martes, 4 de octubre de 2011

CAPITULO 18

Esto es lo que soy.


“Las ilusiones son peligrosas, no tienen defectos.”
Sabrina.

BELLA’S POV

Sus manos acariciaban mi espalda. Su boca atrapaba la mía queriendo devorarme entera, sus labios dominaban los míos al succionarlos con la presión exacta, sin hacerme daño pero con la suficiente fuerza para desconectar mi razón y dejarme llevar. Gemí al sentir sus dientes tirando suavemente de mi labio inferior, era muy excitante sentir que me absorbía de esa forma tan, erótica. Yo quería tocarlo, tener bajo las palmas de mis manos la sensación de sus fuertes músculos. Quería saber si su piel que ardía como la mía, igual latía desesperada por mucho más esa noche en la cual yo estaba ahí para entregarme entera.

Mi labio fue liberado y su lengua invadió mi boca, entró demandante y sin permiso, arrolladora como nuestro dueño. Se enredaba con la mía que sin titubear respondió a esa lucha de poder enredándose también, haciendo extrañas contorciones que se robaban mis gemidos. Era un beso potente, con una fuerza salvaje que sentía que arrasaba con toda mi cordura pero estaba muy lejos de eso aún. La intensidad bajó y sólo en mis oídos quedaba resonando fuerte el latido de mi corazón excitado mientras sus labios rozaban con suavidad los míos.

Me abrazó y hundió su cara en mi cuello, su respiración me hacía cosquillas. Su lengua comenzó a probar el sabor de mi piel y creí morir al contacto húmedo en la unión de mi hombro y mi clavícula mientras sus manos bajaron a mis nalgas, masajeándolas, apretándolas y calentándome más. Por instinto, pegué mi pelvis a la suya y jadeé al sentir el duro bulto contenido bajo la ropa. En ése instante bajé mis manos hasta sus nalgas acariciándolas y presionándolas contra mi, pero de pronto, todas las caricias cesaron. Se alejó de mi y entró a su vestidor dejándome confundida. ¿Había hecho mal en tocarlo sin su permiso?

Edward salió un momento después con los consabidos pañuelos de seda, solo que en esta ocasión eran rojos. Se acercó a mi lentamente hasta que no hubo espacio que nos separara. Yo temblaba y no precisamente de miedo. Era ansiedad, hambre de él, adrenalina que corría por mi sistema deseando más de él. Nuevamente atrapó mis labios y contra ellos dijo con voz muy grave y ronca…

–Desnúdame, Isabella – juré sentirlo temblar también –, y hazlo rápido.

¡Oh, Dios!

No era la primera vez que Edward me pedía que lo desnudara, pero para mi parecía que lo era. Mis manos temblaban ansiosas y antes de empezar a deshacerme de su ropa me pegué más a su cuerpo y me froté contra él.

–Tks, tks, tks, no gatita – su voz era tan sensual –, obedéceme y tendrás tú recompensa.

Haciendo un esfuerzo por controlar mis impulsos así como el temblor de mis manos, comencé a desabotonar su camisa pero lo hacía despacio, provocándolo inconscientemente. El gruñía bajito y me concentré tanto como pude. Llegué hasta en botón que se perdía bajo la hebilla del cinturón y proseguí a quitárselo. Lo aventé por ahí volviendo de inmediato a mi tarea. Desabroché el botón de su finísimo pantalón gris oscuro y bajé el pequeño cierre aprovechando para tocarlo un poco. El no se quejó, solo gimió, y con extrema lentitud, esa si muy adrede, lo bajé hasta llegar a sus tobillos arrodillándome conforme el pantalón iba descendiendo por sus perfectas piernas. Sus bóxers gris oscuro quedaron al descubierto revelando un gran bulto queriendo ser liberado de bajo la tela flexible. Aún de rodillas, subí mi mirada para verlo. El asintió una vez y subí mis manos por sus piernas tratando de excitarlo más, Edward no se quejó hasta que llegué a sus caderas colocando mis manos a los lados presionándolas ligeramente.

–Isabella…

Me advirtió y sin perder tiempo, tomé la orilla elástica de la prenda y comencé a bajarlos. Su polla saltó frente a mi como si tuviera vida propia. Bajé la cabeza y mi pelo hizo una cortina impidiéndome ver su erección. Me alejé unos centímetros y me despejé la cara con una mano para mirarlo sin pena, quería ver bien ése miembro que deseaba tener dentro de mi. Con un suspiro ahogado continué con mi tarea bajando la prenda hasta sus tobillos. Levantó un pie y después el otro para salir de ella y volvió a quedar frente a mi. Entonces pude admirarlo a mi antojo. Era muy ancho y muy largo, parecía latir y las venas a lo largo de él lo certificaban.

–¿Puedo tocarlo? – una voz que no reconocí salió de mi boca.

–¿Sólo lo quieres tocar? – preguntó con esa voz ronca.

Lo miré desde abajo y negué torpemente con la cabeza.

–¿Qué más quieres hacer con él? – hablaba mientras se acariciaba lentamente de arriba a abajo.

Me encogí de hombros y enmudecí.

–Dame tu mano – me pidió y se la di.

Estaba caliente, casi tanto como yo. La llevó a su polla hinchada y luego él puso su mano sobre la mía. Comenzó a subirla y bajarla despacio haciendo fricción aumentando el calor de su longitud erecta y dura como una roca. Mis movimientos continuaban y la fricción aumentaba haciendo que Edward gimiera muy bajito; su punta comenzó a brillar del líquido pre-seminal y con mucho cuidado pasé la yema de mi dedo índice sobre ella. Un gemido más audible salió de su garganta y se estremeció. Subí la mirada y vi que tenía los ojos cerrados; me acerqué más y me lo llevé a la boca introduciéndolo hasta la mitad solamente.

–Isabella…

Dijo mi nombre con algo de sorpresa, yo seguí en lo mío intentando salivar lo suficiente para que resbalara más adentro en mi boca. Recordaba que en mis novelas decía que ellos disfrutaban si curvaba mi lengua alrededor de su polla mientras entraba y salía de mi boca. Sus gemidos me lo confirmaron pero mi mandíbula, nueva en esas actividades se cansó. Lo saqué de mi boca y continué chupándolo como si de una paleta se tratara, pasando mi lengua muy húmeda por la cabeza y apretando mis manos en su base.

–Abre bien esa boca carnosa que voy a follarla.

Su orden me asustó un poco pero lo obedecí. Puse mis manos en sus muslos para afianzarme bien y abrí mi boca lo más que pude levantando un poco mi cara. Edward tomó su ansiosa erección y la pasó por mis labios, humedeciéndolos con las brillantes gotas que salían de su pequeñísima ranura. El líquido algo amargo y salado cubrió mis labios, era su sabor…

Muy despacio comenzó a introducirse en mi boca; al principio solo llegaba hasta la mitad de su polla y un poco más, como esperando que me acostumbrara a su tamaño. El desprendía gotas de su esencia pero yo también lo hacía. Fácilmente podía sentir mi sexo mojado por mi excitación, resbaladizo debido a su desnudez. El encaje de mis bragas se sentía idóneo para frotarme contra él. Cerré mis piernas lo más que pude y me moví un poco, era tan erótico eso…

–Quiero tus piernas separadas, Isabella – dijo entre gemidos.

Edward empujó un poco más dentro de mi boca y lo sentí chocar con mi garganta al igual que sentí las arcadas que súbitamente llegaron.

–No respires por la boca.

Intenté seguir sus indicaciones y se impulsó más allá, ya casi lo tenía completo en mi boca y mi garganta. Edward puso sus manos sobre las mías y las colocó detrás de sus muslos sin dejar de moverse. Mi quijada dolía y estaba por sacarlo por completo de mi boca cuando sentí una de sus manos en mi cabeza y escuché un jadeo que me hizo olvidar el dolor que sentía. De pronto se impulsaba con más fuerza y rapidez y yo hacía un esfuerzo sobrehumano por respirar por la nariz. Me aferré a sus muslos porque con cada embiste sentía que me iba a aventar lejos. Su mano sostenía mi cabeza manteniéndola en su lugar para poder follarme la boca a su entera satisfacción. Gemí y mis uñas se enterraron en su piel, él jadeó de nuevo y colocó la otra mano en mi cabeza. Sus intromisiones además de profundas llevaban mucha más fuerza. Sentía sus manos despeinarme por completo mientras sostenían mi cabeza y yo creía ya no poder más.

Edward gimió muy fuerte y sentí como se tensaba de repente. Salió de mi boca adolorida y creí desmayarme, eso había sido demasiado para mi. Me tomó de los brazos y me levantó dándome un intenso beso en mi inerte boca. Me acostó sobre la cama y con prisa levantó mi vestido.

–Desvístame, Señor – articulé como pude pero mi petición no pareció ser escuchada.

Vendó mis ojos y mis sentidos instantáneamente se agudizaron. Jadeé y un estremecimiento recorrió mi cuerpo, me gustaba ese sentimiento de incertidumbre que me provocaba el no ver nada y estar a la expectativa. Amarró mis muñecas con los pañuelos al cabecero de su cama; mi pecho subía y bajaba y mi cabeza se movía esperando escuchar algún ruido que me diera una idea de cual sería su siguiente paso.

Muy despacio me quitó los zapatos y acarició mis pies. Los besó en el empeine y más arriba hasta llegar un poco más allá de mis rodillas alternando su húmeda boca en ambas piernas. Mis gemidos denotaban mi creciente excitación, mi cuerpo se retorcía, con mi poca paciencia ya lo deseaba dentro de mi.

Al llegar a la mitad de mis muslos alejó su boca de mi piel pero sus manos continuaron el trayecto. Subieron en caricias provocadoras que aumentaban mi humedad que ya era mucha. Edward llegó hasta mis bragas y presionó sus dedos sobre la tela, jadeé como seguía haciendo al sentir más presión justo sobre mi centro. Movía sus dedos en pequeños círculos sobre la prenda húmeda causándome una fricción enloquecedora. Hizo la tela a un lado y el contacto directo con mi zona erógena puso de punta todos lo vellos de mi cuerpo.

Muy despacio comenzó a bajar mis bragas hasta quitármelas por completo y luego se ocupó de mantener mis piernas bien abiertas, mi respiración cada vez se agitaba más por la premura y lo escuché reír muy bajito cuando me sobresalté al sentir sus dedos adentrarse en mis pliegues. Mi cuerpo entero se sacudió cuando presionó mi hinchado botón y jugaba con él moviéndolo en pequeños círculos. Mi Señor borró de mi mente toda razón al hundir sus dedos en mi y yo que ya estaba llegando al borde con sus caricias, me retorcí tanto como mis prisioneras muñecas me lo permitieron. Sacó sus dedos de mi cuerpo y los pasó lentamente por mis labios.

–Tan dulce…

Lo sentí entrar de forma dura. Con mucha fuerza se enterró en mi anulando cualquier gemido o jadeo. Era demasiado el vigor con el que me embestía que no podía emitir ruido alguno. Él si jadeaba cada vez que llegaba más profundo, lo sentía plenamente y era una sensación por demás sobrecogedora, absorbía de mi cada fibra de mi deseo, de mi ansiedad, llenándome de un placer que era ya libre de sentir, sin penas, ni remordimientos, ni pensamientos tontos que no me dejaban ser quien en realidad quería ser, quien era en realidad, su sumisa… el objeto de su deseo.

Edward me estaba follando vestida, lo excitaba sobremanera hacerlo cuando estaba vestida de rojo, lo había notado ya. Era su fetiche, su placer culposo además de muchos otros que tenía y que sabía que iría conociendo en poco tiempo.

Mi cuerpo recibía su polla complaciente pero mis paredes se contraían cuando salía de mi queriendo retenerlo conmigo. Eran movimientos a los que mi cuerpo respondía por instinto y que no podía evitar. Yo solo me abandonaba a disfrutar lo que él me daba, elevándome con el pico de las olas de placer y brincando con cada embiste desesperado que llenaba mi interior con esa fuerza arrolladora.

Mi cuerpo comenzó a sentir ese calor en mi vientre bajo. Cocinándolo de manera rápida, subía y llegaba hasta mi garganta, me quemaba, necesitaba liberarme de ese fuego que se acumulaba dentro de mi. Jadeé por primera vez desde que me empezó a poseer y de pronto mi respiración era tan escandalosa que no creía que fuera mía, tan desvergonzada. Mis jadeos se convirtieron en pequeños gritos y quejidos, lamentos audibles que solo demostraban mi necesidad de llegar a mi culminación.

–Suéltalo, Bella…

Su voz ansiosa me ordenó y no fui capaz de intentar siquiera reprimir ese cúmulo de sensaciones que clamaba por explotar. Me dejé ir y la sangre de mi cuerpo corrió burbujeante como gaseosa, causándome una sensación de cosquilleo en lugares de los que ni siquiera había sido consciente durante toda mi vida y de pronto estallé… la efervescencia de mi sangre se triplicó y sentí que dejé de respirar, de pensar y me dejé arrastrar. Esa sensación no disminuyó; él aún no llegaba al clímax y seguía embistiendo mi cuerpo con más fuerza y yo sentí que volvería a explotar irremediablemente. Él se tensó una vez y luego dos más. A la cuarta, un grito que intentó reprimir me hizo desear no tener cubiertos los ojos para poder ver su rostro extasiado, como deseaba con todas mi fuerzas que estuviera.

El peso de su cuerpo cayó sobre mi por unos segundos solamente, después se acostó a mi lado y solo se escuchaba en la habitación el jadear de nuestras respiraciones queriendo alcanzar su ritmo normal pero yo sentía que para mi era una tarea imposible. Entonces, mi cuerpo por sorpresa, se alejó tanto como pudo de él al sentir que acariciaba mi mejilla. Me maldije internamente, no quería que pensara cosas que no eran, yo solo, me sorprendí por esa reacción…

Unos minutos después se movió y se colocó a horcajadas sobre mi, me tensé inmediatamente. ¿qué demonios me pasaba? Tal vez estaba sensible y a la expectativa y mientras no me quitara el pañuelo de los ojos iba a ser muy difícil para mi no sobresaltarme a cada toque suyo. Desató mis muñecas y las masajeó ligeramente, como si estuviera cerciorándose que no estuvieran lastimadas. Luego con mucha calma desvendó mis ojos. Parpadeé repetidamente, la luz era tenue pero podía ver todo con mucha claridad, a él sobretodo que me miraba fijamente como esperando que le dijera algo pero me mantuve callada. Se sentó entre mis piernas y me rodeó con sus brazos para bajar la cremallera de mi vestido, lo sacó sobre mi cabeza dejándome desnuda.

–Mmm, sin brassiere – aspiró y exhaló.

Se inclinó sobre mi y me besó. Era un beso lleno de fuerza, de deseo, de un sentimiento de posesión que sería muy cínica en negar que no extrañaba. Ya no podía negarlo, yo deseaba eso, sentirme pertenecer a alguien, sentirme cuidada, protegida aunque ya sabía todo lo que eso traía incluido, el ser vigilada, el que me limitara en algunas cosas, el que no me pudiera sentir totalmente libre pero aún así, yo quería eso, por eso estaba ahí, ese particular motivo era el que me había llevado a rendirme a él.

Yo, Isabella Swan, me entregaba a mi Señor, Edward Cullen para pertenecerle.

En ese desesperado beso, puse todos mis anhelos, toda la fuerza con la que deseaba que todo funcionara como debía ser; él ansioso mordisqueaba mis labios ya casi fuera de mi boca abrasado por ese ardor ciego que comenzaba a consumirlo de nuevo. Yo podía sentir también el hambre que tenía de mi, esa urgencia que pasó de un beso a encender de nuevo tanto sus deseos como los míos, era demasiado pronto pero, ¿y que?, si mi Señor así lo quería, yo estaba ahí para complacerlo y gozar en el proceso.

Su boca descendió rastreando su objetivo, besó, lamió y succionó mi piel hasta que llegó a él. Mis senos lo esperaban endurecidos de deseo, haciendo que mis pezones en puntas dolieran por sentir la calidez de su boca. Me arqueé para ofrecerlos a él y sin prisas los tomó. Una mano se apoderó de uno, cubriéndolo y presionándolo en círculos. Un gemido de placer salió de mi boca al sentir que la suya atrapaba mi pezón libre. Lo chupó como un sediento en una búsqueda frenética por calmar su sed, lo tomaba entre sus dientes y yo gritaba, lo jalaba entre ellos estirándolo y yo enloquecía.

Su cadera se presionaba contra mi y me atreví a tocarlo en medio del calor del momento. Llevé mis manos a su pelo, enredando mis dedos en él, agarrando con furia mechones entre mis manos acercándolo más a mis senos que lo reclamaban. Sus manos masajeaban y estrujaban mis dos cumbres, las turnaba entre su boca y esas fuertes manos ejercían una presión demencial y precisa para tenerme casi aullando por más.

–Por favor, Señor – supliqué lastimosamente para que acabara con mi ardiente agonía.

Él levantó la cara y me miraba como en trance.

–¿Qué quieres, Isabella? – respiraba con dificultad –, pídemelo y lo tendrás.

–Lo necesito… – hice una pausa y tragué en seco –, a usted dentro de mi.

Apenas acabé de hacer mi petición cuando con un vigoroso envite me penetró sin contemplación. Yo grité por la sorpresa y por el empuje que hizo que mi cabeza chocara contra el cabecero. Mi cuerpo era llenado y vaciado con una prisa desconcertante y yo trataba de mantenerme lo más estática posible pero no lo estaba logrando. Edward con toda la potencia de su cuerpo se impulsaba dentro de mi y yo sentía que removía hasta los más insospechados órganos dentro de mi cuerpo. Con cada embiste el gruñía y yo gritaba, nuestros cuerpos sudaban, nuestras respiraciones impares alteradas, nuestros orgasmos cercanos. Mis pechos moviéndose imposiblemente con cada impulso así como todo mi cuerpo que vibraba al ser embestido.

Esa conocida espiral de fuego que nacía desde mi sexo y subía atrapando todo a su paso, se hizo más intensa con cada segundo que pasaba. Me tensé y en esa ocasión, como si estuviera programada para ello, contuve mi respiración como pude y contraje todos los músculos de mi pelvis.

–Así, Bella, espérame, así…

Su voz entrecortada me pidió y yo solo tenía oídos para él; me contraje todo lo que pude haciendo de paso que él disfrutara más con mi compresión. Sus jadeos eran fuertes y me hacían difícil poder mantener mi cuerpo en control. Se tensó una vez y a la segunda gritó…

–¡Ahora, Bella!

Estallamos al mismo tiempo liberando un orgasmo desgarrante, que barría con todos nuestros sentidos, que nos inflamaba y nos hacía hinchar de placer. No tenía palabras para describirlo, solo sabía que habíamos alcanzado el clímax juntos y que había sido una de las experiencias que serían inolvidables en mi vida. Sentirlo llenarme de él, de su semilla, de su esencia y yo, recibirlo, albergándolo en mi cuerpo sin querer dejarlo escapar de mi.

No supe cuanto tiempo pasó después. Solo cerré mis ojos y me dejé llevar por un sueño arrullador. Me sentí en casa, envuelta en un tibio calor, cuidada, protegida, satisfecha y plena.

En mis sueños escuché mi nombre…

–Bella…

–Bella…

Se repetía una y otra vez.

Sentía caricias…

Sentía calor…

Sentía paz…

Más caricias…

En mi vientre las cosquillas de un ligero roce me estremecieron y suaves besos se repartían por mi cara, mi cuello, mi pecho…

Mis labios recordaban vívidamente esos labios que en mi sueño me besaban pero ahora con ternura, despacio, sin prisas, sin esa urgencia. Unas manos suaves que recorrían cada centímetro de mi piel, una nariz absorbiendo mi olor. Me removía un poco inquieta y gemía en ese mismo sueño al sentir que un dedo se paseaba por mis pliegues. Mis piernas se separaron y un peso se colocó sobre mi. Jadeé al sentir esa conocida sensación, solo que esa vez el ritmo y la intención eran diferentes.

Los movimientos rítmicos y acompasados mecían mi cuerpo en ese vaivén que cada embiste le producía, pero no eran con fuerza, estos eran suaves, cadenciosos, como si solo quisiera sentirme, hacerme vibrar, y lo estaba logrando. Los minutos pasaban y yo que ya estaba despierta y consciente de lo que sucedía, no quería abrir mis ojos. Tenía miedo. Porque me gustaban todas esas sensaciones que despertaba en mi pero a las cuales no sabía como reaccionar, eran demasiado abrumadoras y sabía que si no me controlaba entonces ellas me controlarían a mi y sin remedio, saldría lastimada.

Alcancé el último orgasmo de esa noche y él, después de alcanzar el suyo y recostarse junto a mi, me dijo con un tono diferente en la voz.

–Abre los ojos, Bella.

Yo aspiré intensamente incapaz de obedecerlo.

–No tengas miedo, Bella, por favor no me tengas miedo.

Dijo las palabras en un susurro que me dejaron completamente sorprendida. Ése no era Edward Cullen, no, no lo era más no me importó y me aferré a él quedándome dormida entre sus brazos.

***

Escuchaba la voz de Edward; sonaba más seria y firme, como era siempre. Hablaba como no queriendo despertarme. Puse un poco de atención y lo oí dar algunas instrucciones. Pedía que prepararan el desayuno y dio un par de ordenes más. En ese momento todo el peso de la realidad cayó sobre mi.

Yo había dormido toda la noche con Edward Cullen, en su cama, abrazada por él, me había follado como un loco y me había gustado. ¡Cielos! Que si no lo había disfrutado…

De nuevo, Edward había dormido conmigo. Según él no lo hacía nunca pero conmigo ya llevaba dos noches que lo hacía. Después de todo, tenía muchas esperanzas de poder cambiar a ese hombre tan dominante y lograr que hiciera las concesiones que yo quisiera, ¿quién sabe?, tal vez tuviera éxito, tal vez no…

Lo sentí moverse y yo me quedé muy quietecita. Salió de la cama y muy despacio abrí uno de mis ojos. Tuve que abrir el otro cuando vi ese hermoso trasero caminar hacia el baño. Esa visión no podía ser real, pero lo era, yo misma había tocado esas duras nalgas muchas veces ya y eran tan reales como que yo me encontraba en ese momento en su cama deliciosamente adolorida después de una noche de lucha cuerpo a cuerpo. ¡Si!

Estaba tan contenta, porque después de tanto enredo mental que me tenía sumida en un verdadero caos, por fin pude definir mis deseos y reconocer que yo quería estar junto a Edward. Había ido a su casa. me había entregado a él y me aceptó dándome una bienvenida que no tenía comparación. ¡Bienvenida a su mundo, Bella!


Bella.

Así me había llamado varias veces esa noche. Me gustaba pero tenía que aceptar que el que me llamara Isabella, hacía brincar algo dentro de mi. El tono y la intención con la que decía mi nombre completo era, abrumadora. Giré en la cama como una niña pequeña y me abracé a su almohada. Hundí mi cara en ella y aspiré su aroma tan particular. Sonreí y recordé algunas cosas de la noche anterior. Sus labios en mis senos, posesivos. Aún no podía creer todo lo que había sucedido pero si de algo estaba muy segura era de que no me arrepentía de absolutamente nada.

Un par de minutos más tarde Edward salió del baño. Con media cara enterrada en la almohada me fue un poco difícil observar esa visión extra-erótica que venía caminando hacia mi con un insulto de mini toalla en las caderas y las gotas de agua deslizándose por casi todo su cuerpo, en especial por su pecho. Se acercó a la cama y se inclinó despacio.

–Isabella – mmm mi nombre dicho de nuevo con esa voz tan sensual –, es hora de levantarse.

Me estremecí al sentir uno de sus dedos correr por mi espalda y al llegar a mis nalgas, haciendo a un lado las sábanas, me dio una nalgada de buenos días. Me estiré y lo miré con un ojo abierto.

–Apúrate porque te quiero en treinta minutos al pie de la escalera.

Tomó las sábanas y las hizo a un lado completamente, dejándome desnuda. Lo miré con los ojos bien abiertos y asomaba una ligera sonrisa por sus labios. Se dirigió de nuevo al baño y yo me puse de pie con mucha energía. ¿Cómo era posible que estuviera así después de una noche como esa?

Fui a mi habitación y entré directamente a la ducha. Me lavé el pelo con un shampoo de fresas que no era el que yo acostumbraba pero que también olía delicioso y mi cuerpo con un jabón líquido de la misma línea. Leí las etiquetas y era hecho en Bali. Edward había traído eso para mi. Sonreí. Se estaba comportando tan raro…

Escogí un pantalón gris oscuro y una blusa rosa de entre toda la ropa del enorme vestidor. Enseguida recordé todo lo que tenía pendiente ese ocupado día y torcí los labios. Me hice una coleta alta, me puse un poco de polvo, rímel y un tono rosa malva en los labios. Elegí un bolso pequeño ya que la noche anterior había llevado una cartera roja, ya una vez abajo tomaría mi móvil y mis otros objetos personales. Salí de la habitación y para mi sorpresa, Edward estaba esperándome al pie de las escaleras. Se había afeitado como lo hacía todas las mañanas que iba a la oficina y se veía soberbio en ese impecable traje azul hecho a la medida y que destacaba el brillo y el color de sus ojos verdes. Al verme bajar, me dio una pequeña sonrisa torcida que le llegó hasta los ojos. ¡Diablos! Y ése era el hombre que me había follado toda la puta noche.

–Muy hermosa – dijo al tomar mi mano y conducirme al comedor –, ¿todo bien?

Sabía que se refería a algún efecto de la noche anterior – Si, todo muy bien, gracias.

Edward como siempre, desayunó su imperdonable omelete con un poco de frutas antes y café, casi tres tazas. Cafeína al por mayor. Yo, tomé solo fruta y una tostada.

–¿Solo comerás eso?

–Si, generalmente no desayuno así – solo un capuchino y una o dos donas de nuez, deliciosas.

Se respiraba un ambiente tan diferente al de otras veces que no podía evitar mi sonrisa. Edward también estaba contento, sentía su mirada sobre mi y cuando me encontraba con sus ojos éstos también parecían sonreír.

¡Si, Señor! Yo era suya, suya como me había dicho anoche y yo no podía estar más feliz, suya hasta que… oh diablos…. No, no era verdad. Yo no había escuchado bien. Él no había dicho eso, ¿verdad que no?... hasta que se cansara de mi… no, no, no.

Pero mi memoria no me fallaba y en efecto, Edward sí había hecho esa aclaración... hasta que se cansara de mi.

Un velo de decepción cayó sobre mi y mi alegre mañana y lo que yo percibía como un estupendo futuro se empañó de repente. Pero, ¿qué podías esperar, Isabella?, él era un dom consumado, ellos no tienen relaciones largas, éstas duran precisamente hasta que sus parejas ya no tienen nada que ofrecerles y buscan más, y él no parecía ser de las personas que se conformaran con lo mismo por mucho tiempo además, tenía mucho de donde escoger.

Sonreí triste y sentí su mano sobre la mía – ¿Qué sucede? – me preguntó intrigado.

Yo traté de disimular la triste realidad que no había querido ver desde antes y respondí con una sonrisa – Ah, nada, es que acabo de recordar todo lo que tengo para hoy, además ya voy tarde, necesito llegar a la agencia.

Me puse de pie ante su mirada astuta y enseguida supe que no se había tragado mi cuento. Fui hacia el hall y tomé mi cartera y saqué de ella mis cosas.

–Paul está esperando afuera – se acercó y me rodeó con sus brazos. Enseguida ese estremecimiento recorrió mi cuerpo –. Irá por ti para ir a comer.

–Oh, lo siento – dije torpemente – tengo una comida de negocios.

–Posponla – ordenó cambiando el tono y la actitud.

–No puedo, la cancelé ayer para comer contigo, es un cliente muy importante.

–¿Qué cliente?, ¿quién es? – me miraba con los ojos verde oscuro entrecerrados.

–Es Michael Newton, el dueño de las joyerías. Jane y yo manejamos su cuenta – le dije sincera.

Edward asintió serio pero me dio un beso de despedida sin soltarme de su abrazo. Dejé el penthouse y subí al auto rumbo a la agencia. ¿Por qué estaba enojada?, Edward jamás me dijo que sería una relación a largo plazo. Él era el dominante y él era quien decidía cuando se acababa esa relación, no yo, lo debía tener muy presente. Lo único que podía hacer era disfrutar mi tiempo con él y hacer lo que me correspondía como sumisa, buscar su satisfacción.

Sonreí más animada al subir a mi oficina. Después de todo no habíamos firmado un papel que estipulara tiempos, ni condiciones, todo podía cambiar y eso estaba en mis manos. Notablemente más esperanzada y con una sonrisa más real, saludé a Jane que me miraba intrigada.

–Vaya, vaya, ¿a qué debemos el motivo de esa sonrisa esta mañana, Bella? – preguntó empujando hacia mi la caja de donas y no dudé en tomar la de nuez. Se lo diría, ¿por qué no?, ya estaba cansada de guardarme las cosas.

–Estuve con Edward anoche – dije tranquilamente mordiendo mi dona… deliciosa.

–Pero si parece que gracias a Dios se están empezando a poner de acuerdo, ¡que bien amiga!, me da gusto – me aventó un sobrecito de azúcar Light –, tienes otra carita – se rió pero recordé el… hasta que me canse de ti.

Toda mi mañana estuvo hasta el tope. Revisé con Jane unos últimos cambios que Michael había solicitado y que eran el principal motivo de nuestro almuerzo. No nos poníamos de acuerdo con la imagen. En un principio, Michael quería una campaña que le transmitiera al cliente que a pesar de ser un producto elitista, como bien podrían ser las joyas, su adquisición podía ser factible con el grupo Newton’s, pero después de ver varias de nuestras propuestas, no se había decidido por ninguna ya que quería algo que proyectara que eran más exclusivos, lo que era totalmente opuesto a su idea inicial. Finalmente logramos crear una imagen que no se viera tan contradictoria y solo esperábamos que tomara la decisión final.

Un poco antes del almuerzo, Olivia nos llamó y nos dijo que nuestras otras cuentas menores quedarían a cargo de otros compañeros ya que nos necesitaba libres después de terminar con la cuenta de Newton’s. Eso nos pareció muy bien porque sin menos cosas en la cabeza podríamos concretar mucho mejor nuestras ideas.

Con mucha menos presión sobre nuestras espaldas, salimos directo al restaurante donde habíamos quedado con Michael. Él ya nos esperaba cuando llegamos y nos saludamos.

–Hola chicas – nos dio un beso en la mejilla –, no les pregunto como están porque las veo muy bien, ¿cómo está Ethan, Jane?

–Muy bien Michael, gracias por preguntar – le sonrió.

Pedimos nuestras bebidas y yo revisaba atenta el menú mientras Jane y Michael hablaban sobre algo a lo que no le puse mucha atención.

–Isabella, ¡qué sorpresa!

Mi cabeza giró casi 180º al escuchar esa voz.

Edward Cullen con todo su porte de dios griego venía caminando hacia mi con una sonrisa burlona y torcida en los labios. En menos de tres segundos había llegado a mi lado con un par de zancadas. Se inclinó y me dio un ligero beso en los labios.

¬–Buenas tardes – saludó amable y miré a Michael que me miraba intrigado y a Jane que casi deja los ojos sobre la mesa.

–Oh, lo siento – reaccioné unos segundos después –, Michael, Jane, él es Edward Cullen, Edward, Michael, mi cliente y Jane, mi compañera.

–Y amiga – agregó y le sonreí nerviosa.

Edward tomó la mano de Jane y se la llevó a los labios – Es un placer – le dijo y en ese mismo instante ella cayó rendida a sus pies. Luego estrechó la mano de Michael.

–Siento interrumpir, pero vi a Isabella a lo lejos y tuve que acercarme a saludarla – me miraba directamente a los ojos y yo sentía que el calor subía a mi cara –, ahora, me retiro a mi mesa – asintió ligeramente.

–¿Comida de negocios también? – le preguntó Jane.

–Si, pero lamentablemente la persona con quien me vería me acaba de cancelar.

¿Alguien le canceló a Edward Cullen a última hora? No me tragaba ese cuento. De ninguna manera. No.

–¿Y vas a comer solo? – Jane le preguntó exagerando sus expresiones y Edward se encogió de hombros – ¡De ninguna manera!, siéntate con nosotros.

En menos de un parpadeo, Edward estaba sentado a mi lado con una sonrisa enorme en la cara. El mesero se acercó y pidió una botella de vino. Yo solo lo miraba incrédula. Eso era demasiado. Edward tomó mi mano y la apretó ante la vista de Michael y de Jane. Se acercó y me dio otro beso en los labios.

–Mira – dijo mostrándome uno de mis aretes y enseguida me llevé la mano a la oreja –, lo encontré entre las sábanas esta mañana… – oh, ¡Dios bendito!, Michael sonreía divertido y Jane me miraba como si hubiera visto a un hada bajar volando para concederle un deseo. Estiré mi mano para tomar el arete pero no me dejó.

–Yo te lo pongo – mi cara estaba roja de vergüenza por el comentario tan íntimo y por sentirlo pegado a mi, ¿qué demonios pretendía? Me quedé muy quieta hasta que terminó de ponérmelo y acarició mi mejilla con el dorso de su mano. ¡Que rayos!

La botella de vino llegó y Edward nos sirvió a todos. El mesero esperaba para tomar nuestra orden, pidió Jane, Michael, y cuando fue mi turno para pedir lo que a duras penas alcancé a revisar en el menú…

–Para la señorita, un filete stroganoff con guarnición de verduras al vapor aparte, y para mi un rib eye, término medio, papa a la mantequilla sin pimienta y horneada sin papel aluminio – Edward ordenó.

Sentí la mirada de Jane pero no volteé a verla, ya demasiado tenía con Edward irrumpiendo en nuestro almuerzo como para que encima ella me hiciera alguna cara extraña como la que estaba segura me haría.

Minutos después Edward y Michael estaban enfrascados en una plática de caballos, ¡qué extraño!, y Jane los miraba y escuchaba absorta. Yo por mi parte observaba cómo Edward había tomado el dominio de la mesa en menos de cinco minutos haciendo de mi almuerzo de negocios, uno de placer con una senda y muy ilustrativa lección sobre la pureza de las diferentes razas de equinos.

–Que desconsiderado – dijo tomando mi mano y besándola –, estoy interrumpiendo de nuevo, por favor, continúen.

Y si creyó que no le iba a tomar la palabra estaba en un error. De inmediato centré la conversación en el tema y le expuse a Michael los motivos por los que creíamos que esa última opción era la mejor para él porque tenía ese toque exclusivo que él quería sin dejar de dar el mensaje más importante que era el de ser un producto totalmente accesible para todos. Michael sonrió complacido y giré mi rostro para encontrar a un Edward que me miraba con asombro, casi con devoción. Esa actitud me confundió, no supe qué pensar y mucho menos cómo reaccionar. Edward se acercó a mi y tomó mi rostro entre sus manos dándome un beso en los labios ante los ojos atentos de Michael y de Jane quien me pateó debajo de la mesa. ¡Ouch! Era peor que Alice por mucho.

Luego, ella concluyó con un par de datos que terminaron por convencer a Michael quien en ese momento dio su autorización para continuar con esa idea… gracias a Dios.

–Esto hay que celebrarlo – dijo Edward y levantó la mano. Pidió una botella de champagne y brindamos.

–Por dos talentosas chicas – dijo llevándose la copa a la boca.

El resto del almuerzo pasó entre datos importantes con Michael y un monólogo de Edward. Llegó la hora de irnos y cuando Michael pidió la cuenta el mesero dijo que ya estaba saldada y miró a Edward que con una sonrisa torcida dijo que era lo menos que podía hacer ya que le habíamos salvado de comer solo.

–¿En qué vinieron? – preguntó Edward ingenuo ya en las puertas del restaurante.

–En un taxi – Jane se apresuró a decir –, Bella no llevó su auto esta mañana – dijo con una extraña sonrisa.

–Yo las llevo de vuelta a la agencia – dijo Michael.

–No será necesario, aquí está Paul – me miró y le hizo una señal. El auto avanzó lentamente hasta nosotros y Jane lo miraba fascinada.

Se despidió de Michael quien contra todos los pronósticos, le había caído bien y luego de Jane que lo abrazó y le dio un beso en la mejilla a su nuevo “amigo.” Se giró y rodeó mi cintura acercándome a él.

–Te veo en tu casa esta noche – besó mis labios.

Después de dejar bien claro el mensaje nos subimos al auto y regresamos a la agencia.

***

“Gracias por comer conmigo”
E. Cullen

Decía el mensaje de texto que acababa de recibir en mi teléfono.

¡Vaya!, si la memoria no me fallaba, era la primera vez que Edward me daba las gracias por algo y resultó ser esta vez, por una comida que no fue una coincidencia pero que tuvo a todos muy contentos menos a mi. Me sentí vigilada, acosada y realmente no sabía como reaccionar al respecto, si sentirme halagada o no, lo que si sabía era que esa nueva y extraña actitud de Edward aparte de confusión me causaba miedo. Pero siendo justos, tenía que concederle a Edward el motivo de la duda. Siendo el dominante que era no se iba a quedar tranquilo, el que se hubiera enterado de mi encuentro con Max distorsionaba todo y yo no sabía cómo explicarle que ése almuerzo nunca tuvo otro tono más que uno amistoso, al menos de mi parte.

Lo que si debía tener muy claro era lo que me había dicho. Mi vida ya no sería anónima y tenía que cuidar cada paso que diera. No hacer nada bueno que pareciera malo ni nada malo que pareciera bueno. Ya había perdido el lujo de no ser nadie interesante…

De vuelta en la agencia, Jane me acosó con mil y un preguntas sobre Edward que le respondí resignada. Ella estaba feliz por mi y me abrazaba mientras daba grititos y brincaba. Extrañaba esa sensación, la de compartir mis cosas y que alguien se alegrara por mi.

–Pero – sus ojos cambiaron de expresión –, ¿explícame cómo está eso del aretito entre las sábanas?

–Jane… – le lancé una mirada, la respuesta era más que obvia.

–¡Ay, Bella!, estoy tan contenta por ti, mira que Edward es un pedazo de tipo, y hablando de pedazos… – levantó las cejas repetidamente –, ¿cómo está en ese departamento?

–¡Jane!

El día laboral terminó y al salir, Paul ya me esperaba con la puerta del auto abierta para llevarme a casa. Después de que Edward me dijera que esa noche iría a mi apartamento, ordené la cena por teléfono y puse la mesa muy linda. Me di un baño y envuelta en la toalla me tiré sobre la cama. Hasta que se cansara de mi…

Pues yo me las arreglaría para que eso no sucediera. Claramente había aceptado todas las condiciones, sería todo lo que él quisiera, su acompañante, su sumisa, su mujer, pero me encargaría de que eso no tuviera un tiempo límite, haría lo que fuera necesario para que no quisiera alejarse de mi. Él tendría todo de mi, todo menos mi corazón. No podía arriesgarme a terminar como aquella chica de las escaleras. Yo sabría reconocer a tiempo cuando fuera el momento de retirarme con el orgullo en alto y mi corazón entero.

El ruido de la puerta abriéndose me indicó que Edward había llegado. Me di un último vistazo al espejo alisando mi vestido y saliendo deprisa a su encuentro.

–Mmm, esto me gusta – dijo mirando la mesa y abrazándome mientras me daba una nalgada, di un gritito de sorpresa y le sonreí. Tomó mi cara por la barbilla y la levantó hacia él, dándome un beso intenso que hizo que algo revoloteara en mi estómago.

Después de ese beso tuve que arrastrarme a la cocina para sacar la cena que se calentaba en el horno; Edward abría la botella de vino y el teléfono del apartamento sonó. No tuve tiempo de llegar para contestar. Edward levantó el aparato y miró la pantalla del identificador. Frunció el ceño.

–Hola – silencio.

–Si, está hablando al apartamento de Isabella Swan,¿quién la busca? – una ceja enarcada y esos ojos que me escudriñaban y que de pronto se suavizaron al escuchar quién me llamaba.

–Edward Cullen, señor Swan – me sonrió –, espero saludarlo pronto personalmente, en un momento lo comunico con Isabella, buenas noches.

Extendió la mano con el artefacto, su expresión era divertida.

–Hola papá – dije alegre –, ¿cómo estás?

–¿Es el mismo Edward Cullen que me estoy imaginando, Isabella? – que directo, sin saludarme ni nada.

–Si, papá.

–No sabía que eran amigos. Es educado – humm, Edward ya tenía la mitad del camino recorrido con mi padre.

–¿Cómo están las cosas por allá? – cambié de tema.

–Bien, Bella, todo bien por aquí, solo te llamaba para saber si vas a poder venir para Acción de Gracias, hija – torcí los labios en una mueca. Había olvidado por completo la fecha.

–No, papá, no tengo esos días libres y de hecho tengo mucho trabajo, lo siento – me giré dándole la espalda a Edward, triste porque sería el primer año que no lo pasaríamos juntos, en el internado nos daban la semana y podíamos ir aunque solo fueran pocos días pero ya era diferente, ya tenía obligaciones y debía cumplir.

–Mmm, algo así me imaginé pero no quise dejar de preguntarte, tenía esperanzas de que pudieras venir – dijo tranquilo – pero al menos sé que lo pasarás con las chicas y con tus nuevas amistades, ¿me equivoco?

–Nada me gustaría más, papá – le aseguré sin dejarle nada en claro – ten por seguro que estaré bien. ¿Cómo está Carmen? – platicamos unos minutos más y nos despedimos. Estaba consciente de que tenía visitas. Dejé el aparato en su lugar y me giré.

–El identificador decía Charlie – lo señaló.

–Si, de Charles – corroboré y sonrió.

Serví la cena y Edward se veía realmente cómodo en mi casa. Platicamos un poco de mi trabajo ya que quería saber un poco más de las campañas que hacíamos; me gustaba verlo interesado porque así podía darse cuenta como le había dicho antes, que yo no era un adorno, yo tenía la capacidad para desarrollarme en el mundo laboral y se lo estaba demostrando. De pronto la conversación dio un giro inesperado.

–Ahora que ya está todo claro, espero que por fin te portes bien, Isabella – asintió una vez hacia mi – no te quiero descubrir haciendo cosas a mis espaldas.

–Entiendo, y no volverá a suceder nada que te desagrade, pero creo – dije aspirando profundamente –, que aún hay ciertas cosas que necesitamos dejar aún más claras, como el contrato, por ejemplo.

Edward hizo una mueca de disgusto – Humm, veo que lo necesitas para seguir adelante, ¿no es cierto?

–Creo que ambos estaremos más tranquilos cuando firmemos – si, y cuando llevara estipulado un tiempo lo bastante generoso como para hacer que no quieras separarte de mi.

–No quiero hablar de eso en este momento, hay mucho tiempo por delante – se puso de pie –, ahora lo que quiero es tenerte.

Esa noche fui recompensada por darle a mi Señor una satisfactoria velada. Me llevó a mi habitación y me hizo suya varias veces. Algunas con un deseo primitivo que me hacía gritar incoherencias por las inmensas sensaciones que se disparaban en mi interior. Me entregué a él, mi cuerpo era suyo para que hiciera con él lo que le viniera en gana y eso parecía ser, solo darme un placer desquiciante. Otras veces ese placer se extendía diferente por todo mi cuerpo. Cuando Edward me poseía con suavidad, cuando me tomaba con esa delicadeza y me hacía explotar, me transportaba a niveles diferentes de éxtasis. Y si ése era mi trabajo como sumisa, lo haría gustosa para él por mil años más.

Cuando me desperté esa mañana, las sábanas junto a mi estaban tibias aún. Esa era otra cosa que no coincidía con lo que me había dicho desde un principio y no me importaba, al contrario, me hacía muy feliz.

***

Edward estuvo muy ocupado con unos inversionistas de Brasil por el resto de la semana y no tuvo tiempo de nada. El viernes, salí de la agencia y Paul y Jason me llevaron al penthouse. Edward me había dicho que saldríamos a un bar y que quería que usara algo menos formal. Saludé a Waylon y subí a mi habitación para arreglarme. A las nueve en punto estaba lista esperándolo al pie de las escaleras. Me miró y sonrió complacido. Esa sonrisa era la que yo tenía que mantener en sus labios, tenerlo contento.

–Preciosa – dijo y yo sentí burbujear mi sangre.

Esa noche, no salimos con ningún chofer ni escoltas. Éramos solo nosotros dos y ese impresionante auto negro en el que lo vi aquella primera vez. Era hermoso y tenía detalles en rojo, como los espejos y algunas molduras discretas por debajo.

–¿A dónde vamos?

–A un Gastro Pub, creo que te va a gustar – ¿Había elegido el lugar pensando en mi?, sonreí.

El lugar estaba lleno pero sin estar atiborrado. Sin embargo, Edward tomó mi mano todo el tiempo. Nuestra mesa tenía una vista hacia todo el bar, estaba emocionada y contenta de que Edward me hubiera llevado a un pub, los extrañaba. Ordené una cerveza antes de que él pudiera elegir por mi y cuando llegó en ese tarro frío, no resistí y le di un gran trago.

–Me gusta – dije en mi defensa y reímos pero mi sonrisa y mi alegría se esfumaron cuando vi caminar hacia nosotros a Emmett y a Jasper.

–¡Bella! – Emmett corrió hacia mi y me levantó en un abrazo, giró conmigo y luego me depositó en el piso.

–Basta Emmett – Edward le ordenó pero él hizo como si no lo hubiera escuchado.

–¿Cómo estás chica? – me sostenía por hombros examinándome y me cohibí.

–Bien, Emmett – miré detrás para ver si venían acompañados pero entre tanta gente…

–No te preocupes, Bella, venimos solos – dijo Jasper acercándose para darme un beso en la mejilla. Bajé la mirada lamentando que las cosas no se hubieran resuelto ya, no imaginé nunca que mis amigas, mis hermanas fueran tan rencorosas, no las reconocía…

–Pero cuéntanos de ti, ¿todo bien, Bella? – Jasper miró a Edward con los ojos entrecerrados.

–Si, Jasper, todo perfectamente bien – respondí guardando mis distancias.

–¿Te trata bien este idiota? – Emmett y sus sutilezas – porque si no lo hace, solo llámame y en tres patadas lo pongo en cintura.

–Si, Emmett, Edward me trata muy bien – lo miré coqueta.

–Dios, ya le dio la mirada – dijo Jasper llevándose la mano a la frente –, creo que la noche será corta.

Entre tarros de cerveza, una plática que más bien se centró en mi y un Edward muy posesivo con la mano que nunca abandonó mi cintura, pasamos una noche muy divertida. Nunca pensé que Jasper fuera tan diferente a la imagen que daba de snob, el chico era todo lo contrario, era tímido por lo que pude ver pero una vez que rompía el hielo, se desataba y sacaba su verdadera personalidad bromista pero muy tranquila.

¬–Ay, Jasper, eres muy diferente a la impresión que das – le confesé – eres todo lo contrario.

–Si, eso dice Alice pero… – me miró arrepentido – lo siento, Bella.

–Está bien – dije algo movida por la mención de mi ex-amiga y sentí más fuerte el apretón en mi cintura.

–Creo que es hora de irnos – dijo Edward muy serio.

–Bella – Emmett se puso serio también de repente –, las chicas quieren saber cómo estás.

–¡Ya te dije que ella está bien, Emmett! – ladró Edward enojado – ellas le han hecho mucho daño no yo, y si les remuerde la consciencia, ¡me alegro! Vámonos – me tomó de la mano.

–Estoy muy bien, Emmett – dije antes de ser arrastrada por Edward hacia fuera del lugar.

***

Realmente, había sido una noche genial. Una salida divertida con los chicos entre cervezas, bromas y chistes hasta que Jasper y Emmett mencionaron a Alice y Rose y Edward se enojó. Ellas querían saber de mi y yo sabía perfectamente que esa estrategia de mandar de avanzada a su pelotón no significaba otra cosa más que estarse sintiendo arrepentidas.

Pero Edward tenía razón en algo, me habían hecho daño y entendía que se hubieran enojado por no contarles de Edward pero una buena amiga sabe respetar tus silencios y ellas no lo hicieron y no me dieron una oportunidad para explicarme, fueron crueles y me hicieron daño de la forma en que ellas sabían que más me dolía. Después de todo eso, no estaba muy segura de saber lo que quería hacer al respecto.

–Ni se te ocurra, Isabella – me advirtió Edward creyendo que mi silencio significaba que estaba considerando la posibilidad de verlas. Pisaba el acelerador haciendo correr el auto a una velocidad alarmante.

–Vas muy rápido – dije con miedo.

–No las quiero cerca de ti.

–Suelta el acelerador.

–Te prohíbo que te acerques a ellas.

–Edward, baja la velocidad.

–Te lo advierto, Isabella – y sin escuchar mis súplicas, pisó aún más fuerte el pedal y el auto salió disparado.

Al llegar a casa estaba blanca como un papel, con el estómago revuelto y unas ganas desesperadas de vomitar. Abrí la puerta y corrí al interior. Me encerré en el primer baño que se cruzó en mi camino y ahí dejé todo lo que había cenado. Al salir, no vi a Edward por ningún lado y lo preferí, en las condiciones en las que me había dejado, solo quería recostarme y dormir.

A la mañana siguiente me desperté muy temprano. No había sabido de Edward desde que salí del auto la noche anterior y tampoco me había dejado ningún mensaje pero conociéndolo un poco, era capaz de levantarme gritando órdenes o apurándome para salir de la cama solo porque si. No entendía bien cual había sido su enojo desde el pub. Si era por lo que dijo Emmett de las chicas o alguna otra cosa pero lo que hubiera sido, lo puso en un plan muy difícil y yo por instinto de supervivencia, estaba mejor alejada de él.

Tenía el estómago revuelto todavía. La velocidad y yo… simplemente no era lo mío y mucho menos con unas cervezas encima. Me di un baño, me vestí y bajé a preparar el desayuno para Edward. Entré a la cocina esperando encontrarme con Harriet pero no estaba. Terminé, metí el plato en el horno para mantenerlo caliente y puse la mesa del comedor como a él le gustaba.

Edward bajó cuando colocaba el último cubierto. Apenas me miró y yo no quise tomarle importancia al humor pre-menstrual que tenía. Me senté y me serví un poco de jugo después de servirle el café, tomé un poco y supe que era imposible intentar comer algo. Siempre me sucedía lo mismo. Mi malestar desaparecería después de un par de horas y dos alka seltzers.

Edward terminó de desayunar en completo silencio. Se levantó y cuando empezaba a recoger la mesa se giró hacia mi.

–¿Te sientes mejor? – me preguntó y asentí segura.

–Cámbiate, salimos al club en treinta minutos – me avisó.

¿Qué lo tenía de mal humor?

Subí a cambiarme y busqué en los cajoncitos los antiácidos. Me los tomé e inmediatamente después me sentí mucho mejor. Ya lista, volví a encontrarme con Edward abajo y salimos rumbo al club.

–¿Podemos comprar unas manzanas para los caballos? – pregunté con voz baja.

–No.

–¿Por qué?

–No quiero que se malacostumbren.

–No lo harán si se los doy cada fin de semana – me quejé.

–Dije que no.

–Edward, ¿por qué estás enojado?, ¿hice algo?, ¡dímelo!

–No puedo creer que estés pensando en correr con tus “amigas” después de todo lo que te hicieron – dijo entre dientes y molesto aún – ellas te hicieron sentir mal, Isabella, te humillaron…

Me disgustó que me creyera idiota. Quería a mis amigas y las extrañaba mucho, pero estaba muy consciente de su comportamiento injusto y que desde luego no me merecía y él pensando que a la primera iba a perdonarles todo el mal rato y como bien decía, la humillación.

–No tenía pensado hacerlo pero tú asumes que eso es lo que haré y no piensas que tal vez ya haya entendido y sea yo quien no quiera verlas, crees que actuaré sin pensar, pero bueno, de qué me quejo si eso es lo que debo hacer, ¿no? actuar sin pensar, solo obedecer – respondí enfadada y el resto del camino al club lo hice mirando por la ventana.

***

–Hola, Edward – lo saludó un hombre joven.

–Trevor – le respondió seco.

–Me acaban de entregar los resultados de la autopsia, no vas a creerlo – Edward lo miró intrigado.

–Le inyectaron una vitamina preparada con las dosis equivocadas de Biodyl, y eso le provocó las hemorragias y los edemas pulmonares – negó ligeramente con la cabeza – lástima, era una yegua preciosa.

–¿Yegua? – abrí los ojos desmesuradamente al pensar que fuera de “Paloma” o “Bonita de quien hablara – ¿Qué yegua?

–Isabella no… – comenzó Edward a decir pero Trevor lo interrumpió.

–Bueno, si usted es Isabella entonces esa yegua era para usted.

–¡Trevor!

Su grito resonó por todas las caballerizas y el hombre se disculpó – Lo siento, señor – y salió corriendo de ahí.

–¿Edward? – pregunté angustiada, ¿una yegua para mi?, ¿y había muerto?

–Maldita sea – murmuró. Pasaron unos largos segundos y yo no veía que tuviera la intención de contestarme nada así que me di media vuelta y empecé a caminar hacia afuera de las caballerizas pero me siguió.

–Compré una yegua para ti, era un regalo para que aprendieras a montar en ella pero ya sabes qué sucedió – podía ver lo tenso de los músculos de su mandíbula – te compraré otra.

Dijo y empezó a caminar lejos de mi – No es necesario – respondí por la triste noticia y el se giró y me miró desconcertado.

–Puedo aprender con “Tramposo” – dije con voz tímida y pude ver un atisbo de sonrisa en sus labios.

Media hora después escuchaba sus instrucciones…

–Pon la espalda bien derecha y tensa el abdomen, mantén la fuerza en las piernas.

–¿Así? – le preguntaba mientras lo obedecía.

–Si, muy bien, Isabella.


“Muy bien, Isabella”

Esas palabras eran el mejor cumplido para mi. Después de un rato mi lección había acabado, Edward llevaba a “Tramposo” de las riendas hacia la caballeriza y yo iba caminando junto a él mientras me daba algunos consejos que yo escuchaba atentamente hasta que volteé al sentirme observada. Max nos miraba sentado en uno de los obstáculos de los caballos de salto.

Edward siguió mi mirada y entrecerró los ojos al verlo. Comenzó a caminar más rápido y emparejé su paso.

–¿Vamos a comer aquí? – pregunté inocentemente.

–No. Voy a arreglar unos asuntos y nos iremos a casa – contestó parco. Al oírlo, me dirigí a las caballerizas.

–Tú vienes conmigo.

–Mejor te espero en las caballerizas.

–¿Cuándo vas a aprender que tú vas a hacer lo que yo te diga, Isabella? Obedecer, ¿recuerdas? – dijo sarcástico.

Rugió y me sacó casi a trompicones de ahí. ¿Qué diablos pensaba?, ¿qué iba a ir a buscar a Max? Maldita sea, si, él tenía razón en desconfiar de mi.


Mil veces estúpida Bella, me dije, no pensaste antes de aceptar esa comida con él.

Y era verdad, no lo hice y estaba pagando el precio por tener molesto a mi Señor.

***

Apenas llegamos a la casa, Edward me dijo que no tenía hambre y se encerró en su estudio. Busqué a Harriet pero tampoco la encontré a esa hora. Triste, subí a mi habitación a esperar la hora de la cena. Me recosté en la cama y me puse a pensar en toda esa confusa situación.

¿Estaba yo verdaderamente consciente de lo que quería?

Al principio no lo estaba era la verdad, pero una vez dentro del ojo del huracán, encontré que todo ese mundo desconocido y en el que había caído por una estúpida ilusión, me atraía mucho más de lo que quería admitir. Las órdenes, los sometimientos, los juegos y los castigos, todo me resultaba excitante, erótico y el ofrecerme como instrumento para su satisfacción era lo mejor de todo. Sentir que por mi podía llegar a alcanzar el placer, que yo podía provocarle un momento de éxtasis o de simple alegría me hacía gozar en extremo. Saber que con solo obedecer una orden común, él podía alegrarse por un segundo, era suficiente para mi.

Si, era una sumisa. Lo era. Ya no tenía que convencerme de que eso era lo que deseaba ser, ya lo era y Edward me había llevado a descubrir a la mujer que me pedía a gritos ser reconocida como tal. Con tropiezos si, y con un carácter aún un poco rebelde pero para eso estaba ahí, para que él me enseñara a serlo de verdad, con él, mi maestro y mi Señor.

Y el día que quisiera alejarme de él, lo aceptaría porque entendería que yo ya no podría cumplir con mi objetivo principal que sería el complacerlo en todos los aspectos para lograr su satisfacción y felicidad. El día que eso ocurriera, me sentiría muy triste pero me haría a un lado, feliz de todo lo que le hubiera dado y feliz por lo que alguien más traería para él.

Con esa revelación me sentí liberada. Me arreglé ilusionada para verme como a él le gustaba y que no tuviera queja alguna de mi aspecto y tampoco de mi comportamiento, me esforzaría más cada día por agradarle y aprender todo lo que pudiera. Claro que lo haría…

Bajé puntual esperando verlo al pie de las escaleras pero no estaba ahí. Pasaron unos minutos y yo no me moví. Casi diez minutos después escuché abrirse la puerta de su estudio y lo vi, ya arreglado para cenar, vistiendo un traje oscuro. Me miró de pies a cabeza y se acercó a mi.

–Nunca me cansaré de decirte lo hermosa que eres, Isabella.

–Gracias, Señor – respondí sonrojándome.

De la mano, me llevo al comedor y nos sentamos mientras Harriet que ya había aparecido, sirvió la cena. Empezamos a cenar en silencio y no sabía exactamente si por ya tener muy claros mis deseos estaba tan tranquila o qué era, pero el ambiente se sentía muy diferente entre nosotros. ¿Lo habría notado él ya?

Edward me miraba por instantes y también lo notaba diferente. Seguro él ya sentía el cambio. Terminamos de cenar y se levantó de pronto.

–Ven, quiero enseñarte algo.

Dijo extendiendo su mano para que la tomara y sin dudarlo lo hice. Fuimos a su estudio y cerró la puerta después de haber entrado; apagó la luz con un control remoto y con ese mismo dispositivo corrió las cortinas, dejando una vista panorámica de las más hermosas que había visto en mi vida. Era Londres de noche y a mis pies.

Solo podía verse la ciudad y sus resplandecientes luces; estaba boquiabierta admirando ese asombroso lienzo lleno de formas y destellos hermosos. Edward se colocó detrás de mi descansando sus manos en mi cintura.

–Es… maravilloso…

–Shhh, no hables – susurró a mi oído y sus manos empezaron a bajar por mi vientre mientras comenzaba a escucharse una canción que no reconocí; era lenta y cantada con un sentimiento diferente, profundo…



Me giró y me abrazó enterrando su rostro entre mi cuello y mi pelo, aspirando mi olor. Me meció entre sus brazos, demasiado lento, suave… Edward bailaba conmigo.

Sus manos en mi espalda, en mis caderas, en mis nalgas, su rostro hundido en el mismo lugar y yo solo escuchaba lo que decía la canción…



Como un pacto sin firmar
Yo no espero más de ti
Tú de mí no esperas más
Un pacto sin firmar
En la planta de tus pies
Traes arena de otro mar
Te los limpio y me hago el loco
Y como si esto fuera poco
Antes roto que doblarme
Antes muero que dejarte


Y no espero que seas nadie
Para mí no es importante
Yo no bailo con princesas
Pero te haré reina del baile
Estoy a punto de romperme
Porque me gustas con coraje
Mira que te lo advertí
Que te metes con quien no sabes
Ya te habrás dado cuenta amor
Que yo no hago cosas normales...

Y sus labios se cerraron sobre los míos. Impidiéndome toda posibilidad de hablar. Me cargó en sus brazos y subimos a su habitación. Me acostó en su cama y su respiración se agitó mientras me besaba de nuevo y acariciaba mis muslos bajo la tela del vestido. Mi corazón comenzó a latir más rápido y quise tocarlo. Hice mis dudas a un lado y subí mis manos a su pelo, enredando mis dedos en el, acariciando su nuca y manteniéndolo pegado a mi. Gemí al sentir que oprimía mi pecho con su peso y se alejó un poco.

–Quiero hacerte el amor, Bella…

Susurró contra mi cuello.

–Quiero sentirte, que me sientas…

–Edward…

–Lo necesito, Bella…

Alcé mi pelvis frotándola contra su más que viva y dura erección. Gemimos y con una lentitud torturante, comencé a desvestirlo mientras él hacía lo mismo conmigo. Su camisa quedó desabotonada y mi vestido con la cremallera completamente abajo. Pasé mis manos debajo de la tela tocando sus hombros dejándolos desnudos al resbalar la camisa por sus brazos, acaricié su pecho esculpido y él imitó mis movimientos bajando el vestido hasta mi cintura y desabrochando mi brassiere, tomó un seno entre sus manos para atrapar el otro con su boca.

–Oh, por Dios – dije en una exhalación, completamente perdida de deseo.

Edward succionaba mi pezón erecto y lo mordía. Su mano buscaba mis bragas y al encontrar la orilla, comenzó a bajarlas con la misma lentitud con la que yo lo hice antes con su camisa. Jadeé y llevó sus manos a mi vestido sacándolo sobre mi cabeza.

Besó mi torso, mis pechos, mi vientre…

–Eres realmente hermosa, Bella, y eres mía, solo mía.

–Solo tuya – murmuré – hasta que tú lo quieras.

–Siempre, serás mía siempre…

Se colocó entre mis piernas mientras seguía besando mi cuerpo, deteniéndose en cada lugar que le apetecía, arrancándome más gemidos y jadeos mientras mi cuerpo se retorcía por el placer que me regalaba. Su lengua rodeó mi ombligo y se hundió en él, lo lamió, lo mordió y prosiguió con mis caderas, dibujando con sus labios figuras amorfas que me estremecían y hacían que arqueara mi cuerpo al mismo tiempo que levantaba mi pelvis hacia él.

Sus labios escribían en mi vientre, coloreaban en mis ingles e iluminaban mi piel. Rozaban mis muslos y subían poco a poco. Mis piernas se abrían despacito y sus besos llegaban cada vez más adentro de ellas.

Empezó a hacerse difícil el respirar.

Me ahogaba.

Más besos, más roces.

Sus manos, aquellas manos…

No dos, no cuatro, muchas manos.

Unas me mantenían quieta…

Estas dos me tocaban con suavidad.

Unos labios me asqueaban…

Estos me hacían arder…

Jadeos, miedo, angustia y un roce diferente acarició mis labios inferiores. Aquellas manos me agarraban más fuerte, me lastimaban, contrastando con las dos que abrieron mis pliegues delicadamente y mi centro recibió esa lengua húmeda. Gemí. Lloré.

“Cállate o tendré que pegarte”

–No, por favor no me hagas daño.

–Shh, no lo haré, Bella.

–¡Suéltame!, ¡No!

–Bella…

–¡No, por favor!

–Bella, ¿qué pasa?

–¡No me lastimes!, ¡No, Jake!, ¡No!

¡Jake!, ¡Jake!*

*

*

*
Nenas! Aquí de nuevo con un capítulo más y agradeciendo enormemente a mi maravillosa Beta Isita María con su visión mágica que hace que cada capítulo tenga ese toquecito… Gracias Isita! y a mi Nani querida un abrazo...
Como muchas saben, estoy participando en el "Hateful Lemonade Contest2" y las votaciones empiezan el 6 de octubre en donde se indicará en el link que está arriba en el  lateral. Pasen por ahi y voten, hay muchos muy buenos.
Un beso a todas y cuidense mucho, nos vemos prontito. 

15 comentarios:

  1. JESS (mil gracias x tu voto en FFic), dracullen (gracias x disfrutar tanto los capitulos), Sisi Bunny (¿Una yegua? y que te la regale el mismisimo Señor, si!), monikcullen009 (mil gracias), Anónimo (gracias x tus palabras), CRIS ( Dale tiempo, el pobre hombre apenas esta lidiando con sus sentimientos y no coordina sus palabras, un besitoo), May (Si, hoy hay muucha miel), nydia (gracias x votar y si, hay muchas sorpresas k ojala les gusten), Ssil (Me divierto haciendo las manipulacines, se k no son perfectas pero es un juego, no un trabajo,grax nena), SallyMarcano (Hoy no me tarde, estoy puntualita, un beso nena), Andrex (Si, ambos estan perdidos, esperemos k pronto lo reconozcan), Nani (Cari k te digo k no te haya dicho ya? jajaja, te quiero!). A todas y a mis lectoras de pasadita que son muchísimas, todo mi cariño.
    Besitoo
    Li

    ResponderEliminar
  2. se solto xd jake que habra pasado hay dios ya no guanto por el otro

    ResponderEliminar
  3. Buen capitulo!!! ya nos dejaste con la intriga de lo que le paso a bella con el perro sarnoso de jacob, ojala edward la ayude a curar sus heridas con amor y no con sumision. Por otro lado claro que porsupuesto que votare por ti en el "Hateful Lemonade Contest2", de hecho ya pase a leer algunas historias pero nadie como tu Li, tienes el don de crear magia con tus escritos, saluditos.

    ResponderEliminar
  4. wow me encanto genial como se llama la cancion en la realidad o es invebtada de tu imaginacion
    saludos

    ResponderEliminar
  5. genial el capitulo... ya me estoy imaginando que le iso ese perro de jacob ush... desgraciado infeliz... y tan lindo edward con eso de "te quiero hacer el amor", para mi que ya se esta dando cuenta de los sentimientos por bella, pero ella todavía esta re ciega y piensa que se puede separar de edward cuando quiera... jajajaja.. lo que hay que ver :P.
    gracias nena espero el próximo capitulo

    ResponderEliminar
  6. oh por dios li ..sin palabras definitivamente en este te luciste me encanto.... en especial por q sentí de todo... al principio bueno esta demás decir que envidie a bella... admito que amo a edward incluso cuando es un completo patán, trata de ser romántico y tierno a la vez y la llama bella...o cuando va a restaurante y se comporta todo tierno yo quería patear a bella x ser tan fría y distante( Jane lo hizo x mi ) y el todo lindo asombrado con el trabajo de ella eso me mató, y cuando hablo con charlie jaja ..
    igual me parece a mi o bella enserio tiene muchos problemas con eso de enamorarse, siento que ed ya cayó y ella se rehusa a admitirlo y espero q no lo rechace x miedo y eso ,sino quien mas si no ella para que deje esa cosa q tiene q lo hace tan frío...
    igual me como las uñas de pensar que va a pasar ..si ed la va a tratar mal ,insultarla y decirle un montón de cosas así sin mas,o por lo contrario bella se va a abrir y le va a contar lo que le paso y el va a mandar a buscar a a jake y lo va a patear..o q ???dios demasiado para mi jajaja
    xoxo maddy

    ResponderEliminar
  7. OMG, por fin vamos a saber mas del pasado de Bells.
    Este capaitulo me encanto los 2 se estan acoplando a la relacion y mi Edward a sus nuevos sentimientos (xq estoy segura q los tiene), tambien m gusto q no vaya a perdonar a las chavas tan pronto, la verdad no se lo merecen.
    En conclusion me encanto el capitulo como siempre, amo tu forma escribir si con ETLQT ya m tenias medio loca, cn esta historia me dejas directo para el manicomio jajaja, bueno nena t dejo espero cn ansias el prox. martes t mando un besote y nos seguimos leyendo!!!!!!

    ResponderEliminar
  8. jajaj me encanto lo del arete, bien ed siempre se sale con la suya. wow tenia ke ser jake, sorry por las ke son team jacob, pero no me termina de gustar

    ResponderEliminar
  9. Hola Li ,dios pero que sorpresa me tienes adicta a ti y tus lecturas ,te adoro eres genial y dios que le paso a Bella con Jake o que le hizo ese que esta aun afectada....Besos y suerte linda....

    ResponderEliminar
  10. madre mía que capitulazo!!!! matricula de honor, si señor!!!!
    por fin se ha decidido Bella a ser su sumisa y a aclarar sus ideas, pero lo que me parace que no tiene muy claro o mas bien no se ha enterado o se está engañando a si misma, es que además de entregarle a Edward su cuerpo le ha entregado ya su corazón y él igual porque ahora le ha dicho lo de hacer el amor con ella (y no tenela, follarla, poseerla...) y que era e iba a ser suya para siempre. lo de serás mía hasta que canse de ti lo dijo sin pensar y en un momento de lujuría pero lo de ahora es más fuerte.
    y lo de Jake, ya sabemos lo que pasó, que la forzó con ayuda de sus amigotes a tener sexo oral con ella y eso la traumatizó, a ver si Edward puede ayudala a superar ese obstáculo.

    espero que el próximo capítulo sea tan largo , extenso , fuerte y emocionante como este.

    besos

    ResponderEliminar
  11. Awwwwwwww! Li, con estos dos voy a sufrir una combustion espontanea jajajajaj... Al principio de este capitulo me dio mucho calor jijiji, pero al llegar a la parte en que bella se cuestiona que el iba a estar con ella hasta que el se cansara, me pregunto porque bella se enrreda tanto? ella lo que tiene hacer es vivir el presenta al máximo e ir enamorando mas y mas a su señor! me encanta cuando edward leva al bella al estudio, quede mas intrigada con lo paso con jake ni me quiero imaginar que habra pasado, gracias li, gracias por darnos esta historia, esperando por el otro capitulo.

    ResponderEliminar
  12. Li mi niña es fantastico el capítulo, tiene un poco de todo y con un poquito más para tenernos al limite. Me gusta mucho como describes cada momento, me parece que se sale de lo normal, todas sabemos que tipo de fic es y se ajusta perfectamente. Creo que para llevar el poco tiempo que llevas en este mundo lo haces mejor de muchas que creen buenisimas escritoras, solo me queda decirte que sigas haciendo lo que te gusta y como te gusta, es tu fic, es tu historia y a quien no le parezca bien , que no lea, es así de sencillo. Yo seguiré esperando con ansia el próximo capítulo pq nos has dejado en lo más interesante. ¿Como se tomara Edward que en ese preciso momento nombre a otro hombre? mmmm entenderá? o se volverá loco sin ver más allá?
    Un besazo enorme cariño

    ResponderEliminar
  13. Pobre Jake, va a estar deseando estar en el infierto pero eso le pasa por HP. Ahhhhh este Eddie, ya ha caído rendido, esperemos que ayude a Belaa a superar sus miedos y a disfrutar de lo que se está perdiendo.

    ResponderEliminar
  14. LIII esta super bueno, ademas como me doy cuenta EDWARD YA CAYO :O que hermosos. Esperemos que el sepa quitar el miedo que tiene Bella, ¿como se lo tomara Edward? ¿el lo conoce?
    CHAN CHAN CHAN :O te esperamos la otra semana, mira que muero por leer el capitulo *-*
    Besos :*

    ResponderEliminar
  15. y yo ni remota idea de por que no habia leido este capitulo...
    al fin dijo el nombre .-. ahora la cosa es saber que tal se lo toma Edward pero juro que no sera nada bueno.

    ResponderEliminar

> >