martes, 25 de octubre de 2011

CAPITULO 20

Detrás de mi ventana.

“No pretendas apagar con fuego un incendio, ni remediar con agua una inundación.”
Confucio.

BELLA’S POV

Tenía la cara enterrada en la almohada, la giré para respirar y no sofocarme pues ya llevaba un rato en esa posición. Extendí el brazo y encendí la lámpara de mi mesita de noche; me coloqué boca arriba pero de inmediato regresé a mi posición anterior frotándome delicadamente el trasero.

Suspiré y unos minutos después fui a la cocina a prepararme un té. Me lo tomé con mucha calma mientras miraba por mi ventana como llovía. Cuando llovía fuerte, toda la suciedad de las ventanas, de los autos y de la calle se limpiaba; los animales aprovechaban la lluvia, como los pajaritos que se acicalaban con el agua que se acumulaba en las fuentes. El agua bañaba todo, lo limpiaba, lo purificaba…

Dejé mi taza escurriéndose de cabeza después de lavarla para que se secara bien y fui a mi vestidor por un par de calcetines. El clima ya estaba muy frío y odiaba que se me congelaran los deditos de mis pies. Siempre había odiado eso, así que los froté muy bien antes de ponerme mis descoloridos calcetines y me metí bajo las sábanas y mi calientito edredón de plumas. Me sentía tan bien así arropada y segura, que me parecía increíble todo lo que había vivido durante las últimas veinticuatro horas.

Después de soportar la indiferencia de Edward por algunos días, por fin me pidió que subiera al cuarto de juegos y lo esperara ahí. Estaba que gritaba de felicidad porque ya dejaría atrás toda esa insistencia, esa presión que ejercía para que yo le dijera algo que no tenía la menor importancia porque ni siquiera estaba segura que hubiera ocurrido, lo único que importaba era que él volvería a ser el mismo y que yo estaba deseosa de complacerlo en todo.

Me cambié con rapidez y corrí a esperarlo. No tardó mucho en aparecer. Yo estaba ansiosa, feliz, expectante y con muchos deseos de agradarlo. Extendí mis muñecas para que las atara con los pañuelos pero prefirió esposarme directamente a la mesa. Mis ojos como siempre, los cubrió para hacer más delirante el momento, al menos así era como yo lo sentía y entonces, todo comenzó…

Mi calor derritió los hielos con los que jugó por todo mi cuerpo, mi cuello, mis senos, mi torso, hasta el centro de mi deseo fue víctima de la frialdad que me prodigaba Edward; me tomó con fuerza, con rudeza, satisfaciendo una necesidad apremiante que yo también sentía con la misma fuerza y que imploré para que acabara con ella, liberándome.

–Edward, Señor

–¿Qué quieres, Isabella?

–Más, más por favor, necesito más… – supliqué.

–Yo también necesito más Isabella, quiero más, te quiero completa, quiero todo…

Silencio y abandono fue lo que me envolvió después de oír esas palabras. No dijo nada más, solo lo escuché gruñir al salir de mi cuerpo dejándome un vació devastador.

Seguramente entre mi desesperación no había entendido bien, me había confundido. Sí, eso había sido porque yo sabía muy bien que los hombres como él no amaban. ¡Que tonta! Pensando en eso como si no supiera que Edward Cullen no necesitaba amor. Él necesitaba control y siempre había sido muy claro en eso.


Necesito más.


Quiero todo…

–Será mejor que lo pienses bien, Isabella porque si te mantienes así, las cosas podrían resultar muy desfavorables para ti.

Yo lo escuchaba perpleja y temblando de necesidad, dándole mil vueltas a sus palabras, pensando a qué se refería exactamente con eso.

–Seré más estricto que nunca, Isabella – dijo mientras abría las esposas de mis tobillos.

–Y si quieres saber en realidad qué significa ser una sumisa en toda la extensión de la palabra, te aseguro que lo averiguarás.

Abrió las esposas liberando mis muñecas pero no quitó el pañuelo de mis ojos.

–Así estarás a partir de este momento, desnuda, a menos que te ordene lo contrario.

Escuché que se dirigió a la puerta y habló de nuevo.

–Limpia todo esto y cuando termines, ve a mi habitación. Date prisa.

Salió de ahí dando un portazo y lentamente me senté en la orilla de la mesa. No podía dejar de temblar y no solo era por sus palabras. Hacía mucho frío y yo estaba no solo desnuda sino también mojada e insatisfecha con un orgasmo en la puerta que hacía latir mi sexo y sabía que solo bastaría apretar mis piernas y moverme un poco sobre la mesa y ¡Puf! Un problema menos; pero no lo haría, eso sería tentar al diablo y ya había tenido mucho que ver con él durante las últimas horas.

Me quité el pañuelo de los ojos y parpadeé mientras me acostumbraba a la poca luz que había. Miré alrededor de la mesa y mi bonito baby doll estaba todo cortado y tirado en el piso. La mesa estaba mojada y el piso también ya que Edward había tirado el recipiente donde tenía los cubitos de hielo.

Con cuidado para no resbalarme bajé de la mesa y salí del cuarto de juegos, necesitaba ir a mi habitación y ponerme algo encima para bajar a buscar con qué limpiar y secar todo.

–¿A dónde vas?

Me quedé paralizada a medio pasillo al oír su voz pero estaba desnuda y preferí darle la espalda y no girarme para que me escudriñara de pies a cabeza y me hiciera sentir peor.

–Voy a ponerme algo encima, no pretenderás que baje así.

–Precisamente eso quiero, Isabella.

Sentí como se iba acercando a mí y avancé unos pasos pero me tomó por el brazo y me hizo girar quedando frente a él.

–Te lo dije hace un momento y te lo vuelvo a repetir, te quiero desnuda todo el tiempo.

–¿Pero y Harriet? ¿Y Dean, Paul y los demás? – pregunté escandalizada, ¿qué pretendía, que les diera a todos un espectáculo?

–Por el momento no hay nadie más aquí, todos se han ido y no volverán hasta el lunes, estamos solos…

Mi piel se erizó al escucharlo.

–Solo te recuerdo que si te ordeno algo debes obedecerme sin replicar. Y apúrate que tengo sueño y ya quiero dormir.

Soltó mi brazo y regresó a su habitación. No podía creer que estuviera haciéndome eso. Todo porque solamente no tenía un control total sobre mí. Y yo que llegué a pensar que tal vez no fuera tan malditamente soberbio y arrogante…

Muriéndome de frío, bajé deprisa a la cocina. Encontré un trapeador y algunos trapos para dejar todo limpio y seco. Subí casi corriendo porque el piso de mármol estaba helado y al menos en la planta alta los pisos eran de madera en las habitaciones o estaban alfombradas y mis pies no sufrirían tanto. Una vez que terminé y dejé todo como me lo había ordenado, ya había entrado un poco en calor. Fui a mi habitación y no me importó si Edward me estaba esperando, necesitaba un baño y lo iba a tomar.

El agua caliente calmó un poco mi tensión; hubiera querido quedarme horas bajo en agua pero tampoco era una insensata y mi instinto de supervivencia me hizo apurarme. Me puse crema en todo el cuerpo y arriesgándome a un castigo, me envolví en una bata de baño. Con algo de miedo y un poco renuente, fui a su habitación y toqué despacio a su puerta.

–Pasa.

Dijo con voz fuerte y entré.

–Te demoraste mucho.

Estaba sentado en la orilla de la cama con unos papeles en las manos y no levantó la mirada de ellos. Tenía solamente unos bóxers y una camiseta gris pero al menos tenía algo encima mientras yo solo me cubría con la bata que suplicaba por dentro no me hiciera quitar. Me tuvo unos minutos de pie y mi paciencia iba a comenzar a traicionarme hasta que lo escuché decir…

–Ordena estas carpetas y las demás que están sobre la mesa, cuando termines, apagas la luz y te acuestas en silencio.

Indicó parco apuntándome el sillón en la salita de la habitación mientras se acomodaba en su cama dándome la espalda. Casi doy un grito al comprender su orden. ¡Me mandaba a dormir al sillón!

–Recuerda que te quiero desnuda, así que fuera bata.

Inconforme pero sin más remedio me despojé del único material que me protegería del frío y comencé a acomodar los papeles y las carpetas, estaba furiosa. No tardé mucho en hacerlo y cuando terminé corrí al sillón. Abrí la boca aliviada al encontrar un par de sábanas y mantas junto a una almohada y rápidamente las acomodé para acostarme. Después de todo no estaba tan incómoda. El sillón era bastante mullido y cómodo y ya no sentía tanto frío. Seguramente era por la actividad, que no fue mucha pero de algo me había servido. Me quedé dormida casi al instante y sin apagar la luz…

El repiqueteo de un teléfono me despertó. Gemí y me moví despacito. Me estiré, pero el poco espacio en el que estaba acostada me hizo sentir insegura y recordé donde estaba acostada y porqué.

Me senté cubriendo mi pecho con las sábanas y busqué con la mirada a Edward. Estaba sola en la habitación y maldije en mi interior porque eso significaba que me había quedado dormida y él seguramente estaría esperando impaciente por su desayuno y por darme un castigo por mi falta.

Bufé y con calma me puse de pie y fui a mi habitación. También con mucha calma me lavé la cara y los dientes, cepillé mi pelo y lo dejé suelto, si pretendía que estuviera desnuda al menos así no me sentiría tan expuesta. Antes de salir de la habitación dudé un poco, si ya iba a recibir un castigo, ¿por qué no arriesgarme y bajar con la bata puesta?, tal vez se compadeciera y me dejara estar semi vestida con el frío que hacía.

Craso error. Apenas me vio bajar cubierta, enarcó una ceja y apretó la mandíbula. De inmediato me deshice de la bata y crucé los brazos delante de mi cuerpo.

–Buenos días – dije con voz baja.

No obtuve respuesta, por lo que seguí de largo hasta la cocina. Sin perder tiempo, saqué el jugo del refrigerador y maldije al sentir la ráfaga de aire helado que salió de él. Mi piel se erizó y mis senos se endurecieron al igual que mis pezones reaccionando al frío. Con movimientos un poco lentos y torpes, puse los demás ingredientes sobre la encimera y al girarme vi un mandil colgando de la pared. Me lo coloqué sin dudar y sabiendo que me estaba asegurando un castigo más severo más no me importó.

Con toda la rapidez de la que pude hacer acopio, le preparé el desayuno y puse la mesa. Edward se sentó y me observaba moverme y cuando quise sentarme…

–No, Isabella.

Lo miré confundida.

–¿Perdón?

–Dije que no. Tú no te sentarás a desayunar conmigo, haz perdido ese privilegio por no obedecer mi orden.

Me recorrió con la mirada y me estremecí.

–Es antihigiénico que prepare tu desayuno desnuda, además hay mucho frío – abogué por mi.

–Si es antihigiénico o no, me tiene sin cuidado y si te ordené algo lo cumples y listo. Y ahora te vas a ir a sentar a un banco en la cocina y te aguantas el frío sin quejarte. Las sumisas no piensan, no deciden, no suponen, solo obedecen, no demuestran su incomodidad, solo tratan de agradar a su señor. Así que toma nota y trata de que no haya una próxima vez.

Bajé la cabeza y cerré los ojos muy fuerte para no dejar escapar las lágrimas que pugnaban por salir. Sus regaños me volvían débil y vulnerable, hacían que la Isabella fuerte se perdiera en ellos.

–Responde.

–Sí, Edward.

–¿Edward? Ese privilegio también lo has perdido, nunca más te vuelvas a dirigir a mí de ese modo.

–Sí, Señor… – mi voz casi se rompió al hablar.

–Si vas a ponerte a llorar mejor vístete y vete, no quiero niñas caprichosas aquí, no me sirven.

Respiré muy hondo y me tragué todo lo que estaba sintiendo. Yo no era una niña caprichosa, era una mujer que sabía lo que quería y yo quería estar ahí, con él…

Me di media vuelta y me dirigí a mi nuevo lugar. Dudaba en sentarme pero no quise que entrara y me sorprendiera desayunando de pie y mi situación que pendía de un hilo se agravara y estuviera de vuelta en mi apartamento sola, sin amigas, ni Señor, ni nada.

Con mucho cuidado, me senté en el banco helado. Temblaba de frío, tanto que no pude desayunar nada, solo tomé un par de tazas de café hirviendo y apenas terminé me puse de pie y comencé a recoger todo en la cocina y continué con la mesa cuando escuché que se levantaba y se encerraba en el estudio.

Un rato después estaba en mi habitación acostada en la cama hecha un ovillo. No me atreví a cubrirme e hice muy bien porque Edward entró y me puse de pie como un resorte.

–¿Sí, Señor?

–Al cuarto de juegos.

Dijo y salió, lo seguí por el pasillo y al entrar cerró la puerta detrás de mí.

–Inclínate sobre el banco de azotes.

Me ordenó; mi cuerpo tembló y esa vez no fue de frío. Tomé el banco y lo coloqué alejado de la pared donde estaba esperando ser usado. Su día había llegado y también el mío. Me incliné despacio y miré un poco desesperada a mi alrededor para saber con qué iba a azotar mis nalgas pero no vi nada cerca.

–Así me gusta, Isabella, obedeciendo mis ordenes sin titubear. Ahora recárgate y levanta se hermoso trasero para mí.

Me acomodé bien y cuando estuve en la posición que él quería sentí una fuerte nalgada; fue doloroso sentir el choque de su palma abierta contra mi carne, tanto, que no grité, ni gemí, sino que ahogué esa exclamación en mi garganta hasta que su mano volvió a chocar con mi otra nalga con la misma intensidad.

No me hizo contarlas pero no era necesario. Él sabía cómo me estaban doliendo cada una de las 6 nalgadas que me propinaba en el más absoluto de los silencios, Solo se escuchaba cuando estrellaba su mano contra mi piel y alguno que otro esfuerzo mío por respirar hondo.

–¿Sabes porqué te estoy castigando?

Preguntó sereno y yo luchaba por esclarecer mi mente para poder responder coherentemente.

–Yo… sí, Señor.

–Dilo…

–Por desobedecer…lo, Señor.

–¿Y qué más?

¿Qué más? ¿Había otra cosa?

Ah sí, ya recordaba…

–Porque cree que no confío en usted, Señor.

Una estruendosa carcajada llenó la habitación al sexto azote en mis nalgas y se alejó de mí. Escuché como bajaba la cremallera de sus jeans negros y cerré los ojos cuando sentí sus manos tomar mis caderas y levantarlas un poco.

Entró en mí desde atrás, con esa fuerza vigorosa que sacaba todo el aire de mis pulmones con cada embiste. Mis paredes se contraían cada vez que salía de mí queriendo retenerlo y parecía gustarle porque ocultaba un gemido tras un gruñido. No fue gentil ni considerado, fue rudo, tosco y frío. No buscaba mi satisfacción y sólo me embestía buscando la suya propia, desesperado, ansioso, necesitado…

Con urgencia arremetía contra mí, con cada empellón yo me aferraba más al banco para no caer y mientras su acto primario llegaba a la cúspide, el sonido del choque de nuestras carne se escuchaba en la habitación junto con la agitación creciente de su respiración al mismo tiempo que yo trababa de silenciar la mía.

En esa ocasión me concentré en retener mi deseo, mi placer, sabía que debía hacerlo, por mi bien, para protegerme. Y cuando ese calor, ese delirante torbellino comenzó a crecer en mi vientre, mi mente se transportó a otro lugar y casi pude dejar de sentir. Solo relajé mi cuerpo y mis paredes dejaron de hacer un esfuerzo por mantener cautivo al dador de placer que se había convertido en un cruel ejecutor.

Con mucha más fuerza embestía, en un castigo creador de disciplina que estaba llevándose mi fuerza con cada posesivo empujón. Él lo sentía y más fuertes eran sus acometidas. Yo me controlaba y él más fuerte me poseía en un acto banal, mecánico, en el cual yo cumplía mi función y él la suya, dominarme…

Sus manos se aferraron a mis caderas y sentí que me levantaba un poco más. Entraba y salía de mí con mayor rapidez y de pronto disminuyó la velocidad; después de un par de empujones que casi me hacen caer del banco que se incrustaba en mi pecho y mi abdomen, se derramó en mí y abandonó mi cuerpo cuando sintió que yo no le respondía, mi mente y mi cuerpo estaban protegiéndose en un lugar remoto, en donde yo tampoco tenía cabida.

Él aún estaba ahí, respirando agitado, recuperándose del orgasmo que usando mi cuerpo obtuvo.

–Limpia todo este lugar, lo quiero brillante. No te demores.

¡Maldito insensible!

Gruñí internamente, molesta porque yo sabía que no era del todo así. Yo ya conocía un poquito de su otra cara, esa que no le enseñaba a nadie y que yo rechazaba ver por completo. No quería, no podía, era peligroso y me arriesgaba justamente a ser lo que no quería porque su lado oculto era como un canto de sirenas que te llamaba, te seducía, te envolvía y luego te aniquilaba muy lentamente…

Pero… ¿Podría yo ser así de indiferente con lo que acababa de pasar? ¿Tomarlo como un acto cualquiera, sin darle importancia y continuar como si nada?

Con las piernas y todo el resto de mi cuerpo sacudiéndose ligeramente, me puse de pie y miré a mi alrededor pensando por donde empezar con mi tarea. Entré al baño y miré con añoranza la bañera. No habría mimos, ni abrazos y baños esa vez, ya mi situación era otra y tenía que aprender a vivir con eso.

Limpiar todo el cuarto de juegos resultó ser una tarea agotadora. Para cuando terminé, ya era tarde pero estaba orgullosa de mi trabajo, todo había quedado reluciente. Bajé las escaleras y cubriéndome un poco con los brazos al frente, entré al estudio después de tocar a la puerta y escucharlo permitirme pasar.

–Ya terminé, Señor.

Me miró apenas levantando la vista de sus papeles.

–Vístete, es hora de que te vayas.

Las palabras salieron de su boca con esa emoción ausente a la que ya me estaba acostumbrando. No. Mentira. No me estaba acostumbrando, la estaba aceptando, me estaba resignando a ella y eso era aún peor.

Esa noche no había nadie con quién mandarme de vuelta a mi apartamento, así que él me llevó en un completo silencio. Al llegar, abrió la puerta con sus llaves y sin despedirse salió, poniendo todos los seguros que tenía mi puerta. Como si me fuera a escapar a algún lado.

De inmediato fui a mi baño y llené la bañera para sumergirme y recuperar un poco de mi temperatura corporal. Salí de ahí cuando el agua comenzó a enfriarse y me puse una pijama calientita. Me acosté boca abajo en mi cama y froté mi dolorido trasero. Tomé una taza de té bien caliente y ya estaba sumergida debajo de mis sábanas, esperando dormir y descansar para iniciar mi semana de trabajo.

***

Sonó la alarma de mi teléfono y me levanté sin ganas, me di una ducha que me reavivó por completo y con esa nueva energía salí a mi vestidor para elegir qué me pondría ese día. Ya vestida, maquillada y peinada, salí de mi apartamento hacia la agencia donde un capuchino caliente y un par de donas de nuez me esperaban sobre mi escritorio.

Llegué a tiempo y saludé a Jane antes de apoderarme del vaso desechable que contenía el líquido caliente y de la dona en la caja. La mordí y gemí de gusto.

–Parece que no comiste en todo el fin de semana – Jane me miraba divertida.

–mmm, claro que comí pero esto es el octavo cielo – dije mientras devoraba mi primera dona de la mañana.

–Tendré que hablar con Edward para que te mantenga bien alimentada, energías son lo que necesitas para seguirle el ritmo a ese hombre, porque te veo, Bella, y francamente me das una envidia…

–¿Ah? – pregunté con la boca llena.

–Con solo imaginarme lo que ese hombre debe hacerte sentir…

–No sabes lo que dices – bajé la mirada.

–Seguramente no, pero sé lo que veo y con eso me basta.

Alrededor de las diez de la mañana estuve sola en mi oficina. Saqué mi teléfono del bolso y me puse de pie para tomarme una foto, justo como lo hacía al principio. La miré para ver como había salido y luego la envié. Esperé unos segundos por su respuesta. Luego varios minutos y después de casi quince decidí que era hora de ponerme a trabajar y dejar de estar jugando como una adolescente caprichosa.

Me enfoqué en mi trabajo y revisé la campaña de Newton’s. Todo parecía marchar bien y así debía seguir mientras que a Michael no se le ocurriera quitar o agregar otro punto a lo que ya teníamos elaborado. Jane volvió y ya era hora del almuerzo, salimos a comer y mi teléfono seguía sin sonar y sin vibrar hasta que por fin de vuelta a casa, el tono de un mensaje recibido sonó. Impaciente, abrí el mensaje apenas estacioné mi auto en mi edificio.

“Te veo en tu apartamento esta noche”
E. Cullen

Baje rápido de mi auto y subí por las escaleras hasta llegar a mi puerta. Entré y tiré mi bolso al sillón del salón mientras sacaba un mantel y ponía la mesa deprisa. Una vez que todo quedó impecable, fui a cambiarme para esperarlo como a le gustaba que estuviera, bien vestida y arreglada para él.

Esa vez no esperé tanto. Media hora después el sonido de sus llaves en la puerta me alertaron y me puse inmediatamente de pie. Edward entró y vio la mesa y luego me miró de arriba abajo.

Se acercó lentamente a mí, estudiándome, cercándome, intimidándome.

–Tal parece, pequeña caprichosa, que no entendiste mi orden o simplemente no te importa obedecerme.

¿Qué había hecho mal?

Me pregunté mirando la mesa inmaculada cuando sentí que me tomaba por la cintura, pegando mi espalda a su pecho y mi trasero a su pelvis y a su miembro despierto y duro.

–¿Qué hice mal? – pregunté en voz alta, exteriorizando mis pensamientos.

–Te dije que te quería desnuda siempre.

Dijo entre dientes mientras bajaba la cremallera de mi vestido y me lo quitaba bruscamente. Arrancó las bragas de mi cuerpo, mi brassiere y estuve desnuda ante él. Solo tenía los zapatos altos que sentía se tambaleaban incapaces de sostenerme por los rudos movimientos a los que Edward me sometía.

Rodeó mi cintura con sus brazos y me cargó, pegándome a la pared. Enredó su mano en mi nuca, cerrándola junto con un buen mechón de pelo entre ella, jalándola para dejar mi mejilla adherida al frío muro. Jadeé al contacto con la pared y por el dolor al sentir que tiraba de mi pelo. Mi cuerpo luchaba por repeler el contacto frío pero me tenía bien aprisionada con su cuerpo, haciendo que no pudiera moverme ni un milímetro.

–¿Sabes como aprenden los cachorros, Isabella? – inquirió algo hostil –. A base de castigos, y yo por lo que veo, tendré que castigar a mi pequeña mascota hasta que aprenda a complacerme.

Mi pecho se presionó aún más contra la pared, dejándome sin aire y escuché que bajaba sus pantalones. Metió una pierna entre las mías y las separó. Su mano libre y cálida cubrió mi vientre separándolo de la pared y de pronto entró en mí con un fuerte empellón.

No pude gritar, ni moverme, ni nada. Sentir su invasión sin estar lista para recibirlo fue demasiado. Su miembro entraba y salía del mío sin que importara que no existiera esa suave fricción producida por mi lubricación. Él profundizaba cada penetración y yo sentía que llegaba hasta mi alma cada vez que se adentraba en mí. Mi cuerpo poco a poco fue reconociendo el suyo y la fricción dejó de ser incómoda. El cambio era obvio y Edward aumentó la potencia de sus embistes. Yo no hacía ruido, solo se escuchaba ese sutil silbido del aire escapando de mi boca cada vez que se metía en mí.

Edward gruñía y jadeaba. Sostenía su puño cerrado con mi pelo manteniendo mi cabeza inmóvil y su mano en mi vientre se hundía cada vez que me acercaba más a él. De pronto salió completamente de mí y soltó mi pelo más su mano permaneció rodeándome.

–Al suelo – me ordenó –. Te quiero en cuatro…

Jadeé por aire y de sorpresa al escuchar su indicación pero no titubeé. Como pude me las arreglé para ponerme como quería mientras se quitaba por completo el pantalón y los bóxers. En menos de lo que imaginé ya estaba sosteniendo mis caderas y entrando en mí de nuevo. Estaba siendo rudo, sí, tal vez algo violento pero ya no dolía como al principio. Mi cuerpo se humedeció protegiéndome de esa seca fricción que significaba mi castigo.

De nuevo, mi mente esquivó el momento para no sentir y dejar que se levantara un orgasmo en mí. Me era ya tan fácil evadirlo que no dudé en transportarme a otro lugar, a otro momento y en otra circunstancia. Siendo yo otra mujer, una sin miedos y que no tenía que recurrir a esas tretas porque no tenía nada qué temer, de que huir.

Sus manos se clavaron en mis caderas con más fuerza y sus jadeos se volvieron mas frecuentes. Edward estalló en un potente orgasmo. Se derramaba en mí y yo me contraía a su alrededor exprimiéndolo, como le gustaba que lo hiciera. Al menos que lo complaciera con algo esa noche…

Se recargó en mí una vez que terminó y mis brazos temblaban con su peso. Se retiró con lentitud y cuando creí que todo había acabado, recibí un par de fuertes nalgadas haciéndome brincar y di un gritito de sorpresa.

Mis brazos se doblaron y mi cara sintió el piso helado así como todo mi cuerpo que agotado se dejó caer lentamente. Cerré los ojos mientras mi respiración se normalizaba y sentí como me levantaba del suelo y me dejaba en el sillón del salón.

El fuerte azote de mi puerta me indicó que se había ido.

***

Iba a llegar muy tarde a la agencia. Eran las once de la mañana y yo aún estaba secándome el pelo. Y es que después de levantarme del sillón en la madrugada y meterme a la cama, dormí como un bebé. Plácidamente.

De no haber sido por Jane no me despertaba; su insistencia hizo que mi subconsciente escuchara el timbre del teléfono y aún aletargada me metí a la ducha. Me puse lo primero decente que encontré y con el pelo medio húmedo y sin maquillar entré a la agencia intentando que mi llegada pasara desapercibida para todos.

–¡Dios mío! Pero ¿Qué coño te sucedió?

–Jane, no es el momento…

–Yo sé que no pero más te vale que sepas que tu momento es justamente a la hora del almuerzo y no te me escapas. ¿Ok?

La ignoré y encendí mi computadora mientras sacaba el estuche de cosméticos de mi bolso. En diez minutos ya era otra. Peinada con una coleta, sin ojeras y con una cara que estaba a kilómetros de parecerse a la de la mujer que unos minutos antes atravesaba la puerta.

Trabajamos en silencio hasta que llegó la temida hora del almuerzo. Entonces Jane se permitió abrir la boca y yo no tuve más remedio que obedecer….

–¿Qué pasa, Bella? Cuéntame – me pidió y la escuché y sentí muy sincera.

–Nada de importancia, Jane, de verdad.

–No me tienes confianza… entiendo, prácticamente me acabas de conocer.

–No es eso, es solo que bueno, Edward y yo estamos pasando por un período de adaptación y tú sabes que difícil puede llegar a ser eso.

–En eso sí, tienes razón, nunca puedes llegar a conocer a alguien por completo y mientras intentas coordinarte con esa persona, llueven chispas o piedras… ¿A ti qué te llueve, Bella?

–Ambas, Jane, ambas.

Con esa pequeñísima confesión, Jane ya no insistió más pero durante todo el almuerzo me dio sus mejores consejos, que obviamente no aplicaban para mí pero al menos ya no fui el centro de su atención. Volvimos al trabajo y repasé la noche anterior aunque me esforzaba en concentrarme en lo que tenía en mi pantalla.

Ése día no supe de Edward, tampoco al día siguiente y ya no me atrevía a enviarle un mensaje de texto y mucho menos a llamarlo. De lo que sí me aseguré fue de esperarlo desnuda por si llegaba a mi apartamento. Que viera que yo no era una desobediente sumisa, yo quería agradarlo, que estuviera a gusto conmigo, pero parecía que no me salía nada bien.

El jueves, ya agobiadas con tanto trabajo, decidimos ir a comer a un lugar nuevo. Nos lo merecíamos después de tanto aplicarnos en la campaña. El restaurante estaba muy lindo y parecía una estación vieja de tren. Nos dieron nuestra mesa y disfrutamos de un buen plato acompañado de una copa de vino, solo una ya que teníamos que volver a la agencia. A la hora de pedir la cuenta, el mesero nos informó que ya estaba pagada y de inmediato mi cabeza empezó a buscar entre los comensales. Edward debía haber pagado nuestra cuenta. Pero para mi sorpresa, muy incómoda por cierto, no era Edward quien se acercaba a nuestra mesa sino Max.

–Hola, Bella.

Saludó acercándose a mí e intentando besar mi mejilla. Me retiré y logré esquivarlo.

–Max, por favor.

Le pedí molesta. No tenía porqué hacer eso.

–¿Qué pasa? ¿No somos amigos?

Su tono irónico me fastidió, sobre todo porque ya debía haberle quedado claro que no tenía porqué acercarse a mí.

–¿No vas a presentarme a tu amiga?

–Soy Jane – dijo seca -. Y si mi amiga no quiere hablar contigo respetas su decisión, así que avanzando.

La miré con adoración al hacer lo que yo no podía, pero a Max pareció no importarle el comentario.

–Dios, Bella, ¿Qué tanto te habrán dicho de mí?

Negaba con la cabeza mientras chasqueaba la lengua.

–Será mejor que te retires, Max.

–¿Por qué? Nosotros nos llevamos bien, ¿solo me alejas porque te lo ordenó Cullen?

Lo miré furiosa, ¿qué diablos sabía de mi relación con Edward?

–Vámonos, Jane.

Tomé mi bolso y Jane hizo lo mismo poniéndose junto a mi para pasar junto a Max.

–De acuerdo, Bella, no volveré a acercarme pero hazme un favor, ten mucho cuidado con Edward, tú sabes el porqué te lo digo…

Odié el tono, las palabras y la puta intención de Max. Edward tenía razón en detestarlo, era un doble cara que primero se había acercado a mí con su lado amable y encantador y ya que me veía más en serio con Edward sacó las garras, pero ¿Por qué?

–No, no lo sé, Max y si te soy sincera, no me interesa lo que tengas que decirme de él, lo que quiera saber se lo pregunto y ya.

–Perfecto, entonces pídele que te cuente de Tanya.

Me paralicé al escuchar el nombre de una mujer que pudo haber estado relacionada con Edward y centré mi frustración en Max.

–Creí que eras mi amigo, Max. ¿Por qué intrigas contra él?

–Precisamente porque soy tu amigo te advierto que Edward no es lo que tú crees, saldrás lastimada y no me gustaría tener que consolar a otra amiga por su culpa. Ten cuidado, Bella…

Consolarla…

Miré partir a Max, confundida y con una furia por dentro que no conocía. Salimos de ahí y Jane no me hizo ningún tipo de preguntas. Iba aferrada a mi brazo y al llegar a mi auto me arrebató las llaves.

–Súbete, ni pienses que voy a dejar que conduzcas así.

Asentí débilmente y subí al auto. Jane permaneció callada hasta que llegamos a la agencia pero antes de bajar del auto dijo…

–Bella, yo no sé que pasa con ese tipo y ustedes pero creo que Edward debe saber esto.

Levanté la mirada y la bajé de nuevo.

–No te calles las cosas, Bella, luego es peor.

–Jane… – negué con la cabeza sin poder decir nada más.

–Hazlo amiga, te sentirás mejor.

Ya no pude concentrarme en nada esa tarde. Jane me dijo que pidiera un taxi y me fuera a mi apartamento porque no me daría las llaves de mi auto ya que no me encontraba en condiciones de conducir. Le hice caso y después de aceptar que la llamaría si la necesitaba me dejó ir no sin antes volver a aconsejarme decírselo a Edward.

Me giré en la cama y tomé el teléfono, puse el dedo sobre su nombre y comenzó a sonar. Me contestó al instante.

–Isabella – dijo seco.

–Hola, Edward, perdón, Señor… – me escuché decir tímida.

–¿Qué sucede?

–Nada, yo… solo quería saber si vendría esta noche – hice muecas odiándome por ser tan débil ante él.

–No.

Me quedé sin saber que decir ante lo parco de su negación.

–¿Es todo?

–Sí, Señor.

Y el sonido del tono fue lo siguiente que escuché. Molesta conmigo misma, comencé a golpear las almohadas de la cama y a aventar los cojines al suelo. ¿Cómo podía no reaccionar? ¿Quedarme estática al oír su voz?

Estuve acostada pensando en lo débil que me había vuelto, sobre todo junto a Edward, cuando escuché que abrían la puerta de mi apartamento. Intenté reincorporarme rápido pero estaba enredada entre las sábanas.

–Isabella – me pareció oírlo decir con algo de aprehensión –. ¿Estás bien?

Me senté como pude y asentí.

–Sí, Señor.

Bajé mi mirada y me vi vestida. Con desesperación comencé a quitarme la ropa, lo miré de reojo y él solo enarcaba una ceja. Estuve desnuda en menos de un minuto.

–Yo no creí que fuera a venir, usted dijo que no…

–Sé muy bien lo que dije pero también te conozco bien. ¿Qué sucede?

Me giré un poco evadiendo si mirada pero tomó mi barbilla entre sus dedos obligándome a mirarlo fijamente.

–Habla ya.

En ese momento odié como nunca a Jane por ponerme en tal predicamento, pero ya no había vuelta atrás, así que comencé a hablar.

–Hoy, Jane y yo fuimos a comer a un lugar nuevo…

Tomé su mano porque me impedía hablar con facilidad y me soltó.

–Al salir nos encontramos con Max.

Me encogí de hombros y crucé mis brazos frente a mi cuerpo, esperando oírlo gritar pero solo preguntó con voz calmada.

–Y tú te fuiste. ¿No es así?

–Yo… no – admití –. Él me pidió que le preguntara quien era Tanya.

Sus fosas nasales se dilataron y su mandíbula se tensó.

–¿Qué más dijo ese imbécil?

–Que él si era mi amigo y por eso me advertía que tuviera cuidado porque saldría lastimada y que no quería tener que consolar a otra amiga por culpa suya.

–¿Algo más?

–No, Señor.

Edward se giró dándome la espalda.

–Sabes que no debiste permanecer escuchando todo lo que ése estúpido quería que oyeras, mas tu curiosidad te mantuvo ahí, esperando saber más.

–No, Señor, le juro que no fue así.

–Es una pena que no tenga como verificar ese hecho, Isabella, por lo pronto un par de nalgadas te harán recordar caminar más rápido cuando ese tipo esté cerca de ti de nuevo, si es que se atreve a estarlo…

–¿Me va a castigar por algo de lo que no tuve la culpa?

–Y lo seguiré haciendo mientras no sigas mis ordenes y cuestiones mis decisiones. De pie, apóyate en la cama.

¡Gracias, Jane!

En todo el día no tuve ganas de llorar, en ningún momento hasta ese, cuando iba a ser castigada por algo de lo cual no era culpable y en lugar de que reconociera que no me callé y fui sincera con él, me daría unos azotes solo porque no tenía contra quien desquitar su coraje.

Me puse como me pidió y me tragué mis lágrimas pero no dejé que afloraran, lo último que necesitaba era que me llamara niñita caprichosa otra vez y de pronto, un azote dado con toda su fuerza me impulsó hacia delante pero logré mantenerme y no caer. El segundo fue igual y apreté los dientes de impotencia, vino un tercero y un cuarto pero ahí ya no me contuve y grité aunque no muy fuerte.

Estaba tan distraída en las nalgadas que no escuché nada detrás de mí, solo sentí que su brazo envolvía mi cintura y de nuevo me tomaba sin preámbulos, con rudeza, coraje, dejándome sentir toda su fuerza, su enojo y el poder que tenía sobre mi.

Una y otra vez entró y salió de mí, satisfaciéndose a través mío. Edward jadeaba fuertemente con cada embestida que me daba mientras sus dedos enterraban en la carne de mis caderas. Llegó al clímax solo, quedándome en el camino por propia voluntad, por mi bien. Salió de mí y fue directo al baño, yo me recosté temblorosa como siempre, en mi cama. Poco a poco me acomodé entre las sábanas y me cubrí hasta la cabeza. Lo escuché salir y vestirse casi a mi lado.

–No quiero volver a enterarme que estás cerca de él, Isabella, más te vale que obedezcas. Ah, y hablando de obedecer, mañana irás al spa y saliendo de ahí tienes un compromiso a las siete de la noche, sé puntual.

***

El viernes en la oficina me mantuve muy callada. Jane lo notó y ella también se abstuvo de hablar. A la hora del almuerzo puso un post-it frente a mí.

“¿Quieres ir a comer? Yo invito”

Le sonreí y nos fuimos al área de comida rápida del centro comercial que nos quedaba cerca. Una buena hamburguesa grasienta para disipar las penas era lo mejor para ese día. Ordenamos y cuanto nos fuimos a sentar, Jane por fin habló.

–Lo siento, Bella.

Se disculpó muy apenada.

–¿Por qué Jane?

–Ya sabes – se encogió de hombros –. Es más que evidente que mi consejo salió contraproducente. Solo mírate en el espejo. Parece que Edward te dio unas buenas nalgadas.

La comida se me fue por la garganta y tosí desesperada. Tomé un poco de agua y logré calmarme.

–No Jane, ya sabes que estamos algo irascibles pero no tuviste nada que ver en lo de ayer, de verdad.

Le sonreí. Una mentirita blanca no le hacía mal a nadie, además ella actuaba de buena fe.

Por la tarde, me despedí de Jane y salí a tiempo para mi cita en el spa. Afortunadamente era viernes y Jason conducía a través de ese tráfico abrumador, así que pude relajarme un poco de camino al hotel.

Después de mi facial, Jessica me dio un masaje. Esa chica no me caía muy bien y esa tarde terminó por asegurar un tache conmigo.

–Cuanto tiempo, señorita Swan, creí que ya no la volvería a ver por aquí.

–Buenas tardes, Jessica.

Dije incómoda por el desatinado comentario y me recosté en la cama.

–Tiene los hombros y la espalda hechos un nudo, el jefe igual está así pero yo siempre logro relajarlo.

No respondí, que se tragara su comentario venenoso. A mí que demonios me importaba si lo relajaba o no.

–Listo, señorita, ahora mismo le indico que sigue.

Tomó una libretita de notas y fingió sorpresa, luego sonrió hipócritamente.

–Sigue la depilación. Brasileña. Completa.

Mis ojos se abrieron como platos y me contuve para no hacer más evidente mi propia sorpresa.

–Así que al jefe le gusta eso, ¿no?

–A tu jefe no le gustará saber el tipo de comentarios que le haces a los clientes, Jessica, así que mantén la boca cerrada si no quieres ingresar a las listas de desempleados de este país.

Dije filosa y hasta yo me sorprendí de mi respuesta. Pero no me arrepentía, era una empleada y yo un cliente que muy bien podía irse a quejar por su intrépida bocota.

–Lo siento, señorita, discúlpeme.

Sin agradecerle nada y enojada por mi siguiente tratamiento, caminé hasta el cadalso, porque eso era para mí. Las veces anteriores había sido un depilado muy completo pero nunca había llegado hasta ese punto y de repente, ¿quería esa área depilada completa también?

¡Dios no!

Pero era imposible que me rehusara, no quería más castigos por desobediente y tampoco quería pensar en esa idea que circuló momentáneamente por mi cabeza. No. Así que sin más remedio me relajé y… quedé lista.

Eso había sido realmente incómodo y vergonzoso pero ya había acabado ese triste episodio de mi vida. Solo por esta vez, oí una vocecita burlona en mi cabeza y la sacudí. Disimulando mi incomodidad, bajé al auto nos dirigimos a mi próxima cita.

–Paul, ¿a dónde vamos?

–Discúlpeme, señorita Bella, pero no puedo decírselo, son ordenes.

Se encogió de hombros y con esa palabra ya no seguí preguntando.

Llegamos a un área de consultorios médicos muy elegante y cada vez tenía menos idea de qué hacíamos ahí. Jason se detuvo en la puerta de un edificio muy alto, blanco y con ese toque impersonal que daba escalofríos. Paul abrió mi puerta y bajé. Entré con él a mi lado y se me hizo muy extraño porque siempre me esperaba en el auto. Oprimió el botón para que las puertas del ascensor se abrieran y una vez dentro, pulsó el piso catorce.

Al salir al elegante e impoluto vestíbulo, no pude despegar los ojos de la placa plateada que decía Dr. Bower, pero su nombre no era lo que me tenía atónita, sino su especialidad, Psiquiatra…

Me giré para salir de ahí pero un muro frente a mi me detuvo.

–Vamos, señorita Isabella, tenemos que entrar.

Me habló suplicante y contrariado pero no me importó e intenté esquivarlo para irme de ahí.

–Usted sabe que si nos vamos el Sr. Cullen se enojará y hoy no es un buen día para que darle un disgusto.

Mis ojos lo taladraron.

–Quítate de mi camino, Paul, créeme que no querrás verme a mi enojada.

–Lo siento, señorita Bella, pero no nos moveremos de aquí.

Oprimió un botoncito de un artefacto en su cinturón y Jason apareció como por arte de magia.

–¡Genial! Pediste refuerzos.

–Lo que sea necesario para que el Sr. no se enoje.

–¡Me largo de aquí!

Lo empujé pero no me sirvió de nada, ni para distraerlo. Lo único que tenía a mi favor era que no me cargarían y me meterían a la fuerza con el loquero. El teléfono de Paul sonó y se apresuró a responder.

–Sí, señor, un poco… un momento…

Y Paul me miró como disculpándose y extendió su brazo con el teléfono.

–¿Qué maldita broma es esta? – le pregunté.

–Cuida esa boca, Isabella, y en este momento das media vuelta y entras a ese consultorio, no me hagas ir y meterte yo mismo porque te va a costar caro. ¿Entendido?

–¡Vete al diablo!

Le devolví el teléfono a Paul que me miraba impactado al igual que Jason pero este último tenía un asomo de sonrisa en la cara.

–Lo siento, Paul, déjame pasar.

–Señorita, por favor…

Di varias respiraciones fuertes y sentí una mirada intensa sobre mí. Un señor algo mayor de blancas y muy bien recortadas barbas me miraba intrigado. Volví mi cara hacia Paul y Jason…

–Ustedes dos, me deben una y muy grande.

Me di la vuelta y el hombre que me miraba ya no estaba. Mejor, que vergüenza sentí al verlo mirarme actuar como una verdadera loca.

Muy alterada aún, me acerqué a la señorita del módulo y le di mi nombre. Me pidió que la siguiera y que esperara en el consultorio. Me quedé de pie. Estaba furiosa. ¿Qué carajo hacía yo ahí? ¿De donde le había surgido a Edward la puta idea de mandarme con un psiquiatra?

Se abrió la puerta y para mi completa vergüenza el señor mayor de barbas blancas entró y me sonrió amigablemente. Se acercó a mi y me extendió la mano.

–¿Señorita Swan? – preguntó amable y asentí ligeramente.

–Mucho gusto, yo soy el Dr. Bower, pero siéntese, no tiene que quedarse de pie – sonrió pero yo lo miré guardando mi distancia y desde luego, no me senté. No esperaba estar ahí más de dos minutos.

–Oh, entiendo su renuencia y la comprendo, créame. No debe ser nada agradable que a uno lo envíen con engaños al Dr. Y menos si se trata de un psiquiatra, yo estoy seguro de que yo en su lugar haría lo mismo.

Se sentó en su silla de cuero negro y fruncí el ceño mientras lo escuchaba hablar. No tenía la voz suave que pudiera uno imaginarse por su físico, era más grave, más varonil y revelaba que era un hombre mucho más joven de lo que aparentaba.

–Yo siempre he pensado que resulta contraproducente enviar a un familiar al psiquiatra a la fuerza. Los tratamientos forzados no funcionan, no hay nada como un paciente que viene convencido de que podrá encontrar ayuda aquí. ¿No lo cree usted, señorita Swan?

Lo miré aún con recelo. ¿Qué tal si esa era uno de los cientos de discursos que tenía para convencer a sus pacientes? Pero yo no era una y no lo sería jamás.

–Dígame, ¿este es su caso verdad?, ¿su novio la envió porque cree que necesita ayuda?

Lo dejé continuar con su monólogo, de mi boca no saldría ni un sí. Y se volvió a poner de pie.

–Entiendo, entiendo, pero no la retengo más, aquí nadie está a la fuerza, es libre de irse en el momento que guste.

Me señaló la puerta y la miré dudosa.

–O si quiere, podemos esperar aquí los sesenta minutos que dura la cita, usted no tiene que hablar.

Esa idea me pareció más lógica, si salía de ahí iba a tener un problema muy grande con Edward, bueno, lo tendría de todos modos. Así que me senté a esperar que transcurrieran esos largos sesenta minutos en los cuales el Dr. Bower ni volvió a hablar, solo me observaba de vez en cuando mientras yo intentaba encontrar una razón exacta por la cual Edward me hubiera mandado a ese lugar y no tardé en encontrarla, por mi extraña reacción la otra noche…

Pero, ¿era muy difícil comprenderme?, ¿ese hombre necesitaba saber el porqué de todo? Era tan molesto eso, y como no lo obtenía de primera mano, me enviaba con un loquero para saber el motivo de mi reacción, una que ni yo misma entendía muy bien.

Al haber transcurrido cincuenta y cinco minutos, el Dr. se puso de pie.

–Si gusta yo puedo hacer esto cada vez que usted venga, el Sr. Cullen no tiene porque saberlo ya que todo lo que aquí sucede es confidencial, decida usted tomar la ayuda que le ofrezco o no – me sonrió pero no confié. Me levanté de mi asiento y le di la mano.

–Gracias, Dr. Bower, pero no será necesario, con permiso.

Salí de ahí furiosa, iracunda. Paul y Jason me esperaban en la puerta de los ascensores y al verme, bajaron las miradas. Me escoltaron al auto y una vez dentro les pedí…

–A mi apartamento, Paul, por favor.

El, incómodo se rascó la nuca y se giró para mirarme. No dijo nada, era obvio que no me llevarían. Resignada, bajé del auto al llegar a la casa. Edward no había llegado aún, mejor.

Subí a mi habitación y la cerré con seguro, no quería verlo. Me di un baño y me cambié. Me puse ropa cómoda y no me importó si él me quería desnuda todo el tiempo. No tardó mucho en llegar. Intentaba abrir la puerta de la habitación y al notar que estaba cerrada con seguro la abrió con sus llaves. Pobre ingenua de mí, como si pudiera escapar de él.

Entró como un vendaval, arrasador e imponente, no lo vi pero lo sentí. Mi mirada estaba enfocada al jardín que se admiraba completo desde mi ventana.

–¿Me quieres explicar que puta madre fue todo ese escándalo?

Con mucha lentitud y pereza, giré mi cara para verlo con fastidio.

–No. No quiero y en este momento menos. Lo único que quiero es irme a mi casa.

–¿Y tú desde cuando crees disponer de algo, Isabella? ¿No has entendido que me perteneces? Que no te mandas sola?

–¿Y tú no has entendido que hay decisiones en mi vida que no te puedes dar el lujo de tomar? Son mías, es mi vida y mi vida me pertenece por entero, son mis decisiones, yo decido lo que quiero hacer y lo que no.

Se acercó a mi por detrás y me habló más tranquilo…

–Y decidiste acercarte a mí, Isabella, decidiste estar conmigo, me elegiste, no puedes echarte para atrás…

–Si puedo y lo sabes, no hay nada que me ate a ti, Edward, nada…

Salió furioso de la habitación sin decir ni media palabra más. Exhalé agitada por todo lo ocurrido ese día, quería enterrarme en la cama y dormir y dormir hasta que solo fuera un recuerdo el cual almacenar en algún resquicio de mi mente.

Aunque sabía que no serviría de nada, puse el seguro de nuevo a mi puerta; que le quedara claro que no lo quería cerca de mí. Pero, ¿era verdad?, ¿o solo lo hacía por estar enfadada?

Me cambié para dormir y me puse un juego de dormir que juraba no estaba antes ahí. Era una pijama común, de pantalón largo y camiseta de mangas largas también. Me acosté y cerré los ojos deseando dormirme de inmediato para no pensar pero me fue imposible, lo único que en mi mente giraba, era que Edward me había enviado con un psiquiatra y la sensación era, humillante…

***

A la mañana siguiente me levanté a tiempo. Me duché y me vestí sin importarme sus ordenes. Hacía frío y no me expondría a pescar una pulmonía además, tenía que cuidar mi cuerpo, ¿no?

Cuando Edward bajó a desayunar ya todo estaba listo. Él, muy indiferente y a eso había que agregarle el enojo de la noche anterior. Bufé en mi interior. Yo debía estar mucho más enojada que él.

Desayunó solo. Yo seguí sus ordenes a mi conveniencia y me fui a la cocina donde desayuné tranquila, sin el escrutinio de su mirada y de su fuerte presencia. Cuando terminó y se levantó de la mesa, recogí todo y limpié la cocina. Salía de ahí y me dirigía hacia las escaleras para encerrarme en mi habitación cuando se abrió la puerta de su estudio y asomó la cabeza.

–Entra, Isabella – me ordenó y lo obedecí.

Se sentó en su escritorio y esta vez giró su pantalla para que no nos estorbara.

–Siéntate.

Lo hice y puso frente a mi una carpeta abierta con unos papeles.

–Este es el contrato por el que tanto lloras, aquí lo tienes, léelo y fírmalo, si no vete.

Lo miré estupefacta, sin poder creer lo que me estaba pidiendo.

–Pero si te vas, Isabella, es para nunca volver…*




*




*




*




Mis niñas, sigo muy contenta por nuestro lugar obtenido en el "HATEFUL LEMONADE CONTEST 2" Es un segundo lugar que como les dije, me sabe a primero y que sin la ayuda y el apoyo de mi maravillosa Beta Isita María, De mi amiga Mirgru, de mi Nani adorada y por supuesto de ustedes que nos colocaron ahí, no estaríamos celebrando. 


MIL GRACIAS y mi agradecimiento eterno por acompañarme siempre.


Besitoo
Li

26 comentarios:

  1. Ahh... estoy como Bella, a veces odio a Edward y otras lo amo... que capitulo nos regalaste de verdad... no pude resistir la tentación de leerlo antes de salir a trabajar... ¡¡y felicidades por el segundo lugar!!... merecido... vi tu nota en FF y si lo haces privado... ¡¡pido invitación por favor!!
    Saludos

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  2. YO IGUAL PIDO INVITACION... la verdad s k ed tiene razon xq no le dice... pero no me gusta el trato hacia bella.... es un malooo... me fascina tu fic s muy buenoo

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  3. Excelente capitulo nena, la verdad yo entiendo a Edward y creo q d alguna manera tiene q sacar sus frustaciones recordemos q el es un Dom y como tal su descarga de sus frustraciones ps es ser mas severo.
    Juro q amo a Bells pero a veces m desespera y la quiero ahorcar, digo mi Ed no es un santo pero ella sabia en lo q se estaba metiendo en fin, otra vez muchas felicidades x el premio t mando un beso y nos seguimos leyendo!!!

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  4. estoy a punto de llorar, !que capitulo! estoy llena de sentimientos encontrados y no los puedo digerir!!!! no se que pensar...pero me encanta

    besos

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  5. oh x buda..me mataste con este capi lo ame..jeje..en especial ese final tan dios..firmara??? jeje demaciada intriga y a como es ella tan rebelde ..igual esta buenisimo lo ame en especial a edward como siempre podra ser todo lo dom q quieras pero es super lindo y esta mas q enamorado d ella sino ya la hubiera dejado ademas d q la envio al psiquiatra eso solo quiere decir q esta preocupado x ella..q tan tierno..muero x leer el proximo y si tienes q tomarte tu tiempo para q sea tan bueno tomate todo elque necesites ..jeje
    x cierto vi en el ff q no sabes so lo vas a hecer privado..el blog..si es asi xfa no te olvides de mi xq sinceramete no se q haria sin este blog es lo mejor.. y lo amo jeje si soy super kinky ... ademas de felicitarte x el segundo lugar en el concurso..muero x leer q va a pasar con esa historia jeje..asi q espero continuacion ..
    en fin
    xoxo maddy

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  6. hola!soy LAU,me encanta esta fic, pero creo que en este capi Edward se paso dela raya o la dominacion,y Bella mas que sumisa esta siendo humillada e idiota y los castigos parecen mas violaciones y yo que ella no lo soportaria. en fin o no se nada del tema o exageran un poco. Anciosa x el proximo capi. BESOS

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  7. Felicidades por tu logro li!!!!! fanfarrias mariachis y serpentinas jejeje

    Yo no sabia que quieres hacer tu blog privado :( no te vayas a olvidar de mi e invitame no seas malita!!!

    Por otro lado me gusto el capitulo, cada vez plasmas mas emociones y sentimientos en los personajes y aunque edward es malo es su manera de descargar su furia por no controlar la situacion con bella, y todo porque ella le importa realmente y no creo que en verdad sea capaz de dejarla marchar, solo tiene miedo de perderla y amenazarla es su manera de asegurarse de que no lo deje, es lo que tu caoitulo me hizo sentir, gracias por tam magnifica historia, saluditos y como siempre mil gracias.

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  8. Hola, excelente capítulo, aunque Edward se exajero con Bella, pero en parte se lo tiene merecido, ya que al final Bella a sido un dolor de cabeza a Edward con su problema, ya que se supone que un Dom tiene que disfrutar más que preocuparse mayormente y desde un comienzo la relación empezó dificil, pero en fin...Edward está preocupado, a lo mejor con todo este asunto, averiguará lo que pasó con Bella y su hermana...

    Felicitaciones por tu segundo lugar... la competencia estuvo dificil, felicidades nuevamente y seguir esperando el siguiente capítulo, saludos y gracias por el capítulo

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  9. OMG nena excelente capitulo dios en que acabara esto porque a pesar de todo fue un poco humillante que la mandara con el loquero pienso yo ,dios me encanto son tantas emociones encontradas .....Sigue asi nena y gracias por publicar y FELICEDADES otra vez.....

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  10. Peazo capituloo!! me ha encantado!!! xfi no hagas tu blog privado porque algunos no te podremos seguir :(!!! Ansiosa por el proximo!!! un besito enormeee :)

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  11. este ha sido de mis capis preferidos!! creo q Edward no se paso,Bella no responde y no se orta como su sumisa,es normal que la castigue ,ha estado genial =) sperando continuacion,pero pliss no lo hagas privado q si no lo puedo seguir me da algoo!!! bessos :D

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  12. Excelente cap, mi primer comentario :). me gusta leer mas por aqui x la fotos :D... yeahh...
    Ni dormi por llegar hasta aqi... y solo qede ansiosa por mas... Felicidades por tu 2 lugar :D
    Qe estes muy bien ..

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  13. Capitulo fuerte donde los haya nena, este Edward lleva todo al limite de una manera que da miedo y ella está claro que es su sumisa pero hasta cuando? Me da la sensación que no va a firmar ¿Quien cederá antes?
    Gracias cielo y ENHORABUENA otra vez, ese premio lo has conseguido tu, con tu forma de escribir y de transmitir. Un besazo enorme

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  14. FELICIDADEEEEES*-* Te merecez eso y mucho mas, debo decir que me eencanto el capitulo mejor dicho los 2 capitulos que no habia leido, en cierta parte Entiendo a Edward, porque Isabella se cierra mucho con el, en vez de tener mas confianza con el y expresarle lo que paso aunquesea un poco, & que pasara ¿FIRMARA? si no firma la ahorco, aunque el se esta pasando con su nueva forma de ser, pero realmente ella se lo busco e_e, EN POCAS PALABRAS LO AMEEEE*-*

    Decidido, necesito Li que me ayudes con un fic que estoy haciendo & quisiera que me ayudaras, claro si puedes ;c Mi correo es thisislove.-1@hotmail.com, Besos & muchos abrazos...

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  15. wow, bien, veamos.... pues lo ke me keda claro es ke edward no debió mandarla asi como así, al psikiatra, sin avizarle, pero veamos de tras de la acción, supongo ke lo hizo por ke se hartó de ke no le contara nada y kiero creer ke la mandó sin decirle nada por ke era obvio ke no iba a aceptar ir con el doc y es obvio ke él kiere ayudarla, no estubo bien, pero no le kedó de otra, y coincido con las chikas, a veces lo odio y otras veces lo amo, estoy intrigada kien diablos es o era tanya??? me encanta cuando se pone celositoo, aunke el castigo estuvo de más, ella no tenia la culpa, en fin , seme hará etero leer el prox czpitulo, sobretodo por ese contrato, saludos y una vez más felicidades por el 2do lugar!! :D

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  16. Hola, Li Felicidades por tu logro! Espero que sea el primero de muchos!!!

    De verdad la botaste de jonron,este capitulo quedo mundial! de verdad lograste transmitir muchos sentimientos encontrados, no entiendo los arranques de Ewdard, el porque sea el dueño del mundo no quiere decir que bella le diga algo que ni esta segura que haya paso, asi que me parece que los dos han faltado, ya que ella tampoco le pone en claro las cosas, al igual que el tiene muchos secretos hacia ella.

    Me parece que ninguno de los dos no quiere dar su brazo a torcer. El final me dejo estupefactada! no me quiero imaginar cual de las dos teorias podria suceder..., Chan chan CHANNNN......asi que esperare para el proximo capitulo, Gracias Li por esta historia.

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  17. Hola Li, menudo capítulo ha sido muy heavy, yo la verdad le daría un par de azotes a los 2 por tercos a Bella definitivamente no la entiendo es muy cerrada y todavía no tengo claro sus sentimientos hacia Ed sin embargo él pese a lo bruto q es, se nota q está lokito por ella y todo lo del contrato es para tenerla amarrada de alguna manera, ya q de ella no demuestra ningún tipo de lazo romántico q lo ate a él y esto lo tiene cagadito a Ed aunque él no lo ponga en palabras sus acciones lo delatan. Lo del psiquiatra la verdad no estuvo bien aunque es una forma de demostrar a Bella q se preocupa por ella pero ella no se da cuenta pq piensa q no tiene ningún problema. Yo espero q ella no firme el contrato para demostrarle q ella es diferente a todas las demás mujeres con las q ha estado y así también veamos la determinación de los dos a la hora de estar separados, con lo orgullosos q son los dos quién daría el primer paso para volverse a ver? pq de lo q estoy segura q ambos lo pasarían fatal.
    Espero con ansías el próximo capi no te tardes porfiiis
    Eres la mejor, se te kiere un montonazo desde algún lugar de España.............. lunn90

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  18. holaaaa!!! soy karla antes k todo felicidades, tal ves un poko atrasado pero felicidadeeeeesssª!!!!!!!! y dios k kapi, esta algo fuerte, edward esta enojado pork todo relacionado con bella se le sale de control y el siendo yodo un dom no se puede permitir eso, pero por dios pork bella no se da cuenta de eso el la kiere y ella a el, dios k coraje par de idiotas, pero bueno si ella kiere reglas y restricciones entonces las tendra, por eso le dio el contrato k bruto, pero dios asi lo amamos..... porfis, porfis y porfis no lo hagas pribado, k como muchas no lo podre seguir por medio de tu blog, mujer tenos consideracion, pero si no dios a ver k aremos...
    pero de todos modos kiero invitacion o si....
    saluditos!!!!!! karlita carrillo cullen
    (karla_carrillo1990@hotmail.com)
    t dejo mi correo, maldito internet no me permite dejart msj por la cuenta de google... besitos

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  19. Hola!!!! Acabo de terminar de leer tu historia y dejame decirte que desde un principio me atrapó, no podía dejar de leer, ni siquiera para dejar un comentario-lo siento, de vdd-, pero es que cada vez que terminaba un capitulo ya quería leer el siguiente.... hasta que llegué al n° 20, y cuando quise leer el sig capi me di cuenta que ya no había :(. Pero por otra parte me dio la oportunidad de reaccionar y por fin dejar un comentario :).
    En fin es una historia grandiosa, una combinación perfecta de TODO, no es como otras con las que me he topado, en donde solo hay sexo, sexo y más sexo. Realmente hay una historia, una trama que te atrapa desde el principio, unos personajes que ¡ay Dios!! esta historia aunque ficción tiene algo de realismo al desarrollarse que siempre te deja con ganas de más y esa realidad hace que los personajes no sean predecibles y que cuando llega el momento te sorprenden, y además de todo eso nuestra imaginación crece al ver semejantes imágenes que ilustran momentos candentes de la historia :).
    Okay , creo que es todo... la vdd no, pero tengo tantas cosas que decir de la historia que no se ni por donde comenzar, luego digo "pues por el principio" jajaja y termino omitiendo otras que en un inicio era lo que quería escribir, pero en ya qué.....

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  20. Muy bien, en cuanto a la historia...
    Creo que Edward ya está hasta el tuétano por Bella, aunque no se de cuenta y todo lo que le ha hecho en este capi, parte es por lo que le esta ocultando y siente que no confía en él así que se siente traicionado... y la otra parte porque creo que ya se esta dando cuenta de lo que Bella representa para él y es una forma de reaccionar para él convencerse de que no la ve más que como su sumisa y no hay sentimientos más profundo de pro medio, al menos por su parte -que es lo que a él le preocupa-.
    Por otra parte Bella, es o se hace??? dice que no se quiere enamorar pero, enamorada ya lo está, no quiere sentirse herida si no es correspondida que es lo más seguro -desde su punto de vista-, está en una situación muy complicada por una parte sus amigas de toda la vida le dieron la espalda - sinceramente en un principio creí que hacían bien, cuando una mujer se enoja tiende a exagerar, a ser muy dramática y esta no podría ser la excepción, pero ya les pidió disculpas y todo y no reaccionaron, eso ya fue suficiente. Espero que cuando regresen les con las puerta en las narices, bueno no tanto pero que si las haga sufrir un poquito, que sientan lo que sintió ;)-. Por otra parte están sus sentimientos por Edward, que si bien se hace de la vista gorda, aún siguen ahí y la entiendo no quiere que su corazón termine herido, que es lo más probable -desde su punto de vista-, aunado a esto esta ese oscuro secreto que la atormenta y no le permite entregarse en un 100% a Edward, en este punto me perdí, realmente no recuerda o se esta haciendo lo que "Doña Lola" pendeja sola -ok, no lo pude evitar :P- realmente no lo recuerda???, su mente lo borró en un intento de protegerse???, o solo no quiere que Edward lo sepa??? Porque según recuerdo -o bueno así lo entendí- algo les contó a Rosalie y Alice.
    Bueno creo que con respecto a este oscuro suceso Edward terminará recurriendo a Rosalie y Alice, y entonces retomarán su amistad con Bella. Solo espero que Edward le de su merecido a Jack.
    Bueno estos es lo que pienso en este momento, creo que se me escapan algunas cosas, pero ya lo recordaré luego y lo escribiré.
    Una vez más es una gran historia, muchas Felicidades!!!
    Un abrazo

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  21. PUFF!! todo lo que me había perdido!!! dios... estúpida escuela... leí como loca todo el fin... pero ha valido la pena... hermoso tu fic como siempre (:

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  22. el capi estuvo excelente nuestro ed aveces se pasa pero todo lo que tiene que ver con bella lo supera ojala que bella le cuente lo que sea que le aya pasado o que ed vaya con rose y alice y le de su merecido al perro de jacob te quería decir que si me podrías mandar una invitación siiii chao aquí te dejo mi correo abimora12@hotmail.com

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  23. Me encanto el capitulo! Odio a Edwar pero tambien lo amo! AME el capitulo no puedo esperar para leer lo que sigue. El capitulo estuvo genial

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  24. hola li!!!!!! me paso por fan-fiction y tambien por tu blog siempre lo leo en los dos lados aca es más grafico (baba) tu sabes amo esta historia donde mis sentimientos por Edward son una montaña rusa, Bella no merece ese trato -.- amo tu fic ojala y actualices prontito ♥

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  25. dios, me tienes ansiosa por proxima publicacion, ¿aun no tienes fecha?

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  26. Hola nana siempre leo tu historia es simplemente ESPETACULAR... me tienes suspirando.. esta relacion es muy especial el amor los golpeo con tanta fuerza que los tiene aturdidos.. son una misma alma pero en cuerpos diferentes y eso los asusta... me siento un poco triste x lo del blog ya que este es el primer comentario siempre escribo pero cuando lo voy a publicar nada...felicidades por tu premio la historia es de esas porque te quiero te odio jijijiji...si decides privatizarlo este es mi correo nybeltran25@hotmail.com.. besitos desde venezuela

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