lunes, 23 de mayo de 2011

CAPITULO 4

CAPITULO 4

¡Si, si!

Estaba muy decidida y con muchas ganas de enrollarme con el Señor, solo que no tenía ni la más mínima idea de cómo hacerlo, ni siquiera se me ocurría como acercarme a él, además ¿Qué le diría? “Hola, soy Bella y quiero ser tu sumisa” ¿Así le diría? ¿Cómo podría proponerle que me tomara como su nueva chica para cumplir sus oscuras pasiones? ¿Y si ya tenía una? ¿Y qué sucedía con aquella otra chica que lloraba en el “Nasty”?

¿Estaba loca? Si. Al menos una parte de mi, la racional, me lo gritaba desesperada al oído y la otra, la irracional y desenfrenada que nunca usaba y que siempre se quedaba al borde de todo, me animaba y me secreteaba que siguiera adelante, como el diablito en las caricaturas. ¿A quién hacerle caso?

¡A la irracional y desenfrenada desde luego!

OK. Usando un poco de lógica ya que era necesario, pensaba que no tenía nada que perder y si mucho que ganar. No involucraría mis sentimientos y solo lo haría para que al fin, por lo menos de este modo pudiera experimentar y vivir lo que tanto anhelaba y lo que en mis sueños se repetía constantemente una y otra vez de una manera tan vívida que cuando me despertaba a punto de estallar de placer, casi lloraba de frustración al sentir cierta parte de mi cuerpo adolorida. Ya no quería más de esos despertares, ya no quería seguirme imaginando o leyendo como sería.

Si mis sueños me provocaban tales reacciones ¿Cómo sería el despertar una mañana entre sus brazos? Enrollada en su cuerpo, agotada después de una intensa noche de placer donde yo le ayudaría a cumplir sus más secretas fantasías… como sería sentir el calor de su contacto cuando sus manos recorrieran mi cuerpo para su deleite, sus labios sobre los míos probándolos insaciables, volviéndome loca de deseo…

Sin duda, no iba a dejar pasar la oportunidad de convertirme en una carta blanca para él; en materia maleable para que él me modelara a su entera satisfacción, en alumna ávida de sus enseñanzas, en su aprendiz, su amante obediente, su sumisa…

Pero ¿Y él me aceptaría? Después de las dos únicas y desafortunadas veces que nos habíamos encontrado, eso era muy improbable. Y eso solo pensando en su actitud hacia mi, ahora faltaba ver si para obtener ese, para mí tan preciado puesto, debía cumplir con algunos requisitos como decían mis novelas. Que si tenía que ejercitarme, comer bien, firmar un acuerdo de confidencialidad… ¿sería todo eso verdad? Ciertamente eso no sería para mí un impedimento, haría lo que fuera necesario para cumplir mi deseo.

                                                                            ***

–Mmm hoy te veo igual de cansada pero no sé, algo tienes – Jane que tenía un ojo crítico me analizó - ¡Cuéntame!

–Para nada Jane, sigo igual – me dejé caer en el asiento.

–¿Sin dormir? – inquirió enarcando una ceja.

–He logrado dormir un poco mejor – le sonreí y encendí mi computadora para empezar a trabajar y dar por concluido su escrutinio – ¿Qué tenemos para hoy?

El día avanzó, así como la semana y para mi alivio, el tener claras mis ideas y un objetivo en la mira, me liberó de las constantes distracciones y pude realizar con tranquilidad mi trabajo y lo que era mejor ¡Disfrutarlo! Hicimos de nuevo algunos logotipos, papelería para dos negocios nuevos y como si fuera un regalo del cielo, el viernes hicimos las invitaciones para colocación de la primera piedra del Gran Palace Hotel & Resort y que desde luego pertenecía a Edward Cullen.

Esa era mi oportunidad. Era el encuentro ideal para hacerle mi proposición. No podía desperdiciarla. Estaba muy contenta así que esa noche llamé a las chicas para salir y aunque no les diría jamás mis planes, esa era mi forma de festejar con ellas la futura y próxima realización de mi deseo prohibido.

–Que bueno que tu trabajito de “mentiritas” te dio un respirito – la sarcástica Alice no podía dejar de hacer su sutil comentario – creímos que dejaríamos de verte otro par de semanas y te tendríamos que rescatar de entre impresoras y cartuchos de tintas.

–Pues ¿Sabes? estoy taan feliz con mi trabajito de “mentiritas” que por eso quise salir a pasar una noche con mis “amigas” pero la próxima vez, tal vez decida invitar solo a Jane porque es la única que me comprende y sabe lo mucho que me esfuerzo y que me gusta mi trabajo.

–No le hagas caso Bella, está enojada porque su inmaculado abogado le dijo que no acostumbraba visitar lugares como éste – dijo Rose lanzándole a Alice una mirada de reproche – es un tarado, deberías borrarlo de tu mapa.

–Nunca estuvo en él – se encogió de hombros – pero no niego que me hubiera gustado tener un encuentro muy cercano con Whitlock, algo tiene ese hombre que me hipnotiza.

–¿Entonces de plano te dijo “no gracias”? – pregunté.

–Cuando me llamaste estaba con él y escuchó que quedábamos para salir, me preguntó si salía muy frecuentemente con mis amigos y le dije que lo normal, me emocioné por su interés y le dije que viniera esta noche con nosotros pero el muy engreído me dijo que no solía venir por estos rumbos, que no era su costumbre acudir a lugares como éste – el rostro de Alice empezó a subir de tono – ¿Estás de acuerdo que es un maldito “snob”? ¡Que se folle a sus putas y caras cortinas!

Rose y yo no pudimos aguantar las carcajadas – lo bueno es que desde un principio supiste que era un pesado y no te hiciste castillos en el aire.

–Eso si, por eso esta noche, ahogo mi pena con una cerveza, tú festejas tu alegría por tu trabajito y Rose se ama con su súper hombre ¿Ves que divertido? – ordenó cínicamente levantando los hombros.

Nos aproximamos al Soho House, que era nuestro destino y una vez dentro, nos instalamos en una buena mesa. El lugar estaba tan lleno que el mesero nunca llegó hasta nosotras, Alice fue a la barra por la primera ronda que fue de cervezas y cuando Emmett por fin se apareció, con tan solo levantar la mano, los meseros se acercaban a nuestra mesa. Hmmm, qué bueno era salir con alguien con influencias.

Después de la cerveza, los shoots de tequila aparecían como por arte de magia en mis manos y ¿Quién era yo para rechazarlos?

–¡Salud por los idiotas! – brindó Alice – porque no saben de lo que se pierden no viniendo a estos lugares.

–¡Salud por los arrogantes engreídos que te miran feo! – saqué desde el fondo de mi corazón.

–¿Y eso de donde viene Bella? – Emmett le daba un trago a su tequila – ¿Un ex novio acaso?

–¡Ja! Ojala, ésta de pronto se volvió tan miedosa – Rose suspiró con nostalgia – y era tan divertida y atrevida Emmett… era mi ídolo.

–¿Y qué pasó intrépida? – Emmett quiso curiosear.

–No… yo no… – me tomó por sorpresa su pregunta.

–Se dio cuenta que no existían los príncipes azules de los cuentos – Alice me interrumpió – y se cerró como caracolito ¿Verdad Bella? Eso de los arrogantes no sé de donde lo sacó pero no importa, le queda perfecto al snob de Withlock ¡Salud!

–¿Whitlock? – preguntó Emmett extrañado – ¿Jasper Whitlock? ¿El abogado?

–¿Lo conoces?

–De toda la vida, es amigo mío y no es ningún snob, eso te lo puedo jurar, de hecho, ahí viene – Emmett se levantó y chifló agitando la mano. Si Alice tenía alcohol en su sistema, éste se evaporó al girar la cabeza y ver al hombre rubio que se acercaba a nosotros con una sonrisa en la cara.

–¡Já! ¡Salud por el snob! – levanté mi caballito de tequila – ¡Ay, mira! Viene con una cortina enrollada al cuello y tiene una cara de satisfacción…

–¡Cállate! – dijo Alice entre dientes y sentí que me pateó bajo la mesa. Estaba transparente y de inmediato se puso nerviosa; era extremadamente raro ver a Alice así, por lo que me dispuse a disfrutar la escena y guardar todo en mi memoria, que aunque me fallaba mucho, estaba segura que eso si lo guardaría fielmente.

–Emmett – saludó el snob y luego nos miró aguantando una risita.

–Hey Jasper, que bien que llegaste viejo, mira, ella es mi hermosa Rose – se acercó y le dio un beso en la mejilla – ella es Bella – me señaló y recibí también un beso de su parte – y ella es Alice, son las mejores amigas de Rose – se inclinó para darle un beso a Alice pero…

–Lo siento – ella giró la cara esquivando los labios de Jasper – pero no acostumbro a saludar de beso a los tipos que conozco en bares como éste.

–Alice – la tomó de los hombros y le sonrió de una forma adorable – era una broma chica dura – dicho eso se acercó a ella y dejó un casto beso en la comisura de sus labios. Un beso casto pero lleno de intención, hasta yo podía sentirlo. Ella quedó como nos había dicho antes, hipnotizada, y no se quejó ni hizo nada por rebelarse, si se hubiera tratado de otro chico, Alice ya le hubiera derramado una cerveza en la cabeza.

¡Qué divertido era ver a Alice así! Calladita y obediente… sumisa.

Sumisa…

–¡Otro tequila!

–Bella, ¿Te sientes bien? – me preguntó Rose al oído.

–Como nunca Rose, de verdad estoy muy contenta y quiero un tequila más.

Resultó que al cabo de un rato, mis amigas estaban muy entretenidas con sus respectivas parejas y yo no planeaba seguir ingiriendo alcohol y festejando en solitario. Decidí irme a casa, ya había salido, me había divertido y la pasé muy bien con ellos así que no le veía el caso a quedarme haciéndoles mal tercio o quinteto en este caso.

                                                                             ***

–Ahora si Bella, explícame tu repentino interés en acompañarme a la colocación de la piedrita – sentía los ojos azules de Rose estudiarme de pies a cabeza.

–¿Qué tiene de raro? Nunca he asistido a algo como esto, me pareció interesante – dije con toda la honestidad de la que pude echar mano.

–Hasta para mi es aburridísimo, esto es sólo puro tonto protocolo, para hacerlo oficial – puso cara de fastidio – si por mi fuera estuviera en otro lado…

–Si, ya sé donde, pero no me lo digas, así está bien.

–¿Desean tomar algo las señoritas? – preguntó un mesero.

Rose hizo una negativa con la mano pero yo si pedí una copa de vino blanco porque para llevar a cabo mi propósito iba a requerir de mucho valor y eso lo obtendría del mágico poder de una o dos copitas de vino, no más. Sólo necesitaba valor, pero al paso que iba y con mis nervios sin desaparecer y en notable aumento, tendría que tomarme la botella entera, bueno, no era para tanto, solamente me temblaba todo el cuerpo, mis piernas las sentía tan débiles que creí que no me sostendrían y mis sudorosas manos parecían unas maracas vibrando incontrolables y eso sin contar con que el Señor, ni siquiera había llegado.

El terreno donde se construiría el hotel era enorme. Se veía que las primeras operaciones para la construcción ya habían empezado; a simple vista se veía un espacio libre de rocas, arbustos y la tierra ya parecía estar lista para ser removida para la cimentación. Nos dirigimos hacia una de las muchas filas de sillas colocadas sobre la superficie de grama artificial. Una gran carpa blanca protegía esa área por si la lluvia caía, resguardando muy bien a las personas requeridas al evento y que esperaban impacientes la llegada de Edward Cullen.

–¿Y Emmett? – pregunté para aplacar mi nerviosismo.

–Iba a venir pero está ocupado en otra construcción, quería presentarme a un amigo – se encogió de hombros – ya será en otra ocasión.

Sonreí pero estaba segura que en lugar de una sonrisa, esbocé una mueca rígida con mis labios. Tenía que relajarme si quería seguir adelante con mi descabellada idea. Miré a mi alrededor. El sitio estaba lleno de gente impaciente, arquitectos, empresarios, socialités, artistas… no tenía idea de que a tantos les interesara estar presentes para ser testigos del inicio de otro fructífero negocio del Chico de Oro, como le llamaban muchos gracias a su particular don de convertir todo lo que tocara en un éxito millonario. Todos querían su rebanada del pastel y se asegurarían de tenerla de una forma u otra.

–¿Y Alice?

–Jasper la invitó a comer ¿Puedes creerlo? – entrecerró los ojos – está enganchada con su “snob particular” y él con ella, se han visto y hablado durante toda la semana.

–¿En serio? – abrí muy grandes los ojos – eso es fantástico ¿Porqué no me lo habían contado?

–Te hubieras enterado desde antes si nos hubieras contestado las llamadas – me reclamó – ella quería decírtelo, te llamó muchas veces – me miró con una ceja levantada – está enojada contigo.

–He tenido mucho trabajo – traté de excusarme.

–¿Recortando caritas de las revistas? Vamos Bella, odio que te encierres en tu mundo novelesco, ya no lo hagas… por favor.

–No lo he hecho, de verdad he estado muy ocupada y ni tiempo para leerme una de mis apetecibles novelas he tenido.

–Bella...

–Si Rose ya sé, “Vive, vive” y eso es precisamente lo que voy a hacer – en ese momento quise morderme la lengua por haber pensado en voz alta.

–¿Qué quieres decir? – me miró confundida.

–¿Qué es ese revuelo Rose? – agradecí la distracción que también a mí me llamó mucho la atención.

–Ah, ya llegó el señor Cullen – se puso de pie, como todos los que estábamos ahí y estiramos nuestros cuellos para poder verlo llegar rodeado de todo un séquito mientras un barullo de voces, las cuales todas tenían algo que comentar sobre él, se dejaba escuchar.

¡Vaya que si era engreído! Su séquito de gorilas camuflajeados con carísimos trajes lo rodeaba impidiendo “discretamente” que se acercaran a él; se veía que estaban entrenados más que sólo para eso, eran altos, musculosos y sus ojos miraban en todas direcciones mientras el Señor caminaba desbordando poder y frialdad a su paso.

Dios… era imponente, frío o no, arrogante o no, era… maldita sea, no tenía ni palabras para describir lo que ese petulante me provocaba con tan solo verlo desplazarse de ese modo. Su perfecto traje hecho a la medida seguro ocultaba un cuerpo con músculos muy firmes y bien definidos… ¿Tendría muy velludo el pecho? Y sus muslos ¿estarían como a mi me gustaban? No me gustaban flacos, torneados y fuertes si… ¿en qué iba a meterme Dios mío? Esperaba que en su cama, entre sus brazos y con sus piernas entre las mías…

“Bella, Bella ¡despierta!” me reprendí a mi misma pero no podía salir de mi fascinación al ver la seguridad que emanaba ese hombre ¿Qué se sentiría al tener toda esa atención? A toda esa gente esperando por él. Pasó a varios metros de distancia; claramente vi su perfil de perfecto dios pagano y su mandíbula angulosa algo tensa. Su mirada al frente, altiva; su cabello era una insolente rebeldía que parecía una corona cobriza que dejaba claro su estatus de rey…

–… te lo juro Bella – finalizó Rose con una risita alguna idea que no escuché.

–¿Decías?

–¡Já! Tú también tienes las bragas en el suelo – dijo divertida – y no es para menos, ese hombre inalcanzable incita a eso y mucho más.

–¿Qué tan inalcanzable? – la miré por el rabillo del ojo.

–Oh no, no me digas que te gusta.

–Es guapo.

–Si pero… – se encogió de hombros y arrugó la nariz – no es como para alguna de nosotras, créeme.

–¿Por?

–¿No lo ves? Alice se quejaba de Jasper pero este si es en verdad un pesado de lo peor, ni él mismo se soporta, además él no tiene chicas, tiene accesorios.

–No entiendo – negué con la cabeza.

–Shhh calla, ya va a empezar – y el barullo fue atenuándose para dar inicio al evento.

“Bienvenidos sean todos ustedes esta tarde en la que celebraremos la colocación de la primera piedra del Gran Palace Hotel & Resort…

El ministro de economía siguió con su discurso; honestamente se me hacía excesivo tanto alboroto por un hotel y aún más como para que el ministro de economía fuera a dar su visto bueno.

–No me habías dicho que esto era tan importante Rose – me acerqué a ella murmurando.

–Claro que si, no te imaginas la inversión, es monstruosa y toda hecha por Cullen – me respondió de la misma forma.

–¿No hay otros inversionistas?

–Si pero son mínimos, dicen que no le gusta compartir – lo señaló con la mirada, era su turno para hablar y después de los aplausos, se hizo un expectante silencio… todos queríamos oírlo. Con movimientos fríos y parecía que hubieran estado calculados, se colocó detrás del atril; con un leve asentimiento de cabeza comenzó…

“El Gran Palace Hotel & Resort, es un proyecto ambicioso…

¡Oh Dios mío esa voz! podría hacer resbalar todas las bragas de las mujeres ahí presentes hasta los tobillos y sin darnos cuenta.

… ya que no sólo pretende ser el más importante del país sino de todo el continente europeo por eso, repito, es muy ambicioso más no imposible. Ha sido muy bien pensado y planeado con el único fin de llegar a este objetivo, brindando a nuestros huéspedes todos los servicios rodeados del máximo lujo con que se pudiera soñar sin hacer de éste complejo algo inaccesible, es ahí donde radicará el éxito, pero claro, sin dejar de lado la privacidad y exclusividad que se merecen…”

Gracias a Dios que estaba sentada porque no estaba muy segura de no haber llegado al suelo si hubiera estado de pie. Edward Cullen era el orador más cautivante que había conocido en mi vida, bueno, conocido no era tal cual la palabra exacta… todavía. Tenía escuchando atentas a las más de 300 personas ahí reunidas y parecía estar dándonos una cátedra sobre cómo y porqué, su hotelito iba a ser un éxito. Eso, de alguna manera me empujaba a no ceder ante mi idiota idea, el imaginarme entre los brazos de Edward Cullen, obedeciendo sus órdenes, siguiendo las demandas de su hipnotizadora voz pidiéndome despojarme de mis ropas… no, tenía qué hacerlo, no tenía nada qué perder, todo lo contrario.

“… creará también innumerables fuentes de trabajo, y además como todos ustedes saben, los empleados de Cullen Organization gozan de los mejores beneficios tanto en salud, vivienda y educación, esto, aunado a un ambiente de trabajo inmejorable los motiva a desempeñar su trabajo con la mayor eficiencia y eficacia…”

–Escucha eso – siseó Rose y yo la miré intrigada – el tipo hablando de un lindo ambiente de trabajo y todos los que trabajan cerca de él dicen que solo le falta ladrar, es un perro.

Edward Cullen miraba sin ver a nadie en particular. Sus verdes ojos no manifestaban interés en nada. Viéndolo así era muy fácil creer lo que decía Rose pero cuando su mano de piel tan pálida, pasaba alguna que otra vez por su cabello, como si fuera un tick, era tierno… ¿Tierno? Estaba pensando en que el hombre que yo quería me diera un par de nalgadas y me poseyera con fuerza ¿Era tierno?

Iba a tener una charla muy seria con mi almohada porque esos eran polos opuestos. No podía estar pensando en ternura con ese hombre cuando claramente yo buscaba otra cosa y no eran caricias tiernas y suaves ni susurros al oído. Yo quería, yo necesitaba más.

Siempre lo supe. De todas las novelas que leía las que más me gustaban eran donde el protagonista hacía sufrir a la cándida chica indefensa, en las que el apuesto galán era algo más brusco e intenso y unas cuantas nalgadas, brazos y piernas atados y alguna que otra perversión dominaran el panorama de la heroína, pero siempre con el mismo y feliz final… ellos terminaban juntos y el amor vencía por sobre todas las cosas.

¡Si, si si! Eso justamente era lo que yo quería aunque sabía a lo que me exponía. Estaba plenamente consciente de que lo que yo leía, eran novelas de amor y sabía que en la vida real todo era diferente y por supuesto mucho más crudo, pero no me iba a echar para atrás. Yo realmente quería que Edward fuera mi dom personal… de nuevo más aplausos y su discurso había terminado. ¡Que idiota! Por estar soñando despierta me perdí de su enigmática forma de hablar, de moverse…

–¿No crees que la vida es injusta? – me susurró Rose girando ligeramente su rostro hacia mi.

–¿Qué? ¿Por qué lo dices? – le respondí del mismo modo ladeando la cara.

–Porque hablando de su físico ya que el carácter es tema aparte, es injusto que existan hombres como ése y nosotras solo los podamos admirar de lejos, que no podamos tener ni siquiera una probadita de su cuerpo.

–Si, está hecho a mano, como dice Alice – dije divertida – yo a él no le decía que no, es guapísimo.

–Mira esa espalda y ese pecho – me dijo Rose casi en secreto – debe ser una plancha de acero y ¿Con qué se funde el acero? – levantaba las cejas repetidamente – tú lo sabes muy bien… con caloor Bella, con caloor – dijo imitando una voz sensual.

Solté una fuerte carcajada y todos, todos los ojos se voltearon hacia mí. Todas eran miradas molestas con ceños fruncidos pero nunca tan molesta como la de esos ojos verdes que me fulminó con una brutal intensidad por varios interminables segundos ¿Por qué no dejaba de mirarme? ¿Por qué no miraba hacia otro lado? Sentí el calor ir de cero a cien en un segundo por todo mi cuerpo pero en especial en mi rostro, pintándolo de un color rojo carmesí debido a la vergüenza. Quería que se abriera la tierra y me tragara por haber interrumpido con mi estruendosa risa un momento tan sublime como el de la silenciosa polea que colocaba la absurda y ridícula piedra en el suelo.

Estuve a punto de ponerme de pie y huir pero no podía ponerme aún más en ridículo, necesitaba salir de ahí sin hacerlo tan evidente pero no iba a poder pasar desapercibida de ninguna manera, no había modo de que eso fuera posible con todos atentos a mis movimientos. Cuando por fin sus ojos encontraron otro punto al cual enfocarse, “su piedra”, me sentí aliviada.

–Vámonos Rose – le supliqué casi de forma imperceptible – por favor.

–No puedo Bella, mis jefes están aquí, no puedo irme antes que ellos – apretó mi mano – esto no tardará mucho, unos 20 minutos, no más, te lo prometo – no tenía salida, tendría que hacerme un ovillo en mi silla y rogar porque crecieran plantas a mi alrededor que me bloquearan de la vista de todos.

Más aplausos, todos comenzaron a ponerse de pie y de nuevo el barullo. Respiré tranquila porque pronto podría salir de ahí aunque sin haber logrado mi objetivo. Era una lástima pero parecía que la suerte nunca estaba de mi lado… Oh no, no, no, esta vez no iba a ser así.

–Acompáñame Bella, tengo que acercarme.

–¿A quién? – pregunté con la esperanza de tal vez poder llegar a él.

–A mis jefes ¿A quién más?

–Mejor te espero aquí sentada, no quiero volver a cometer una estupidez, estoy muy apenada – la miré con ojos asustados, nunca me fallaban con Rose – no me moveré de aquí.

–Ok, ahora vuelvo – dijo mientras se alejaba.

Cuando se perdió entre toda esa multitud, yo me dirigí hacia donde se encontraban aparcados los autos y limusinas de algunos asistentes y el que era de mi interés, el auto de Edward Cullen. Mis ojos recorrieron con rapidez buscando el impresionante auto negro al que le había visto subir la noche que salía del “Nasty” pero no había ninguno como ese. ¡Maldita sea! ¿Es que había ido hasta allá a pie? Era un campo en medio de la nada por Dios.

Enseguida busqué el auto que se viera más listo y presto para salir de ahí pero lo único que se veía con esas características era una limusina. El motor no estaba encendido pero su chofer estaba junto a la puerta del conductor preparado para subir a la primera indicación y dos enormes gorilas como los de su séquito flanqueaban la puerta por donde subiría su ocupante. No había duda, ésa era.

Me quedé junto a unos árboles artificiales que tenían la suficiente altura como para protegerme de verme como una loca sospechosa con un arma en la mano y esperé hasta que el barullo se hizo más intenso, eso sólo significaba que el Señor ya venía de salida. El chofer subió a su puesto y uno de los gorilas ya tenía la mano en la puerta listo para abrirla. Me acerqué a la limusina cuando se encendió el motor y algunas personas y fotógrafos con cámaras en la mano rodearon el vehículo. Solo fueron unos pocos segundos los que pasaron hasta que llegó a unos pasos de la puerta abierta para él, salí detrás del gorila que le sostuvo una carpeta y antes de que subiera…

–Señor Cullen – dije con mi más ingenua, tierna e infantil voz. El Señor giró su rostro y me miró entrecerrando los ojos, pero no pude decir nada más porque en esta ocasión, no estábamos en un club ni en un salón de fiestas con luz tenue, aquí había suficiente luz del día como para notar su expresión letal y no nos separaban varios metros de distancia como unos momentos antes, me había acercado demasiado a él como para sentir su aversión hacia mi.

Con ese poder que solo su mirada podía proyectar, me dejó de nuevo inmóvil y sin ser capaz de emitir ni siquiera un atisbo de voz. Uno de sus gorilas colocó un brazo frente a mi para evitar que lo tocara y él apartó su mirada subiendo deprisa a su lujosa limusina y saliendo de ahí a toda velocidad. Por fortuna había demasiada gente alrededor y mi percance pasó inadvertido para todos, al menos eso quería pensar.

–¡Bella! ¡Bella! – oí la voz de Rose gritarme desesperada.

–¡Aquí! – levanté la mano para que me ubicara mejor, ojala no hubiera notado nada – ¡Aquí!

                                                                            ***.

Una semana después estaba sentada sola en un café con el periódico en las manos buscando una próxima aparición del Señor.

¿Acaso no me había bastado todo lo ocurrido?

Claro que no. ¿Desde cuando una Swan se daba por vencida? ¿No decían todos los que me conocían que era la persona más terca sobre la tierra? Pues no iba a decepcionarlos, no señor.

Estaba consciente de que mis encuentros con él no habían sido muy afortunados pero no me harían quitar el dedo del renglón, así que no tenía porqué rendirme, yo siempre luchaba por lo que quería y yo quería ser una sumisa. La sumisa de Edward Cullen para ser exactas y para acabar rápido. Debía reconocer que durante todos esos días también consideré la opción de abandonar mi objetivo pero la deseché inmediatamente; pensé también en buscar otro prospecto pero no, yo lo quería a él ¿Por qué? No lo sabía. No quería ser la sumisa de nadie más, tenía muy claro que solamente me interesaba la sumisión si era con él, con nadie más.

Después de tanto y tanto discernir conmigo misma, me pareció responsable de mi parte hacer un poco de investigación sobre el BDSM. No podía seguir adelante solamente teniendo una idea generalizada del tema pero era tanta la información, que terminaba confundida y a veces algo asustada por algunas imágenes que encontraba por la red así que decidí no seguir hurgando y preferí que Edward me enseñara lo que él considerase que debía aprender. Una sumisa debía confiar en su amo ¿No?

¡Oh! Ahí estaba.

                                                                             ***.

–¡Cuéntamelo todo Bella!

–¿Todo qué Jane?

–¿Te viste al espejo esta mañana? – me miraba inquisitiva, lo que no era nada raro en ella – tienes una sonrisa enorme en la cara o sea que me tienes que contar el motivo.

–Ah es eso – dije como si no tuviera importancia mi buen humor – pues no es nada solo que descansé durante todo el fin de semana.

–¿Ya no has tenido insomnio?

–No, ya duermo toda la noche a pierna suelta.

–¿Y pesadillas? – insistía.

–Ni pesadillas ni nada – le confirmé.

Ni pesadillas ni nada que no fueran unos fríos ojos verdes que después se tornaban cálidos y unos suaves labios que recorrían mi cuello con hambre, devorando cada centímetro de la piel bajo ellos, haciéndome estremecer.

Si me levantaba enojada pero ¿Quién no lo haría si deseara que el sueño continuara y solo se quedara hasta ese punto? Que no avanzara. Era un poco demasiado frustrante para mi pero lo que me alegraba el día, era saber que esa frustración tenía los minutos contados.

–Ay Bella que bueno, ya me tenías preocupada; no dormir es muy malo para salud – me sonrió.

Me conmovió que se preocupara por mi. En el poco tiempo que llevábamos trabajando juntas, además de hacer una buena mancuerna nos habíamos hecho muy amigas. Era una chica transparente que no podía ocultar sus sentimientos ni sus reacciones. Si decía algo, esa era la pura verdad; a algunos no les agradaba tanta franqueza pero a mi si, y yo creía firmemente que a quien no le gustaba que le hablaran con la verdad, era porque no podía lidiar con ella, punto.

El lunes por la tarde llamé a Alice y a Rose y las invité al Ham Polo Club en donde se llevaría a cabo un partido a beneficio de varios hospitales infantiles de Londres. Como aceptaron encantadas, no perdí ni un momento en comprar los boletos que tenían un precio estratosférico por ser para una buena causa y desde luego confirmar nuestra asistencia al almuerzo que se ofrecería al finalizar el partido. Estaba feliz porque no iría sola, estaría acompañada de mis refuerzos.

Esa semana a pesar de que teníamos mucho trabajo, los días no se me hicieron nada pesados. Salía algo tarde de la agencia pero llegaba a casa muy contenta, cenaba y me acostaba a dormir para soñar con el dueño de esa malévola mirada. Me levantaba de buen humor así hubiera logrado verlo en mis sueños o no, sabía que el sábado lo tendría frente a mi, en carne y hueso y no solo formaría parte de un vago recuerdo nocturno.

Pocos fueron los momentos en los que sentí que estaba a punto de cometer una locura, pero me repetía que si por algo no me había atrevido a actuar antes, es porque me había hecho falta motivación. Y Edward Cullen era toda la motivación que necesitaba para salir de mi letargo. Todavía no podía comprender muy bien como era posible que un hombre que jamás había tenido hacia mi ni un solo gesto amable me incitara a desear que me tomara como su pupila. Luego recordaba las palabras de Rose y sabía que no estaba equivocada, yo tenía que dar ese paso.

“¡Vive!”

El viernes por la noche cenamos en el apartamento de Alice. Nada formal porque ella no cocinaba mucho. Unos sándwiches eran el platillo principal del menú en esa ocasión, acompañados de una botella de vino y una bolsa de papas fritas que me detuve a comprar en el camino.

–Ahora si pequeño demonio, cuéntame como va lo tuyo con tu “snob” favorito – le ordené mientras me acomodaba en los cojines que tenía en el suelo.

Alice suspiró y puso los ojitos en blanco – ay niñas, niñas, niñas… este hombre no tiene nada de “snob”, nada de tímido pero eso si, como les dije, tiene un puto autocontrol que tira al mío por la ventana, es increíble, maravilloso – volvió a suspirar.

–Me lo imaginé – dijo Rose limpiando un tarro ya vacío de mermelada con el dedo – no nos llamaste por días, supuse que estabas atada a las manecillas del Big Ben…

–¿Qué haces Hale? – la interrumpí.

–Es el postre Bella ¿Quieres un poco? – me acercó el tarro a la cara – te alcanza para una chupada.

–Giac, no. Ya tiene toda tu saliva, y hablando de chupadas ¿dónde está Emmett?

–Trabajando, esta semana ha estado muy ocupado, solo nos pudimos ver 3 noches – casi hizo un puchero.

–¡Solamente! – abrí los ojos burlona – no quiero pensar cuando no puedan verse la semana entera.

–Y tú, diosa del acero ¿Cuándo tendremos el gusto de hacerte este tipo de preguntas?

–Yo Alice… – me puse de pie y me dirigí a la puerta con mi bolso al hombro – aún estoy buscando al indicado, nos vemos mañana chicas.

Salí cerrando la puerta tras de mí y antes de llegar a las escaleras escuché que gritaron a coro…

“¡El partido de polo!”

                                                                               ***.

Al verme al espejo no pude más que estar complacida con mi elección. Unos pantalones perla muy rectos y angostos, una blusa con un discreto lazo bordado en rosa al igual que mis zapatos, chaqueta y mi bolso Prada. Me hice una coleta alta y me puse los aretes; me veía muy coqueta y femenina. Solo esperaba que alguien más pensara lo mismo.

Quedé en verme con las chicas en el club, solo esperaba que fueran puntuales. Al llegar, me di una última mirada en el espejo de vanidad y comprobé que mi escaso maquillaje estuviera en orden. Bajé de mi auto y me encaminé a la entrada principal. Las personas iban y venían saludándose unas a otras, platicando, bromeando y caminando hacia el campo para tomar sus lugares en las gradas la mayoría y otros pocos en algunas mesas colocadas a la orilla del área marcada.

–¡Bella! – escuché mi nombre y al voltear vi a las chicas que agitaban la mano para que fuera hasta donde se encontraban. Subí algunos escalones para llegar a las gradas y tomar mi lugar.

–Esto si que tengo que documentarlo – empezó Alice – mira que guapa viene.

–Te dije que era un jugador de polo – Rose continuó – quiero su nombre Bella – demandó y me reí.

–¿Qué sucede con ustedes? – arrugué el entrecejo – no sé de qué hablan.

–¿Desde cuando venimos a partidos de polo y vestidas tan… así como vienes? – mi rubia amiga me miraba intrigada.

–Bah, es inútil, pero júrame que no me lo vas a confirmar cuando tengas un pie en el altar – exigió Alice.

–Apenas encuentre al que me esperará ahí te lo comunico, lo prometo.

Antes de que comenzara el partido, las señoras encargadas del patronato que recaudaba los fondos para los hospitales, nos dieron a todos la bienvenida al Torneo donde se disputaría la “Copa Anthony”, y agradeciendo nuestra colaboración al asistir y al hacer nuestras donaciones. También les dieron las gracias a varios auspiciadores y por último dejaron al más importante, no lo dijeron así pero no hacía falta, le alabaron desde la buena disposición, sus constantes y considerables donaciones tanto en especie como en efectivo y desde luego, su presencia esa mañana dándole mayor relevancia al evento al participar activamente en el torneo que llevaba el nombre de su abuelo…

“Démosle un aplauso al señor Edward Cullen por su gran espíritu altruista”

¡Válgame Dios!…

Casi me voy para atrás el escuchar su nombre después de todas las fanfarrias que le echaron las señoras. Nunca me hubiera imaginado que él, tuviera un alma caritativa porque según todo lo que se mencionó momentos antes, era un auspiciador permanente y siempre estaba dispuesto a ayudar. Sonreí en mi interior porque esa era una buena noticia. Era lindo que se preocupara por los desvalidos, hablaba bien de él… ¡Y además jugaba polo! Eso si que no me lo esperaba…

–¡Edward Cullen! Bella por favor no vayas a soltar una carcajada como la otra vez – me dijo Rose burlona, le saqué la lengua y me concentré en el campo esperando verlo.

Una toque de corneta anunció a los equipos. Primero se presentaron los caballos sin jinete. Luego de cada lado de la cancha salieron 4 jugadores que con una pequeña inclinación saludaron a los espectadores, un equipo usaba camisa azul y entonces lo vi a él usando una camisa roja. Se dieron amistosamente la mano, se colocaron los cascos y avanzaron hacia sus caballos.

–¡Lo sabía! – Rose cerró un puño en su pierna – ¡Vean ese cuerpo!

–¡Oh. My. Fuck.! – susurró Alice – ¿Alguien puede decirme de donde salió eso?

Las ignoré porque sabía que si les prestaba atención, llegada la hora, no podría seguir adelante con mi plan, me cohibiría, estropearía todo y no estaba dispuesta a perder otra oportunidad.

Lo observé subir a un hermoso caballo negro con una agilidad impresionante. Hizo varios movimientos con él, parecía que probaba si el equino había calentado lo suficiente y estaba despierto y alerta. Giró a la derecha casi sobre el propio eje del animal; los bíceps medio desnudos se veían sólidos mientras jalaba las riendas, giró al lado contrario y los músculos de su espalda se hincharon al tomar el palo y levantarlo. Avanzó hacia el centro de la cancha y otro toque de corneta pero más breve, dio inicio al juego.

Escuchaba hablar a mis amigas pero sus voces eran un murmullo para mi. Mi atención completa la tenía el jugador con el número 20 a sus espaldas, debajo de su apellido con letras más pequeñas. Podía verse su habilidad y destreza para el juego. Sus movimientos eran precisos y cada vez que tocaba la bola, la gente se emocionaba y le gritaba para animarlo. El parecía no escuchar, se le veía concentrado en lo que sucedía en la cancha, pendiente de cada elemento que estuviera dentro de ella, del equipo contrario, del suyo y de su caballo.

Edward Cullen había metido 2 goles y aún íbamos a medio partido. Habían descansos pequeños y en uno de ellos Edward cambió de caballo; esta vez era uno color miel que se veía con mucha energía. El partido continuó y yo estaba hechizada con el hombre que diestramente manejaba al caballo en una conjunción perfecta de movimientos que perfilaban sus esculpidos músculos. 3 goles más de su equipo, uno hecho por él, contra 4 del equipo contrario, les dio el triunfo. Victorioso levantaba el palo y tensaba la mandíbula al apretar los dientes mientras surcaba a galope la cancha.

Los equipos bajaron de los caballos y se acercaron a las pequeñas niñas que con mucho esfuerzo cargaban la copa dorada. Otras entregaban a los jugadores del otro equipo ramos de flores mientras esperábamos el premio para el equipo ganador. Ramos de flores más grandes fueron lo que recibieron más la copa “Anthony” que Edward levantó con un brazo; una lluvia de aplausos acompañó ese gesto de victoria que interrumpió al agacharse para recibir en la mejilla el beso de la más pequeña de las niñas.

Un “Ouu” de ternura de escucho de la boca de la mayoría de las mujeres presentes, incluidas mis amigas, por supuesto. Él sonrió y con el otro brazo cargó a la pequeña perdiéndose entre la multitud que lo rodeo para felicitarlo al igual que a su equipo. Yo miraba fascinada a ese otro Edward, al humano, con esos ojos verdes y cálidos que sonriente recibía las congratulaciones de todos a su alrededor.

–¡Muévete Bella! – Rose rompió el encanto – que si no nos apuramos no encontraremos una buena mesa.

Bajo la gran carpa blanca estaban dispuestas las mesas redondas llenas de flores con brillantes y alegres colores. Compartimos nuestra colorida mesa con varios chicos jugadores de polo que fueron a mirar el partido porque según dijeron, nadie quería perderse a Edward Cullen y a Max Benett enfrentándose en la cancha, y por lo que se veía, estaban felices por haber presenciado un juego del que se hablaría en mucho tiempo, ya que ambos eran rivales acérrimos.

Nuestros acompañantes eran de bandos divididos; unos elogiaban los movimientos certeros de Cullen y los otros las jugadas de Benett. El caso es que nos tenían escuchándolos atentas contar anécdotas sobre su rivalidad, la cual databa de varios años atrás. La plática estaba muy interesante pero yo necesitaba ir al baño. Me disculpé pero nadie pareció oírme. Me enfilé hacia donde señalaba el discreto letrero y varios minutos después, salía del tocador.

Durante todo el almuerzo me distraje de mi objetivo; al apenas recordarlo, mis ojos escudriñaron todo el lugar buscándolo, pero no pude encontrarlo entre tanta gente. Caminé un poco alrededor de las mesas pero parecía que él no estaba ahí. Decepcionada y molesta conmigo por haber olvidado mi propósito, salí de la carpa y mis pasos me llevaron hasta el edificio del club. Habían varios salones abiertos al público, en unos se exponían piezas muy antiguas de los uniformes, en otras muchas fotos de los jugadores y de los caballos y por último, un salón donde se exhibían los premios ganados por el club en los torneos más importantes en el país y el extranjero.

Rápidamente pasé la mirada distraída entre los trofeos cuando un ruido llamó mi atención. Ahí estaba él, recién duchado e impecablemente vestido con un traje sport oscuro. Jalé aire por la boca ante la sorpresa de encontrarlo justamente ahí, colocando la copa ganada en una vitrina. Sin pensármelo dos veces me acerqué; él no me había visto y carraspeé mi garganta para llamar su atención.

“Amm, Amm”

Levantó la mirada y ahí estaba de nuevo él. El frío, el arrogante e insensible Señor Cullen. Con una martirizante lentitud, cerró la vitrina y salió de detrás del mueble de cristal. Mis piernas temblaban y mi respiración se agitaba pero no saldría corriendo. Con una expresión dura, de piedra, me observó de arriba abajo, estudiando cada rasgo y cada parte de mi, hasta donde le alcanzaba la mirada, haciéndome estremecer no sabía si de temor o nervios por lo que estaba a punto de hacer. Tragué en seco y me llevé las manos hacia atrás, causando que mi pecho se irguiera.

Señor… yo… – titubeé y me mordí el labio, bajé la cabeza cerrando los ojos pero después me obligué a abrirlos para mirarlo directamente, alzando la barbilla para darme el valor que necesitaba ; él no se movía, esperaba por lo que le iba a decir.

–Yo… mi nombre… – respiré muy profundo y proseguí – me llamo Isabella Swan y… y yo quisiera ser…*

*

*

*
Hola Chicas! De nuevo por aquí con otro capítulo. Ojala les guste. Gracias por sus comentarios, me encantan. Un agradecimiento especial a mi beta  Isita por su impecable trabajo y por ayudarme con algunas fotos y como siempre:
Gracias a PattinsonWorld.
Besitoo
Li

13 comentarios:

  1. no me pueden dejar asiiiii,como me gusta este fic!Bella irreconosible por lo lanzada, pero es genial.espero pronto el proximo cap.besos

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  2. AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYY NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO no puedoooo quedarmeeeeeeeeeeee ASIIIIIIIIIIIIIIIIII AAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHH!!!!

    que espectacular estuvo Dios muy bueno el capitulooo....nose como Bella no se le doblan las piernas yo creo q a mi hasta pucheros se me harian en mi boca, es que es tan intimidante...q valor el de esta Bella!!!! me encanta es un nuevo concepto la otra cara de la moneda...me gusta!!!!

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  3. jajaja eres perversa, tanto como el Sr. Cullen uffff, por favor ... quiero saber másssss ¿como va a reaccionar el estirado, arrogante y frío Sr. Cullen? quizas note algo diferente mmmm por favor Li, quiero más, me encanta, es diferente!
    Un besazo mi niña

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  4. muchas gracias por esta fantastica historia, la verdad que se esta poniendo muy interesante, pero estoy segura de que no se atrevera ha decirlo tan directamente.
    ya estoy deseando leer el proximo capitulo.

    jejejeje, yo me caigo redonda

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  5. omg dios no puedes dejarnos asi!!!!! kke cqpitulo, genial ahhh eres malaaaaaa!!!! please esta super ya kiero leer el siguiente capituloooooo!!!

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  6. como nos dejas así??????????????? que mala!!!!!!
    Dios Bella está completamente obsesionada o desesperada, porque yo no me atrevería a hacer eso, que vergüenza!!!
    Pero hurra!!!!! yo la animo porque el Señor Cullen es para hacer eso y mucho más!!!

    besos

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  7. dios como me dejas asi .me encanta esta historia eres genial sigue asi...Besos...

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  8. dios, me dejaste pasmada... ¿cuando seran los dias en que publicaras?... por favor, quisiera saber para estar pendiente

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  9. hey que paso esta semana no hay cap nuevo??? por dios llevo toda la semana esperando esa contestacion, dinos algo y no seas mala un beso

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  10. OH POR DIOS!!! oh por dios!!! acabo de leerlo y ya quiero MAAAAAAAAAS!!! asi como con tu blog anterior MUCHAS FELICIDADES... estoy altamente intrigada por ver como manejaras esta historia!! OTRO, OTRO, OTRO, OTRO!!!

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  11. Hola.... me encanta tu blog!!!! es maravilloso que pongas imágenes para darnos una idea del capitulo... y me encanta la personalidad de Bella, diferente a como siempre la ponen, ahora mas aventada aunque conserve un poco de timidez... estaré al pendiente de las actualizaciones...
    Saludos,

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  12. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  13. Oh por dios ya le va a decir que me maten por que a mi me esta dando una crisis nerviosa

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