lunes, 26 de septiembre de 2011

CAPITULO 17

              Viaje al interior de mis deseos.


"Un hombre puede entenderse con los demás, lo difícil es llegar a entenderse a si mismo."
C.S.G

EDWARD’S POV

Mi viaje de negocios había sido mucho más extenuante de lo que hubiera imaginado. Había sido muy pesado y agobiante también, sin un solo instante para disfrutar de toda la belleza que me rodeaba en ese lugar tan lleno de esa energía pacificadora que invitaba a la relajación y meditación, que te incitaba a la depuración del espíritu y a respirar pureza para desintoxicar tu cuerpo contaminado por el simple hecho de solo vivir en una ciudad “civilizada” y al día con el resto del mundo.

Todo se sentía diferente ahí y en mi interior, una corazonada me decía que había sido un acierto el haber pensado en un lugar al que se pudiera ir para recargar las energías en medio de un lujo total, envuelto en ese ambiente espiritual y sanador que todos buscábamos en algún momento de nuestras vidas, que te diera la oportunidad de mirar a tu alrededor y replantearte nuevos rumbos y con asombro darte cuenta de que tus objetivos quizás ya hubieran cambiado y por lo tanto así también tus prioridades. Sin duda seria duro aceptar tanto de un solo golpe pero sucedía a veces y que mejor que hacerlo en un sitio como este.

Bali era el lugar perfecto para el hotel boutique. Desde hacía unos cuantos meses me rondaba esa idea y al tenerla bien clara no tarde ni un momento en comenzar a concretarla. Mi equipo ya había encontrado varios lugares y con la información en la mano yo ya estaba seguro de donde quería que se erigiera el hotel. Me había decidido por una playa en la costa, frente al mar de Bali. Era una playa virgen de un mar que te cegaba con sus brillantes tonos de azul que chocaban contra las arenas impresionantemente blancas y como si eso fuera poco, un templo budista con sus techos en picos altísimos se alzaba detrás, al pie de las montañas que se perdían hacia el cielo con las nubes a sus faldas y que creaban un contraste abrumador. No tenía duda, ése era el lugar perfecto para mi lujoso refugio espiritual.

Esas casi dos semanas habían sido extenuantes. Estuve demasiado presionado entre negociaciones, convenios, cerrando tratos, haciendo modificaciones importantes en el proyecto y lo más importante de todo para poder empezar a trabajar, consiguiendo los permisos. Esa era la otra cara de los negocios y no era una muy buena. La burocracia se hacia constar a cada paso que se daba y como todo en este mundo, el dinero era lo que hacía magia y agilizaba todo trámite lento. Era decepcionante ver que no era un país de primer mundo pero si se manejaba como si lo fuera y no en el mejor ámbito ni de la mejor manera. Yo sentía que me ahogaba al ver que nada caminaba al ritmo que yo quería ni siquiera con la ayuda de algunas sumas nada despreciables de dinero. Por las noches, llegaba por inercia y exhausto a la suite del hotel, apenas comía algo y después caía desmayado en la cama para dormir hasta el día siguiente en el que empezaba todo de nuevo.

La compra de los terrenos ya se había concretado; me había asegurado de adquirir un área muy extensa, quería darle a mis huéspedes privacidad absoluta. Después de todo pagarían una suma bastante escandalosa por estar ahí y yo debía garantizarles todo lo que les prometería, si podían pagarlo lo obtendrían. Con un hermoso lugar donde construir y con todos los pasos básicos cubiertos ya podía irme tranquilo y seguro de que no habría nada que impidiera el inicio de la construcción del proyecto.

Sin el peso del tiempo caminando en mi contra, ya que tenía que volver a Londres para encargarme de mis otros negocios, me sentía muy aliviado y sin esa presión que me asfixiaba. Había dejado todo encaminado y parecía que marcharía al ritmo al que estaba acostumbrado que se hicieran todos mis asuntos.

Abrí los ojos y tomé la taza de café frente a mi para darle un sorbo, ya había desayunado un buen omelette mientras hacía un recuento mental de todo lo ocurrido en ese último par de semanas. Intentaría dormir un rato antes de aterrizar. En cuatro horas aproximadamente llegaríamos al hangar privado del aeropuerto de Heathrow y serían las 12 con 30 minutos del medio día. Disfrutaba de esas horas de tranquilidad aunque ya tenía muchas ganas de llegar y bajarme del avión. Por más privado que fuera y con todo el lujo y las atenciones, un vuelo tan largo como el mío desde Bali, hacía que hasta el más paciente pasajero desesperara.

Sin embargo, estaba todo lo relajado que podía estar considerando aunque me negara a aceptarlo, que estaba ansioso por llegar y ver a Isabella. Tenía algo preparado para ella y solo quería ver su rostro de sorpresa cuando se lo diera, más le valía no rechazarlo porque era como rechazarme a mi y yo no iba a darle ni la mas mínima oportunidad de hacerlo. Yo la quería conmigo, para mi. No sabía muy bien como explicarlo porque ni yo mismo lo entendía, solo que era algo más allá que la pura satisfacción que me daba el estar con ella, algo que satisfacía todos mis sentidos al simplemente verla tan hermosa, al tocar su suave y sedosa piel, al escuchar su voz, su risa, al oler su aroma fresco, al protegerla, al cuidarla, al mimarla, al follarla…

Tenía también mucha curiosidad por saber en qué habían resultado las famosas dos semanas que tanto me había pedido para pensar, para respirar como ella me había dicho pero sólo era eso, curiosidad, porque yo ya había hablado y tomado mi decisión desde un principio. Sin embargo a mi también me habían servido esos días para reflexionar un poco. Hubiera sido tonto no aceptarlo. Los escasos espacios de tiempo que tuve pude utilizarlos para pensar y darme cuenta que me había portado como un verdadero imbécil.

–¿Puedo retirarle el plato señor Cullen?

Levanté la mirada a la curvilínea rubia que estaba de azafata atendiéndome en el vuelo. Asentí serio y ella se inclinó lo suficiente como para dejarme ver el espacio entre esos senos no muy grandes pero muy bien colocados.

–¿Le ofrezco algo más, señor?

Me sonrió y negué con la cabeza. ¿En donde me había quedado?, mmm sí, en que era un imbécil, lo reconocía y lo aceptaba. Solamente un idiota como yo no había hablado sin pensar, sin medir sus palabras. Yo no era una persona a la que le gustara humillar. Era la verdad, no lo era. En mis relaciones la humillación a mis sumisas no estaba incluida, mucho menos en mi trato común hacia las demás personas. Era por eso que no entendía cómo se me había ido la lengua de tal manera con Isabella al soltar ese comentario denigrante sobre su mísero sueldito de unas pocas libras al enfurecerme por no haber aceptado mi dinero. ¿En qué carajo estaba pensando?

Mira a quién coño se lo dijiste – dijo una vocecita en mi cabeza –, a la chica heredera de un emporio que vale lo que el tuyo… estúpido.

Y para darte una bofetada con guante blanco se quedó callada y discretamente cual dama que es, hizo que te dieras cuenta del error garrafal que habías cometido al hacerte quedar con su silencio, como un patán de poca categoría. Bien ganado te lo tenías Cullen. ¡Que clase tenía Isabella! Eso sí que lo enseñaban muy bien en Sacré-Coeur.

Pero volviendo al tema, además de haber aceptado mi gran estupidez, había reconocido muchas otras cosas, faltas importantes en las que había incurrido y que estuvieron muy mal desde un inicio y eso, estaba muy seguro que me iba a costar muy caro.

Por fin aterrizamos y apenas encendí mi teléfono entró la llamada de Trevor, el veterinario de mis caballos. Me avisaba que la yegua que había adquirido ya estaba en Londres pero había llegado en muy mal estado. Ese animal era muy importante para mí y que estuviera enfermo me irritaba sobre manera, por lo que de inmediato me transporté hacia el club para ver como se encontraba. Llegué a toda prisa y con mucha pena pude confirmar el diagnóstico de Trevor, la yegua se encontraba en muy mal estado y tanto él como yo no estábamos muy seguros de que pudiera salir de esa.

Era una lástima ver a esa hermosa yegua lusitana de color gris con la crin y cola negras. La enfermedad hacía que se viera opaco su pelaje pero eso no importaba, lo que me daba pena era ver como convulsionaba y sacaba espuma por el hocico. Decidimos que se le aislara en otra caballeriza para evitar que los otros caballos se contagiaran si es que tuviera algún tipo de virus que hubiera traído desde Portugal, donde la compré y que se le mantuviera atendida y vigilada todo el tiempo.

Una vez que me aseguré de que la yegua estuviera ya instalada, salí de ahí para irme a casa. Ya había anochecido y estaba cansado por el viaje y por pasar el día en el club pendiente de la yegua. Iba caminando por el pasillo terroso hacia mi auto con el móvil en la mano para llamar a Isabella cuando escuché mi nombre…

–¡Edward, viejo! ¿Tan tarde por aquí?

Me giré y vi que Guy, un conocido de años se acercaba muy sonriente a mi. Me detuve y extendí mi mano para saludarlo no con mucho entusiasmo.

–Hola, Guy – arrugué la frente –. Tengo problemas con una yegua.

–Uh, eso sí que es una novedad y una lástima – sonrió irónico –, porque de haberme enterado antes que ya no salías con esa bella castaña, me pongo en acción y la invito a comer antes que Max.

–¿Qué dijiste? – le pregunté como un estúpido mientras sentía cómo se contraía mi vientre bajo.

–Pues eso, los vi el otro día en el restaurante – se encogió de hombros –. Se lo pasaron bien, se veían muy contentos.

–Pues Guy, lo siento por ti y por ese cretino – apreté mis puños –. Isabella es mía, así que cuidado en donde pones los ojos, recuerda que no soy muy tolerante y para ése imbécil va lo mismo. Buenas noches, Guy.

Avancé furioso hasta mi auto y subí a él sin esperar que Dean cerrara la puerta. No podía ser cierto eso, Isabella tenía prohibido acercarse a ese estúpido y él ya estaba avisado de que ella era mía, además, ¿Isabella en el club?, ¿sola? Eso debía ser un gran error porque ella no iría sin mi y mucho menos aceptaría comer con Max después de haberles dejado muy claro a ambos que no los quería cerca del otro.

¿Qué estás haciendo, Isabella? Me preguntaba con las manos que no abandonaban mi cabello y lo jalaban con fuerza mientras intentaba comprender que coño era lo que había dicho Guy.

Sin esperar ni un momento, llamé a Billy, el encargado de cuidar a mis caballos. Si era verdad que Isabella había ido al club, él seguro la había visto, no había nada que pudiera ocultarse de su vista en ese lugar donde había crecido, nada se le escapaba y mucho menos algo tan importante para mi, como lo era que la mujer con la que había ido las últimas veces estuviera comiendo con la persona que sabía que odiaba.

Para mi desgracia, Guy tenía razón. Billy me dijo que el fin de semana, Isabella había ido al club armada con un cargamento de manzanas y zanahorias para los caballos y un trinche de cocina.

–¿Para qué carajo un trinche de cocina, Billy?

–Ahí ensarta las manzanas y las zanahorias, tiene miedo de dárselas con la mano – se rió.

–¿Fue sola?

–Sí, llegó sola, sí – titubeó.

–Pero no se fue sola, ¿no es así? – el humo me salía hasta por los ojos.

Billy respiró profundo – Usted quiere saber si estuvo con el señor Bennet, y si, comieron juntos pero ella sí se fue sola, señor.

–¿Estás seguro?

–Sí, muy seguro, sí.

Y para colmo mi disgusto aumentó cuando me dijo que antes de irse, estuvieron platicando junto al auto de Isabella luego se despidieron y entonces ella se fue.

Los dos días siguientes los pasé entre la oficina y la caballeriza aislada vigilando a la yegua junto con Trevor y sus ayudantes. Fueron días estresantes y muy cansados en los que mi mente estaba ocupada con miles de cosas retumbándome a la vez, contratos, Isabella, la yegua, Isabella, terrenos, Isabella… ¡Dios! ¡Necesitaba un respiro urgente! Quería escuchar una explicación de sus propios labios pero no era seguro para ella el que la tuviera frente a mí. Debía esperar a que me enfriara un poco y entonces escucharía más calmado lo que tuviera que decirme, mientras mi atención la concentraría en la yegua.

Nuestros temores se confirmaron cuando la yegua por fin se echó. Esos eran malos augurios porque si ya no se paraba sus pulmones colapsarían. A duras penas lográbamos pararla por ratos pero enseguida volvía a derrumbarse sobre la cama de paja. La hermosa yegua temblaba, sudaba y ya estaba demasiado débil. Se había rendido y se acostaba para morir, ya era seguro que no se salvaría y cuando los espasmos empezaron, tomé la triste decisión de sacrificarla, no tenía caso prolongarle el sufrimiento al pobre animal. El domingo por la mañana, muy temprano, después de pasar la noche en vela dándole una última oportunidad, ya no pude resistir y acabé con su sufrimiento. No quise que Trevor lo hiciera, era mi yegua y era mi deber.

Era una pena terminar de esa manera con un ejemplar tan hermoso y para borrar de ese amargo momento y quemar energías fui a cepillar a los otros caballos. Aún era temprano cuando empecé. Cepillaba con fuerza, con coraje, molesto y no solo por mi yegua sacrificada. Ya solo quedaba “Paloma” y parecía no gustarle que la cepillara tan vigorosamente, se movía y avanzaba un poco hacia delante, hacia atrás y despeinaba su crin recién desenredada.

–Quieeta…

Le susurré despacio y escuché como corrían la pesada puerta con un poco de dificultad. Entró el sol por ese lado y lentamente me giré furioso para ver quién me interrumpía cuando había dicho que no quería ver a nadie ahí.

Un calor me recorrió pero no fue suficiente para derretir la frialdad de mis ojos que se clavaron en la mujer que estaba de pie mirándome asombrada con la boca abierta. ¿Qué demonios hacía ella ahí? la miré fríamente y regresé mi atención a “Paloma”.

–¿Desde cuando llegaste? – escuché su voz como un susurro nervioso.

–Desde hace tres días.

Le hablé con indiferencia aguantándome las ganas de tomarla, ponerla sobre mis pernas y darle de nalgadas hasta que de una vez por todas le entrara en la cabeza que era mía solamente para después follarla duro hasta dejarla incapaz de caminar por unos días. Eso era lo único que quería en esos momentos y si no se iba…

–¿Por qué no me llamaste? – tuvo todavía el cinismo de preguntarme y no resistí el responderle.

–No entiendo tu enojo. Tú misma me pediste que me mantuviera alejado de ti y lo he cumplido – el lomo de “Paloma” estaba sufriendo las consecuencias de mi ira.

–Al menos me hubieras llamado al llegar – me contuve de contestar porque de verdad, solo faltaba un gramo más de insensatez de su parte para que eso no acabara nada bien para ella.

–Edward – insistió y me giré mirándola furioso pero frío.

–¿Tienes algo qué decirme, Isabella? – le pregunté sarcástico – Porque si no, fue un gusto saludarte pero estoy ocupado con mis caballos.

Isabella me veía extrañada, como si no me conociera y estuviera frente a un desconocido que le decía algo que no podía comprender pero que además le dolía.

–¿Por qué me alejas? – dijo con voz quebrada.

–Tómate un día más para “respirar” tranquila – remarqué el “respirar” con ironía –. No quiero verte, Isabella.

–Pero… ¿por qué?

–Vete, ya te dije que estoy ocupado..

Se quedó ahí, como paralizada por unos instantes y al ver que seguía con mi labor, cepillando a “Paloma”, se dio media vuelta y avanzaba hacia afuera de la caballeriza notablemente ofendida y enojada. Caminaba decidida y al pasar por la puerta le dio un golpe con la mano y enseguida supe que se había lastimado. Indeciso entre seguirla o no, no noté que “Tramposo” salía de su caballeriza y se iba tras ella.

–¡Hey!, ¡”Tramposo”!

Tiré el cepillo de mi mano, tomé una fusta y salí detrás de él que ya llevaba un trote veloz rumbo a Isabella.

–¡Regresa!

Grité de nuevo pero “Tramposo” iba directamente hacia ella que no había notado nada por ir corriendo, alejándose de mí como le había ordenado. ¡A buena hora se le ocurría obedecerme!

Corrí con todas mis fuerzas detrás del caballo y cuando lo alcancé, ya a pocos metros de Isabella, con la fusta le pegué en los cuartos traseros. El caballo no parecía haber sentido los fustazos y siguió hacia el frente, levanté mi brazo y con mucha más fuerza le di dos veces más. “Tramposo” por fin sintió la fusta y relinchó levantándose en sus patas traseras.

–¡Muévete!

Le grité a Isabella pero el susto la dejó inmóvil. Me lancé sobre ella y la empujé fuera del campo de visión del caballo y de sus patas, cayendo a un lado en un montículo de tierra y sobre ella, protegiéndola de alguna patada. “Tramposo” aterrizó sus patas delanteras muy cerca de mi rostro y suspiré aliviado de que no nos hubiera hecho daño.

–¿Estás bien? – le pregunté mientras veía al caballo salir corriendo hacia las canchas.

Isabella que temblaba bajo mi cuerpo apenas y logró asentir. Me puse de pie ayudándola también y después de estar seguros que no se había hecho daño con la caída, revisé su mano y tampoco era nada de cuidado, solo unos nudillos raspados.

–Espérame en las caballerizas – tomé la fusta del suelo para salir en busca de “Tramposo”.

–Edward no le pegues…

–¡Ve!

–Por favor, Edward no lo hagas – me suplicó.

–¡Por una puta vez en tu vida haz lo que se te ordena!

Asintió nerviosa y rápido se dio la vuelta.

–Y no te muevas de ahí.

Le grité y me fui detrás de “Tramposo”. Isabella hizo lo que le pedí y fue directo hacia las caballerizas. Por lo menos ahí estaría segura y fuera de la vista de ciertos asnos. Por fortuna, Billy ya traía de vuelta a “Tramposo”. Lo tomé de la brida y casi tuve que arrastrarlo. Sabía que había hecho mal y que le esperaba un castigo, los caballos contra lo que muchos dijeran, eran de los animales más inteligentes y ése era uno demasiado listillo.

Antes de entrar a la caballeriza, me asomé y vi que Isabella apurada, les daba a los demás caballos las manzanas y zanahorias que había llevado. Se los daba de la mano, sin necesidad de ningún trinche. Ningún caballo le resoplaba de mal genio o parecía que no le agradara esa mujer que les llevaba sus “golosinas”.

–Eso bonita, toma, y tú también preciosa.

Se había echado a la bolsa a las más difíciles y ellas estaban encantadas al estar siendo mimadas por ella. Hice suficiente ruido al entrar. Aunque el cuadro era muy conmovedor, ese caballo recibiría su castigo así que lo encerré en su caballeriza y como supuse, Isabella se acercó.

–No lo hagas, está castigado.

–Es un caballo, Edward, él no sabe…

–No le tengas lástima, es más inteligente de lo que supones.

–Prométeme que no le pegarás – me pidió conmovida.

–Salgamos de aquí.

Dije y me hice a un lado esperando por que saliera y una vez fuera se detuvo.

–Olvidé algo, en un momento estoy aquí.

No me dio tiempo de protestar cuando ya estaba de nuevo adentro. Mi instinto no me falló, y cuando la seguí, entre la abertura de la puerta pude ver que con rapidez, echaba algunas manzanas a la caballeriza de “Tramposo”. El caballo asomó la cabeza y ella lo acarició pegando su mejilla a él y le decía palabras susurradas al oído. El caballo agachó la cabeza y ella le dio un beso. Me alejé y cuando ella salió me miro con reproche y corrió hacia su auto. La seguí y la tomé del brazo deteniéndola.

–Para, Isabella.

–Yo creo que tienes razón – dijo agitada –, será mejor que nos veamos otro día, estás muy alterado y no quisiera correr la misma suerte que ese pobre caballo – la solté de mala gana y me subí a mi auto, salí del estacionamiento pero por el espejo retrovisor pude ver que ella no se movía de ahí.

***

Llegué a casa agotado y oliendo a todo menos a una persona decente. Me di un baño y me puse ropa cómoda para bajar a comer algo. En la cocina encontré una nota donde Harriet me decía que había comida en el refrigerador lista para ser calentada. Sonreí y seguí sus instrucciones para comer mi primer alimento decente del día. ¡Hasta los caballos habían comido bien y hasta con postre!

De inmediato la imagen de Isabella me llegó a la mente y la voz de Harriet a mis oídos.


“Tenle paciencia, Edward, ella es diferente, no quieras tratarla como a las demás”

¡Dios! Harriet me conocía muy bien. Ella sabía que tenía gustos especiales, diferentes, pero jamás me había hecho un comentario sobre alguna mujer que llevara a casa y que viera con cierta frecuencia. Nunca había salido de su boca nada referente a mi particular estilo de vida y jamás se inmiscuyó en ninguno de mis asuntos con el sexo femenino. Siempre discreta y amable, con las palabras justas y educadas hacia cualquiera de mis huéspedes, le agradaran o no, ella siempre se portaba a la altura.

Pero con Isabella era muy diferente. Yo sabía que se llevaban muy bien y que platicaban de vez en cuando, se tenían confianza, lo veía en los ojos de cada una. Isabella con su mirada agradecida hacia Harriet y ella con la mirada cariñosa, como las que me daba a mi hacia Isabella. Casi podría asegurar que esas dos mujeres ya eran muy amigas.

Terminé mi plato de fettuccini y mi gran filete y me dirigí a mi estudio para revisar la agenda que me había enviado Katie. Estaba saturado también esa semana y no tendría tiempo ni de respirar. Le hice algunos ajustes y se la envié de vuelta para que hiciera las llamadas necesarias para efectuar los cambios pertinentes. Ya por la noche acostado en mi cama, las imágenes de Isabella aparecieron de nuevo. Por más que trataba de mantenerme ocupado durante el día, siempre había un momento en el que me era imposible alejar ese rostro de mi mente. Vi el reloj en la mesita y aún era temprano. Tomé el teléfono y llamé a Billy para preguntarle si Isabella había regresado a las caballerizas como sospechaba.

–Ah sí, Bella regresó y les dio muchas más manzanas a todos los caballos y terrones de azúcar, ojala no se empachen y les dé un cólico.

–¿La señorita Isabella, se acercó a “Tramposo”? – Bella otra vez, todos la llamaban así menos yo, ese permiso que me dio en la casa de campo de Emmett en Bath, no era suficiente para mí, no era sincero.

–Ah sí, Bella se acercó y lo cepilló, lo hace muy bien jefe, sí.


¡Puto caballo traidor!

Azoté el teléfono molesto. Isabella seguía desobedeciéndome y yo no podía permitir que continuara con esa actitud indisciplinada. Por supuesto que no lo permitiría. La había dejado sola como ella me había pedido, confiando en su buen juicio y en que no haría nada que no tuviera permitido hacer, nada que me molestara, que estuviera fuera de sus límites, le di la oportunidad. ¿Y que hizo?

A la primera de cambios se fue a comer con el asno de Max.

¡Maldita sea, Isabella! ¿A qué estás jugando?

***

Pasé otra mala noche, sin poder dormir bien ni descansar. Mis pensamientos seguían concentrándose en esa mujer de cabellos y ojos chocolate. No lograba comprender porqué no podía separar a Isabella del resto de mi vida para que siguiera funcionando como el mecanismo perfecto que era. Mis emociones solían estar bien controladas y contenidas, tenían su horario y no les permitía salir y mucho menos interferir en mis asuntos en cualquier momento, cuando les diera la gana pero eso parecía ser algo de un pasado muy lejano. Ya no me sentía tranquilo y ese era el único lujo que no me podía permitir, en lo que respectaba a Isabella no.

Al poco rato de salir el sol ya no pude permanecer más tiempo en la cama. Fui a mi gimnasio a correr sobre la cinta y luego hice un poco de pesas. Subí a darme un buen baño y luego entré a mi vestidor; estaba tan distraído esa mañana que me tardé más de lo normal en elegir qué ponerme, cosa muy extraña porque nunca me llevaba más de un par de minutos. Terminé de vestirme y bajé a la cocina.

–Harriet, buenos días.

Ella me miró de reojo pero con una mirada acusadora y molesta. Sabía que lo estaba ya que desde que llegué me había preguntado cuando iría Isabella y yo le respondí que si quería saludarla que le llamara por teléfono. Si, había sido un grosero con ella lo sabía, pero el saber que Isabella y Max habían estado juntos me tenía hirviendo del coraje, por desobedecerme más que nada.

Me senté en la mesa de la cocina y Harriet me sirvió lo de siempre. Me distraje leyendo el periódico ya que ella no decía ni media palabra hasta que terminé y me levanté; antes de salir de la cocina me giré hacia ella…

–Harriet…

–Si quieres saludarme… – en eso sacó la mano de su bolsillo y me señaló su móvil – ¡Llámame! – y se giró dándome la espalda.

¡Dios! Esa mujer estaba de verdad enojada. Con el ceño fruncido dejé sobre la encimera de la cocina una cajita azul. Esperaba que le gustara lo que le había traído de Bali y que por estar pensando en su nueva amiga y en otras cosas no le había dado.

Ya en mi oficina, sentado en mi silla sentía que me ahogaban los contratos, oficios, reportes, análisis, planos, presupuestos y miles de asuntos por revisar. Katie había inundado literalmente mi escritorio y no me iba a dejar salir si al menos no terminaba de chequear la columna a mi derecha. Estaba concentrado tanto como podía en un balance cuando lo hice a un lado y tomé mi teléfono.

–Hola.

–Isabella, Paul estará fuera de tu oficina en media hora, iremos a comer.

–Pero no puedo, yo…

–Sé puntual – la corté.

Isabella, Isabella… siempre con sus pretextos y sus excusas que no me interesaban, si no había entendido lo que era estar siempre dispuesta para mi se lo iba a tener que enseñar sobre la marcha, también le iba a enseñar lo que significaba ser “obediente” y no hacer nada de lo que su dueño le prohibiera. Nada de jueguitos de adolescente con hormonas calientes e incontrolables. Le iba a demostrar lo que era estar con Edward Cullen y estaba muy seguro que algunos de mis métodos para disciplinarla no iban a gustarle nada, pero se había atrevido a hacer algo que muy bien sabía tenia prohibido, eso era como burlarse de mi y aún no había nacido quien se burlara y jugara conmigo y que me cortaran la cabeza si no iba a desear arrepentirse por eso.

Dos horas mas tarde, la esperaba en la mesa que siempre tenían reservada para mí en el “Pescatori”. 5 minutos antes de la hora, Paul me envió un mensaje de texto diciéndome que estaban a 2 calles de ahí. Así me gustaban las cosas, que se hicieran como las ordenaba, ¿era mucho pedir?

La vi llegar y entrar al lugar. Estaba muy hermosa pero seria, era de esperarse. Me puse de pie desde antes que llegara a la mesa y separé su silla, al tenerla ya cerca me incliné y le di un beso en la mejilla tomándola por su breve cintura.

Su olor me llenaba los pulmones con ese toque de flores frescas, simplemente exquisito. Me alejé de ella e internamente sacudí mi cabeza. Necesitaba despejarme. Una vez sentados, tomó rápidamente su copa de vino y le dio un sorbo grande; estaba nerviosa y estaba muy claro el porqué.

–¿Cómo estás, Isabella? – me miró con los ojos abiertos como platos y tragó.

–Bien, Edward, gracias.

–¿Cómo te fue en estas dos semanas? – le pregunté directo, sin rodeos.

–Bien – dijo con voz insegura –, con mucho trabajo pero logramos sacarlo todo a tiempo – asentí y ella continuó.

–Ya se dio a conocer a todos la nueva imagen de Flannagans, creo que ha sido un éxito, al menos su dueño está feliz – dijo con más entusiasmo –. Y a ti, ¿como te fue?

Me sorprendió que me preguntara y me agradó que le interesara algo mi trabajo – Hice todo lo que tenía planeado pero fue muy cansado, siempre las normas y requisitos de cada país son diferentes obviamente y algunas veces se hace mucho más difícil obtener permisos para tener todo en regla. La burocracia es increíblemente desquiciante en ciertos países.

–¿Pero no tienes gente que haga todo ese trabajo pesado por ti? – frunció el ceño, interesada.

–Sí, pero a veces es necesario hacerte presente y moverte solucionando problemas y manejando a la gente local, que vean como se hacen las cosas.

–¿Y volverás a irte pronto?

–¿A Bali? – sonreí –. Espero que no, dejé todo listo para que empiecen con la construcción. Si surge algo alguien irá en mi representación.

–¿Fuiste a Bali? – me miró diferente, como con un brillo en los ojos –. Debe ser hermoso.

–Lo es. Es un lugar fascinante, mágico diría yo.

–Algún día iré – dijo segura con una sonrisa.

Nuestros platos llegaron. Yo ya había ordenado, ya tenía una idea de los gustos de Isabella y no fallé. Verduras, pescado y arroz al curri. Comió con entusiasmo y mientras íbamos devorando nuestro almuerzo ella se relajaba más pero yo no podía olvidar mi enojo. En un momento me sonrió…

–¿Lo estás pasando bien? – ella asintió mientras se llevaba un poco de arroz a la boca.

–¿Tan bien como en tu comida con Max?

Isabella tosió atragantándose con los granos de arroz, palideció al instante. Le acerqué un vaso con agua y se lo tomó casi todo.

–Prometiste no vigilarme – me acusó ofendida cuando logró dejar de toser.

–No te prometí nada, Isabella, sin embargo lo hice y respeté el tiempo que me pediste – me miraba con la cara descompuesta y los puños cerrados sobre la mesa.

–Desafortunadamente para ti, has dejado de ser una persona anónima, eso no lo pensaste cuando me elegiste, ¿verdad? – sonreí porque con verle la cara era suficiente como para saber que estaba en lo correcto –. Ha llegado el momento en que te des cuenta que has dejado de ser la chica oculta que eras, ahora eres mi mujer y muchos ojos están puestos sobre ti.

–Tu mujer… – repitió en una exhalación muy suave.

–Así es, Isabella, mi mujer – atrapé su mano –. Todos saben quien es Edward Cullen y que no me ando por las ramas. La mujer que esté conmigo lo es en todos los aspectos. Me resulta muy extraño que te cohíbas con lo que te digo, fue lo primero que debiste pensar al acercarte a mí.

–Yo… la verdad, no pensé en eso – confesó mortificada.

–Pues es una lástima que no lo hayas hecho, Ya no es tiempo para arrepentirse, Isabella, en muy poco tiempo todo el mundo sabrá que eres la consentida hija del magnate acerero más importante de los Estados Unidos y no habrá lugar al que vayas en el que no te reconozcan y eso, mi querida, no es culpa mía –apreté más su mano jalándola hacia mi sobre la mesa.

–Y si piensas que me enteré de tu agradable almuerzo con Max porque te mandé seguir, estás equivocada – le aclaré mirándola fijamente –. Te vieron, Isabella, a ti y a ese imbécil, y como siempre pasa, no puedes ocultar una travesura, en algún momento saldrá a la luz y mira, qué pronto salió la tuya ¿no?

Isabella se quedó en silencio, más pálida que al principio y su mirada perdida en algún objeto sobre la mesa, analizando cada palabra que le había dicho.

–Yo no…

–Cállate y escucha – dije conteniendo mi coraje porque sabía lo que iba a decir –. No estoy dispuesto a soportar tus desobediencias. No quieres conocerme realmente enojado, Isabella, y no te lo recomiendo, por tu bien, te conviene ser una niña bien portada – juntó las cejas.

–No quiero que pienses solo quiero que hagas lo que te diga, ¿entendido? – sentía que por mi cara corría todo el flujo de sangre que no corría por la de Isabella. La sentía arder, caliente. La vi bajar la cabeza y negar sutilmente.

–¿Entendido, Isabella?

–Sí, Señor – respondió en voz baja y con la mirada perdida, como pensando en cómo salirse del embrollo en el que se había metido. Tragué en seco y bajé mi mano; la puse en su muslo y lo apreté con fuerza. No le iba a dar esa oportunidad, ya no. Era mía y no podía alejarse de mí, no podía perderla.

¿Perderla?

Una voz en mi cabeza me preguntó sarcástica.

¿Te escuchas?, ¿tú considerando que exista la posibilidad de que te deje una mujer?, ¿te escuchas, Edward Cullen?

Terminamos de comer en silencio. Ya ninguno tenía nada que decir en ese momento. Ella nunca volvió a subir la cabeza, no parecía enojada, estaba pensativa, y como no, le acababa de hacer ver que su vida como la conocía se había acabado y era la más absoluta verdad. Para su desgracia, no faltaba mucho para que en las revistas de nota rosa empezaran a preguntarse quien era la mujer que me acompañaba. Lo sentía por ella porque apenas se estaba dando cuenta de que su vida estaba cambiando en muchos sentidos y unos, no eran para nada agradables.

Esa tarde había llevado conmigo un juego de pulsera y aretes de brillantes y rubíes que había comprado en Bali para ella. Quería dársela pero sería como premiarla y no se merecía mi obsequio. Se lo daría cuando aceptara lo que era, con todo lo que implicaba ser mía. Tenía que entenderlo y grabárselo en la mente; cuando eso ocurriera, solo entonces, recibiría mis regalos y mi aprobación sincera.

Al salir del restaurante la llevaba de la cintura, ella iba tensa completamente pegada a mi cuerpo. Antes de subir al auto la giré hacia mi y levanté su barbilla con mis dedos.

–Esta noche te quiero en el penthouse – ella asintió enseguida.

–Sí, Señor – dijo en un susurro.

–A las 8 en punto.

–Sí, Señor.

–Así me gusta – sonreí y le di un beso en los labios.

***

–Hola, niño bonito.

–Hola, mentiroso.

–Hey, ¿por qué la agresión? – Emmett siempre a la defensiva.

–¿Es necesario que te lo diga?

–Humm. ¿Por qué no nos has llamado?, ¿todo bien?

–No. Todo está de la mierda – exhalé harto.

–Uhh, ¿tan rápido hay tormenta en el paraíso?

–Mmm digamos que le está costando un poco adaptarse a mi carácter.

–Ah ya, Don posesivo ya salió a la superficie, con razón se asustó.

–Emmett, yo nunca he ocultado como soy y hasta cierto punto puedo entenderla, cambiar su vida tan libre sin rendirle cuentas a nadie de un momento a otro no es fácil y yo no hago concesiones, conmigo es todo o nada.

–Es que tú vas hasta el extremo, pobre Bella – odié ese comentario.

–¿Pobre? – le pregunté –. Creo que me conoces muy bien y sabes que yo jamás he obligado a nadie a hacer nada en contra de su voluntad, así que no tienes porqué compadecerte de ella, te aseguro que no es tan débil como piensas.

–¿Por qué lo dices?

–No voy a aclararte nada, soy muy discreto y eso no te concierne, además yo no le doy explicaciones a nadie.

–Uy, que sensible estás solo porque Bella no se “adapta” – dijo la última palabra un poco burlón.

–No, no es solo eso – me recargué en mi silla de cuero mientras me pasaba la mano por la cara –. Compré una yegua, la mandaron desde Portugal pero vino enferma y tuve que sacrificarla.

–Que jodido, amigo – exhaló – pero estaba asegurada, recuperarás tu dinero, ¿cual es el problema?

–¡Era un animal, Emmett! – casi le grité – Era preciosa, y no es el dinero, ya lo sabes… era un regalo para Isabella.

–¿Qué? – gritó incrédulo – ¿Tú ibas a regalarle un caballo a Isabella?

–Una yegua.

–Es lo mismo, pero dime, ¿por qué ibas a darle eso?

–¿Por qué no?

–Nunca le habías regalado algo así a alguna de tus… chicas.

–Deja de pensar en Bella de esa manera – le demandé.

–¿Cómo debo tomar lo que me acabas de decir? – se escuchaba sorprendido, diablos…

–Olvídalo, hazme ese favor.

–Eso será un poco difícil. Edward Cullen, mortificado porque su… “chica” no se adapta y porque el caballito que iba a regalarle y que seguro le debió haber costado una fortuna se murió…

–Emmett… – le advertí.

–Ok, Ok, pero dime, ¿ella ha estado bien?

–¿Por qué te preocupas tanto por ella? – le pregunté intrigado.

–Bueno, yo… yo no… son las chicas – confesó –. Ellas están preocupadas por Bella, no te cuesta nada decirme para tranquilizarlas.

–En efecto no me cuesta nada pero no me da la gana – vociferé –. Ese par de arpías hicieron sentir mal a Bella y no se los voy a perdonar, si están preocupadas, ¡qué bueno! Es lo menos que deberían hacer.

–Hey, cuidado, es mi Rosie de quien estás hablando, Edward.

–Claro, esa misma Rosie que humilló y ofendió a mi chica, si la recuerdo bien, Emmett – me callé esperando su respuesta pero no llegó, sabía que yo tenía razón y que haría lo que fuera necesario para mantenerla alejada y protegida de esas bocas venenosas de las que dijeron alguna vez ser sus amigas.

–Vamos, Edward, no están haciéndole daño, solo quieren saber si está bien.

–¿Acaso creen que yo si voy a lastimarla? – espeté furioso por la desfachatez de esas brujas.

–Sabes que no es eso, son chicas, Edward, entiéndelo necesitan saber – insistió.

–Ella está bien, ya te lo he dicho.

Emmett y yo seguimos al teléfono por un rato más. Me tranquilicé porque después de todo él no tenía culpa alguna del lío con las chicas, luego cambiamos de tema y hablamos del proyecto de Brasil en donde él, Jasper y yo teníamos puestos los ojos.

***

Después de hablar con Emmett las horas se me fueron como agua entre los dedos. Logré despejar mi escritorio de tanto papel por revisar y firmar y salí deprisa hacia el penthouse. Me di un buen baño con los chorros dirigidos a mis hombros y espalda baja. La tensión se acumulaba ahí y el agua caliente ayudaba mucho. Si no lograba destensarme tendría que visitar a Jessica y no sabía de donde sacaría el tiempo para hacerlo.

Me vestí, bajé y mientras esperaba que Isabella llegara le di instrucciones a Waylon para que después de que sirvieran la cena, desaparecieran todos de ahí, no quería a nadie cerca. Mi teléfono vibró y vi que era un mensaje de Paul, estaba a 5 minutos del penthouse. Giré en el hielo la botella de champagne que estaba lista para ser abierta en cualquier momento.

Escuché abrirse las puertas del elevador y me di la vuelta. Una mujer muy diferente de la que me había despedido esa tarde estaba ahí de pie mirándome con un brillo en los ojos que me hizo sentir esperanzado. Me hizo sentir seguro y confiado de que esa mujer no iba a huir de mi lado, de que esa mujer estaba segura del suelo que pisaba y de cada paso que daba hacia mi sin despegar esa mirada brillante de mis ojos que la veían extasiado. Se detuvo a mitad del hall y con mucha lentitud comenzó a desabotonar cada círculo de su abrigo largo. Cuando terminó con el último botón abrió la prenda y sentí descolocarse mi quijada.

–Buenas noches, Edward, Señor…

El abrigo negro fue descendiendo por sus hombros y brazos dejando al descubierto un hermoso vestido rojo…

Rojo, Isabella estaba vestida de rojo…

Tragué con un poco de dificultad y rápido me puse detrás de ella para terminar de quitarle el abrigo. Me pegué a su cuerpo y no pude resistir tocar antes sus hombros, rodearlos con mis manos y sentir la suavidad de su piel que emanaba un calor contagiante. En un instante mis pantalones se encogieron, los sentía más angostos y a punto de reventar. Estaba totalmente excitado y todo por la mujer contra la que suavemente comencé a frotarme instintivamente. Ella no estaba nerviosa y eso hacía crecer mi deseo, mis ansias por poseerla ya consciente de todo lo que implicaba estar ahí conmigo. Ya no había trabas, ni dudas, ni tiempos de espera ni de reflexión. Ya todo estaba dicho sin palabras, estas salían sobrando en un momento como ese; todo estaba implícito en ese silencio, en ese acuerdo tácito que estábamos celebrando en ese momento.

La rodeé por la cintura desde atrás y la pegué mucho más a mí. Ella gimió y el abrigo cayó al suelo. Su espalda desnuda se recargó en mi pecho que con dificultad se llenaba del aire que nos rodeaba. Me costaba trabajo respirar por lo que sabía que estaba ocurriendo. Diablos, yo nunca me sentía así, abrumado por una mujer pero Isabella no era cualquier mujer, era quien se estaba entregando a mi completamente, sin pretensiones, sin nada más que desear que la enseñara a sentir…

–Vamos a cenar – dije haciendo un esfuerzo titánico por controlar mis impulsos.

Isabella, se giró y me sonrió. Me agaché adolorido a recoger el abrigo y lo dejé en algún sillón del salón. De mi brazo avanzamos hasta el comedor. La ayudé a sentarse y descorché la botella fría. Con su copa y la mía casi llenas del burbujeante líquido y sin dejar de mirarnos, las chocamos brevemente en silencio y tomamos de ellas. Waylon sirvió la cena junto con su sobrina e inmediatamente Isabella se dispuso a servirme.

–No esta noche – dije con la garganta seca –. Te serviré yo porque después me servirás tú…

Ella bajó la mirada, sonreía tímida pero había algo de coquetería en ella y juré que mi pantalón reventaba sus costuras. Durante toda la cena ninguno de los dos dijo nada, solo los ruidos del choque de nuestros cubiertos contra la porcelana se escuchaban junto con nuestras respiraciones excitadas mientras nuestros ojos no dejaban de mirarse.

No pude terminar el plato principal. Me puse de pie y la tomé de la mano. Isabella se levantó y mi necesidad de ella, de sentir su cuerpo recibir el mío era tanta que casi la arrastré hasta las escaleras y antes de subir la cargué en mis brazos. Subí con rapidez y la llevé directamente a mi habitación. Cerré la puerta con un pie y avancé hasta dejarla suavemente de pie junto a la cama.

Coloqué mis manos alrededor de su cintura y las bajé acariciando sus curvas, luego las subí hasta su rostro y la besé con fuego, con ardor, con algo violento que tenía dando vueltas en mi pecho y bajaba hasta mis ingles, mi entrepierna y me provocaba un dolor para el que solo Isabella tenía el remedio.

–A partir de aquí ya no hay vuelta atrás, Isabella – la besé apoderándome de esos labios.

–Eres mía hasta que me canse de ti.*

*

*

*


Helloo! ¿Qué les pareció? Me parece que alguien está realmente atrapado, ¿será eso o es sólo mi imaginación? Díganme ustedes qué piensan…. Y si este capi les gustó, les aseguro que el siguiente las dejará… sin palabras, los recuerdos fluyen y llegan a oídos que… bueno, será mejor que estén pendientes jejeje.


Les recuerdo las nominaciones que tuvo “Eres todo lo que tengo” en los Fanfiction Adicction Awards para “Mejor Fic del año”, “Mejor Fic de Drama”, “Mejor Fic de Romance” y “Mejor Lemmon”. Si Les gusto esta historia y quieren votarme, lo cual les agradecería mucho, pueden hacerlo en el enlace que esta en la columna lateral. Hay autoras excelentes, dense una vuelta y voten.


También mencionar la entrevista que me hicieron para el primer número de la Revista Mundo FanFiction. La revista está estupenda y es de una gran calidad, Felicidades y mil gracias por la entrevista. El enlace esta en la columna.


Ootra cosita también muy importante: estoy participando en el “Hateful Lemonade Contest 2”, con “Ladrón de Recuerdos” un One Shot diferente. Las votaciones empiezan el 1º de Octubre el enlace ya saben, en la columna lateral para que lean el mío y otros muy buenos como el de mi amigocha Saraes.


Como siempre, pido un aplauso para mi Beta adorada Isita María por su excelente trabajo y orientación y a ustedes de nuevo y a mi Cari querida por estar siempre ahí. MIL GRACIAS!


Besitoo
Li

15 comentarios:

  1. Como en cada capítulo, quiero agradecer a mis chicas que siempre me comentan tan atinadamente: monikcullen009, nydia, joli, G_patzz, Ssil, JESS, Montse, Tatypr, Lau, Isabella, Nani, dracullen, Anónimo, CRIS, Sisy bunny, SAly Marcano, Anónimo y May. MUCHAS GRACIAS NENAS!

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  2. Wahhhhhhhhhh me encanto niña!!! aunque nos la hiciste mucho de emocion!!!! No seas malita y para la proxima no tardes tanto porfis porfis!! Ese edward no es celoso, es lo que le sigue!! jejeje
    saluditos y abrazos

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  3. Por cierto, ya entre a los Fanfiction Adicction Awards y claro que por supuesto que vote y vote por ti niña!!!!!!!!!!

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  4. omg!!!! diablos no tengo palabras paradescribir este capitulooo, es mas ke excelente, de verdad, definitivamente valió la pena la espera (como siempre) pero este capitulo wow no tiene madre!! jajaja definitivamente el ke mas me ha gustado de este historia, pues tiene lacantidad exacta de rabia, intriga, enojo, ternura de meás, mil felicidades, cada dia te superas!!! Leí la entrevista, me encantó, de verdad ke la revista está muy buena, es un gran trabajo el ke hacen y las nominaciones muy bien merecidas!!! y bueno volviendo a el capitulo wow me dejas con un muy buen sabor de boca, y como siempre deseando seguir leyendo, ahora estoy ansiosa por leer lo ke se viene, de verdad mil grax por hacer de mis tardes menos aburridas,mis respetos para ti, ers muy talentosa, y lo mejor lo compartes con nosotras, saludos desde mexicooo!!

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  5. Oh oh oh rojo !!!!!!!! la cosa si que se pondra buena ya quiero ver como va todo eso omg!!! u.u muero de curiosidad.
    YA QUISIERA YO QUE ME REGALARAN UNA YEGUA

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  6. OMG cardiaco el capitulo nena, waaaaa muero x leer el siguiente, hahaha esto cada vez se pone mejor, t mando un beso y nos seguimos leyendo!!

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  7. Siiii definitivamente hay alguien atrapado. Tremendo capitulo, y bella con rojooo omg, ya quiero leer el proximo

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  8. Dios mío esta historia se pone cada vez mas tremenda, me encanta. Porfa no nos hagas esperar mucho por el siguiente capitulo . Me encantan tus historias ya con eres todo lo que tengo me tenia superenganchada pero esta historia es insuperable chica.Escribes genial mas que leer parece que estes viendo la historia porque la describes genial. Muchos besos por hacernos disfrutar de tu talentosa imaginacion.

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  9. Li, el capítulo espectacular, pero lo que me ha quedado un poco noqueada ha sido la última frase de Edward! ¿como que le dice "Eres mía hasta que me canse de ti"??? no me ha gustado nada de nada... le ha podido dedir que era suya para siempre o algo parecido, pero eso... y creo que Bella se puso de rojo porque iba con la intención de entregarse por completo a su "señor" y él va y le contesta con esa barbaridad! ya veremos como se defiende Bella


    a la espera con muchas ansias del próximo capitulo!!!

    besos

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  10. wow! nos has dejado con la miel en los labios que injusta eres. Espero que actualices pronto por que creo que lo que nos espera nos dejará muy pero que muy "contentas" jeje!

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  11. Hola LI dios mujer te adoro este capitulo es genial,me fascino y valla el si que esta atrapado ahora jajajaja es emocionante y si querida me pasaré para apoyarte en tu historia ya que se merece muchos votos y por cierto la revista tambien quedo fantastica y tu entrevista genial ya se que tienes muchas sorpresas para nosotras en los capitulos siguentes...Sigue asi linda,no cambies ....Besitos desde Ecuador....

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  12. Hola Li!! :)
    Gracias por el trabajo que haces con el fic en cuanto a fotografías. Sé que lleva tiempo hacerlo, buscar las fotos, retocarlas, darles mil vueltas hasta que te guste como queda... :)
    De nuevo, felicidades por las nominaciones y la entrevista :)

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  13. BUENO como siempre escribes excelente, & siii edward ya esta atrapado e__e y bella no se queda atras ella creo nose me late que la esta empesando a enamorar y despues de el tiempo que se tomaron creo si abra algo entre ellos muy cercano *---* Li hermosa no nos hagas esperar tanto mira que sufro T___T y mas me dejaste con ganas de leer mas y mas mas mas mas mas mas mas♥ te quiero mucho y besos*-*

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  14. LIIIIIIIII, no me he olvidado de la historia... Disculpame que no te haya dejado comentarios, pero aqui estoy de nuevo!!!! me encanto este capitulo, creo que estos dos estan totalmente ciegos de amor y ninguno quiere dar su brazo a torcer por el simple miedo de como actue la otra parte.... gracias por este capitulo, esperando con ansias el nuevo capitulo.

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  15. mmmmm Li esto es fabuloso, engancha, subyuga, derrite, enloquece y todo eso es por tu culpa, (bendita culpa nena) y este Edward tan sinverguenza, tan mandon, tan borde a veces, tan especial. Espero el proximo con ansiaaaaa lo sabes verdad? Te quiero mi niña, un besazo enorme.

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