lunes, 18 de julio de 2011

CAPITULO 9

Sueños Reales.

“Si vas a hacer algo relacionado con el sexo, debería ser cuanto menos genuinamente perverso.”
Grant Morrison.



–El desayuno se servirá a las 9 en la terraza…

Salió cerrando la puerta detrás de él y apenas lo hizo, estiré mi mano para encender la luz de la lámpara en la mesilla. Con la tenue luz observé mi cuerpo desnudo. Mi piel brillaba por una casi imperceptible capa de sudor, temblaba completa y mis piernas y mi vientre aún brincaban con pequeños espasmos resultado de la actividad que acababan de experimentar. Pasé una mano por mis senos, mi vientre, mis piernas y por último, por mi aún palpitante sexo desnudo para cerciorarme que era verdad que mi cuerpo acababa de despertar de un largo letargo.

Presioné mi mano contra él y una sonrisa de satisfacción apareció en mis labios aunque por dentro estaba sumida en un remolino de sentimientos encontrados; por un lado, acababa de vivir una follada de novela erótica, con todas las agravantes, y por otra, no entendía a Edward, su forma de ser, sus modos de hacer las cosas asustándome, no tomándome en cuenta aunque dijera lo contrario porque de ser así, no me hubiera tomado como lo hizo, dormida, aunque no me quejaba, sólo estaba confundida.

Un buen rato después seguía acostada en la cama sin poder conciliar el sueño. Por mi mente pasaban mil tipos de pensamientos todos muy diferentes pero el que más se repetía era el que sutilmente me susurraba al oído que todo estaba bien, que yo le pertenecía y que podía hacer con mi cuerpo lo que quisiera, que en ése momento él había decidido tomarme y yo no debía intentar buscarle un significado más profundo a eso porque no lo había. Simplemente él tomó lo que ya consideraba suyo porque yo así se lo había ofrecido.

***.

Bajé despacio las escaleras. No quería hacer mucho ruido con los tacones de mis zapatos contra el piso de mármol reluciente. Había elegido un vestido fucsia con falda amplia, muy discreto pese al color y pocos accesorios. No sabía si él iba a estar de acuerdo con mi elección, pero tomando en cuenta sus requerimientos para las cenas no me atreví a ponerme algo más casual esa mañana. Para mi sorpresa, al salir a la terraza él ya estaba sentado a la mesa con una taza de café y leía absorto el periódico.

–Buenos días – dije un poco nerviosa, me miró de arriba abajo verificando mi atuendo y tensó visiblemente la mandíbula. Se puso de pie y jaló la silla a su izquierda ayudándome a sentar.

–Buenos días, Isabella, te ves preciosa esta mañana – dijo sonriéndome con su arrogancia de siempre después de observarme detalladamente y me atreví a preguntar.

–¿Llegué tarde? – mi voz sonó angustiada, y lo estaba, de ninguna manera pretendía que me volviera a castigar como lo había hecho ayer.

–No, estás muy a tiempo – expulsé el aire de mis pulmones, aliviada – ¿Cómo amaneciste? ¿Alguna molestia? – dijo tomándome por sorpresa mientras tomaba de nuevo el periódico.

–Yo… eh… ninguna Señor, gracias – respondí titubeante y sentía como me ruborizaba por la pregunta tan íntima que me acababa de hacer.

–¿Qué pasa? – me miró haciendo a un lado su periódico.

–Na…da Señor sólo… – hice una pausa tratando de pensar con rapidez en una respuesta – es sólo que siento… que es una pregunta un poco personal.

Se reclinó en su asiento y mirándome con los ojos entrecerrados me dijo – permíteme sacarte de tu error Isabella, ya no tienes nada personal ¿Qué parte de eso es la que no has entendido?

Lo miré sosteniéndole la mirada, sorprendida porque no podía creer que mi vida me dejara de pertenecer hasta ese extremo.

–Yo necesito saber todo de ti, si tienes hambre, frío o hasta hipo y más te vale que te vayas deshaciendo de la idea de que aún piensas y decides todo sobre ti misma porque ya no es así ¿Has entendido? – inquirió enérgico.

–Sí, señor – respondí cerrando las manos en un puño sobre mi regazo – lo he entendido.

Él lo decía en serio, muy en serio. No podía creer que yo misma le estuviera entregando mi vida entera, que le estaba entregando mis deseos, sueños y aspiraciones para que hiciera con ellos lo que quisiera, para que los guardara en el fondo más oscuro de un cajón y los sacara solo cuando tuviera ganas de jugar con mi vida. ¿Estaba lista para entregarme tan incondicionalmente de esa forma? ¿Podría entregarme a él así de fácil?

–Ahora sé buena y sirve el desayuno, es domingo y el servicio tiene el día libre – se inclinó un poco hacia mí y puso su mano en mi rodilla subiéndola, acariciando mi muslo de una forma que hizo los latidos de mi corazón se trasladaran de pronto hacia un poco más arriba de donde Edward tenía su mano, me sonrió dulcemente y le sonreí de vuelta. Con ese aplomo que le caracterizaba, volvió a centrar su atención al periódico y me puse de pie, feliz porque en ese momento lo comprendí todo.

Como una revelación, esa sonrisa torcida y la fuerza de esos ojos verde jade fueron la respuesta a todas mis interrogantes. Estaba más que dispuesta a darle todo lo que me pidiera con tal de que me volviera a mirar y a sonreír de esa forma, con tal de sentir sus manos en mi cuerpo recompensándome por una buena acción mía que lo agradara, le daría todo con tal de que pudiera hacerlo feliz. Eso era todo lo que necesitaba saber, que él estaba feliz de tenerme a su lado.

Me dirigí a la cocina y al entrar me detuve antes de seguir. Iba a tener algunos problemas para ubicar todo en esa cocina que era tan grande como hermosa y muy moderna. La recorrí con la mirada y sobre la encimera encontré varios platos con sus tapas de acero brillantes como un espejo; las levanté para ver el contenido y había frutas, cereales, yogurt, jugo y di un brinco al escuchar a alguien detrás de mí.

–Perdón señorita, no era mi intención asustarla – se disculpaba la regordeta mujer – no quise irme sin prepararles el desayuno.

–Ah, no se preocupe y muchas gracias, ya estaba empezando a sufrir porque no sabía donde están las cosas en esta cocina tan grande…

–Harriet – dijo mostrándome una amplia sonrisa – trataré de decirle donde se encuentra todo mientras cocino el omelette y el jamón del señor ¿Usted qué prefiere?

–Yo estaré bien con la fruta y los cereales – me frunció el ceño. Para cuando terminó de preparar el desayuno de Edward yo ya tenía una cierta idea de donde se encontraban los utensilios principales y de todo lo que podría encontrar en la despensa y la nevera; me explicó también cómo le gustaba a Edward que se colocaran todas las cosas sobre la mesa y me ayudó a poner los platos en el carrito de servicio.

–Todo listo señorita Isabella – dijo colocando un pequeño florerito con una rosa roja.

–Sólo Bella, por favor – le pedí y asintió – gracias de nuevo Harriet – dije con unas ganas enormes de abrazarla por su ayuda y porque me inspiraba a hacerlo.

–Ah, no es nada – tomó su bolso lista para irse y se despidió de mí – hasta luego señorita Bella, que disfruten su desayuno.

Con mucho cuidado fui empujando el carrito de servicio hasta la terraza. Edward seguía concentrado leyendo imperturbable mientras iba colocando todo sobre la mesa y no fue hasta que puse el plato de su omelette frente a él y quité la tapa que no dejó el periódico a un lado para observar la mesa llena.

–Huele muy bien – dijo y lo tomé como una aprobación.

–Sí – contesté sonriente sentándome – Harriet es muy amable, yo no hice nada más que empujar el carrito – confesé mientras tomaba el bol del yogurt y quise morderme la lengua al terminar de hablar.

–A partir del próximo domingo tú te encargarás de hacer el desayuno, no sólo de ‘empujar el carrito’ ¿De acuerdo? Sé que Harriet te agradecerá mucho el poder irse desde temprano – dijo antes de llevarse el tenedor a la boca.

–Sí, señor.

Adorné mi plato de frutas con nueces y pasas sobre el yogurt, estaba por llevarme el primer bocado de fresas a la boca cuando sentí su mano en mi rodilla deslizándose lentamente hacia arriba, directamente al interior de mi muslo, abarcando gran parte de este con sus largos dedos que se movían en un masaje que estaba alterando mi cordura. Por fortuna mantuve el tenedor en la mano y no cayó al plato dejándome en evidencia al sorprenderme por esa caricia inesperada que calentaba poco a poco mi temperatura corporal. ¡Por Dios! No eran apenas ni las 10 de la mañana y Edward con tan sólo una caricia de su mano ya me tenía respirando agitadamente al sentirlo subir más y más acercándose a mi sexo.

–Come, Isabella – dijo en lo que fue más una invitación que una orden y haciendo uso de la poca razón que me quedaba, toscamente piqué de nuevo la fruta con el tenedor, pero volví a dejar quieto el cubierto por miedo de ocasionar un desastre ahí – ¡come!

Repitió sutilmente y como una persona que recién recuperaba la función motriz, fui llevándome a la boca pequeños trocitos de fruta para no correr el riesgo de atragantarme con su atrevido e incitador contacto. Intentando establecer un ritmo constante de mi respiración, perdía la concentración de su conversación; sabía que decía algo interesante pero no podía entender nada, estaba perdida entre el suave susurro de su voz y la calidez de su mano que al llegar por fin a mi sexo, se quedó inmóvil al sentir la tela de seda de mis bragas. Retrocedió un poco y se mantuvo en un masaje ligero en mi entrepierna, pero que a mi me causaba un deseo, un calor, un desespero que solo podría calmarse con algo más y por ningún motivo estaba dispuesta a pedírselo.

Y ahí me encontraba yo, en medio de un desayuno del que no estaba siendo consciente y un poco falto ya de conversación, junto a un Dom que la noche anterior me hizo llegar al cielo y en ese momento poco faltaría para que perdiera todo mi pudor y le rogara que me tomara, que me poseyera y que acabara con esa agonía que amenazaba con consumirme.

Mi cuerpo lo quería, lo deseaba y no estaba muy segura de poder resistir mucho más si permanecía con su mano en mi entrepierna. Pensaba en eso justamente e invocaba al cielo que me diera fuerzas para controlarme cuando sus dedos retomaron el camino a mi centro moviendo hacia un lado la tela de las pequeñas braguitas que usaba y tocando mi montículo desnudo. Aspiré aire y ahogué un gemido provocando que sus dedos se hundieran en mis pliegues. Edward parecía no inmutarse y desde luego tampoco tenía ningún problema para continuar desayunando sólo con una mano, dominaba perfectamente bien sus movimientos y ciertamente, una de ellas me estaba llevando directamente a la perdición esa mañana.

–No me gustaría que tuvieras hambre en un rato más – dijo calmadamente – haz un esfuerzo y come.

Sus dedos se movieron de arriba hacia abajo y de pronto tocaron mi clítoris. Cerré los ojos y jadeé levemente, estremeciéndome en mi asiento, desconectándome de todo a mi alrededor, pero así como llegó su mágico toque, así se fue. Despacio retiró su mano resbalando por mi piel hasta llegar a mi rodilla y ahí permaneció. Unos segundos después, respiraba profundamente; con torpeza y temblorosa, intentaba llevar más fruta a mi boca para satisfacer su petición. Logré terminar el plato, y no porque hubiera estado decidida a hacerlo sino simplemente porque no notaba si masticaba algo y mucho menos si pasaba por mi garganta o no.

Pese a todo, ese fue el mejor desayuno que había tomado en mucho tiempo porque al fin sentía que estaba donde quería, al lado de Edward que me estaba haciendo despertar en un mundo diferente lleno de emociones y cosas nuevas, me estaba haciendo ver todo con otros ojos pero sobre todo, estaba haciendo realidad mis fantasías.

Al terminar ambos de desayunar, Edward volvió a tomar el periódico y como si lo que ocurrió hubiera sido lo más normal, de nuevo se concentró en leer sus noticias y cuando tuve la seguridad de que ya mi sistema poco a poco volvía a funcionar, me puse de pie para empezar a levantar todo de la mesa.

–¿Que estás haciendo Isabella? – su dura voz me tomó por sorpresa.

–Es…toy recogiendo todo… Señor – respondí algo nerviosa aún mirándolo extrañada por su pregunta.

–No te he dado permiso para levantarte de la mesa, así que vuelve a sentarte – sin dudar lo obedecí sentándome de nuevo y dejando ligeramente abiertas las piernas. Los minutos pasaron y Edward seguía inmerso en su periódico y yo, yo sólo admiraba el jardín tan pulcramente cuidado lleno de rosas rojas que para ésa época del año era un misterio que permanecieran aún florecientes, resignada que a que el momento candente hubiera terminado.

Fueron pasando los minutos y mi cuerpo se relajó completamente, aunque no estaba aburrida, empezaba a desesperarme al estar sentada sin hacer nada. Mi pierna empezó a moverse sin que yo lo hiciera a drede y después de un rato, Edward bajó su periódico y me miró para después dirigir su mirada a mi pierna que inmediatamente dejé de mover. Iba a decirme algo, pero fui salvada por su móvil que en ése momento comenzó a sonar. Se puso de pie para tomar la llamada, alejándose de mí. Lo vi sonreír y asentir varias veces y otras negar con la cabeza para volver a sonreír después de finalizar la llamada, pero conforme fue acercándose a mí, su rostro fue tomando su seriedad habitual.

–Ya puedes levantar la mesa Isabella – dijo entrando a la casa – te espero en media hora en el cuarto de juegos – ¡El cuarto de juegos!

***.

EDWARD’S POV

Una llamada de Emmett interrumpió mi gozo anticipado. El muy maldito también sería mi socio en el proyecto de Brasil y como aún no definíamos cual sería el concepto, me llamaba cada vez que alguna idea se le cruzaba por la cabeza y esa vez no fue la excepción, pero finalmente parecía que había encontrado un tema bastante atractivo y que tenía mucho potencial ya que la idea no había sido explotada como se debía y nosotros nos encargaríamos de eso.

–Tenía esperanzas de que ese trasero de ensueño te agotara y no me jodieras hasta mañana – me quejé bromeando.

–Y me tiene hermano, me tiene extenuado, pero no podía dejar de contarte mi idea… oye ¿Estás solo verdad? – preguntó intuyendo algo.

–No, y me estás interrumpiendo, así que si eres tan amable… – lo corté, pero fue inútil.

–No puedo creerlo ¿Es la misma chica de la que nos contaste la otra vez? – resopló – todavía no se enfrían tus sábanas con Tanya y ya metiste a otra a tu cama, – se carcajeó descaradamente – eres mi ídolo.

–¿Les conté? – pregunté irónico – ¿Mis sábanas? ¿Mi cama?

–¡Ay, no puede ser! ¿Sigues con esa puta idea de no dormir con tus sumisas en la misma cama? – fruncí el ceño – no tienes ni una idea de lo que te estás perdiendo, eres un pendejo.

–Gracias por la observación, pero no necesito tus consejos, yo me manejo como se me da la gana, así que si no te importa…

–Está bien, ahora déjame contarte mi idea…

–No. Ninguna idea, estoy ocupado, hablamos mañana – dije decidido.

–Mmm, de acuerdo, no te interrumpo más, sigue con tu nueva mascota, que disfrutes su entrenamiento, porque estás en eso ¿No? – siguió indagando.

–Emmett… – sentencié.

–Espero que pronto se te pase la emoción por la novedad, te pones tan insoportable en esa etapa que ni tú te aguantas – dijo como si yo mismo no lo supiera – pobre chica, lo que debe estar sufr…

–¡Suficiente! Ella está aquí por propia voluntad – dije a punto de revelarle que en esta ocasión no cacé sino fui cazado – ¡Ve a domesticar a la tuya y déjame en paz!

–Bueno, mmm, verás…

–No… no me digas que aún no se lo has dicho. Eso Emmett, se llama engaño y es la forma más baja de engatusar a una mujer, y tú lo estás haciendo, no estás jugando limpio, si es que se puede hacerlo en esto, y ella no se lo merece – lo regañé – Jasper tiene razón, se te va a salir de las manos y te vas a quedar solo.

–Claro que no, tengo mis razones para hacerlo, no quiero que se vaya, solo estoy suavizando el camino, no tiene nada de malo hacer eso – dijo excusándose.

–Me acusas de mis formas de conducirme y mírate. Tú si que no has aprendido nada en todo este tiempo.

–Aghh, mejor te dejo, creo que nunca volveré a llamarte en un fin de semana, te sale lo persignado y te pones histérico y regañón.

–Sólo te hago ver que estás cometiendo un gran error, es por tu bien y por el de ese trasero de ensueño – me reí.

–Deja ese trasero en paz, es mío, tú ya tienes el tuyo y si no estoy equivocado ya debe haber conocido tus objetos preferidos para dar nalgadas – dijo algo escamado – ve a atenderlo, te dejo…

Corté la llamada con Emmett. Estaba cien por ciento seguro que su estrategia no le iba a funcionar, además se estaba dejando llevar y si no tenía cuidado acabaría enamorado y eso era tan peligroso como caminar al filo de un abismo. Sacudí ligeramente la cabeza y al darme la vuelta para regresar a la mesa, sorprendí a Isabella mirándome intrigada. Tuvo mi permiso para levantarse, recoger todo y le di media hora para encontrarnos en el cuarto de juegos. Si no conociera ya las expresiones de su rostro, hubiera pasado desapercibida la emoción que se reflejó en sus ojos con ese brillo particular. Fruncí el ceño y me retiré a mi despacho. Eso no me gustaba nada, no era muy buena señal. No me daba buena espina. Tenía un presentimiento, como con Emmett y su chica de que algo no saldría bien de todo esto, que alguien iba a salir lastimado y ese desde luego, no iba a ser yo. Pero por más oportunidades que le daba para alejarse de esta vida oscura, más parecía atraerle y más decidida se mostraba a entrar en ella, tanto que hasta llegó a dormir en el suelo a las puertas de mi habitación, esperando por una reacción mía.

Había aguantado también los azotes de su primer castigo y lección mientras yo me encendía haciendo un esfuerzo sobrehumano por controlarme y no tomarla ahí mismo de la única forma que calmaría ese fuego abrasador en mi interior, duro y fuerte. Pero eso no ocurrió hasta que esa misma noche, después de enterarme de quién era hija, rondaron en mi cabeza mil teorías de porqué una mujer que lo tenía todo, buscaba insistentemente formar parte de una vida que distaba mucho de estar de acuerdo con la personalidad que aparentaba tener. ¿Pero no me estaría equivocando y en lugar de gritarme su inocencia clamaba por sumisión?

Ya me había negado lo suficiente y ella había tenido sus oportunidades, ahora solo tenía que dar el siguiente paso, poseerla. Así sellaríamos el trato y entonces ya no habría marcha atrás, sería mía de todas las formas posibles y con solo saberlo me sentía más fuerte y poderoso y como no hacerlo si esa misma noche me había confesado que tenía siete largos años sin tener ningún tipo de contacto sexual. Ella me había elegido y con mucho gusto y placer acabaría con su celibato. No fui rudo, al menos esperaba no haberlo sido, pero estar frente a un cuerpo dispuesto a complacerme como yo quisiera nublaba mi capacidad de control. Así me había sentido, obnubilado por su inocencia, porque al fin y al cabo la tenía. Era un lienzo virgen para mí, para plasmar lo que quisiera en él.

Y esa misma mañana, vaya que si había disfrutado mi desayuno poniéndola nerviosa. Ese rubor en su rostro al intentar controlarse ante mis caricias juguetonas y perversas, porque ése propósito tenían, volverla loca con mis modos retorcidos y que la pequeña aún no conocía, pero lo haría y ya no tenía hacia donde huir, ya no podía, ya era mía.

Media hora después, Isabella me esperaba de pie junto a la puerta del cuarto envuelta en su bata negra de seda, descalza y con una coleta, miraba hacia abajo y mantenía una posición sumisa. Apreté la mandíbula y entré antes que ella, me paré junto a la mesa y di una palmada sobre ella indicándole que subiera. Obedientemente se acercó e iba a subirse, pero aún tenía la bata encima. Levanté una ceja y negué despacio con la cabeza.

–Cada vez que entres aquí Isabella, estarás desnuda y tendrás el cabello suelto a menos que te indique lo contrario – dije mientras la despojaba de la tela de seda y rozaba sus hombros con la yema de mis dedos – ahora sube – palmeé de nuevo la mesa y ella subió ágilmente sentándose en la orilla.

–Recuéstate en el centro y estira los brazos y las piernas – se colocó como le pedí mientras sacaba un pañuelo de uno de los cajones; los ojos vendados aumentaban la excitación, la anticipación y desarrollaban sus sentidos al mantenerlos alertas todo el tiempo.

–Hoy Isabella, aprenderás sobre el control – puse el pañuelo alrededor de sus ojos y lo até; de inmediato su respiración comenzó a hacerse más profunda haciendo que sus senos subieran y bajaran, estaba notablemente inquieta ya – es algo a lo que tendrás que habituarte, a dominar tu cuerpo, tus emociones y tus miedos. Se necesita de mucha práctica, pero para eso estamos aquí, para practicar las veces que sean necesarias para educarte, para que logres ser una buena sumisa.

–Sí, señor – respondió rápidamente mientras aseguraba cada una de sus muñecas a las esquinas de la mesa con una cuerda suave.

–Ahora solo hay algo que necesito que me digas antes de continuar – hice una pausa al mismo tiempo que iba recorriendo con un dedo desde sus senos hasta sus muslos, esquivando su sexo – ¿Hay algo con lo que te sientas verdaderamente incómoda? ¿Qué sea absolutamente un límite para ti que no deba ni de acercarme?

Aseguré uno de sus tobillos a una esquina tensándolo al igual que el otro para dejarla expuesta para mi. Isabella probó la firmeza de las ataduras al moverse un poco alterada pero se calmó a medida que respiraba hondamente.

–Es de vital importancia para mí saberlo y para ti también, ya sabes que no debes tener vergüenza ni pena por nada – acaricié con suavidad su vientre mientras admiraba su centro brillante por la excitación – confía en mi Isabella, no podremos seguir adelante si desconozco que situaciones son las que debo evitar contigo – caminé hasta donde estaba su cabeza y me incliné para susurrarle al oído e inspirarle confianza.

–En una relación como la nuestra Isabella, no debemos dar por sentado nada. Yo soy tu amo y soy quien da las órdenes en los juegos, pero siempre circunscritas a los límites pactados previamente contigo. Dentro de esos límites yo soy quien tiene absoluta libertad de movimientos, yo soy quien toma las decisiones y no podré saltármelas bajo ningún motivo si tú no lo permites.

–Aquí también tenemos reglas y son sumamente importantes para una buena y duradera relación. Las tres más básicas son: Sano, Seguro y Consensual. Siempre. Y para eso debo saber tus límites, para hacerlo de esa forma.

–¿Tendré una palabra de seguridad? – preguntó tan despacio que casi no la pude escuchar.

–De hecho tendrás dos – rozaba su mejilla con el dorso de mi mano – una es de precaución para indicarme que estoy acercándome a tus límites y que debo cambiar mi juego más no detenerme, y la otra es de alto total y significa que no deseas continuar. Ésta última es definitiva Isabella, si la llegas a pronunciar todo se termina, se disuelve nuestro acuerdo y sin más qué decir se acaba todo.

–¿Puedo elegirlas ahora mismo?

–Puedes elegirlas cuando tú sientas la necesidad de hacerlo, si te hace sentir más segura tenerlas ya, hazlo.

–‘Rubíes’ será mi palabra de precaución – dijo con voz más alta y confiada al saberse segura – y ‘Corazones’ será mi palabra de alto total.

–Rubíes y Corazones, no las olvidaré Isabella, confía en mí – le repetí y ella asintió.

–Sí, señor.

–Ahora dime qué es lo que representaría para ti una amenaza a tu comodidad y a tu seguridad ¿Qué es lo que debo evitar contigo? Habla Isabella.

Apenas terminé de hablar, su cuerpo que había permanecido intentando moverse a pesar de estar bien asegurado sobre la mesa, se quedó quieto.

–El sexo oral.

En un murmullo apenas perceptible pronunció esas tres palabras que me dejaron perplejo. ¿El sexo oral? ¡El sexo oral! ¿Cómo podía decirme eso? ¡A mi! Que tanto disfrutaba proporcionándolo, que era uno de los mejores y más grandes placeres en la vida…

No, no. Yo tenía que hacer algo para cortar de raíz con ese trauma y así enseñarle lo bello y natural que era, que significaría un gozo para ambos, que era una buena experiencia. ¡Diablos! Ahora quería matar a alguien, a ése patán que había hecho que mi pequeña alumna odiara algo tan delicioso. Aflojé mis manos cerradas en un puño y las pasé por mi pelo. Necesitaba calmarme para no excederme con Isabella, tenía que ser ‘dulce’ con ella por decirlo de alguna forma y darle la seguridad que necesitaba.

–Quiero que estés tranquila y que sepas que no me acercaré a ti en ese sentido – le dije suavemente al oído – ahora, pon atención y concéntrate en lo que vas a sentir. No quiero que te muevas ni que hagas ningún tipo de ruido, deberás permanecer quieta y callada, si no lo haces… tendrás que elegir entre algún objeto de los de ayer, sólo recuerda que tal vez duela mucho más el día de hoy por lo sensibles que deben estar tus hermosas nalgas y no seré suave con ellas. Ah y por supuesto Isabella, no te puedes correr sin mi permiso. ¿Entendido?

–Sí, señor – volvió a responderme en un susurro que me excitó llegando hasta mi entrepierna través de una corriente que golpeó mi polla causándome un dolor que para mi experiencia y mi control, era demasiado temprano para sentirlo. Miré su cuerpo detenidamente tendido para mi ahí sobre la mesa, temblaba un poco y tenía las manos apretadas y rígidas en puños para minimizar un poco sus nervios y su ansiedad. Sus senos permanecían firmes a pesar del movimiento involuntario de su cuerpo y sus rosados picos estaban erectos en toda su gloria. Molesto, giré y fui hacia los cajones por algunos implementos que me ayudarían con la segunda lección. Tomé una pequeña caja que contenía un vibrador de forma oval y me acerqué a Isabella.

***


BELLA’S POV

Lo sentí moverse por la habitación; escuché cómo abría y cerraba varios cajones. Estaba tan nerviosa o tal vez era ansiedad, no lo sabía, solo sentía que si no me calmaba, mi cuerpo ya rígido comenzaría a hacer ruido al golpearse contra la mesa y me haría merecedora a un par de nalgadas.

–¡Quieta ya, Isabella!

Su orden en un grito me asustó y brinqué sorprendida. Hice un esfuerzo por calmarme mediante mi respiración y durante casi un minuto no escuché nada más que el aire que entraba y salía por mi boca pero eso no me relajó, al contrario, aunque eso significaba que tal vez estaba sola en la habitación, me puse más nerviosa hasta que el ruido de una máquina pequeña capturó todos mis sentidos. Mi cuerpo se tensó involuntariamente e intenté agudizar mi oído para saber en qué parte de la mesa se encontraba y por ende en donde me tocaría primero y con qué. Noté de pronto que su aliento tibio rozaba mi cuello y mi ombligo se contrajo al sentir el contacto de algo redondeado sobre él. El objeto vibraba y supe inmediatamente de qué se trataba aunque de nada me serviría porque en ese momento la lección era otra y si seguía sin poder concentrarme al día siguiente tendría que ir a trabajar con un cojín en el trasero.

Los movimientos circulares y ondulatorios pasearon alrededor de mi ombligo, a veces hacía un poco de presión y otras apenas tocaba mi piel. Subió por mi torso y se acercó a mis senos, uno a uno los rodeó hasta que llegó a mis pezones erectos sin calmar con el toque su dolor, ése sólo se calmaría con su boca, como lo había hecho la noche anterior, quería sentir esa calidez, esa… oh Dios, la vibración se detuvo y en menos de dos segundos ya estaba vibrando entre mis piernas, en el interior de mi muslo izquierdo para ser más exacta. Suspiré profundamente y un calor conocido comenzó a formarse en mi vientre. El temblor se trasladó a mi muslo derecho y al mismo tiempo, sus dedos rozaban de arriba abajo mis pliegues que estaban anegados de mi pura excitación. Ahogué un jadeo cuando con sus dedos los abrieron dejando vulnerable mi centro palpitante totalmente expuesto ante él. El vibrador avanzó hasta mi clítoris y con pequeños toques hizo contacto con él. Yo quería moverme, gritar, arañar pero en alguna parte de mi cerebro sabía que no podía, que no debía.

El creciente deseo se hacía cada vez más y más grande dentro de mí y estaba segura que sería mi perdición esa mañana pero no me importaba, solo quería poder liberarme de él cuando llegara el momento. Antes de que pudiera darme cuenta, todo el contacto paró y ya no sentía ni el vibrador, ni sus dedos tocándome pero ni así podía relajarme porque la potencia del deseo no era poca. Escuché movimiento detrás de mí, por mi cabeza, y la moví tratando de percibir con mayor claridad lo que hacía.

–La próxima vez no te advertiré Isabella – dijo con un tono de voz diferente, como… no sabría como describirlo, un poco ronco y más grave tal vez.

Me quedé lo más quieta que pude y respiraba por la boca minimizando un poco el ruido del aire entrando y saliendo de mis pulmones y de mi cuerpo. Colocó algo, como un recipiente cerca de mi cabeza y se puso a horcajadas sobre mi. Aún tenía puesto ese sexy pantalón negro, sentí la tela contra mi piel lamentándolo secretamente.

–Ahh – gemí y arqueé mi cuerpo al sentir frías gotas correr por mi cuello y cerca de mis orejas distrayéndome de mis arduos intentos por mantenerme obediente arruinando mi lección por el poco control que tenía de mi. Al principio fueron gotas en mi cuello que luego fueron bajando hasta convertirse en un constante goteo helado que recorrió mi torso, hizo una piscina en mi ombligo, paseó por mi vientre y luego… jadeé sonoramente al escurrir las gotas frías por mi ardiente y latiente sexo que se contraía cada vez que se sentía tocado por una lágrima helada que lo quemaba, mis manos se cerraban y abrían como resultado de mi desesperación. Quería más, necesitaba más porque ese fuego que crecía cada vez más velozmente, acabaría por calcinarme.

Edward volvió a subir por mi cuerpo y acarició mis senos con un cubito de hielo. Los rodeó con él y lo presionó contra mis pezones que ya los sentía tan duros como dos rocas filosas y mucho más adoloridos que antes. Entonces, ya anestesiados por el hielo, algo muy cálido los atrapó. Era su boca que los chupaba con fiereza, succionándolos, lamiéndolos, alongándolos entre sus dientes creando un contraste maniático que se llevaba con él toda mi cordura. Las caricias de opuestas sensaciones se alternaban en mis senos mareándome y dejándome sin voluntad, moviéndome y ahogando gemidos y jadeos lo mejor que podía pero en realidad, ya no me esforzaba tanto, no me salvaba del castigo y ya solo me quedaba disfrutar ¿Para qué luchar?

Comencé a moverme más, restringida por las ataduras cuando ya no lo sentí sobre mí. Caminaba alrededor de la mesa como un felino saboreando a su presa antes de clavarle las garras y los colmillos. A mi oído acerco un objeto que sonaba raro. No tenía ni idea de qué podría ser y aunque puse toda mi atención no pude descifrar de qué se trataba.

–Esto, Isabella – su voz rompió mi concentración – es un ‘pinwheel’. Es un círculo con puntas muy finas, un poco más gruesas que la punta de un alfiler y se usa para dar placer o proporcionar un castigo dependiendo de la presión que ejerza en tu piel. ¿Tú cual crees que te merezcas? – en ese instante todo mi cuerpo se tensó y aspiré mucho más fuerte por la boca.

–Creo que está de más decirte que si te mueves, puedes hacerte daño ¿Verdad? – no respondí – ¿Verdad Isabella?

–S-si S-señor – tartamudeé asustada por la información que me acababa de dar, por el peligro que representaba para mi si no le obedecía.

Sentí que se paraba detrás de mi cabeza y no me equivoqué porque de pronto sus manos estaban sobre mis senos masajeándolos y apretándolos con fuerza, se cerraban sobre ellos queriendo atraparlos y mis pezones que se colaban entre sus dedos eran pellizcados con el masaje. Gemí sin proponérmelo y sus manos repentinamente dejaron de tocarme. Sin hacer ruido y confundiéndome, se movió y con atención esperé su próximo contacto. Esta vez se fue hacia mis piernas pero no fueron sus manos las que lentamente subían por mi muslo derecho. Fue el artefacto extraño que pinchaba al ir rodando por mi piel. Podía sentir sus finísimas puntas y eran tal cual las había descrito Edward para mi, filosas y peligrosas, pero fue excitación lo que sentía correr por mis venas y no miedo, fue calor lo que recorría mis pliegues y me inundaba, eran unas ganas locas de moverme buscando una fricción que calmara mi hambriento deseo y pudiera explotar en un orgasmo que me venía tentando desde hacía ya un rato.

El ‘pinwheel’ pasó de mi muslo a mi montículo, robándome un jadeo sin que me importara mucho. Rodeó mi ombligo y subió por entre mis senos. Con una lentitud desquiciante rodó alrededor de mis pezones y luego siguió por mi cuello hasta mi boca y ya no pude controlarme. Necesitaba un roce desesperado entre mis piernas, con urgencia, tenía que liberar esas llamas que amenazaban por consumirme sin piedad, tenía que acabar con ese deseo calcinante de una vez…

–Por favor – rogué cuando alejó el objeto de mi boca – por favor.

Se escuchó el sonido de algo que se caía y antes de que pudiera darme cuenta, Edward estaba aflojando las ataduras de mis manos y continuó con las de mis tobillos desatándolas completamente. Jaló mis piernas hasta dejar mis nalgas en el borde de la mesa, tomó mis muslos y los colocó alrededor de su cintura y la sorpresa por lo que venía me dejó sin habla. Me penetró de una fuerte estocada, entró hasta el fondo, sin miramientos ni conmiseraciones. Grité por la bruta y nada delicada invasión, grité de miedo…

–Ahora sí, Isabella – gruñía entre cada empellón – ¡Grita! Grita que quiero escucharte.

La sorpresa por la manera ruda con la que me estaba tomando me tenía incapaz de hacer nada, solo una imperceptible aspiración escapaba de mi garganta cada vez que entraba en mi pero se perdía entre sus gruñidos. Sus embistes eran tan fuertes y me llenaban tanto que apenas y podía emitir sonido alguno. Entró y salió de mi varias veces, todas con la misma intensidad y yo, no pude reaccionar, me abandoné al choque entre nuestros cuerpos y entonces, se tensó, jadeó fuertemente y un calor inundó mi interior, derramándose en mí.

Edward dejó de moverse y se recostó sobre mí, con la cara entre mis senos respirando aún muy agitado. Yo estaba tan quieta como una piedra, sin querer ni respirar siquiera. Muy despacio se incorporó y se alejó de mi dejando mis piernas caer colgadas sin fuerza de la mesa.

–¿Ya ves que si puedes hacerlo? No te corriste Isabella, buena chica – dijo irónico respirando todavía con dificultad.

Desató mis muñecas y sin quitarme el pañuelo de los ojos, me tomó en brazos y me depositó en la cama, abrió una puerta y escuché correr el agua. Minutos después regresó junto a mí y me quitó al fin el pañuelo húmedo por las lágrimas que no noté que salieron de mis ojos pero no los abrí. Me llevó al baño, me metió a una bañera y él entró junto conmigo. Me lavó con delicadeza, con suavidad, pero no hablaba y yo tampoco, no creía que pudiera hacerlo en ese momento y no quería, no después de eso.

Me envolvió en una tibia bata y también en brazos me llevó a la que era mi habitación. Volví a cerrar los ojos y me coloqué dándole la espalda. Edward estaba en el clóset, salió de él y con otra toalla secaba mi pelo. Me vistió con ropa de deporte y me dejó sola. Yo simplemente no pensaba, solo estaba ahí, acostada esperando que el tiempo pasara cuando lo escuché entrar de nuevo y ubicarse detrás de mi. Su mano acarició mis nalgas y yo no moví ni una parte de mi cuerpo. Siguió frotando su mano por mi trasero y mis piernas hasta que dijo con esa voz suave y tierna.

–¿Tienes hambre? ¿Quieres hacer algo en especial?

Ése no era el mismo Edward que me había follado un rato antes, no podía ser tan cambiante, tan opuesto al insensible que me había tomado sin consideración.

–Yo… – articulé como pude – yo quiero irme a casa.

***

Casi una hora después estaba en la puerta de mi apartamento, como una zombie abrí y sin girarme para despedirme porque no se lo merecía, empujé la puerta con el brazo, pero esta no se cerró. Algo la amortiguó y volteé la cara para ver qué coño era lo que le impedía cerrarse. Medio cuerpo de Edward era el motivo. Lo miré sin ningún tipo de emoción y al ver que entraba y cerraba detrás de si…

–¿Qué piensas que estás haciendo?

–Me gustaría que siguieras siendo respetuosa Isabella, no olvides cual es tu lugar y ya que preguntas… voy a quedarme esta noche a cuidarte.*

*

*

*
¡Nenas! Martes de actualización. Mil gracias a mi Beta maravillosa Isita María y a PattinSonWorld.
Besitoo
Li

19 comentarios:

  1. Anónimo, Vris, Daniella, Nani, DraCullen, Nydia, Chusrobissocute, G-Pattz, Alejandra, Lau, aLeJaNdRa, Anónimo y SallyMarcano… millones de gracias por sus comentarios, ya saben que adoro leerlos y además me hacen el día, la semana, el mes!
    Espero que les haya gustado el capitulo y que me igan diciendo que les parece la historia.
    Besitoss Nenas y hasta muy prontito.
    Li

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  2. Amie como siempre me pasó por el blog, pero paso a dejar mi huellita...me encanta tu blog amie y las imagenes son el complemento perfecto para cada parte de la historia...=)

    besitos amie
    Isita

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  3. wow ke rudooooo, bueno sí, la lastimo (y no solo hablo de lo fisico) pero bueno, el ke busca encuentra y bellitaa lo encontraste, obvio no es justificacion, pero el señor no pudo controlarse, creo ke se excedio un poco o tal vez mucho y bueno creo ke el debió haber tomado en cuenta ke bella apenas está en proceso de aprendizaje, en fin veremos si bells sigue adelantes, ademas primero la lastima y despues le dice ke se kedará a cuidarla?? osea malditoo bipolar!!!! yo eso en lugar de tomarlo a bien y decir ahhh mira ke tierno ke me cuide lo mandaría bien lejos y ke me saludara a esme jejeje, pero bueno desgraciadamente no soy bella verdad jejejej XD. por otro lado sexo oral???? osea bella debes de estar realmente traumada, ke rayos te hicieron??? mmm intuyo que nadamas ed lo intente contigo y te convenzas veras lo ekivocada ke estabas. ahssss kiero seguir leyendoooooo!!! saludos :D

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  4. Me encanta la historia, y por supuesto me encanto el capitulo, definitivamente vale la pena esperarte, y mas si nos sorprendes con semejante capitulo, besos nena!!!!!

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  5. WOW!! increible en verdad!! pobre Bella... en verdad que rayos le hicieron... :S... espero con ansias el siguiente capi!!!!

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  6. HOLA AMIGA CLARO QUE DEJAREMOS NUESTRO COMENTARIO PORQ NOS REGALAS UNA TREMENDA HISTORIA...NO LE HACE FALTA NADA ESTA REBUENISIMAAA...NO FALTABA MAS!!!...EDWARD EDWARD QUE VAMOS HACER CONTIGO??? NUESTRO BIPOLAR DOM!!!! JEJEJE... ME ENCANTA COMO PONE A BELLA A MIL POR HORA Y LA POBRE BELLA SE QUIERE COMO QUE DAR CONTRA LA PARED..DIOS DEJARLA ASI Y LUEGO APARECERSEEN SU APARTAMENTO JEJEJEJEJ BUENISIMOOO...ESPERARE EL OTRO COMIENDOME LAS UÑAS PARA NO DECIR Q HASTA A LOS DEDOS LLEGARE JIJIJI MENTIRA MENTIRA PERO SI ME TENDRA COMO LOCA PORQ LLEGUE RAPIDO EL OTRO CAPI...SALUDOS Y QUE TENGAS UNOS DIAS BELLOS!!!

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  7. a cuidarla????? yo lo mandaría al demonio!!!!!
    que hombre tan bipolar, por Dios!!!! pero quien se cree? sí su amo, eso lo sabemos pero Bella no aguantará tanto sin ninguna justificación o algo personal de Edward a cambio que le explique por qué es así.
    El capítulo ha estado de infarto y he releído y releído partes totalmente excitantes, uffff que fuerte, me ha encantado.

    besos

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  8. Tengo el mismo cabreo o más que ella en estos momentos uffff, que duro, que frio a veces ... pero ya cambiara ya jaja ... lo intuyo ! Gracias cariño, un capitulo maravilloso como siempre, y nada nada aburrido, siempre es especial leerte. Espero que ella sepa llevar esto pq hay que tener un par de ovarios para entender un poco a este hombre, ya se que es así y de eso se trata pero con mi genio uffff, creo que no soy nada sumisa jaja o si??? bueno depende de quien sea mi amo. Besitos cielo

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  9. bueno bueno, edward creo que deberia tener un poco mas de tacto despues del sexo con bella, nos mete unos desplantes que madre miaaaaaaaaaa, aun tengo guardado en la memoria a las 9 se sirve el desayuno en la terraza...creo que bella está dañada y este tipo de relacion... jajajaj pobre mujer, necesita algo de ternura, puede haber equilibrio no? creo q edward debe aprender eso, si en verdad quiere y debe cuidarla, no obstante seguro que esta enfadado por el limite que le puso, jajajajja, cuidala como se merece que igual lo modifica... besos preciosa

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  10. WOOOW! O_O ín-creí-ble! me encantaaa! <3 muy rudo, pero me gusta :3 jajaja me gusta cómo escribes, soy nueva por aquí! pásate por mi blog si quieres :) http://iwannadowhatbunniesdowithyou.blogspot.com/ un beso! <3

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  11. ajajjaja a cuidarte xd bella no sirve para sumisa se mira manasa pero tiene n genio de los mil demosnios pobre me encanto

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  12. xq no habias suvido nada la semana pasada? jajaja me qede intrigadaa!! bno ia k se jnunten todos aver k pasa!!! k emmet y jasper sepan kien es la chika kn la k ha estado edward!! hhahah me muero d ganas x saber k hacen hahaha lol uuuii ia quiero haha

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  13. dios pero claro qu enos encanta esta historia es genial aunque este Edward si que es bipolar y que rudo la forma que lo hizo que hasta la lastimo y despues como si nada se queda en casa de ella y lo peor es que ella se lo busco....Me encanto,sigue asi cariño....Besos,,,

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  14. ohhhh... edward fue un poco brusco con la pobre de bella, pero lo que si quiero ver es cuando Rosalie se entere de que emmet no es el caballero de brillante armadura que ella cree que es. pero lo que si realmente me intrigo fue el echo de que no le gusta el sexo oral ¿? dinos por que porfaaaaa XD

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  15. ey! buen capitulo... publica pronto, me has dejado con ganas de seguir leyendo. me encanta tu historia porque a pesar de que Bella quiere ser sumisa, igual pone a Edward en su puesto...

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  16. Buen capítulo, y buena historia, desde que habías terminado la otra historia que no ingresaba y ahora me he puesto al día.
    Lo único que te puedo decir que aunque EDWARD sea bipolar, me gusta esta nueva imagen que le diste, sale del tipico Edward, todo respetuoso y caballeroso...
    Felicidades y espero que con el paso de los capítulos se vaya aclarando porque Edward y Bella hacen esto...

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  17. Li, tremenda historia me encanta me habia quedado atras unos capitulos pero ya me puse al dia. omg, creo que esta relacion de Edward y Bella es super diferente y me encanta, aunque presiento que va a haber un giro. Y cuando los tres amigos se encuentren con las parejas oohhh quiero verlo. Espero con ansias el proximo capitulo. Besos

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  18. DIOOOOS LOO AMEEE APENAS LO LEOO Y MEE ENCANTOO... aunquee estavez fue muy rudoo con la pobre isabellaa... o.o

    Li escribes espectacular y bueno esta demas decirte que meencantan tus historias :3 besos y sigue asi*-*<3

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  19. OMG!!! se va a quedar a cuidarla??... si claro y yo soy caperucita roja Dx me has matado con semejante capitulo

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