lunes, 22 de agosto de 2011

CAPITULO 14

Amistad, discusiones y reconciliaciones

"Los remordimientos son una pérdida de tiempo, son el pasado que te priva del presente"
B.E.S.D.T.

EDWARD’S POV

¿¡Bella!?

Me quedé quieto al escuchar su nombre en boca de Emmett. Sentí cómo mis ojos se abrieron desmesuradamente al ver el rostro de Isabella, estaba pálida, asustada y miraba con pánico a las chicas que estaban ahí y que a su vez nos miraban con los ojos casi afuera de sus cuencas. Isabella palideció repentinamente y me miró con pánico en el rostro, así como también unos nervios y una angustia que parecían estar llevándola a punto del desmayo. La rodeé por la cintura y claramente me fijé que tragó en seco mientras su cuerpo temblaba. Entonces comprendí que en efecto, todos se conocían.

–Bienvenida Bella, estás en tu casa – dijo Emmett titubeante y mirándome molesto, se acercó para darle un beso en la mejilla y a pesar de estar en medio de un momento delicado, no me hizo mucha gracia – Edward… – asintió hacia mí.

–Gracias, Emmett – dije serio – ya veo que conoces a Isabella.

–Claro que la conozco, Bella es la mejor amiga de Rosalie al igual que lo es de Alice – ¡Mierda! Eso sí que había sido un extra, nunca esperé que ellas fueran sus mejores amigas… – Rosalie, él es Edward.

–Mucho gusto, Rosalie – me acerqué a ella y le di un beso en la mejilla.

–Hola, Edward – respondió con voz tímida, pero sin apartar su mirada confundida de Isabella ni un instante.

–Yo soy Alice – esa chica se me acercó y me miró de arriba abajo sin reparos.

–Hola, Alice – besé su mejilla inclinándome un poco más y la chica giró su cuerpo hacia Isabella descaradamente.

–Bella – la saludó Jasper con otro beso en la mejilla – ¿Cómo estás?

–Bien, gracias – apenas logró sonar normal.

–¿A mí no me saludas Jasper? – le pregunté serio y él me respondió fulminándome con la mirada.

–¿Qué les parece si vamos al jardín a tomar algo? – propuso Rosalie atinadamente –, creo que nos caería bien a todos.

–¿Me disculpan un momento? – Isabella se excusó – ¿El tocador? – preguntó muy nerviosa, no se veía bien.

–Ven – dijo Alice apretando la mandíbula –, es por aquí.

–No. Yo te llevo – dije tajantemente y la chica me miró molesta, pero no iba a dejar que cayera sobre Isabella pidiéndole una explicación encontrándose tan nerviosa. Sostuve a Isabella por la cintura bajo el severo escrutinio de las cuatro personas en el hall, pero no me importó, estaba seguro que si no lo hacía caería al suelo en dos segundos. La llevé a la biblioteca e Isabella entró rápidamente al baño. Me asomé por la ventana y vi a los cuatro discutiendo; Emmett tenía las manos en los bolsillos y mientras Rosalie le preguntaba algo, él sólo levantaba los hombros. Lo mismo pasaba con Jasper, cuando era cuestionado por alguna de ellas él miraba hacia otro lado y negaba con la cabeza.

–¿Estás bien? – le pregunté cuando salió.

–Sí.

Volví a rodear su cintura y salimos al jardín. Sabía que había tenido muy poco tiempo para recuperarse de la sorpresa, pero si nos tardábamos más les daríamos mucho más de qué hablar de lo que ya tenían viéndonos juntos y no me equivoqué. Nuestros amigos se quedaron callados al vernos salir y me hubiera gustado haber podido ignorar el episodio, pero fue demasiado obvio, lo que puso a Isabella más nerviosa de lo que ya estaba así que tomé su mano y la apreté con fuerza para que supiera que no la iba a dejar sola si es que se volcaban pidiendo explicaciones sobre nosotros. Retiré una silla para ella y nos sentamos juntos, dando pie a una plática que resultó bastante incómoda para todos.

–Creímos que no llegaban, deben haberse quedado atorados – dijo Rosalie –. El tráfico por tu apartamento es horrible los sábados por las mañanas, Bella – sentí cómo ella aflojaba su mano de la mía ante la aseveración con doble intención de su amiga pero no la solté, había llegado el momento de aclarar ciertas cosas.

–De hecho, venimos de mi casa – dije disfrutando de las caras de todos, pero más las de sus amigas –, sólo que se nos hizo un poco tarde.

–De casa… – repitió Alice como para que no quedara alguna duda de lo que acababa de dar a entender.

–Así es – asentí.

–Pues ésta sí que ha sido una sorpresa, ni en un millón de años pensamos verte llegar aquí… ¡Y acompañada! – dijo Rosalie e Isabella se movió en su silla muy nerviosa mientras Emmett negaba con la cabeza discretamente, rodando los ojos y Jasper me aniquilaba con la mirada.

–Y con Edward Cullen – agregó Alice –. Tú siempre llena de sorpresas, Bella.

–Eso sí – dije sonriendo –, a Isabella le encanta sorprenderme.

–¿No será al revés? – soltó Jasper.

–No – le aseguré – si yo te contara… pero no lo voy a hacer – Isabella casi saltó de su silla – eso es algo privado – sonreí.

–Esto sí que es una coincidencia, tus amigos, mis amigas… – dijo Rose mirando a Emmett.

–¿No es el mundo un pañuelo? – preguntó Isabella intentando de hacer menos tenso el momento.

–Ya lo creo que sí – aseguró Emmett mirándome por el rabillo del ojo. No estaba contento.

–Ni que lo digas – agregó Jasper rodando los ojos.

–Es una extraña casualidad, ¿No les parece? – Isabella preguntó tímida y los cuatro pares de ojos se clavaron en ella.

–Pero una muy extraña – dijo Rosalie en un tono que no me gusto que usara con ella.

Decidí cambiar el tema y me centré en algunas cosas de la empresa y mi sociedad con Emmett y Jasper; las chicas conversaban también, pero Isabella no hablaba mucho, podía sentir que no estaba a gusto y las miradas de los cuatro no ayudaban a mejorar la situación. En cierto modo podía entenderlo, jamás se esperó ninguno de ellos verme llegar con Isabella y yo nunca esperé que una de sus amigas fuera la “novia” de Emmett y que la otra chica fuera la acosadora de Jasper. Era un embrollo que tenía que manejar con mucho cuidado, no deseaba que le hicieran pasar a Isabella un mal momento, pero por cómo iban las cosas, no podía asegurar que no fuera a ser así.

Llegó la hora del almuerzo y pasamos al comedor. El ambiente se relajó un poco, pero aún se sentía un cierto grado de tensión. Noté que Alice y Rose hablaban casi solo entre ellas dos mientras Isabella permanecía con la mirada ligeramente hacia abajo y en silencio, era claro que algo ocurría entre ellas y no hacía falta ser un genio para notarlo y para saber el porqué.

–Ha sido un agradable almuerzo – dije algo irónico –, pero Isabella y yo iremos a dar un paseo por ahí.

–¿Por qué la llamas Isabella? – Rose se dirigió a mí – ¿Por qué no la llamas Bella, como todos?

Me llevé su mano a los labios mientras la miraba fijamente a los ojos – Por que ella no me dado su permiso para llamarla de otra forma.

Isabella separó un poco los labios, visiblemente sorprendida por mi declaración.

–Puedes hacerlo, no necesitas mi permiso – se sonrojó.

–Lo sé – dije regalándole una mirada divertida –, pero creo que seguiré llamándote Isabella, me gusta más – besé su mano pero no la solté –. Estoy de tan buen humor mi querida, que ése paseo será a caballo, ¿Te gustaría?

–Bella no monta – aseguró Alice.

–Conmigo sí y si vieras qué bien lo hace… – le sonreí algo burlón – nos vemos en un momento, iremos a cambiarnos. Con permiso – me dispuse a retirarme con Isabella y a media escalera, Emmett y Jasper me llamaron.

–¿Tienes un par de minutos? – asentí y le dije a Isabella que me esperara en la habitación. Bajé y los seguí hasta la biblioteca, donde Emmett cerró la puerta después que entré.

– ¿Cómo se te ocurre?–gritó Emmett–. ¿Cómo? – aspiré por la nariz con los ojos cerrados.

–¡Y con Bella! Ella no es…

–¿Por qué no nos dijiste quién era la chica con la que salías, Edward? – Emmett preguntó interrumpiendo a Jasper.

–¿Cómo carajo iba yo a saber que se conocían, que eran amigas? Tú nunca me dijiste cómo se llamaba la amiga de Rose que me ibas a presentar, ¿Cómo iba a saber que Rose era amiga de mi Isabella? Sólo te limitaste a decir que tenías las manos puestas sobre un genial trasero ¿Recuerdas?

–¡Cállate!

–No, no me callo Emmett, ustedes dos la conocían y sin embargo ninguno mencionó el nombre de Isabella Swan frente a mí y no me vean con esas caras porque no estoy cometiendo ningún abuso infantil aquí, la chica es mayor de edad, ¡Por Dios!

–¿No te das cuenta que Bella no es como las mujeres que acostumbras tener? – alegó Jasper –. Ella es una chica normal, tranquila y… – se quedó pensativo y de pronto se me fue encima – ¡Eres un cabrón! ¡A ella te referías cuando me dijiste que casi había salido de un convento!

–¡No, eso lo dijiste tú!

Emmett mantuvo a Jasper alejado de mí, pero no se detuvo para seguir acusándome.

–¿De que mañas te valiste para envolverla Edward? – Emmett se veía mucho más que simplemente molesto.

–No es como ustedes creen – dije intentando calmarme.

–No, no lo es, simplemente un Dom consumado viene a pasar un fin de semana con una chica más pura que el pan de iglesia – dijo Jasper.

–No voy a darles explicaciones – dije apretando la mandíbula –, eso es asunto mío y de Isabella.

–Con razón no necesitas el contrato, ¿Qué quieres con ella?, ¿qué pretendes? Seguro que al verla tan inocente no se te hizo necesario hacerla firmar nada, la ves demasiado vulnerable para poder deshacerte de ella con facilidad, ¿No? con pagarle una buena indemnización y mandarla al diablo cuando te canses de ella como acostumbras es suficiente.

Tuve que respirar profundamente varias veces y quedarme callado. Debía mantener la calma y no hablar de Isabella, yo podría ser todo lo que quisieran llamarme, pero ante todo era un caballero y cuidaría la integridad de Isabella absolutamente. Pero por otro lado comprendía a mis amigos; a los tres nos habían inculcado ciertos valores y siempre defenderíamos a una dama, nunca dudaríamos en hacerlo e Isabella lo era en todos los aspectos y ellos creían que yo le haría daño.

–¿Qué tipo de relación mantienes con Bella, Edward?

–Una mucho más honesta que la tuya con Rosalie, Emmett, porque al menos yo no le estoy ocultando nada a Isabella, ella está muy consciente de quién es el hombre junto al cual está. Entre nosotros no hay caretas, ni mentiras, Ella sabe perfectamente bien qué puede esperar de mí y que no, en cambio Rose… ahora dime, ¿Quién está siendo el hipócrita aquí?, ¿qué tipo de relación es la que tienes tú con Rose?, ¿no es una vil mentira la que vive esa chica?, ¿no la lastimarás cuando se entere quién eres en realidad? – Emmett apartó la mirada y me dio la espalda – Ya se ven diferentes las cosas, ¿verdad?

–De todos modos, no se me hace justo para Bella, ella no es para esto – habló Jasper que permanecía de pie con los brazos cruzados sobre su pecho – no eres el hombre indicado para ella, menos que nadie.

–Yo creo que ninguno de ustedes tiene porqué inmiscuirse en nuestras decisiones, ustedes menos que nadie – respondí sarcástico –. Creo que el menos hipócrita aquí soy yo. Ambos niegan lo que son, Emmett le crea falsas esperanzas a Rosalie haciéndole creer que vive una relación cursi-vainilla y tú le huyes asustado a la otra chica como si jamás hubieras estado con una mujer – me di media vuelta para salir de ahí.

–Pues hoy le voy a dar un susto a Alice que es ella la que va a salir huyendo – dijo entre dientes pero alcancé a oírlo muy bien.

–¿Para qué le das tantas vueltas? Dile quién eres y verás que te ahorras todo el teatro – le dije enarcando una ceja.

Eso estaba resultando mucho más complicado de lo que se supuse sería un fin de semana para descansar tranquilamente en la campiña inglesa.

***

Subí a la habitación después de la amigable conversación con mis amigos. Pese a los gritos, reclamos, alguno que otro empujón y a veces hasta un buen puñetazo, nunca terminábamos disgustados en realidad. Se necesitaría algo realmente inconcebible e irreconciliable para siquiera pensar en acabar con nuestra amistad. Y en esta ocasión, no era diferente. Cada quién tenía un punto de vista lógico, ellos preocupados por Isabella, a la que consideraban una chica inocente, pura e ingenua y tenían razón en cierto grado, y yo que defendía que ella estaba a mi lado simplemente porque quería estarlo y sin que yo le ocultara nada, porque Isabella sabía quien era yo, sin mentiras ni nada y paradójicamente, los tres teníamos la razón.

Entré al dormitorio y encontré a Isabella recostada en la cama, un poco pálida seguramente por la mañana llena de sorpresas un poco amargas que habíamos tenido todos. Ya estaba lista y al verme se puso de pie de inmediato.

–Edward, ¿Puedo bajar con las chicas? – Ya tenía varios días llamándome por mi nombre y se lo había pasado por alto por fines prácticos, como yo decía, no me hubiera gustado que delante de mis padres o de mis amigos me dijera “Señor”, aunque sonara tan bien de sus labios y despertara ese fuego que sólo podía apagar de una forma…

–No.

–Pero ¿Por qué? – me miró extrañada –. Ellas están aquí, no voy a irme a ningún lado.

–¿Sigues cuestionando mis ordenes, Isabella? Pues bien, no vas porque es fin de semana y te quiero todo el maldito tiempo conmigo, pero si te portas bien, después de la cena podrás estar con ellas un rato – me quité la camisa, el pantalón y me quedé en bóxers mientras me dirigía al baño – no te muevas de aquí.

Me cambié rápidamente y al salir volví a encontrar a Isabella recostada en la cama. Tomé mis guantes y le dije que llevara algo con qué abrigarse. Se puso de pie y me siguió para salir; bajamos las escaleras y pasamos por la biblioteca donde estaban sus amigas y que se asomaron por la ventana para vernos ir hacia las caballerizas. Ensillé al caballo de Emmett. Siempre lo montaba y me gustaba porque aunque amaba correr, en el campo solo me gustaba galopar tranquilo, disfrutar del paisaje y del olor a tierra húmeda. Estaba seguro que eso me ayudaría a despejar mi cabeza de la discusión de un rato antes.

–Este caballo se llama “George” – le dije mientras le apretaba los cinchos. Isabella se acercó y lo acarició despacio.

–Tiene un bello color, casi rojo – sonrió – ¿Es tranquilo?, ¿cómo “Tramposo”?

–¡Ja! “Tramposo” es un truhán, no te confíes de él – sonreí. Me agradaba que le gustara mi caballo preferido –. Ven, pisa aquí y te impulsas con la otra pierna tratando de cruzar las ancas del caballo, así quedarás bien montada sobre él – le dije e Isabella lo hizo, a la primera quedó bien montada sobre el animal. Me miró feliz y al verme intentar meter mi bota al estribo…

–Pisa firme y te impulsas – dijo divertida y antes de subirme detrás de ella le pegué una sonora nalgada como hacía días me moría por darle y que al sentir mi mano chocar contra su cuerpo, me encendía.

–¡Auch! – se quejó riendo mientras se masajeaba la nalga –. No es justo, yo solo trataba de ayudarte.

–Cállate o te doy otra – le advertí, pero luego sonreí aunque eso ella no lo vio.

Nos alejamos un poco de la casa; la llevé por un establo viejo, a la casita en ruinas junto a él, y llegamos al puente de piedra que vimos en el camino. Me detuve y nos bajamos, me recosté bajo un árbol e Isabella se sentó frente a mí.

–Conoces muy bien todo esto – dijo quitándome las botas sin que yo se lo hubiera pedido, pero la dejé hacerlo.

–Sí. Desde pequeños veníamos bastante seguido con Emmett – comenzó a masajear mis pies y casi dejo escapar un gemido por la reconfortante y deliciosa sensación – pasábamos muchos fines de semana aquí y a veces la mitad de los veranos, luego nos íbamos cada quién con nuestros padres de viaje a algún lugar antes de volver al colegio – me quedé callado un momento –. ¿Tú como pasabas los veranos antes de… de ir al internado? – le pregunté, se tomó su tiempo para contestar, pero nunca dejó de mover sus manos en mis pies.

–Recolectando uvas – respondió y la miré confundido –, íbamos a Napa, ¿Conoces? – asentí y negué después.

–Sé de Napa más nunca he ido – aclaré.

–El hermano de mi madre, el tío John, tiene un viñedo ahí. Mis padres siempre me llevaban y recolectábamos las uvas, no era precisamente el tiempo de la vendimia, pero era divertido – hizo una pausa –. Edward… ¿Tú sabías que Rose y Alice eran mis amigas?, ¿es esto un castigo? – ahí estaba; era esperar demasiado si no atribuía el encuentro a un plan muy mal intencionado de mi parte. Mis castigos eran personales y privados, no incluían otras personas y mucho menos ponían en riesgo la privacidad de la relación, jamás y bajo ninguna circunstancia. Suspiré profundamente y dejó sus manos quietas.

–Lo último que me hubiera esperado era que Rose de Emmett fuera tu mejor amiga, no tenía ni la menor idea y de Alice mucho menos, de ella nunca supe ni su nombre – confesé –, créeme que esto fue una desafortunada coincidencia que me hubiera gustado evitar – ella asintió y continuó con el masaje. Cerré mis ojos y un rato después me puso las botas. Cuando abrí los ojos ya empezaba a oscurecer.

–¿Podemos volver? – asentí y me puse de pie, extendí mi mano para ayudarla a pararse y la sentí helada.

–Te dije que haría frío ¿Estás bien?

–Sí – respondió y se acercó a “George” metiendo una bota en el estribo y subiendo a él como yo le había enseñado. Sin duda era un excelente maestro y ella, una dedicada alumna.

***

Volvimos a la casa ya a oscuras. Pudimos haber llegado más rápido, pero disfrutaba cabalgar por ahí y si tenía entre mis brazos a una mujer como Isabella, trataría de prolongar lo más posible el fin del paseo. Cada vez se familiarizaba más conmigo, con mi cercanía; ya no saltaba al primer toque ni estaba tensa todo el tiempo. Me daba cuenta perfectamente que Isabella estaba aprendiendo a estar conmigo, a conocer mis gustos, mis exigencias y también estaba muy claro que estaba comenzando a dejar aflorar su temperamento altanero. No había ignorado este hecho, ella estaba aprendiendo a confiar en mí, entonces… ¿Por qué carajo no podía yo confiar en ella? Nunca me habían sido infiel, al menos que yo supiera pero no, lo mío era otra cosa que al menos hasta ése momento no lograba discernir. ¿Sería porque aún no me quedaba muy claro lo que quería Isabella de mí?

Ella entró primero a darse un baño, no tardó demasiado. Fue mi turno y permanecí un rato debajo del chorro de agua, mis músculos estresados lo necesitaban con todo ése día tan lleno de coincidencias. Al salir, encontré sobre la cama mi ropa extendida, mi camisa, el pantalón, bóxers, calcetines y los zapatos al pie de ésta. Esa clase de atenciones me gustaba. De pronto me encontré con las comisuras de mis labios hacia arriba en una amplia sonrisa, negué con la cabeza mientras terminaba de secar todo mi cuerpo.

Isabella ya estaba casi lista y para cuando terminé de vestirme ya estaba esperándome, estaba preciosa con ese vestido corto azul y medias oscuras. Me vestí bajo ocasionales miradas suyas y en poco tiempo salimos de la habitación. La tomé de la mano, me miró extrañada.

–¿Qué?, ¿tienes miedo de que te vean conmigo? – bromeé, la puse contra la pared y la besé –. Sabes que no me importa quién nos vea, ¿verdad? – ella asintió.

–Dilo…

–Lo sé.

Volví a besarla robando su aliento y haciéndola jadear. Eso envió un mensaje directo a mi ingle y reaccioné introduciendo mi pierna entre las suyas, separándolas. Isabella comenzó a respirar agitadamente y lo tomé como una invitación, pero al bajar mi mano y querer tocar esa zona cubierta por las braguitas diminutas que siempre usaba y las medias, me detuvo.

–No, por favor no… – Y no me hubiera importado su súplica de no ser que escuché cerrarse una puerta muy cerca de donde nos encontrábamos.

–¿Qué tal estuvo el paseo, Bella? – Emmett preguntó mirándome con una ceja enarcada mientras me separaba de ella.

–Bien – respondió temblorosa –, muy bien, todo por aquí es muy lindo.

–Me agrada que te guste, ¿bajamos? – la tomé de nuevo de la mano y descendimos por las escaleras. Entramos al comedor y sus amigas nos miraron boquiabiertas cuando sus ojos fueron directo a nuestras manos. Por Dios, ¿Qué se estuvieron imaginando en nuestra ausencia?, ¿por qué nos miraban asustadas?, ¿te espantabas tú, Rosalie, tontilla?, ¿y tú Alice?, ¿cuánto tiempo tendría que pasar antes de que ambas salieran corriendo realmente asustadas cuando se enteraran de la verdadera personalidad de sus prometedores partidos?

–Wow, Bella, tu vestido está muy lindo, ¿Dónde lo compraste? – Alice preguntó tratando de disimular su desfachatado interés en nosotros.

–Yo, eh, mmm… – miró su cuerpo indecisa sin saber qué decir.

–Yo se lo regalé – respondí en lugar de mi titubeante Isabella.

–Vaya, qué buen gusto – sonrió algo forzada.

–¿Lo dudabas? – y acerqué a Isabella a mi cuerpo y la besé en los labios haciendo que tanto ella como Rosalie levantaran las cejas un poco asombradas por mis muestras de afecto.

La cena transcurrió menos tensa que el resto del día con ellos. Recordamos muchos momentos divertidos de nuestra infancia y nos echábamos de cabeza con alguna proeza ridícula de alguno de los tres. Nuestra diferencia de opiniones había quedado atrás, como siempre sucedía. Ellos habían aceptado, a regañadientes, pero lo habían hecho ya, que yo decía la verdad y que no estaba obligando ni engañando a Isabella para estar a mi lado.

Todos reímos con las anécdotas menos Isabella que no parecía estarse divirtiendo como el resto de nosotros, la sentía incómoda y muy inquieta, pero era normal; estaba seguro que sus amigas le estaban haciendo un poco difícil la velada. Pasamos a la biblioteca a tomar la imperdonable copa de brandy, Isabella se sentó a mi lado y puse una mano sobre la suya que estaba en su pierna. Los ojos de Alice registraron rápidamente el movimiento, pero Rose ni siquiera miraba en nuestra dirección, estaba muy concentrada y feliz viviendo su engaño particular con Emmett. Después de un rato de hablar de temas que no le interesaban a las mujeres, las chicas se aburrieron y se fueron al salón. Isabella me miró, asentí una vez y se fue tras ellas. Emmett y Jasper solo me miraron, uno negó con la cabeza y el otro rodó los ojos. Los ignoré y seguimos discutiendo y bebiendo.

***

BELLA’S POV

Seguí a las chicas al salón. Tenía que hablar con ellas, no estaban para nada contentas con todo lo que estaba ocurriendo y estaban en todo su derecho. Yo, su mejor amiga les había ocultado algo muy importante y trascendental en mi vida, no las hice partícipe de mi relación con Edward. No importaba que no supieran el verdadero motivo por el cual estábamos juntos, eso era lo de menos, lo que realmente importaba era que no las había tomado en cuenta, las hice a un lado como si no quisiera que se enteraran y compartieran conmigo mi felicidad.

Cuando llegué al salón dejaron de hablar, yo conocía muy bien lo que esa acción significaba, habíamos pasado años haciendo lo mismo a las chicas indeseables del internado, quería decir, “Vete, no eres bienvenida aquí y no nos interesa lo que tengas que decir”. No me importó y me planté frente a ellas.

–Alice, Rose…

–No te esfuerces Isabella, entendemos que no nos consideras lo suficientemente importantes como para contarnos lo que pasa con tu vida, no te preocupes – Rose me dijo sin siquiera voltear a verme –, no pasa nada.

–Rose, no es así, lo que pasa es que…

–No, Bella, ahora somos nosotras quienes no queremos saber qué diablos haces con un hombre como Edward Cullen, ¿Qué tendrías tú que hacer con él? – suspiró –. La verdad, no nos interesa. Si no nos dijiste en su momento es que no vale la pena ¿Cierto?

–Es algo complicado Alice, sólo espero que comprendan el porqué yo…

–¿Sabes, Bella? La verdad voy a ser muy honesta contigo – Alice me miró con los ojos brillosos –. Si me dolió que nos ignoraras, a nosotras, a tu familia, tus hermanas, a lo único que tienes después de tu padre, pero si lo hiciste es porque ya no necesitas de nosotras, debiste habernos dado la patada mucho antes y de otra forma, no así.

–No, no, no… yo no quise darles ninguna patada, ustedes siguen siendo muy importantes para mí, yo no sabía, no tenía la menor idea de que Edward fuera amigo de Emmett y de Jasper, ¿Ustedes lo sabían? – guardaron silencio y evitaban mirarme –. Con eso me dan la razón.

–Ese no es el tema, Bella pero ya no importa, para mí sigue quedando muy claro que nos hiciste a un lado – añadió Rose – seguramente ya tienes otras amigas más importantes en tu trabajo, no hay problema, eso pasa…

–No estoy supliéndolas con nadie, simplemente… yo no les podía decir… – sentí mis mejillas húmedas y las limpié con el dorso de mi mano –, yo no podía hacerlo.

–No entiendo cómo esperas que olvidemos esto cuando no puedes aclararnos el porqué lo hiciste, el porqué nos ignoraste, dínoslo para que te podamos entender.

–No puedo, Rose, no puedo.

–Entonces no esperes que te tratemos cómo antes cuando está claro que tú tampoco nos puedes tratar así – negué con la cabeza y limpié mis ojos.

–No puedo… – susurré derrumbándome por dentro por callarme algo que me llenaba de vergüenza confesar.

-¿Y por qué no? – Alice me preguntó enojada –, ¿tu noviecito millonario te lo prohibió?, ¿Desde cuando te dejas mangonear por un hombre, Bella?

– ¡No lo sé, porque nunca había estado con uno!

Salí del salón derrotada y completamente consciente de lo que casi les había confesado… Que yo obedecía fielmente a Edward Cullen, el hombre con quien estaba.

***

EDWARD’S POV

Miré hacia el salón, la puerta estaba bien abierta y podía ver bien a Isabella de pie frente a Rose y a Alice. Ellas hablaban e Isabella negaba y miraba al piso. Cuando levantaba el rostro y decía algo ellas miraban hacia otro lado. Isabella se dio media vuelta y regresó al salón, se sentó en el extremo del sofá cruzando sus brazos sobre su vientre. Demonios… había llorado. Quería acercarme a ella, pero no le hubiera gustado que la dejara en evidencia, por eso sólo me limité a observarla, cuidándola.

–¿Qué les parece si jugamos una partidita de póker? – lo de preguntarnos fue un mero formulismo ya que Emmett sacaba ya las cartas y el juego de fichas.

–Buena idea, voy por los puros.

–Juego por dinero Jasper, no por puros – le aclaré y reímos pero Isabella se mantuvo abrazada a sí misma.

–¿Juegas Bella? – Jasper la invitó y ella se puso de pie acercándose a mí.

–Yo… estoy muy cansada, quisiera retirarme – dijo y se inclinó hacia mí – ¿Puedo?

Puse mi mano en su cadera acariciándola en círculos y le susurré al oído – ¿Estás bien? – ella asintió murmurando un ligero “sí”. No tardaría mucho en seguirla, sólo un rato más y subiría para ver si se encontraba bien porque aunque me había dicho que sí, no me convencía. Apenas desapareció Isabella de la biblioteca las chicas regresaron, Alice decidió jugar y Rose se quedó solo mirando. Se repartieron las cartas y Jasper dijo ante su juego...

–Vaya, Emmett siempre me da pésimas manos ¡Qué sorpresa!

–No – dijo Alice –. Sorpresa fue ver llegar a Bella con Edward esta mañana – Hum, eso era lo que tenía a Isabella así, sus amigas se lo estaban haciendo difícil.

–Alice, guarda silencio y déjame concentrar – le ordenó Jasper y ella le dirigió una mirada fulminante.

–Pero yo quiero saber – lo ignoró –. ¿Dónde se conocieron? – los cuatro pares de ojos se clavaron en mí.

–Bueno – comencé –, yo vi por primera vez a Isabella en el “Nasty”, conocen el club, ¿cierto? – dije seguro de que estaban juntas esa noche, sabía que no les iba a gustar que las descubriera ante Emmett y Jasper y efectivamente así fue. Rosalie se aclaró la garganta y Alice fingió demencia.

–¿Ahí te le acercaste? – Emmett había olvidado las cartas que tenía en la mano.

–No, ahí solo nos miramos, nos volvimos a ver en el partido de polo para caridad.

–Ah, nosotros la acompañamos – dijo Rose y Emmett la calló con una mirada bastante directa.

–La encontré en el salón de trofeos, ahí cruzamos palabra por primera vez – estaba siendo muy honesto, pero desde luego a mi conveniencia. No pensaba descubrir a Isabella frente a nadie, jamás; era un caballero e Isabella era mi mujer y como tal, debía protegerla ante cualquier cosa, hasta de sus amigas si tuviera que hacerlo – luego nos vimos en “The Chapel” y desde ahí todo se fue dando solo.

–Lo escucho y no lo creo, Bella siempre ha sido tan…

–¿Discreta? – terminé por Alice con una sonrisa.

–¿Discreta? No tenía porqué serlo – Rose frunció el ceño –, no le conocíamos un novio desde Ja…

Mi sonrisa se evaporó al escuchar a Rose y Alice lanzó la pregunta impidiéndole terminar la frase –¿Por qué han mantenido en secreto su relación? Porque lo es, ¿No es así? Ustedes tienen una relación.

–Efectivamente, Alice – admití.

–Entonces si es así y Bella pasa los fines de semana contigo, ¿Por qué se ocultan y nos lo ocultan a los demás? – se veía sinceramente intrigada, buscando una explicación del porqué su amiga había guardado nuestra relación en secreto.

–Yo quiero oír esa respuesta – dijo Emmett sonriendo estúpidamente y tirando sus cartas abiertas.

–Porque yo se lo pedí – respondí levantando una ceja –, comprenderán Alice, Rose, que un hombre como yo debe ser discreto en todo, más aún en mis relaciones, por mi seguridad, pero aún más por la de mi mujer.

–¿Tu mujer? – Rose se llevó la mano a la boca – Dios…

–Pero no se preocupen que no nos ocultamos de muchos, al menos de mis padres no – solté consciente que eso dejaría a mis amigos boquiabiertos y muy tranquilos y esperaba que a las chicas también.

–¿Tus padres? – Jasper sonrió y yo asentí mientras Emmett me miraba perplejo.

–Mis padres, Jasper, fuimos a cenar a su casa y están encantados con ella, sobre todo mi madre – sonreí ampliamente al ver que dejaba a todos satisfechos.

–Bueno señores, señoritas – me puse de pie –, ha sido un día lleno de… sorpresas, pero ya es tarde, me retiro – le sonreí a las chicas, en especial a Alice –. Buenas noches a todos.

Salí del salón bajo el escrutinio de las chicas y las miradas estupefactas de Emmett y Jasper; podía escuchar sus murmullos, pero estaba satisfecho por darles a todos las respuestas que buscaban y si le preguntaban a Isabella, solo tendría que omitir un pequeñísimo e insignificante detalle. Al llegar a la habitación encontré a Isabella hecha un ovillo en un extremo de la cama. Me daba la espalda y la luz tenue me permitió ver al acercarme, que usaba una pijama mía. Que rayos era eso, ¿Una broma? Me desvestí sin hacer mucho ruido y me metí bajo las sábanas, la abracé por detrás rodeando su cintura y comencé a acariciar su torso. Ella se movió despacio y fui desabotonando uno a uno los botones de la camisa.

–Creo que tengo un asunto pendiente contigo – le besé un hombro desnudo y se despertó por completo – te debo algo y yo no soy de los que me guste tener cuentas pendientes.

–No, por favor no lo hagas – me pidió suplicante mientras bajaba mi mano por su vientre.

–No me supliques, Isabella – le advertí y metí mi mano bajo el pantalón y las bragas.

–No lo hagas, no, por favor – continuó pidiéndome angustiada.

–¿Qué pasa? – le pregunté irritado.

–No me siento bien – respondió titubeante y nerviosa.

–Tienes el periodo, ¿No es así? – me miro sonrojándose adorablemente – me fascina como puedes ruborizarte de esa manera por algo como esto, tan natural. Hemos hecho cosas que van más allá de la vergüenza y el pudor pero tú te mueres de pena por esto… pero volviendo al tema Isabella, que no te sorprenda que yo también lleve mis cuentas, es un asunto que me interesa mucho pero sabes, no por esta nimiedad voy a dejar de disfrutar del resto de tu cuerpo, quítate la camisa.

–No, por favor no – repitió su súplica.

–Si no puedo poseerte porque a ti te incomoda que lo haga ahora, al menos del resto de tu cuerpo no me privarás, ¡Quítate la camisa ya!

Isabella comenzó a llorar y no entendía porqué. Le había dicho que no la tomaría esa noche, podía estar tranquila por eso, lo único que quería era disfrutar sus senos, tocarlos, masajearlos, probarlos, pero las hormonas la tenían excesivamente sensible esa noche, tal vez necesitara un poco de ayuda… desabotoné de nuevo lo que Isabella intentaba abotonar mientras besaba la unión del hombro y su cuello, mordiéndolo suavemente y metiendo la mano bajo la tela para tocar esos dos deliciosos senos que siempre debían estar listos y dispuestos para mi. Subí mi mano y la cerré sobre su seno derecho oprimiéndolo con fuerza.

–¡No!

Isabella salió de un salto de la cama con el rostro bañado en lágrimas. Me senté molesto y pregunté.

–¿Qué demonios te sucede? ¿Te duelen? ¡Dímelo y nos evitamos todo esto, Isabella!

–Si me duele, me duele mucho – dijo entre sollozos y se abrió despacio la camisa… Con horror vi su seno morado del lado exterior y mis dientes marcados, impresos ahí, cerca de su areola, en su piel.

Me puse de pie lentamente y me acerqué a ella, pero dio un paso hacia atrás mientras lloraba inconsolable. ¡Por Dios! Era un salvaje, ¿Cómo era posible que le hubiera hecho tanto daño sin darme cuenta?, ¿tanto me cegaba la lujuria?

–No voy a lastimarte Isabella, deja que me acerque – le pedí y lo aceptó. La abracé con mucho cuidado, ella era más frágil de lo que yo pensaba, ni ella misma tenía idea de lo frágil que era. Por unos minutos permanecimos así, hasta que la acosté de nuevo en la cama.

–Permíteme verlo – ella se negó –, déjame verlo Isabella, necesito hacerlo – un poco renuente, volteó la cara mientras yo observaba el horror que había plasmado en la piel de Isabella.

–¿Se hinchó? – ella asintió.

No tenía vergüenza ni perdón, lo sabía y no tenía cara para verla a los ojos. Era un peligro en potencia para ella, no medía mi fuerza. No la había cuidado, ¿dónde quedaba eso de que era mi deber y mi obligación cuidar de ella?, ¿así se lo demostraba?, ¿hiriéndola? Me vestí rápidamente y bajé a la cocina, fui directamente al cajón donde guardaban todas las medicinas y el botiquín de primeros auxilios, encontré lo que buscaba y subí de prisa.

–Déjame ponerte esto, no va a doler, lo prometo – le aseguré. Isabella se abrió la camisa una vez más y con mucho cuidado comencé a ponerle una pomada de árnica. Eso le ayudaría a desaparecer el moretón y le quitaría el dolor. Terminé de acariciar su seno con la pomada y la cubrí con la pijama. Me acosté junto a ella y la abracé. Yo no era una persona que se disculpara o que pidiera perdón, no sabía, eso no estaba registrado entre mis acciones a realizar, pero la mantuve abrazada, la mecí entre mis brazos, besé su cabello, su rostro… ésa era mi forma de disculparme con ella, de pedirle perdón.

***

Esa noche no dormí. Mantuve a Isabella entre mis brazos mientras pensaba una y otra vez en lo que había hecho, hasta donde me habían llevado mis putos impulsos. Estaba muy preocupado, tal vez demasiado porque yo era una persona que tenía todo, absolutamente todo bajo control. Pero con Isabella todo eso valía para un carajo; me descontrolaba y me provocaba cosas que no sabía manejar, como esa tarde que se enfrentó a mi al enterarse que había intervenido su teléfono, que el número de Max estaba bloqueado y que no podría recibir ninguna llamada suya. ¿Por qué estaba enojado realmente?, ¿por la rebeldía de Isabella o por su enojo al enterarse que le había cortado con cualquier tipo de conexión con ese idiota? Más me valía averiguarlo para poder tomar las riendas de mis reacciones, no quería volver a dañar a Isabella tan bruscamente.

Pero si la estaba lastimando, ¿por qué coño no dijo la puta palabra?, ¿por qué seguía dejándome hacerle daño?, ¿cómo coños iba yo a saber si era demasiado para ella?, ¿cómo iba a detenerme? Me estaba sobre pasando y no podía permitírmelo. Ella me provocaba una ceguera que sacaba lo peor de mí… ¡No! Yo tenía que hacer algo para evitar que volviera a suceder, debía mantenerla a salvo, cuidarla de mí, de mis impulsos. Debía controlarme porque si no lo hacía corría el riesgo de que ocurriera algo más que sólo lastimarla. Isabella se alejaría de mi y si de algo estaba seguro era que no quería que se fuera de mi lado, no tenía idea del porqué, sólo sabía que no quería. Además ella no podía irse, todo era perfecto; ella buscaba una relación Dom-Sub y yo se la podía dar, no tenía que estar paranoico cuidándome las espaldas por si esto salía a la luz ya que Isabella tenía mucho más que perder que yo, mis padres estaban encantados con ella y además era inteligente, muy valiente y ardiente a morir, además fluctuaba entre la rebeldía y la sumisión y eso, me volvía loco...

Por otro lado estaba tranquilo, Isabella estaba ahí, entre mis brazos. Dormía en paz, confiaba en mi aún con todo lo que le había hecho pasar. Me obedecía, tenía esos pequeños detalles que parecían nada pero me decían que estaba pendiente de mí todo el tiempo, nacían de ella, yo no se los había pedido pero muy orgullosa los hacía, como una antigua geisha que me iba envolviendo y me enloquecía. La estaba moldeando a mi gusto y a ella le gustaba, no podía pedir más, ella no se iría de mi lado, no lo haría. Me sentía inexplicablemente bien junto a ella y tal vez era porque todo cuadraba y encajaba como en un puzzle, todo exacto y perfecto, aunque por eso yo no dejara de ser el más miserable y perfecto cabrón de todos.

Muchas horas después, Isabella se removió en mis brazos.

–¿Cómo amaneciste? – le pregunté suavemente, parpadeó varias veces y me respondió…

–Bien, gracias – se soltó de mis brazos y se estiró –, ¿y tú?, ¿dormiste bien?

–Sí, muy bien – mentí y no por estar incómodo, sino por el alud de pensamientos que me sepultaron toda la noche.

–Voy a darme un baño, supongo que desayunaremos todos juntos – salió de la cama y fue directo al baño.

No mucho tiempo después, bajábamos de la mano las escaleras. Salimos al jardín donde ya estaban todos. Saludamos pero mi atención se centró en Alice en ese momento. Se veía feliz, radiante y mi amigo también. Vaya, lo que menos se esperaba ese hombre era congeniar con Alice, qué equivocado estuvo todo este tiempo.

–Bella, ¿Cómo dormiste? – la pregunta iba llena de sarcasmo y no me agrado en lo absoluto. La miré serio.

–Muy bien Alice, gracias por preguntar – le devolvió Isabella con el mismo tono.

–Me imagino, con tantos fines de semana tan estresada que has tenido, te cayó bien este descanso, ¿No crees? – miró a Rose pero ésta estaba muy ocupada viviendo su fantasía con Emmett. Isabella a su vez bajó la mirada, sonrojada, pero luego de unos segundos muy orgullosa levantó la cara y me preguntó…

–¿Te sirvo Edward? Hay de tu fruta preferida – me sonrió y le devolví el gesto. Me confundió un poco su actitud, pero tenía que reconocer que mi chica tenía bolas, u ovarios en su caso, y si actuaba así frente a todos, sobre todo frente a sus amigas, yo no era quién para impedírselo al contrario, me gustaba que se plantara como lo que era, la mujer de Edward Cullen, una mujer con personalidad, con carácter, aunque en la intimidad de la alcoba esa personalidad y ese carácter sólo me pertenecieran a mí.

–Sin nada arriba, ya sabes – me divertí, pero era verdad, ella ya sabía muy bien cómo me gustaban las cosas, entre ellas la comida. Me servía ante la atónita mirada de sus amigas y de mis amigos que no daban crédito a lo que veían. Esa no era sumisión, era atención y la que ella tenía conmigo era porque le nacía tenerla, punto.

–Bella, no sabía que montaras, nunca te interesó eso en el internado, tienes todo el ajuar completo, qué sorpresa…

–Bueno, Alice, no me gustaba pero Edward tiene un amor por los caballos contagiante, tiene muchos y muy hermosos, creo que les estoy perdiendo el miedo, ya hasta me está enseñando a montar por eso me regaló todo el outfit.

–Oh, yo me quedé en que otra persona te estaba enseñando a montar – dijo Rose, muy mordaz e Isabella se tensó.

–Por cierto, ¿vas a ir con nosotras de compras o te escaparás a mitad del centro comercial sin darnos ninguna explicación? – Isabella las miró extrañada.

–Alice, ¿qué te sucede? – Jasper la enfrentó –. Ya basta.

–Sí, ustedes dos cálmense, están siendo muy groseras con Bella – Emmett añadió mientras yo contaba hasta diez para no arrancarle la cabeza a ese par.

–¿Groseras? – preguntó Alice muy irónica –, creo que es muy poco en comparación con lo que se merece, se decía nuestra amiga y nos evitó por mucho tiempo y ahora aparece aquí como si nada y con Edward Cullen a su lado – Isabella las miraba dolida, le brillaban los ojos y le temblaba a mandíbula.

–¡Suficiente! – grité –. No voy a permitir que ustedes dos sigan ofendiendo a Isabella y les advierto, si me entero que se vuelven a acercar a ella para hacerle daño con sus ironías y su sarcasmo, se van a enterar quién es Edward Cullen. Vámonos Isabella, no tenemos nada más que hacer aquí.

Ella tomó la mano que le extendí y nos levantamos de la mesa ante la mirada de ese par de chicas a las que había amenazado y de la de mis amigos que no reaccionaban aún. Subimos por nuestras cosas y a medio empacar, Isabella se sentó en la cama, llorando.

–No llores, no vale la pena, ven – me senté junto a ella y la abracé, besé su mejilla y luego muy despacio, besé sus labios –. Ven, vamos a terminar de guardar todo – me obedeció y en menos de quince minutos bajábamos por las escaleras, Emmett y Jasper salieron a nuestro encuentro.

–Lo siento Bella, no se que le ocurre a Rose, sé que ella te quiere, solo se siente ofendida – se disculpó e Isabella asintió, se acercó y le dio un beso en la mejilla.

–Gracias por todo Emmett, tienes una casa muy linda – dijo con lágrimas en los ojos y no supe quién era más miserable, si sus amigas por comportarse así con ella o yo por no haber tenido cuidado y lastimarla.

–Hasta luego, Bella, cuídate mucho – se despidió Jasper.

–Emmett, Jasper… – asentí y salimos de ahí.

Metí las maletas al auto mientras Isabella se subía, y unos minutos después ya nos encontrábamos en la carretera de vuelta a Londres. Estaba furioso. Con gusto les hubiera arrancado esas cabezas bien peinadas, habían arruinado nuestro fin de semana y eso no lo dejaría pasar, pero ya llegaría el día en que me pudiera cobrar todo lo que hicieron sufrir a Isabella y sería muy pronto…

–Isabella, no quiero que vuelvas a ver a ese par, por ningún motivo quiero enterarme de que te acercas a ellas. ¿Entendiste? – le pregunté iracundo pero no me respondió –, ¿entendiste, Isabella? Más te vale estar sola si ése es el tipo de gente que te rodea – me miró aún con los ojos llorosos.

–Tienes razón, creo que he tocado fondo… tal vez ya sea momento de estar completamente sola…*

*

*

*
Nenas! Importante: En vista que el servicio de aviso de actualizaciones funciona cuando quiere y cuando no también, les pido que pasen por el blog cada semana para checar las actualizaciones. Mil gracias a ustedes que me leen y también a mi super Beta Isita María y Nani por sus ocurrencias.

13 comentarios:

  1. SallyMarcano, G_pattz, Nani, Sandy, Alejandra, CRIS, Joli, dracullen, TataXoXo, Andrex, Nad, nydia, mayraps y Tatypr, MIL gracias por sus comentarios :)
    Nos vemos la próxima semana.
    Besitoo...

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  2. Pero k jijas ese par de "amigas", porfa espero con ansias otro capitulo, saludos.

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  3. estuvo genial el capitulo... y puedo decir que entiendo a Rosalie y a Alice por que se supone que son como sus hermanas ... pero bueno también se entiende la posición de Bella por que es una relación bastante extraña y difícil de contar... pero bueno todos tienen al razón hay así que esperemos a ver quien se disculpa primero :P

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  4. maravilloso capitulo!!!yo no entiendo muchoa rose y alice...entiendo q este enfadadas por ocultarselo pero almenos si les interesa recuperar a sus amigas darle la oportunidad de explicarse...y Edward oh dios me encanta!!!!! y ganas ya de saber k pasa ocn Emmeet y Jasper xDD
    un beso y esparando con ganas el siguiente capi!!!!

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  5. Genial el capitulo fascinante aunque no me gusto la reaccion de sus amigas y peor que quiso decir con que se quedará sola....Sigue asi linda....Besos...

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  6. Por qué dice Bella lo de tocar fondo y que mejor es estar completamente sola? también alejada de él? a eso se refiere, a alejarse de Edward? que por su relación con él a perdido a sus hermanas y está recapacitando sus prioridades? la dejará Edward alejarse? él estaba muy seguro de que ella no se alejaría, podrán ambos alejarse?

    fue muy bueno el capítulo tanto que hasta se me saltaron las lágrimas cuando Edward se dio cuenta de lo salvaje que fue con Bella.

    besos y a la espera de más

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  7. bravo!! me enkanto lo ame, llore de tooodooo wow mis respetos xa tu eh!!

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  8. HOLA LI LINDA!!!BUENO TODA UNA SORPRESA PARA LAS AMIGAS DE BELLA Y LO QUE NO SABEN ES Q LAS SORPRESAS NO SOLO LE VIENEN DE PARTE DE BELLA SINO DE SUS AMORCITOS MAS ALLEGADOS EMMETT Y JAZZ QUE SE TAREN SU SECRETAZO...Y BUENO ME DA COSITA POR LO Q TRAE CONSIGO LOS SECRETOS EN UNA AMISTAD COMO LA QUE TENIA BELLA CON ROSE Y ALICE...EN CUANTO A EDWARD TENGO Q DECIR QUE HA TIRADO DESCARADAMENTE LA TOALLA Y SE HA ENTREGADO A LO QUE SIENTE POR ISABELLA...LA ADORA MAS DE LO Q EL MISMO SABE...Y ELLA SE HA MOLDEADO A SU GUSTO..QUE ESPECTACULAR ESTA HISTORIA MI AMIGA LI TE FELICITO ...GRACIAS POR ESTE CAPI BESITOS!!!

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  9. omg!!! pero ke impertinentes ahh espero ke vuelvan rogando perdón a bella y ke ella tarde muuucho tiempo en perdonarlas, definitivamente bella no se merece ese trato ademas creo ke la mas impertinente de las 2 es alice,una cosa es ke sean amigas y les tenga confianza y otra muy distinta es que bella les de pelos y señas de tooodo lo ke haga con su vida, Esta alice me está desesperando al igual ke rosalie. Por otro lado creo ke ed se pasó con lo de la bubie de bella , pero bueno, al menos reconoció ke estuvo mal y gano más el orgullo por ke no le pidió perdon. Ahora como ke va a estar sola??? es que acaso bella se está arrepintiendo de lo ke tiene con ed?? naaaa bueno eso creo yo, ojalá se aleje de ese par de pseudoamigas, por ke aunke no las haya tomado en cuenta no era obligación de bella decirles. espero leerte prontooo :D xoxo

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  10. BRAVO BRAVO BRAVISIMO capitulo! Me Encanto..., que mas te puedo decir Li? siempre nos sorprendes con tu excelente historia, gracias por publicar este maravilloso capitulo. =)

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  11. capaz que lo deja a el xd hay diso edward es tan contradictoria y ellas porque se enojas cada quien quiere tener secretos

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  12. Au!!!!!Me he emocionado hasta las cachas, bárbaro capítulo, amo a Edward y a las amigas bastante pasaditas. Un jalón de oreja a Bella si piensa dejar a ese bombon del "Señor"...wow!!!pendientisima del nuevo cap.

    Besos

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  13. hasta yo ya queria llorar !!! .-. y mira que recien pregunte a mis amigas ¿ustedes se molestaria si llegara a ocultar alguna relacion? y para sorpresa dijeron que no que era mi asunto Dx... pero me has puesto a pensar en eso y casi me tiro del primer puento que veo !!!

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