mi habitación.

Unos minutos después bajaba por la escalera, me acerqué al vestíbulo donde Edward me esperaba junto a la puerta con una expresión neutra en el rostro. Al llegar junto a él me abrazó y sentí que mis piernas se suavizaban.

–Pórtate bien, Isabella – dijo a pocos centímetros de mis labios.

–Si, Señor, lo haré.

–Quiero tu foto puntual y que recuerdes todo lo que tienes permitido o no hacer, no bromeo, Isabella.

–Lo sé, Señor.

–Bien. Ahora ve a casa. Mañana iré a verte a las ocho. Cenaremos juntos.

–Está bien.

Con un dedo levantó mi barbilla y me besó de despedida. Tuve que agarrarme de sus brazos para no caer desvanecida por la intensidad del beso que no fue rudo ni frío sino que fue… lo sentí como si hubiera sido un beso entre una pareja común. Que ilusa y masoquista era.

Ya en mi apartamento, con mi vieja pijama y metida en mi cama pensaba en que por idiota no estaba en otra cama y quizás rodeada por los brazos de Edward.

¡Carajo! ¿Cuándo sería el día en que mis malditos impulsos no arruinaran todo? Tal vez Edward quería hacer el amor conmigo esa noche y yo con mi bocota corriendo más aprisa que mi puto cerebro había mandado todo al diablo.

Estúpida, estúpida y mil veces estúpida. Primero por pensar en que el término ‘hacer el amor’ aplicaba para Edward y para mi y en segundo por haber desaprovechado la oportunidad de permitir que tuviéramos sexo de nuevo, si es que eso llegaba a suceder.

Mi mente brincaba de idea en idea y de imagen en imagen. El contrato, el club, Vera, su reacción cuando le pregunté quien era ella, las escenas, sexo, látigos... Dios, era demasiado. Si, el club había sido demasiado, me hizo olvidarme por completo del contrato al ver cómo el sexo sólo era una parte de lo que implicaba el BDSM. Era un complemento de ese todo por el cual estaban todas esas personas ahí justo como yo buscando ese algo más.

Que contradictorio sonaba. Yo buscaba algo que en realidad jamás había tenido y no era a lo que Edward se refería como imagen de disciplina y control, era otra cosa y me asustaba porque él había tenido razón. Esas fantasías de sexo extraño rendido a un amo, plenas de sumisión y obediencia, esas escenas me atraían como abeja a la miel y aunque estaba clara en que no todo lo que había visto iba de acuerdo conmigo, otras muchas si y me calentaban la sangre cuando las recordaba, me hacían latir ciertas partes del cuerpo, y si de alguna cosa estaba cien por ciento segura era de que humedecerme hasta ese grado solo significaba que yo quería intentarlo.

***

Al día siguiente llegué muy puntual a la agencia. Jane me sonrió feliz señalándome la caja de donas y el café sobre mi escritorio. Sin decir nada tomé la de nuez y le di una mordida gigante. Platicamos un poco sobre nuestro fin de semana y antes de dirigirnos al área de impresión para revisar nuestro trabajo, me tomé la foto para enviarle a Edward. Inmediatamente sonó mi teléfono.

–Hola – saludé.

–No quiero volver a verte con jeans y camiseta, mucho menos de tenis – gritó su primera orden del día para mi.

–Tengo que ir trabajar hoy en el área de impresiones, no quiero manchar mi ropa, además es más cómodo que venir vestida formal – expuse mi punto.

–¿En qué parte del contrato leíste que tenías que estar cómoda, Isabella?

Edward cortó la llamada antes que pudiera replicarle algo. Como si pudiera hacerlo. Enojada guardé mi teléfono al tiempo en que Jane entraba de nuevo a nuestro lugar.

–¿Va bien todo? – preguntó preocupada y asentí – ¿Seguro?

–Ajá.

Respondí restándole importancia a lo sucedido y me concentré en mi trabajo. Como habíamos previsto, se nos fue la mañana revisando las impresiones y por supuesto no me manché ni una gota, las máquinas eran tan modernas que mancharse ya era cosa del pasado pero él no tenía porqué saberlo además, ¡coño! a mi me gustaba usar jeans y camisetas de vez en cuando.

Llegó la hora del almuerzo y nos fuimos a un café en la misma cuadra. Comía en silencio mientras Jane parloteaba hasta que ya no la escuché. Levanté la mirada y sus enormes ojos azules me veían misteriosos. Fue ahí cuando sopesé la posibilidad de sincerarme con ella. Ya en el pasado había perdido a mis dos entrañables amigas y no quería que eso me volviera a ocurrir. Jane era una chica muy valiosa y no quería que por una mala decisión me quedara sin su amistad.

–¿Tenemos tiempo? – le pregunté ya decidida a contarle superficialmente al menos en ese momento acerca de mi particular relación con Edward y sin que sonara tan… ¿enferma? Bufé en mi interior con ironía.

–Todo el que quieras – sonrió

–Verás – empecé con algo de nervios –… hace unos meses Edward Cullen apareció en mi vida, fue en Nasty, ¿Recuerdas que te conté que fui y me dijiste que era un club Dark? – Jane asintió rápidamente y proseguí.

–Bueno, pues lo es, y yo lo vi salir de ahí después de que una chica lloraba e intentaba hablar con él, cruzamos miradas y desde ahí quedé prendida de la suya. Nos encontramos una vez más en una cena y la atracción extraña que sentí por él fue innegable. Era una fuerza que como un imán me hacía querer acercarme a él a como diera lugar. Creo que también fue un poco capricho mío, Jane, pero por Dios que era como una necesidad el querer tenerlo cerca y mi mente se llenó de ideas y fantasías…

Jane me miraba concentrada y con el ceño fruncido pero no me distrajo.

–Me di a la tarea de investigar un poco sobre el arrogante y frío hombre que me tenía deseando tenerlo de todas las formas posibles… y descubrí que era un empresario importantísimo. Por un momento me pasó la idea de olvidarme del asunto, él es de las grandes ligas y yo, ¿Quién soy yo, Jane?

–¿Tú? ¿Necesitas de verdad que te diga que tú también eres igual de importante que él? – entrecerró los ojos.

–¡Claro! ¡Cómo olvidé ponerme un gafete con el nombre de Charlie también para que supiera de quien soy hija! – rodé los ojos –, eso a mi no importa, ¿Por qué no puedes verlo?

–La que no puede verse con claridad eres tú amiga, ese es el problema, eres hermosa y estás a la altura de cualquiera de las “grandes ligas”, lo que pasa es que estar encerrada tanto tiempo en ese convento te ha absorbido el autoestima, pero no te distraigas y sígueme contando…

Sonreí resignada y muy aliviada por sus ánimos.

–Terminé convenciéndome de que no perdía nada con intentarlo, averigüé donde podría encontrarlo y fui; era un evento con demasiada gente y cuando me acerqué me ignoró. Me dolió tanta indiferencia pero no me rendí y lo seguí a un evento de caridad en el club de polo. Ahí traté de ser más directa y cuando lo tuve frente a mi, a solas y prestándome toda su atención me acobardé un poco pero él es un león con mucho colmillo y yo apenas un corderito, supo provocarme y las próximas veces que nos encontramos prácticamente ya estaba rindiéndome ante él sin que me diera cuenta.

–Retiro lo dicho, Bella, puede ser que no te veas claramente pero qué perseverante eres, te fijaste tu objetivo y te fuiste directo a la yugular, te llevaste a tu presa.

Reí con algo de amargura – Si, Jane, yo también creí haberme salido con la mía y como yo quería pero fue al revés.

–¿Por qué lo dices? ¿Estás con Edward no?

–Si – admití con un suspiro –, las cosas con él jamás han sido lo que una pueda esperarse, yo sabía desde un principio que no sería fácil pero es que a veces siento que…

–¿Qué pasa, Bella? – oprimió mi mano dándome ánimo para seguir.

–Él… él es… diferente, Jane. Tiene costumbres diferentes.

–¿Cómo que diferentes? – me miró intrigada y casi podía ver la maquinaria de su cerebro funcionar – espera – se hizo hacia atrás y parpadeaba repetidamente hasta que varios segundos después me miró perpleja.

–¿Me estás queriendo decir que no en balde estaba en un club Dark? – asentí lentamente y su mirada descendió perdida a algún objeto sobre la mesa – ¿Estás segura?

La miré con el ceño fruncido y luego rodé los ojos. ¿Cómo no iba a estarlo?

–Sinceramente, Jane, yo creí poder manejar todo este asunto pero creo que se me está saliendo de las manos.

–Un momento – ella sacudió la cabeza y me miró como si estuviera diciendo alguna blasfemia – ¿Asunto? ¿Así le llamas a Edward? ¿Un asunto? El hombre barre el piso por el que caminas y tú crees que es otro punto más en tu agenda, Bella, ¿Qué te sucede?

–No lo entenderías Jane, es algo complicado – se recargó en su silla ofendida, llevándose la mano al pecho.

–Perdón por ser tan tonta y por no notar cómo ese asunto tuyo te miraba el otro día en el restaurante y cómo estaba pendiente de cada movimiento que dabas – comenzó a replicar – y también perdona por no saber reconocer qué tan mal o bien estas cada mañana que llegas a la agencia, discúlpame, Bella, yo sé que apenas tenemos pocos meses de conocernos y que no me debes ninguna explicación pero aunque no me lo creas, me importas y te respeto y si tú dices que esto no es nada más que un asunto y solo me necesitas para que te escuche de acuerdo, sabré respetar tus límites…

–Precisamente de eso se trata, Jane, de los límites que he roto – dije después de pensarlo unos segundos – yo me acerqué a Edward solo para cumplir mis sueños y mis fantasías pero no quería exponer mi corazón, siempre tuve eso como principio básico. Me entregué, hice todo lo que él quería y como lo quería cuidándome de no caer y fue inútil, Jane, estoy más entregada a él de lo que yo quisiera y sé que acabaré rota y no quiero sufrir, no me quiero enamorar…

–Oh, Bella… querida, lo siento, pero ya no puedes hacer nada en contra de eso.

–¿Crees que no lo sé?

Para mi alegría, Jane no profundizó sobre lo diferente de nuestra relación. Ella tenía el don de hacer sentir a la gente a su alrededor comprendida y querida y muy dentro de mi sabía que si no había insistido en eso era porque estaba dándome mi tiempo para relajarme y poder tener la conversación sobre ese tema más adelante. ¿Cómo no iba a quererla?

Llegamos a la agencia con una hora de retraso y aún así se me hizo eterno el tiempo que faltaba para irme a mi apartamento y tener listo todo para Edward. Desde luego mi cabeza estaba en todas partes menos en mi trabajo porque a pesar de que Jane me había infundido muchos ánimos, yo no me sentía del todo mejor con respecto a cómo iba desenvolviéndome con Edward.

Siempre tenía esa sensación de que nunca estaba satisfecho con mi comportamiento, que siempre terminaba haciendo algo mal que lo decepcionaba y para muestra, el pasado fin de semana. Mi enojo por haberme mandado al psiquiatra, mi reacción al verlo con esa mujer, Vera, y que no era para menos, la forma en cómo lo interrogué sobre ella, cómo había insistido el día anterior en irme a mi apartamento cuando él me había pedido que me quedara, me lo había pedido, no ordenado…

Quizás Jane tenía razón y mi supuesta autoestima y madurez era una falacia que yo misma había creado y me creía. Realmente tenía que cambiar, tenía que madurar, necesitaba hacerlo por mi si es que quería permanecer al lado de Edward.

Por fin salí de la agencia y corrí hacia mi apartamento. Puse todo como a él le gustaba y me fui a cambiar mientras pensaba en qué ordenar para cenar. Edward llegó puntual como siempre y Dean entró detrás de él con varias bolsas de un restaurante de comida thai. Me rodeó la cintura y me besó los labios. Se le veía cansado y con un dejo de fastidio en el rostro que se fue disipando rápidamente.

–Preciosa, como siempre – me besó de nuevo y su mano bajó hasta mis nalgas, apretándolas. Después de todo, parecía que al fin esa noche me iba a premiar con lo que necesitaba y de lo que me había privado, él.

–Gracias, Señor.

–Cenemos, tengo mucha hambre – y sus ojos viajaron en un lascivo recorrido por mi cuerpo que calentó mi sangre e incrementó ese latido en ciertas partes muy sensibles de mi cuerpo.

Ansiosa, fui a la cocina y serví todo lo que llevó en varios platos y los coloqué al centro de la mesa mientras él abría una botella de vino y lo servía en las copas. Se sentó, hice lo mismo y esperé su permiso para empezarle a servir. Si lo veía desde mi punto de vista, esta noche prometía; carne y pollo al curry, las comidas muy condimentadas y muy picantes que te dejaban jadeando y con un calor en el cuerpo… mmm ¡si!

Mientras cenamos me preguntó de la campaña de Newton’s; de pronto lo vi muy interesado en conocer todo el proceso creativo y en saber qué era lo principal que tomábamos en cuenta para la realización de una campaña. Toda su atención estaba sobre mi y me sentí feliz porque le importara conocer con más detalle lo que me apasionaba hacer.

–Y mi pequeña Isabella crea todo eso sola – sonrió.

–No lo hago sola, Jane y yo somos un equipo, nos acoplamos bastante bien.

–Me agrada Jane – confesó y mi sonrisa se amplió. Me hacía muy feliz saberlo.

–Tú también le agradas y mucho – respondí entusiasmada – ¡perdón! Usted le agrada mucho – me corregí.

–¿Hablas de mi con ella? – frunció el ceño.

–No es algo que pueda evitar hacer, Señor, ella sabe que usted y yo….

¡Demonios! Había olvidado el puto contrato de confidencialidad. Jane sabía…

–Que usted y yo estamos juntos – finalicé con tratando de ocultar el temblor en mi voz. Edward me miraba serio, sin duda ya sabía que había hablado de más. Dios…

–Por tu bien espero que sea discreta, Isabella, ruega porque sea así – sentenció y se levantó de la mesa. Fue hacia el salón y se sirvió su imperdonable copa de brandy mientras nerviosa recogía la mesa.

Cuando volví al salón lo encontré recostado en mi sofá, con la copa en la mano y los ojos cerrados. El rastro de fastidio había vuelto a instalarse en su rostro. Se le veía más cansado que cuando llegó. Me arrodillé junto a él y de inmediato las imágenes de los y las sumisas en el club al pie de sus amos, haciéndoles caricias y mimos llegó a mi mente. Entendí esa acción en ese instante. Más que sumisión era el querer hacer algo para agradar a tu Señor, a tu amo y maestro, hacerlo sentir bien y quitarle ese semblante agobiado era lo que yo quería hacer en ese momento.

Le quité los zapatos, sabía que le gustaba que masajeara sus pies, lo relajaba. Puse a un lado los zapatos y coloqué sus pies en mi regazo. Comencé a hacer círculos en sus talones y en el arco; un esbozo de sonrisa apareció en sus labios y mi corazón se hinchó satisfecho. Durante un rato continué con el masaje y cuando lo vi más relajado me puse de pie y me coloqué detrás del sofá.

Con mis manos tibias toqué sus hombros y comencé a moverlas para aliviar la tensión acumulada en ellos. De inmediato se tensó de nuevo.

–Ese es trabajo de Jessica, no tuyo – detuve el movimientos de mis manos, confundida y perpleja. Se tomó de un gran trago el resto del brandy en la copa y se puso de pie para marcharse. Se puso el saco mientras yo lo observaba frustrada.

Se fue sin darme un beso, sin nada más que una simple mirada dura. Corrí a mi habitación a hundirme entre mis sábanas llorando triste y dolida. Edward sabía cómo herirme, lastimarme; justo cuando creía que estaba dando un paso más adaptándome a su mundo, hacía algo mal y me lo echaba en cara del modo más doloroso. Y además, ¡maldita sea! Ese no era trabajo de esa mujercita ofrecida, ¡era mío! y a como diera lugar iba a tener que ganarme mis derechos. Él era mío así como yo era suya y no lo iba a compartir con nadie.

Y otra vez estaba sola en mi cama, con un deseo y hambre frustrado, deseándolo y consumiéndome en un fuego hiriente. Sequé mis lágrimas y después de un largo rato me quedé dormida. Fue otra noche inquieta en la que la imagen de ese sueño recurrente apareció de nuevo angustiándome. Esta vez no hubieron voces, ni risas perversas, solo esos dos ojos oscuros como la noche que me atormentaban en silencio, persiguiéndome. Me desperté alterada y enojada por no poder controlar el efecto que tenían sobre mi.

Me di un baño y me esmeré en mi arreglo. Salí en mi auto hacia la agencia y al llegar, antes de mi dona y mi café, le envié a Edward mi foto por la cual recibí un indiferente “Buena niña”, al menos así lo sentí yo.

El día transcurrió y estábamos muy ocupadas porque esa tarde le presentaríamos a Michael la primera parte de la campaña ya lista. Todas las imágenes publicitarias para las revistas, los espectaculares y todos los medios impresos. No podíamos negar que estábamos nerviosas porque Michael definitivamente no era un cliente fácil de agradar. Era exigente y quisquilloso pero era muy educado para decirnos que algo simplemente no le gustaba, que le parecía de mal gusto o que prefería otra cosa y eso era algo sobre lo que nosotras mismas teníamos que trabajar, en cómo identificar y extraer de nuestros clientes sus ideas, la imagen que deseaban para sus empresas y productos.

Michael llegó muy puntual y en la sala de proyecciones ya estaba esperándonos con el gerente de las joyerías y algunas personas más de su empresa, Olivia y para sorpresa mía, también estaba ahí Andrew Blake de Arte Digital, el director de la agencia que me había redireccionado a Alter Medios cuando estaba en mi búsqueda de trabajo.

Nuestra presentación comenzó y expusimos todo nuestro trabajo, explicamos paso a paso cómo y porqué habíamos concluido en ese resultado y les ofrecimos un par de variantes sobre él al hacernos algunas preguntas pero nuestro trabajo les agrado y no fue necesario, gracias a Dios, realizar un cambio más. Michael por fin estaba satisfecho.

Las luces del salón se encendieron y de inmediato se pusieron de pie para felicitarnos. Jane y yo estábamos hinchadas de orgullo ya que en esta ocasión no nos fue tan fácil complacer a nuestro cliente, nos esforzamos mucho y con ese reconocimiento veíamos coronados todos nuestros esfuerzos. Al menos con la primera parte del proyecto.

–Y falta una más – anunció Michael –, ya que hemos decidido que también realicen el comercial para la televisión.

–¿Qué? – gritó Jane emocionada por la noticia y apretando mi mano con fuerza.

–Estoy muy contento con su trabajo, han comprendido muy bien lo que quiero y estoy seguro que con el comercial estaré igual de satisfecho – dijo encogiéndose de hombros.

–Podremos esperar para hacer el lanzamiento de toda la campaña completa, ¿Qué dicen? – preguntó alegre su gerente.

–¡Estupendo! – exclamé feliz.

–Isabella, muchas felicidades – Andrew se acercó a mi –, veo que no me equivoqué contigo, Olivia dice que junto con Jane son algunas de sus cartas fuertes en la agencia y estoy de acuerdo; con la campaña de Flannagan's se han posicionado como una de las más prometedoras agencias del medio.

–Muchas gracias, señor Blake – estreché su mano feliz.

–Andrew.

–Andrew entonces – acepté y le hice a Jane una señal para que se acercara –. Ella es mi compañera y amiga, Jane, juntas creamos estas dos campañas.

–Es un placer conocerte, Jane, Isabella y tú son muy talentosas.

Estuvimos celebrando un rato más y platicando sobre el comercial. Michael estaba realmente contento y sus colaboradores también. Olivia ni qué decir. Andrew miraba todo y asentía de acuerdo con todo lo que había visto esa tarde. Después que todo acabó me sentí como si hubiera sacado un 10 en un examen complicado y hubiera obtenido la felicitación de mis profesores, se sentía bien, sobre todo teniendo en cuenta que mi concentración no había estado al cien por ciento esos últimos días.

Al volver a nuestra oficina, escuché sonar mi teléfono. Casi corrí para tomarlo y no perder la llamada pero no lo logré. Siete llamadas perdidas y todas de Edward. Demonios.

–Hey, tranquila mujer, quita esa cara, él sabe que estás trabajando, no creo que se enoje por eso.

Esperaba que no lo hiciera, él sabía que había dos cosas muy importantes para mi porque ya se lo había dejado muy en claro. Esperaba que mis condiciones no hubieran cambiado después del contrato, al menos no vi en él algún inciso con letras pequeñas e ilegibles donde quedaran revocadas mis prioridades.

Dudé en devolverle la llamada. Seguramente estaría histérico y ya estaría maquilando algún castigo para mi. Un pensamiento perverso apareció en mi mente y sonreí. Si después del castigo había sexo, bien valdría la pena. No, no lo llamaría. En lugar de eso me fui a mi apartamento con toda la calma del mundo. Me cambié y me puse algo bonito y elegante por si llegaba. Casi hora y media después ni una llamada y ningún mensaje. Dicen que si Mahoma no va a la montaña…

“Señor, me encantaría invitarlo a cenar, lo espero”
Isabella.

De inmediato ordené la cena y me apresuré a poner la mesa. Coloqué velas y la canción “I wil try” de Urselle sonaba creando un ambiente íntimo y sensual. Me vi de nuevo al espejo para cerciorarme que estuviera justo como a él le gustaba y revisé todo otra vez. Tal vez lograra reivindicarme por los tantos errores de los últimos días y se olvidara de ellos. Nada deseaba más que eso.

La cena llegó y de Edward ni un mensaje. Reenvié el mensaje otra vez y tampoco obtuve respuesta. Media hora más tarde lo llamé, su teléfono estaba apagado o fuera del área de servicio. Me extrañó. Que yo supiera Edward nunca apagaba su teléfono. Decidí esperar un rato más y no fue hasta que me moví incómoda en el sillón que me di cuenta que me había quedado dormida. Las velitas ya se habían extinguido y el cd seguía sonando, me asomé por la ventana y la calle estaba desierta. Fui a la cocina y el reloj del horno marcaba que eran las dos cuarenta y cinco de la madrugada.

Edward…

¿Le habría pasado algo?

Un amargo sabor subió por mi garganta y corrí a chequear mi teléfono. Ninguna llamada y tampoco ningún mensaje. Tragué en seco. Le marqué de nuevo y lo mismo, apagado o fuera del área.

¿Qué sucedía?

¿Me estaría castigando?

No lo creía, él no era de este tipo de castigos, él era ejecutor no torturador psicológico. Pensé en llamar al penthouse o a la casa pero me pareció algo impropio llamar a esa hora además si hubiera sucedido algo Harriet ya me hubiera avisado o Waylon en su caso y no había recibido ninguna llamada de ellos, o de Paul o Dean. Me alarmé un poco pero me esforcé en permanecer tranquila. Guardé la cena y me fui a cambiar. Me asomé por la ventana antes de acostarme y ya una vez bajo mi pesado edredón, sonó mi teléfono. Me senté de golpe y contesté ansiosa.

–Edward, ¿Estás bien? – pregunté ansiosa –. Le llamé y le dejé mensajes, Señor

–Si hubieras respondido mis llamadas te hubieras podido enterar que tuve que viajar urgente a Francia.

–¿Francia? – pregunté lentamente – bueno, yo estaba en una junta muy importante y…

–¿Era tan importante tu dichosa junta como para no responder mis llamadas?, sabes que no debes hacerlo.

–Creí que había quedado claro que mi padre y mi trabajo eran dos cosas que no iba a dejar de lado por nada.

–¿Qué es esto, Isabella, una advertencia?

–No, solo le recuerdo que son mis prioridades.

–Yo debo ser tu principal prioridad, creí que eso había quedado claro.

–Yo…

–Quiero saber de tu junta – demandó.

–Fue para entregar una parte de la campaña de Newton’s. Quedaron muy contentos con nuestro trabajo – dije visiblemente más animada.

–Así que Newton…

–Si, y dejaron en nuestras manos realizar el comercial de televisión, es una oportunidad que nunca imaginamos tener tan pronto.

–Felicidades, Isabella, es una recompensa a tus esfuerzos. Lo has hecho bien.

–Gracias, Señor.

–Bien. Ya sabes que estaré fuera unos días, espero tu foto puntual como cada mañana y si vas a tener alguna otra junta importante, avísame. ¿Entendido?

–Entendido, Señor.

–Muy bien, Isabella, eso es todo.

Y con eso cortó la llamada. Bufé y me eché hacia atrás en la cama. Edward estaba en otro país. La prematura añoranza de saberlo lejos hizo que mi cuerpo doliera. Lamenté mil veces no haber podido responder a sus llamadas y tampoco haberme despedido de él correctamente, sin que tuviera que llamarme a mitad de la madrugada.

Ya no tenía sueño. Me dediqué a rodar por mi cama maldiciéndome por no haberle preguntado exactamente cuando volvería. Esperaba que no estuviera fuera por mucho tiempo, ya me había acostumbrado a tenerlo cerca con todo y su multifacético carácter. Ya lo extrañaba.

¿Qué haría si se tardaba demasiado?

Bueno, con nuestra nueva encomienda dudaba que tuviera tiempo de sobra para perder divagando por su ausencia, aunque definitivamente no sería nada fácil esperar salir de la agencia y llegar a casa sabiendo que él no llegaría a cenar conmigo.

Logré dormirme ya entrada la madrugada. Por la mañana llegué a la agencia y Jane se percató de inmediato de mi ánimo triste.

–Está lejos, Jane, se fue a Francia – dije antes de que me preguntara nada –, no sé cuando va a volver.

Suspiró parándose frente a mi escritorio con las manos a la cadera.

–No veo en ti a una mujer que esté luchando por proteger su corazón, Bella, yo más bien creo que por lo que debes luchar es por no enamorarte más de él.

–No estoy enamorada, no he llegado hasta ese nivel, estoy acostumbrada a estar cerca de Edward solamente, lo extraño, eso es todo.

–Pues solo para estar acostumbrada a él sufres mucho – afirmó –. Anda vamos, que tenemos una reunión con Olivia.

–Si, te alcanzo en un minuto – dije sacando mi teléfono para tomarme la foto y enviarla junto con un mensaje avisándole que entraría a una reunión con mi jefa. Tres minutos después llegó su respuesta.

“Preciosa y mía”
E. Cullen.

Y me fui a mi reunión con una sonrisa en los labios.

***

Salimos de la oficina de Olivia mucho después de la hora del almuerzo y literalmente corrí para sacar mi teléfono y revisar si tenía algún mensaje o llamada. Mi buzón estaba vacío.

–Bella, ¿Realmente voy a verte agonizar porque Edward está de viaje? Creo que esta relación…

–No estoy agonizando, Jane – repliqué mansamente –, es solo que…

–¿Qué, que?

–Olvídalo, me voy a casa – intenté sonreír –, necesito recuperar mis horas de sueño.

Tal y como dije, después de despedirme de Jane me fui a mi apartamento y saqué la cena de la noche anterior que había guardado intacta. Calenté uno de los filetes en el horno y llevé mi plato al estudio para cenar en mi sofá frente al televisor. No me lo comí todo, hice a un lado el plato y estaba cambiando los canales sin encontrar nada que atrajera mi atención, esperando a que mi teléfono sonara más nunca sucedió.

Decepcionada me fui a la cama y para mi desgracia tuve una noche de sueños terribles. Mis pesadillas regresaron revueltas con imágenes de las escenas del club y esos ojos negros junto a unos verdes que me miraban furiosos. Manos manteniéndome restringida, voces y risas ordenándome portarme bien y la boca dueña de una hermosa sonrisa torcida descendía por mi vientre hasta perderse entre mis piernas.

¡No!

Gritaba desesperada y una risa muy cínica que reconocería en cualquier parte resonaba en mis oídos.

Te dije que si conmigo no lo disfrutabas, no lo harías con nadie más…

Y como tantas otras veces, pude sentir sus dientes enterrarse en el interior de mis muslos. Desperté jadeando desesperada, llorando y con el asco que acompañaba cada pesadilla cuando alcanzaba ese grado de realismo. Me levanté corriendo al baño y devolví la cena. Permanecí arrodillada un momento y me puse de pie para cepillarme los dientes. Saqué el Nyquil y le di un trago bastante considerable. Me miré al espejo y sollocé. Ya no quería seguir sufriendo esas pesadillas, ya no más.

Al día siguiente Jane me miro llegar y no dijo nada de mi aspecto. Solo empujó la caja de donas y el café hacia mi.

–Estoy bien.

–No he dicho nada – dijo levantando las manos como rindiéndose y encogiéndose de hombros, se dio media vuelta y se dedicó a trabajar en su computadora.

Terminé solamente mi café ya que la dona no tenía buena cara esa mañana y fui al baño con mi teléfono en mano para tomarme la foto diaria, no quería hacerlo frente a Jane. La envié con un ‘Buenos días’ y casi de inmediato recibí su llamada.

–¿Qué te sucede? ¿Estás enferma?

–No, solo no tuve una buena noche.

–Espero que eso sea cierto, Isabella.

–Lo es. Señor… – me atreví a preguntar – ¿Volverá pronto?

–No sé, de todas formas vuelva pronto o no, el fin de semana Paul te llevará a casa, te quiero ahí sin excusas.

Señor…

–Eso no está sujeto a discusión, Isabella.

–Está bien.

Y como siempre, cortó la llamada sin despedirse.

Ese día si que no fue nada bueno. Michael como era de esperarse, empezó con sus sugerencias y Jane y yo decidimos dejarlo hacer y deshacer y cuando hubiera acabado de hacer su planteamiento entonces lo revisaríamos y comentaríamos lo que era factible de hacer y lo que no. Nos pareció lo más sensato después de saber que así, no nos haría trabajar el doble.

A pesar de tener mucho en que ocupar mi mente, no podía dejar de recordar el sueño tan vívido que había tenido. Tuve la garganta seca todo el día y las manos me temblaban nerviosas al escuchar de nuevo esa voz amenazándome como siempre lo hacía, solo que esta vez, podía sentir su amenaza más real que nunca.

Con dolor reconocí que necesitaría mucho más que paciencia y un frasco de Nyquil para hacer que las pesadillas se fueran. Cada vez que volvían a atormentarme se hacía más difícil el mantenerlas alejadas por más tiempo. Esa había sido una lucha que había librado por años pero que antes no estaba sola como en esos momentos. Antes había tenido quien me abrazara cuando me despertaba sudando y llorando por el miedo que me causaban.

–¿Estarás bien? – me preguntó Jane al despedirme de ella.

–Claro, no pasa nada – le guiñé un ojo –, nos vemos mañana.

Subí a mi auto y conduje más segura que nunca hasta aquella zona de consultorios elegantes y modernos. Estacioné mi auto y bajé de él para cruzar la calle y vi el Jaguar negro que conducía Jason estacionarse a unos cuantos autos del mío mientras Paul me miraba y hablaba por teléfono. Los ignoré, continué mi camino hacia el edificio y subí por ascensor justo hasta el piso catorce. Al salir de él me acerqué con pasos firmes hasta la mujer detrás del escritorio en el vestíbulo impoluto. Terminó su llamada y me sonrió amable.

–Buenas tardes. Soy Isabella Swan, no tengo cita pero pensé que tal vez..

–Un momento, señorita Swan, el Dr. Bower la atenderá apenas termine con su paciente, tome asiento por favor.

–Oh, gracias.

Quince minutos después la secretaria me conducía al consultorio del doctor.

–Isabella, que gusto me da verla de nuevo por aquí, pero pase, siéntese – asentí nerviosa y me instalé en el cómodo sillón – supongo que no viene a una cita conmigo pero descuide, sé muy bien lo qué le ofrecí.

–Gracias doctor pero se equivoca, esta vez si necesito y quiero su ayuda…

Sesenta minutos después salí del consultorio del Dr. Bower sin sentir en realidad un alivio evidente. Al contrario, más y más preguntas se atiborraron en mi cabeza y si de algo estaba segura era que esa noche tampoco podría dormir tranquilamente. Suspiré resignada y ya en mi auto de vuelta a casa, decidí ir al supermercado por algunas cosas que necesitaba. Por el espejo retrovisor vi a Jason y a Paul seguirme a poca distancia. Mi séquito inseparable…

Con la mente a kilómetros de donde yo me encontraba entré al establecimiento empujando un carrito. No notaba que iba por cada pasillo llenándolo de cosas que tomaba sin mirar debidamente.

–Bella…

Una voz que recordaba demasiado bien me llamó. Ella estaba frente a mi observándome. Fruncí el ceño sin responder.

–¿Cómo has estado?

Mi expresión no cambió. Tomé el carrito y me di la vuelta, no tenía nada que hablar con Rosalie.

–Por favor ¿Podríamos hablar?

Seguí avanzando por el pasillo como si no la escuchara.

–Necesito hablar contigo, te necesito, Bella.

Me detuve – Pues yo ya aprendí que no necesito ni de ti ni de nadie – le dije de espaldas.

–Bella… – dijo sorprendida.

–No te preocupes, Rosalie – dije mirándola por sobre el hombro.

–La soledad y el rechazo duelen, pero te acostumbras…*

*

*

*

Gracias a Loys Gómez por esa mente tan pervertida como la mía, a Nani, por ese blog maravilloso y las imágenes que me presta para jugar y a mi Beta Isita María por su ojo crítico. :*
Besitoo
Li

12 comentarios:

  1. Gracias Li, capitulo intenso como casi todos, descrito hasta el más minimo detalle ... me tienes con el corazon en un puño por dios, este hombre es o quiere ser tan frío que hace daño. Espero que pronto puedas subir el siguiente y sino sabes que te esperamos sin ningun problema. Un besazo enormeeeeeeee

    ahhh te he quitado el papa noel que me encanta jaja

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  2. gracias Li por este fabuloso e intenso capítulo, todas lo necesitábamos, y tranquila, que entendemos perfectamente que como todas, tienes familia y responsabilidades más prioritarias.
    Un beso

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  3. bueno primero ke nada, me da gusto saber ke te encuentras bien!!y bueno me encantó el capitulo, creo ke bella dio un gran paso al abrirse con jane, definitivamente no podia seguir guardandoselo, y un gran, gran paso es lo del psikiatra, pobre no puede continuar asi, en fin, veremos ke pasa más adelante, saludos :D

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  4. porque se porta tan cabron con ella
    pobre bella no haya como complacerlo me encanta ojala no te tardes

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  5. LIII
    QUE BUENO QUE O SUBISTE, SUPER INTENSO EL CAP NO TARDES EN SUBIR EL PROXIMO
    BESITOSSSSSSSS

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  6. OMG quiero golpear a Edward ufff hay veces q lo quiero ahorcar y me alegra q Bella xfin haya decidido hablar al respecto y tambien m ha gustado mucho q Bella se diera media vuelta, la verdad Rosalie y Alice se merecen un castigo x haber tratado tan mal a nuestra sumisa favorita.
    Bueno mujer t dejo, t mando un beso y nos seguimos leyendo.

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  7. WOW!!! el capitulo esta demasiado bueno, al principio uno se da cuenta que ese mundo es oscuro y frio, pero que en edward e isabella se complementan perfectamente los dos, algunas veces provoca darle unos pellicos a edward, me parece que despues que firmo el contrato bella el se puso menos tolerante y mas tangente con ella. Lo bueno es que de vez en cuando edward baja la guardia, awwwwwwww me encanta esta historia, Amiga LI Gracias.

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  8. Estuvo bien que bella rechazara a rosalie, digo, las verdaderas amigas no te mandan al carajo y te tratan como trapo para luego querer a arreglar todo con su cara de gato triste, buen capitulo y saluditos.

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  9. OHHHHHH DIOSSSS MIOOOO !!!!
    valió muchísimo la pena la espera , ush que capitulo tan fabuloso , era como si estuviera totalmente metida en la historia y los personajes se salieran de la pantalla( no literalmente claro) ojala no tardes tanto en poner otro cap , yo se que los artistas necesitan tiempo para llevar a cabo sus obras de arte pero DIOS me dejaste ansiosa por saber que mas va a pasar
    Nos leemos :D

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  10. OMG dios valio la espera sos genial Li ,dios nos dejas con ganas masssssssssssss.....Sigue asi nena....Besos...

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  11. OMG ESTE CAPITULO ESTUVO DE MUERTE, LO MEJOR DE TODO ES QUE BELLA SE ESTA DANDO CUENTA DE COMO ES ELLA EN REALIDAD Y NO LO QUE APARENTABA SER, Y QUE ME DICEN DE MI SEÑOR, HAY VECES QUE NO PUEDO CON EL BIENBENIDA A MI MUNDO, OH SI , QUE MUNDO. BUENO ESPERO QUE NO DURES MUCHO EN PUBLICAR YA SABES QUE ESTAMOS PENDIENTES.

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  12. Como siempre vale la pena esperar.... me encanto el capi sta de muerte... y que querra rosali sera que emmet ya le dijo sobre su particular estilo x el sexo...que bien lo que hizo Bella las amigas no te jusgan.. felicitaciones Li te la comistes desde venezuela nybeltran25@hotmail.com... besitos x fis no tardes

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