domingo, 11 de septiembre de 2011

CAPITULO 16

Ofensas y esperas impacientes.


"Lo mejor es perseguir cosas imposibles. Luego, cuando ya no lo haces, la vida no tiene sentido"
La Buena Vida.



BELLA’S POV

–¿Todavía quieres huir de mí?, ¿alejarte y esconderte…?

Escuchaba su voz, pero no lograba concentrarme en el significado de sus palabras, sus dedos dentro de mí desconectaban toda mi razón.

–Creo que seguiré demostrándote el porqué es que no puedes hacerlo…

Me estremecía entera, mi cuerpo recuperaba el temblor que me provocaban los movimientos de sus dedos y yo sólo sabía que era inevitable, Edward me daría otro orgasmo apoteósico. Giró la mano y sus dedos comenzaron a tocar mis paredes frontales, era un toque muy suave, gentil pero que me elevaba con rapidez sintiéndome impulsada además de ellos por un calor abrasante. Los gemidos salían desvergonzados de mi garganta y entonces sentí los labios de Edward besar mi cuello y mis senos.

El calor fue subiendo de intensidad y ya no fui dueña de mi cuerpo ni de mis reacciones. Solo me retorcía víctima del delicioso placer que me regalaba mientras hacía esfuerzos para proporcionar aire a mis pulmones. Edward succionaba con mucho cuidado mis delicados pezones y se disparaban las mas increíbles sensaciones hacia todo mi cuerpo. Gemí intentando retener ese cúmulo de vibrantes descargas, pero él lo notó…

–No, Bella, no lo hagas, no te reprimas, córrete – me dijo con voz excitada pero sin dejar de ser de suave terciopelo –, córrete para mí, Bella…

Si acaso yo había intentado evitarlo, sus palabras bastaron para que mi cuerpo se soltara y dejara fluir ese río de lava electrizante que recorrió todo mi cuerpo llenándolo de un inmenso placer. Me sentí subir a lo mas alto de un rascacielos y dejarme caer segura de que él estaría ahí para impedir que me estrellara contra el concreto. Lo sabía porque confiaba en él.

Edward no dejaba de mover casi imperceptiblemente sus dedos dentro de mí, sus labios tampoco dejan de rozar mis sensibles puntas impidiendo que pudiera recobrarme y volver a mi estado normal, yo no podía dejar de temblar sobre la dura superficie de la mesa mientras él no dejara de tocarme y no parecía querer dejar de hacerlo. Poco a poco mi respiración fue recobrando un ritmo más tranquilo, entonces sus dedos abandonaron mi interior y jadeé.

–Bien hecho – susurró a mi oído al mismo tiempo que regaba suaves besos detrás de mi oreja y en mi cuello y que no dejaban que esa electricidad que aún corría por mi cuerpo se extinguiera.

Agotada por todo lo que acababa de experimentar, yacía desmadejada sin poder moverme; el darme cuenta de lo que había logrado sentir con esos orgasmos fue contundente. Eran tantas y tan diferentes todas las emociones por las que había pasado durante toda la semana que al llegar a casa de Edward sentía que me ahogaba. Las presiones que tenía no eran pocas y no estaba manejando bien mis emociones, pero al estar sometida a sus deseos, a sus juegos y a su particular forma de demostrarme su interés, me dejé ir y con cada perversa pinza colocada en mí y con cada ardiente nalgada recibida, Edward había logrado sacar cada una de esas agobiantes y pesadas inquietudes de mi cuerpo y de mi mente. Prácticamente las había castigado, sacado a golpes y no podía negar que me asustara el darme cuenta del enorme alivio que sentía. Me había llevado del dolor al placer, y del placer al éxtasis. Como una revelación, comprendí que inconscientemente estaba atrapada, pegada, unida a él y me dio miedo.

Me mantuve con lo ojos cerrados, no quería verlo a la cara y mucho menos directamente a ese par de verdes llamaradas que seguramente con sólo mirarme sabrían lo que sentía y lo que pensaba. Ése era un poder que Edward manejaba muy bien, me daba la sensación de que podía leer mis pensamientos y entonces yo actuaba como si efectivamente lo hiciera y supiera todo lo que giraba por mi mente. Mis deseos, mis miedos, mis enojos, todo, no me sentía capaz de ocultarle nada, me sentía desnuda frente a él, mucho más que sólo desarropada de las prendas que vestían mi cuerpo.

No entendía como era que no había podido retraerme y soportar, abrazar esa sensación y guardarla en lo más profundo de mi ser. Las palabras de Edward resonaban como repiqueteos de campanas en mis oídos repitiéndome una y otra vez que sólo él podía llevarme a conseguir ese placer y hasta esos niveles inimaginables, que no debía y que no podía huir de él aunque en realidad si quería hacerlo porque además de confusión, todo eso me provocaba miedo al poco a poco ir descubriendo que mi cuerpo tenía más decisión que mí razón. Mi cuerpo lo necesitaba y no estaba segura de cómo me podría manejar a partir de ese momento. No sabía cómo acallar el miedo que eso significaba para mí porque me daba cuenta demasiado tarde que estar con Edward exigía mucho más que solo decir, “Sí, Señor”. No era lo que yo había imaginado que sería, todo iba mucho más allá y requería de mi tal vez mucho más de lo que yo estaba dispuesta a dar de propia voluntad. Pero algo en mi cerebro sacudía mi cabeza y me gritaba como un general mandón del ejército que yo podía, que yo tenía la fuerza y que no me dejara rendir por un par de calientes nalgadas en el trasero, que sacara a la mujer fuerte que habitaba en mi interior y que hiciera todo lo necesario para entender el mundo al que yo le había pedido entrar para ser una sumisa.

Ser sumisa requería mucho más que buena disposición, obediencia y los deseos de serlo. Era necesario prepararse para ello y entendía ya que Edward no había exagerado cuando me sugirió que debía alimentarme mejor y ejercitarme. Me reí en mi interior al ver realmente toda la ironía que envolvía todo este mundo oscuro. La sumisa era todo menos eso. No era una muñeca que debía comportarse y solo obedecer, se necesitaba carácter, fuerza e inteligencia para ser capaz de aceptar tanto ordenes, castigos o cualquier cosa que tu amo deseara, debías hacerlo de buena disposición sabiendo que eso significaría el placer de tu amo y su felicidad que por consiguiente, la tuya propia. Para llegar a ser una sumisa se necesita todo menos ser una en realidad. Para serlo se nacía, nadie se hacía, y de pronto una grave duda me rondó. No sabía si yo había nacido para serlo, si tenía el carácter necesario para poder manejar o tan siquiera entender la personalidad tan envolvente y extremista de Edward. Era mucho, demasiado el placer al que podía llevarme pero así como disfrutaba de él, robaba todas mis energías y mi cordura, me dejaba incapaz de reaccionar por un buen tiempo y eso era preocupante.

De mi garganta salió un suspiro de sorpresa. Edward me tomó en sus brazos y me llevó a la cama de esa misma habitación. Mi trasero un poco adolorido y caliente agradeció la suavidad de las frescas sábanas de seda; me depositó sobre ellas y se dirigió al baño. Escuché correr el agua en la bañera pero no quise pensar en nada más, estaba relajada porque sabía que no habría más dolor. El cansancio me hacía sólo querer dormir y solo esperaba el momento en que pudiera hacerlo. Me estaba dejando llevar cuando él regresó y me cargó llevándome al baño y muy despacio me introdujo en la tina, él entró también y se sentó acomodándome en su regazo. El agua estaba caliente y envolvía mi cuerpo deliciosamente, jadeé ante la calmante sensación.

–Shhh, tranquila, Bella, shhh.

Me decía Edward al oído como en un susurro y dejé mi cabeza descansar en su pecho. Con mucho cuidado pasaba una esponja llena de espuma por mi espalda haciendo círculos pequeños que la recorrieron toda hasta llegar a mi derrière, la dejó a un lado y bajó un poco más la mano acariciando muy suavemente mis nalgas. Lentamente después de un rato de estar concentrado en esa zona de mi anatomía, dirigió su atención a mi vientre que sentía la esponja que había vuelto a tomar y que poco a poco fue subiendo hasta mis senos.

Con excesivo cuidado los rodeó y llenó de espuma, con la mano la extendió por ambos senos y me moví ligeramente. Un suave beso en el oído me desconcentró por unos segundos, hasta que sus pulgares rozaron mis pezones. Edward estaba acariciándome tan tiernamente que mi mente empezaba a girar de nuevo. Giré mi rostro a su pecho mojado y el vello me hizo un poco de cosquillas y a él también porque rió casi inaudiblemente y de pronto tuve sus manos entre mis piernas. Me tensé pero los suaves y delicados besos detrás de mi oreja y en mi cuello distrajeron un poco mi atención mientras su mano con expertos movimientos se introducía en mis pliegues y yo me estremecía.

–No, Bella, nada de eso – me reprimió como si regañara a una niña muy pequeña –, ahora es momento del baño solamente –. Tomó mi barbilla con su mano libre y acercó sus labios a los míos. Edward Cullen me besaba con una suavidad y ternura que tiró todas mis barreras, se borraron los temores y las dudas y en esos segundos que duró el beso no quise estar en ningún otro lugar del planeta más que en esa bañera, en sus brazos, siendo besada y cuidada por él.

Soltó mi barbilla y recogió un poco de espuma poniéndola en mis mejillas. Sus ojos me miraban como si no hubiera otra cosa a su alrededor. La mirada era intensa y estaba cargada de deseo, ya podía reconocer ese fulgor que brillaba en sus ojos cuando se posaba sobre mí. No me moví. Edward enjuagó mi cara y me volvió a besar. ¡Dios! Todo me daba vueltas…

Salimos de la bañera y me envolvió con una toalla tibia; él solo enrolló una alrededor de sus caderas y regresó su atención a mí. Paseó la toalla por mi cuerpo mojado y me levantó en sus brazos cuando estuvo seguro que ya me encontraba lo suficientemente seca. Me llevó a mi habitación y me recostó en la cama. Él entró de nuevo al baño y aproveché para ponerme de pie. En ése momento más que nunca necesitaba espacio y tiempo para pensar ya que el voluble carácter de Edward no me permitía tener un pensamiento coherente y desde luego no me sentía capacitada para poder emitir un juicio y mucho menos tomar una decisión confiable.

Muy despacio entré al vestidor y tomé unos jeans, un suéter y ropa interior cuando brinqué asustada, sorprendida por su voz.

–¿Qué estás haciendo? – sonó más confundido que mis pensamientos en ese momento.

–Vistiéndome – respondí calmada –, me voy a casa.

–Estás en casa, Bella – dijo tomándome por los hombros con suavidad –. Ya aclaramos las cosas, no tienes porqué irte – me pegó a su pecho desnudo y aspiré su venenoso e hipnotizante aroma.

–No, Edward, no hemos aclarado nada, yo estoy más confundida que nunca y necesito estar sola – dije separándome de él y viendo cómo su rostro iba transformándose de uno tranquilo y hasta comprensivo a uno molesto que me miraba con ganas de fulminarme.

–No he dicho que puedes irte – su voz también cambió y me respondió frío y arrogante.

–Por favor, Edward, te lo pido, dame unos días sin llamadas, sin vigilarme, sin ir a verme por las noches, déjame analizar tranquila todo lo que está sucediendo y te prometo que pronto te tendré una respuesta definitiva – le pedí con toda la sinceridad posible.

–No la necesito, Isabella – me dijo soberbio –. Tú y yo acordamos algo después de que me insistieras para que te tomara bajo mi tutela, te dí mis condiciones y las aceptaste todas y cada una de ellas, ignoraste las muchas oportunidades que tuviste para que renunciaras a esto pero aquí estás, eso para mí es un sí definitivo, no tienes nada más que pensar – me quitó la ropa de las manos.

–Tú no puedes negarme lo que te pido – lo miré levantando la barbilla, segura de mí.

–¿Por qué te retractas ahora? – entrecerró esos ojos que brillaban más verdes que nunca –. Aún esta noche tuviste la posibilidad de irte y no moviste ni un solo dedo para escapar de aquí, dejaste que te hiciera mía sin poner ningún pero – tomó mi cara con una mano –. Eres mía, Isabella, no sé que diablos tengas que pensar después de eso.

–Yo no…

–Te quedaste callada, para mí eso es más que suficiente – me interrumpió.

Me di media vuelta dándole la espalda, tomé mi cabeza entre mis manos. Estaba desesperada, esa era una de las otras “virtudes” que Edward tenía, la capacidad de hacerme perder la paciencia y de hacerme sentir acorralada.

–No pienses demasiado las cosas, Isabella, sólo deja que ocurran – por un momento creí notar una diferencia en su tono, tal vez más suave –. Tú ya no tienes que preocuparte por nada, eso déjamelo a mí – suspiró y me abrazó por detrás –. Es nuestro acuerdo, no hay marcha atrás…

–¿Nuestro acuerdo? – me giré violentamente – Yo no he visto ningún acuerdo, ni contrato, ni nada que se le parezca, tampoco he firmado nada así que puedo retractarme en cualquier momento, nada me obliga a permanecer junto a ti.

–No te engañes, Isabella – dijo con la mandíbula tensa –. Sabes que no puedes estar alejada de mí, ya eres una sumisa y disfrutas siéndolo. ¿No lo ves?, gozas de todo esto, es algo más fuerte que tú, por eso te quedaste, porque en tu interior lo sabes y lo aceptas.

–No es verdad, yo no disfruto esto…

–Sí, sí que lo haces – dijo con una sonrisa cínica –. Y sabes bien que el único que puede hacerte llegar tan alto, el único que te hace disfrutar de esa manera soy yo… por eso no huirás de mí.

Me sentí impotente porque en parte tenía mucha razón.

–Pero no te preocupes, mi querida Isabella – aventó la ropa a una silla –, tendrás lo que me pides – se dirigió a la cama y de un jalón quitó el pesado edredón y las sábanas que la cubrían –. Tendrás dos semanas para estar sola como deseas.

–¿De verdad? – pregunté asombraba por que no creía lo que escuchaba, me estaba dando el tiempo que necesitaba –. Gracias, Edward – le dije feliz.

–Me voy por un viaje de negocios, Isabella – dijo serio –. No pienses que he accedido a tu petición, es sólo una mera coincidencia que salió a tu favor.

–¿Qué? – pregunté decepcionada.

–Lo que oíste y ahora métete a la cama, quiero una buena despedida…

Esa noche, Edward me hizo suya varias veces. Las primeras con ímpetu, con fuerza y yo disfruté de cada uno de ellas, sería muy cínica si lo negara, luego, fue cariñoso, suave, tierno. Cuando era así me daba más miedo porque no sabía como reaccionar ante él, lo conocía mejor cuando ocultaba esa otra faceta suya aunque no me disgustaba el Edward suave, era como probar el mismo postre pero cocinado por diferentes personas con las mismas recetas e ingredientes, obteniendo el mismo delicioso resultado pero con diferentes formas de batir la mezcla. Bonita analogía que hacía de eso, pero era verdad, era muy parecida la comparación.

Sólo la última vez que me hizo suya fue totalmente diferente a las anteriores. Tuvo mucho cuidado en tocarme, en acariciarme, en besarme. Fue muy gentil y me sentí por extraño que pudiera parecer, me sentí querida y no como una sumisa, sino como una mujer real.

Sentirlo así fue maravilloso. Mi cuerpo vibraba emocionado al ser acariciado de tal forma. Gemía y me retorcía bajo su cuerpo, mis pezones endurecidos deseaban ser besados y succionados por sus labios que parecían saberlo y los complacían; mi cuello también reclamaba su atención y mi pelvis de elevaba buscando friccionarse contra la suya y en especial contra su viril erección. Edward no esperó mucho para hundirse en mi y comenzar con los embistes que se transformaron en una suave y rítmica danza con nuestros cuerpos. El conocido calor en mi vientre comenzó a hacerse insoportable de contener y mientras luchaba por eso, Edward gemía cada vez que se introducía completamente en mí.

–Córrete, córrete conmigo, Bella.

En ése momento grité su nombre aferrándome a sus caderas con mis piernas que lo abrazaban, incrusté mis uñas en su espalda y mi cuerpo se arqueó en respuesta al placer que me daba. No sabía como explicarlo pero la excitación que llenaba mi ser esta vez era diferente, tenía una intensidad que no podía medirla y no podía compararla con las veces anteriores. Edward tenía razón, él me conocía y sabía como conducirme hasta esos niveles inimaginables de locura, de éxtasis, no podía negarlo porque mi cuerpo lo sabía y yo también.

***.

Me removí en la cama buscando ese calor y los brazos que me lo proporcionaron durante la madrugada. Estiré mis brazos sin abrir los ojos y no encontré nada. Las sábanas ya estaban frías pero mi mente no me engañaba y tampoco lo había soñado. Edward se quedó conmigo toda la noche, yo lo había sentido. Había dormido abrazada a su cuerpo y él había enredado sus piernas con las mías.

Muy despacio abrí los ojos buscándolo por toda la habitación en penumbras gracias a las cortinas pero tampoco lo vi. Seguramente se estaría dando un baño y esperaría su desayuno pero yo no iba a mover ni un dedo para preparárselo. Mis días libres empezaban desde ese mismo momento, así que fui directo al baño, me di una ducha muy merecida y me vestí con unos jeans y una blusa. De vuelta en la habitación abrí las cortinas y algo en la mesita de noche llamó mi atención. Un sobre amarillo con mi nombre escrito con una impecable y hermosa caligrafía...

Lo abrí y dos fajos de billetes muy bien acomodados y empacaditos estaban dentro junto a un sobre más pequeño que contenía una tarjeta de crédito. La conocía muy bien ya que por esa misma tarjeta había tenido un disgusto con mi padre. Era una de ésas platino, con un crédito tan exorbitante que era ridículo. No la necesitaba y si no se la había aceptado a mi padre mucho menos la aceptaría de Edward.

Salí de mi habitación, fui a la suya y golpeé la puerta varias veces pero no obtuve respuesta. Entré sin importarme nada pero sólo encontré el aroma almizclado y de maderas que flotaba en el ambiente. Él ya no estaba. Se había ido.

Furiosa, molesta y ofendida, bajé y me dirigí a la cocina, ahí estaba Harriet y me miraba preocupada.

–Buenos días, Bella – dijo con un poco de timidez –. Edward ya se fue.

–Ya lo sé – respondí enojada –. Oh, Harriet, lo siento mucho, perdóname, no fue mi intención – bajé la mirada apenada por mi grosería.

–No te preocupes, Bella, no pasa nada, ven – jaló una silla del comedor que ahí había –. Te preparo algo, dime que se te antoja, anda.

–La verdad es que si llego a comer algo ahorita me va a caer muy mal – le confesé. Suspiré porque aunque no tenía junto a mí a mis mejores amigas, alguien del cielo me había mandado a sus relevos, Harriet y Jane me habían adoptado y yo lo agradecía, sin duda eran lo mejor que me había ocurrido durante toda la semana.

–Edward, Edward – dijo su nombre mientras negaba con la cabeza y sacaba una taza para servirme café, puso la taza frente a mi acompañada de un cestito con pan.

–Yo creo, Bella, si me aceptas un consejo – tomó un sorbo de su café –. Que no deberías tomarte las cosas tan a pecho, déjate cuidar por él, verás como poco a poco van cambiando las cosas, dale tiempo.

Solté una carcajada cuando escuché a Harriet pedirme tiempo para Edward, era irónico.

–Lo siento, Harriet, no me río de ti, lo que pasa es que yo le pedí tiempo a Edward, le rogué por aquel y si no fuera por este bendito viaje de negocios no me lo da, me lo dejó muy claro, y tú me pides tiempo para él, ¿tiempo para qué?

–Para adaptarse a ti, Bella, a tu cercanía, a tenerte en su vida – tomé un panecillo y empecé nerviosa a deshacer sus orillas.

–Edward me gusta – reconocí ante ella –. Es la verdad, pero no soporto sus crisis bipolares – levanté la mirada preocupada –. ¿No es bipolar, cierto?

–¡Já!, no, Bella, no lo es – me sonrió y me tranquilicé –. Es un poco impetuoso pero es bueno, haz lo que te pida, confía en él.

–No soporto que quiera controlar hasta como me visto, es ridículo.

–No, Bella, es su forma de decirte que le importas, que te quiere con él, que quiere que estés bien – tomó mi mano entre las suyas regordetas –. Él no sabe hacerlo de otra forma. Él se esfuerza pero es algo orgulloso, solo tenle paciencia.

–¿Le importo? – le pregunté casi en un susurro.

–Sí y mucho. Lo conozco muy bien, Bella y nunca lo había visto tan interesado y preocupado por alguien como contigo – me guiñó un ojo –. Sólo dale tiempo…

***

Me despedí de Harriet y aún muy molesta me fui a mi apartamento. Estaba ofendida más que otra cosa. Al llegar me quité la ropa que llevaba y me puse una camiseta vieja y unos pantalones de yoga junto con unos calcetines calientitos. Ya muy cómoda, encendí mi computadora y comencé a organizar las entregas de todo lo que nos faltaba para Flannagans. El fin de semana siguiente era por fin la presentación de la nueva imagen del negocio y todo debía estar listo para ese gran día. Trabajé hasta dejar todo bien dispuesto y hasta adelanté algo del trabajo para Newton’s, ya había abusado mucho de Jane y no pretendía seguir haciéndolo, además me sirvió para enfriar mi mente y distraerme un poco.

También me sentí menos culpable por lo de Rosalie y Alice; me dolía claro, pero ya había hecho todo lo que una amiga arrepentida podía hacer. Reconocí mi error y fui a buscarlas pidiéndoles disculpas, ellas no las habían aceptado y aunque me llegara el dolor al alma por haber sido rechazada entendía que ya más nada podía hacer, ya todo dependía de ellas.

Entrada la tarde, mi estómago me reclamó haberme olvidado de él. Fui a la cocina y no encontré nada que no fueran tés y café, todo lo demás se encontraba en un avanzado estado de descomposición. Apenada conmigo misma, limpié y tiré todo lo que no servía. Tomé mi bolso y fui al súper mercado para tener algo decente en mi despensa, necesitaba alimentarme bien así que compré muchas cosas sanas. Al volver, escuché que el teléfono del apartamento sonaba y me apuré a abrir dejando las bolsas en la puerta pero no alcancé la llamada, segura era mi padre quien llamaba, metí las bolsas con tranquilidad y al empezar a acomodar todo el teléfono sonó de nuevo y entonces contesté.

–Hola – dije emocionada saludando a mi padre.

–¿En donde estabas? – me preguntó Edward casi en un regaño y rodé los ojos.

–Fui al súper mercado – contesté mecánicamente.

–¿Tú en el súper mercado? – sonó irónico.

–Si, yo en el súper mercado, mi despensa estaba vacía, tuve que salir a comprar – dije con indiferencia y algo exasperada.

–Bien. Me complace mucho que uses el dinero que te dejé – dijo con satisfacción – ¿Ya ves que no es muy difícil portarse bien, Isabella?

Guardé silencio por unos segundos intentando controlarme pero fue más fuerte que yo – ¡Me insultas dejándome ése dinero y de esa forma!

–Entre mis obligaciones por cuidarte está la de proveerte de todo lo que necesites económicamente y bueno, aunque dije que era una obligación, yo no lo veo así, al contrario, es un placer poder cubrir todas tus necesidades y tus gustos – recitó confiado.

–No te preocupes, Edward que por primera vez no estás frente a una inútil – gruñí más ofendida que antes –. Yo tengo mi propio dinero.

–¿Te refieres a tu precario sueldito de unas cuántas libras? – Edward soltó una sonora carcajada y yo me quedé callada. Pasaron muchos segundos y él paró de reírse.

–Oh, lo siento – dijo más serio –. Había olvidado que estoy hablando con una de las más ricas herederas de los Estados Unidos, un verdadero emporio según me he informado.

–A mí no me importa el dinero, nunca me ha importado y si crees que estaba junto a ti por eso, estás en un muy grande error – casi escupí esas palabras –, así que no te preocupes porque no quiero tu dinero.

–¿Qué es lo que quieres de mí, Isabella?

–Lo que me prometiste, ¡tiempo! – le grité –, tiempo sin ti acosándome, tiempo sin que estés respirando en mi espalda.

***


Al día siguiente me levanté muy temprano. A pesar de no haber tenido pesadillas, no había dormido nada bien debido a la llamada de Edward. ¿Cómo pretendía Harriet que le tuviera paciencia y le diera tiempo si él no podía dármelo a mí?

Desayuné algo rápido y me di un baño, busqué qué ponerme y de pronto supe que hacer ese día. Salí de mi apartamento y fui directamente a un pequeño mercado; compré muchos kilos de manzanas, zanahorias y una caja de terrones de azúcar. Una vez con mi compra en la cajuela del auto, me fui rumbo al club. En la caballeriza busqué una cubeta grande y entonces fui por las golosinas. Cuando al fin logré bajar todo, saqué el trinche largo que lleve de mi cocina y empecé a repartirles a cada uno todo lo que había llevado para ellos. Los caballos estaban felices y relinchaban y resoplaban contentos. Movían las colas muy peinaditas y agitaban el cuello despeinando sus relucientes crines. Ensartaba una manzana en el trinche y extendía mi brazo hacia “Paloma” o “Juguetón”. Aún me daba miedo acercarles mi mano pero el trinche era de mucha ayuda. Me gustaba estar con ellos aunque todavía me asustaran un poco, a pesar de eso me relajaban y me hicieron olvidar por un buen rato todas mis marañas y problemas mentales. El que resultó ser toda una revelación fue “Tramposo”; aceptó muy quietecito que lo acariciara y le palmeara el lomo como había visto que Edward le hacía. Pasé con mucho cuidado mi mano por su nariz y hasta pegué mi mejilla a su cuello. “Tramposo” solo resoplaba y a veces me empujaba el brazo para que le diera más manzanas. “Tramposo” me había hecho el día. En un momento me sentí intrépida y lo abracé rodeando su cuello con mis brazos.

–¿Ahora Cullen te pone a alimentar a sus caballos?

Solté a “Tramposo” y enseguida el caballo resopló diferente y comenzó a hacer sonar sus cascos contra el suelo. Me alejé de él y me giré para ver a Max de pie y apoyado contra la puerta corrediza de la caballeriza. No supe qué responderle; sabía que tenía que hablar con él porque tenía que darle una explicación aunque no se la debía.

–Lo siento, Bella, soy un idiota – se disculpó.

–No te preocupes, Max – le sonreí –. ¿Quieres una manzana?

–Eres genial, ¿sabes?, otra me hubiera mandado al diablo directamente.

–No has hecho nada malo, solo asustarme hace un momento.

–¿Estás bien, Bella? – me preguntó preocupado y me intrigó.

–Sí, muy bien – respondí.

–Me alegro – me miraba sincero –. Bueno, yo sólo quería saludarte, no quiero que tengas un problema con Cullen por mi culpa.

–Ah, no te preocupes, él no está – me encogí de hombros.

–Entonces, ¿me aceptas una invitación a comer? – me preguntó con cara tierna y no pude hacer otra cosa más que aceptar.

Comimos en el mismo club. Max como siempre, muy educado. Me dejó elegir la mesa que yo quisiera y me sugirió entre risas algo del menú. Pedí un daiquirí de fresas y dejé que él me sorprendiera con algo para comer.

–Dime, Bella, ¿cómo es que me voy unas semanas y cuando regreso eres la chica de mi más acérrimo enemigo? – tomó mi mano mientras me preguntaba y yo no la quité de entre las suyas –. Acabaste conmigo, ¿sabías eso?

–Max, por favor, no me digas eso – le pedí porque me hacía sentir una culpa por algo que no debía.

–Déjame sacarlo, Bella, te prometo que nunca volveré a tocar el tema pero ahora mismo tengo que decirte lo que pienso y lo que siento – bajé la mirada y él continuó.

–Sé que fui muy estúpido al marcharme así, sin un aviso siquiera; muy bien pude enviarte un correo o un mensaje de texto o incluso llamarte pero por tonto no lo hice. Si te soy honesto, te sentí muy segura y estaba convencido que esperabas impaciente noticias mías. Fui un presuntuoso al pensar eso y sobre todo que esperarías feliz mi regreso – negó con la cabeza –. No sabes lo que sentí al verte con Cullen… – me miró fijamente y sonrió –. Pero bueno, lo importante es que tú estés contenta y que sepas que si alguna vez puedes darme una oportunidad, la aceptaré gustoso y te demostraré todo lo que aquí tengo guardado para ti – llevó mi mano a su pecho, directamente a su corazón.

–Max…

–Shhh, no digas nada – sonrió –. Está bien así.

Y con esa confesión me sentí peor aún pero él hizo que se me olvidara un poco. Platicamos un buen rato de su trabajo y del mío, nos pusimos al día y cuando me preguntó por las chicas le dije que estaban ocupadas con sus respectivos trabajos y Rose con su novio.

–Ojala que podamos repetir esto, Bella – dijo retirándome la silla cuando me levanté –, pero como te dije antes, no quiero meterte en problemas, Cullen es tan territorial y violento…

Ni que lo digas, Max, ni que lo digas…

***

Esa noche Edward no llamó. Me sentí extraña y revisé mi móvil por si tenía alguna llamada perdida o un mensaje de texto pero no había nada. Me di un baño para quitarme todo el polvo y el olor a establo y me acosté a dormir. Me levanté muy temprano después de haber tenido un sueño muy reparador y después de arreglarme con calma y sin prisas me fui a la agencia.

Esa semana fue un caos pero muy ordenado. Gracias a que organicé todo el fin de semana, solo restaba estar pendiente y verificar que las entregas se hicieran a buena hora y en buen estado. Eso nos ayudó a Jane y a mí a no enloquecer con tantas cosas y hasta pudimos salir no muy tarde de la agencia. Ésa semana también tuvimos una cita con Michael Newton para conocer sus joyerías mientras nos explicaba las remodelaciones que hacían para cada una de sus tiendas. Después nos invitó a comer y tanto a Jane como a mí nos pareció encantador, inteligente y con mucho carisma. Nos reímos mucho con él y nos hizo pasar una tarde muy agradable.

Teniendo una idea mucho más clara de las joyerías, pude terminar algunos bosquejos, Se los mandaría a Michael para que los revisara y luego concretáramos otra cita para estudiarlos juntos.

–Que poco originales son los empresarios – dijo Jane –. En lugar de buscar un nombre bonito y original para sus negocios les ponen sus apellidos, no tienen imaginación.

–Bueno, Jane, algunos de esos negocios son tan antiguos, como el de Michael que sería muy difícil cambiarle el nombre ya estando bien establecido y reconocido, ¿no crees?

–Humm. Insisto, me dan flojera.

–Deja de quejarte que no te corresponde criticar los nombres de los negocios, si no hacerles una buena imagen publicitaria y ya, vámonos que tengo hambre y una cerveza tampoco me caería mal.

Habíamos tomado la costumbre de que al salir de la agencia íbamos a un bar cercano a tomar una cerveza y a comer algo. Nos lo merecíamos por el arduo día de trabajo y nos caía muy bien, al menos a mí que al llegar a casa me acostaba a dormir como un bebé, toda la noche y sin pesadillas pero antes de hacerlo revisaba la contestadota y mi móvil para ver si tenía alguna llamada de Edward pero no encontraba nada. No podía creer que estaba cumpliendo con lo que le pedía, estaba muy feliz por eso aunque también me parecía muy extraño tanto silencio. Seguramente estaba maquilando en ese cerebro suyo como atacar y hacerme una emboscada de la cual no pudiera salir.

Una noche, Jane y yo llegamos al bar y saqué mi móvil y lo puse en la mesa, sólo por si acaso, y los ojos de Jane se pusieron en blanco. Había sido demasiado discreta para su capacidad y esa noche simplemente no pudo más y lo sacó.

–Te hace sufrir y encima no te llama – dijo algo seria –. No me cae bien.

–¿Quién?, ¿de que hablas Jane? – parpadeé repetidas veces.

–Del dueño del precioso jaguar negro que siempre te espera en la puerta de la agencia, no creas que no me di cuenta desde un principio, pero así como me ves, también sé darle a las personas su espacio, solo que el tuyo ya es muy grande y te estás perdiendo en él – hizo un puchero – vamos, Bella, cuéntame.

Por un momento me quedé callada pensando que por no compartir con mis amigas mis problemas y mi vida ya no las tenía junto a mí, si bien era algo difícil de manejar, bien pude limitarme a decirles solo lo básico, pero no lo hice. De pronto, la vida me volvía a poner en las mismas circunstancias y esta vez no estaba dispuesta a desperdiciar la oportunidad de compartir mis sentimientos con alguien tan buena como Jane, a ella no la iba a perder también.

–Ay, Jane – me lamenté –, es tan difícil que no sé por donde empezar.

–Por el principio o el final, por donde sea pero escúpelo de una buena vez porque te estás ahogando.

–Estoy saliendo con Edward Cullen.

Jane me miró sin decir nada por unos segundos pero esos ojos suyos tan expresivos parecían a punto de salírseles de su lugar. Parecía un periquito a punto de caer desmayado de su palito.

–No te escuché bien, ¿dijiste Edward Cullen? – preguntó confundida y yo asentí.

–Me confunde mucho, Jane, es… es muy complicado y…

–¡Hey!, calma, nada de histerias, respira y vamos desde el principio, ¿de acuerdo? – volví a asentir y solo le conté que nos habíamos visto varias veces y luego en el club de polo me había acercado a él y de ahí en adelante empezamos a salir.

–Me gusta, Jane, me gusta mucho pero a veces me da miedo, es muy demandante y… absorbente.

–¡Madre mía!, ya quisiera yo que alguien como Edward Cullen me absorbiera, se que no me quejaría para nada, Bella – levantó su cerveza para brindar.

–¡Jane! – me quejé.

–Perdón, pero bueno, ya en serio, ¿cuál es el problema realmente?

–Estoy un poco confundida. Estar con Edward es mucho más de lo que creí que sería, me agobia su mundo, no sé si pueda acostumbrarme…

–Me resulta extraño escucharte decir eso, tú estás en el mismo nivel que él, Bella, no entiendo eso de que no podrás acostumbrarte – me miraba sin entender y yo sin poderle explicar exactamente a qué me refería.

–Le pedí unos días para pensar bien en todo, pero no me respetaba eso, me llama, me vigila, ya viste a sus hombres en la puerta de la agencia, Jane y hasta se aparece en mi casa a media noche, ¿así como pretende que pueda tomar una decisión?

–¿Lo quieres, Bella? – eso no lo sabía, no había pensado en poder llegar a quererlo cuando se me ocurrió acercarme a él.

–No lo sé, Jane – negué suavecito con la cabeza.

–Mira, yo no lo conozco por lo que no puedo darte una opinión sobre él y la relación que llevan pero si puedo decirte que para que puedas tomar una decisión justa, sopeses sus defectos y sus virtudes, yo creo que si aún no sabes bien qué sientes por él, esto puede ayudarte y así tendrás una idea más clara sobre él y sobre lo que tú quieres – la miré y le sonreí.

–Y no quiero enredarte mucho pero si en esa decisión dejas también que esto te guíe un poquito – se tocó el corazón –, no te equivocarás. Hay que confiar en las corazonadas de vez en cuando – asintió muy segura de lo que decía.

Esa noche llegué a casa y me fui directamente a la habitación que por dos noches ocupó Edward. Me quité los zapatos y me acosté haciéndome una bolita pequeña, suspiré varias veces mientras pensaba las palabras de Jane. Ella había mencionado que siguiera mis corazonadas pero por favor, mi corazón no podía formar parte de esa complicada ecuación por demás difícil ya que si le agregaba una interrogante más, todo sería un completo desastre. Él debía estar guardado en una de ésas impresionantes cajas fuertes como las de las joyerías Newton’s; encerrado bajo llave y con un fuerte sistema de seguridad vigilándolo por su propio bien para no volver a ponerlo en riesgo, era mi joya más preciada y debía cuidarla.

Me puse de pie y me cambié, me puse una pijama viejita y como sabía que no me iba a dormir tan fácilmente, me fui a la cama con mi mejor amigo, mi Kindle. Lo encendí y elegí una de las tantas novelas guardadas en él y me acomodé. Los besos, los arrumacos, el protagonista seductor, la chica inocente que se deja envolver, un escenario idílico y mucha pasión fueron los elementos de la novela que elevaron mi temperatura esa noche. La escena era muy sensual, tal vez demasiado como para tenerme toda acalorada y húmeda, la chica jadeaba y el seductor se bebía a besos sus pechos. Bajaba una mano y acariciaba sus muslos firmes, hice lo mismo y me acaricié las piernas, mi vientre y de pronto me detuve. De inmediato mandé al diablo la idea de que era una sumisa y no debía darme placer a mi misma sin el permiso de su Señor y seguí tocándome cada vez más abajo. Mientras estuviera organizando mis ideas estaba en “Stand By” así que metí mi mano bajo mis bragas y moví mis dedos hasta que sentí que la presión que se producía desde mi vientre bajo crecía y luchaba por explotar. Jadeé y me retorcí hasta que mi cuerpo explotó en un liberador orgasmo y de mis labios escapó un nombre que jamás imaginé gritar en ese momento.

¡Edward!

Tendida en mi cama, poco a poco iba recuperando el ritmo de mi respiración. Tenía que reconocer que ése orgasmo había sido muy bueno, pero si era honesta, debía admitir que los que Edward me hacía sentir eran muchísimo mejores. ¡Excelentes! ¡Increíbles!, por decir algo y si iban acompañados de un par de nalgadas que sacaran de mi toda la mierda que arrastraba. ¡Mil veces mejor! Pero como yo misma le había dicho a Edward días antes, eso era lo que había, lo tomaba o lo dejaba, así que como no era tonta, me decidí por mi primera opción.

Bastante relajada por mi orgasmo casero, dormí muy bien; esa noche tampoco tuve pesadillas y a la mañana siguiente me levanté con mucha energía y ganas para ir a trabajar, pero a medida que fue transcurriendo el día, una sensación de culpa me acompañó e hice todo lo posible por ignorarla para poder concentrarme y trabajar al cien por ciento. Salí con Jane al reunirnos con Flannagans una vez más y parecía estar ya todo listo para la presentación. El hombre estaba que brincaba en una pierna de tanta felicidad y nosotras aún más por sentirnos satisfechas al haber realizado un magnífico trabajo.

Ésa tarde, nos la tomamos libre ya que sin presiones y con el trabajo terminado, pudimos irnos de compras tranquilamente. Entramos a varias tiendas y Jane rápidamente escogió un vestido en color beige con algunos toques brillantes de lentejuelas. Al principio no quería aceptarlo como un regalo por haberse portado tan bien conmigo durante esas semanas pero al final pude convencerla.

–Me vas a malacostumbrar y créeme que soy muy caprichosa, Bella – me advirtió entre risas.

–Hey, no estoy regalándote nada – dije como en regaño –. Debo mantener contenta a quien me lleva ese delicioso café junto con mi dona consentida, así que no protestes y dime si este vestido me queda bien.

Era un precioso vestido de Hervé Léger en tonos grises difuminados, era realmente hermoso y desde que lo ví no pude quitarle los ojos de encima. Como estábamos de buen humor, compramos también los zapatos, algunos accesorios y hasta la lencería. Nos consentiríamos como si estuviéramos yendo a recibir un Óscar nada menos. Salimos con nuestras compras y nos fuimos a un buen restaurante a cenar porque nuestros festejos habían empezado ese mismo día. Tomamos vino porque la ocasión lo ameritaba y nos terminamos la botella. Sin duda, fue una gran tarde y pasarla tan a gusto de compras, me hizo recordar cuando lo hacía con Rosalie y con Alice, las extrañaba…

***

El viernes por la noche Jane y yo estábamos listas. Ella se veía muy hermosa y sin duda, Ethan iba a sufrir un colapso cuando la viera. Se había ido a arreglar a mi apartamento porque quería sorprenderlo y era un hecho que lo iba a hacer. Él la encontraría en el hotel donde se haría el evento que afortunadamente no era ninguno de los de Edward. Salimos de mi casa y tomamos un taxi, preferí eso a conducir sola de regreso y seguramente con algunas copas de vino encima.

Llegamos al lugar y no pude emocionarme más al ver la cara de Ethan. La miraba con una admiración y con una devoción que daba envidia. Me daba mucho gusto por Jane porque yo era testigo de lo que esa chica se esforzaba por salir adelante con su novio; ambos luchaban por estar juntos y de la mejor manera posible porque se amaban. Justo en el momento en que iba a comenzar a suspirar llegó Olivia. Estaba feliz y no dejaba de felicitarnos. Durante toda la noche nos presentó con muchos empresarios y les decía que éramos su mayor tesoro y lo orgullosa que estaba de nosotras. El señor Flannagans habló a mitad del evento y agradeció a la agencia y a nosotras por el empeño puesto en su proyecto y por tenerle tanta paciencia. Le dirigió también unas palabras a su esposa y a sus hijos que en un futuro próximo heredarían su empresa y les pidió trabajar duro y entregarse como él lo había estado haciendo durante todos esos años. Al escucharlo no pude evitar pensar en mi padre y en cómo sería feliz si yo decidiera regresar a San Francisco y trabajar con él para que algún día me hiciera cargo de la empresa. Sonreí con tristeza porque desgraciadamente, a mí eso no me haría feliz.

–No te pongas triste, Isabella – alguien me dijo al oído –. Se acaba un proyecto pero continúa otro, el mío.

Me giré y Michael Newton me miraba sonriendo amigablemente. Le devolví la sonrisa y negué con la cabeza.

–No estoy triste, solo recordaba a alguien – ladeé mi cabeza mientras le hablaba –. Y llámame Bella, me gusta más –. solo él podía llamarme Isabella…

–De acuerdo, Bella, ¿te gustaría tomar algo?

–Sí, gracias, vino estaría bien – acepté. Ethan y Jane se acercaron y durante toda la noche platicamos muy a gusto de mil temas. Nuestros cantantes favoritos, la comida, películas y hasta del clima. Pasamos una noche realmente agradable y ya muy tarde, Ethan y Jane se despedían de Michael y yo también para poder irme a casa.

–No, Bella – me regaño Jane –. ¿Cómo pretendes que te dejemos ir en un taxi?, nosotros te llevamos.

–Gracias, Jane, pero se desviarían mucho y el taxi está aquí afuera, no pasa nada – le aseguré.

–Esto no lo ganan ni Bella, ni ustedes – dijo Michael –. Yo la llevaré a su casa.

–No es necesario, Michael, de verdad.

–Estaré más tranquilo si te dejo sana y salva en la puerta de tu casa, no se diga más.

–Nosotros también lo estaremos, Bella – Ethan me sonrió y acepté.

Michael fue muy amable en llevarme a mi apartamento. En el trayecto me preguntó si salía con alguien o si tenía novio. Le dije que salía con alguien y de pronto se soltó contándome lo enamorado que estaba de una chica. Era el amor de su vida pero que habían discutido y habían terminado hacía ya dos meses. Le estaba dando tiempo para luego poder hablar y él esperaba que todo saliera bien con ella. Le deseé la mejor de las suertes y me despedí de él al dejarme en la puerta de mi apartamento.

***

El olor a orégano inundó mi casa. Una semana más había pasado y estaba muy feliz por lo productiva que había sido. Como premio, fui a comprarme una lasagna para cenar y muchos palitos con ajo para acompañarla. Se me hacía agua la boca pero antes de sentarme a disfrutar de mi apetitoso plato, saqué el teléfono de mi bolso, lo revisé como ya era mi costumbre y lo puse sobre la mesa muy cerca de mí. 0 llamadas perdidas y 0 mensajes. En el teléfono del apartamento tampoco registraba nada. Ése era un ritual que hacía cada noche al llegar a casa, justo antes de sentarme a cenar. Por las mañanas al levantarme también revisaba mi móvil y al medio día cuando comía con Jane lo ponía sobre la mesa para que pudiera escuchar si me llamaban. Pero no recibí ninguna llamada, ni mensajes de Edward.

Al día siguiente se cumplían las dos semanas que Edward dijo que duraría su viaje y justo como yo le había pedido, me había dejado respirar. No me llamó, ni me vigiló, ni nada. Había cumplido y yo también lo había hecho. Había tenido el tiempo suficiente para pensar en todo lo que me hacía ruido en la cabeza y que me significaba un obstáculo para poder definir mis ideas y mis deseos reales.

Había tenido la oportunidad para pensar con mucha tranquilidad en las palabras de Harriet. Significaban mucho para mí porque ella conocía de verdad a Edward así que no tuve que darle tantas vueltas al asunto para concluir que ella tenía razón en muchas cosas.

Si yo me encontraba en una relación que me confundía y que no sabía como manejar, no era culpa de Edward. Él, como yo, también debía estar pasando por un proceso de ajuste y adaptación que seguramente le estaba resultando tan difícil como a mí. Ambos necesitábamos estar solos unos días para poder pensar muy bien en lo que queríamos. Tal vez él siempre lo había tenido muy claro pero yo no. Al principio, yo buscaba una relación de fantasía, la había soñado muchas veces y le pedí a Edward que la convirtiera en realidad, solo que ya una vez en medio del ruedo las cosas se veían muy diferentes a como yo deseaba que fueran. Él necesita el control todo el tiempo porque estaba en su naturaleza y yo no podía ignorar ese hecho. Si quería estar con él debía asumir toda su caótica vida y su enfermizo control, sino, debía alejarme de una vez por todas, dejar de seguir engañándome y no le hacerle perder el tiempo ya que de seguro, afuera él tenía filas de mujeres esperando por ocupar mi lugar y con mil veces mejor disposición que yo...

***

El sábado me levanté muy temprano y decidí hacer una limpieza exhaustiva de mi apartamento. Desde mi recámara hasta la cocina pasando por el salón, mi estudio y dejando por último la habitación donde Edward había dormido. Cambié las sábanas y encendí una de las muchas velitas aromáticas que Alice me había regalado. Entré al baño y me sorprendí al encontrar un cepillo de dientes, un rastrillo y una espuma para afeitar del mismo olor de su perfume. La abrí y el ambiente se llenó de olor a almizcle y maderas, como en su habitación aquella mañana. Cerré la botellita y limpié tan rápido como pude y volví a poner todo donde él lo había dejado.

Cuando terminé me di un baño, exfolié mi piel y me pinté las uñas de los pies y de las manos de un color claro a falta del rojo. Sequé mi pelo y solo recogí unos mechones que caían sobre mi rostro con un prendedor. Me puse un vestido muy lindo, con una lencería de encaje debajo y que hacía juego con él, me maquillé un poco y una vez lista, fui a mi estudio con ambos teléfonos en mano. Trabajé un poco para distraerme y me concentré tanto que cuando me fijé, ya empezaba a anochecer. Vi una película en la tele y cené. A las 10:30 decidí irme a la cama, segura de que al día siguiente si llegaría.

Esa noche no dormí muy bien. Mi sueño no fue tranquilo y cuando desperté a la mañana siguiente lo único que sabía era que no quería pasarme el día encerrada esperando su llamada, me volvería loca con cada minuto que transcurriera así que desayuné, me di un baño y me puse unos jeans, una blusa y las botas bastardas. Salí de casa y fui a comprar un contenedor con rueditas para poder llevar con mayor facilidad las golosinas a los caballos y una vez con el contenedor lleno, conduje hacia el club. Me estacioné cerca de las caballerizas Cullen y con mucho trabajo, bajé el contenedor y fui arrastrándolo hasta la enorme puerta corrediza que se encontraba cerrada. La empujé con fuerza y casi me desmayo al ver a Edward cepillando a “Paloma”.

Él se giró un poco para verme y enseguida regresó su atención a la yegua blanca. Me miró con indiferencia y ni siquiera hizo el intento de saludarme. Me acerqué despacio y las piernas me temblaban.

–¿Desde cuando llegaste? – pregunté a media voz y Edward me miró de reojo por sobre el hombro.

–Desde hace tres días – respondió parco y seco, sin mirarme.

–¿Por qué no me llamaste? – le reclamé.

–No entiendo tu enojo – cepillaba el lomo blanco –. Tú misma me pediste que me mantuviera alejado de ti y lo he cumplido.

–Al menos me hubieras llamado al llegar – dije y esperé por su respuesta pero ésta no llegó.

–Edward – lo presioné y se giró un poco hacia mí.

–¿Tienes algo qué decirme, Isabella? – me preguntó arrogante – Porque si no, fue un gusto saludarte pero estoy ocupado con mis caballos.*




*


*


*
Siento el retraso, me disculpo.
Un aplauso para mi maravillosa Beta Isita María y otro para mi Cari adorada. :*
Nos vemos muy prontito.
Gracias Nenas!

19 comentarios:

  1. Un besote a mis nenas que siempre se toman un tiempito para comentar y hacerme el día, mil gracias a todas…
    Nani, nydia, Dhampi03, joli, CRIS, dracullen, Alejandra, JESS, Litzy, G_pattz, Andrex, Tatypr y anónimo.

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  2. muy buen capitulo nena, m dejas cn ganas d seguir leyendo, esperare ansiosa el proximo capitulo, t mando un beso y nos seguimos leyendo!!

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  3. OMG dios me encanto ,pero ahora que le paso a el ,parece molesto con ella pero porque?....sigue asi linda y gracias por publicar y alegrarnos el dia....Besitos...

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  4. HOLA LI YA TE ESPERABA CON ANSIAS QUE BUENO QUE ESTAS DE VUELTA CON ESTE CAPITULAZO!!!... BUENO A MI PARECER AQUI LA BIPOLAR ES BELLA..MATA EL TIGRE Y LUEGO LE TIENE MIEDO A LA PIEL :S Y LUEGO QUE LE PIDE UN TIEMPO " Y QUE PARA PENSAR " ESPERA QUE EDWARD SABIENDO COMO ES NO SE HAYA ENTERADO QUE ELLA HABLO CON MAX Y QUE MIKE LA HAYA DEJADO EN SU CASA...SE QUE ESTA MAL Q EL LA VIGILE PERO YA ELLA DEBERIA SABER QUE EL CONTROLA TODO SU ENTORNO...COSA QUE DEBIO PREVEER CUANDO EL LE HABLO AL PRINCIPIO COMO SERIAN LAS COSAS...LA CUESTION ES QUE NO LA ENTIENDO!!! SI EL ROLLO ES POR SUS AMIGAS BUENO NO SERAN AMIGAS DE VERDAD...Y TODO A MI PARECER SE LO QUIERE CULPAR A SU RELACION CON EDWARD...QUE A MI PARECER IBA MUY BIEN!! BUENO AHORA A ESPERAR LA REACCION DE NUSTRO DOM HERMOSO DIVINO BELLO CHUPABLE EDWARD CULLEN JEJEJEJEJE.... GRACIAS LI QUERIDA!!! NOS SEGUIMOS LEYENDO

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  5. Me ha gustado mucho el capítulo.
    Haces un muy buen trabajo extra buscando y manipulando imágenes para cada capítulo. ¡¡Eso me encanta!!

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  6. SNIF SNIF, QUE MLA ERES, PENSE QUE JAMAS ACTUALIZARIAS!! PERO BUENO, LA ESPERA VALIO LA PENA, ESE EDWARD VA A HACER SUFRIR MUCHO A BELLA IGNORANDOLA????? ESPERO CON ANSIAS OTRO CAPI, SALUDOS Y CUIDATE MUCHO AMY!!!

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  7. OH DIOS MIO ESTO CADA VEZ SE PONE MAS INTERSANTE ME ENCANTA TU HISTORIA .SUELO ENTRAR MUY A MENUDO A TU BLOG PARA VER SI ACTUALIZAS Y CUANDO VEO CAPITULO NUEVO DEJO TODO LO QUE ESTE HACIENDO PARA LEERLO ESTOY SUPERENGANCHADA , YA LA HISTORIA ANTERIOR QUE ESCRIBISTE ME ENCANTO Y TE SIGO DESDE ENTONCES. ERES MUY BUENA ESCRIBIENDO , MUCHAS GRACIAS POR HACERNOS A MUCHA GENTE FELIZ CON TU IMAGINACION . BESOS GUAPA Y NO TARDES EN ACTUALIZAR PLEASEEE.

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  8. Por Dioss, ese finalll, me encanto el capitulo, yo creo que el tiempo le vino bien a los dos, a bella aunque ella busco esta relacion para pensar bien en la situacion en la se encuentra pues ya no es una fantasia sino una realidad y a edward para creo yo darse cuenta de sus verdaderos sentimientos. Y amiga ese final creo que nos dejo a todas con triples ganas de seguir leyendo la historia, sigue escribiendo me encanta la historia. Actualiza pronto jaja

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  9. muero con este capi,pobre Edward aunque a veces se le fue la mano con Bella pero yo que ella hubiese aclarado las cosas en lugar de alejarlo. creo que Edward sabe de los encuentros con Max y Michael y piensa que jugo con el.besos y me encanta este fic. ojala bajaran mas seguidos los capis.

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  10. dios, te atrasaste y dejas el capitulo en lo mejor... que mala eres, jijijij, me encantó y espero que actualices pronto me como las uñas esperando a ver que tal... muy buen capitulo...

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  11. Cari es perfecto el capitulo, me encanta el principio, es demoledor ( no entiendo el corazoncito ... por cierto no me sale el aviso de blog con contenido adulto, quizas sea por eso?).
    Entiendo que el esté molesto pq ella queria espacio y ya le tiene ... lo que ella no esperaba era que no la llamase al llegar, ahora es el que quiere darle una lección por lo que veo. No me parece mal, supongo que ella le demostrara que le echa de menos pq sino mal vamos. Gracias cariño por TODO. Un besazo enorme y quiero massssssss jajaja

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  12. wow , estaba desesperada por no poder leer el capitulo, pensé ke te habia pasado algo, es ke eres tan puntual con las actualizaciones, pero bueno lo importante es ke estas bien y el capitulo te kedó de lujooo. Creo ke ed al ver el comportamiento de bella se molestó en pero bueno esto se pone cada vez mejor, muero por saber si hay castigo y reconciliacion o bella terminará por huir. Creo ke bella lo extraña, extraña ke la vigilen y todas las atenciones ke ed tiene hacia ella pero aún no termina de aceptarlo, me pareció bien el tiempo ke de dedidcó, eso también es sano para nuestra bells. Ké más puedo decir?????...... naaaaa ya lo sabes me encanta el fic!!!!

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  13. aisss adoro esta historia,en serio,la encontre hace 3 dias y ya me lei todos los capiss!!! me podrias decir cada cuanto sueles actualizar?? =P nos dejas siempre en lo mas interesante jajjaj, nunca pense encontrar una historia tan increible d bella y edward,mis dos mayores amores,a sido la primera q leo d este tipo,pero creo q no encontrare una mejor =),a veces edward se pasa un poqito d malo con bella jajja pero cuando luego la cuida lo recompensa todo y se le perdona jajjaj,espero q se reconcilien pronto y a bella se le vayan las dudas,yo en su lugar no tendria ninguna duda d qedarme con el para siempre jajjaj un bessito y espero tu proximo capitulo =D

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  14. ya leí la historia el otro dia nada más salió (ya que estaba cada ratito que tenía viendo si actualizabas) pero hasta hoy no he podido releerla, porque sí, este capítulo hay que leerlo varias veces, ¡que intenso y lleno de sentimientos no reconocidos! porque ese es el problema! que los reconozcan y se lo digan a la cara, porque Edwards imagino que no se queda atrás.

    bueno como sabes Li cada capítulo me engancha más, me encanta.

    besos

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  15. Que delicado nos salio el hombre Dx !!!
    casi me dieron ganas de pegarle cuando le dijo que estaba ocupado con sus caballos, que se los coma si tanto le gustan !!!

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  16. LO RE AME:$ SOS LA MEJOR ESCRIBIENDO, PERO BELLA TIENE UN GRAVE PROBLEMA DE BIPOLARIDAD U_U Y ESO ME ASUSTA(?) Ok no esta muy bueno de verdad te felicito sigue asi, quiisiera saber mas de alice y rose ojala se arreglen, y que pasara con edward? se abra enterado lo de Max o: tantantan mucho suspenso T_T
    Kisess:$

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  17. huy volvi a engancharme con los capitulos!!.. ajaja mujeres quien nos entiende (nosotras no) osea le pide tiempo y luego le reclama que porque no le llama y hum sumale que edward es muy controlador y posesivo!!!.
    bien dice que mas sabe el diablo por viejo que por diablo,, osea en pocas palabras harriet le dijo" que si ella quiere ser algo mas que su sumisa, que derive no se en una relacion "estable" _como dio manda_,la sra. cullen en un futuro, con todo lo que esto conlleva, porque bella ya se esta enamorando, pss que le tenga paciencia, que si realmente le gusta, que lo espere, porque el tmb se esta adaptando, pero obvio no quiere ceder.... hum y para mi que la actitud de edward tiene mucho que ver con max, obvio no la va a dejar, porque el la considera suya, pero le hara ver las de cain. "pa que aprenda"
    es padrisimo volver a leer una historia tuya, un besote y li, nos vemos a la prox. capi
    atte. yiyielo

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  18. Hola Li, debo decirte que me leí en su día tu fic hasta el capítulo 3 y luego me ocupé del verano (ja, ja) ayer lo retomé y hoy he acabado con este capi. Solo decirte que me has sorprendido gratamente y que estoy esperando ansiosa por la continuación. Este final nos ha dejado ansiosas, Edward a vuelto a su control y está claro que esta vez le espera a Bella un contrato que firmar si desea quedarse con él que está claro que lo hará. Este Dom es algo diferente, creo que está confuso también al igual que Bella y Rose y Alice creo cuando descubran a sus propios Doms se acercaran a ella arrastrandose que ya tengo ganas de que Jasper se anime a cumplir con su amenaza de darle un susto y de Emmet de dejar de jugar al amante vainilla.
    Un abrazo Li y sigue haciéndonos disfrutar.

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