lunes, 23 de mayo de 2011

CAPITULO 4

CAPITULO 4

¡Si, si!

Estaba muy decidida y con muchas ganas de enrollarme con el Señor, solo que no tenía ni la más mínima idea de cómo hacerlo, ni siquiera se me ocurría como acercarme a él, además ¿Qué le diría? “Hola, soy Bella y quiero ser tu sumisa” ¿Así le diría? ¿Cómo podría proponerle que me tomara como su nueva chica para cumplir sus oscuras pasiones? ¿Y si ya tenía una? ¿Y qué sucedía con aquella otra chica que lloraba en el “Nasty”?

¿Estaba loca? Si. Al menos una parte de mi, la racional, me lo gritaba desesperada al oído y la otra, la irracional y desenfrenada que nunca usaba y que siempre se quedaba al borde de todo, me animaba y me secreteaba que siguiera adelante, como el diablito en las caricaturas. ¿A quién hacerle caso?

¡A la irracional y desenfrenada desde luego!

OK. Usando un poco de lógica ya que era necesario, pensaba que no tenía nada que perder y si mucho que ganar. No involucraría mis sentimientos y solo lo haría para que al fin, por lo menos de este modo pudiera experimentar y vivir lo que tanto anhelaba y lo que en mis sueños se repetía constantemente una y otra vez de una manera tan vívida que cuando me despertaba a punto de estallar de placer, casi lloraba de frustración al sentir cierta parte de mi cuerpo adolorida. Ya no quería más de esos despertares, ya no quería seguirme imaginando o leyendo como sería.

Si mis sueños me provocaban tales reacciones ¿Cómo sería el despertar una mañana entre sus brazos? Enrollada en su cuerpo, agotada después de una intensa noche de placer donde yo le ayudaría a cumplir sus más secretas fantasías… como sería sentir el calor de su contacto cuando sus manos recorrieran mi cuerpo para su deleite, sus labios sobre los míos probándolos insaciables, volviéndome loca de deseo…

Sin duda, no iba a dejar pasar la oportunidad de convertirme en una carta blanca para él; en materia maleable para que él me modelara a su entera satisfacción, en alumna ávida de sus enseñanzas, en su aprendiz, su amante obediente, su sumisa…

Pero ¿Y él me aceptaría? Después de las dos únicas y desafortunadas veces que nos habíamos encontrado, eso era muy improbable. Y eso solo pensando en su actitud hacia mi, ahora faltaba ver si para obtener ese, para mí tan preciado puesto, debía cumplir con algunos requisitos como decían mis novelas. Que si tenía que ejercitarme, comer bien, firmar un acuerdo de confidencialidad… ¿sería todo eso verdad? Ciertamente eso no sería para mí un impedimento, haría lo que fuera necesario para cumplir mi deseo.

                                                                            ***

–Mmm hoy te veo igual de cansada pero no sé, algo tienes – Jane que tenía un ojo crítico me analizó - ¡Cuéntame!

–Para nada Jane, sigo igual – me dejé caer en el asiento.

–¿Sin dormir? – inquirió enarcando una ceja.

–He logrado dormir un poco mejor – le sonreí y encendí mi computadora para empezar a trabajar y dar por concluido su escrutinio – ¿Qué tenemos para hoy?

El día avanzó, así como la semana y para mi alivio, el tener claras mis ideas y un objetivo en la mira, me liberó de las constantes distracciones y pude realizar con tranquilidad mi trabajo y lo que era mejor ¡Disfrutarlo! Hicimos de nuevo algunos logotipos, papelería para dos negocios nuevos y como si fuera un regalo del cielo, el viernes hicimos las invitaciones para colocación de la primera piedra del Gran Palace Hotel & Resort y que desde luego pertenecía a Edward Cullen.

Esa era mi oportunidad. Era el encuentro ideal para hacerle mi proposición. No podía desperdiciarla. Estaba muy contenta así que esa noche llamé a las chicas para salir y aunque no les diría jamás mis planes, esa era mi forma de festejar con ellas la futura y próxima realización de mi deseo prohibido.

–Que bueno que tu trabajito de “mentiritas” te dio un respirito – la sarcástica Alice no podía dejar de hacer su sutil comentario – creímos que dejaríamos de verte otro par de semanas y te tendríamos que rescatar de entre impresoras y cartuchos de tintas.

–Pues ¿Sabes? estoy taan feliz con mi trabajito de “mentiritas” que por eso quise salir a pasar una noche con mis “amigas” pero la próxima vez, tal vez decida invitar solo a Jane porque es la única que me comprende y sabe lo mucho que me esfuerzo y que me gusta mi trabajo.

–No le hagas caso Bella, está enojada porque su inmaculado abogado le dijo que no acostumbraba visitar lugares como éste – dijo Rose lanzándole a Alice una mirada de reproche – es un tarado, deberías borrarlo de tu mapa.

–Nunca estuvo en él – se encogió de hombros – pero no niego que me hubiera gustado tener un encuentro muy cercano con Whitlock, algo tiene ese hombre que me hipnotiza.

–¿Entonces de plano te dijo “no gracias”? – pregunté.

–Cuando me llamaste estaba con él y escuchó que quedábamos para salir, me preguntó si salía muy frecuentemente con mis amigos y le dije que lo normal, me emocioné por su interés y le dije que viniera esta noche con nosotros pero el muy engreído me dijo que no solía venir por estos rumbos, que no era su costumbre acudir a lugares como éste – el rostro de Alice empezó a subir de tono – ¿Estás de acuerdo que es un maldito “snob”? ¡Que se folle a sus putas y caras cortinas!

Rose y yo no pudimos aguantar las carcajadas – lo bueno es que desde un principio supiste que era un pesado y no te hiciste castillos en el aire.

–Eso si, por eso esta noche, ahogo mi pena con una cerveza, tú festejas tu alegría por tu trabajito y Rose se ama con su súper hombre ¿Ves que divertido? – ordenó cínicamente levantando los hombros.

Nos aproximamos al Soho House, que era nuestro destino y una vez dentro, nos instalamos en una buena mesa. El lugar estaba tan lleno que el mesero nunca llegó hasta nosotras, Alice fue a la barra por la primera ronda que fue de cervezas y cuando Emmett por fin se apareció, con tan solo levantar la mano, los meseros se acercaban a nuestra mesa. Hmmm, qué bueno era salir con alguien con influencias.

Después de la cerveza, los shoots de tequila aparecían como por arte de magia en mis manos y ¿Quién era yo para rechazarlos?

–¡Salud por los idiotas! – brindó Alice – porque no saben de lo que se pierden no viniendo a estos lugares.

–¡Salud por los arrogantes engreídos que te miran feo! – saqué desde el fondo de mi corazón.

–¿Y eso de donde viene Bella? – Emmett le daba un trago a su tequila – ¿Un ex novio acaso?

–¡Ja! Ojala, ésta de pronto se volvió tan miedosa – Rose suspiró con nostalgia – y era tan divertida y atrevida Emmett… era mi ídolo.

–¿Y qué pasó intrépida? – Emmett quiso curiosear.

–No… yo no… – me tomó por sorpresa su pregunta.

–Se dio cuenta que no existían los príncipes azules de los cuentos – Alice me interrumpió – y se cerró como caracolito ¿Verdad Bella? Eso de los arrogantes no sé de donde lo sacó pero no importa, le queda perfecto al snob de Withlock ¡Salud!

–¿Whitlock? – preguntó Emmett extrañado – ¿Jasper Whitlock? ¿El abogado?

–¿Lo conoces?

–De toda la vida, es amigo mío y no es ningún snob, eso te lo puedo jurar, de hecho, ahí viene – Emmett se levantó y chifló agitando la mano. Si Alice tenía alcohol en su sistema, éste se evaporó al girar la cabeza y ver al hombre rubio que se acercaba a nosotros con una sonrisa en la cara.

–¡Já! ¡Salud por el snob! – levanté mi caballito de tequila – ¡Ay, mira! Viene con una cortina enrollada al cuello y tiene una cara de satisfacción…

–¡Cállate! – dijo Alice entre dientes y sentí que me pateó bajo la mesa. Estaba transparente y de inmediato se puso nerviosa; era extremadamente raro ver a Alice así, por lo que me dispuse a disfrutar la escena y guardar todo en mi memoria, que aunque me fallaba mucho, estaba segura que eso si lo guardaría fielmente.

–Emmett – saludó el snob y luego nos miró aguantando una risita.

–Hey Jasper, que bien que llegaste viejo, mira, ella es mi hermosa Rose – se acercó y le dio un beso en la mejilla – ella es Bella – me señaló y recibí también un beso de su parte – y ella es Alice, son las mejores amigas de Rose – se inclinó para darle un beso a Alice pero…

–Lo siento – ella giró la cara esquivando los labios de Jasper – pero no acostumbro a saludar de beso a los tipos que conozco en bares como éste.

–Alice – la tomó de los hombros y le sonrió de una forma adorable – era una broma chica dura – dicho eso se acercó a ella y dejó un casto beso en la comisura de sus labios. Un beso casto pero lleno de intención, hasta yo podía sentirlo. Ella quedó como nos había dicho antes, hipnotizada, y no se quejó ni hizo nada por rebelarse, si se hubiera tratado de otro chico, Alice ya le hubiera derramado una cerveza en la cabeza.

¡Qué divertido era ver a Alice así! Calladita y obediente… sumisa.

Sumisa…

–¡Otro tequila!

–Bella, ¿Te sientes bien? – me preguntó Rose al oído.

–Como nunca Rose, de verdad estoy muy contenta y quiero un tequila más.

Resultó que al cabo de un rato, mis amigas estaban muy entretenidas con sus respectivas parejas y yo no planeaba seguir ingiriendo alcohol y festejando en solitario. Decidí irme a casa, ya había salido, me había divertido y la pasé muy bien con ellos así que no le veía el caso a quedarme haciéndoles mal tercio o quinteto en este caso.

                                                                             ***

–Ahora si Bella, explícame tu repentino interés en acompañarme a la colocación de la piedrita – sentía los ojos azules de Rose estudiarme de pies a cabeza.

–¿Qué tiene de raro? Nunca he asistido a algo como esto, me pareció interesante – dije con toda la honestidad de la que pude echar mano.

–Hasta para mi es aburridísimo, esto es sólo puro tonto protocolo, para hacerlo oficial – puso cara de fastidio – si por mi fuera estuviera en otro lado…

–Si, ya sé donde, pero no me lo digas, así está bien.

–¿Desean tomar algo las señoritas? – preguntó un mesero.

Rose hizo una negativa con la mano pero yo si pedí una copa de vino blanco porque para llevar a cabo mi propósito iba a requerir de mucho valor y eso lo obtendría del mágico poder de una o dos copitas de vino, no más. Sólo necesitaba valor, pero al paso que iba y con mis nervios sin desaparecer y en notable aumento, tendría que tomarme la botella entera, bueno, no era para tanto, solamente me temblaba todo el cuerpo, mis piernas las sentía tan débiles que creí que no me sostendrían y mis sudorosas manos parecían unas maracas vibrando incontrolables y eso sin contar con que el Señor, ni siquiera había llegado.

El terreno donde se construiría el hotel era enorme. Se veía que las primeras operaciones para la construcción ya habían empezado; a simple vista se veía un espacio libre de rocas, arbustos y la tierra ya parecía estar lista para ser removida para la cimentación. Nos dirigimos hacia una de las muchas filas de sillas colocadas sobre la superficie de grama artificial. Una gran carpa blanca protegía esa área por si la lluvia caía, resguardando muy bien a las personas requeridas al evento y que esperaban impacientes la llegada de Edward Cullen.

–¿Y Emmett? – pregunté para aplacar mi nerviosismo.

–Iba a venir pero está ocupado en otra construcción, quería presentarme a un amigo – se encogió de hombros – ya será en otra ocasión.

Sonreí pero estaba segura que en lugar de una sonrisa, esbocé una mueca rígida con mis labios. Tenía que relajarme si quería seguir adelante con mi descabellada idea. Miré a mi alrededor. El sitio estaba lleno de gente impaciente, arquitectos, empresarios, socialités, artistas… no tenía idea de que a tantos les interesara estar presentes para ser testigos del inicio de otro fructífero negocio del Chico de Oro, como le llamaban muchos gracias a su particular don de convertir todo lo que tocara en un éxito millonario. Todos querían su rebanada del pastel y se asegurarían de tenerla de una forma u otra.

–¿Y Alice?

–Jasper la invitó a comer ¿Puedes creerlo? – entrecerró los ojos – está enganchada con su “snob particular” y él con ella, se han visto y hablado durante toda la semana.

–¿En serio? – abrí muy grandes los ojos – eso es fantástico ¿Porqué no me lo habían contado?

–Te hubieras enterado desde antes si nos hubieras contestado las llamadas – me reclamó – ella quería decírtelo, te llamó muchas veces – me miró con una ceja levantada – está enojada contigo.

–He tenido mucho trabajo – traté de excusarme.

–¿Recortando caritas de las revistas? Vamos Bella, odio que te encierres en tu mundo novelesco, ya no lo hagas… por favor.

–No lo he hecho, de verdad he estado muy ocupada y ni tiempo para leerme una de mis apetecibles novelas he tenido.

–Bella...

–Si Rose ya sé, “Vive, vive” y eso es precisamente lo que voy a hacer – en ese momento quise morderme la lengua por haber pensado en voz alta.

–¿Qué quieres decir? – me miró confundida.

–¿Qué es ese revuelo Rose? – agradecí la distracción que también a mí me llamó mucho la atención.

–Ah, ya llegó el señor Cullen – se puso de pie, como todos los que estábamos ahí y estiramos nuestros cuellos para poder verlo llegar rodeado de todo un séquito mientras un barullo de voces, las cuales todas tenían algo que comentar sobre él, se dejaba escuchar.

¡Vaya que si era engreído! Su séquito de gorilas camuflajeados con carísimos trajes lo rodeaba impidiendo “discretamente” que se acercaran a él; se veía que estaban entrenados más que sólo para eso, eran altos, musculosos y sus ojos miraban en todas direcciones mientras el Señor caminaba desbordando poder y frialdad a su paso.

Dios… era imponente, frío o no, arrogante o no, era… maldita sea, no tenía ni palabras para describir lo que ese petulante me provocaba con tan solo verlo desplazarse de ese modo. Su perfecto traje hecho a la medida seguro ocultaba un cuerpo con músculos muy firmes y bien definidos… ¿Tendría muy velludo el pecho? Y sus muslos ¿estarían como a mi me gustaban? No me gustaban flacos, torneados y fuertes si… ¿en qué iba a meterme Dios mío? Esperaba que en su cama, entre sus brazos y con sus piernas entre las mías…

“Bella, Bella ¡despierta!” me reprendí a mi misma pero no podía salir de mi fascinación al ver la seguridad que emanaba ese hombre ¿Qué se sentiría al tener toda esa atención? A toda esa gente esperando por él. Pasó a varios metros de distancia; claramente vi su perfil de perfecto dios pagano y su mandíbula angulosa algo tensa. Su mirada al frente, altiva; su cabello era una insolente rebeldía que parecía una corona cobriza que dejaba claro su estatus de rey…

–… te lo juro Bella – finalizó Rose con una risita alguna idea que no escuché.

–¿Decías?

–¡Já! Tú también tienes las bragas en el suelo – dijo divertida – y no es para menos, ese hombre inalcanzable incita a eso y mucho más.

–¿Qué tan inalcanzable? – la miré por el rabillo del ojo.

–Oh no, no me digas que te gusta.

–Es guapo.

–Si pero… – se encogió de hombros y arrugó la nariz – no es como para alguna de nosotras, créeme.

–¿Por?

–¿No lo ves? Alice se quejaba de Jasper pero este si es en verdad un pesado de lo peor, ni él mismo se soporta, además él no tiene chicas, tiene accesorios.

–No entiendo – negué con la cabeza.

–Shhh calla, ya va a empezar – y el barullo fue atenuándose para dar inicio al evento.

“Bienvenidos sean todos ustedes esta tarde en la que celebraremos la colocación de la primera piedra del Gran Palace Hotel & Resort…

El ministro de economía siguió con su discurso; honestamente se me hacía excesivo tanto alboroto por un hotel y aún más como para que el ministro de economía fuera a dar su visto bueno.

–No me habías dicho que esto era tan importante Rose – me acerqué a ella murmurando.

–Claro que si, no te imaginas la inversión, es monstruosa y toda hecha por Cullen – me respondió de la misma forma.

–¿No hay otros inversionistas?

–Si pero son mínimos, dicen que no le gusta compartir – lo señaló con la mirada, era su turno para hablar y después de los aplausos, se hizo un expectante silencio… todos queríamos oírlo. Con movimientos fríos y parecía que hubieran estado calculados, se colocó detrás del atril; con un leve asentimiento de cabeza comenzó…

“El Gran Palace Hotel & Resort, es un proyecto ambicioso…

¡Oh Dios mío esa voz! podría hacer resbalar todas las bragas de las mujeres ahí presentes hasta los tobillos y sin darnos cuenta.

… ya que no sólo pretende ser el más importante del país sino de todo el continente europeo por eso, repito, es muy ambicioso más no imposible. Ha sido muy bien pensado y planeado con el único fin de llegar a este objetivo, brindando a nuestros huéspedes todos los servicios rodeados del máximo lujo con que se pudiera soñar sin hacer de éste complejo algo inaccesible, es ahí donde radicará el éxito, pero claro, sin dejar de lado la privacidad y exclusividad que se merecen…”

Gracias a Dios que estaba sentada porque no estaba muy segura de no haber llegado al suelo si hubiera estado de pie. Edward Cullen era el orador más cautivante que había conocido en mi vida, bueno, conocido no era tal cual la palabra exacta… todavía. Tenía escuchando atentas a las más de 300 personas ahí reunidas y parecía estar dándonos una cátedra sobre cómo y porqué, su hotelito iba a ser un éxito. Eso, de alguna manera me empujaba a no ceder ante mi idiota idea, el imaginarme entre los brazos de Edward Cullen, obedeciendo sus órdenes, siguiendo las demandas de su hipnotizadora voz pidiéndome despojarme de mis ropas… no, tenía qué hacerlo, no tenía nada qué perder, todo lo contrario.

“… creará también innumerables fuentes de trabajo, y además como todos ustedes saben, los empleados de Cullen Organization gozan de los mejores beneficios tanto en salud, vivienda y educación, esto, aunado a un ambiente de trabajo inmejorable los motiva a desempeñar su trabajo con la mayor eficiencia y eficacia…”

–Escucha eso – siseó Rose y yo la miré intrigada – el tipo hablando de un lindo ambiente de trabajo y todos los que trabajan cerca de él dicen que solo le falta ladrar, es un perro.

Edward Cullen miraba sin ver a nadie en particular. Sus verdes ojos no manifestaban interés en nada. Viéndolo así era muy fácil creer lo que decía Rose pero cuando su mano de piel tan pálida, pasaba alguna que otra vez por su cabello, como si fuera un tick, era tierno… ¿Tierno? Estaba pensando en que el hombre que yo quería me diera un par de nalgadas y me poseyera con fuerza ¿Era tierno?

Iba a tener una charla muy seria con mi almohada porque esos eran polos opuestos. No podía estar pensando en ternura con ese hombre cuando claramente yo buscaba otra cosa y no eran caricias tiernas y suaves ni susurros al oído. Yo quería, yo necesitaba más.

Siempre lo supe. De todas las novelas que leía las que más me gustaban eran donde el protagonista hacía sufrir a la cándida chica indefensa, en las que el apuesto galán era algo más brusco e intenso y unas cuantas nalgadas, brazos y piernas atados y alguna que otra perversión dominaran el panorama de la heroína, pero siempre con el mismo y feliz final… ellos terminaban juntos y el amor vencía por sobre todas las cosas.

¡Si, si si! Eso justamente era lo que yo quería aunque sabía a lo que me exponía. Estaba plenamente consciente de que lo que yo leía, eran novelas de amor y sabía que en la vida real todo era diferente y por supuesto mucho más crudo, pero no me iba a echar para atrás. Yo realmente quería que Edward fuera mi dom personal… de nuevo más aplausos y su discurso había terminado. ¡Que idiota! Por estar soñando despierta me perdí de su enigmática forma de hablar, de moverse…

–¿No crees que la vida es injusta? – me susurró Rose girando ligeramente su rostro hacia mi.

–¿Qué? ¿Por qué lo dices? – le respondí del mismo modo ladeando la cara.

–Porque hablando de su físico ya que el carácter es tema aparte, es injusto que existan hombres como ése y nosotras solo los podamos admirar de lejos, que no podamos tener ni siquiera una probadita de su cuerpo.

–Si, está hecho a mano, como dice Alice – dije divertida – yo a él no le decía que no, es guapísimo.

–Mira esa espalda y ese pecho – me dijo Rose casi en secreto – debe ser una plancha de acero y ¿Con qué se funde el acero? – levantaba las cejas repetidamente – tú lo sabes muy bien… con caloor Bella, con caloor – dijo imitando una voz sensual.

Solté una fuerte carcajada y todos, todos los ojos se voltearon hacia mí. Todas eran miradas molestas con ceños fruncidos pero nunca tan molesta como la de esos ojos verdes que me fulminó con una brutal intensidad por varios interminables segundos ¿Por qué no dejaba de mirarme? ¿Por qué no miraba hacia otro lado? Sentí el calor ir de cero a cien en un segundo por todo mi cuerpo pero en especial en mi rostro, pintándolo de un color rojo carmesí debido a la vergüenza. Quería que se abriera la tierra y me tragara por haber interrumpido con mi estruendosa risa un momento tan sublime como el de la silenciosa polea que colocaba la absurda y ridícula piedra en el suelo.

Estuve a punto de ponerme de pie y huir pero no podía ponerme aún más en ridículo, necesitaba salir de ahí sin hacerlo tan evidente pero no iba a poder pasar desapercibida de ninguna manera, no había modo de que eso fuera posible con todos atentos a mis movimientos. Cuando por fin sus ojos encontraron otro punto al cual enfocarse, “su piedra”, me sentí aliviada.

–Vámonos Rose – le supliqué casi de forma imperceptible – por favor.

–No puedo Bella, mis jefes están aquí, no puedo irme antes que ellos – apretó mi mano – esto no tardará mucho, unos 20 minutos, no más, te lo prometo – no tenía salida, tendría que hacerme un ovillo en mi silla y rogar porque crecieran plantas a mi alrededor que me bloquearan de la vista de todos.

Más aplausos, todos comenzaron a ponerse de pie y de nuevo el barullo. Respiré tranquila porque pronto podría salir de ahí aunque sin haber logrado mi objetivo. Era una lástima pero parecía que la suerte nunca estaba de mi lado… Oh no, no, no, esta vez no iba a ser así.

–Acompáñame Bella, tengo que acercarme.

–¿A quién? – pregunté con la esperanza de tal vez poder llegar a él.

–A mis jefes ¿A quién más?

–Mejor te espero aquí sentada, no quiero volver a cometer una estupidez, estoy muy apenada – la miré con ojos asustados, nunca me fallaban con Rose – no me moveré de aquí.

–Ok, ahora vuelvo – dijo mientras se alejaba.

Cuando se perdió entre toda esa multitud, yo me dirigí hacia donde se encontraban aparcados los autos y limusinas de algunos asistentes y el que era de mi interés, el auto de Edward Cullen. Mis ojos recorrieron con rapidez buscando el impresionante auto negro al que le había visto subir la noche que salía del “Nasty” pero no había ninguno como ese. ¡Maldita sea! ¿Es que había ido hasta allá a pie? Era un campo en medio de la nada por Dios.

Enseguida busqué el auto que se viera más listo y presto para salir de ahí pero lo único que se veía con esas características era una limusina. El motor no estaba encendido pero su chofer estaba junto a la puerta del conductor preparado para subir a la primera indicación y dos enormes gorilas como los de su séquito flanqueaban la puerta por donde subiría su ocupante. No había duda, ésa era.

Me quedé junto a unos árboles artificiales que tenían la suficiente altura como para protegerme de verme como una loca sospechosa con un arma en la mano y esperé hasta que el barullo se hizo más intenso, eso sólo significaba que el Señor ya venía de salida. El chofer subió a su puesto y uno de los gorilas ya tenía la mano en la puerta listo para abrirla. Me acerqué a la limusina cuando se encendió el motor y algunas personas y fotógrafos con cámaras en la mano rodearon el vehículo. Solo fueron unos pocos segundos los que pasaron hasta que llegó a unos pasos de la puerta abierta para él, salí detrás del gorila que le sostuvo una carpeta y antes de que subiera…

–Señor Cullen – dije con mi más ingenua, tierna e infantil voz. El Señor giró su rostro y me miró entrecerrando los ojos, pero no pude decir nada más porque en esta ocasión, no estábamos en un club ni en un salón de fiestas con luz tenue, aquí había suficiente luz del día como para notar su expresión letal y no nos separaban varios metros de distancia como unos momentos antes, me había acercado demasiado a él como para sentir su aversión hacia mi.

Con ese poder que solo su mirada podía proyectar, me dejó de nuevo inmóvil y sin ser capaz de emitir ni siquiera un atisbo de voz. Uno de sus gorilas colocó un brazo frente a mi para evitar que lo tocara y él apartó su mirada subiendo deprisa a su lujosa limusina y saliendo de ahí a toda velocidad. Por fortuna había demasiada gente alrededor y mi percance pasó inadvertido para todos, al menos eso quería pensar.

–¡Bella! ¡Bella! – oí la voz de Rose gritarme desesperada.

–¡Aquí! – levanté la mano para que me ubicara mejor, ojala no hubiera notado nada – ¡Aquí!

                                                                            ***.

Una semana después estaba sentada sola en un café con el periódico en las manos buscando una próxima aparición del Señor.

¿Acaso no me había bastado todo lo ocurrido?

Claro que no. ¿Desde cuando una Swan se daba por vencida? ¿No decían todos los que me conocían que era la persona más terca sobre la tierra? Pues no iba a decepcionarlos, no señor.

Estaba consciente de que mis encuentros con él no habían sido muy afortunados pero no me harían quitar el dedo del renglón, así que no tenía porqué rendirme, yo siempre luchaba por lo que quería y yo quería ser una sumisa. La sumisa de Edward Cullen para ser exactas y para acabar rápido. Debía reconocer que durante todos esos días también consideré la opción de abandonar mi objetivo pero la deseché inmediatamente; pensé también en buscar otro prospecto pero no, yo lo quería a él ¿Por qué? No lo sabía. No quería ser la sumisa de nadie más, tenía muy claro que solamente me interesaba la sumisión si era con él, con nadie más.

Después de tanto y tanto discernir conmigo misma, me pareció responsable de mi parte hacer un poco de investigación sobre el BDSM. No podía seguir adelante solamente teniendo una idea generalizada del tema pero era tanta la información, que terminaba confundida y a veces algo asustada por algunas imágenes que encontraba por la red así que decidí no seguir hurgando y preferí que Edward me enseñara lo que él considerase que debía aprender. Una sumisa debía confiar en su amo ¿No?

¡Oh! Ahí estaba.

                                                                             ***.

–¡Cuéntamelo todo Bella!

–¿Todo qué Jane?

–¿Te viste al espejo esta mañana? – me miraba inquisitiva, lo que no era nada raro en ella – tienes una sonrisa enorme en la cara o sea que me tienes que contar el motivo.

–Ah es eso – dije como si no tuviera importancia mi buen humor – pues no es nada solo que descansé durante todo el fin de semana.

–¿Ya no has tenido insomnio?

–No, ya duermo toda la noche a pierna suelta.

–¿Y pesadillas? – insistía.

–Ni pesadillas ni nada – le confirmé.

Ni pesadillas ni nada que no fueran unos fríos ojos verdes que después se tornaban cálidos y unos suaves labios que recorrían mi cuello con hambre, devorando cada centímetro de la piel bajo ellos, haciéndome estremecer.

Si me levantaba enojada pero ¿Quién no lo haría si deseara que el sueño continuara y solo se quedara hasta ese punto? Que no avanzara. Era un poco demasiado frustrante para mi pero lo que me alegraba el día, era saber que esa frustración tenía los minutos contados.

–Ay Bella que bueno, ya me tenías preocupada; no dormir es muy malo para salud – me sonrió.

Me conmovió que se preocupara por mi. En el poco tiempo que llevábamos trabajando juntas, además de hacer una buena mancuerna nos habíamos hecho muy amigas. Era una chica transparente que no podía ocultar sus sentimientos ni sus reacciones. Si decía algo, esa era la pura verdad; a algunos no les agradaba tanta franqueza pero a mi si, y yo creía firmemente que a quien no le gustaba que le hablaran con la verdad, era porque no podía lidiar con ella, punto.

El lunes por la tarde llamé a Alice y a Rose y las invité al Ham Polo Club en donde se llevaría a cabo un partido a beneficio de varios hospitales infantiles de Londres. Como aceptaron encantadas, no perdí ni un momento en comprar los boletos que tenían un precio estratosférico por ser para una buena causa y desde luego confirmar nuestra asistencia al almuerzo que se ofrecería al finalizar el partido. Estaba feliz porque no iría sola, estaría acompañada de mis refuerzos.

Esa semana a pesar de que teníamos mucho trabajo, los días no se me hicieron nada pesados. Salía algo tarde de la agencia pero llegaba a casa muy contenta, cenaba y me acostaba a dormir para soñar con el dueño de esa malévola mirada. Me levantaba de buen humor así hubiera logrado verlo en mis sueños o no, sabía que el sábado lo tendría frente a mi, en carne y hueso y no solo formaría parte de un vago recuerdo nocturno.

Pocos fueron los momentos en los que sentí que estaba a punto de cometer una locura, pero me repetía que si por algo no me había atrevido a actuar antes, es porque me había hecho falta motivación. Y Edward Cullen era toda la motivación que necesitaba para salir de mi letargo. Todavía no podía comprender muy bien como era posible que un hombre que jamás había tenido hacia mi ni un solo gesto amable me incitara a desear que me tomara como su pupila. Luego recordaba las palabras de Rose y sabía que no estaba equivocada, yo tenía que dar ese paso.

“¡Vive!”

El viernes por la noche cenamos en el apartamento de Alice. Nada formal porque ella no cocinaba mucho. Unos sándwiches eran el platillo principal del menú en esa ocasión, acompañados de una botella de vino y una bolsa de papas fritas que me detuve a comprar en el camino.

–Ahora si pequeño demonio, cuéntame como va lo tuyo con tu “snob” favorito – le ordené mientras me acomodaba en los cojines que tenía en el suelo.

Alice suspiró y puso los ojitos en blanco – ay niñas, niñas, niñas… este hombre no tiene nada de “snob”, nada de tímido pero eso si, como les dije, tiene un puto autocontrol que tira al mío por la ventana, es increíble, maravilloso – volvió a suspirar.

–Me lo imaginé – dijo Rose limpiando un tarro ya vacío de mermelada con el dedo – no nos llamaste por días, supuse que estabas atada a las manecillas del Big Ben…

–¿Qué haces Hale? – la interrumpí.

–Es el postre Bella ¿Quieres un poco? – me acercó el tarro a la cara – te alcanza para una chupada.

–Giac, no. Ya tiene toda tu saliva, y hablando de chupadas ¿dónde está Emmett?

–Trabajando, esta semana ha estado muy ocupado, solo nos pudimos ver 3 noches – casi hizo un puchero.

–¡Solamente! – abrí los ojos burlona – no quiero pensar cuando no puedan verse la semana entera.

–Y tú, diosa del acero ¿Cuándo tendremos el gusto de hacerte este tipo de preguntas?

–Yo Alice… – me puse de pie y me dirigí a la puerta con mi bolso al hombro – aún estoy buscando al indicado, nos vemos mañana chicas.

Salí cerrando la puerta tras de mí y antes de llegar a las escaleras escuché que gritaron a coro…

“¡El partido de polo!”

                                                                               ***.

Al verme al espejo no pude más que estar complacida con mi elección. Unos pantalones perla muy rectos y angostos, una blusa con un discreto lazo bordado en rosa al igual que mis zapatos, chaqueta y mi bolso Prada. Me hice una coleta alta y me puse los aretes; me veía muy coqueta y femenina. Solo esperaba que alguien más pensara lo mismo.

Quedé en verme con las chicas en el club, solo esperaba que fueran puntuales. Al llegar, me di una última mirada en el espejo de vanidad y comprobé que mi escaso maquillaje estuviera en orden. Bajé de mi auto y me encaminé a la entrada principal. Las personas iban y venían saludándose unas a otras, platicando, bromeando y caminando hacia el campo para tomar sus lugares en las gradas la mayoría y otros pocos en algunas mesas colocadas a la orilla del área marcada.

–¡Bella! – escuché mi nombre y al voltear vi a las chicas que agitaban la mano para que fuera hasta donde se encontraban. Subí algunos escalones para llegar a las gradas y tomar mi lugar.

–Esto si que tengo que documentarlo – empezó Alice – mira que guapa viene.

–Te dije que era un jugador de polo – Rose continuó – quiero su nombre Bella – demandó y me reí.

–¿Qué sucede con ustedes? – arrugué el entrecejo – no sé de qué hablan.

–¿Desde cuando venimos a partidos de polo y vestidas tan… así como vienes? – mi rubia amiga me miraba intrigada.

–Bah, es inútil, pero júrame que no me lo vas a confirmar cuando tengas un pie en el altar – exigió Alice.

–Apenas encuentre al que me esperará ahí te lo comunico, lo prometo.

Antes de que comenzara el partido, las señoras encargadas del patronato que recaudaba los fondos para los hospitales, nos dieron a todos la bienvenida al Torneo donde se disputaría la “Copa Anthony”, y agradeciendo nuestra colaboración al asistir y al hacer nuestras donaciones. También les dieron las gracias a varios auspiciadores y por último dejaron al más importante, no lo dijeron así pero no hacía falta, le alabaron desde la buena disposición, sus constantes y considerables donaciones tanto en especie como en efectivo y desde luego, su presencia esa mañana dándole mayor relevancia al evento al participar activamente en el torneo que llevaba el nombre de su abuelo…

“Démosle un aplauso al señor Edward Cullen por su gran espíritu altruista”

¡Válgame Dios!…

Casi me voy para atrás el escuchar su nombre después de todas las fanfarrias que le echaron las señoras. Nunca me hubiera imaginado que él, tuviera un alma caritativa porque según todo lo que se mencionó momentos antes, era un auspiciador permanente y siempre estaba dispuesto a ayudar. Sonreí en mi interior porque esa era una buena noticia. Era lindo que se preocupara por los desvalidos, hablaba bien de él… ¡Y además jugaba polo! Eso si que no me lo esperaba…

–¡Edward Cullen! Bella por favor no vayas a soltar una carcajada como la otra vez – me dijo Rose burlona, le saqué la lengua y me concentré en el campo esperando verlo.

Una toque de corneta anunció a los equipos. Primero se presentaron los caballos sin jinete. Luego de cada lado de la cancha salieron 4 jugadores que con una pequeña inclinación saludaron a los espectadores, un equipo usaba camisa azul y entonces lo vi a él usando una camisa roja. Se dieron amistosamente la mano, se colocaron los cascos y avanzaron hacia sus caballos.

–¡Lo sabía! – Rose cerró un puño en su pierna – ¡Vean ese cuerpo!

–¡Oh. My. Fuck.! – susurró Alice – ¿Alguien puede decirme de donde salió eso?

Las ignoré porque sabía que si les prestaba atención, llegada la hora, no podría seguir adelante con mi plan, me cohibiría, estropearía todo y no estaba dispuesta a perder otra oportunidad.

Lo observé subir a un hermoso caballo negro con una agilidad impresionante. Hizo varios movimientos con él, parecía que probaba si el equino había calentado lo suficiente y estaba despierto y alerta. Giró a la derecha casi sobre el propio eje del animal; los bíceps medio desnudos se veían sólidos mientras jalaba las riendas, giró al lado contrario y los músculos de su espalda se hincharon al tomar el palo y levantarlo. Avanzó hacia el centro de la cancha y otro toque de corneta pero más breve, dio inicio al juego.

Escuchaba hablar a mis amigas pero sus voces eran un murmullo para mi. Mi atención completa la tenía el jugador con el número 20 a sus espaldas, debajo de su apellido con letras más pequeñas. Podía verse su habilidad y destreza para el juego. Sus movimientos eran precisos y cada vez que tocaba la bola, la gente se emocionaba y le gritaba para animarlo. El parecía no escuchar, se le veía concentrado en lo que sucedía en la cancha, pendiente de cada elemento que estuviera dentro de ella, del equipo contrario, del suyo y de su caballo.

Edward Cullen había metido 2 goles y aún íbamos a medio partido. Habían descansos pequeños y en uno de ellos Edward cambió de caballo; esta vez era uno color miel que se veía con mucha energía. El partido continuó y yo estaba hechizada con el hombre que diestramente manejaba al caballo en una conjunción perfecta de movimientos que perfilaban sus esculpidos músculos. 3 goles más de su equipo, uno hecho por él, contra 4 del equipo contrario, les dio el triunfo. Victorioso levantaba el palo y tensaba la mandíbula al apretar los dientes mientras surcaba a galope la cancha.

Los equipos bajaron de los caballos y se acercaron a las pequeñas niñas que con mucho esfuerzo cargaban la copa dorada. Otras entregaban a los jugadores del otro equipo ramos de flores mientras esperábamos el premio para el equipo ganador. Ramos de flores más grandes fueron lo que recibieron más la copa “Anthony” que Edward levantó con un brazo; una lluvia de aplausos acompañó ese gesto de victoria que interrumpió al agacharse para recibir en la mejilla el beso de la más pequeña de las niñas.

Un “Ouu” de ternura de escucho de la boca de la mayoría de las mujeres presentes, incluidas mis amigas, por supuesto. Él sonrió y con el otro brazo cargó a la pequeña perdiéndose entre la multitud que lo rodeo para felicitarlo al igual que a su equipo. Yo miraba fascinada a ese otro Edward, al humano, con esos ojos verdes y cálidos que sonriente recibía las congratulaciones de todos a su alrededor.

–¡Muévete Bella! – Rose rompió el encanto – que si no nos apuramos no encontraremos una buena mesa.

Bajo la gran carpa blanca estaban dispuestas las mesas redondas llenas de flores con brillantes y alegres colores. Compartimos nuestra colorida mesa con varios chicos jugadores de polo que fueron a mirar el partido porque según dijeron, nadie quería perderse a Edward Cullen y a Max Benett enfrentándose en la cancha, y por lo que se veía, estaban felices por haber presenciado un juego del que se hablaría en mucho tiempo, ya que ambos eran rivales acérrimos.

Nuestros acompañantes eran de bandos divididos; unos elogiaban los movimientos certeros de Cullen y los otros las jugadas de Benett. El caso es que nos tenían escuchándolos atentas contar anécdotas sobre su rivalidad, la cual databa de varios años atrás. La plática estaba muy interesante pero yo necesitaba ir al baño. Me disculpé pero nadie pareció oírme. Me enfilé hacia donde señalaba el discreto letrero y varios minutos después, salía del tocador.

Durante todo el almuerzo me distraje de mi objetivo; al apenas recordarlo, mis ojos escudriñaron todo el lugar buscándolo, pero no pude encontrarlo entre tanta gente. Caminé un poco alrededor de las mesas pero parecía que él no estaba ahí. Decepcionada y molesta conmigo por haber olvidado mi propósito, salí de la carpa y mis pasos me llevaron hasta el edificio del club. Habían varios salones abiertos al público, en unos se exponían piezas muy antiguas de los uniformes, en otras muchas fotos de los jugadores y de los caballos y por último, un salón donde se exhibían los premios ganados por el club en los torneos más importantes en el país y el extranjero.

Rápidamente pasé la mirada distraída entre los trofeos cuando un ruido llamó mi atención. Ahí estaba él, recién duchado e impecablemente vestido con un traje sport oscuro. Jalé aire por la boca ante la sorpresa de encontrarlo justamente ahí, colocando la copa ganada en una vitrina. Sin pensármelo dos veces me acerqué; él no me había visto y carraspeé mi garganta para llamar su atención.

“Amm, Amm”

Levantó la mirada y ahí estaba de nuevo él. El frío, el arrogante e insensible Señor Cullen. Con una martirizante lentitud, cerró la vitrina y salió de detrás del mueble de cristal. Mis piernas temblaban y mi respiración se agitaba pero no saldría corriendo. Con una expresión dura, de piedra, me observó de arriba abajo, estudiando cada rasgo y cada parte de mi, hasta donde le alcanzaba la mirada, haciéndome estremecer no sabía si de temor o nervios por lo que estaba a punto de hacer. Tragué en seco y me llevé las manos hacia atrás, causando que mi pecho se irguiera.

Señor… yo… – titubeé y me mordí el labio, bajé la cabeza cerrando los ojos pero después me obligué a abrirlos para mirarlo directamente, alzando la barbilla para darme el valor que necesitaba ; él no se movía, esperaba por lo que le iba a decir.

–Yo… mi nombre… – respiré muy profundo y proseguí – me llamo Isabella Swan y… y yo quisiera ser…*

*

*

*
Hola Chicas! De nuevo por aquí con otro capítulo. Ojala les guste. Gracias por sus comentarios, me encantan. Un agradecimiento especial a mi beta  Isita por su impecable trabajo y por ayudarme con algunas fotos y como siempre:
Gracias a PattinsonWorld.
Besitoo
Li

martes, 17 de mayo de 2011

CAPITULO 3

CAPITULO 3

"Sueños"

–¿Cómo te fue el fin de semana Bella? ¿Descansaste? – Jane empezó a disparar preguntas desde temprano.

–Sí, descansé y dormí mucho – le sonreí.

–Yo fui a cenar con Ethan, cumplimos meses y me llevó a un lugar precioso, fue una sorpresa ¿Tú no saliste ni a cenar?

–El viernes fui con mis amigas al “Nasty”, nos divertimos mucho, por eso me quedé en mi casa el resto del fin de semana, estaba agotada – Jane me miró con los ojos imposiblemente más grandes sin decir una sola palabra, raro en ella.

–¿Qué? – pregunté después de un largo silencio.

–¿Al “Nasty”? – parecía muy intrigada – ¿Tú frecuentas ese lugar?

–No, en realidad el viernes fue la primera vez ¿Por qué Jane? – la intrigada pasé a ser yo.

–Bueno, por lo que dicen – rodeó su escritorio para ocupar su lugar.

–¿Y qué es lo que dicen? – por Dios ¿Porqué no hablaba de una vez?

–Que es un Club-Dark.

–¿Un qué? No te entiendo… – pretendí no saber exactamente de lo que me hablaba, aunque sí me había tomado por sorpresa esa revelación.

–Ajá Bella, un club donde se reúne gente con aficiones raras – hizo inflexión en la última palabra.

–Estás equivocada, yo fui y no vi nada raro, te lo juro – dije sincera.

–Dime algo – se inclinó hacia mí y murmuró – ¿Te fue fácil entrar?

Pensé unos segundos y negué con la cabeza – ¿Pagaste algo ahí dentro? – dudé por otros segundos más al recordar las botellas de champagne y volví a negar mirando hacia otro lado confundida.

–No, pero…

–Ahí tienes – enarcó una ceja mientras asentía – además ¿No notaste nada extraño? ¿Nada, nada?

–Bueno yo no…

“–Quiero una membresía, dime donde firmo – recordé que había dicho Rose.


–Eso señorita, es imposible– el mesero le respondió contundente.


–¿Piensas que no podemos pagarla o cómo?


–No es eso señorita, pero necesitaría la recomendación de un socio y ellos son muy celosos, les gusta la ‘exclusividad’”…


–“Desde luego que no funciona así, esto es sólo una atención de uno de nuestros socios” Oh Dios mío, no podía ser…

–¡Ja! ¡Lo sabía!– brincó de su silla – ahora si cuéntamelo todo, hace años que muero por tener información de primera mano.

“¡Alice!” pensé enseguida, Aro Volturi le había dado ese pase ¿Cómo carajo nunca nos imaginamos que la inaccesibilidad del lugar se debiera a eso justamente? ¿Pero porqué hacía tanto alboroto? ¿No hubiera ido de tan buena gana de haberlo sabido antes? ¡Diablos sí! Hubiera ido más dispuesta aún para encontrar a mi alma oscura… ¡Rayos! ¿Cómo no lo supe antes? En ese mismo instante vinieron a mi mente dos piedras verdes y frías. Esa mirada arrogante y aniquilante, abrumadora…


“–Señor Cullen, su auto ya está aquí…”

–¿Bella? – Jane pasaba su mano frente a mi cara.

–Jane… – mi curiosidad se disparó – ¿Qué tanto sabes del lugar?

–Pues nada, que es Dark y que ahí dentro pasan las cosas más raras del mundo, aunque nadie me cuenta nada – me miró recriminatoriamente – tú ya has estado ahí ¿No sería mejor que tú me contaras a mí?

–Créeme cuando te digo que no vi nada raro, de verdad.

–Mmm te creo, estás tan roja que puedo jurar que hasta te da pena decir en donde estuviste metida…

No era precisamente por eso mi sonrojo, sino porque ya tenía una idea de porqué la chica llamaba Señor al arrogante–ojos–fríos–Cullen ¿Acaso él sería un Dominante y la chica su Sumisa?

Claramente se veía que aquella noche la chica suplicaba por una oportunidad más y él ni siquiera le prestaba la atención que se merecía, tanto por si tenían algo como si no. No había sido nada agradable ver a la chica humillándose de aquella manera, rogándole, mendigándole un instante de su tiempo y atención para hablar quizás es un intento por permanecer a su lado. Yo no tenía la certeza de que su relación fuera la de Dominante y Sumisa, pero no importaba, ella se merecía respeto tan solo por el simple hecho de ser mujer y eso a él parecía no importarle en lo más mínimo.

¿Cómo podía alguien llegar a tal extremo? Que no le importara humillarse en ese regateo por querer seguir siendo parte de la vida de una persona que obviamente ya no la quería en ella, que ya no la consideraba vital en ningún sentido para él y para su entorno, que simplemente ya no la quería punto… porque no había dudas de que a ella, ya no la consideraba parte de nada en su vida. Qué puta y maldita forma del misógino patán de confirmárselo, congelándola con la mirada en un rincón casi en penumbras.

Que intensa forma de amar. Porque era amor por donde fuera que se viera. Amor por una relación de la naturaleza que fuera. Para sufrir esa desesperante angustia en la lucha por la permanencia, debía tener un profundo sentimiento ya sea hacia él o hacia lo que significaba ella en esa relación suponiendo que efectivamente, fuera él un Dominante y ella una Sumisa. Yo nunca podría llegar a tal extremo, me conocía y sabía que si hasta ese momento de mi vida, yo seguía sin sentir la milésima parte de lo que ella parecía sentir, ya nunca hallaría ese amor, relación o lo que fuera. Ya era tarde para mí y lo aceptaba…

Pasé el día contestando con monosílabos las preguntas de Jane que gracias al cielo abandonó el tema “Nasty” y surgió su tema favorito, “Ethan”, su novio.

La gente tenía razón; las mujeres podíamos hacer varias cosas al mismo tiempo y hacerlas bien, lo había comprobado ese mismo día. Escuchaba a Jane y respondía sus preguntas, diseñaba invitaciones para una boda y además, pensaba en el Señor Cullen. ¿Porqué me había impactado tanto? ¿Qué sería? Su imponente presencia, su dura mirada o el saber que era socio del “Nasty”, porque lo conocían y sabían bien su nombre, lo más seguro era que tuviera algo oscuro que ocultar a los demás.

¿Qué demonios hacía pensando en él, de nuevo? No iba a negar que durante el fin de semana no lo tuve rondando ocasionalmente por mis pensamientos, pero tampoco había cautivado por completo mi atención como cuando me enteré del discreto giro del club al que pertenecía. Eso era lo que tenía a mi mente trabajando; quería saber más y solo esperaba llegar a casa para investigar lo más que pudiera sobre él.

Por la tarde me despedí de Jane y prácticamente volé hacia mi apartamento, me quité la ropa al llegar y con la laptop en mi regazo inicié mi investigación. En Google tecleé “Cullen” y salieron muchas opciones, le di click a la primera y comencé a leer ansiosa.

                                                                           ***


“Edward Anthony Cullen (Nacido el 20 de junio de 1980) es un multimillonario ejecutivo inglés y empresario. Es hijo de Carlisle Cullen, a quien admira por haberle inculcado los secretos de como explotar los bienes raíces y otros negocios.


Es el Consejero Delegado (CEO) de Cullen Organization, una compañía inmobiliaria, y el fundador de Cullen Entertainment Resort, compañía dedicada a operar varias cadenas de hoteles y casinos. Famoso es el edificio Torre Cullen del cual es dueño y que es el emblema de su imperio inmobiliario.


Estudió su secundaria en una escuela militar, debido a que según su padre su hijo necesitaba disciplina, algo que en efecto obtuvo, pues con el tiempo se destacó y alcanzó el más alto rango en su año de graduación. Estudió Administración de Empresas y Finanzas en el University College of London y posteriormente realizó un MBA en el London School of Economics.


Sus primeros pasos en el negocio, los dio al relevar a su padre a la edad de 24 años. Entre sus primeros éxitos destacó la idea de comprar varios hoteles que, mediante préstamos y exenciones fiscales, logró convertirlos en los mejores del país.


A partir de entonces Cullen, comenzó a invertir en numerosas propiedades y a participar en variedad de proyectos. El imperio Cullen estaba por nacer y no pasaría mucho para que se convirtiera en uno de los más increíbles y extensos del mundo del bienes raíces”.

                                                                            ***

Así que el engreído Cullen era todo un niño modelo, inteligente y astuto para los negocios, con ese olfato que sólo algunos poseían y por el que muchos venderían su alma. ¿Él tendría alma? A juzgar por como trató a aquella chica apostaría la mía a que no, nadie que tuviera un poco de corazón humillaría a una mujer de la forma en la que lo había hecho él. Era un bastardo insensible que por tener un par de hoteles, casinos y unas cuantas casas se creía el dueño del mundo.

¿Sería así o ya estaba alucinando? ¿Por qué no podía tener una serie de pensamientos coherentes sobre él? ¿Por qué no me decidía? ¿O estaba segura de que era un bastardo arrogante o tenía la esperanza de haberme equivocado? ¿Por qué estaba tan intrigada en Edward Cullen?

Porque era el ser más apuesto que había visto sobre la tierra, porque iba por ahí caminando como si el mundo no lo mereciese, o porque desde que pensé en Edward Cullen como un Dominante mi entera concepción de él como un hombre que podía cumplir mis sueños y deseos más secretos estaba haciendo temblar mis cimientos…

La verdad, si era sincera, eran las tres opciones anteriores juntas. No había duda al respecto, él era todo lo que yo soñaba y deseaba, y no me refería al poder material que tenía, no, sino al poder de ejercer su voluntad sobre una mujer, de hacerla obedecerlo para su mutuo placer. De eso se trataba todo, del placer, y yo quería probarlo, mi interior gritaba por sentirlo, por someterme a él para obtener el gozo que su dominio me garantizaba…

Edward Cullen.

Ojos verdes y fríos.

Arrogante.

                                                                           ***

¡Carajo!

¡Otra vez el jodido despertador!

¿Cómo no iba a enojarme si había tenido una noche ajetreada? Y esta vez no fue por mis sueños donde era la protagonista de una escena erótica; fueron un par de indiferentes ojos que me miraban y yo no podía descifrar la intención de ellos sobre mí. Me di un baño, me vestí y salí rumbo al trabajo sin desayunar, ya compraría algo en el camino.

El día fue bastante agotador en la agencia así como lo fue el resto de la semana. Olivia debía estar realmente contenta con nuestro trabajo porque apenas le hacíamos una entrega, nos daba más y más trabajo. No podía quejarme, estaba haciendo lo que me gustaba, muy básico si, pero al fin y al cabo no estaba dirigiendo una gran empresa ni tenía su futuro ni el de sus empleados en mis manos, con la angustia de tomar una mala decisión y acabar con todo. Ese era mi mayor temor.

¿Por qué no podía dejar de pensar en Higgin Steel Group y disfrutaba plenamente de mi trabajo sin complicaciones? ¿Porque me atormentaba vigilando constantemente el reloj de arena que marcaba mi tiempo como espíritu libre? Ni yo misma sabía por cuanto tiempo podría estar lejos de la empresa de mi padre, pero ya estaba sufriendo con cada día que transcurría porque era un día más que me acercaba a cumplir con un compromiso, con una responsabilidad muy grande que yo no deseaba tener.

–Ay Bella, me asustas cuando te quedas callada tanto tiempo.

–Lo siento Jane, solo pensaba en tonterías – me encogí de hombros – ¿Vamos a comer?

Ya habíamos localizado un pequeño restaurante a un par de cuadras de la agencia y el ambiente era agradable. Íbamos casi a diario y cuando no, cruzábamos la calle y teníamos la barra de ensaladas más rica de Soho. Siempre nos sentábamos junto a la ventana para entretenernos viendo pasar a la gente que iba corriendo de un lado a otro.

Así como esa movida semana, pasaron 3 más y yo ya tenía un poco más de un mes cumplido en la agencia. Me pagaron mi primer sueldo y me entregaron mis cupones de despensa los cuales literalmente corrí al supermercado a gastar. No era que los necesitara, desde luego que no, pero me hacían sentir tan orgullosa y satisfecha conmigo misma, tan feliz de ser solamente Bella Swan, que todos mis tormentos mentales se evaporaban.

Para celebrar mi independencia, invité a las chicas a cenar a casa; compré lo necesario para preparar lo que nos gustaba y como postre, los dulces y chocolates que comíamos en el internado.

–Ver para creer – Rose abrió sus azules ojos desmesuradamente – estás que te salta el corazón de felicidad por tu primer sueldo, ah y no olvidemos los cupones que parece que son los que te hacen más feliz.

–¿Por qué no me entiendes? Tú trabajas y tampoco necesitas hacerlo, tienes una herencia y no sabes qué hacer con ella mas que dejar que crezca en el banco y tú – me dirigí a Alice – también trabajas por gusto, justo como yo, entonces no sé a que viene tanto alboroto.

–Es muy cierto Bella, tal vez debamos brindar por el “Sacré-Coeur” que nos hizo valientes, capaces y responsables para enfrentarnos al mundo solas, después de todo si tenemos que agradecerle eso y otras cosas.

Pasamos un rato muy agradable, entre las locuras de Alice, las tonterías de Rose y mis silencios, hasta que me sacaron de uno muy largo…

–¿Otra vez soñando despierta? – Alice frunció el ceño – creo que secuestraré tu Kindle, no te hace bien, sigues alucinando con los galanes apasionados de tus novelas y ya te dije que…

–¿Tú sabías Alice que tu cliente Aro nos invitó a un club Dark? – le solté. La cara de Rose fue digna de una foto por el asombro pero Alice sólo rió de medio lado… la muy zorra lo sabía.

–¿Un club Dark? ¿En serio?

–Si Rose y ésta – señalé a Alice levantando la barbilla – lo sabía.

–No es para tanto – hablaba despreocupada – además pensé que si les decía no iban a querer ir, hacía tanto que queríamos entrar que…

–¿Estás loca? – me llevé un dedo a la sien – por nada del mundo me hubiera negado.

–Yo tampoco Alice – Rose también la miró ofendida – ya sabes que soy medio retorcida a veces.

–¿Solo a veces? – le lancé un chocolate y lo atrapó en el aire.

–Si, las veces que puedo estar con Emmett. Por cierto, quiero que lo conozcan – Alice y yo giramos nuestras cabezas hacia ella, esto ya iba en serio – habrá una cena de varias firmas de arquitectos y ustedes vendrán conmigo.

–¿Estás enamorada de él, Rose?

–¡Alice!

–¡Lo estás! – confirmó nuestra amiga.

–Yo… no sé, creo que si, me gusta y parece un buen chico, no como… – movió la cabeza como sacudiéndose el recuerdo – ¿Vendrán? – preguntó con la carita triste.

–Claro tonta ¿Cuándo no hemos estado juntas en los momentos importantes? – Alice le dio un cariñoso codazo.

–Iremos Rose – le aseguré.

                                                                           ***

El tiempo pasó volando y yo seguía feliz con mi cómodo pero demandante trabajo en la agencia. Llegaba a casa tan cansada que mi Kindle ya se estaba empolvando porque apenas ponía un pie adentro del apartamento, me tiraba en la cama a dormir.

Fueron dos semanas de relativa tranquilidad porque a pesar de que casi había dejado el tema Cullen de lado, ocupada por mi trabajo, la imagen de esos ojos verdes era constantemente recurrente. Me ponía nerviosa y más de una vez estuve a casi nada de derramar el café sobre unas impresiones listas para entregar… no podía sacarme a ese maldito engreído por completo de la mente pero cada día que pasaba, gracias al cielo, el recuerdo de su mirada penetrante me afectaba menos haciéndose su recuerdo menos claro para mí.

                                                                             ***

La gran noche de Rosalie llegó y para ir a la cena opté por un vestido Dior de la temporada. Era ceñido al cuerpo y me recordaba a las actrices de cinturas estrechas de las películas italianas de los 50’s y 60’s como Sofía Loren. Era de color salmón desvanecido hacia abajo y con muchos pequeños olanes por todo el cuerpo del vestido y el cuello era redondo bajo con un coqueto moño que descansaba sobre mi pecho. Corto hasta arriba de la rodilla dejaba ver un poco mis muslos y mis pantorrillas que todavía podía no cubrir con medias, mis zapatos Gucci color perla muy altos con el tacón de madera muy fino y mi cartera a juego. Mi gabardina por supuesto color marfil.

Me di un último vistazo en el espejo y me fui contenta a la gran cena de Rose. Desde tres días antes nos llamaba a cada rato para asegurarse que no fuéramos a faltar. La sentía nerviosa pero nerviosa feliz. Alice y yo sabíamos lo importante que era para Rose esa cena y nada tenía que ver con su trabajo. Para ella, que conociéramos a Emmett era el equivalente a presentárselo a sus padres y a falta de ellos nosotras éramos su única familia y por como veíamos como se estaba desarrollando la relación entre ellos, estábamos seguras que lo que Rose necesitaba era nuestra aprobación por decirlo de alguna manera. Pero ni Alice ni yo nos preocupábamos mucho; nuestra amiga era una chica madura aunque a veces no lo pareciera, muy inteligente y con los pies bien puestos sobre la tierra.

Si tenía que nombrar a alguna de las tres con la que la vida se había portado peor, esa sin dudarlo era Rosalie. Perder a sus padres y enviarla a un internado lejos de Nueva York de donde era originaria había sido muy cruel, pero ¿A quién recriminarle? Y para colmo, unos años después el amor no le había pintado su mejor cara. Fue ahí cuando Alice y yo nos dimos cuenta de lo valiente y fuerte que era al saberse sobreponer de tantos golpes bajos que la vida le daba. Como a todas, la vida y las circunstancias nos habían hecho madurar a la fuerza, en algunos casos de forma más cruda a unas que a otras pero siempre estuvimos unidas apoyándonos y haciendo lo posible para reconfortarnos y nos sentirnos tan solas, como en realidad estábamos.

Esos recuerdos me hicieron sonreír al ver la gran mujer en la que Rosalie se había convertido y que era una bendición tenerla como amiga y hermana en mi vida al igual que Alice.

Conduje hacia Leicester Square, donde se encontraba el hotel en el que se celebraría la cena. Dejé mi auto en el estacionamiento del hotel y no pude evitar bajar el espejo de vanidad para dar una última mirada a mi maquillaje. Era una vanidosa, lo sabía y me gustaba.

Subí por el ascensor hasta el último piso donde estaba el salón y cuando llegué y se abrieron las puertas me maravillé al ver la exquisita decoración. Una mesa redonda de cristal era la base de un arreglo de flores de varios tipos en colores rojo cereza y blanco. Al fondo un cartel indicando que en el interior de ese salón se celebraba la “Gran Cena de Arquitectos”. Avancé un poco y dos puertas muy anchas y abatibles permitían el acceso al salón. Antes de entrar dos señoritas me preguntaron mi nombre y a qué firma pertenecía. Confirmaron que era invitada de Rosalie Hale y amablemente una de ellas me guió hasta la mesa donde mis amigas ya me esperaban.

–¡Bella! – Rose se levantó y corrió a abrazarme – te ves guapísima – se separó un poco de mi para observar mi vestido – ¡es precioso!

–Gracias Rose.

–Ven – me tomó de la mano – Emmett, ella es Bella; Bella, él es Emmett – Rose estaba nerviosa y oprimí su mano.

–Mucho gusto en conocerte Bella, Rose me ha hablado mucho de ti y de Alice – guiñó discretamente un ojo a Rose y extendió su mano hacia mi dándome un apretón suave pero firme.

–Igualmente Emmett, yo también he escuchado mucho de ti – me acerqué a una silla y en fracción de segundos él ya la había retirado para que me sentara. Qué caballero. ¡Cómo me gustaban los hombres así!

–Rose me ha dicho que las tres son americanas – dijo dando tema a la conversación – yo soy de Tennessee, pero desde los 5 años mis padres me trajeron a Inglaterra, prácticamente soy británico – sonrió y dos hoyuelos se formaron en sus mejillas.

–Entonces casi estamos en igualdad de circunstancias, las tres llegamos a Suiza cuando teníamos 13 años y luego nos quedamos aquí en Londres.

–¿Tu padre también es arquitecto? – Alice empezó con su cuestionario.

–Lo era – asintió – murió el año pasado, y mi madre un año antes que él, el corazón – hizo una mueca.

–Oh, lo siento – murmuré y antes de darle oportunidad de decir algo, Alice siguió…

–¿Tienes hermanos?

–Alice – susurré y la pateé discretamente.

–Soy hijo único – logró esbozar una sonrisa.

–Nosotras también – dije apresurada.

–Lo sé, Rosalie me ha contado lo unidas que han estado – tomó su mano sobre la mesa y Rose casi se derritió en ese instante – gracias por cuidar de mi Rosie hasta que yo llegara.

Alice y yo nos miramos asombradas ¿Qué había dicho? ¿Mi Rosie? ¡Oh por Dios! ¡Estaba enamorado!

Que sorpresa había sido ver que Emmett era como nos lo había descrito Rose cientos de veces. Yo no tenía mucha experiencia práctica en el amor pero si muy teórica y la forma como miraba a mi amiga no se podía fingir, sus ojos brillaban y cada vez que ella hablaba no existía nada más para él que lo que Rose dijera. Me daba mucho gusto por ella, porque lo amaba y era correspondida, al fin había llegado el amor a su vida.

Conforme avanzó la noche, Rose nos presentó también a sus jefes y compañeros de trabajo y resultaron todos ser muy simpáticos. Llegó la cena y durante ésta, los presidentes de algunas de las firmas hablaron y entregaron algunos reconocimientos. Yo trataba de poner atención al mismo tiempo en que me llevaba a la boca una cucharada de la deliciosa sopa de almejas.

“–…y especialmente queremos agradecer al señor Edward Cullen por la confianza depositada en nuestras firmas para llevar a cabo las construcciones de su nueva cadena de hoteles y clubs de golf, es un reto y un honor integrarnos a su equipo de trabajo y esperamos ver pronto resultados excelentes en este nuevo proyecto”.

Al escuchar ese nombre que según yo ya se había difuminado en mi subconsciente como para no sobresaltarme, la cuchara cayó de mi mano al plato de sopa manchando mi vestido. Como por un milagro nadie notó el ruido de la cuchara de plata al chocar con la porcelana del plato gracias a los aplausos que llenaban el salón. Mi primera reacción fue levantarme de la mesa y correr al tocador para limpiar la tela. Ni siquiera Alice que tenía como 8 pares de ojos y 10 orejas se percató de mi accidente y de mi rápida huída.

¡Era él! El mismo que no sin dificultad, había intentado sacar de mi mente por muchos días. El que me había robado momentos de concentración en mi trabajo y de paz en mi casa para imaginarlo en mil situaciones conmigo. El mismo que me había inspirado diversas emociones, confundiéndome y llevándome hasta el límite de mis fantasías… Respiré profundo, mojé una toalla y con cuidado la pasé sobre la mancha hasta que desapareció, luego la sequé un poco con el aire caliente del secador automático y cuando sentí que ya sólo estaba húmeda me dispuse a regresar a la mesa.

Salí del tocador nerviosa y con la mirada baja concentrada en mi vestido cuando choqué contra un muro de concreto. Por no fijarme por donde iba, la persona con la que había chocado derramó el contenido de su vaso encima de su elegante traje.

–¡Oh por Dios! ¡Perdóneme! – instintivamente levanté la mano hacia donde se había derramado el líquido pero un fuerte y firme puño se cerró sobre mi muñeca impidiéndome tocarlo.

¡Lo sien… – levante la mirada y como si hubiera mirado directamente a los ojos de la mismísima Medussa, quedé paralizada como una estatua de piedra bajo esos intensos y fríos ojos verdes. Estaba sin poder moverme, petrificada bajo la mirada llena del poder intimidante del Señor… No pude mirar hacia otro lado, sus ojos tenían capturados los míos, hipnotizándolos, derramando sobre mí su dura indiferencia que me hizo sentir minúscula ante él. ¿Cómo podía ejercer ese control en mí y mantener suspendida hasta mi respiración con esa sola mirada? Mi rostro no podía expresar ni una emoción y mi interior hervía ante mi incapacidad de reaccionar; estaba en un estado de catalepsia en el que por dentro gritaba por auxilio y por fuera mi expresión no decía nada.

El Señor soltó de pronto mi muñeca inmovilizada por su dura mano y dio un paso hacia un lado para esquivarme sin despegar sus ojos de mí, aún cuando yo ya estaba fuera de su camino sentía el frío poder de su mirada. No era posible, a mí no me estaba sucediendo aquello. No podía creer que no fuera capaz de salir de su influjo. Cuando ya estaba algunos pasos delante de mí, giró su rostro hacia el frente y siguió su camino.

–¿Bella estás bien? – Alice llegó junto a mí – desapareciste de la mesa ¿Qué ocurrió?

Me esforcé a salir de mi estado catatónico para responderle a Alice – arruiné mi vestido – balbuceé – me cayó sopa encima…

–Humm, no te preocupes – dijo mientras evaluaba el daño – el lunes lo llevo para que lo laven en seco y verás que queda como nuevo, vamos – y me arrastró de nuevo a la mesa.

Ya no me fue posible estar tranquila por el resto de la noche. Evité por todos los medios voltear para buscarlo y aunque me costó toda mi voluntad, creí haberlo podido lograr, pero no podía negar que me sentía cohibida y nerviosa. Emmett nos mantuvo atentos con su plática divertida y envolvente, me distrajo y me relajó bastante al unirme de vez en cuando con algún comentario, bien podría decirse que gracias a él, mi percance de un rato antes y mi estado de ánimo, pasó desapercibido para todos.

–¿Qué les parece? – nos preguntó Rose cuando Emmett se disculpó un momento – ¿No es un sueño?

–Amiga lo atrapaste – le aseguró Alice – ese hombre está loco por ti, no puede disimular ni por un momento lo enamorado que está, míralo…

Alice hizo un movimiento discreto con la cabeza señalándolo, Emmett estaba platicando con varias personas, pero no podía desatornillar esa sonrisa de su rostro – ¿Lo ves? Ese hombre está rebosante de felicidad, cuídalo Rose, cuida lo tuyo.

–¿Y tú Bella? Dime qué piensas de Emmett – apretaba con fuerza una servilleta.

–Que es un buen chico – le di un empujoncito con mi hombro – y muy educado, eso me gusta y además te quiere Rose, se le ve que está fascinado contigo.

–Ay chicas – hizo un pucherito – gracias por todo…

–Nada de ponerse tristes, esta es tú noche y tienes que estar feliz – le advertí – mete el estómago, plántate derecha, saca el pecho, levanta el trasero y adelante…

–¿Aún lo recuerdas? – Alice juntó sus perfectas y delineadas cejas – hace mucho que no lo decíamos…

–¿Cómo olvidarlo? Es nuestro mantra…

                                                                            ***

La cena terminó y bajamos al estacionamiento. Emmett esperó a que tanto Alice como yo subiéramos a nuestros autos para marcharnos a casa. Conduje sin mirar, fue un milagro que llegara hasta mi calle sin tener un accidente porque no recordaba cómo era que había llegado a casa ya que una mirada de desprecio, lo más seguro porque le derramé su bebida sobre su costosísimo y fino traje, ocupaba mis pensamientos. Esa actitud amargada y llena de arrogancia parecía ser común en él y no tenía como decir lo contrario ya que las dos veces que lo había visto, ese dejo de frialdad y soberbia lo acompañaba en todo momento.

Pero era hermoso. Sus rasgos definidos y marcados me hacían pensar en siluetas y rostros perfectos grabados en piedra, en estatuas griegas esculpidas en mármol tan frío y perfecto como el mismísimo Señor. ¿Cómo sería sentir su mirada si fuera un destello verde cálido? Que la tibieza de sus ojos bañara mi cuerpo calentando cada parte ansiosa de él…

¿En qué demonios estaba pensando? No podía permitir que ese hombre petulante se metiera en mi cabeza controlando mis pensamientos y hasta mis sueños.

Enojada, ya sin maquillaje y solamente con unas bragas y una camiseta, me acosté en la cama. Tomé mi Kindle y le sacudí el polvo que tenía de tanto tiempo sin usarlo, necesitaba una buena novela que me despejara al prepotente hombre que quería ocupar el lugar de mis fieles y cariñosos amantes ficticios.

Busqué y decidí que lo mejor para esa noche era una novela romántica muy rosa. Tierna, que mostrara el amor puro de un amante entregado y con un alma generosa. El Señor no era así; todo él gritaba soberbia y arrogancia…¡Otra vez invadiendo mi mente!

No pude leer ni dos líneas, no estaba concentrada. Me cubrí hasta la cabeza con las sábanas para dormir de una buena vez pero no fue para nada una buena noche, nunca esperé que lo fuera, pero tampoco pensé que fuera a ser tan mala. Me moví inquieta por toda mi cama y me levanté varias veces por un vaso de agua. Ya muy entrada la madrugada logré dormirme. Me despertó el timbre de mi teléfono a medio día, al menos había dormido algo.

–Hola Bella, necesito que me acompañes, paso por ti en una hora – Alice y sus sábados de compras.

–No dormí bien ¿Podríamos dejar las compras para otro día?

–¿Te sientes mal? ¿Estás enferma?

–No, yo…

–¡Voy a tu casa!

–Estoy bien Alice, no es nada, solo un poco de insomnio.

–Ah, menos mal – dio un suspiro exagerado de alivio – entonces alístate para que me acompañes, tengo que ir a recoger mi identificación, la encontraron en el hotel y me han llamado esta mañana, seguro que se me cayó de la cartera. Qué amables y considerados son ¿No lo crees?

Contra Alice no era posible luchar, así que acepté con la promesa de que después iríamos a comer a un buen lugar y no de compras. Estuve lista a la hora acordada, pasó por mi y nos dirigimos al hotel. Durante todo el trayecto hablamos de Rosalie y de Emmett, ambas estábamos contentas porque coincidimos en que se veían muy enamorados y sobre todo, que él la cuidaba mucho, y eso era algo muy importante para nosotras, que cuidaran a Rose.

Llegamos a Leicester Square y dimos vuelta en la esquina del hotel, dejamos el auto de Alice en el estacionamiento y subimos a la recepción.

–Bienvenidas al Radisson Edwardian Hampshire señoritas…

¿El qué? ¿Radisson Edwardian? ¿Era una puta broma?

–Hola soy Alice Brandon y vengo a recoger mi identificación, ustedes la encontraron, qué amables en guardarla…

¿Cómo es que no me di cuenta antes? Todos se referían a ese hotel como al Radisson de Leicester Square, era lógico que no lo relacionara, supe que había sido remodelado y redecorado pero…

¿Edwardian? ¡Qué cabrón tan arrogante! ¿Ponerle su nombre al puto hotel? Maldito inseguro que necesita que le estén reafirmando cada 3 segundos su poder…

Casi arrastré a Alice fuera del hotel, no quería estar un solo instante más en ese lugar, con mi suerte no hubiera sido raro que me lo topara por ahí y pensara que lo estaba persiguiendo. Pobre idiota.

Por la noche, de nuevo en casa y con una copa grande de vino en mis manos, pensaba en los desafortunados encuentros que había tenido con Edward Cullen. Eran una rara coincidencia tomando en cuenta que no podía sacarme al tipo de la cabeza ¿Por qué me atraía tanto? ¿Qué tenía que me provocaba toda esa oleada de sensaciones extrañas y contradictorias?

                                                                            ***

“¿Sabes quién soy yo?” asentí con timidez “Entonces no tengas miedo”.


Me tomó de la mano y me llevó hasta donde estaba un banco largo y un poco ancho acolchado en tela rugosa de color rojo “Ven, recuéstate” dijo con su voz hipnótica la cual era incapaz de desobedecer. La desnudez de mi piel entró en contacto con lo áspero de la tela y me estremecí, no sabía si por ese roce, por la ansiedad ante lo que estaba a punto de suceder o tan solo por estar con él…


Ató mis brazos manteniéndolos sobre mi cabeza, abrazando mis muñecas con un suave pañuelo de seda roja, ese contraste contra la superficie rasposa de mi espalda hizo que ahogara un suspiro en mi garganta “Debes decirme todo lo que sientas” acto seguido, mis tobillos también se vieron envueltos en seda roja y firmemente atados a las patas del banco donde me encontraba recostada, dejándome abierta y expuesta ante él.


“Tu piel es tan blanca, tan suave” y con una lentitud atormentante, las yemas de sus dedos descendían por el valle de mis senos y acercaba su rostro a mi cuerpo hasta hacerme sentir su respiración tibia sobre mi erizada piel. Mis emociones fueron cambiando conforme él me acariciaba, si en algún momento tuve temor, había logrado disiparlo al tocarme, al sentir que disfrutaba el lento recorrido de sus dedos y su aliento en mi garganta.


Un imperceptible jadeo escapó de mi boca y él levantó la mirada hacia mí “No te reprimas” su incitadora voz hizo que inconscientemente echara la cabeza hacia atrás y arqueara mi cuerpo “Así, justo así”… su lengua rodeó mi ombligo lamiendo su interior y exterior, iniciando la combustión entre mis piernas al mismo tiempo que su mano se paseaba libremente por mis caderas y abdomen. Era demasiado, él me conocía y sabía como hacerme llegar a ese punto de excitación en el cual ya nada tenía importancia para mi más que recibir todo el placer que él pudiera proporcionarme.


Su aliento abandonó mi vientre y fue bajando poco a poco hasta llegar a mi montículo, bajó un poco más y llegó a mis labios vaginales que guardaban lo que él tantas veces me había repetido que le pertenecía, que ahí estaban mi corazón, mi alma, mis deseos y mis voluntades, toda mi esencia de mujer y que yo nada podía hacer para evitar que tomara lo que era suyo por derecho, porque ya me había rendido a él…


Pasó uno de sus dedos por mis labios inferiores y el calor me subió a la cabeza, presionó mi clítoris con suavidad y en un acto reflejo levanté las caderas para sentir su toque más profundo, dentro de mí “Por tu obediencia te haz ganado un premio, pídeme lo que desees que te lo concederé”… no podía creer lo que escuchaba, pero no perdería mi tiempo, ya sabía lo que quería pero ya no era solo un deseo, era una necesidad.


“A ti, te quiero a ti, duro, dentro de mí”… sabía el efecto que mis palabras le causaban y no me equivoqué; con prisa, se deshizo de sus pantalones que eran la única prenda que cubría su cuerpo y se colocó entre mis piernas abiertas. Se clavó en mí sin miramientos, sin delicadeza. Como se lo había pedido, se introdujo en mí una y otra vez, con su necesidad salvaje, desesperada y no contenida…


“Sí, sí, eres mío”…


“No”… se irguió sobre mí “Tú eres mía y yo soy tu Señor…”

                                                                        ***

Me desperté de pronto y una fina capa de sudor cubría mi cuerpo; estaba asustada, agitada, y con un calor abrasador entre las piernas; mis senos los sentía sensibles y mis erectos y duros pezones resentían el delicado roce de la tela contra ellos. Nunca un sueño me había parecido tan real como para haberme despertado con tal calor y excitación. Traté de convencerme de que estaba exagerando mi reacción y me lo repetí tantas veces que me lo creí aunque ya no pude volver a dormir. Sueño o no, la sensación de su cuerpo apoderándose del mío era extasiante, el rítmico y rudo vaivén meciendo mi cuerpo mientras me premiaba por ser obediente y buena era abrumador…

El domingo lo pasé enfadada conmigo misma, me traicioné y me dejé envolver por un miserable, estúpido y falso sueño. No era posible que yo, la chica con más dominio de sí y fuerza de voluntad, se dejara arrullar toda la jodida madrugada por una escenita de novela. Y lo peor era que cada vez que bajaba mis defensas ante el recuerdo, una extraña sensación en mi bajo vientre empezaba a bullir.

“Me urge un amante”

¡Que amante ni que nada! Si había sido capaz de estar sola por años, no venía al caso esa idiota idea ¿Estaría comiendo algo descompuesto? ¿Me habría dado un golpe en la cabeza? Solo así podría comprender mis descalabres cerebrales, no podía encontrar otra sana explicación, y como si de una mala broma se tratara, esa noche mis pesadillas regresaron, solo que en esa ocasión esos ojos tenían color pero no alma.

“Edward Cullen”

Por varios días mis tormentos llegaban fieles a media noche, dispuestos a castigarme dándoles cada vez más realce a las escenas representadas en mis sueños. Siempre me despertaba cuando ya estaba a punto de llegar al orgasmo, interrumpiéndolo, negándomelo. Con dificultad, volvía a dormir pero mi sueño ya no era tranquilo, estaba resignada a que mis pesadillas hicieran de mi lo que quisieran porque estaba confiada que así como de repente habían llegado, de esa misma forma desaparecerían.

¿Significarían los sueños algo en realidad? ¿Tener el mismo sueño recurrente era indicio de algo?

–¿Bella te sientes bien? te veo… mal – dijo Jane con sincera preocupación.

–No he podido dormir bien – le confesé – he tenido insomnio – hice una mueca de desagrado.

–Pues ve al médico, creo que tu insomnio ha rebasado los niveles normales.

Eso ya fue preocupante, que estuviera cansada y desganada era una cosa pero que mi aspecto delatara lo pésimo que me sentía por dentro era otra cosa. Necesitaba hacer algo al respecto ¿Pero qué?

–El te dará algo para que puedas dormir como un bebé.

¡Por Dios! mi problema no era exactamente el no dormir, eran mis sueños. Ese era mi verdadero problema, que mientras más dejaba pasar los días esperando que se esfumaran, estos se hacían más y más vívidos, reales, tanto que me estaban enloqueciendo, y si no hacía nada, entonces sí tendría que hacerle caso a Jane y visitar no sólo a un simple médico sino a un loquero.

¿Cómo no lo pensé antes?

Apurada, llegué a casa y con mi laptop en la cama, me di a la tarea de investigar el significado de los sueños. De eso dependería mi futuro próximo… con el psiquiatra.

                                                                        ***

Significado de los sueños.


Sexo.


Los sueños de relaciones carnales son muy frecuentes y la mayoría de las veces son el reflejo de necesidades reales no suficientemente satisfechas, especialmente cuando nuestra pareja onírica es la nuestra de la vida real o si se trata de alguien desconocido; cuando dicha pareja es alguien conocido pero con el cual no es fácil que el sueño se haga realidad, nos delata nuestra atracción hacia la misma.


Pero otras veces los sueños sexuales adquieren connotaciones de una sexualidad particular y morbosa que aunque no debe tomarse al pie de la letra, si es importante tener en cuenta, pues suele indicar el cansancio por una vida sexual monótona y los deseos de innovaciones en la misma; lo que sucede es que para hacer más perceptible dicha situación, el inconsciente nos muestra situaciones extremas.


Sólo en raras ocasiones el sueño revela apetencias que conscientemente no nos atrevemos -ni desearíamos- que salgan a la luz.


En realidad, lo malo de los sueños sexuales es cuando no se tienen nunca, lo que indicaría una falta de interés por dichos temas que, de no ser compensado por otros sueños de análogo significado, aconsejarían la consulta con nuestra propia conciencia o con un psicólogo.


                                                                            ***

Vaya, vaya. ¿Así que de eso se trataba no? De necesidades reales no suficientemente satisfechas, que si se sueña con un conocido con el cual no es factible que se llegue a realizar dicho sueño es porque se siente una atracción real por esa persona, que esos sueños podrían revelar la necesidad de un cambio, de innovaciones en la vida sexual…

No satisfecha, seguí buscando e investigando; analizando la infinidad de resultados que aparecían frente a mí para llegar a la misma conclusión:

Edward Cullen me atraía para satisfacer lo que era obvio faltaba en mi vida… sexo.

Pero… ¿Sólo era eso?

Oh no, Edward Cullen me gustaba y haría lo que fuera necesario para hacerlo… Mi Señor…*

*

*

*
Hola nenas! es martes y como tal aquí estoy. Quiero agradecer a mi super nueva Beta Isita que me está haciendo el honor de pulir esta loca cosa que pretendo escribir y por supuesto ya saben, a mi Cari adorada Nani que aguanta todos mis pininos armando este blog y a ustedes que con sus comentarios me hacen el dia; unos se borraron pero si que los vi, tambien a mis lectoras silenciosas les agradezco pasarse por aquí…
Un besooo
Li

martes, 10 de mayo de 2011

CAPITULO 2

"Nasty"


–¿Papi?

–Bella ¿Cómo estás? ¿Cómo llegaste hija?

–Muy bien papá, ya sabes, el vuelo fue pesado pero ya estoy acostada en mi cama – bostecé – tengo dos días antes de empezar con mis entrevistas de trabajo y quiero…

–Bella, ya hemos hablado de esto mil veces – me dijo tratando de convencerme una vez más – no tienes porqué hacer esto, tú ya tienes un patrimonio y no es cualquier cosa, es algo tuyo que cuidar, algo porqué entregarte y en lo que poner el alma hija, no entiendo porqué no quieres hacerte cargo de nuestra empresa Bella, no lo sé… – lo escuché dolido.

–Papá…

–Dime si no eres tú ¿quién va a hacerse cargo de esto que me tomó toda la vida construir para ti? ¿Te avergüenzas?

–¡No!

–Háblame Isabella, explícame si no es eso ¿Entonces qué es?

–No papá, jamás podría avergonzarme de tu trabajo, al contrario, valoro mucho todo este esfuerzo y el tiempo que te ha tomado hacer de Higgin Steel Group la gran empresa que es hoy, es sólo que…

–Hazme entenderlo Bella, por favor… – habló suplicante.

–Yo…amo el diseño, la publicidad y… y sé que en un futuro alguien debe tomar las riendas de la empresa, pero por ahora, déjame hacer lo que me gusta, no será para siempre papá, ya te lo he dicho, sólo quiero disfrutar de lo que me apasiona unos años, sólo eso… dame ese tiempo y te prometo que cuando tenga que ponerme al frente de nuestra empresa, estarás tan orgulloso de mí como ahora yo lo estoy de ti.

–Ay Bella, eres igual a tu madre – mi corazón se encogió – tienes su mismo poder de convencimiento; estoy seguro que Reneé debe estarse riendo de mi allá arriba.

–¿Entonces estamos bien papito?

–Claro que si Bella – suspiró rendido – sabes que siempre te apoyaré aunque no me guste, prefiero hacerlo y que no por mi terquedad decidas hacer las cosas a tu modo y luego acabemos enojados y aún más distanciados que lo que hemos estado por tanto tiempo, aunque esta es una distancia geográfica y no de sentimientos, te quiero mi pequeña.

–Nunca lo haría las cosas “a mi modo” – me quejé.

–¿Estás segura? En el internado no decían lo mismo.

–Esos son tiempos pasados, además era una niña y ya no lo soy, he madurado – una estruendosa carcajada se escuchó del otro lado de la línea – ah, con que no me crees…

–Para mi siempre serás mi infantil niña pequeña, no crezcas Bella, no lo hagas nunca....

Papá siempre me decía eso, que sus ojos nunca podrían verme crecer, tal vez por eso se le hacía muy duro aceptar la idea de que me quedaría el Londres unos años más. El me quería a su lado, para poder cuidarme y mimarme por todo el tiempo que no pudo hacerlo, por todos esos años en los que mi familia solamente se formó por dos personas, Alice y Rose y mi hogar era un dormitorio en un internado muy lejos de él.

–Ahora si nenas, levantando el codito y empinando bien esas copitas… por ti Bellita – dijo Alice.

–Si Bella, por ti y porque ya entrarás en acción.

–Gracias Rose – las abracé.

–Claro, no es la acción que nosotras hubiéramos deseado para ti pero al menos te rozarás con otros especímenes diferentes, de más nivel – Alice me guiñó un ojo al mismo tiempo en que me daba un codazo ¬– tú sabes…

–Ustedes hablan de mi como si viviera a 6 metros bajo tierra y solo saliera a la superficie en busca de alimento – me quejé.

–Ay Bella relájate, sabes que queremos verte feliz.

–¿Acaso me ves llorando por los rincones Alice?

–Pues no pero ya va siendo hora de que te desempolves un poco ¿no? ¿dónde quedó aquella Bella atrevida del internado? – Rose me miró con nostalgia.

–La enterró y solo sale de vez en cuando a la superficie por víveres – respondió Alice y ambas estallaron en carcajadas – ¿Cómo te fue Bella? – preguntó intentando dejarse de reír; ese par era de lo peor, pero las quería demasiado.

–Muy bien, acompañé a papá a varias ciudades para revisar algunas plantas y pasamos mucho tiempo juntos, aunque me consumió con lo mismo de siempre, ya saben que no le agrada la idea de que me quede un tiempo trabajando por aquí.

–Yo tampoco lo entiendo – Rose me miró intrigada – ¿Como es que prefieres buscar un trabajo como cualquier mortal siendo hija del dios del acero? – rodé los ojos y me acomodé en mi silla.

–Se siente solo Bella, ya quiere tener a su nena a su lado.

–Nada de que se siente solo Alice, tiene a Carmen – me llevé una botana a la boca – ya llevan “saliendo” – hice comillas con los dedos – varios meses y si la vieras, te enamorarías de ella en dos segundos, es muy guapa, elegante y con ese aire latino muy chic, además tiene un sentido del humor bárbaro, me gusta para papá.

–¿Y de donde salió la fabulosa Carmen? – Rose lucía intrigada.

–Estaba muy deprimida por la muerte de su esposo y su hermano Eleazar que es amigo de papá, la animó a ir a una cena y los presentó pensando en que como él también había perdido a mamá víctima del cáncer, la pudiera ayudar a salir a su depresión y parece que acertó, ambos se ven muy contentos.

–Pues me da mucho gusto escuchar que el tío Charlie ya tiene novia y ¿sabes? creo que Carmen tiene mucho que ver con que tu papá haya aceptado que te quedes aquí, lo convenciste y mal que bien aquí estás lista para hacer lo que quieres – Rose levantó su caballito de tequila – ¡Salud por eso amiga!

–¿Y cuando empiezas con tus entrevistas?

–El lunes Ally – el mesero llegó con nuestros platos – cuando estuve en San Francisco con papá aproveché mi tiempo y envié tantos Curriculums como me fue posible, puedo jurar que no hay una sola agencia de diseño y publicidad que no haya recibido mis datos – levanté mis cejas feliz – ¿Y ustedes nenas?

–Yo conocí a un chico en la obra Bella… él es dueño del otro despacho de arquitectos que se encarga de la segunda parte del complejo de apartamentos, es guapísimo, enorme y musculoso pero es muy tierno y también muy inteligente, se llama Emmett y ya me invitó a salir – Rose era arquitecto y trabajaba para un despacho muy importante; amaba su trabajo y adorábamos verla enfundada en jeans y franelas de trabajo, con sus botas y el infalible casco que se ponía sobre las hermosas y gruesas trenzas rubias cuando le tocaba ir a revisar las construcciones y cuando iba al despacho, dejaba a todos con la boca abierta con esas faldas tubo tan ceñidas que le quedaban perfectas.

–Te veo, te oigo y no lo creo ¿Tú Rose? ¿La que no cree en el amor a primera vista? – espeté sarcástica.

–No seas aguafiestas además nunca dije que no creía, sino que era bastante improbable que me sucediera a mí pero mira, parece que me equivoqué – dijo con una infantil y fingida inocencia que hasta yo que la conocía como la palma de mi mano, me lo pude haber creído.

–Entonces ya cayó en tus garritas.

–Dirás en su camita Bella, porque esta zorra caliente no pudo contenerse, parecía alcohólico en etapa de abstinencia y tuvo que meterlo entre sus sábanas al tercer día – los ojos de Alice se abrían enormes mientras me contaba las aventuras de Rose – ya lo desplumó y el pobre grandulón no sabe ni qué fue lo que lo golpeó – no pudimos evitarlo y nos reímos soltando sonoras carcajadas.

–Al menos no es como tu cliente, el rubio estirado ese que no cae en tus redes por más que te esfuerces en tender tus trampitas.

–¿Qué hay de ese chico rubio Ally?

–¿Whitlock? Ni me lo menciones, es un lento y yo necesito acción. Si algún día llegara a proponerme algo, al paso que va nuestra luna de miel será en una casa de descanso para ancianos, pero ya caerá, ya caerá. Ésta semana lo hice sudar al llevarle el muestrario de telas para que escogiera las cortinas, casi le da un aneurisma cuando me acerqué, mi blusa tenía los tres primeros botones sueltos, hubieran visto su cara – hizo una mueca – el muy maldito tiene un control de sí…

–Hablando de decoración ¿Cuándo terminarás de ayudarme con mi apartamento?

–Tú no necesitas mi experta ayuda Bella, lo haces muy bien sola, tienes muy buen gusto gracias a mí, pero para que veas que soy buenita y te quiero, el día que tú quieras vamos de compras para terminar con alguno que otro accesorio.

–Gracias Alice.

–Tu apartamento es un sueño romántico, me encanta, tenemos que inaugurarlo.

–¡Dalo por hecho Rose! Cuando consiga trabajo lo festejamos ahí.

–¿Y que les parece si para calentar motores el próximo viernes vamos al “Nasty”?

–Me da mucha flojera solo de pensarlo Ally ¿Hacer una larga fila para ver si se le da la gana al de la puerta dejarnos pasar? No gracias.

–¿Y quién dijo que tendremos que esperar en la fila? – con lentitud enfermiza, Alice fue sacando una tarjeta roja con el logo del inaccesible club y las tres rebotábamos en nuestros asientos gritando emocionadas.

–¿Dónde conseguiste esto? – Rose leía con detenimiento la tarjeta que le había arrebatado de las manos.

–Un cliente agradecido – dijo orgullosa – quedó tan contento con su oficina que de me dio este mágico pase para que vaya con mis amigas a divertirme.

–Dime que vas a seguir trabajando para él por favor – la tomé por las muñecas.

–Por supuesto que si – sonrió feliz – quiere que redecore su casa y algunos apartamentos que tiene. Creo que iremos muy seguido a este club nenas y nos va a gustar.

–Creo que ya amo a tu cliente Alice – Rose pestañeó coqueta.

Me uní a la declaración de mi amiga – ¡Y yo también!

                                                                          ***

Ese fin de semana fue tranquilo; deshice mis maletas y acomodé todo lo que me había comprado en mi viaje. Había sido un exceso, lo sabía pero adoraba la ropa, los bolsos, los zapatos y todo eso. Cuando estábamos en el internado, las revistas de moda eran nuestro consuelo, así como las novelas eróticas que todavía seguían siendo mis fieles e incondicionales acompañantes en todo momento. De las tres, tenia que reconocer que era yo quién seguía con ese vicio, no podía dejarlo; disfrutaba mucho soñando despierta con cada uno de los apasionados amantes de mis novelas que con sus extrañas formas de expresar su amor, hacían de la vida de las protagonistas un exquisito calvario.

“Estás idealizando el amor Bella” decía Alice cada noche que prefería quedarme en casa leyendo en mi Kindle.

“Así no son los hombres y mucho menos las relaciones” Rose también me advertía pero yo me refugiaba en mi mundo rosa y me envolvía en él.

“¡Vive Bella, vive!”

Tal vez era como Rose y Alice decían, que mis libros suplían la falta de un hombre en mi vida y que en vez de quedarme a leer debería salir a divertirme y atreverme a buscar un hombre de verdad, no uno impreso en un papel sin vida, que tanto leer me hacía idealizar y esperar por un hombre perfecto que solo existía en mi mente y en mi pantallita más no en la vida real. Pudiera ser que tuvieran razón pero no importaba, yo seguiría leyendo y disfrutando como cuarentona quedada y le rezaría cada noche a Diosito para que me hiciera el milagrito y me mandara a mi hombre de novela.

El lunes muy temprano, antes de salir de mi apartamento rumbo a mi primer entrevista, me di un último vistazo en el espejo. Había pasado mucho tiempo pensando qué usar ese día. No quería ir demasiado seria porque no estaba buscando trabajar en un bufete de abogados ni en una empresa financiera o en algo que requiriera de tanta formalidad. Sentía que una agencia de publicidad era un lugar al que podría ir un poco más relajada pero sin perder clase, elegancia y estilo, así que opté por unos tight jeans de color beige muy claro que marcaban muy bien mis caderas, una blusa muy linda de mangas cortas con olanes del mismo color y un chalequito negro, mis zapatos beige con tacón negro y mi absolutamente bello bolso Hermès. Me gustó el reflejo del espejo, le lancé un beso y cerré la puerta tras de mí.

Ese día tenía dos entrevistas. No había concertado más de dos en un día porque era muy común que te hicieran esperar por horas antes de dignarse a atenderte y no quería correr de agencia en agencia con los nervios de punta. Muy agradecida por hacerle caso a mi sexto sentido, contaba los minutos que pasaban lentamente sentada en una pequeña salita de espera.

–¿Isabella Swan? – una chica bajita me llamó con su voz chillona y estridente.

–Soy yo – me puse de pie rápidamente con mi bolso en una mano y mi portafolio en la otra.

–Sígame – me barrió con la mirada de arriba abajo y la seguí a una sala de juntas en donde ya me esperaba un hombre de unos 50 años y un poco calvo.

–Buenos días – saludé y el tipo me devoró con la mirada; me hizo sentir tan mal que mi actitud seguro reflejó mi incomodidad. Después de revisar mi portafolio superficialmente más no mi cuerpo, el libidinoso calvo barrigón me dijo que no tenían vacantes pero que si le daba mi número, me llamaría para discutir algunas opciones que seguramente encontraría más atractivas… si como no.

Indignada, salí de ahí rogando no encontrarme muchos tipos como ese en mi camino. Me preguntaba cuantas chicas caerían cada día ante las insinuaciones de patanes como él. Sacudí mi cabeza mientras conducía hacia mi siguiente cita que era muy cerca de Trafalgar Square y desde mucho antes de llegar ya iba refunfuñando por lo difícil que me sería encontrar un lugar dónde estacionar mi adorado regalo de cumpleaños por parte de papá, mi Mini Crossover Concept. Desde que había dejado el internado comencé a disfrutar mis cumpleaños porque papá ya los pasaba conmigo y en el último, me sorprendió con el auto.

Para mi mala suerte, mi segunda cita no tuvo mucho qué ofrecerme como tampoco lo tuvieron ninguna de las entrevistas que tuve a lo largo de toda la semana. El viernes por la noche, llegué a casa bastante desanimada; me desvestí y me puse mi pijama de Hello Kitty que tenía desde el internado, ya estaba muy viejita pero la tela era suavecita y además siempre la usaba cuando me daba gripe o estaba un poquito triste como en ese momento, sentía que me reconfortaba de algún modo. Me preparé una sopa instantánea y un vaso de leche con chocolate; me acurruqué en la cama y encendí la tele para ver CSI.

La siguiente semana no fue diferente a la primera. “No necesitamos a nadie”, “Tus trabajos son buenos pero prefiero a alguien con experiencia”, “Llámanos el mes entrante”, “Déjanos tus datos”, “Eres demasiado buena para el puesto que hay”, “Te llamaremos”… Bfff, no podía aceptar que fuera tan difícil encontrar trabajo para una diseñadora gráfica que se había recibido con excelentes notas en esta ciudad. Estaba un poco decepcionada y el jueves por la noche salí con las chicas para distraerme un poco pero como no me encontraba con el ánimo en niveles óptimos para ir al “Nasty”, pospusimos esa salida para la semana siguiente, estuviera de buen ánimo o no.

El fin de semana por supuesto me la pasé entre las sábanas de mi cama, suicidándome lentamente con cajas y cajas de chocolates en una mano y mi Kindle en la otra…

“Te has portado mal y sabes que mereces un castigo” decía el hombre enfadado haciéndome temblar de miedo “No pensarás que te ibas a librar de él ¿verdad?” negué tímidamente con la cabeza y enseguida escuché su orden.


“Inclínate sobre el escritorio con las piernas separadas” con movimientos torpes obedecí su mandato y me coloqué como me había ordenado; la ansiedad por lo que vendría, me hizo humedecer “Levanta la cara y escoge el instrumento con el que debo castigarte según tu falta”


Casi me desmayo al ver frente a mi una fusta y una paleta de madera. La fusta era algo extremo y dejaba marcas por algunos días además que el dolor era insoportable y la paleta de madera, no dejaba marcas pero no sabía si sería capaz de soportar ser castigada con eso, era demasiado… pero mi ansiedad crecía con cada segundo que pasaba así como el latente deseo por mi verdugo.


“Mi mano también considérala aunque sabes bien que es igual de dura como cualquiera de estos artículos disciplinarios” susurró a mi oído “Te he dado la oportunidad de escoger, si te tardas, seré yo quien decida con qué castigarte”


“Su mano señor” dije débilmente, sabía que tenía razón y que no se tocaría el corazón al ejecutar mi castigo, pero prefería aguantar el dolor que recibiría directamente por el contacto de su mano y no por un objeto inerte y frío.


“Muy bien, haz elegido y serás castigada” caminaba rodeando el escritorio “Aunque olvidaste algo… quítate las bragas y ponlas en mi mano” al escucharlo, un escalofrío recorrió mi columna y lentamente, comencé a bajar la prenda por mis piernas, si tan solo recibiera de él algo más que los azotes… “Rápido Sawyer que no tenemos todo el día ni estamos en un picnic”


“Señor…” me atreví a dirigirme a él; lentamente se giró sobre sus talones y me atravesó con su dura y azul mirada “Señor, yo… lo siento” murmuré temblorosa pidiendo de alguna manera que mi castigo no fuera tan fuerte.


“Yo no lo siento, ya sabes cómo disfruto castigándote…” una cínica sonrisa apareció en su rostro y en ese momento supe que era inevitable, no tendría piedad de mí… “Serán diez azotes y contarás cada uno con voz alta y firme, que no te escuche flaquear Sawyer porque comenzaré de nuevo ¿Entendido?” asentí casi imperceptiblemente invadida por el miedo “¿Entendido?” su voz furiosa retumbó en las paredes de la oficina de la dirección escolar “Si Señor” casi grité.


Una ráfaga caliente cruzó mi nalga derecha y me erguí un poco ante la sorpresa del golpe “Uno” conté como me fue ordenado. El segundo ardor lo recibió mi nalga izquierda y aunque lo esperaba fue inevitable la reacción de mi cuerpo despegando el pecho del escritorio “Dos” volví a contar, y los choques de su mano contra mi carne tierna siguieron presentándose mientras yo iba enumerando cada uno de ellos… “Diez” alcancé a decir con la voz casi en un hilo y la respiración agitada.


“Muy bien Sawyer, recibiste tu castigo con honor y eso de alguna forma y por extraño que parezca, merece una recompensa” sus palabras hicieron que me quedara inmóvil ¿Una recompensa? ¿De qué estaba hablando? No había terminado de imaginar de qué podía tratarse cuando sentí su cálida mano, masajear mis nalgas con delicadeza, untando algo tibio también por todas ellas, causándome revivir mi castigo pero de cierta forma, aliviando mi dolor.


“Espero que esto te sirva y trates de ser una alumna mejor portada” susurró a mis espaldas “Si no, empezaré a creer que lo haces a propósito para que te discipline de esta forma…”

¡Carajo! ¡Carajo! ¡Carajo!

Mi despertador sonó sacándome del dulce sueño en el que se repetía mi recompensa una y otra vez. Aquel hombre encargado de mantener la disciplina de ese colegio, me follaba sin piedad, sobre el escritorio tan duro como su impresionante y también duro, durísimo miembro largo y erecto. ¡Maldito puto despertador! Definitivamente esa no era una buena forma de iniciar mi semana.

Con un enfado de los mil demonios, me di un baño y me arreglé para empezar otro día de búsqueda. Me vestí bonita, me arreglé con coquetería para ver si así cambiaba mi humor y salí preparada para recibir más portazos en las narices. ¡Qué injusto!

Conduje hacia el West End, cerca del Soho, que era donde se concentraba la mayoría de las agencias publicitarias de Londres; ubiqué con facilidad la dirección a la que me dirigía y para mi alegría, tenían un estacionamiento privado. Mi ánimo subió dos rayitas en ese momento. El edificio era algo antiguo pero remodelado y decorado con el más fino gusto ¿Cómo no iba a saber de eso si tenía en mi vida a una decoradora de interiores y a una arquitecto?

Arreglé mi ropa antes de entrar y respiré hondo. Arte Digital era una de las mejores agencias de publicidad de todo el Reino Unido y yo estaba a punto de tener una entrevista de trabajo con ellos. Por quedarme ahí estaba dispuesta a todo, a cortar papelitos, a pegar estampitas, a rotular cualquier cosa, todo con tal de trabajar en esa agencia tan prestigiada. Decidida a dar mi mejor esfuerzo en la entrevista, dí un paso en su interior y pude notar un aire completamente diferente al de las demás agencias; todo ahí era cálido, limpio y se respiraba una esencia a vainilla que te alegraba el día.

–Hola, soy Isabella Swan, tengo una cita para una entrevista – la señorita detrás del mostrador de recepción me dio la bienvenida y me hizo seguirla. Ésta agencia tenía todos los implementos más modernos para laborar, desde proyectores, reproductores para todo tipo de material, espaciosos restiradores, las más avanzadas computadoras, impresoras y escáners que pude ver en mi camino hacia la sala de juntas donde esperé alrededor de unos 10 minutos.

–Perdón por la tardanza – un hombre alto de unos treinta años y de muy buen ver me saludó amable – hemos estado algo ocupados hoy, siéntate… Isabella – checó mi nombre en una tarjeta que llevaba en la mano – bien, tú dirás…

–Estoy buscando trabajo – dije sin preámbulos – me acabo de graduar hace un par de meses y necesito colocarme en una agencia, tengo muchas ganas de trabajar y sé que soy buena, solo necesito una oportunidad señor…

–¡Qué maleducado soy! – se llevó una mano a la frente y luego me extendió la otra – discúlpame Isabella, soy Andrew Blake – era simpático; después del apretón de manos me miró y me dijo…

–Voy a serte muy honesto Isabella – habló con voz calmada – no tengo un puesto que ofrecerte, pero me gusta tu actitud, anda, veamos lo que has traído – al oírlo me sentí decepcionada; sabía que no sería nada fácil encontrar trabajo pero nunca pensé que fuera tan difícil, aún así, me dispuse a mostrarle todo mi portafolio. Le enseñé mis mejores trabajos de la universidad; él los miraba atento y serio. Pasaba las hojas y regresaba para velas de nuevo estudiándolas con detenimiento – ¿Tienes algo para ver por aquí? – señaló el cañón y sin pensarlo dos veces saqué un CD que introdujo en la computadora y se empezó a proyectar en la pantalla de la pared.

–Eres muy buena y no sabes cómo siento no poder incorporarte a mi equipo – sonrió con pesar – pero hay una agencia nueva que necesita personal para el diseño de folletos y catálogos específicamente, sé que estás buscando algo más pero – se encogió de hombros – si quieres puedo enviarte…

–De acuerdo – acepté de inmediato, ya no quería seguir dando vueltas para recibir las mismas respuestas, yo quería un trabajo y eso era lo que obtendría; me demostraría a mi misma que me podría abrir camino sola y empezando desde abajo. Salí de Arte Digital sintiéndome no tan mal como supuse que lo haría y me dirigí a Alter Medios, la agencia que me contrataría.

Sin tantos rodeos, me recibieron y me explicaron que necesitaban de mi; me pusieron al tanto de mi sueldo, no pagaban mucho y tampoco había muchos beneficios pero si un lugar para mí en el estacionamiento y cupones para la despensa; me asignaron una oficina pequeña que compartiría con Jane, otra recién graduada como yo y así como así, me esperaban temprano al día siguiente para empezar a trabajar.

Al llegar a mi apartamento me puse mi pijama y decidí que me merecía una buena cena. Ya tenía trabajo y eso había que festejarlo; me preparé una rica ensalada y un jugoso filete con papas fritas, me serví una copa de vino y cené junto a la ventana del comedor mirando hacia la calle. Suspiré incontables veces esa tarde mientras veía caer la lluvia. Si quería un puesto de importancia ¿Qué hacía en Londres si en San Francisco me esperaba una empresa gigante con la responsabilidad del mismo tamaño? Así que no me quejaría y pensaría positivo a partir de ese momento. No debía estar triste, al contrario, Alter Medios podía no ser una agencia grande pero se notaba que los que estaban ahí amaban su trabajo y al final del día eso era lo que importaba ¿O no?

Esa noche dormí como una ovejita; tranquila y en paz. Me levanté temprano y me vestí con unos leggins negros y una blusa blanca overzise, unas ballerinas negras y mi bolso Balenciaga color caramelo. El día anterior pude percatarme que la informalidad era bienvenida en la agencia, así que mi outfit iba perfecto para mi primer día de trabajo.

En la agencia, Jane me sonrió y me dijo que estaba feliz de tenerme como su compañera porque había llegado cada espécimen digno de un museo a buscar trabajo, que pensó en que compartiría la diminuta oficina con un aborigen de esos. Jane era una chica linda, rubia y con unos ojos azules enormes y abiertos que me recordaban al Rey Julien de Madagascar; también hablaba hasta por los codos, en menos de media hora ya sabía que era irlandesa, que había conocido a su novio en la universidad, que vivían juntos desde hacía un par de años y que esperaban la resolución del banco para un crédito que habían pedido para comprarse un apartamento.

Fue una mañana muy ajetreada, Olivia nuestra jefa, nos había dado trabajo como para aventar al cielo. Teníamos que entregarle borradores de logotipos para unas pastelerías, estéticas y zapaterías. También estaba a nuestro cargo armar unos folletos para un congreso de dentistas además de toda la papelería. Eso era trabajo suficiente para estar ocupadas por el resto de la semana pero Olivia lo necesitaba para el jueves. Por fortuna, Jane y yo nos acoplamos muy bien; trabajábamos muy a gusto y sacamos el trabajo el día y a la hora requerida. Olivia estaba contenta y para demostrarnos su alegría, nos dio otra montaña de trabajo para entregarle el miércoles, básicamente era lo mismo, logos, folletos, catálogos…

Estaba agotada físicamente pero muy satisfecha por dentro; estaba haciendo lo que yo realmente amaba y si, era una agencia pequeña pero en los pocos días que llevaba en ella, me sentía muy a gusto y me levantaba cada día con más ganas y ánimo para llegar a trabajar. De pronto recordé que no les había dicho de mi nuevo trabajo a Alice y a Rose, seguro me iban a querer colgar cuando se enteraran que tenía tres días trabajando y ellas sin saberlo.

–Hola chicas – se enlazaron las llamadas y poco a poco les fui contando cómo llegué a Alter Medios y lo contenta que estaba trabajando ahí. Como supuse, se enojaron pero al irme escuchando se fueron calmando y como les había prometido, saldríamos la noche siguiente a festejar al “Nasty”.

                                                                         ***

“¿Qué me pongo?”

Me pregunté por enésima vez frente a mi clóset. Elegí un vestidito negro de Spandex que me quedaba muy bien. Marcaba mis curvas que no pasaban desapercibidas en mi cuerpo y también mis senos. Era corto, me llegaba a la mitad del muslo y no tenía mangas, solo un par de tirantes delgados. Con mis zapatos negros Louboutin que todavía no me estrenaba me vería muy bien y para el frío, mi trench Burberry negro. Perfecto.

Contenta con mi elección, me tomé mi tiempo para darme un muy merecido baño de burbujas y luego me arreglé con calma. Satisfecha con el resultado, sonreí y corrí a abrir la puerta antes de que ese par de mujerzuelas la tirara.

–¡Por Dios Bella! ¿Vas a un entierro? – Rose me barría con la mirada – ¿Conozco al muerto?

–¡Ojala que de verdad pudieran enterrarte algo esta noche Swan! ¡Qué bárbara! ¿Quieres pasar desapercibida o que coño? – Alice ya me llevaba de regreso al clóset y después de tirar varias prendas sobre mi cama, por fin me dio un vestido rojo con tiras de organza negras atravesadas sin orden alguno. También era ceñido al cuerpo, muy corto y tampoco tenía mangas. Por último, me puso en las manos un trench idéntico al negro pero rojo sangre, era tan bello… y tampoco me lo había estrenado.

–Píntate esa boquita de putita que tienes con esto, ya veremos si no cae algo para ti esta noche – con un kleenex me quité mi pálido rosa y me puse ese rojo espectacular. ¡Qué cambio!

–Gracias Alice, creo que necesitaré de tus servicios profesionales como diseñadora de imagen – le di un codazo cariñoso – con esto estoy vestida para matar.

–No estás tan perdida Bella, solo te falta un poco de malicia, pero eres una alumna bien dispuesta y solo por eso, compartiré mis secretos contigo.

                                                                           ***

–¿Crees que podremos entrar Alice? – Rose le preguntó un poco decepcionada.

–Por supuesto, mi “amigo” tiene influencias aquí – dijo mientras nos bajábamos del taxi.

–Alice ¿te estás acostando con tu cliente? – insinué mirándola incrédula y me devolvió la mirada.

–No, pero ganas no me faltan porque el tipo está hecho a mano, aunque les confieso que me da un poquito de miedo y eso es lo que me ha mantenido a raya, si no ¡uf! Ya estaría atada a las manecillas del Big Ben rogando por una follada de leyenda…

Nuestras carcajadas llamaron la atención de la fila y discretamente, nos fuimos acercando a la entrada. Dos tipos enormes y fornidos vestidos completamente de negro estaban apostados detrás de la cadena; con las miradas fijas al frente y quietos como si fueran los mismísimos soldados de la guardia real, solo cobraban vida cuando algún socio llegaba y entonces como si tuvieran estudiados cada uno de sus movimientos, se hacían a un lado para permitirles el acceso al lugar. Eso es lo que hubiéramos esperado que sucediera al llegar frente a ellos pero para decepción nuestra, apenas movieron los ojos hacia nosotras, hasta que Alice dijo las palabras mágicas…

–Hola, somos invitadas de Aro Volturi – sacó el pase y lo puso casi en sus narices. El hombre clavo la mirada en la tarjeta y con una sonrisa pequeña y discreta por parte suya y de su compañero, se hicieron a un lado abriéndonos paso.

–Bienvenidas al “Nasty”, adelante…

El club, lucía todo lo contrario a su nombre. Había una especie de hall con varios espejos de pie antiguos, las paredes estaban tapizadas con terciopelo morado y muchas fotos con sus marcos dorados tipo barroco. Una gran araña pendía del techo sobre una mesa con un enorme jarrón lleno de alcatraces sudando una fina capa de rocío. Al final del hall, unas escaleras descendían al interior del local, a la mitad de ellas, un descanso amplio iluminado tenuemente se asomaba como un mirador que dominaba casi todo el club que asemejaba un teatro antiguo, ahí el tono dominante cambió de morado a rojo sin faltar los detalles barrocos en dorado, las exageradas cortinas de terciopelo recogidas con grandes nudos de galones dorados con borlas en los extremos, las grandes arañas colgando del techo y los palcos para los invitados distinguidos… ah y espejos, muchos espejos por todos lados.

Me sentía como en la obra del Fantasma de la Ópera con la minúscula diferencia de la música electrónica tan fuerte que reventaba los tímpanos, luces de todos colores girando locas y una gran cantidad de personas bailando y brincando. Al terminar de bajar las escaleras un mesero nos guió a nuestra mesa, que era pequeña y nos sentamos alrededor de ella en un sofá en forma de “U”.

–¡Wow! Nunca me imaginé que fuera así – Rose confesó maravillada.

–Yo tampoco, me siento en otra época, como que me faltó la peluca blanca y mi lunar de corazón en un seno apretujado de mi corsé – me reí.

–Señoritas… – dijo el mesero que descorchó una botella de champagne y sirvió las tres copas – cortesía de la casa, bienvenidas.

–Hasta el mesero está guapo – Alice miraba el respingado trasero del mesero que se alejaba –bueno, bueno – sacudió la cabeza – brindemos porque al fin estamos aquí y todo gracias a mi cliente.

–Bella ¿Piensas quedarte con eso toda la noche? – Rose apuntó hacia mi trench y con rapidez me lo quité – vaya, creí que habías cambiado de opinión y querías ser el punto rojo del lugar.

–Idiota – murmuré y aclaré mi garganta al mismo tiempo que levantaba mi copa – “señoritas” – remarqué la palabrita – estoy feliz de estar aquí festejando con ustedes que ya tengo trabajo y que me encanta… aunque no me paguen mucho.

–¡Salud! – alzamos y chocamos nuestras largas copas.

La primer botella se fue como agua y así la segunda, la música sonaba y nosotras bailábamos sin movernos de nuestro sitio. Nos estábamos divirtiendo mucho y yo más que ellas; sentía que tenía un peso menos sobre mis hombros al haber encontrado un trabajo por mi misma, sin ayuda de nadie. Me sentía como una mujer fuerte e independiente con el control de su vida en las manos y eso era muy gratificante.

–¡Vamos a bailar! – Alice nos tomó de la mano para ir hacia la pista de baile que era el escenario del teatro. Saltar y moverse como lo estaba haciendo en esos zapatos era un verdadero peligro, muy agotador también por cierto…

–Voy a sentarme un momento – le grité a Rose al oído. Al cabo de unos minutos ya estaban sentadas junto a mí admirando los ejemplares dignos de revista que deambulaban por el lugar. Un tipo altísimo de cabello castaño y ojos azules, como los que describían en mis novelas, pasó junto a nuestra mesa.

–Eso, véanlo bien, es lo que quiero de regalo en mi cumpleaños – zapateé los pies en el piso – así, igualito, sólo que agréguenle un par de cadenas para atarme a una columna y un látigo, por si me porto mal – les guiñé un ojo.

–¡Qué niña tan mala! – Rose me dio un toquecito con el codo.

–¿Y si te cansas me prometes que me llamarás Bella?

–Cuenta con eso Alice.

–Ajá y a mí bien gracias, que poco compartidas son pero no importa, yo me quedo con ese mesero que va por ahí, miren – apenas levantó el mentón pero ubicamos rápido el objetivo. Otro mesero con cuerpo de infarto iba con una bandeja en la mano.

–¿Por qué carajo no nos tocó un mesero así? – farfullé.

–Los meseros como John, sólo atienden las mesas de socios – dijo nuestro mesero sonriendo algo socarronamente.

–Bueno, tú tampoco estás tan mal ¿eh? – Rose le miró el trasero y casi lo nalgueó – quiero una membresía, dime donde firmo.

–Eso señorita, es imposible.

–¿Y porque? – arrugué el entrecejo

–¿Piensas que no podemos pagarla o cómo? – Alice se alteró.

–No es eso señorita, pero necesitaría la recomendación de un socio y ellos son muy celosos, les gusta la exclusividad – decía mientras nuestra mesa era limpiada con una rapidez y eficiencia asombrosa. En un santiamén, un mantel nuevo, copas, unos preciosos tazoncitos de plata llenos de las fresas más perfectas que hayan visto nuestros ojos, mentas y… chocolates, barritas y bolitas de chocolate rebozaban los pequeños tazones. El hombrecillo sacó la botella de entre el hielo y la secó con una servilleta de tela, nos la enseñó y comenzó a llenar las copas, cuando terminó, enterró de nuevo la botella en el hielo de la cubetera.

¡Era una botella de Champagne Krug!

–Sigan disfrutando su noche señoritas.

–Hey, más lento Pedro o como te llames – dijo Alice y “Pedro” la obedeció – ¿Y ésta botellita?

–Uno de nuestros socios desea que su noche en este bar sea inolvidable – dijo bajando un poco la cabeza.

–Ojala que no espere un trato amable a cambio de la botella porque si es así, ya puedes levantar todo esto – con mi dedo índice hice un círculo sobre la mesa.

–Desde luego que no – abrió los ojos apenado – no funciona así, esto es sólo una atención de uno de nuestros socios.

–¿Entonces cómo funciona “Pedro”? – ladeé mi cabeza preguntando con inocencia.

El se retiró y nuestras miradas se cruzaron – A quién le dan pan que llore ¿no nenas? – Rose se llevó por centésima vez en esa noche, la copa a los labios – ¡Salud!

No podíamos quejarnos; nuestra visita al “Nasty” había valido tanto tiempo de espera, había sido justo lo que nos habíamos imaginado que sería. ¿De verdad creíamos eso?

Ellas, no sé, pero yo había idealizado el lugar. No tenía una idea definida a ciencia cierta, solo esperaba sorprenderme, verme envuelta en esa aura de misterio que envolvía al lugar y tal vez, porqué no, encontrar un alma sola como la mía que deseara lo mismo que yo, olvidarse del mundo y entregarse ciegamente. Vivir y experimentar el amor de la misma forma en la que lo había leído cientos de veces, dejarme llevar arrastrada por esa pasión oscura imposible de controlar…

–¡Salud Bella! ¿dónde andas?

–Aquí, sólo estaba un poco distraída Rose.

–¡Ah miren, ahí está Aro! – Alice agitaba la mano y un hombre alto, delgado y muy atractivo se acercaba a nosotras.

–¡Alice! Querida – besó su mejilla – me alegra ver que te estás divirtiendo ¿Les gustó el champagne?

–¿Fuiste tú? – Alice chilló y Aro asintió. Ella hizo las presentaciones y él se quedó un rato con nosotras; era muy divertido y nos tenía encantadas escuchando sus andanzas. El tiempo se nos había pasado volando y como el bar seguía completamente lleno, no nos dimos cuenta de lo tarde que era. Aro nos ofreció a su chofer para llevarnos a casa; a esas horas y con lo mareadas que estábamos, era mejor y más seguro aceptar su ofrecimiento que regresar en un taxi. Le dio unas indicaciones a su chofer desde su teléfono y nos dijo que ya nos esperaba en la puerta para cuando quisiéramos irnos.

Nos despedimos y de camino a la salida noté que había olvidado mi trench; volví a buscarlo de prisa para no tener mucho tiempo a las chicas esperándome arriba. Con mi trench en el brazo y ya en las escaleras, noté a una pareja que subía los escalones delante de mí. La mujer iba detrás del hombre pero este la ignoraba. Ella le pedía por favor hablar y él ni siquiera la miraba; ella no lo tocaba, pero le insistía en que la escuchara, que le diera otra oportunidad pero él seguía subiendo. ¡Qué tipo tan arrogante! Por educación, un hombre jamás debe hacerle eso a una mujer y menos en público. La chica lloraba y al llegar al descanso de las escaleras lo tomó del brazo… él se detuvo y lentamente se giró para mirarla. Los ojos verdes más fríos que había visto en mi vida la congelaron. La chica dio un paso hacia atrás, como previniéndose de algo, tenía miedo pero aspiró y con voz débil solo pudo pronunciar…

–Sólo una oportunidad, por favor… Señor.

El no respondió pero por su intensa mirada, hasta yo comprendí que lo que fuera que hubieran tenido, ya se había terminado y no había ni una minima posibilidad para nada más. Inesperadamente, esa mirada me alcanzó y por increíble que pareciera, mi cuerpo sintió también esa fría resolución. Fueron solo un par de segundos pero bastaron para que la fuerza de esos ojos verdes me incomodara. El hombre giró sobre sus talones y continuó su ascenso a la salida. La chica se arrinconó y de cara a la pared siguió llorando.

–¿Estás bien? – le pregunté poniendo mi mano sobre su hombro y ella saltó. Asintió levemente y cuando iba a bajar las escaleras para regresar al club, un hombre alto y grande la tomó delicadamente por el brazo.

–Vamos señorita, la llevaré a casa – dijo y casi la levantó en vilo llevándola hacia arriba, a las puertas del club.

Contrariada, seguí mi camino con lentitud hacia la salida, más me valía ir despacio con esos tacones altos y con lo mareada que estaba, crucé el hall y mis zapatos resonaron con fuerza; salí y vi a las chicas que ya me esperaban impacientes dentro de la limusina de Aro.

–¡Vamos Bella apúrate! – sonreí ante la impertinencia de Alice pero una extraña sensación me hizo voltear antes de subirme.

Ese par de frías piedras verdes me escudriñaba de la misma forma que a la chica de las escaleras, solo que yo no era tan débil cómo ella. Le devolví la mirada de la misma forma, altiva, de igual a igual, como en un reto…

–Señor Cullen, su auto ya está aquí…

El engreído tipo llegó a su impresionante auto con un par de zancadas y pasando a mi lado, pero su mirada ya no estaba enfocada en mí y era un alivio. Si ese hombre nunca se había topado con alguien que no se dejara intimidar, me daba gusto ser la primera que…

–¡Bella! ¿Te quedas?

–Coño Rose ¿no puedes callar a esta borracha? – dije entre dientes.

–Claro que puedo, si terminas de subirte y se cierra esta puerta verás que rápido deja de gritar – era inútil, Rose estaba casi en las mismas condiciones y yo estaba muy cerca de igualarlas.

El camino a casa fue muy divertido, nuestro inflamable ánimo nos hizo cantar, bromear y lamentarnos por no habernos ligado un galán de los mil que esa noche estaban ahí…

Éramos unas ebrias inconformes.*

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Hola Nenas! No saben que feliz me han hecho al verlas de nuevo por aquí acompañandome con esta nueva historia. Mil Gracias a todas! como cada martes aqui estoy con otro capitulo. Me encantara saber que les pareció… un beso enorme y hasta el próx. martes.
Li
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