miércoles, 9 de noviembre de 2011

CAPITULO 21

Decisiones, decisiones…

“En todo aquello que vale la pena de tener, incluso en el placer, hay un punto de dolor o de tedio que ha de ser sobrevivido para que el placer pueda revivir y resistir.”
Gilbert Keith Chesterton

BELLA’S POV

–Entra, Isabella – me ordenó y lo obedecí.

Se sentó en su escritorio y esta vez giró su pantalla para que no nos estorbara.

–Siéntate.

Lo hice y puso frente a mi una carpeta abierta con unos papeles.

–Este es el contrato por el que tanto lloras, aquí lo tienes, léelo y fírmalo, si no vete.

Lo miré estupefacta, sin poder creer lo que me estaba pidiendo.

–Pero si te vas, Isabella, es para nunca volver…

Una ligera exhalación escapó de entre mis dientes. Parpadeé varias veces tratando de aclarar la imagen de Edward que comenzaba a hacerse borrosa.

¿De qué estaba hablando?

Mis pulmones se cerraron…

La falta de aire me dejó paralizada…

Un dolor muy fuerte me oprimió el corazón…

Cerré los ojos apretándolos muy fuerte y abrí la boca para atrapar un poco de aire, pero mis vías respiratorias parecían estar bloqueadas.

–Bueno, ahora ya lo tienes ante ti.

Dijo con voz calmada mientras se acomodaba en su imponente silla de cuero. Abrí los ojos y mis vías hicieron lo mismo, jalé aire lo más discretamente que pude. Él me observaba serio, sin ese extraño atisbo de sonrisa torcida en los labios que siempre tenía cuando sabía que me había tomado por sorpresa.

–Creo que será mejor que lo leas detenidamente, no quiero que lo vayas a firmar sin conocimiento de causa, es un tema muy delicado como para que te des el lujo de hacerlo, claro, en el caso de que vayas a firmar.

Edward hablaba y sus palabras retumbaban en mis oídos, me obligué a concentrarme en lo que me decía y a seguir respirando a buen ritmo para que el molesto dolor en mi pecho desapareciera y no se notara como me había afectado que me presentara el contrato así, sin más ni más.

Asentí ligeramente y me llevé una mano a la mejilla. Estaba fría.

–Empieza a leerlo, Isabella.

Controlando mi mano temblorosa lo tomé y enfoqué las letras que parecían una maraña al igual que mis ideas.

Leer de reojo el encabezado del documento volvía a contraer mi interior. Levanté la mirada hacia Edward, tenía el ceño fruncido y me miraba como si quisiera leer mis pensamientos. Me aclaré la garganta porque realmente dudaba que mi voz no me fuera a traicionar.

–No tienes que leerlo en voz alta si no lo deseas, créeme que conozco muy bien cada línea escrita en él.

Y yo lo último que necesitaba era que hiciera ese tipo de aclaraciones. No me interesaba saber que lo habían firmado muchas mujeres antes que yo.

Respiré varias veces, profundamente para calmarme. Me repetí que solo era un contrato y que debía estar tranquila y analizar bien cada palabra por mi propio bien. Se trataba de mí, de mi seguridad, de mi futuro… y comencé a leer.


CONTRATO DE DOMINACIÓN – SUMISIÓN.


Contrato de DOMINACIÓN-SUMISIÓN que se celebra entre: el Sr. EDWARD ANTHONY CULLEN a quien en lo sucesivo se le denominará el “EL DOMINANTE” y la Srita. ISABELLA MARIE SWAN, a quien se le denominará la “LA SUMISA”; ambos mayores de edad, y con capacidad legal para contratar y obligarse. Dicho contrato se sujeta a las siguientes cláusulas.


PRIMERA: Que libre y voluntariamente “LA SUMISA”, asume su condición hacia “EL DOMINANTE” ofreciéndose y entregándose para que éste ejerza su poder y dominio sobre el cuerpo de “LA SUMISA” de la forma y modo que se especifica y desprende del presente documento.

Dios, aquí vamos. Por un instante despegué mis ojos del papel entre mis manos y lo miré. Estaba muy serio, sus ojos verde oscuro me intimidaban por lo que me obligué a continuar.

APARIENCIA DE LA SUMISA.


A) “LA SUMISA” se esforzará en amoldar su cuerpo, apariencia, hábitos y actitudes conforme a los deseos del “DOMINANTE”. Estará de acuerdo en cambiar su conducta y vestidos para expresar su sumisión mas no podrá cambiar su apariencia, teñirse, cortarse, peinarse, maquillarse o vestirse de alguna forma que “El DOMINANTE” no autorice. Él también le proporcionará el tipo de vestuario del que hará uso y de todos los complementos que para ello requiera “LA SUMISA”.


B) La Higiene Personal de “LA SUMISA” debe ser óptima. Se mantendrá limpia y depilada en todo momento y se someterá a cualquier otro tratamiento o sesión de belleza que le haya sido dispuesta, visitará el spa seleccionado para que cumpla con este requerimiento sin falta asistiendo a las citas establecidas sin prórrogas no justificables, siendo todos los gastos cubiertos por el “EL DOMINANTE”.

Bien. La primera cláusula estaba cumpliéndose desde hacía mucho, no iba a tener ningún problema con ella. Y digo, no es que hubiera tenido opción, Edward nunca las daba. Sigue leyendo, Bella, me dije ya mucho más tranquila.

SEGUNDA: “EL DOMINANTE” tendrá control total sobre el entorno de “LA SUMISA” entendiéndose control de su espacio, tiempo, acciones físicas, y relaciones con otras personas. Los términos comienzan a ponerse en práctica desde el inicio mismo del entrenamiento en todas estas áreas.


ENTORNO DE LA SUMISA.


A) “El DOMINANTE” en todo momento tendrá conocimiento de dónde se encuentra “LA SUMISA”; ésta deberá informarle siempre su ubicación. Si por algún motivo requiriera estar o trasladarse a otro lugar deberá informarlo con prontitud al “DOMINANTE”. Las relaciones Interpersonales de “LA SUMISA”, las reuniones, encuentros y citas con otras personas son un privilegio concedido por “EL DOMINANTE” no un derecho. Sean éstas laborales, familiares o sociales no vinculadas con él, “LA SUMISA” pedirá permiso al “DOMINANTE” antes de manifestar su asistencia o no a las personas relacionadas con el hecho, decidiendo él así con quién puede o no entablar relaciones interpersonales y quedando estrictamente prohibido compartir su cuerpo con otra persona sea “EL DOMINANTE” o no.

Conforme iba leyendo ese inciso mi rostro se fue transformando. Esto era extremo. ¿De verdad no tenía voluntad de nada? ¿Y mi padre? ¿Tendría que pedirle permiso para comunicarme con él, para verlo?

–¿Qué sucede? ¿Qué es lo que no te ha parecido bien?

Su voz me sacó de mis cavilaciones. Lo miré sin salir aún de mi asombro.

–¿Por qué mejor no me pones un chip? Como a las mascotas – dije con tono ligero –, ¿no así te referiste a mi hace unos días? Con eso te evitarías la preocupación por saber en dónde se encuentra tu preciada posesión, y con lo desarrollada que está la tecnología tal vez hasta puedas escuchar mis conversaciones.

Al final no pude evitar tener un dejo de amargura en la voz.

–Isabella…

Dijo mi nombre en una clara advertencia, pero el tener ese papel en mis manos me hizo reflexionar y comprender que no podía hacerme daño a menos que yo quisiera y se lo permitiera.

–¿Qué? No estoy diciendo nada malo, es más, deberías agradecerme por la idea, ¿no es genial?

Me burlé disfrutando de mi ironía y del poder que me daba no haber firmado nada todavía.

–Tu boca va más rápido que tus pensamientos, te aconsejo que la cierres porque estoy seguro que vas a lamentar haber dicho eso y como presiento que no será lo único que dirás, solo me resta esperar y luego actuar...

–No te confíes, todavía no he firmado nada.

–Pero lo harás.

Odié la confianza y la seguridad con la que lo había dicho y continué leyendo.

B) “El DOMINANTE” especificará todas y cada una de las actividades que “LA SUMISA” deberá realizar, determinando también los tiempos y espacios. Si requiriera más tiempo, lo solicitará a consideración del “DOMINANTE”.

–¡Dios! ¡Y hasta me vas a tomar los tiempos!

Dije burlona disfrutando de otro lapso de agilidad mental; honestamente, el saber que no estaba bajo su poder en ese instante me envalentonó y no iba a desperdiciar ese momento.

–Así es, odio que la gente pierda el tiempo y tú no serás la primera bajo mi dominio quien lo haga.

Diablos. Esa seguridad se hizo a un lado y su mirada me estremeció.

–Ahora presta atención, Isabella, porque lo que viene es lo más importante de todo – me advirtió.

TERCERA: “EL DOMINANTE” dará un entrenamiento para moldear la actitud que requiere de “LA SUMISA”; la disciplinará de la forma que considere pertinente cuando lo requiera y ella entenderá y aceptará los métodos elegidos por “EL DOMINANTE” para su educación.

–Aquí es donde yo realmente me esmeraré…

Decía despacito, como si estuviera disfrutando de cada palabra que salía de su boca y sonrió mirándome divertido, estudiando mi reacción. Repentinamente mi labio inferior comenzó a temblar y lo mordí. No podía permitir que me viera nerviosa de nuevo.

¿De nuevo? Vamos, Bella, no te engañes… una voz en mi cabeza se reía… no has dejado de estarlo tonta, ¡que sentimiento valentón ni qué nada! ¡Nervios!

CONDUCTA DE LA SUMISA.


A) “LA SUMISA” mantendrá el respeto en todo momento, y se dirigirá a su “DOMINANTE” con el tratamiento acordado por ambos. En presencia de él cuidará sus gestos, sus posturas y sus movimientos de forma que resulten agradables para su “DOMINANTE”.

–Me llamarás “Señor”, solo cuando estemos a solas – dijo asustándome un poco. ¿Cómo rayos sabía por dónde iba leyendo? –. Podrás llamarme por mi nombre el resto del tiempo.

Menos mal. Sería muy incómodo llamarlo “Señor” cuando estuviéramos con otras personas.

B) “LA SUMISA” ambicionará el ser complaciente, se esforzará en aprender como agradar al “DOMINANTE” y aceptará agradecida cualquier critica. “LA SUMISA” estará de acuerdo en exponer todos sus deseos y fantasías a la consideración del “DOMINANTE” y responderá sincera y completamente, todas y cada una de las preguntas que él le haga. “LA SUMISA” dará voluntariamente cualquier información que “EL DOMINANTE” deba conocer sobre su condición física y emocional.

Mis ojos se abrieron desmesuradamente. Yo era complaciente, yo me esforzaba en agradarlo, aceptaba sus críticas pero de ahí a que yo…

–Piensas demasiado las cosas, deja de atormentarte y habla, pregúntame lo que quieras saber.

–Creo que al menos podría seguir siendo dueña de mis pensamientos y deseos.

Se puso de pie con una sonrisa en los labios y caminó rodeando el escritorio hasta quedar detrás de la silla donde me encontraba sentada, se apoyó en los descansa-brazos; se inclinó sobre mi hombro y susurró muy despacio…

–Sin temor a equivocarme, Isabella, puedo asegurar que eso que has dicho ni tú te lo has creído.

Inmediatamente giré medio cuerpo hacia él. Ofendida.

–El que te hayas acercado a mí es la respuesta. Tú no quieres guardarte nada, ningún deseo, ninguna fantasía, tú fuiste quien se acercó a mí, quien se decidió a dejar su remilgosa y aburrida vida para aprender a vivir de verdad, a sentir, a entregarse… quieres que yo haga realidad todo eso para ti, Isabella, y por eso firmarás.

–No estés tan seguro.

–No te engañes.

–No lo hago.

–Entonces firma.

¿Me estaba presionando? A mí me lo parecía, ya que era muy hábil para envolver sin que uno lo notara pero en este caso estaba resultando bastante obvio. Sonreí y exhalé mientras negaba con la cabeza, regresé a mi posición y continué leyendo. No iba a permitir que me coaccionara de esa forma, además tenía que leer completo ese contrato y eso, había sido sugerencia suya.

C) “EL DOMINANTE” es “DOMINANTE” para lo bueno y para lo malo. Para ordenar, para castigar… pero también para cuidar y proteger. Ambas partes, “DOMINANTE” y “SUMISA” deben velar el uno por el otro, desde sus respectivos roles. Esto incluye que él vele por la seguridad y bienestar psíquico y físico de “LA SUMISA” y ésta, a su vez, que vele porque “EL DOMINANTE” siempre esté satisfecho, cuidarlo, satisfacer plenamente sus necesidades y deberá concentrar todas sus energías, absolutamente todas para lograr este objetivo. Su obligación es darle el máximo, servirlo con devoción sincera, y en todo momento, recordando que la verdadera obediencia es voluntaria y consensuada.

¿Bienestar psíquico? Si, claro, creía que estaba loca, por eso lo del Dr. Bower. Suspiré. Bajé la mirada a mi regazo y tragué en seco. Esperé algún comentario suyo pero no dijo nada afortunadamente. Después de unos segundos volví a ponerme en guardia para terminar con el documento.

La aceptación de este contrato implica que la “LA SUMISA” pasa a ser entera propiedad del “DOMINANTE”, en cuerpo y mente y su única aspiración será complacerlo en todo, cada día más y mejor, implica obedecerlo y servirlo en todo momento, exceptuando naturalmente, circunstancias especiales o limitantes imposibles que ya ambos habrán determinado previamente.


Que quede entendido y asentado que este es un contrato que se aplicará a partir de la firma y que se extiende a tiempo completo, léase así, veinticuatro horas por siete días de la semana y por un período de tiempo que no será menor a un año pero que puede disolverse previamente si ambas partes así lo acuerdan.

–¿24/7? – pregunté alarmada.

–¿Por qué te extrañas? Así ha venido siendo, con muchas excepciones, pero prácticamente así es como lo hemos llevado.

–¿Podríamos…

–Termina de leer.

Me ordenó y dirigí la mirada al contrato.

Por la firma de este CONTRATO DE SUMISIÓN, se acuerda que “LA SUMISA” cede todos los derechos sobre su persona al “DOMINANTE” y éste a su vez toma completa posesión de “LA SUMISA” como propiedad, reclamando para si mismo su vida, su futuro, su corazón y su mente.

¿Su corazón?

He leído y comprendido este CONTRATO DE SUMISIÓN. Estoy de acuerdo en entregarme por completo a mi “DOMINANTE”, acepto cualquier reclamación sobre mi cuerpo, corazón, alma y mente. Comprendo que seré dominada, entrenada y castigada como “SUMISA” y prometo cumplir todos los deseos de mi “DOMINANTE” y servirle con lo mejor de mis habilidades. También comprendo que me puedo retractar de este CONTRATO DE SUMISIÓN en cualquier momento.


ISABELLA MARIE SWAN                                                        Firma:




Vaya, eso era un alivio. Tener la posibilidad de terminar con el contrato en cualquier momento era un respiro de paz.



He leído y comprendido completamente este CONTRATO DE SUMISIÓN. Estoy de acuerdo en aceptar a esta “SUMISA” como mi propiedad y cuidar de ella lo mejor posible. Cuidaré de su seguridad y bienestar y la dominaré, entrenaré y castigaré como “SUMISA”. Comprendo la responsabilidad implícita en contrato y estoy de acuerdo en todo. Nada dañará a mi “SUMISA” mientras me pertenezca. También comprendo que me puedo retractar de este CONTRATO DE SUMISIÓN en cualquier momento.


EDWARD ANTHONY CULLEN                                               Firma:





–¿Y bien?

Levanté lentamente la cabeza.

–Creí que sería más extenso – confesé.

–De hecho sí lo es, pero sería un contrato infinito si se pone por escrito y con detalle cada requerimiento. Además son cosas que podremos ir acordando sobre la marcha, ningún contrato puede ser tan preciso y exacto, todo depende de tus limites, Isabella.

–¿Quieres decir que yo puedo negarme a lo que no me guste?

–Quiere decir que puedo ser un poco flexible en determinado caso.

Con los ojos cerrados me abracé a mi misma mientras meditaba mi decisión final. Fruncí el ceño y mis brazos rodearon con más fuerza mi torso, apretando mis puños al mismo tiempo que mordía mi labio ya algo hinchado por la presión de mis dientes; despacio abrí de nuevo los ojos y me estremecí.

Tenía a Edward frente a mi, estudiándome por segundos que me parecían eternos, con las cejas tan juntas que casi eran una, los ojos del más oscuro verde que le había visto y que se anclaron en los míos mientras presionaba los labios en una dura línea que casi los escondía. Tragué nerviosa.

Con movimientos repentinos y duros, Edward abrió un cajón de su escritorio y sacó un par de hojas. Se levantó de su asiento y caminó hasta ponerse a mi lado, asentando los papeles rudamente frente a mí.

–Creo que no estás lista para esto. Firma aquí y podrás irte cuando quieras.

Alcé la mirada, confundida. ¿De qué demonios estaba hablando?

–¿Qué es esto? – pregunté titubeante.

–Un contrato de confidencialidad. No podrás decir nada de lo que hayas visto o experimentado mientras estuviste conmigo. Yo también firmaré uno para ti, para que tengas la seguridad de que no hablaré bajo ninguna circunstancia.

–Edward…

–Fírmalo, Isabella.

Más que una orden fue una exigencia.

–Pero yo no…

–¡Hazlo!

Me gritó tan fuerte que me encogí en la silla y cerré mis ojos; me asusté tanto que tomé su pluma y garabateé nerviosa mi firma. Edward me arrebató el papel, lo guardó en uno de sus cajones del escritorio ante mi mirada atónita y confundida y salió furioso del estudio sin darme oportunidad de nada. Me puse de pie inmediatamente para ir en su busca pero el azote de la puerta principal me indicó que se había ido.

Al escuchar el estruendo me quedé de pie en medio de la habitación y tratando de comprender qué era lo que había sucedido… me acerqué a uno de los enormes sillones de cuero oscuro y me dejé caer en él.

¿Qué carajo era lo que había pasado en la última hora?

No pasó nada que tú no hubieras querido que pasara niña… esa maldita voz rondando de nuevo por mi cabeza se burlaba, pero tenía razón.

Yo no me encontraba en esa situación de gratis. Yo solita me ubiqué ahí. Fui yo quien por perseguir una tonta fantasía había llegado hasta Edward, le había insistido en que me tomara como a su sumisa y me enseñara, pensando absurdamente que todo sería como lo que leía en las novelas eróticas desde el internado, deseando vivir cada uno de esos idílicos encuentros con un hombre como él.

Comencé a reírme como una demente, subiendo poco a poco la intensidad de mi risa porque en ese justo momento, después de ver hasta qué punto había llegado por perseguir una fantasía, el velo sobre mis ojos cayó y lo que tenía miedo de reconocer o a lo que le huía negándomelo, se veía más claro que nunca…

Entonces mi risa cesó. Mis sienes se humedecieron por las lágrimas que nunca noté que resbalaron de mis ojos y un amargo sabor quedó en mi boca después de tragar al encontrarme de frente con mi penosa realidad.

Si después de todo lo extraño y fuerte que Edward me había hecho experimentar yo no había salido huyendo era por algo muy obvio.

Yo sentía algo por él…

Había sido muy estúpida negándome a admitir que si no había salido huyendo de ahí era porque ese extraño sentimiento era mucho más grande que la curiosidad por conocer lo excitante que esa vida encerraba. Eso era lo que me mantenía ahí, lo que yo sentía por Edward aunque no supiera exactamente qué tipo de sentimiento era.

¿Sería cariño? ¿Por sentirme cuidada y segura después de tener sexo? Pudiera ser que esa seguridad que escasamente me brindaba fuera lo que me mantenía ahí, el saber que en algún momento dado si me portaba bien obtendría algo de lo que carecí desde mi adolescencia.

Pero no. Algo me decía que se necesitaba mucho más que solo cariño para permanecer a su lado sin importarme mucho sus castigos, las sesiones de sexo violento que si al principio me asustaban, las disfrutaba, por extraño que pareciera, ¿y la disciplina y el respeto con el que me hacía hablarle y comportarme?

Tenía que ser algo mucho más fuerte que eso y debía, necesitaba saber, determinar con exactitud de qué sentimiento se trataba y de qué magnitud era para poder tener algo en lo que basarme y poder proteger mi corazón porque aunque Edward y todo lo que lo envolvía me atrajera como un imán y me sintiera incapaz de repeler su fuerza, no estaba dispuesta a arriesgar lo único que tenía virgen todavía.

Pero… ¿Y él?

¿Por qué soportaba mis arranques de niña caprichosa, como él decía? ¿Acaso un dominante como él no tenía muchísimas sumisas como para darse el lujo de escoger? ¿Entonces porque yo?

¿Porqué me seguía teniendo a su lado enseñándome ese estilo de vida?, que francamente me era sumamente difícil de seguir, de adaptarme a él pero que ¡diablos!... me gustaba, y me gustaba lo suficiente como para olvidarme del miedo, los castigos y de lo duro que era.

Sí. Eso no era simplemente cariño, era más y eso si me asustaba pero ya me encontraba en un punto sin retorno, porque después de todas mis dudas, mis razonamientos y conclusiones, ya tenía una idea más clara de lo que era.

Me puse de pie limpiándome las lágrimas y me disponía a salir de ahí cuando los papeles sobre su escritorio llamaron mi atención.

Era el contrato.

Edward solo había guardado el de confidencialidad más no el otro.

Me acerqué y tomé su pluma. Asenté mi firma en él y en la copia a un lado. Volví a dejarlo sobre el escritorio y corrí escaleras arriba a mi habitación segura de que poco a poco estaba descubriendo quien era en realidad Isabella Swan, lo que quería, lo que necesitaba y lo que sentía.

Y con esa certeza ya descendiendo en mi alma, supe que si iba a seguir descubriendo más a fondo quien era esta aprendiz de sumisa, iba a hacerlo al lado de Edward, de nadie más.

***


EDWARD’S POV

¡Maldita sea!

Repetía una y otra vez mientras apuraba la carrera de “Tramposo”. Mi cara cortaba el viento helado al mismo tiempo que mis tobillos se clavaban el los flancos del caballo y mi fusta se incrustaba en su cuarto trasero. El animal iba a toda velocidad porque yo así se lo marcaba. Necesitaba dejar atrás toda mi furia y la obstinación de la cual sufría desde que Isabella Swan había llegado a mi vida.

Bajé la velocidad para cruzar el riachuelo y luego continué mi carrera indefinida, rodeé el pequeño bosque de altos pinos mientras mis piernas y tobillos seguían azuzando al animal a seguir la carrera. Yo solo quería correr, ir a toda velocidad, alejarme…

Estaba tan absorto en mis pensamientos que no me di cuenta que el caballo había disminuido el paso y ya iba a trote, evidentemente por un sendero que yo conocía muy bien. Jalé las riendas hacia un lado, obligándolo a ir por otro rumbo pero no me obedeció.

–¡Maldito seas! ¡Obedece!

Pero no lo hizo y me llevó hasta la mitad del claro y se detuvo de pronto, negándose a dar un paso más.

–Estúpido caballo – dije entre dientes y bajé de él.

Entonces, arrancó a correr dejándome ahí, solo, en medio del último lugar en el cual quería estar.

–¡Regresa!

Grité tan fuerte como pude.

–¡Vuelve aquí!

Pero mi sorpresa fue más grande cuando se detuvo y se paró en sus patas traseras, relinchando como si estuviera burlándose de mí.

–¡Te voy a vender como animal de carga! ¡Lárgate!

Y me obedeció…

¿Qué coño iba a hacer? ¿Volver caminando?

Bufé al recordar que una vez no hacía mucho tiempo yo mismo había dejado a una joven de cabello castaño y ojos oscuros en las mismas circunstancias y como si eso fuera poco, con un par de botas nuevas. ¡Que cabrón había sido!

Caminé hacia un árbol. Si iba a volver a pie no tenía porqué empezar a andar en ese mismo momento, aún era temprano y tenía todo el día, podía tomármelo con toda la puta calma del mundo. Así que me senté en el pasto silvestre y me quité las botas. De pronto me vi masajeando mis pies y solté un sinfín de improperios, todos por supuesto destinados a ella, por recordar que ella había hecho lo mismo alguna vez.

¿Cómo había llegado hasta ese punto? Al punto de estar tan molesto, ¿molesto? ¡Encabronado! Era la palabra correcta, encabronado conmigo por no haber podido mantener el control sobre mí al descubrir la duda en ella.

¿Acaso no era lo que Isabella quería? ¿No quería el puto contrato? Y ya que lo tenía frente a ella, ¡dudada! ¿Por qué, Isabella?

¿Dónde había quedado esa chica tímida, pero valiente que se me ofreció?

Esa chica con el rubor bañándole el rostro y que me hizo excitar con tan solo ver su fragilidad. Esa chica que se tragó sus miedos y se atrevió a acercarse a mí. ¿Qué era lo que necesitaba para entregarse por completo a mi, sin restricciones?

Tal vez estuviera actuando con cordura y se estuviera dando el tiempo necesario para pensar bien a lo que se arriesgaba si firmaba el contrato. Quizás estuviera meditando sus decisiones y hubiera llegado a la más inteligente de todas… huir de mí.

¡Carajo! Me sentía como una miseria. Como una basura de ser humano porque estaba seguro de que ella ya me había visto como lo que en realidad era, como un monstruo que se alimentaba de lujuria, de deseos oscuros e insanos. Que no podía encontrar placer verdadero de otra forma, porque eso era lo único que me llenaba, encuentros llenos de lo que a los demás podía parecerles no normal.

Estaba seguro que su indecisión se basaba en eso. Isabella había optado por hacerse a un lado y continuar con su vida. Ya no quería ser parte de la mía oscura. Tal vez había sido demasiado para ella. Me extralimité y aunque sabía que de alguna forma no me había comportado realmente como el dominante que era, hubiera sido patético de mi parte salir con esa excusa solo para que se quedara a mi lado.

Ella tenía razón en alejarse. Era una chica dulce, tierna que hubiera sido como una masa moldeable entre mis manos y nada me hubiera dado más gusto y satisfacción como dominante que de verdad poder mostrarle este mundo, enseñarle a ser lo que su interior le pedía. Isabella se merecía lo mejor y si su instinto le decía que ese no era el camino, yo tenía que respetar su decisión.

Entonces, si estaba consciente que lo mejor para Isabella era estar lejos de mí y de mi estilo de vida ¿Por qué me sentía tan jodidamente mal? ¿Por qué sentía como si al aceptarlo me estuviera privando de algo tan primordial para vivir? ¿Por qué no podía aceptar estar solo como siempre?

¿Por qué me afectaba tanto que se rehusara a firmar?

Tenía que poner en claro todo lo que estaba pasando por mi mente y también todo lo que estaba sintiendo, toda esa furia, la rabia contenida por no saber ni yo mismo que era lo que quería..

No.

Eso era un error.

Sí, lo sabía.

La quería a ella.

Junto a mí. En mi casa, en mi cama, en mis sueños, en mis deseos y en mis fantasías. La quería a mi lado, quería enseñarle a complacerme, quería cuidarla, protegerla, sí… yo quería todo eso. La quería a mi lado, la quería mía...

–¿Te escuchas, idiota?

Me reí preguntándome en voz alta y riendo como un loco.

–Cualquiera podría confundir todo esto que digo, cualquiera, menos yo.

Dije con amargura y comencé a ponerme las botas, tenía un largo camino por recorrer de regreso. Salí del claro, crucé el riachuelo y anduve un buen rato por el bosque hasta que divisé a lo lejos el club. Me apresuré y llegué a las caballerizas. Billy cepillaba la cola de “Tramposo”.

–Llegó solo – dijo confundido –. Tenía la cola llena de espigas, por eso lo estoy cepillando.

Dijo y el caballo me enseñaba los dientes. Si hubiera podido hablar seguramente se burlaría de mi.

–Cuando termines, lo encierras y no le das de comer hoy – dije serio y esa sonrisa equina desapareció, resopló y salí de ahí.

Conduje de regreso a casa; al llegar vi a Paul y a Jason junto al auto. Seguramente acababan de regresar de llevar a Isabella. Apagué el auto y cerré los ojos apretándolos fuerte antes de bajar y darme de frente con la soledad de mi casa, una que antes cuidaba celosamente y en ese momento solo se sentiría como un pesado yunque que llevar a cuestas.

Fui a la cocina por una copa y bajé a la cava por una botella de vino. Elegí una cosecha que guardaba con recelo para una ocasión especial y esa era una. Me habían rechazado e iba a celebrarlo.

Pero no debía tomármelo personal, mejor pensaba que no quería vivir ese estilo de vida. ¿No era así como se consolaba la mayoría de las personas? ¿Con un pretexto tonto?

Subí las escaleras y me dirigí a mi estudio. Ya estaba en penumbras. Me guié de las sombras de los muebles grandes y me desplomé en mi silla detrás de mi escritorio, me quité las botas y con el control remoto puse algo de música. Subí el volumen así como mis pies al escritorio y me recliné. A tientas llené mi copa y le di un gran trago al fuerte vino tinto.

Estuve ahí, escuchando música y bebiendo vino alrededor de una hora. Pensando en todo, en nada y en Isabella. La inteligente chica americana.

Quise llenar de nuevo mi copa, pero con pesar noté que ya me había tomado la botella entera. Bufé y la dejé en algún lugar del escritorio. Cuando la música se detuvo, tomé el control remoto para reiniciarla ,pero en lugar de eso encendí la luz. Me cubrí los ojos con el brazo por el deslumbramiento y parpadeé para acostumbrarme a la luz cuando vi la carpeta del contrato abierta frente a mí. Me incliné y la acerqué a mi extendiendo mi brazo. No podía ser cierto lo que veía…

Isabella había firmado.

Esa era su firma, y no solo estaba en un contrato, sino también en la copia. Sentí de pronto como un lado de mi boca se curvaba hacia arriba. Una sensación de euforia me invadió haciendo que un calor se expandiera por mi pecho. Me puse de pie y salí del estudio y con unas cuantas zancadas ya estaba en el piso superior, frente a la puerta de su habitación.

Entré sin miramientos, tenía que asegurarme…

Ella estaba dormida. Sin cubrirse con las mantas, hecha un pequeño ovillo. Al parecer la inteligente chica americana había decidido quedarse y no salir huyendo despavorida. Estaba ahí para someterse a mis deseos, a mi voluntad, para ser mía como yo quisiera.

Un fuerte tirón me golpeó en las ingles. Reconocí de inmediato qué era, pero hice uso de todo el autocontrol disponible, lo necesitaría a partir de ese momento. Aunque me causara una embolia iba a necesitar no solo dominarla a ella, tenía que dominarme a mi mismo antes que todo.

Me acerqué y me incliné para observarla. La placidez con la que dormía me cautivó y pude admirar con la tenue luz de la lámpara las líneas de su perfil perfecto. Me acomodé en un sillón cercano a su cama para mirarla. Nunca antes nadie me había inspirado a eso, solo ella.

Me gustaba verla dormir. Era algo fascinante para mí, verla respirar pausadamente, admirar su bello rostro descansar tranquilo, ver su pecho como subía y bajaba rítmicamente, esos senos que habían estado en mi boca, en mis manos… ver en su cuello como la yugular latía pulsante, incitante.

Isabella se removió y se estiró como una gatita. Disfruté cada centímetro de su cuerpo alongado, mostrándose para mi. Con extrema lentitud abrió los ojos así como sus manos que se cerraron en puños al estirarse. Parpadeó varias veces y al percatarse de mi presencia se sentó de golpe.

–¿Qué…? – bajó de inmediato la mirada –. Señor…

¿Cómo diablos había pensado que iba a poder hacerme la idea de estar sin ella? Afortunadamente ya no tendría que hacerlo, ella se había rendido a mí, se había entregado y era hora de darle lo que necesitaba de mi y de tomar lo que yo quería de ella.

–Vístete – fue mi primera orden como su dominante –. Saldremos.

–Sí, Señor.

–Estoy seguro que en el vestidor encontrarás algunos pantalones y chaquetas, ponte unos, de preferencia negros, que no estén pegados a tu cuerpo y que sean discretos. No te maquilles demasiado y hazte una coleta. No te quiero llamativa esta noche.

–¿A dónde iremos, Señor?

–Eso no debe importarte, Isabella – le dije con tono firme pero suave –. Te quiero en treinta minutos al pie de la escalera, sé puntual.

–Sí, Señor.

Salí de la habitación y me fui a la mía. Necesitaba una ducha fría porque estaba muy seguro que iba a requerir de mucho más que todo mi control esa noche.

Me sequé el cuerpo y fui a mi vestidor. Elegí un pantalón azul oscuro y un suéter negro. Casi a juego con Isabella pero mi elección no había sido por eso precisamente. Una vez listo, bajé a esperar a la mujer que por decisión propia ya me pertenecía.

***


BELLA’S POV

Me di un baño y entré al vestidor a toda prisa. Escogí la ropa como él me lo pidió y me arreglé según sus indicaciones. Mi curiosidad aumentaba con cada minuto que pasaba. Me sentía ansiosa…

El haber despertado viéndolo observarme fue una sorpresa. No era la primera vez que lo hacía pero ya no era lo mismo que antes. Yo ya le pertenecía, era suya y como tal, era lógico que analizara su posesión pero aunque fuera todo lo normal que la situación indicara, nunca dejaría de ser una sorpresa para mi encontrar a Edward Cullen estudiando mi cuerpo al despertar y abrir mis ojos.

Sus ojos verdes ya no eran oscuros y su mirada había cambiado. Ese enojo contenido había desaparecido y ahora solo había en ellos curiosidad, expectación y tal vez hasta cierto grado de suavidad. Eso asustaba un poco porque ¡Diablos!, vaya que estaba aterrada, aunque sonara ridículo después de todo el tiempo y lo que ya había vivido con él.

Quería creer que era comprensible, antes como bien le había dicho, nada me ataba ni me obligaba a él, pero las cosas eran diferentes ahora y yo estaba sometida a él por mi propia voluntad. Yo me había comprometido a ser lo que él quisiera, a ser su propiedad y le daba mi completa autorización para usarme de la forma que él creyera conveniente a sus propósitos e intereses.

¿Qué si era una tonta? Tal vez, y sobre todo después de las palabras de Max pero había algo muy fuerte dentro de mí que me impedía a no hacerlo, a no entregarme. Yo quería explorar mi curiosa sexualidad, saber, aprender y todo eso lo quería hacer al lado de Edward Cullen.

Terminé de hacerme la coleta y me miré al espejo.

¡Si!

Estaba lista para ir con él a donde quisiera llevarme.

Respira niña que esta noche dejas de ser Bella y empiezas a convertirse en Isabella.


¿Estás segura, Bella?


Claro que si, su mirada suave al observarme me lo dice… todo estará bien…

Sonreí al preguntarme y responderme a mi misma frente al espejo, lo sentí como un reforzamiento en mi seguridad, algo como el viejo mantra que las chicas y yo solíamos decir…

Mete el estómago, plántate derecha, saca el pecho, levanta el trasero y adelante…

… pero las chicas no estaban conmigo y ya nunca lo estarían.

Inhalé profundamente y salí de la habitación. Bajé las escaleras y al llegar al pie de estas, lo encontré esperándome, también vestido de colores oscuros y con esa barba incipiente que me hacía latir el corazón más aprisa y que resaltaba el color de sus ojos.

–Simplemente hermosa, y mía…

En sus labios se dibujó una sonrisa perversa, torcida y sensual; tomó mi mano y me acercó a él. Sus manos en un principio se cerraron en mi cintura pero poco a poco fueron subiendo, lentamente hasta llegar al lado de mis senos que ya estaban alertas por su contacto.

–Qué obedientes – dijo al rozar mis pezones con sus pulgares haciendo pequeños círculos sobre ellos.

–Así me gusta que respondan y así quiero que lo haga todo tu cuerpo, Isabella, toma nota.

Cerré los ojos para tratar de ocultar el placer que estaba haciéndome sentir y por el cual estaba a punto de gemir.

–Sí, Señor.

Interrumpió las caricias y del brazo me llevó hasta el auto. Me ayudó a entrar y cerró la puerta. Me puse el cinturón mientras él subía y arrancaba la potente máquina. En menos de cinco segundos ya nos enfilábamos hacia el Londres nocturno.

Edward iba a toda velocidad y rebasaba los autos que se quedaban atrás como un borrón de luz al pasar junto a ellos. Yo odiaba la velocidad y él lo sabía. Me aferré a los bordes del asiento y rogué por entrar pronto a la ciudad pero mi deseo se veía muy lejano. Edward tenía una sonrisita triunfante en el rostro. Quitó su mano izquierda del volante y la puso sobre mi muslo. Di un brinco.

–Estás muy tensa…

Metió la mano hasta llegar más allá de mi entrepierna, a mi sexo.

–Relájate.

Con suma habilidad tanteó sobre la tela y se detuvo en mi centro. Sus dedos se movían calmosos sobre mi palpitante punto y los círculos que trazaba me estaban haciendo querer retorcerme en el asiento. Instintivamente cerré las piernas apretando su mano entre ellas.

–¿Me estás negando algo, Isabella? – sonrió con ironía –. No debes hacerlo.

Dijo obligándome a abrir las piernas de inmediato para permitirle jugar en mi sensible zona. Un calor me recorrió desde mi entrepierna y me subía por el torso, por mi pecho, llegaba a mi cabeza y volvía a bajar, a una velocidad vertiginosa. Gemí.

–¿Te estoy dando mucho placer?, ¿mmm?

Mi respiración agitada y mi cerebro atrofiado me impidieron contestar rápidamente.

–Cuando te pregunto algo espero que me respondas, ya lo sabes.

–Sí, Señor.

–¿Ves que fácil?

Desde luego él siempre sabía lo que hacía y en ese momento solo estaba provocándome, haciendo que mi temperatura subiera algunos grados. Un par de minutos después, ante el calor abrasador que inundaba mi cuerpo, gemí. En ese mismo instante el sacó su mano de entre mis piernas, la puso en el volante y siguió conduciendo como si nada. En cambio yo estaba a punto de morir por combustión que cabe decir que no tenía nada de espontánea. Suspiré tranquila y hondo, reacomodándome en el resbaladizo asiento de cuero.

–Si no hubieras reprimido ese gemido mi mano estuviera aquí desde hace un buen rato, Isabella – dio un golpecito al volante –; no quiero que te reprimas ni que te guardes nada por ningún motivo, ¿entendido?

–Sí, Señor – respondí aún con la voz afectada por ese excitante momento.

Atravesamos la ciudad y yo no tenía ni idea de a donde se dirigía; completamente del otro lado, cerca de un área industrial que estaba siendo ocupada por muchos grupos empresariales construyendo espléndidos edificios de oficinas inmensos, Edward redujo la velocidad en una avenida que no parecía contar con ese bullicio típico de actividad nocturna. Avanzó un par de cuadras y dobló en una calle totalmente inhóspita. Era más bien como un callejón oscuro, solo tenía a mitad de él un foco azul encima de una ancha puerta negra y había varios tipos muy grandes que parecían guardaespaldas. En su mayoría todos vestían de negro, tal vez para pasar desapercibidos en el entorno. También habían varios autos que hacían fila para bajar a sus pasajeros justo en la puerta y que entraban con rapidez al lugar.

¿Qué hacía Edward en un lugar como ese?

Al llegar el auto hasta el foco azul, él se bajó deprisa y al mismo tiempo alguien abría mi puerta, era Dean y casi grité al verlo con ese rostro inexpresivo; no sabía que venía siguiéndonos. Edward llegó a su lado y me ayudó a bajar. Me rodeó con la cintura pegándome a su cuerpo y asintió hacia él.

–Mantente junto a mí, hablarás solo conmigo y… abre bien los ojos, Isabella…

–Sí, Señor – respondí nerviosa.

Pasamos un vestíbulo que más bien parecía un lobby de hotel con las paredes de grandes bloques de piedra clara. Tenía muebles de madera muy oscuros y sillones forrados en brocado rojo. Las cortinas doradas en lamé, ventanas de espejo y una gran y hermosa araña pendía desde el centro del techo. Algo muy sobrecargado para mi gusto.

–Vamos – me apuró –. Otro día admiras la decoración.

Entramos a un pasillo muy oscuro, estaba despejado y asomaba a un enorme salón a desnivel iluminado con luz azul. Estaba lleno, y cuando pude mirar bien, inhalé dejando el aire en mis pulmones sin poderlo soltar.

–Respira, Isabella – sentí que apretó su abrazo alrededor de mi cintura y yo parpadeé varias veces abriendo bien grandes los ojos para asegurarme de estar viendo correctamente –. Respira.

Solté el aire contenido y señalé incrédula – Ellos, ellos…

–Sí, estás viendo bien, Isabella, están encadenados – dijo gritándome un poco para que lo escuchara por la fuerte música.

Mujeres, y hombres también, tenían cadenas colgando de sus cuellos como mascotas, y muchos estaban sentados al lado de sus parejas pero otros estaban arrodillados junto a ellos en el piso. Algunos eran acariciados en la cabeza y otros estaban solo ahí, esperando alguna instrucción.

La mayoría de las personas estaban vestidos en cuero negro, rojo y algunos en blanco. Los encadenados apenas llevaban un taparrabos ellos y bragas ellas, unos descalzos y otros no. Las cadenas colgaban de sus cuellos unidas a collares, con púas, lisos, con tachas, y de diferentes colores pero todos parecían de cuero.

Un temblor recorrió mi cuerpo y miré aterrada a Edward que no dejaba de observar ni por un segundo mi reacción.

–¿Qué... qué hacemos aquí? – apenas pude articular mi voz para preguntar con miedo.

–Este lugar servirá como parte de tu educación, pero tranquilízate que solo venimos a ver…

Me estremecí cuando nos dirigimos a una esquina con una pequeña mesa de café desocupada.

–¡Hey! ¡Cuánto tiempo! – un tipo con pantalón de cuero negro y un chaleco sin camisa saludó a Edward, tenía un cuerpo magnífico –. Creí que te tenían amarrado a una cama.

Edward rió y apretó la mano del hombre –¿Cómo estás, Harrold?

–Muy bien, ya te extrañábamos por aquí – me sonrió y le sonreí de vuelta, parecía agradable después de la primera impresión.

–¡Isabella! – me reprendió y bajé la mirada inmediatamente.

–Oh, nueva sub eh… – dijo Harrold comprensivo –.¿Primer día?

–Sí. Cuéntame, ¿cómo ha estado todo por aquí? – Edward cambió muy obviamente el tema. El hombre entendió.

–Ya sabes, sin grandes novedades, miembros nuevos y otros que hacen todo el procedimiento y luego descubren que no es lo suyo, uno que otro Dom o Dommie con la mano pesada, algún sumiso rebelado… algunos accidentes, lo normal.

–Lo de siempre – vi de reojo que Edward asintió y que Harrold no me quitaba la mirada de encima.

–¿Quieres que te separe algún cuarto? – inquirió alegre.

–No, gracias, solo venimos a ver, ¿hay algo especial para hoy?

–La oficina con algunos principiantes, el calabozo y algunas técnicas de Shibari, empiezan en quince minutos – mi estremecimiento aumentó –. Tengo que ir a dar mi rondín, fue bueno verte, Edward.

–Lo mismo digo Harrold – se despidieron y nos sentamos en la mesa apartada del rincón.

Respiré tranquila a ver que Edward no tenía intenciones de hacerme arrodillar a su lado y si me lo hubiera pedido no hubiera podido hacerlo, no. Por ningún motivo. En lugar de eso me sentó junto a él sin separar su brazo de mi cintura. Era todo tan surrealista que aún miraba hacia todos lados tratando de convencerme de que lo que tenía ante mis ojos era real.

En una mesa cercana, una Dommie jalaba de la cadena a su Sub y este se restregaba en su pierna como un gatito ávido de caricias. Ella le dio una fuerte nalgada y él se quedó muy quieto mientras ella platicaba con otra Dommie que tenía a una Sub mujer y que le daba aceitunas en la boca.

Por lo que veía, ahí las relaciones no eran solo hombre-mujer sino de todo tipo de combinaciones, hasta había Doms o Dommies con dos o más sumisos. Estaba sorprendida por todo eso y sobre todo porque para ellos era tan normal… Desde luego, también los tipos de Doms y Subs eran variados. Así como había quienes llevaban al extremo su dominio, había otros que no eran tan aplicados pero que se notaba claramente su veta dominante y otros como Edward y yo, que parecíamos una pareja normal, hasta que él abría la boca para ordenar o regañar.

–Como ves, Isabella, estamos en un club BDSM. Uno verdadero, no como el Nasty que solo es un infructuoso intento de club Dark – rió.

–Esto sí es de verdad, y todo lo que verás aquí es cien por ciento real. Nada es actuado. Si ves que atan a alguien es de verdad, si ves que azotan a alguien es de verdad y si ves algo más… por supuesto que también es real.

Asentí nerviosa mientras sus palabras hacían click en mi cabeza. Me sudaban las manos y estaba inquieta. No sabía qué esperar con todo lo que me había dicho, si con solo ver como Doms y Subs se paseaban por ahí encadenados… ¿cómo estaría en un rato más?

Intentaba no parecer una novata curiosa, tratando de no ser muy obvia y mirando todo y a todos con discreción pero no me era posible y menos con la mano de Edward que había subido por mi espalda y estaba en mi cuello, haciéndome minúsculas caricias en la base de mi nuca poniéndome muchísimo más nerviosa de lo que ya estaba.

–¿Quieres tomar algo? – su voz me interrumpió de mis observaciones.

–Por favor, Señor – dije con todo el respeto posible –. Agua estaría bien.

Levantó la mano y una mujer vestida de látex brilloso se acercó. Todo su cuerpo estaba cubierto menos sus generosos senos que tenían unos aros que atravesaban sus pezones y de ellos colgaban unos más pequeños .

¡Señor! – exclamó con sorpresa pero bajó la mirada al instante –. ¿Le puedo traer algo de tomar?

¿Señor? ¿Y esa actitud? ¿Qué acaso no era yo la Sub de Edward? ¿Tendría más y esa chica era una de ellas? ¿Porqué no me lo había dicho? ¡Que descaro de hacérmelo saber de esa forma!

–Agua y…

–Y un whisky en las rocas – se apresuró la chica brincando con todo y su par de enormes senos decorados.

–Bien, Olga, apresúrate.

–Sí, Señor – y se fue veloz por nuestras bebidas. Miré de reojo a Edward, tenía esa sonrisa en la cara y sus dedos seguían acariciando mi cuello.

–Si tienes preguntas hazlas, estamos aquí para que tengas una idea clara de cómo es el mundo al que has entrado, Isabella.

–¿Ella también es su sumisa, Señor? – pregunté sin perder tiempo, quería saberlo ya.

–¿Te molestaría si así fuera?

Inspiré profundamente, tragándome lo ofendida que me sentía al saber que no era la única, que tendría que compartirlo, que no era solo mío…

–No, Señor.

–Espero que te haya quedado muy claro que la honestidad es básica entre nosotros, si no hay eso, no hay nada – me advirtió e hice a un lado mi orgullo y lo engañada y ofendida que me sentía.

–Sí, sí me molestaría, Señor – admití avergonzada.

–¿Por qué?

Jalé aire un par de veces con los ojos cerrados y finalmente respondí con la verdad.

–Porque no me gusta compartir.

Edward rió entre dientes y me acercó a él, besando mi coronilla suavemente.

–No tendrás qué hacerlo, Olga no es mi sumisa – aclaró –. Ella está aquí para servir a quién se lo pida, es un aprendiz como tú.

Me congelé en ese segundo.

–Yo… yo… ¿tendré que hacer eso?

–No. Tú me perteneces, yo decido como educarte y no tengo intenciones de hacerlo de esa forma. Yo suelo ser más, persuasivo…

Olga llegó en ese momento; Edward me dio el vaso en las manos – Bebe despacio – él tomó su vaso con el líquido ámbar y se lo llevó a los labios.

Casi toda la mayoría de los que ahí estaban tenían pareja. Había alguno que otro u otra solos que caminaban entre el salón aglomerado. La música sonaba y muchos bailaban muy eróticamente. Tocaban sus cuerpos y se frotaban entre ellos. Mi boca se abrió enorme y mi quijada cayó hasta el suelo cuando en plena pista de baile un hombre follaba a una mujer con los dedos. Estaban tan concentrados en moverse al ritmo de la música que parecía no importarles todo lo que los rodeaba. Ella arqueada hacia atrás mientras él la sostenía por la cintura y con la otra mano bombeaba en su interior. Tenía el rostro extasiado y no podía escucharla pero podría jurar que jadeaba y gemía con todas sus ganas.

Aparté la mirada pero lo que encontré fue algo igual o peor. Una mujer de cabello rojo estaba recostada en un sillón completamente abierta, no tenía bragas, solo unos zapatos altísimos y un brassiere de látex negro con tachas plateadas. Su sexo brillaba humedecido por su excitación y otra mujer, una rubia, estaba hincada entre sus piernas y pasaba su lengua por todo su centro. Cuando se separaba de ella sus dedos continuaban estimulándola.

Mi respiración se agitó un poco y de pronto sentí mucho calor. Tomé más agua y con una servilleta me limpié el sudor que perlaba mi frente. Estaba nerviosa, tensa y cuando me di cuenta, noté que mis piernas estaban cruzadas con fuerza. Sentía mi sexo, latir…

–¿Sucede algo? – su voz aterciopelada me preguntó al oído. Tenía que responder.

–Yo… solo tengo mucho calor.

–¿Por algo en especial, Isabella?

No. No podía ser que ver eso me excitara, era imposible, no. Lo miré angustiada, porque así me sentía y le dije…

–No, no sé – respiraba más profundamente, tenía que calmarme porque yo sabía que esa idea no podía ser cierta.

–No quiero que tengas ataduras, Bella, tu cuerpo siente, desea, déjalo ser, libéralo…

Tomó mi barbilla y se acercó a mí. Sus labios chocaron contra los míos y su lengua entró en mi boca, dominándola en un beso salvaje, rudo, con mucha más de la intensidad necesaria para hacerme olvidar de todo a mi alrededor, justo como esas parejas lo hacían y se entregaban. Sentí una presión en mi seno y mis pezones enseguida se irguieron duros como rocas, él metió la mano bajo mi chaqueta y lo tocó más directamente. Mis pezones estaban tan sensibles que parecían no sentir la tela sobre ellos, Edward tampoco y atrapó uno entre sus dedos rodándolo dolorosamente.

Gemí y su lengua atacaba la mía arrasando con mi cordura, haciéndome disfrutar ese dolor en mi pecho que se incrementaba cuando lo jalaba. Me pegué más a él y me froté sin inhibiciones contra su cuerpo. Subí mis manos por su pecho y rodeé su cuello.

–Manos abajo – dijo casi dentro de mi boca, lo obedecí renuente.

Volvió a introducirse en mi boca y despacio bajó la intensidad del beso, permitiéndome regular mi ritmo cardiaco y mi respiración.

–Eso es…

Susurró a mi oído con voz ronca. Su mano regresó a la base de mi nuca con su ligero pero insistente masaje y se alejó de mi. Bebió el último trago de su vaso y yo hice lo mismo. Se puso de pie y me extendió su mano que tomé sin dudar. Mi cintura volvió a rodearse de su brazo y caminamos hasta unas amplísimas escaleras con barandales labrados de cantera y los escalones cubiertos de una alfombra roja que parecía nueva. Subimos y había un grupo de gente detenidos observando algo, como si estuvieran en un museo haciendo el recorrido.

–Mantente callada y si tienes alguna pregunta, hazla lo más discreta que puedas, no queremos interrumpir.

¿Interrumpir qué cosa exactamente?

Nos abrimos paso entre la gente con sus cadenas hasta casi llegar a una ventana muy ancha de cristal. Parecía como si fuéramos a ver un teatro guiñol solo que no había escenario, solo una pared de piedra, las cortinas rojas y colgaban del techo algunas cuerdas sujetadas por ganchos. Un hombre vestido solo con pantalones de cuero, un collar como de perro en el cuello y puños de cuero también en las muñecas, salió y asintió solemnemente con la cabeza hacia todos los que observábamos.

–Bienvenidos. Soy el instructor Baruc y esta noche haremos unas demostraciones básicas de Shibari.

Extendió el brazo y una chica completamente desnuda se paró junto a él. Otro hombre acercó una mesa y le dio una cuerda perfectamente bien atada.

–Como ustedes saben, esta refinada práctica erótica nació en Japón, y es erótica por la relación que se desarrolla entre el dominante y el sumiso al momento de hacer las ataduras que van desde las más sencillas como atar las manos o los pies, hasta grandes encorvamientos que resultan verdaderas obras de arte y que reafirman la relación por el grado de confianza que debe existir y que aumenta entre ellos conforme se practique. Las sesiones con dominantes experimentados pueden durar horas, brindándoles a ambos el tiempo para explorar sus límites.

Mientras hablaba, el instructor Baruc hábilmente rodeaba el tronco de la chica desnuda con la cuerda y la tejía al ir pasándola por sus senos, luego por su cintura, la bajó hasta sus genitales y por último acordonó sus nalgas.

Edward me puso delante de él y sus manos estaban alrededor de mi cintura. De ellas manaba un calor sofocante que llegaba hasta mis pies.

–Mueve tus caderas hacia atrás y hacia delante, Claudia.

La chica que parecía estar en trance durante todo ese tiempo obedeció la orden sin abrir los ojos. La cuerda que cruzaba por su sexo hacía fricción sobre él y ella gimió inevitablemente, obteniendo por respuesta varios gemidos más del público que hasta ese momento se había mantenido en silencio.

Yo comencé a respirar por la boca cuando Edward se pegó a mí dejándome sentir su erección contra mis nalgas. Sus manos acariciaron mi abdomen, calientes, grandes, mientras me imaginaba atada con una cuerda que pasaba también frotándose contra mi sexo húmedo. Eché la cabeza hacia atrás sobre su pecho y gemí.

–No te distraigas.

Me regresó de mi fantasía para ver a otra chica completamente atada en un bello tejido con una cuerda azul y que iba a ser colgada de los ganchos. Abrí los ojos desmesuradamente.

–Va a dolerle – susurré a Edward.

–El dolor es parte del placer, Isabella, lo aumenta – me respondió tranquilo mientras yo veía el rostro contorsionado de la chica que estaba elevándose del piso.

–Recuerden que siempre hay que tener unas buenas y afiladas tijeras a mano. Los sumisos experimentan sensaciones que ni ellos mismos pueden explicarse y se dejan llevar, por eso, un buen dominante siempre está al pendiente y al cuidado de su sumiso, nunca por ningún motivo y bajo ninguna circunstancia lo deja solo mientras está atado.

–Yo nunca te dejaré sola mientras te tenga atada, Bella, nunca…

Edward dijo contra mi cuello y tuve que asirme a sus manos en mi vientre, me cuidaría, me protegería… ¡Un momento!

–¿Me vas a atar? – mi voz angustiada dejó ver mi preocupación.

–Sí.

–Pero…

–¿Cuál es el problema? Tú confías en mí.

Asentí titubeante y apreté mis manos sobre las suyas, si. Yo confiaba en él.

El instructor Baruc no mantuvo a la chica mucho tiempo colgando del techo, para alivio mío. Agradeció y los observadores y el grupo se dispersó. Unos fueron hacia la derecha y otros hacia la izquierda como nosotros. A unos cuantos metros, una mujer de piel morena me miraba y de pronto desapareció entre las cortinas.

Nos detuvimos frente a otra ventana de cristal, ésta un poco más ancha. Tenía las cortinas corridas y no se podía ver nada. Edward se colocó de nuevo detrás de mi.

–Lo que veremos, es una escena representativa del BDMS y como todo aquí, se basa en la confianza y en la honestidad.

Asentí y puse mis brazos sobre los suyos.

–Brazos abajo – ordenó y tuve que obedecer muy a mi pesar.

–Eso es.

Se abrieron las cortinas y sobre un escritorio se encontraba una chica atada de manos en la espalda y los tobillos en un nudo tipo Shibari largo y perfecto que llegaba hasta medio antebrazo y un poco más arriba de los tobillos. La chica tenía una falda tipo tubo rasgada que le dejaba el trasero desnudo y al aire. El hombre detrás de ella iba vestido con un elegante traje gris y parecía todo un ejecutivo de éxito.

Miré a Edward y el me sonrió.

–Así que no tuviste listos mis balances a tiempo, ¿no? – rugió el hombre representando muy bien su papel de ejecutivo enojado.

–Perdóneme, Señor, le prometo que no vuelve a ocurrir – respondió ella.

–No puedo pasar esto por alto…

Y el hombre golpeó en una de sus nalgas fuertemente con una regla de metal. Ella gritó y se arqueó pidiendo perdón de nuevo. El tipo azotó la otra nalga dejando la marca del instrumento metálico en ambos glúteos.

Al ver esos golpes contra su blanda carne me estremecí, recordando los que alguna vez recibí prácticamente de la misma forma. El enfadado hombre tomó otro instrumento, esta vez un látigo de castigos y lo golpeó contra sus nalgas, un golpe por cada una. Ella gritó y pude ver su desesperación mientras enfrentaba cada azote, le dolía y el tipo parecía golpearla cada vez con más fuerza. La chica lloraba y al nublarse mi vista me di cuenta que yo también lo hacía.

Otro grito más fuerte aún salió de su garganta cuando fue azotada con una fusta que tenía un pico en la punta, reventando su piel, su carne de una forma salvaje. La chica gritaba No y las lágrimas fluían por borbotones de sus ojos.

–Haz que pare. ¡Haz que pare! – dije entre dientes y lo más bajo que pude aguantándome toda mi propia rabia y dolor.

Edward me alejó del grupo de observadores; unos veían el espectáculo embelesados, otros indiferentes y solo yo, sufrí al presenciar y recordar ese desagradable episodio.

–¡Haz que pare! – volví a pedirle al seguir escuchando a la chica –. Por favor…

–No puedo hacerlo – tomó mi cara entre sus manos –. Es una escena, Isabella. Ella está de acuerdo, ella sabe como detener todo si lo desea, tiene sus palabras de seguridad, así como tú tienes las tuyas.

Yo negaba con la cabeza. ¿Cómo podía ser verdad que ella quisiera ser azotada de esa manera?

–Ven.

–No quiero verlo.

–Respira y ven. No quiero repetirlo otra vez – dijo visiblemente enojado jalándome de la muñeca.

No me resistí. No quería acabar en el lugar de la chica cuando volviéramos a casa. Así que me enjugué las lágrimas y me paré de nuevo frente al cristal. Pegué mis brazos a los costados de mi cuerpo y me obligué a mirar.

El hombre follaba a la mujer sobre el escritorio mientras le azotaba con la regla de metal. Ella se retorcía contra él en cada embiste y parecía que Edward tenía razón. Lloraba pero su cuerpo respondía al asalto de su agresor aunque su mente le dijera lo contrario.

–No te corras, no lo harás hasta que yo te lo ordene – le ordenó y reconocí ese sentimiento de impotencia. El hombre terminó, corriéndose en ella y cuando estuvo relajado, salió de su cuerpo y entonces le gritó…

–¡Córrete, ahora!

Con dos azotes de sus manos en las nalgas la chica se corrió de una forma inconcebible. Gritaba extasiada y su cuerpo temblaba en espasmos que casi la hacían levantar del escritorio. Ese orgasmo parecía interminable y cuando el cuerpo de la chica dejó de temblar, un fuerte aplauso resonó en todo el piso de parte del entusiasta público.

–¿Ves? Ella lo disfrutó. Ella confía en su Señor, Isabella…

Puso su mano en mi espalda baja y me guiaba hacia otra ventana y me angustié. No quería ver más, no por el momento.

–Por favor, no más. Vámonos – le pedí en bajos susurros y me miró serio.

–Está bien. Nos vamos pero te advierto que volveremos, tenemos muchas cosas que ver todavía.

Bajé la mirada, agradecida por haberme concedido ese favor. De la mano caminamos a las escaleras; al llegar abajo, esa mujer morena que me observaba un rato antes se acercó caminando de una de las formas más sensuales que yo haya visto en mi vida.

Llegó junto a nosotros y tomó el rostro de Edward entre sus manos, plantándole un beso en los labios.

–Edward, cuanto tiempo…

Creí que Edward se alejaría o la rechazaría pero me equivoqué. La abrazó fuertemente y rozó con los suyos los labios de esa mujer.

–Vera, te he extrañado…*






*

*

*

Hola Nenas! Todo lo que puedo decir es… perdón por el retraso. =(
Pero ya estoy aquí y espero que les haya gustado el capítulo.
Quiero hacer una mención especial para mi Gurú-Sensei Lolisgof que sin su ayuda este y los futuros capis no tendrán ese toquecito perverso. Lo, mil gracias!
Un abrazo enorme a todas por su paciencia y a Isita y a mi Cari adorada… otro + grande.
Nos vemos pronto…
Besitoo
Li



26 comentarios:

  1. MIL GRACIAS mis niñas por cada comentario, mensaje y minutos de espera. De verdad, me hacen muy pero muy feliz… las quiero, lo saben…
    Besitoo
    Li

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  2. OMG nena me haz dejado cn el ojo cuadrado, la vedad esqeste capitulo fue sumamente ilustrativo, creo q no solo Bella se sumergio en este mundo desconocido, si no tambien nosotras, uff q calor.
    La verdad esq al principio dl capitulo yo estaba muy angustiada, ninguno d los 2 sabe lo q siente y eso hace q todo sea todavia mas confuso, muñeca tu si q sabes como hacer una buena trama. ¿Quién es Vera? Waaaaaaa me dejas cn una duda tremenda, esto cada vez se pone mejor, pobre Bella, presiento q en el prox. capitulo va sufrir bastante.
    Como siempre, espero q este super bn, t mando un beso y un abrazo y nos seguimos leyendo!!!!!!

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  3. nena no necesitamos a ninguna vera verdad? jajajajjaja lo dicho bella debe hacer ajustes en su contrato BELLA NO COMPARTE Y NOSOTRAS NO QUEREMOS QUE LO HAGAAAAAAAAAA...besitos preciosa, jajajjaj espero q si puedes actualices antes te echamos de menos...

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  4. wow ke capitulo!!! super interesanteee y bueno creo ke bella tiene competencia, hay ke coraje ver ke a "tu señor" lo bese otra vieja!!!

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  5. Hay me encanto este cap , se demoro pero valió la pena , me dejo sin palabras ...y esa vera ,jum eso me huele a que algo va pasar , y algo no muy bonito , bueno te seguire leyendo y ojala actualices pronto

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  6. Excelente capitulo, complicado tambien porque ni Bella ni Edward saben lo que siente y ellos saben que sienten algo mas que bueno lo que hacen ahora asumir los roles de Dom y sumisa... Aunque el contrato esta tambien bastante estricto, Algo que me mato fue la parte donde Edwaard Observaba a Bella dormir ese momento me parecio tanto a Twilight*-* que por un momento fue tierno, hasta que abrio su boca y le mando... Soy sincera ¡Que horrible! el lugar por lo que lo describes es demasiado para mi aterrador en cierta parte donde tienen atados a los Sumisos o Sumisas, me parece una exageracion... Lo bueno es que Edward no lo usara con Isabella, aunque la parte donde le dijo que la iba a atar con cuerdas fueee PFF*-* de ataque.... Estoy deacuerdo con Bella sobre lo que no le gusta compartir, es que una Sumisa no puede poner condisiones aunque practicamente Bella las puso que fue que ella no compartia y perdonenme por lo que dire pero ¡QUE HIJO DE SU MAMA :@! Me dio una rabia al leer lo ultimo, ¿como la puede besar al frente de Bella? es que tambien le puede prohibir que sienta celos... aparte Edward dice que la necesita con ella que ella es solo de el pero El era practicamente solo de Bella... Nose por lo que me dan a entender...

    Li ame el capitulo como cada que escribes aunque me hiciste sufrir bastante tiempo :c Besos & sigue así porfavor dime que actualizaras el proximo Martes mira que me muero :c

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  7. impresionante el capítulo Li, valió la espera, te lo aseguro, bueníiisimo!!!!!!!!!!!!!!!

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  8. Rayos y mas Rayos.... pobre de Edward esta tan asustado por el amor que siente por ella y tan enojado por que le cuesta reconocerlo que hombre mas necio poe eso es tan duro con bella... Bellita ten paciencia ese hombre ya es tuyo vas a tener muchos dolores de cabeza pero l final sienpre vale la pena...... Li felicidades te la comistes con este capitulo.. muy feliz que ahora si te puedo comentar.. saluditos desde Venezuela.. ah y x si insistes con lo del blog mi correo nybeltran25@hotmail.com

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  9. Y MAS O MENOS QUIEN ES LA TERCIA DE VERA!!!??? GRRRRR!!! PQ LA EXTRAÑA PQ LA BESA???
    CON UN DOM COMO EDWARD DONDE FIRMO???? JEJEJEJE DIOS BENDITO BELLA LO QUE TE VIENE NO ES CUALQUIER MELON JAJAJAJA...gracias LI POR EL CAPITULO AMIGA!!!

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  10. ooooooo es genial el kapi, dios hay tanto k aprender y ver, k no lo puedo creer, y joder k forma de salir de ese club, creo k a bella en vez de darle un atak de ansiedad por ver a esa pobre chika siendo castigada, le dara pero de ver como esa tipa besa a eddy y como el le corresponde el beso...... k cabrooooooón!!!!!
    gemial felicidades niña, esta de poka y no t nos pierdas tanto....
    karlita carrillo cullen

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  11. Hola nena tranquila a la final valio la pena tanta espera porque el capitulo esta genial ,me encanto aunque no vi bien eso de Vera .¿QUIEN ES ELLA Y PORQUE BESO A EDWARD'?....Besos nena,cuidate...

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  12. FANTASTICO Li, es espectacular este capitulo, se que te lo has currado mucho y se nota cari, toda la información, las imagenes ... me gustan los sentimientos de los dos pero no me gusta nada la tal "Vera" estupida con que derecho le besa jaja ... claro que la entiendo, no se pudo resistir y pq el la ha extrañado?????????????? ufff
    Espero el próximo cariño, cada vez me enganchas mas con tu historia. Un besazo enormeeeeee

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  13. oh x jesus li me mataste ..demaciado buen capitulo te lusiste jeje..lo ame y ame la parte del tramposo lindo caballito jeje q al x edward lo amo pero aveces hay q molestarlo un poco y bueno con lo del club.ja desiara a un edward al lado mio como lo tenia bella ... jeje
    lo ame ..y ni q decir d las imagenes jeje si ya soy mega kinky y q jeje asi es mas divertido... en fin ya quiero ver quien es la perra q lo besa y puto edward ...mmm
    xoxo maddy

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  14. omg este capitulo super interesante, ya ninguno sabe lo que siente ya hora el contrato me encanto. gracias li, sigue para el proximo, ya quiero leer quien es VERA y como va a seguir siendo esta relacion

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  15. que es esto,disculpen mi ignorancia.No entiendo de que se trata.

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  16. Sagrado Batman! de verdad no tengo alma de sumisa, pero por Edward LO HARIA! no me quiero imaginar estar en el lugar de bella estando en ese club... Li, explicanos quien esa VERA???, y que hace besando a nuestro dominante y para colmo edward no la rechaza,uchhhh me dio rabia la mujer esa...

    Me gusta mucho las fotos, porque de verdad crean mejor el contexto de este fic, Gracias Li por esta historia, nosotras tambien te queremos amiga, un abrazo fuerte desde Venezuela.

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  17. Li, soy de tus seguidoras con mas paciencia y que nunca te meten prisa, pero ¿oye te pasa algo? ¿por que no actualizas? me muero de las ganas de saber quien es esa tipa!!!!!

    besos

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  18. Liiii te necesitamos, ya se que estás muy liada pero no nos olvides vale??? Y si necesitas ayuda...ya sabes donde estoy. Besotes

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  19. PLEASE, NO NOS OLVIDES ESTAMOS ESPERANDO TODOS LOS DIAS

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  20. ke onda?? te encuentras bien??? espero ke asi sea, se te extraña y mas extrañamos al nuestro señor!!! saludos

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  21. HOLA LI tu historia me encanta pero porfa no te olvides de actualizarla, es un poco frustrante no saber quien es esa tal vera. PORFA NO NOS OLVIDES

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  22. LIII, Espero que te encuentres bien...

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  23. bien , ahora si ya me preocupé, soy de la idea de no presionar y ese tipo de cosas , considero ke cada capitulo requiere de tiempo, y de seguro tienes muchisimas cosas más ke hacer, pero creo ke nunca habias tardado tanto en actualizar, asi ke estoy, o mejor dicho estamos preocupadas, por favor da señales de vida!! espero ke te encuentres bien, saludos xoxo

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  24. lo mismo digo, Li, da señales de vida!!!!!!!!!!!1

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  25. Li espero q actualices pronto...me encanta la historia y me quede intrigada x saber quiene s la tipa que besa a edward
    porfavor no nos hagas esperar tanto

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  26. Hola espero subas pronto me entra la historia
    Ya quiero ver quien es esa y por que la besa bella ponte seria heee

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