martes, 16 de agosto de 2011

CAPITULO 13

Contradictorio


“Un diamante es duro, sin embargo, es una joya.”
Adictos al Amor.




BELLA’S POV

Llegué a la agencia muy temprano ese lunes. Había dormido mucho la noche anterior ya que estaba cansada de tanto caminar y caminar por el mercado de Notting Hill. Después de que Edward me mandara a mi apartamento porque simplemente quería estar solo, decidí que no me encerraría.

Era obvio que no había amanecido de buen humor, sus cambios tan bruscos me alteraban y me confundían. El sábado después de cenar me había tomado de una forma tan salvaje, tan primitiva, que estaba muy asustada, aunque para que me hacía tonta, jamás lo hubiera detenido diciendo una palabra que sabía me arrepentiría al apenas haberla dicho. Y luego en mi habitación… ¡Aún seguía pensado que era un sueño! Esa forma tan tierna de tomarme, me tenía perdida, me encantaba pero… ¿Qué me gustaba más? ¿Qué fuera tierno y considerado? En sus respectivas proporciones claro, ¿O que sólo me usara como un medio para obtener placer?

–¡Wow! ¿Otra vez tú tan temprano? No voy a decirte que te ves fatal, mejor te digo que te ves radiante, tal vez así sonrías – Jane dejó sobre el escritorio la caja de nuestro desayuno y los cafés. Se acercó y me dio un abrazo muy fuerte – ¿Problemas con el novio?

–¿Cuál novio Jane? Sólo estoy cansada – dije restándole importancia al asunto – ayer me fui todo el día a Notting Hill, caminé como loca y compré algunas cosillas, me entretuve.

–Que bien, al menos saliste a que te diera el aire y un poco de ese miserable sol que ya se nos da a cuenta gotas – empujó la caja hacia mí y saqué de ella mi dona de nuez.

–Creo que debo a empezar a cuidar lo que como – dije antes de morder mi dona.

–¿Estás loca? – Jane abrió los ojos desmesuradamente.

–Esto no es sano – la mordí de nuevo.

–Pero es muy rico y es una fuente invaluable del azúcar y las calorías que necesitamos para trabajar – repuso enfática.

–Lo estoy considerando muy seriamente, también empezaré a buscar un gimnasio – me miraba como si me hubieran salido dos cabezas – en serio.

–No cuentes conmigo – me afirmó indignada – mejor mueve tu fino trasero que desaparecerá a las dos semana de que empieces tu “magnífico plan de alimentación”, tenemos trabajo.

El resto de la mañana nos lo pasamos concentradas en todos los detalles de la cuenta del Sr. Flannagans. Verificábamos que los letreros luminosos y toda la demás publicidad no tuviera fallas y estuviera realizada justo cómo se los habíamos indicado a los encargados de las imprentas. El lanzamiento de la campaña sería en dos semanas y el Sr. Flannagans estaba organizando un evento enorme para dar a conocer la nueva imagen de su negocio. Cuando llegó la hora, fuimos a almorzar y regresamos sin perder tiempo para seguir trabajando cuando el ruido de mi teléfono me asustó, era Rose.

–Hola, Rose – la saludé contenta.

–Heyy, ¿Cómo está la reina de la publicidad?

–Muuy bien – Jane me miró y rodó los ojos, volviendo después la mirada a su pantalla – ¿Y tú?

–Ah ¡Feliz! Ya les contaré esta noche que nos veamos para cenar – me anunció – por cierto, hoy se me antoja algo italiano así que nos vemos en Dell’Arancio, yo hago la reservación, tú pasas por Alice y…

–Rose, Rose – la corté – no voy a poder ir, lo siento.

–¿Cómo?, ¿Por qué no? – quiso saber.

–Tengo mucho trabajo y estoy agotada, las próximas semanas serán de locos y necesito descanso – Jane me miraba con el ceño fruncido – me encantaría ir, creo que me está haciendo falta una noche de chicas.

–¿Estás bien, Bella? – me preguntó preocupada – Mejor llevamos todo a tu apartamento y cenam…

–Rose, no – volví a interrumpirla – salgan ustedes, tienes muchas ganas – dije algo triste – la próxima vez invito yo.

–Ay Bella, al paso que vas con ese trabajo, eso será en el 2012…

Gracias al cielo terminamos nuestra conversación. No quería que Rose me insistiera o que empezara con un interrogatorio en el cual no sabría qué contestar y del que tampoco me sería fácil escapar. Apenas corté la llamada, Jane me miraba raro; ella sabía que lo del trabajo era una pobre y vergonzosa excusa para no salir con ellas, pero al ver mi rostro algo triste, supongo que prefirió salir de la oficina mientras negaba con la cabeza. Con un mal sabor de boca continué con mi trabajo cuando mi teléfono volvió a sonar… era Edward.

–Señor, buenas tardes – saludé.

–Isabella, ¿Cómo estás? – se escuchaba tranquilo.

–Bien, Señor, gracias – respondí amable.

–¿Cómo pasaste el domingo?, ¿Descansaste?

–Yo… fui a caminar por Notting Hill – dije sincera.

–¿Sola? – su voz se tornó algo grave.

–Si, Señor.

–Supuse que tal vez hubieras salido con tus amigas…

–No, usted dijo que yo n…

–Si, recuerdo muy bien lo que dije – me cortó – si quieres, hoy puedes verlas, sal con ellas a cenar por ahí – ¿Hablaba en serio?

–¿De verdad, Señor? – sonreí feliz.

–Así es, sólo tienes que informarme a qué lugar irán y por supuesto elimina “The Chapel” de tus opciones, no tomarás alcohol, no llegarás después de las 11 y apenas llegues a tu apartamento me llamarás. ¿Entendido?

–Si, Señor pero…

–¿Pero qué, Isabella? – su tono pacífico cambió a uno intrigado.

–¿Por qué? – le pregunté sin comprender ese cambio repentino.

–Toma las cosas como se te dan, Isabella, acostúmbrate a no cuestionarme o me forzarás a negarte todos los permisos – dijo algo enérgico.

–Perdón, Señor, no fue mi intención hacerlo – me disculpé antes de que se arrepintiera.

–Avísame del lugar – me ordenó.

Dell’Arancio – dije con rapidez – es italiano, está…

–Si, lo conozco. Recuerda todo lo que te he dicho, Isabella y disfruta la cena con tus amigas.

–¿Señor?

–¿Isabella?

–Gracias…

Aún sostenía el teléfono en mi mano, pensativa. De pronto se me ocurrió que tal vez… comencé a buscar en mi lista de contactos y como lo sospeché, Max Bennet no estaba en ella aunque eso no me explicaba porqué motivo no entraban sus llamadas a mi móvil, a menos que su número estuviera bloqueado. Por más que revisé, nada indicaba que lo estuviera, pero no confiaba mucho en mis habilidades con esos aparatejos tan modernos. Y ya que lo pensaba bien, ¿No había sido mucha coincidencia la llamada de Edward dándome permiso para salir con las chicas?

***.

Dejé a un lado los pensamientos sobre Edward y me decidí a disfrutar la salida como él me había ordenado. Les hablé a las chicas después de hacer yo misma la reservación y quedé de pasar por Alice y encontrarnos ahí con Rose. Cuando Jane se enteró por las llamadas que hice que si saldría con las chicas, se alegró y me hizo salir de la agencia 15 minutos antes de la hora de salida para que no me retrasara con el tráfico. Recogí a Alice y nos dirigimos hacia King’s Road, donde se encontraba el restaurante. Al llegar, Rose ya nos esperaba plácidamente con una copa de vino tinto en la mano.

–¡Chicas! – casi se nos abalanzó y nos saludamos efusivas.

–He pedido un vino que les va a encantar ya verán – dijo sonriente.

–Pero si tú amas la cerveza Rose, ¿Qué sucedió?

–¿Cómo que qué le sucedió? Es obvio Bella, es Emmett, ¡El hombre se llama Emmett! – y estallamos en carcajadas.

–No puedo negarlo niñas, ese hombre está cambiando mi vida… creo que lo amo – se mordió el labio.

–Eso nos lo has repetido cada vez que nos vemos, Rose – le sonreí.

–Soy feliz, Bella – dijo y le brillaron los ojos – Emmett es tan bueno conmigo y me consciente tanto que creo que me va a echar a perder…

–Bueno, lamento cortar tu momento “Princesita Disney” pero ¿Alguien dijo vino? Porque yo si quiero del que estás tomando y que hace que todo sea bonito y tierno y rosa y ¡Cursi! – demandó Alice. Rose levantó la mano y el mesero se acercó.

–Por favor, tráigame la botella y dos copas más – le pidió.

–No, yo tomaré una coca cola, por favor, con poco hielo.

–¿Y eso? – Alice me miró extrañada, sabía que me gustaba el tinto. Yo sólo me encogí de hombros al mismo tiempo que arrugaba mi nariz y comencé a estudiar el menú.

–Ahora sí – dijo Rose después de tomar un sorbo de vino – quiero saber de sus vidas, tú primero Alice, suéltalo…

–Nada – arrugó los labios en una mueca – sólo trabajo, alfombras, cortinas, diseños, ni he tenido tiempo de ir por ahí a revisar las tiendas.

–Pero tú siempre buscas tiempo para eso Ally – la miré preocupada.

–No he tenido ganas – confesó y Rose y yo nos miramos.

–¿Estás así por Jasper, Alice? – le preguntó Rose algo enojada – contesta – la urgió al ver que no tenía intención de responder.

–Ya sabes que sí, Rose, ¿Para qué me preguntas? – le respondió como fastidiada – no quiero hablar de eso.

–Pues vas a hacerlo porque no quiero ver cómo mi hiperactiva amiga se consume por un jodido ratón de biblioteca – dijo Rose muy enojada – ese tipo no es normal, Emmett dice que estoy loca, pero díganme, ¿Qué hombre le huye a una mujer? ¡Sólo el pendejo de Whitlock lo hace!

–¿Has discutido esto con Emmett? – preguntó Alice llevándose las palmas de las manos a los ojos – ¿Porqué lo hiciste Rose?

–Eres mi amiga, ¡Mi hermana!, no puedo ver cómo ese cretino te huye cómo si tuvieras la peste, se la pasa ahogado entre sus libros y sus casos, casi no sale y siempre está de un humor de perros.

–¿Lo has visto? – a Alice le brillaron los ojos, esperanzados.

–Yo no, Emmett – suspiró – han salido un par de veces y cuando tú sales a la plática, Emmett dice que se pone pálido, nervioso y a veces hasta suda un poco… podría pensar que se pone así porque le gustas, pero entonces ¿Por qué huye si le estás dando a entender que a ti también te gusta?

–¡Entonces no me odia!, ¡Lo pongo nervioso! – gritó Alice emocionada – es eso… ¡Que tonta!, ¿Cómo no lo pensé antes?

–Ponle una trampa.

–¿Y porqué mejor no se lo preguntas directamente? Si es verdad, pues te enteras de su propia boca y a partir de ése momento haces algo para hacerlo sentir cómodo y si no, pues te olvidas del asunto y ya – dije y se me quedaron viendo raro.

–¡Vaya! Estás aquí, creí que no habías venido, Bella – el sarcasmo de Rose de nuevo – ¿Por qué no habías dicho nada? Pareces un mueble toda callada… ¿Estás esperando permiso para hablar?

–Exageras – me sonrojé – estás muy alterada Rose, tranquila…

–Es que de verdad, todo este lío de Jasper es raro, ¿No? digo, le gusta Alice, pero, ¿Le huye?, ¿Es masoquista o qué?

–Ambas tienen razón – dijo Alice por fin – creo que lo pongo nervioso como dice Rose, pero no lo sabré si no se lo pregunto, como sugieres tú Bella.

–¿Ves? Pudimos ayudarte – le sonreí.

–¡Cómo las he extrañado! – dijo Alice abrazándonos a cada una.

–¿Estás bien? – la miré preocupada – no tenemos tanto sin vernos.

–Eh bueno, si por eso te refieres a la última vez que nos vimos…

–Ándale – Rose se le unió – tú te refieres a la vez que nos dejó plantadas, ¿No Alice? – sonó muy sarcástica y quise huir de ahí.

–Si estás pensando en esa vez que salió corriendo como loca sin explicación, entonces si hablamos de la misma ocasión.

–Primero contra Jasper y ahora contra mí… qué lindas.

–No es eso – Alice me dio un panecito con mantequilla – has estado muy rara.

–Y casi no hemos hablado, ya no nos cuentas nada, ¿Estás bien?

–Claro que sí, Rose, estoy perfecta, con muchísimo trabajo, ya les dije.

–¿Es por Max? – preguntó Alice muy despacio.

–¿Max?, ¡Por Dios no! – fruncí el ceño mientras negaba con la cabeza – ¡Es estrés!

–Entonces te faltan unas vacaciones, como a un lugar soleado, estás muy pálida, deberíamos planear unas pronto.

–Me encantaría Rose, pero no tiene mucho tiempo que empecé a trabajar, no puedo pedir vacaciones ahora que me están dando cuentas importantes – el mesero tomó nuestra orden y seguí – además ya pronto serán las vacaciones de navidad y por primera vez, creo que no podré ir a casa – lo lamentaba de verdad.

–Yo me quedo contigo, no pasarás sola las navidades, Bella.

–Y yo con ustedes – dijo Alice – ustedes son mi familia.

–Me van a hacer llorar tontas – dije ya con los ojos anegados y pensé de repente en Edward, que lo pasaría con sus padres, sin mí.

La cena transcurrió muy divertida. Platicamos de muchas cosas, pero de hombres ya nada. Comimos como si no lo hubiéramos hecho en días y las chicas casi se tomaron dos botellas solitas. Nos pusimos de acuerdo para ir de compras un día entero y enseguida supe que Edward no me daría permiso, los fines de semana eran suyos, así que ya encontraría cómo disculparme con ellas aunque me moría de ganas de ir. Llegó la hora de irnos y estaba muy contenta porque era temprano y aún tenía tiempo suficiente para llevar a las chicas y luego irme a casa. Pedimos la cuenta, pero el mesero nos dijo que ya estaba pagada. Nos quedamos estupefactas, ése no era un lugar barato y además, ¿Quién nos pagaba la cuenta y no nos daba ni su nombre? No nos quedamos a averiguarlo, le dijimos al mesero que le diera las gracias a quién fuera que hubiera tenido la amabilidad de liquidar nuestra cuenta y salimos de ahí. Llevé a las chicas y 5 minutos antes de las 11 estaba cerrando la puerta de mi apartamento; le marqué a Edward antes de llegar hasta mi habitación.

–Isabella – respondió al primer tono – justo a tiempo.

–Sí, Señor.

–¿Disfrutaste la cena con tus amigas? – preguntó, pero no enojado.

–Sí, gracias… por permitirme ir – le agradecí..

–¿Tomaste?

–No, Señor.

–Sabes que me enteraría… – me chantajeó.

–Lo sé – contesté con firmeza.

–Bien, ahora acuéstate y descansa – dijo con esa voz que aniquilaba mis defensas.

–Buenas noches.

–Buenas noches, Isabella.

***

La semana fue avanzando y estábamos tan cargadas de trabajo que ya ni tuvimos tiempo para salir a comer, pedíamos una pizza y la mordisqueábamos a ratos. Yo prefería estar ocupada en las tintas y las impresiones que pensando y dándole miles y miles de vueltas al asunto del teléfono. Pensaba a ratos que él no sería capaz, pero luego se derrumbaban todas mis teorías con la obvia evidencia que hablaba por si sola. Estaba más claro que el agua, Edward era culpable.

El jueves llegó y mi cerebro era una olla de presión; ya no quería pensar, pero las imágenes e ideas eran tan recurrentes que ya llegaban al punto de distraerme de mi trabajo. El teléfono sonó y respondí tensa la llamada de Edward.

–Isabella – saludó como siempre.

–Señor, buenos días – hable con voz neutra.

–No he recibido ninguna foto tuya durante toda la semana, ¿Piensas que si no te las pido no me las debes enviar?

–Lo siento, lo olvidé, Señor – me disculpé aunque no quería – ahora mismo se la envío.

–Paul irá a recogerte, quiero que hoy comas conmigo – decretó.

–Sí, Señor – dije a regañadientes ya que ése día en especial estaba muy atareada.

–Sé puntual, ah y quiero la foto ya.

–En un momento, Señor, hasta luego – y corté la llamada, no tenía tiempo para sus caprichitos sin embargo me puse de pie, extendí mi brazo, tomé la bendita foto y se la envié en un minuto más. A medio día, Paul me llamaba avisándome que ya me esperaba abajo. A toda prisa bajé y me subí al auto, saqué mi estuche de cosméticos y me retoqué un poco para “despertarme” el rostro. Rápidamente terminé y al mirar por la ventana me di cuenta que íbamos rumbo a su penthouse. Al llegar, Paul tan atento como siempre pero todo seriedad, me ayudó a bajar y oprimió el botón del ascensor por mi, subí y al abrirse las puertas en el penthouse, caminé hacia el interior; dejé mi chaqueta y mi bolso el la silleta del hall cuando sentí que sus manos rodeaban mi cintura y me giraban hacia él.

Aspiré sobresaltada e inmediatamente después sentí sus labios atacar los míos. Sin delicadeza alguna su boca me invadió dominándome por completo a través de ése beso salvaje, provocando que mi primer reacción fuera tensar todo mi cuerpo y cómo si eso no le bastara, una de sus manos se cerró sobre uno de mis senos, apretándolo con fuerza y logrando arrancarme un fuerte jadeo. Sólo así se separó de mí. Lo miraba y mi pecho subía y bajaba agitado por el asalto, pero él no parecía haber perdido ni un poquito de su ecuanimidad.

–La foto no te hizo justicia hoy – dijo calmado mientras caminaba hacia el salón – ¿Te gustaría tomar algo antes?

–No, Señor, gracias – respondí seca.

–Entonces pasemos al comedor – me indicó serio sin dejar de observarme. Siempre tan perfecto caballero, me retiró la silla y me sirvió vino después de esperar unos momentos y ver que yo me mantenía erguida en la silla y con las manos sobre mi regazo. Waylon apareció y me saludó con un contenido “Buenas tardes, señorita Bella” al que respondí con una pequeña sonrisa y asintiendo discretamente. Edward sólo me observó entrecerrando los ojos ligeramente cuando no hice ni el intento de servirle, pero no dijo nada.

–¿Alguna novedad, Isabella? – preguntó casual después que Waylon puso frente a nosotros el segundo plato.

Yo no levanté la mirada del mío, estaba muy concentrada en los espárragos – Ninguna, Señor…

La comida transcurrió en medio de un completo y estresante silencio. El también parecía muy interesado en los vegetales de su plato y cuando no, me miraba estudiándome, pero yo permanecía con mi actitud imperturbable.

–Mis padres te mandan saludos – dijo interrumpiendo el incómodo silencio y entonces lo miré.

–Muchas gracias – dije volviendo los ojos a mi plato inmediatamente.

–¿Qué sucede? – preguntó irritado.

–Nada, Señor – no tardé en responder. El resto de la comida fue muy incómodo pero me esforcé por comportarme educada; al terminar el postre Edward se levantó y me hizo una seña para que lo siguiera a su estudio.

–Ahora mismo me dices que diablos te ocurre, Isabella – gruñó dando un portazo – hoy he tenido mucha paciencia contigo, pero estás llegando a mis límites.

–No me pasa nada, Señor – dije mirando al suelo, queriendo salir de ahí.

–Habla, Isabella – me ordenó, pero no dije nada. Me mantuve en silencio y antes de que su enojo aumentara pregunté…

–¿Puedo retirarme?

–No saldrás de aquí hasta que me digas qué carajos te pasa – gritó furioso, pero solo sus palabras hacían eco en la habitación ya que de mi boca no salía nada.

–¿Estás enojada porque te prohibí ver a tu amiguito Max? – preguntó lleno de ironía.

Eso era lo único que necesitaba para confirmar mis sospechas, el que Edward tuviera tan presente a Max sólo me daba las respuestas a las interrogantes que por toda la semana deambularon por mi mente impidiéndome concentrar y descansar. Respiré profundamente varias veces porque ya estaba segura que Edward había manipulado mi teléfono a su estricta conveniencia…

–¡Fuiste tú! – lo señalé enojada.

–Cuidado, Isabella… – dijo pero su advertencia me molestó todavía más.

–¡Tú borraste a Max de mis contactos y lo bloqueaste de mi teléfono! – lo acusé.

–¿Eso es? – gritó – ¿Eso es lo que te tiene así?

–¡Tengo razón! ¿Verdad? – lo cuestioné y sus ojos brillaban verdes de coraje.

–¿Y qué si fue así? Tengo todo el derecho de decidir a quién puedes ver y a quién no – me sostuvo la mirada, retador.

–¿Tienes derecho a violar mi privacidad? ¿Lo tienes? – empuñé mis manos – porque estoy segura que también interviniste mi teléfono.

–¡Basta! – gritó – sabías a qué te atenías conmigo, te lo advertí Isabella.

–Lo hiciste… – mi voz bajó de intensidad.

–Yo tengo que saber a cada minuto qué haces, dónde te encuentras y con quién, entiéndelo, ¡Así soy yo! – gritó exaltado.

–No confías en mí – dije decepcionada – yo si tengo que hacerlo, pero tú simplemente no me crees… – mi voz fue haciéndose muy débil – yo te busqué, yo vine a ti… estoy aquí porque yo lo deseo – por unos minutos otro denso silencio se instaló entre nosotros. Edward volvió a darme la espalda y parecía que no respiraba.

–Nunca confiarás en mí... yo no busco tu dinero, ni tu posición, ¿Qué tengo que hacer para que me creas? – pregunté casi en un sollozo.

Desilusionada y muy molesta, abrí la puerta del estudio, en el hall me puse mi chaqueta y tomé mi bolso; tenía que irme de ahí. Con su desconfianza, Edward me había lastimado más que con sus azotes y su carácter enérgico, había dañado la corta relación que teníamos, esa que nunca sería una relación común y por supuesto tampoco sería pareja, ni justa, ni equilibrada, no era así y no se trataba de eso, pero de confianza sí. Él me la pedía y yo se la daba, me esforzaba cada minuto y cada segundo por entregarme ciegamente pero ¿Y él? ¿No me merecía en esto un poquito de confianza? ¿No le había demostrado acaso cuanto deseaba estar junto a él? Secaba las lágrimas que ya corrían por mis mejillas y oprimí el botón del ascensor con urgencia.

–¡Suelta ese botón, Isabella! – Gritó la orden desde el estudio y me paralicé por un instante, pero reaccioné y continué presionando el cuadro verde; con un par de zancadas llegó hasta mí – ¡Te dije que lo sueltes!

No hice caso y aprisionó mi muñeca en su puño – ¡No! – grité y me soltó, pero me levantó en brazos, dejando tirado mi bolso en pleno piso del hall. Era muy fuerte, pero eso no me impidió forcejear sin éxito pero nunca dejé de luchar, que al fin y al cabo eso era lo que importaba.

Como si no pesara nada, subió las escaleras conmigo moviéndome entre su brazos, pidiéndole que me bajara y que me dejara ir. Edward parecía no escucharme, sus ojos estaban llenos de ira y su rostro transformado. Me dio miedo y luché con más fuerzas pero él me tiró sobre la cama de mi habitación y de un tirón abrió mi blusa. Los botones volaron por todos lados y casi sin darme cuenta, rompió mi brassiere por delante dejando mi pecho desnudo. Mi primer instinto fue cubrirme con las manos pero aprovechando eso, con una destreza asombrosa desabotonó mi pantalón, bajó la corta cremallera y los sacó de mis piernas, resbalando éstos como si tuviera mantequilla mi cuerpo. Edward comenzó a desabotonar su pantalón y yo intenté pararme para salir de ahí, pero de un empujón volvió a tumbarme sobre la cama y se posicionó encima de mí.

Empezó a besar mi cuello y más abajo sin llegar a mis pechos que volví a cubrir con mis manos; me movía con insistencia para impedirle que me siguiera besando pero era como luchar contra un titán. Poderoso, fuerte e impetuoso. Con una mano tomó las mías y sin esfuerzo las situó arriba de mi cabeza dejando libre el acceso a mis senos. Bajó su boca hasta el espacio entre ellos y luego se apoderó de mi seno izquierdo. Lo chupó con fuerza, lo lamió y lo mordió, tomó mi duro y dolorido pezón entre sus dientes y lo estiró hasta lo imposible. Mi otro seno corrió con la misma suerte, pero recibió además una mordida que me hizo gritar. Él no pareció inmutarse, simplemente dirigió su interés a otro lugar de mi cuerpo. Sentí algo que de pronto rozó con fuerza mi piel y entonces se enterró en mí, penetrándome y hundiéndose, robándome el aire que tanto me costaba mantener en mis pulmones. Furioso y con su ritmo constante golpeaba mi cuerpo unido al suyo; mis senos se movían con cada arremetida en la que Edward se robaba mi cordura, mi paz y mi voluntad. Estaba tan perdida en él que ni siquiera pude gemir o jadear, no emití ningún ruido, sólo mi esfuerzo por respirar se escuchaba en la habitación junto con los jadeos de Edward que hacían crecer rápidamente en mí ése sentimiento ardiente y avasallador que me desconectaba del mundo mientras luchaba por contenerlo. Edward se tensó una primera vez, un esforzado gemido y se tensó una segunda vez, dos embistes más y un grito presagió su liberación dentro de mí, caliente, colmando mi interior, saturándome de él.

Con un par de acometidas más pequeñas se aseguraba de dejar todo su extracto en mí. Yo permanecí quieta, sin energía siquiera para pestañear y enjugar las lágrimas que nublaban mi vista. Edward se desplomó sobre mi enterrando su rostro entre mi pecho otra vez, luchando por estabilizar su respiración mientras yo lo hacía por no hacer explotar ése cúmulo de emociones restringidas en mi interior de nuevo. Despacio se movió y se recostó a mi lado.

–No te has corrido… – susurró quedamente a mi oído.

–No me ha dado su permiso, Señor – respondí con los labios temblorosos y a punto del llanto.

Enseguida mi seno derecho comenzó a latir dolorosamente donde me había mordido, me puse de lado e ignoré la molesta sensación. Me quedé donde estaba y muchos minutos después, ya era capaz de moverme con coherencia. Mi teléfono sonó. Estaba en el bolsillo de mi chaqueta tirada a un lado de la cama; con cuidado me senté y lo saqué para contestar la llamada.

–Hola – dije con la voz aún bastante temblorosa.

–¿Bella? ¿Estás bien? – era Jane.

–Sí, sí, ¿Qué pasa?

–¡La junta Bella! ¿La olvidaste? – ¡Mierda! Tenía una reunión con unos nuevos clientes.

–No te preocupes, estaré ahí a tiempo – le aseguré y terminé la llamada.

Con mucha precaución me puse de pie, pero Edward me detuvo del brazo y me jaló hasta recostarme de nuevo en la cama…

–Hey, ¿a dónde vas? – me preguntó con esa voz aterciopelada y tierna.

–Debo volver a la agencia – respondí con indiferencia.

–Tengo un asunto pendiente contigo todavía – dijo insinuante y aún con esa voz que me derretía.

–No tengo tiempo – corté con el jueguito y me puse de pie, recogiendo mi ropa hecha un desastre.

–No irás a ningún lado, Isabella – dijo algo alterado – siempre lista y dispuesta, ¿Recuerdas?

–Antes que todo esto están mi padre y mi trabajo – traté de mantenerme serena – de la misma forma en la que yo he comprendido sus “requisitos” y los he aceptado usted tendrá que adaptarse a los míos que son sólo dos y que no le cambiarán en lo absoluto su tren de vida – se me quedó mirando como si le hubiera dicho algo inconcebible – con permiso, Señor.

Entré al baño con mi ropa en la mano, la dejé a un lado y observé mi seno frente al espejo. Estaba dolorido, hinchado, rojo y mordido. Las marcas de sus dientes estaban grabadas ahí como para recordarme que le pertenecía. Puse compresas de agua fría sobre él y después sobre mis ojos que también estaban algo rojos. Iba a vestirme cuando recordé que mi blusa no tenía botones, tomé mi pantalón y la cremallera estaba atorada y tenía que agregar a todo el desastre de mi ropa, que mis bragas habían sido arrancadas de mi cuerpo y estaban hechas un jirón de tela inservible. ¡Maldita sea! Sin pensármelo dos veces, fui al vestidor y escogí algo de ahí para ponérmelo. Una vez que estuve lista me miré al espejo y maldije de nuevo. Mi pelo era una maraña, mis ojos seguían enrojecidos y en general, salvo mi linda ropa, parecía que había salido de una situación de estrés angustiante pero… ¿Quién diablos dijo que ya había salido de ella?

Me hice una coleta alta, ya que siempre mejoraban la apariencia y era una rápida solución a mi desastroso pelo y coloqué por unos minutos más compresas de agua fría sobre mis ojos, ya "maquillaría” mi estado de ánimo en el auto, lo que necesitaba en ése momento era huir de ahí, de él…

Tenía temor de encontrármelo aún en la habitación, pero respiré tranquila al encontrarla vacía; tomé mi teléfono y salí de ella hacía las escaleras que bajé tan velozmente como me lo permitieron mis piernas. Tomé mi bolso que ya estaba colocado sobre la mesita del hall y le eché una mirada rápida para ver si Edward no había sacado algo de él en su afán de mantenerme controlada.

Oprimí el maldito botón del ascensor deseando que no tardara y así fue; las puertas se abrieron y entré en él. Las puertas se cerraron y me di de topes contra la pared de madera y metal, estaba molesta conmigo. Furiosa para ser más exactas porque mi cuerpo dolía más con cada centímetro que me alejaba de él. Me pedía quedarse y dejar que Edward solucionara el asunto que tenía pendiente conmigo, pero ya había pensado concienzudamente mis prioridades y no estaban sujetas a discusión o a algún lujurioso desvarío hormonal. Así lo deseara con todas mis fuerzas no podía permitir que todas las nuevas sensaciones que se despertaban en mi cuerpo cada vez que Edward me tocaba me confundieran y me llevaran paulatinamente a un estado del cual sería imposible lograr salir, sólo tenía que recordar a aquella chica en las escaleras de ése oscuro club rogando por un minuto de su tiempo… no, yo tenía que permanecer lúcida y consciente, yo no podía terminar llorando y mendigando por unos segundos de su atención, yo no podía terminar así…

Salí del edificio y para mi sorpresa, ni Paul, ni el chofer esperaban por mí; caminé de prisa hacia la esquina de la larga cuadra para tomar un taxi cuando mi teléfono repiqueteó en mi bolso. Lo saqué para contestarle a Jane que seguro estaba histérica y a punto de saltar por la ventana.

–Ya voy para allá, Jane…

–¡Sube al auto en este mismo instante! – ladró furioso.

–Lo siento, tengo prisa – corté la llamada y miré hacia atrás, el jaguar negro venía tratando de llegar a mi por la traficada calle. Apagué el teléfono y caminé más aprisa. Sabía lo que me esperaba por esa acción pero debía hacerlo, Edward no se iba a quedar tranquilo con mi insolente rebeldía, pero no tenía ni el tiempo ni el humor para obedecerlo, estaba molesta y decepcionada por pedirle lo que yo creía que era algo natural en él cuando resultaba que era demasiado. Yo sólo pedía un poco de confianza de igual a igual, eso era todo porque eso aquí, si se valía.

***

Llegué justo a tiempo a mi reunión. A Jane le regresó el alma al cuerpo al verme entrar a la oficina; me observó de arriba abajo…

–¿Qué tú no estabas vestida diferente? – me preguntó confusa.

–Sí, pero se me cayó el café y tuve que comprarme algo rápido, no iba a regresar a la junta toda manchada ¿Verdad? – ella negó pensativa y fuimos a encontrarnos con nuestros nuevos clientes cuando me preguntó en el pasillo…

–Bella, ¿Luego podrías prestarme este hermoso, fino y muuy caro traje Gucci que te compraste tan rápido? – me miró insolente – ¡Está increíble!

Milagrosamente pude concentrarme en la reunión. Una cadena de joyerías quería una nueva imagen y escuchamos sus requerimientos. No querían una campaña elitista que los hiciera ver ante el público como algo inalcanzable al contrario, querían presentarse como un producto invaluable por lo que representaba una joya en si, pero que curiosamente ellos podrían poner al alcance de la mano de cualquiera.

Me pareció tan fabulosa la propuesta que básicamente nosotras no teníamos nada qué hacer más que plasmar sus ideas en papel, por decirlo de alguna forma. El dueño, el Sr. Michael Newton, era un empresario joven y había heredado las joyerías de su familia pero sabía que necesitaban un cambio en su estructura y desde luego un nuevo aire y estaba muy seguro y confiado de que la agencia y nosotras podíamos hacerlo; eso fue como una inyección de autoestima alta para mi.

Fijamos otra reunión en la cual le expondríamos al Sr. Newton nuestras primeras propuestas y nos despedimos. Tratar con él fue muy agradable, tanto, que me quitó el mal sabor de boca de un rato antes. Me despedí de Jane que con la mirada y sus ojos expresivos se disculpaban por lo entrometida que se había comportado, pero yo no lo veía así. Ella en poco tiempo se había convertido en otra excelente amiga, ya no sólo era mi compañera de trabajo, ella confiaba en mí y me contaba todos sus secretos y yo, todos los que podía.

De acuerdo a las ordenes de Edward, fui al Spa donde cada jueves se encargaban de darme un masaje, tratamientos faciales, un manicure, pedicure y pintaban mis uñas del color que él había elegido, rojo sangre. Esa tarde no fue diferente, recibí todos los cuidados y las atenciones como ya era costumbre, me relajé y le pedí a la chica del masaje se aplicara especialmente en mis hombros y espalda. Tuve mucho cuidado en cubrir bien mi pecho y evitar que viera mi seno al girarme y recostarme boca abajo; sentí que lo oprimía causándome mucho dolor y estuve a casi nada de levantarme y cancelarlo todo pero lo necesitaba, así que por unos minutos aguanté el dolor que gradualmente desapareció.

–Está usted muy tensa señorita – dijo la chica – tiene muchos nudos en los hombros. Relájese…

El masaje fue un suplicio debido a mis contraídos músculos pero la chica sabía lo que hacía y pudo relajarlos haciéndome sentir muy aliviada – le vendría bien un buen descanso.

–Muchas gracias… – miré el gafete dorado con su nombre en letras negras – Jessica, has sido muy amable.

–No es nada, es mi trabajo – se encogió de hombros – no se compara con el suyo lleno de responsabilidades y bueno, trabajar para él debe ser…

–¿Para él? – pregunté confundida – ¿A quién te refieres?

–Al señor Cullen – abrió los ojos enormes.

–Yo no trabajo para él – repuse y me miró al mismo tiempo en que se llevaba una mano a la boca comprendiendo su indiscreción.

–Oh, perdón, yo no sabía… lo siento, señorita Swan – salió de ahí más veloz que un rayo y sin darle más importancia que la que tenía, me envolví en la bata de baño y fui a que mis manos y mis pies recibieran el tratamiento ordenado por Edward.

Llegué a mi apartamento casi quedándome dormida al volante. El masaje me había ayudado y estaba dispuesta a tirarme en la cama y dormir por tres días seguidos. Me desvestí y miré de nuevo mi seno hinchado. Dolía mucho. Fui al refrigerador y saqué unos cubos de hielo, los puse en una bolsa que envolví en una toalla delgada para colocármela. Maldito… estuvo a punto de arrancarme un pedazo. Con un vaso de leche me tomé un par de analgésicos tanto para mi seno herido como para todo mi adolorido cuerpo. No tardé mucho en quedarme dormida, pero al poco rato el teléfono del apartamento sonó. Ni siquiera me moví, quería seguir durmiendo. El aparato continuó sonando hasta que por fin dejó de hacerlo un rato después y pude descansar tranquila.

A media noche, me despertó algo frío al girarme y sentir también mojada mi camiseta. Recordé la bolsa con los hielos y me senté en la cama para ir a cambiarme, prendí la lámpara de mi mesita de noche y grité asustada al ver a Edward sentado cómodamente mientras me observaba dormir desde la silla de mi dormitorio.

–¿Cómo… cómo entraste? – pregunté con dificultad.

–Tengo llaves de tu apartamento, Isabella – dijo con suavidad.

–¿Por qué? No tienes derecho a tenerlas y mucho menos a entrar así a mi apartamento – repuse notoriamente alterada.

–Soy tu dueño, Isabella y como tal, tengo todo el derecho de tener acceso a tu casa, a tu vida y a todo lo relacionado contigo que me interese para que pueda cuidar de ti de la mejor manera – respondió inalterable – eso ya lo sabes, ¿Tengo que repetírtelo de nuevo?

Me reí algo cínica, pero me callé cuando se levantó y comenzó a caminar hacia mí; me fui alejando muy despacio sobre la cama hasta llegar a la otra orilla.

–No te preocupes, no voy a tocarte – me informó – sólo quería ver que encontrabas bien.

***

Me fue un poco difícil conciliar el sueño después que Edward se marchó. No estaba enojado, ni me había dicho que tenía un castigo pendiente, ni siquiera se exaltó, ni me gritó, lo que me hizo dudar. Con él podía esperarme cualquier cosa así que debía estar preparada.

Al día siguiente en la oficina no tuve tiempo ni para acordarme de mi nombre. El Sr. Flannagans estaba nervioso porque el letrero luminoso no era del color que le habíamos presentado. Me pasé la mañana llamando a los encargados y reconocieron su error. Tuvimos que cancelar los 53 letreros gigantes que estaban en proceso hasta que todo estuviera bien aclarado, definido, firmado de enterado y acordado, solo que cabía la posibilidad de que todo se retrasara como mínimo una semana más y el Sr. Flannagans no estaba muy contento con la idea… y tenía toda la razón.

Como las responsables del proyecto, Jane y yo contactamos un par de empresas más que pudieran hacer los letreros en ese tiempo record si veíamos que nuestro proveedor no nos cumplía. Eso nos tranquilizó y pudimos asegurarle al Sr. Flannagans que sus letreros estarían en el tiempo acordado para ser instalados. Por fin tuvimos un momento de paz y antes de salir a comer, mi móvil vibro; era un mensaje de Edward.

“Espero mi foto, date prisa”
E. Cullen

Exhalé fastidiada. Yo con un problema monumental encima y Edward reclamándome una insulsa foto. Aproveché que Jane había ido al baño y estiré mi mano. No quise ver cómo había salido, sólo le di enviar y listo, tomé mi bolso y fui a esperar a Jane para poder irnos a comer.

Fuimos a un centro comercial cercano y nos sentamos en el área de comida rápida. No tuve que pensar mucho en mi elección así que fui directamente a comprarme una orden de Fish and Chips, me encantaban y después del estresante día, me lo merecía. Durante la hora que siguió, disfruté lentamente de mi pescado y mis papas fritas acompañados de un vaso gigante de coca cola directo de la máquina, a mi me gustaba así, nada de latas o botellas. Vimos pasar a la gente que como buen viernes iba y venía en todas direcciones mientras platicábamos de cosas sin importancia, completamente relajadas. Hasta nos dimos el lujo de pasearnos por algunas tiendas, entramos a una de lencería y le regalé a Jane un jueguito muy sexy para que impresionara a Ethan.

–¿Tú no te compras nada, Bella?

–No necesito nada de aquí – me encogí de hombros pero luego pensé en reponer lo que Edward había destrozado el día anterior…

–A veces olvido que eres millonaria y que no necesitas nada, ¿Cómo es que eres tan sencilla y eres mi amiga? – me miró. Ya le había contado mi vida y el porqué estaba trabajando ahí. No me entendió pero lo aceptó.

–Estás equivocada Jane, si necesito algo pero eso no se puede comprar – le sonreí.

–¿Y qué es?

–No lo sé, sólo sé que no lo tengo y lo necesito mucho…

***

La semana laboral terminó y recogí todas mis cosas para irme. Paul me esperaba con la puerta abierta del auto y me subí después de entregarle las llaves del mío para que lo llevaran a mi apartamento como cada viernes. Me llevó a casa de Edward. Él no estaba, así que me fui a mi habitación y llené la bañera, me daría un largo baño, que me esperara si llegaba…

Después de un rato, salí de la bañera y envuelta en la toalla fui al vestidor a elegir qué usar esa noche. Saqué un vestido corto lila que no necesitaba usar con brassiere, los zapatos color carne, me hice media coleta y no me puse aretes. Casi no me maquillé, sólo polvos y brillo en los labios. Estuve lista para bajar cuando mi teléfono sonó.

–Isabella – dijo sin darme tiempo de responder.

–Edward – respondí de vuelta arriesgándome a un grito o un castigo por “irrespetuosa” pero no dijo nada, sólo escuché su respiración unos segundos y continuó.

–No llegaré pronto – dijo con seriedad – Harriet te servirá la cena. Acuéstate temprano, mañana saldremos de la ciudad a primera hora, iremos de fin de semana al campo así que prepara una pequeña maleta y lleva las botas de montar.

“Las putas botas”…

–Sí, Edward – respondí y cortó inmediatamente sin despedirse.

Feliz por acostarme temprano, me quité el vestido y me puse un pantalón de yoga; por más que busqué en el vestidor no encontré ni una sola camiseta holgada, así que con la bata de baño encima, bajé las escaleras y fui en busca de Harriet.

–¿Podrías por favor darme del clóset de Edward una de sus camisetas y un par de calcetines muy gruesos? – casi le batí mis pestañas como Daisy Duck – no quiero que se moleste si meto la nariz en sus cosas.

–Claro Bella, ya empieza a hacer mucho frío y en ése vestidor tuyo no hay nada abrigador – dijo parando los labios como si estuviera enfadada pero luego sonrió. Minutos después entraba a mi habitación con un par de pijamas de franela, un par de camisetas y varios pares de calcetines gruesos.

–Ni siquiera notará que le hacen falta, además los necesitas – sonrió de nuevo y agregó – voy a servirte la cena, no te tardes.

–Harriet, no. Prefiero cenar contigo, si no te molesta…

–¿A mí? ¡Por Dios, criatura! Desde luego que no, pero de todos modos, pondré linda la mesa de la cocina, no a menudo tengo visitas a cenar – me guiñó un ojo y salió feliz.

Fue una cena adorable. Ni siquiera probamos la ensalada, cenamos el pato que había preparado con la salsa de higos y que según Harriet era el preferido de Edward; le había quedado tan rico que no resistí y pasé un pedazo de pan por todo el plato recogiendo la salsa. Literalmente me chupé los dedos.

Platicamos muy a gusto y me contó un poco de ella. Conocía a Edward desde que era un adolescente revoltoso, siempre había trabajado para su familia, pero cuando Edward decidió comprar esa gran casa, le pidió que se hiciera cargo de ella. Harriet era una mujer sola, no era mucho mayor que mi padre, había enviudado hacía unos 8 años y su único hijo era un prometedor biólogo que vivía en Australia. Lo veía dos veces al año, una vez Edward la mandaba allá de vacaciones y la otra, Erick venía a visitar a su madre. Harriet quería mucho a Edward y le hablaba con el respeto que según ella, él se había ganado a pulso…

–¿Pero qué puedo decirte yo si tú lo conoces bien? – me miró tierna y yo bajé la mirada – tranquila mi niña, ya irás conociéndolo mejor – dijo palmeando mi mano cariñosamente.

–Es tan difícil, Harriet… – le confesé.

–Reconozco que ha cambiado mucho, pero pronto verás que lo que te digo es cierto, él sólo tiene que darle tiempo a su corazón y comprender que no puede responsabilizarse por todas las cosas malas que sucedan – suspiró – pero yo sé que tú lo ayudarás, lo sé desde aquí – se llevó una mano al pecho.

–¿Por qué dices eso? ¿Qué sucedió? – pregunté intrigada.

–No creo que sea correcto que yo te lo diga, Bella, es un asunto que no me corresponde contarte.

–Lo entiendo – apreté su mano.

–Pero sé que no pasará mucho antes de que lo haga, tú eres diferente, él se siente diferente…

Le agradecí la deliciosa cena y la magnífica compañía. Me retiré a mi habitación. Después de cepillarme los dientes me metí bajo el rechoncho edredón y pensé en todo lo que Harriet me había dicho. Edward tenía un secreto que lo mortificaba. ¿Edward? ¿El poderoso Edward que yo conocía y que era más duro que nada? ¿Edward el indestructible?


En poco tiempo me quedé dormida. Me pareció que no había pasado mucho tiempo desde que cerré los ojos hasta escuchar la alarma de mi teléfono. Recordé que tenía que estar lista temprano con un pequeño equipaje sin olvidar las malditas botas bastardas. Me levanté deprisa y sentí la inconfundible llegada de mi indeseado visitante mensual. Rayos…

Instantáneamente, porque así sucede y es verdad, me puse de mal humor. Me di un baño y me maldije por no tener en cuenta que tenía 4 días de no estar tomando la píldora. Revisé los cajones del baño y por fortuna encontré varias cajitas de tampones. Terminé de vestirme, cerré la maleta y con mi bolso en mano, salí de mi habitación y me dirigí a las escaleras. Una vez abajo fui al comedor donde ya me esperaba Edward.

–Buenos días – dije al entrar, él se puso de pie al verme y se acercó a mi tomándome por la cintura y pegándome a su cuerpo. Me besó apoderándose de mi boca, invadiéndola con su lengua hipnotizadora mientras su mano se cerraba sobre mi seno izquierdo… afortunadamente no había sido el derecho.

–No llevas brassiere – susurró con voz ronca cerca de mi boca y volvió a besarme. Quise dar un paso a atrás, pero me pegó con más fuerza a él y dejé de intentarlo, poco a poco la intensidad del beso fue bajando y se separó de mí. Me miró de arriba abajo, jadeante aún – será mejor que nos demos prisa, no quiero salir muy tarde – retiró la silla para mi y él se sentó en su lugar.

Todo había vuelto a la normalidad, su trato hosco, sus miradas penetrantes, sus besos exigentes y sus ordenes, con la única diferencia de que no había mencionado castigos ni nada parecido. Terminamos de desayunar y Edward fue a su estudio, yo me despedí de Harriet y cuando lo vi salir, lo seguí. Las maletas ya estaban en el auto, el Volvo gris. Salimos a la carretera y puso música tranquila, no reconocí al cantante...

–¿Vamos muy lejos? – le pregunté por su preocupación por salir temprano.

–Iremos a Bath, está como a dos horas de aquí – me respondió sin quitar la vista de la carretera.

No pregunté nada más, me acomodé en el asiento y arrullada por la música poco a poco me quedé dormida. Me desperté al sentir que el auto se detenía y maravillada, vi un rebaño de ovejas cruzar un camino de terracería. Giré la cabeza y vi el paisaje más verde y más hermoso de toda Inglaterra. Frondosos árboles de varios tonos de verde y algunos ya bastante naranja y ocre por el otoño. Un puente de piedra sobre un río hacían que la vista pareciera idílica, casi una postal. Simplemente precioso.

–¿Ya casi llegamos? – pregunté un poco somnolienta.

–No falta mucho, duerme si quieres – dijo con un tono tan diferente a los que le conocía, que no quise dormirme y perderme si de nuevo volvía a hablar así. Seguimos unos 20 minutos más por el camino y giró el auto para entrar a una vereda muy bien cuidada y resguardada por unas rejas negras no muy altas. Una hermosísima casa de piedra se erguía al final de la vereda y nos fuimos acercando despacio, disfrutando del paisaje.

–Es muy hermoso – dije fascinada.

–Lo es – me confirmó en ese tono que me gustaba.

Edward detuvo el auto frente a la casa y bajé deprisa. Me dirigió una mirada de reproche por no haber esperado a que me abriera la puerta y me quedé muy quieta junto a él mientras bajaba las maletas. Se colgó al hombro su bolso de viaje y cargó la mía que no rodaba por el camino empedrado. Me tomó del brazo y subimos las pequeñas escaleras hacia la puerta. Entramos a la elegante, pero acogedora casa, estaba tibia por las chimeneas que mantenían el calor. Había jarrones con flores de colores muy alegres por todos lados. Los muebles no eran antiguos, pero si muy grandes y se veían muy cómodos. Muchos cuadros de paisajes adornaban las paredes y sólo un retrato con una pareja que no parecía muy mayor. Ella muy guapa con los ojos muy azules y él con el cabello oscuro y algo rizado.

Un olor a tarta de algo que no alcanzaba a reconocer llenaba la casa y un sonido de voces alegres provenía de algún lugar. Me pegué a Edward mientras ponía las maletas al pie de la escalera cuando escuché detrás de nosotros…

–¡Vaya! Yo creí que llegarían hasta mañana – esa voz…

Me giré y ahogué un suspiro…

¿¡Bella!?

Escuché a Emmett decir mi nombre mientras los rostros de Rose, Alice y Jasper me miraban atónitos, sorprendidos casi tanto o más que yo.*

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Hola Nenas! Creo que hay problemas y las notificaciones no están llegando. Por favor, vuelvan a registrarse para ver si por fin se soluciona este problemita y empiezan a llegar puntualmente. 
Un agradecimiento con todo mi cuore a mis colaboradoras estrella, Isita Maria que Betea espectacularmente y Nani que con su OjO experto aporta cada idea… que uf! Besitooo.

17 comentarios:

  1. Mil besos a todas ustedes chicas que cada semana ponen una sonrisa bien grande en mi boquita… CRIS, G_pattz, joli cullen, Nani, Tatypr, nydia, dracullen, Andrex, Alejandra… recuerden por favor registrarse de nuevo para las actualizaciones, MIL GRACIAS y UN BESO OBESO!

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  2. WAAAAAAAAAA:| memataras li esta espectacular me encanta :$ no no no mori con el final ya quiero y deseo que vuelvas a actualizaar quiero ver que pasa con los amigos de bella y Edward :)

    Sigue escribiendo asii eres excelente y me has llenado de mucho suspenso*-*

    Buenooo chaito y espero el proximo capitulo besos:D


    SallyMarcano~

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  3. HOLA LI!!! NO SABES QUE FELIZ ME HACES CADA VEZ QUE ACTUALIZAS TU HISTORIA..QUE AMABLE Y CONSIDERADA EN REGALARNOS ESTA ESPECTACULAR HISTORIA, QUE CADA VEZ NOS ENVUELVE MA....EDWARD QUE VAMOS HACER CONTIGO???...NO LE BUSQUES LA OTRA CARA QUE POR LO QUE SE VE SE ESTA FORMANDO EN ISABELLA...ELLA POR LO QUE VEO SE ESTA SINTIENDO AHOGADA...SIN LIBERTAD AUNQUE ELLA ESTABA CONCIENTE QUE TODO ESTO OCURRIRIA PQ YA SU AMO SE LO HABIA DICHO..POR OTRA PARTE EDWARD CREO QUE ESTA PASANDO POR UN MOMENTO QUE NO SABE COMO CONTROLAR Y QUE LO ESTA ARRASTRANDO COMO UNA OLA HACIA ELLA..OJALA PRONTO SE SEPA QUE ES LO Q ESCONDE EDWARD!!! GRACIAS AMIGA SOY FAN DE TU HISTORIA ME ENCANTAAAAAAAAAAAAA

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  4. Li ya me registre de nuevo a ver si llega comunicación, estare pendiente, y de este capitulo que te puedo decir, que hombre uffff, a veces me desespera y otras me desarma, pq tiene que ser tan rudo, un buen mordisco le daba yo y no digo donde jijijijijiji creo que no hace falta.
    Menuda sorpresa mmmm a ver que pasa ahora, Edward su sabía quienes son sus amigas o es solo casualidad?
    Un besote gordo mi niña

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  5. holaaaaaaaaaaaaa
    oye hablando de los problemitas, yo ya me inscribi al blog pero no me llegan las notificaciones y al volverme a inscribir, dice k mi correo ya esta registrado ¬¬

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  6. por cirto, woooooooooow de capi
    ahora si Edward se vio salvaje y Bella es una idiota, como permite que la trate asi? ¬¬
    ojala y ahora que su "relacion" salio a la luz no complique las cosas entre ella y la chicas
    yu por cierto
    Alice puede mandar al demonio a Jazz :D se lo merece el mendigo
    besitos

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  7. oh... por dios me morí. no me esperaba semejante final... la historia cada vez se pone mejor. ademas de que no entiendo que hace hay alice, luego no esta sola y dolida con jass por su actitud... ya estoy esperando el próximo capitulo :)... y pues ya me volví a registrar

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  8. por Dios Li!!! con cada capítulo me matas!!!!
    me encantó, quiero más!!!!

    besos

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  9. omg ahora se pone mejor
    esteedward no s salio abusador

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  10. omg!!! ke diran rose y alice??????????? bastante bueno, y obvio ke ed marco definitivamente a bella jajaja xoxo

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  11. OMG!!!! como nos dejas en este aprieto!!!!! uff de verdad estan todos???? oughh!!!!! me encanto!!! besos gigantes!!!
    XOXO

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  12. DIOS MIO, Li me has dejado sin respirar con las ultimas líneas de este super capitulo, ME ENCANTA tu historia y las fotos estan super!. Me es siempre agradable leerla. Esperando ya el otro capitulo jajaja.

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  13. Muero, apenas ayer empecé a el fic y estoy mas que fascinada y en loca espera del nuevo capítulo.Wow!!!intensa, super intensa la forma de escribir. Que historia!!!Me encanta

    Saludos

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  14. Hola linda gracias por publicar una vez mas y la verdad mereces mas que una sonrisa te mereces todo ya que con cada capitulo nos llevas a soñar maravillosamente con cada capitulo....Te quiero mucho no cambies....Besitos....

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  15. aww yaa qiero el proximoo capituloo!! gracias por regalarnoss estaa maravillosaa historiaa ;) es la primeraa vezz qee comentoo yayaya qiero el sig!!!;)

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  16. ahhhh ya quieroo el otrooo por favorrr jaja, como has dejado es final, quiero saber que le dicen las amigas a Bella. Me encanto el comportamiento de Bella en este cap, y la reaccion de edward wow.
    Me encanta esta historia, sigue Li, besos

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  17. Oh oh si que las cosas se pusieron muy interesantes pero a mi fuera de que se encontraran todos ahi en la casa lo que más me intrigo fue eso que dijo bella sobre que no tomo las pildoras durante cuatro dias Dx

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